Opción Obrera es la sección venezolana de la CRCI (Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional)

Propulsamos el desarrollo de una política proletaria al seno de los trabajadores tras su independencia de clase y una organización de lucha para su liberación de la explotación e instaurar El Gobierno de los Trabajadores, primer paso hacia el socialismo.

Ante la bancarrota capitalista mundial nuestra propuesta es que:


¡¡LOS CAPITALISTAS DEBEN PAGAR LA CRISIS!
¡LOS TRABAJADORES DEBEN TOMAR EL PODER!



Comunícate con nosotros por los siguientes buzones de correo:

info@opcionobrera.org
opcionobrera@yahoo.com
opcionobrera@hotmail.com





Mostrando entradas con la etiqueta Partido de los Trabajadores de Brasil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Partido de los Trabajadores de Brasil. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de julio de 2013

Brasil: lo que está y lo que se viene


Brasil: lo que está y lo que se viene

El paro general del 11 de julio no fue una continuidad de las masivas movilizaciones populares de junio. Muy parcial en la mayoría de las grandes ciudades, casi inexistente fuera de ellas, no consiguió parar –con excepción de Porto Alegre– el sistema de transportes. Los pocos cortes de rutas y avenidas fueron realizados por un número pequeño de personas. Las manifestaciones callejeras fueron muy bajas en relación a las multitudinarias marchas de junio: 8 mil personas, como máximo, en la Av. Paulista (San Pablo). Buena parte de los manifestantes había recibido dinero para participar y hasta un extra si ayudaba a cargar una bandera o cartel. La jornada, sin embargo, había sido convocada por las siete centrales sindicales del país, algunas (CUT, Fuerza Sindical) con enormes recursos financieros. En los pocos lugares en que hubo actividades combativas (Fortaleza, Porto Alegre, San José dos Campos, Belém, Natal), fue notoria la actividad de la CSP-CONLUTAS, a pesar de que sólo representa el 2 por ciento del movimiento sindical.

El PSTU, sin embargo, concluyó que “el 11 de julio fue la continuidad de las manifestaciones de junio” (Opinión Socialista, 17/7), lo que ni el estudiante menos informado se atrevería a decir. Los movimientos responsables de las jornadas de junio, el MPL en primer lugar, ignoraron el paro. La CUT, a su vez, pagó a sus “manifestantes” para que cargaran banderas (industrialmente confeccionadas) de apoyo al gobierno, las que dominaron los actos públicos (en junio, no se vio ninguna siquiera parecida).

La respuesta de Dilma Rousseff a “la voz de las calles” quedó reducida a la nada. La promesa de consagrar el 100 por ciento de los royalties del petróleo de alto mar (menos del 8 por ciento de la renta petrolera, en manos del capital privado internacional) fue mutilada y postergada por el Parlamento. La “reforma política”, anunciada como asamblea constituyente y después reducida a una modificación reaccionaria de un par de mecanismos electorales, fue simplemente enterrada en el Congreso Nacional. Dilma, que no tuvo tiempo para ir a la reunión de la Dirección Nacional del PT, lo tuvo para recibir públicamente a un representante parlamentario del PSOL, quien le manifestó su apoyo. Frente al obvio vendaval de críticas, el PSOL emitió un comunicado distanciándose de su diputado, pero apoyando la (enterrada) reforma política. Los principales partidos de izquierda se han puesto en la ruta de la divergencia o la colisión con el movimiento popular.

Lula salió de su mutismo (desde las páginas del New York Times), para caracterizar las movilizaciones como producto del progreso de la última década: los coches particulares habrían invadido las calles, entorpeciendo el transporte público. Ni una palabra sobre los lucros y los monopolios del transporte privatizado. Llamó también –era necesario– a una “renovación del PT”. La reunión de la dirección de éste, a mediados de julio, fue un episodio de crisis: manifestó su insatisfacción por la ausencia de Dilma y oficializó nueve listas para las elecciones internas del 10 de noviembre, con seis candidatos a presidente del partido. La izquierda del PT, un aparato ajeno al movimiento popular, apostó todas sus fichas en ese proceso.

