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viernes, 5 de junio de 2026

Consideraciones metodológicas sobre la izquierda (7)

 Consideraciones metodológicas sobre el estado actual de la posición de la izquierda organizada y coherente en la crítica social y las luchas sociales (7)

 


Ana Bazac1

1.       Profesora de la División de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia, Comité Rumano de Historia y Filosofía de la Ciencia y la Tecnología, Academia Rumana.

 

(7) Dominación de clase

Como es sabido y como el propio Marx especificó32, ni las clases ni la lucha de clases fueron descubiertas por él, sino por historiadores y economistas burgueses. Pero en Marx, estos conceptos, que tenían una determinación empírica concreta, adquirieron relevancia ontológica: precisamente porque su forma estática anterior —la existencia de clases y la lucha entre ellas— se volvió dinámica, generada por la evolución y transformación de las relaciones sociales económicas, políticas y culturales. La relevancia ontológica de los conceptos se opone completamente a la metafísica: en esta, los conceptos se plantean como las raíces/principios del mundo, no se cuestionan, sino que se justifican con especulaciones y ejemplos del mundo de la vida seleccionados para que se ajusten a su “origen”. En Marx, la historia humana y su análisis revelan los conceptos, es decir, los contenidos/significados resultantes del análisis histórico.

Tradicionalmente, a los de abajo se les llamaba esclavos, pobres, villanos. Marx adoptó la metáfora “proletarios” –proveniente de la analogía entre los antiguos proletarios romanos, los estratos más pobres de ciudadanos libres que sólo podían sostener al ejército alistarlos a ellos y a sus vástagos (proles) en él, y los asalariados modernos–, por ejemplo del pensamiento liberal sugerido por el economista suizo J.C.L. Simonde de Sismondi33, y de la radical socialista cristiana Félicité de

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32 Karl Marx a J. Weydemeyer en Nueva York, Londres, 5 de marzo de 1852, https://www.marxists.org/ archive/marx/works/1852/letters/52_03_05-ab.htm: "No se me debe ningún crédito por descubrir la existencia de clases en la sociedad moderna o la lucha entre ellas. Mucho antes de mí, los historiadores burgueses habían descrito el desarrollo histórico de esta lucha de clases y los economistas burgueses, la anatomía económica de las clases. Lo nuevo que hice fue probar: (1) que la existencia de clases sólo está ligada a fases históricas particulares en el desarrollo de la producción (historische Entwicklungsphasen der Production), (2) que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado, (3) que esta dictadura en sí misma sólo constituye la transición a la abolición de todas las clases y a una sociedad sin clases”.

33  J.C.L.  Simonde  de  Sismondi,  Études  sur  les  sciences  sociales.  Tome  second.  Études  sur l’Économie politique, À Paris, Chez  Treuttel et Würtz, Libraires, M.DCCC.XXXVII, pp. 35, 36  etc.; J.C.L. Simonde de Sismondi, Nouveaux principes d’Economie politique, ou de la richesse dans ses rapports avec la population (1819), Paris: Delaunay, 1827.

 

La Mennais (o Lamennais)34, y de la literatura socialista perteneciente al movimiento francés en torno a la revolución de 1830 liderada por representantes de la pequeña burguesía que sufrieron por la “traición” de la gran burguesía que llegó a controlar la Revolución Francesa, convirtiéndola en un acontecimiento histórico que selló su victoria definitiva sobre las antiguas capas dominantes que quedaron subordinadas e integradas en ella. lógica, y obviamente sobre le peuple35 de la clase baja y la clase media baja, a la que señaló la continuidad estructural de la dominación de clase, más allá de los eslóganes sobre LEF (liberté, égalité, fraternité).

Con toda la descripción precisa de las relaciones de clase antes y en el capitalismo, y de las condiciones concretas de los proletarios, los escritores antes mencionados oscilaron entre el supuesto de que las relaciones de dominación-sumisión son necesarias36 y la esperanza de que los derechos jurídicos universales establecidos en el capitalismo –derechos que, en primer lugar, permiten la libertad de la fuerza laboral moderna para vender su capacidad de trabajo, la libertad de ser parte de un contrato- evolucionarán hacia derechos de igualdad económica37 –. En consecuencia, los proletarios eran más bien una clase pasiva, siendo de hecho el progreso moral38 de la humanidad el resultado de rebeliones habituales desde abajo y reformas preventivas desde arriba.