Toda la porquería acumulada del Estado (régimen) brasileño está ahora apareciendo. Los poco más de 5.500 municipios del país usan nada menos que 510 mil “cargos de confianza” (ñoquis), muchos con salarios mensuales superiores a los 10 mil dólares. Mientras tanto, profesores y médicos municipales padecen salarios de hambre, para no hablar de la infraestructura. La corrupción y la crisis económica se cruzan en el BNDES, el banco estatal cuya cartera de créditos al sector privado aumentó de 25,7 mil millones de reales (12 mil millones de dólares) en 2001 a 168,4 mil millones de reales (84 mil millones de dólares) en 2010, con una tasa decreciente de la inversión privada, actualmente igual a cero. La mayoría de las empresas beneficiadas registra pérdidas o se encuentra en quiebra. La más importante es la EBX de Elke Batista, el “capitalista de Lula”, beneficiaria de 10,5 mil millones de reales de dinero público. La crisis capitalista está iluminando el agujero negro de la corrupción brasileña.

El papa Francisco viene al “más grande país católico del mundo”, en el que la proporción de católicos cayó del 92% en 1970 al 65% en 2010, en beneficio de las mafiosas sectas evangélicas que han gobernado el país en la última década junto al PT. Viene también a contener el movimiento juvenil, desviándolo. También para llamar al gobierno petista a “escuchar la voz de la calle” –abriendo más espacio para la Iglesia católica y reduciendo el de los evangélicos. Los “teólogos de la liberación” (los hermanos Boff, Frei Betto) se sumaron calurosamente a esa operación político-religiosa. El Vaticano le metió la cuenta de los inmensos gastos papales en Brasil al Estado y los evangélicos presionaron al gobierno para que los redujera, en una contienda pública. La izquierda, aquí, mira para otro lado.

Frente al inmovilismo político, el PMDB busca transformarse en el eje del régimen, reafirmando su alianza con el PT y el apoyo a Dilma, al mismo tiempo que bombardea en el parlamento todas sus iniciativas políticas. En las actuales condiciones, es casi un juego de ruleta rusa. Las centrales sindicales han marcado un nuevo paro general para el 30 de agosto. Aislado y sin conexión con cualquier plan de lucha de conjunto, la jornada será un nuevo saludo a la bandera. La juventud en lucha anda por otros caminos. Después de Belo Horizonte, los jóvenes de Porto Alegre –organizados en un “Bloque de Lucha” –, ocuparon la alcaldía, de la que sólo se retiraron mediante un compromiso escrito de pasaje gratuito en ómnibus y trenes para estudiantes y desempleados, sin desgravación impositiva de las empresas concesionarias. El caldo está fermentando. La victoria por puntos en el primer round puede transformarse en nocaut del gobierno en los próximos asaltos.


Osvaldo Coggiola

lunes, 15 de julio de 2013

Brasil: entre Turquía y Egipto


Brasil: entre Turquía y Egipto

Junio quedará en la historia por la realización de manifestaciones de masas simultáneas en más de 600 ciudades, por primera vez en todo el territorio de Brasil. Ahora, retorna a la agenda pública la crisis económica y política. El tarifazo de los transportes fue anulado en todas las ciudades, incluso en las que no hubo manifestaciones. El pavor de gobernadores e intendentes fue memorable. El gobierno nacional, inicialmente paralizado, ha respondido con una propuesta de “cinco pactos” (que ya nadie recuerda) y con la promesa de consagrar el 100% de las regalías del petróleo de aguas profundas a la salud y la educación –o sea apenas un 8% de la renta petrolera. A su vez, el Senado le recortó un 56,3%. El Congreso anunció desgravaciones impositivas para las empresas de transporte, para compensar la anulación de los aumentos de tarifa.

En su pánico inicial, el gobierno propuso un plebiscito popular para convocar una “asamblea constituyente para una reforma política”, lo que luego se transformó solamente en un plebiscito sobre elecciones y partidos, y más tarde en un referendo sobre cinco tópicos acerca del sistema electoral. La improvisación no impidió que la izquierda “progresista” del PT o de algún otro partido “de izquierda”, para no hablar de una intelectualidad izquierdosa, apoyara con entusiasmo el engendro concebido para desmovilizar al pueblo. La explosión popular provocó una derechización aún mayor de la izquierda brasileña.

El gobernador de Rio Grande do Sul, Tarso Genro (PT) abrió un sitio de Internet para recibir sugerencias de la población. El PSTU, único partido relevante de la izquierda clasista, cambió, en su espacio gratuito de televisión, el rojo predominante de su color habitual por el “verdeamarelo”, incluyendo un símbolo que algunos compararon con el de la Confederação Brasileira de Futebol. El PSOL reaccionó en direcciones disparatadas, según la tendencia que integra su desintegrado panel. En estas condiciones, la propuesta de un “frente (electoral) de izquierda” (para 2014), reiterada en TV por el PSTU, carece de contenido. Se observa una acentuación del divorcio entre la izquierda y la situación del país, ni hablar de las masas.

La “reforma política” propuesta por el gobierno es una farsa reaccionaria. Sus aspectos principales son el financiamiento público exclusivo de las campañas electorales y el voto en lista sábana. Con esto pretende continuar con las operaciones para salvar de la cárcel a la cúpula lulista del PT y de aliados del PMDB por un sonado caso de corrupción (mensalao), armado para asegurar una mayoría parlamentaria permanente al gobierno de coalición.

La reforma no toca la extinción del Senado o la reducción del mandato de senador (ocho años), no promueve la elección popular de jueces y fiscales, ni deroga la vergonzosa Ley de Amnistía, que declaró impunes para siempre a asesinos, torturadores y ladrones comprobados del régimen militar. Por no hablar de la militarización de las policías, que matan impunemente (poseen fuero judicial y tribunales propios). Que la izquierda apoye esta porquería revela el nivel de su bajeza.

La oposición parlamentaria negocia a cuentagotas en función de desgastar al gobierno de coalición PT-PMDB o hasta de provocar la renuncia anticipada de Roussef, cuya “popularidad” cayó al 27%, en cuyo caso asumiría el vice o el presidente de la Cámara (ambos del PMDB). El “golpe” sería el de los aliados que el PT abrazó y aduló en los últimos diez años. La crisis económica acelera los plazos. El crecimiento del PBI, previsto inicialmente en más de 3,5%, ya ha sido reducido a menos del 2% (abajo del crecimiento demográfico, lo que provocará una nueva caída del PBI per cápita). El aumento de las tasas de interés, cediendo a la presión del capital financiero, no logra impedir la fuga de capitales, y ha aumentado la deuda pública al punto de provocar el recorte suplementario de 15 mil millones de reales del presupuesto (afectando, claro, salud y educación…) para cumplir con la meta fondomonetarista de superávit primario. Compárese con el previsto superávit comercial de 6,5 mil millones de reales (10% del superávit de los “años de oro” de Lula) después de haber transformado todo el sistema productivo y de obras públicas para hacer del país una plataforma exportadora.

La economía brasileña, como ya lo dijimos, es una bomba de tiempo. Ahí está el destino del “grupo (holding) X” del “empresario nacional” de Lula/Dilma, Eike Batista (ex 8º fortuna del mundo, actualmente fuera de la lista de las primeras 200), cuyas empresas perdieron 90% de su valor bursátil en los dos últimos meses. Vinicius Torres Freire, principal comentarista económico de la Folha de S. Paulo, afirmó que hay una “huelga de inversiones” del sector privado desde 2012. Las masas están votando con los pies en la calle, la burguesía con el bolsillo.

El paro tardío del 11 de julio convocado por las centrales sindicales por “mayores inversiones en sanidad y educación; aumento de salarios para los trabajadores; reducción de la jornada de trabajo; apoyo a la reforma agraria y transporte público de calidad” (reivindicaciones que Dilma Rousseff ni se tomó el trabajo de escuchar en la entrevista que mantuvo con los sindicatos) está presidida por la defensa de la reducción de las tasas de interés, una reivindicación de la burguesía endeudada. El paro aislado intenta desviar la rebelión popular y ponerse a la cabeza de las negociaciones de su agenda –como recurso último para salvar al gobierno del derrumbe capitalista. CONLUTAS, la pequeña central sindical clasista, se sumó al paro sin criticar su finalidad desmovilizadora.

Las tendencias al derrumbe financiero, que se manifiestan en la salida de capitales del más importante de todos los “mercados emergentes” (después de China), pasan ahora a ser el principal combustible de una segunda vuelta de movilizaciones populares –probablemente al margen de las organizaciones sindicales tradicionales.


Osvaldo Coggiola

jueves, 4 de julio de 2013

BRASIL: CRISIS, COMBATES Y PERSPECTIVAS


BRASIL: CRISIS, COMBATES Y PERSPECTIVAS

Cuando Brasil venció la Copa de las Confederaciones, en el mismo momento, fuera del Maracaná, una multitud, equivalente a la que se encontraba en el estadio, protagonizaba una batalla campal contra la policía, que usó bombas, gas y balas de caucho. El saldo fue decenas de heridos y detenidos. Que el fútbol, religión nacional, no haya desviado una movilización antigubernamental es un hecho inédito en la historia. Tan insólito como el hecho de que la presidente ni siquiera pisó el estadio, temiendo una silbatina peor que en la inauguración de la Copa. Neymar se pronunció (pese al cerco de seguridad que lo rodea permanentemente) en favor de las manifestaciones. El mismo domingo, la Cámara Municipal de Belo Horizonte fue ocupada por jóvenes que reivindican la apertura de los contratos con las empresas privadas de transporte urbano, para poner en evidencia los superlucros patronales y la corrupción descarada de los “representantes populares”.  Desde la semana pasada, los movimientos de las favelas paulistas (MTST, los “sin techo”, y “Periferia Activa”) organizan manifestaciones y bloqueos de avenidas contra las pésimas condiciones de alojamiento, salud y transporte en los barrios pobres.