Partiendo de la peculiaridad de la condición/trabajo proletario – la de no tener propiedad que asegure su existencia, el proletario vende su fuerza de trabajo por un salario39 – Marx desarrolló el concepto de proletariado

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34 F. Lamennais, De l’esclavage moderne (1839), págs. 215-255, en Paroles d’un croyant, Une voie de prision, De l’esclavage moderne, París: Michel Lévy Frères, Editeurs, 1869.

35 Ibídem, pág. 224: "Por 'pueblo' nos referimos a los proletarios, es decir, aquellos que, al no poseer nada, viven únicamente de su trabajo. El tipo de trabajo es irrelevante; y por lo tanto, hay proletarios de todas las condiciones y profesiones. Sólo la gran mayoría subsiste del trabajo físico".

36 J.C.L. Simonde de Sismondi, Estudios sobre las ciencias sociales. Tomo segundo. Études sur l'Économie politique, págs. 173-174.

37 F. Lamennais, De l'esclavage moderne, p. 227: "No discutimos, por supuesto, el progreso moral o el reconocimiento de los derechos, y este progreso es grande porque, al restaurar la dignidad humana y consagrar el principio fructífero de la igualdad natural, prepara el camino para otro; porque producirá tarde o temprano la realidad social que lógicamente le corresponde. Pero, en el estado actual de las cosas, la condición del proletario, moralmente superior, es, en lo que respecta a la vida física, a menudo inferior a la del esclavo".

38 Ibidem: "Pero esta libertad es sólo ficticia. El cuerpo no está esclavizado, pero la voluntad sí". De hecho, la moralidad se refiere a la voluntad de elegir.

39 Esta peculiaridad fue enfatizada por todos los escritores. Pero véase también Friedrich Nietzsche, The Gay Science, With a Prelude in German Rhymes and an Apéndix of songs (1882), editado por Bernard Williams, traducido por Josefine Nauckhoff, poemas traducidos por Adrian Del Caro, Cambridge University Press, 2001, § 42, p 57: “Buscar trabajo por el salario - en esto, casi todas las personas en los países civilizados son iguales; para todos ellos, el trabajo es sólo un medio y no es en sí mismo el fin, por lo que no son refinados en su elección de trabajo, siempre que les dé una recompensa abundante. Ahora bien, son raros los individuos que prefieren morir antes que trabajar sin disfrutar de su trabajo: son.exigentes, difíciles de complacer y no necesitan grandes recompensas si el trabajo no es en sí mismo la recompensa de las recompensas. A esta raza rara pertenecen artistas y hombres contemplativos de todo tipo, pero también hombres de ocio.que se pasan la vida cazando, viajando, en amores o en aventuras”.

 

no denominando ya una clase particular opuesta a otra, la burguesía – aunque la clase obrera industrial era/es el mejor ejemplo del proletariado – sino la clase universal del futuro capitalismo desarrollado. Esta marca universal no significa una uniformidad imposible de dominios, habilidades y satisfacción humana concretos, sino, en el capitalismo:

La oposición universal entre la falta de propiedad que aseguraría la existencia, y por lo tanto, la falta de control sobre los medios de subsistencia, y la característica universal del productor de todos los medios de subsistencia, la dependencia universal de los salarios, que implica una competencia feroz por el trabajo y los salarios entre los proletarios40, y, por consiguiente, la posibilidad universal de derrocar esta dependencia.