Al mismo tiempo, se desarrolla una formidable ofensiva represiva no solo en las calles sino en las mismas favelas, un gigantesco operativo de militarización para evitar que los sectores más explotados se incorporen masivamente a la lucha. En la Favela de la Maré la operación dejó media docena de jóvenes muertos, definidos como “ladrones”; enseguida se puso en evidencia que ninguno de ellos había tenido siquiera una acusación formal en su contra en toda su vida. El monstruoso aparato represivo brasileño ha sido incrementado y se ha sofisticado como nunca en función de los “grandes eventos” (campeonatos mundiales de fútbol y Olimpiadas) por el “gobierno de los trabajadores”. Durante las primeras manifestaciones, Dilma Rousseff ofreció pública y explícitamente el apoyo de la “Fuerza Nacional”, un engendro represivo “contrainsurgente” montado por el gobierno del PT, a gobernadores e intendentes “en apuros”.  

La rebelión popular ha originado una crisis institucional. La PEC (propuesta de enmienda constitucional) nº 37, enviada por el gobierno al Congreso, fue rechazada por... 430 votos contra 9. La PEC proponía transferir las facultades de investigación del Ministerio Público a la Policía Judicial. Es una maniobra para que el Poder Judicial (que se le escapó al PT de las manos) frenase la investigación de los casos de corrupción gubernamental. Los nueve votos a favor fueron de nueve derechistas hipercorruptos, hasta el presente adversarios del gobierno; toda la bancada del PT votó contra el gobierno, que se ha quedado sin “base aliada” parlamentaria. Frente a la catástrofe política, Dilma sacó de la galera una propuesta de constituyente para tratar una reforma política (financiamiento público exclusivo de las campañas electorales), a la que el Poder Judicial y la mayoría de los parlamentarios se declararon hostiles. El gobierno reculó y pasó a defender un plebiscito sobre una propuesta de reforma. En las actuales condiciones, la propuesta puede dar un eje político nacional de repudio a la movilización heterogénea de las calles.

El índice de aprobación de Dilma Rousseff cayó del 70% al 30%. En una reunión de Dilma con las centrales sindicales, el representante de la CONLUTAS denunció la propuesta de “plebiscito popular” como una maniobra distraccionista desesperada. Los planteos de las centrales sindicales al gobierno fueron simplemente ignorados, y ha sido convocado un paro general para el 11 de julio, esto es, para casi un mes y medio después de las primeras manifestaciones contra el tarifazo de los transportes. CONLUTAS convocó a algunas movilizaciones parciales (sin éxito) antes de esa fecha.

La tentativa de la izquierda de participar con columnas propias (“rojas”) en las manifestaciones en la Av. Paulista fue literalmente repelida a palos. Los manifestantes no apreciaron el intento de diferenciación de la izquierda y tampoco el propósito de hacer propio al movimiento.  La izquierda ha replicado reclamando el derecho a participar con banderas propias en las manifestaciones. Pero todo esto es distraccionismo, porque la izquierda no se ha hecho conocer a través de un planteo propio, es decir sin aportar al movimiento. No ha dicho ni pío sobre la constituyente, cuando la burguesía la rechaza con el planteo de que las constituyentes se convocan cuando se rompe un régimen político y se plantea la creación de otro. Algunos de la “izquierda progre” (intelectuales sin partido, aliados del PT de todo tipo) han llegado a denunciar todas las manifestaciones como montajes de la CIA contra el gobierno del PT, en un artículo ampliamente traducido y difundido por sitios y redes chavistas y “progres” del continente (“La protesta brasileña de la última semana”, por Tania Jamardo Faillace, Alai-Amlatina). Este fin de semana, Lula salió de su mutismo para decir que hay que estar en la calle para “empujar el gobierno hacia la izquierda”...

La movilización callejera es cada vez más generalizada; el paro general nacional del 11 de julio, convocado por todas las centrales sindicales es un intento claro de recuperar la calle para las agencias populares del gobierno, que se encargarían luego de desmovilizar la rebelión.  Un boicot al plebiscito podría re-encender el movimiento y provocar la caída del gobierno y las elecciones anticipadas. Puede darle una plataforma nacional y un nuevo escalón político al movimiento de las calles. Egipto también ayuda.    