De lo anterior se desprende que la característica universal del productor de todos los medios de subsistencia no puede revertirse, por supuesto. Resta destruir la apropiación privada de la propiedad. Y al hacerlo, la clase universal destruye su dependencia de la propiedad privada: esto significa la abolición de su carácter de clase; de ​​una clase que se opone al capital, de su condición de proletaria en el capitalismo, la clase universal se convierte, en efecto, en el pueblo. Y la destrucción del carácter privado de las relaciones de propiedad/de la apropiación privada de los medios de subsistencia es posible precisamente porque su autora es la clase universal: pero solo es posible como una revolución consciente, un movimiento de transformación radical de las relaciones estructurales capitalistas. La revolución comunista no trabaja para lograr un nuevo “equilibrio de clases entre ricos y pobres”41, sino para la abolición de esta distinción y ese “equilibrio”.

No es esta distinción —de hecho, nombrar a los propietarios del capital y a los proletarios— ni su mantenimiento resolvería el problema de la «particularidad»42, de los diferentes estratos dentro del proletariado mundial, y por ende, de los diferentes estratos de las «clases medias» que surgieron de la clase obrera industrial de hace 80 o 50 años. Sí, el proletariado dentro del capitalismo tiene una naturaleza contradictoria: por un lado, es/siente/sabe que es proletariado, es decir, no tiene/ve otro futuro que la destrucción como clase de su condición/la destrucción de su condición de clase, por lo tanto, está convencido de su superioridad moral; por otro lado, debido al marco de restricciones en el que vive, se somete a las reglas capitalistas, es una clase «subalterna». Pero esta naturaleza contradictoria no equivale a su «naturaleza no revolucionaria»43.

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40 J.C.L. Simonde de Sismondi, Études sur les sciences sociales. Tomo segundo. Études sur l’Economie politique, p. 249: «esta competencia universal, adornada con la palabra de libertad ilimitada de la industria».

41 Ibídem, p. 176.

42 Como David W. Lovell, en El concepto de proletariado en la obra de Karl Marx, tesis presentada para obtener el grado de doctor en filosofía por la Universidad Nacional Australiana, agosto de 1984, p. 423, consideraba que la universalidad de la clase destinada a ser autora de la revolución anularía la particularidad concreta bajo la cual se encuentran los diferentes estados e intereses de los estratos sociales. (Pero la tesis es interesante. Fue publicada como Marx’s proletariat: the making of a myth (El proletariado de Marx: la creación de un mito), Routledge, 1988, con el objetivo de demostrar que el concepto de Marx era utópico y que, precisamente debido a su sufrimiento, los proletarios luchan por reformas que alivien su condición, aceptando así el capitalismo).

43 Ibidem, p. 425.

 

Lógicamente, es decir, sobre la base del desarrollo de las fuerzas productivas —incluidas las capacidades técnicas del proletariado—, que constituye la condición objetiva para la transformación de la idea (estrategia) de revolución en realidad, y sobre la base de las condiciones subjetivas (el partido revolucionario, una fuerte conciencia de clase y el militantismo), siendo todas estas condiciones sine qua non, la naturaleza revolucionaria del proletariado prevalecerá sobre la “no revolucionaria”. Pero esta es una deducción lógica que pone de relieve una tendencia. En realidad, la clase capitalista44, impulsada por la competencia por el beneficio a desarrollar —aunque de forma contradictoria e incompleta— las fuerzas productivas, no puede impedir la constitución de las condiciones objetivas para la transformación del capitalismo; por lo tanto, hace todo lo posible por detener la evolución de las condiciones subjetivas.