 Osvaldo  Coggiola


martes, 25 de junio de 2013

VENEZUELA, ¿NOS ESTAMOS VIENDO EN EL ESPEJO DE BRASIL?


VENEZUELA, ¿NOS ESTAMOS VIENDO EN EL ESPEJO DE BRASIL?

Manifestaciones en Brasil al 20/06 luego de
suspendido el tarifazo en el transporte público
Los sucesos en Brasil de las dos últimas semanas han servido para que tanto la izquierda como la derecha venezolana metan la cabeza en la arena como el avestruz. Quizás se solidaricen en parte por lo ocurrido pero lo esencial, para tirios y troyanos, es lo que a su entender se traduce como un sinsentido ante, según ellos, el extraordinario avance económico del gigante del sur en el continente. Quizás hasta coincidan por lo del aumento en $R 20 céntimos al transporte colectivo en Sao Paulo para que se dieran los reclamos ($R 3,20 equivalen a 1,50 dólares) con el añadido de una descomunal represión a la marcha de 50.000 paulistas el 13 de junio, sin embargo y luego de suspenderse el tarifazo por las alcaldías de las ciudades más importantes de Brasil, el reguero de movilizaciones y manifestaciones se extendió en decenas de ciudades, que sin haberse dado en principio el rechazo popular a algún tarifazo local, han preferido cortar por lo sano retirando también las suyas.

El signo que marca la actitud del avestruz cuando sólo se toman en cuenta las cifras macroeconómicas durante 10 años de gestión del PT con Lula y Dilma, conlleva a una actitud de cautela en nuestro país donde la situación económica reviste condiciones de crisis y el gobierno de Maduro busca por el mundo compromisos y reconocimientos tras la inestabilidad política luego de las elecciones del 14 de abril. La izquierda, como la derecha, saben que sus planes se pueden ir al traste por un hecho coyuntural como resultado de las acciones de  las masas. Por tanto, es esto lo que los hace ser casi indiferentes con la situación brasileña, pues estemos claros, ni es una revolución de colores alentada por el imperialismo yanqui como ya ha insinuado alguna “izquierda” comprometida con el chavismo, ni es un simple reclamo de la clase media brasileña afectada por los tarifazos. Es que, ni la derecha ni esa “izquierda”, asumirán lo que en realidad lo ha provocado son las consecuencias de la bancarrota mundial del capital y la crisis sistémica, universal e histórica de las relaciones sociales capitalistas que presenta los mayores desafíos para el presente y el futuro a la humanidad.

Los marxistas nos afianzamos en la crítica a la economía política para ofrecer alternativas en función de otras relaciones sociales donde se impida que el capital ejerza el poder político y económico. Si a causas vamos de lo que está pasando hoy en Brasil, esencialmente hay que insistir que lo que mantuvo a Lula en el poder no fue ningún milagro económico sino un salvataje de la Reserva Federal yanqui, al igual que lo hizo con México y Perú. El capital financiero, ficticio y por lo tanto sin soporte, soltado en el mercado internacional por la FED junto a tasas cercanas a cero para enfrentar el proceso de bancarrota del capital mundial declarado en 2007, a la par que países como Brasil lo captaban con tasas de interés muchísimo más mayores mientras la inflación se contenía en valores bajos, representa una visión muy actualizada del coloniaje imperial. Ese esquema representó que el real brasileño se revalorizara, pero sólo hasta el momento en que el negocio para el imperialismo yanqui le resultara.

Las cifras económicas brasileñas actualizadas han salido a relucir por cualquier ámbito, en particular las de los especialistas burgueses en esa materia como el Financial Times o The Economist, quienes muestran mucha preocupación por lo que está dejando de hacer Dilma en sus compromisos con los dueños del capital, que es ya bastante como se verá más adelante. El proceso devaluatorio del real brasileño representa una respuesta al temor internacional a que la FED limite el monto de dólares que ofrece cuasi gratis al mercado mundial, lo cual está elevando la tasa de interés en USA y provocando una reversión de la tendencia de los últimos años que era la de la inversión especulativa en materias primas y en mercados de deuda periféricos. La consecuencia es una depreciación del real (9% en tres meses este año) y una tendencia a la reversión en la subida de los precios de los “commodities”.