Uno de los resultados del desarrollo de las fuerzas productivas es la generalización de la civilización material, es decir, el aumento de la accesibilidad y el consumo de bienes, con amplias capas de asalariados que se convierten en «clase media», independientemente de su estratificación. Esta base económica —y aquí no consideramos la fuerza de las múltiples facetas de la ideología y la educación capitalistas— permite a la clase capitalista moldear con mayor eficacia la conciencia social de esta gran parte de la población: una conciencia que ignora su carácter proletario y se convierte en una defensora, entusiasta o pasiva, del capitalismo. Esta conciencia social subordinada es altamente inercial, incluso después del empobrecimiento de la clase media, y no solo de los estratos más bajos de trabajadores. En consecuencia, si bien la naturaleza intrínseca de las relaciones de clase en el capitalismo es dual, oponiendo al proletariado y a la clase capitalista, en realidad está muy estratificada: y aquí no se consideran los estratos de los propietarios del capital —por lo tanto, todos ellos, independientemente del peso del capital, incluyendo la pequeña burguesía clásica o la verdadera clase media histórica—, sino únicamente los asalariados con capacidad de consumo más o menos ostentoso (Veblen). Todos estos estratos —esencialmente burgueses y esencialmente proletarios— presentan apariencias más complejas y matizadas: desde el punto de vista del tipo de trabajo, la residencia, el país, la nacionalidad, las organizaciones políticas y los sindicatos, la religión o la falta de ella, el sexo, y son resultado desde transfiguraciones ideológicas que conducen a creencias particulares de auto encierro grupal, todo ello dentro del inevitable capitalismo.

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44 No empleamos el término utilizado por la ideología dominante —«élites»— ni por las posturas críticas que buscan proyectar respetabilidad, evitando así las denominaciones de clase. Desde un punto de vista cualitativo: la mayoría de ellos no son élites, es decir, personas altamente especializadas capaces de gestionar de forma anticipada las unidades económicas y las organizaciones económicas nacionales y globales; y la gestión anticipada implica humanismo, del que carecemos por completo. El uso del término «élites» es ideológico, pues induce la sensación de subordinación natural a la clase capitalista y el olvido de la clase y las relaciones de clase.

 

Pues bien, los procesos y acontecimientos actuales del capitalismo mundial —la reducción del Estado de bienestar, la proletarización de los estratos más bajos, tanto de los asalariados como del pequeño capital, el creciente autoritarismo explícito que anula el anterior respeto hipócrita por las formas, la transgresión directa y explícita incluso del orden posterior a 1945, la absoluta arbitrariedad de los discursos, la evidente destrucción «capitalocénica»45 de la naturaleza y de la especie humana— impactan la conciencia social de muchos. Existe una profunda tendencia en la «clase media» a actuar —aunque no a pensar para sí misma— como proletariado, es decir, como el pueblo del mundo. Y, al mismo tiempo, se despliega una política más agresiva por parte de la clase capitalista mundial para intimidar y controlar ideológicamente a la población mundial. ¿Qué fuerza vencerá en esta lucha de clases?

En nuestro optimismo marxista, generado por la inferencia lógica —y no especulativa— relacionada con estos hechos empíricos, no somos utópicos. El futuro es abierto, lo que significa que, si el efecto de la política capitalista se intensifica, así será. La conclusión de todas las manifestaciones sobre las apariencias distópicas de este futuro es la revocación de las preguntas planteadas por Dostoievski: ¿por qué viven los seres humanos? ¿Cuál es su razón de ser última? ¿Sentirse bien a costa de los demás, de todo el entorno humano? Por lo tanto, la postura filosófica sobre la última razón de ser no es una desviación idealista del enfoque en las estrategias políticas, sino la presencia absolutamente necesaria de la izquierda consecuente en la lucha ideológica contra las diversas formas de defensa del capitalismo. Solo la posición proletaria consecuente plantea el problema de la última razón de ser de los seres humanos, que el capitalismo tiende a eludir, a anular con objetivos particulares.

 

45 Véase Carles Soriano, “Antropoceno, Capitaloceno y otros ‘-cenos’: por qué es necesario un entendimiento correcto de la teoría del valor de Marx para salir de la crisis planetaria”, Monthly Review, vol. 76, n.º 06, 2022; Álvaro San Román y Yoan Molinero-Gerbeau, “¿Antropoceno, Capitaloceno u Westernoceno? Sobre los fundamentos ideológicos de la crisis climática actual”, Capitalism Nature Socialism, vol. 34, n.º 4, 2023, pp. 39-57.