En septiembre del año pasado, después de tres meses y medio de conflicto, el gobierno de Dilma Roussef consiguió quebrar la huelga de los empleados públicos federales (más de 1,8 millones de trabajadores) mediante represión, descuentos salariales, amenazas de despidos y división del movimiento sindical. La “victoria” gubernamental tuvo el duro precio de “quemar” a sectores enteros de la burocracia sindical petista –en el caso de las universidades federales, prácticamente la destruyó–, además de abrir un foco (inédito en diez años) de choques entre esa burocracia y el gobierno. Toda la prensa, incluso la más derechista, apoyó al gobierno durante el conflicto, el cual paralizó al Estado –la Policía Federal llegó a desfilar en las calles con banderas que decían: “El tráfico (de drogas) está liberado”. La huelga de los estatales fue, por eso, apenas el prólogo de un episodio mayor de la lucha de clases.

Con la economía en picada –la caída de la actividad industrial fue de un 5,3% a junio de 2012, la cuarta caída consecutiva–, el gobierno repite la fórmula de concesiones impositivas al gran capital para evitar el colapso económico, con desgravámenes previstos para este año de 15.200 millones de reales, de los cuales casi la mitad –7.200 millones– corresponden a un nuevo 20% de rebaja en las cargas sociales de los salarios por parte de los patronos; además de proyectar financiamientos al sector privado –las llama “inversiones público-privadas”– del orden de 190.000 millones de reales para el año 2013. El gobierno proyectó un mazazo violento en el gasto público a ser decretado –“legislado”– a finales del año pasado, con ataques violentos a la salud pública, la legislación laboral y, principalmente, la previsión social.

Aparte de eso los casos de corrupción volvieron a la palestra con el mensalao. En ese marco, ha cobrado relevancia una crisis originada en 2005, la cual parecía superada. El caso del mensalao –un sistema de compra de votos parlamentarios durante el gobierno de Lula mediante financiamientos mafiosos offshore, envolviendo, en principio, 350 millones de reales en sobornos– está siendo (re)juzgado por el Supremo Tribunal Federal (STF) cuyos jueces fueron, casi en su totalidad, nombrados por Lula, quienes ahora se le están dando vuelta. Entre los reos están once ex diputados: tres del PT –incluyendo al entonces presidente de la Cámara, José Paulo Cunha, ya condenado– y ocho de otros partidos de la “base parlamentaria aliada”. Los votos comprados financiaron, entre otras cosas, la aprobación de las reformas previsional e impositiva antiobreras y antipopulares del gobierno “de los trabajadores”.

La misma prensa que celebra la decisión del STF sobre el mensalao también ha celebrado las cualidades reveladas de Dilma como “estadista”; o sea, la violencia con que enfrentó las huelgas, avanzó en las privatizaciones e hizo pasar leyes antiobreras, y hasta su dureza en el “Rosegate” (por Rosemary Noronha, amante pública de Lula, y su caída como coordinadora de la oficina de la Presidencia de la República en Sao Paulo). Pero en la antesala a las manifestaciones disparadas por un aumento de 0,20 reales a la tarifa del transporte público, a comienzos de año la economía del gigante con pies barro informaba de los siguientes derroteros: el PBI había crecido menos de 1% anual por ocho trimestres consecutivos; la “burbuja financiera” está hinchada por todos lados (el récord de la deuda pública federal, interna y externa); la deuda de los estados, en primer lugar la llamada “Grecia del Brasil”, Rio Grande do Sul (gobernado histórica y actualmente por el PT), que le debe a la Unión 215 por ciento de su renta líquida, seguido por Minas, Sao Paulo y Río (o sea, los cuatro estados más grandes del Brasil); la deuda privada de bancos, empresas y familias; la burbuja de la propiedad inmobiliaria (165% de valorización entre 2008 y 2012, contra 25% de inflación).

Para atajar el derrotero Dilma va en el sentido de defender a los dueños del capital: anunció la privatización de los aeropuertos, con fuertes subsidios estatales, en vísperas de la Copa 2014 y las Olimpíadas 2016. Ya comprimió los salarios de los estatales y los gastos sociales a su porcentaje más bajo (del PBI y del ingreso líquido del Estado) en dos décadas, abajo incluso que los de los gobiernos “neoliberales” anteriores al PT. El problema es que, como resumió el editorialista de Valor Económico (5/12/12): “el gobierno bajó las tasas de interés, desvalorizó el real, aumentó el gasto público (léase subsidios al capital), adoptó medidas para disminuir los costos de producción (desreguló la legislación laboral), redujo impuestos (al gran capital), abrió la concesión de servicios públicos al sector privado, intervino en algunos sectores, y la economía brasileña no reacciona. Las inversiones son negativas hace dos años y el PBI registra un promedio inferior al de los dos mandatos de Fernando Henrique Cardoso”. En otras palabras, haga lo haga un gobierno "progresista" o nacionalista atado a los intereses del gran capital en plena época de su bancarrota mundial, a lo que terminará conduciendo es a la pauperización aún mayor de los explotados y del pueblo en general.