 

(7) Class domination

    As it is known and as Marx himself specified32, neither classes nor class struggle were discovered by him, but by bourgeois historians and economists. But in Marx, these concepts which had a concrete empirical determination, became ontologically relevant: just because their former static form – that there are classes, and classes struggle with each other – became dynamic, generated by the evolution and transformation of economic, political and cultural social relations. The ontological relevance of concepts is absolutely opposed to metaphysics: in metaphysics, concepts are posed as the roots/principles of the world, they are not questioned but justified with speculations and life-world examples selected so that they fit their “origin”. In Marx, the human history and its dissection show the concepts – namely, the contents/meanings resulted from the historical analysis.

    Traditionally, those below were called slaves, the poor, the villains. Marx took  over the metaphor “proletarians” – issued from the analogy between the ancient  Roman proletarii , the poorest strata of free citizens who could support the army  only by enrolling them and their scions (proles) within it, and the modern wageearners – for instance from the liberal thought suggested by the Swiss economist  J.C.L. Simonde de Sismondi33, and from the radical Christian socialist Félicité de 

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32 Karl Marx to J. Weydemeyer in New York, London, March 5, 1852, https://www.marxists.org/ archive/marx/works/ 1852/letters/52_03_05-ab.htm: “no credit is due to me for discovering the existence of classes in modern society or the struggle between them. Long before me bourgeois historians had described the historical development of this class struggle and bourgeois economists, the economic anatomy of classes. What I did that was new was to prove: (1) that the existence of classes is only bound up with particular historical phases in the development of production (historische Entwicklungsphasen der Production), (2) that the class struggle necessarily leads to the dictatorship of the proletariat, (3) that this dictatorship itself only constitutes the transition to the  abolition of all classes and to a classless society”.

33  J.C.L.  Simonde  de  Sismondi,  Études  sur  les  sciences  sociales.  Tome  second.  Études  sur l’Économie politique, À Paris, Chez  Treuttel et Würtz, Libraires, M.DCCC.XXXVII, pp. 35, 36  etc.; J.C.L. Simonde de Sismondi, Nouveaux principes d’Economie politique, ou de la richesse dans ses rapports avec la population (1819), Paris: Delaunay, 1827.

 

La  Mennais  (or  Lamennais)34,  and  from  the  socialist  literature  belonging  to  the French movement surrounding the 1830 revolution led by petty-bourgeoisie representatives who suffered because of the “treason” of the big bourgeoisie that arrived to control the French Revolution, turning it into a historical event sealing its definite victory over the former dominant layers which became subordinated to and 

integrated within its logic, and obviously over le peuple35 of the lower class and the lower middle class, to which it signalled the structural continuity of class domination, beyond slogans about LEF (liberté, égalité, fraternité). 

    With the whole accurate description of class relationships before and in capitalism, and of the concrete conditions of proletarians, the above writers oscillated between the assumption that the domination-submission relationships are necessary36  and the hope that the universal juridical rights established in capitalism – rights  which, first of all, allow the freedom of the modern labor force to sell its capacity to work, the freedom to be part of a contract – will evolve toward rights of economic equality37 –. Accordingly, the proletarians were rather a passive class, the moral38 progress of humankind being in fact the result of habitual rebellions from below and preventive reforms from above.

    Starting from the peculiarity of the proletarian condition/labor – that of having no propriety that would assure his existence, the proletarian sells his working power for a wage39 – Marx developed the concept of the proletariat as no longer 

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34 F. Lamennais, De l’esclavage moderne (1839), pp. 215-255, in Paroles d’un croyant, Une voie  de prison, De l’esclavage moderne, Paris  : Michel Lévy Frères, Editeurs, 1869.

35 Ibidem, p. 224: “By ‘people’ we mean the proletarians, that is, those who, owning nothing, live  solely by their labour. The type of work is irrelevant; and thus, there are proletarians of every condition and profession. Only the vast majority subsists on physical labour.”

36  J.C.L.  Simonde  de  Sismondi,  Études  sur  les  sciences  sociales.  Tome  second.  Études  sur  l’Économie politique, pp. 173-174.

37 F. Lamennais, De l’esclavage moderne, p. 227: “We do not, of course, dispute moral progress  or the recognition of rights, and this progress is great, because, by restoring human dignity and  enshrining the fruitful principle of natural equality, it prepares the way for another; because it will  produce sooner or later the social reality that logically corresponds to it. But, in the present state  of affairs, the condition of the proletarian, morally superior, is, with regard to physical life, often inferior to that of the slave”.

38 Ibidem: “But this freedom is only fictitious. The body is not enslaved, but the will is”. Indeed, morality refers to the will to choose.

39 This peculiarity was emphasized by all writers. But see also Friedrich Nietzsche, The Gay Science, With a Prelude in German Rhymes and an Appendix of Songs (1882), Edited by Bernard Williams, Translated  by  Josefine  Nauckhoff,  Poems  translated  by Adrian  Del  Caro,  Cambridge University Press, 2001, § 42, p 57: “Seeking work for the sake of wages - in this, nearly all people in civilized countries are alike; to all of them, work is just a means and not itself the end, which is  why they are unrefined in their choice of work provided it yields an ample reward. Now there are  rare individuals who would rather perish than work without taking pleasure in their work: they are  choosy, hard to please, and have no use for ample rewards if the work is not itself the reward of rewards. To this rare breed belong artists and contemplative men of all kinds, but also men of leisure who spend their lives hunting, travelling, in love affairs, or on adventures”.

 

denominating a particular class opposed to another, the bourgeoisie – although the industrial working class was/is the best illustration of the proletariat – but the universal class of the future developed capitalism. This universal mark does not mean an impossible uniformity of concrete domains, skills and human satisfaction, but, in capitalism:

   the universal opposition between the lack of property that would assure the existence, therefore, the lack of control over the means of existence, and the universal characteristic of the producer of all the means of existence, the universal dependency on wages, that implies a savage competition for work and wages between proletarians40

 and thus, the universal possibility to overthrow this dependency.

     From the above, the universal characteristic of the producer of all the means of existence cannot be reversed, of course. It remains to destroy the private appropriation of property. And by doing this, the universal class destroys its dependency on private property: this means the abolition of its class character; from a class opposing to capital, from its proletarian status in capitalism, the universal class becomes, indeed, the people. And, the destruction of the private feature of property relations/of private appropriation of the means of existence is possible just because its author is the universal class: but is possible only as a conscious revolution – a movement of radical transformation of the capitalist structural relations –. The communist revolution does not work for a new “class balance between the rich and the poor”41, but for the abolition of this distinction and “balance”.

     Not this distinction – actually, naming the capital-owners and the proletarians – and its keeping would solve the problem of “particularity”42, of different strata within the world proletariat, thus, of different strata of “middle classes” which arose from the industrial working class of 80 or 50 years ago. Yes, the proletariat within capitalism has a contradictory nature: on the one hand, it is/feels/knows that it is proletariat, that is, it has/sees no other future than destroying as a class its condition/destroying its class condition, therefore, it is convinced of its moral superiority; on the other hand, because of the framework of constraints it lives within, it submits to the capitalist rules, it is a “subaltern” class. But this contradictory nature is not tantamount to its “non-revolutionary nature”43.

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40  J.C.L.  Simonde  de  Sismondi,  Études  sur  les  sciences  sociales.  Tome  second.  Études  sur  l’Economie  politique,  p.  249:  “this  universal  competition,  decorated  with  the  word  of  limitless  freedom of industry”.

41 Ibidem, p. 176.

42 As David W. Lovell, The Concept of the Proletariat in the Work of Karl Marx, Thesis submitted for the degree of doctor of philosophy of the Australian National University, August 1984, p. 423, considered that the universality of the class destined to be the author of revolution would annul the concrete particularity under which the different states and interests of social strata lie. (But the thesis is interesting. It was published as Marx’s proletariat: the making of a myth, Routledge, 1988, aiming to show that Marx’s concept was utopian and, just because of their suffering, the proletarians strive for reforms alleviating their condition, thus accepting capitalism).