Mientras tanto, la izquierda nacionalista latinoamericana, y también la europea, continúan aferrados a las cifras de la bonanza económica de Brasil –que desapareció en los números hace ya dos años–, ilusionando a sus militantes y simpatizantes con la reforma "posible" del capitalismo porque si no se mete la derecha, aunque se les demuestre que ésta como se menciona más arriba, y el imperialismo, están metidos hasta los tuétanos en el "progresismo" de Lula y Dilma. Ante esto los jovenes y los estudiantes, los trabajadores que devengan un bastante recortado salario mínimo, los empleados públicos y el pueblo en general, lo que vieron fue la válvula de escape que los movilizara luego de la excesiva y "democrática" represión del 13 de junio por exigir que el aumento, que colocaba el transporte público como uno de los más caros del planeta, no fuese aplicado. Es que la mesa para ellos ya estaba servida: la desregulación de la legislación laboral, la evidente falta de inversión en salud y educación públicas, los políticos y sus corruptelas, el negocio para los capitalistas que se arropan con la FIFA y el COI con la Copa Confederación, el Mundial de Fútbol 2014 y las Olimpiadas del 2016.

Es la importancia que le debemos dar, por tanto, los venezolanos. Para la izquierda clasista e independiente su papel está en cómo ir a fondo con las masas, esencialmente al seno del movimiento obrero, con un plan de luchas unitarias que las organice a enfrentar lo que está a las puertas con los tarifazos como respuesta gubernamental para paliar lo insuficiente que le resultan los fondos para el gasto público y también para afrontar el pago religioso que viene haciendo, con un monto de 18.000 millones de dólares para este año, en deuda externa.

Las consecuencias de los efectos de la bancarrota mundial del capital las estamos viendo desde 2009 con aumentos del IVA de 9 a 12%, devaluaciones oficiales del bolívar en 2010 y 2011 y una inflación que resulta la cuarta más alta del planeta. Este año, además de lo evidente que le resulta al venezolano de a pie la escasez y la especulación producto del valor del dólar paralelo de más de 4,5 veces el oficial (a pesar de haber devaluado el gobierno bolivariano el valor del bolívar de 4,30 a 6,30 por dólar), la inflación anualizada a mayo llegó a casi el doble de la definitiva al cierre de 2012 (35,2% versus 20,1%) licuando el pírrico incremento de 20% al salario mínimo fijado a inicios de ese mes, y a pesar de todo el optimismo que el gobierno bolivariano muestra para resolver los entuertos de la crisis económica en curso, con alianzas con la burguesía criolla o extranjera; el endeudamiento de 8.000 millones de dólares a que se ha visto obligada PDVSA para afrontar su parte en las inversiones de desarrollo, retrasadas desde el año pasado, en la empresas mixtas de la Faja del Orinoco; y los convenios internacionales suscritos con los países del MERCOSUR y el ALBA, primero, e Italia, Francia y Portugal, después, para aumentar las importaciones que las continuará haciendo la burguesía del país en conjunto con las de aquellos; indica en mucho el contenido de clase sobre la que se está apoyando Maduro para continuar haciéndole pagar los platos rotos de la crisis a los trabajadores y al pueblo venezolano, salvando de su propia crisis a los capitalistas urbe et orbi.

La crisis, que está en pleno desarrollo, nos obliga. No afrontar el reto y se concretase la coyuntura para una revuelta venezolana sin un mínimo de organización de clase, coloca a las masas en la misma situación de 1989 con el agravante para ellas que ya el ejército está en las calles para demostrar su verdadera esencia, defenderle con las armas el Estado a los capitalistas. Brasil ha marcado un norte en el cómo se debe actuar. Basta ya de pedir, hay que arrancar con la movilización y la lucha que los capitalistas sean los que paguen por la crisis que sólo ellos han causado.