43 Ibidem, p. 425.

 

    Logically, that is, on the basis of the development of productive forces – thus, including the technical abilities of the proletariat – this development constituting the objective condition for the transformation of the idea (strategy) of revolution into actuality, and on the basis of subjective conditions (the revolutionary party, strong class conscience and militantism), all of these conditions being sine qua non, the revolutionary nature of the proletariat will prevail over the “non-revolutionary”  one. But this is a logical deduction, and highlights a trend. In reality, the capitalist class44, being pushed by competition for profit to develop – even though in a contradictory and unfinished manner – the productive forces, cannot stop the constitution of the objective conditions for the transformation of capitalism; so, it does everything to stop the evolution of the subjective conditions.

    And one of the results of the development of productive forces is the generalization of the material civilization, that is, the increased affordability and consumption of goods, with big layers of wage-earners becoming “middle class”, no matter its stratification. This economic basis – and we do not consider here the force of the many faces of capitalist ideology and education – allows the capitalist class to more efficiently form the social conscience of this big part of the population: that ignores its proletarian feature and becomes an enthusiastic or passive supporter of capitalism. This subordinated social conscience is highly inertial, even after the impoverishment of even the middle class, and not only of the lower strata of workers. Consequently, even though the intrinsic nature of class relations in capitalism is dual, opposing the proletariat and the capitalist class, in fact it is very stratified: and here not the capital-owners’ strata are taken into account – therefore, all of them no matter the weight of the capital, so also the classical petty bourgeoisie or the real historical middle class – but only the wage-earners able to more or less conspicuously consume (Veblen). All of these – essentially bourgeois and essentially

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44 We do not employ the term used by the dominant ideology – “elites” – and also by the critical positions which want to sound respectable, thus avoiding the class denominations. From a quality standpoint: the majority of them are not elite, that is, highly-specialized people able to anticipatively manage the economic units and national and global economic organizations; and the anticipative management involves humanism, that’s absolutely lacking. The use of “elites” is ideological, inducing the feeling of the natural subordination towards the capitalist class and the forgetting of the class and class relations.

 

proletarian – strata have more stratified and colored guises: from the standpoints of types of labour, habitation, country, nationality, political organizations and unions, religion and lack of religion, sex, and result from ideological transfigurations which lead to particular beliefs of group self-enclosure, but within the inevitable, destined capitalism.

    Well, the present processes and events in world capitalism – the shrinking of the welfare state, proletarianizing the lower strata of both the recipients of wage-earners and of the petty-capital, the increased explicit authoritarianism that annuls the former hypocritical respect of forms, the direct explicit infringement of even the post- 1945 order, the absolute arbitrariness of discourses, the obvious “capitalocenic”45  destruction of nature and the human species – hit the social conscience of the many. There is a deep trend of the “middle class” to act – but not to think to itself – as proletariat, that is, as the people of the world. And at the same time, a more aggressive policy of the world capitalist class to frighten and ideologically control the world population is deployed. Which force will win this class struggle? 

    In our Marxist optimism generated by the logical – and not speculative – inference related to these empirical facts, we are not utopian. The future is open, meaning that if the effect of the capitalist policy will be stronger, that is that. The conclusion of all the demonstrations about the dystopic guises of this future, is the recalling of the questions put by Dostoevsky: why do humans live at all?  What is their ultimate reason-to-be? To feel good at the expense of others, of the entire human environment? Therefore, the philosophical standpoint of the ultimate reason-to-be is not an idealistic deviation from the focus on political strategies, but the consistent left’s absolutely necessary presence in the ideological struggle with the various forms of capitalism’s defense. Only the consistent proletarian position puts forward the problem of the ultimate reason-to-be of humans, which capitalism tends to avoid, to annul with particular goals. 

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45 See Carles Soriano, “Anthropocene, Capitalocene, and Other ‘-Cenes’: Why a Correct Understanding of Marx’s Theory of Value Is Necessary to Leave the Planetary Crisis”, Monthly Review, Vol. 76, No 06, 2022; Álvaro San Román & Yoan Molinero-Gerbeau, “Anthropocene, Capitalocene or Westernocene? On the Ideological Foundations of the Current Climate Crisis”, Capitalism Nature Socialism, Vol. 34, No 4, 2023, pp. 39-57. 

Traducción Opción Obrera 
junio 2026

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