lunes, 24 de junio de 2013

BRASIL: LA REBELIÓN QUEMA ETAPAS


BRASIL: LA REBELIÓN QUEMA ETAPAS

Las movilizaciones en Brasil comenzaron el 6 de junio, con dos mil manifestantes en el centro de Sao Paulo contra el tarifazo del transporte en esa ciudad. La represión, ordenada por el gobierno estadual (de derecha) y apoyada por el gobierno municipal (del PT), fue violentísima. Dos semanas después, los manifestantes, en casi todas las capitales y ciudades importantes del país, habían superado los dos millones, (un millón en Rio de Janeiro el jueves 20). El tarifazo fue retirado y hoy es casi una anécdota. Varias otras capitales y ciudades que habían anunciado aumentos del transporte también los retiraron, sin que mediara el planteo explícito de una reivindicación en ese sentido. El anuncio del gobierno paulista retirando el tarifazo, que buscaba vaciar las calles, fue festejado en las calles como una gran victoria. El propio MPL (Movimiento Pasaje Libre), convocante inicial, retiró los llamados a la movilización. Fue, sin embargo, como si nada: el viernes 21, más de dos millones estaban en las calles brasileñas. Varias capitales fueron literalmente paralizadas. El pueblo y los trabajadores brasileños han iniciado una movilización histórica.

La lucha contra el tarifazo se transformó en una movilización contra todo el régimen político. La juventud fue a las calles con reivindicaciones sobre transporte, salud, educación, contra la represión, contra el gobierno y contra la corrupción del oficialismo y de la oposición.  La presidente (Dilma Rousseff) fue silbada de modo estridente en la inauguración de la Copa de las Confederaciones, y después cerró el pico por dos semanas. El régimen político quedó en estado catatónico. La policía (militar, federal, estadual, civil, etc., todo el impresionante aparato represivo montado bajo la dictadura), recibió la orden de observar y sólo intervenir en caso de depredaciones. Recién el viernes 21 Dilma consiguió abrir la boca, anunciando que los royalties del petróleo pre-sal (petróleo submarino que el gobierno del PT privatizó) serán consagrados a la educación (no dijo cómo, desde luego). Convocó a una reunión de gobernadores y algunos intendentes, la mayoría representantes de la derecha más podrida, represiva y corrupta, para organizar una respuesta del régimen en su conjunto. Un tiro que puede salir por la culata.

Las principales centrales sindicales (CUT-PT, Fuerza Sindical, CGT), la federación estudiantil oficialista (UNE), acompañadas del coro habitual de ONGs y entidades “progres” de todos los colores, emitieron una declaración recién dos semanas después de manifestaciones y combates callejeros. Después de la habitual cháchara progre, plantearon “la realización con urgencia de una reunión nacional, que envuelva a los gobiernos estatales, a los intendentes de las principales capitales, y a los representantes de todos los movimientos sociales (...) esa reunión es la única forma de encontrar salidas para enfrentar la grave crisis urbana”. El MST (Movimiento de los Sin Tierra) también firmó este pedido de coalición de toda la reacción política brasileña para contener la rebelión popular.

En medio de las movilizaciones aparecieron, como era de esperar, grupos de criminales saqueadores (infiltrados por provocadores policiales, los P2), grupetes fascistas y grupos identificados como “sin partido”. Algunos, aliados a skinheads neonazis, hostilizaron a partidos de izquierda (PSTU, PSOL, PCB). El fin de semana (22-23) se realizó una reunión para discutir cómo combatir a esos grupos. Jóvenes de las periferias más pobres, negros o mulatos en su mayoría, ya se están organizando para romper las cabezas de los grupejos skinheads racistas. Los “sin partido”, que cantan el himno y llevan banderas brasileñas, son otra cosa; son un síntoma del derrumbe de la organización social y política de Brasil, después de diez años de gobierno de frente popular –la alianza del PT y la central sindical que controla (CUT) con el PMDB y la derecha evangélica.

La rebelión brasileña no es todavía una movilización de clase; es el primer episodio de lo que viene. Desnuda la postración asquerosa de la burocracia de las organizaciones obreras (la CUT en primer lugar). La CONLUTAS, pequeña central sindical clasista (dirigida por el PSTU), ha llamado a movilizaciones a partir del próximo jueves (27). Algunos de sus sindicatos (Andes –docentes universitarios), por ejemplo, llamaron desde el inicio a movilizarse junto a los jóvenes del MPL. El planteo de un plenario nacional de trabajadores y jóvenes luchadores para organizar la lucha comienza a abrirse paso. Los docentes de las universidades federales realizaron el año pasado una gigantesca huelga general de varias semanas.

La izquierda del régimen se apuró a denunciar una maquinación golpista: los manifestantes serían “tontos útiles”. El propio MPL cedió a esas presiones. Varias movilizaciones fueron realizadas (en Brasilia, por ejemplo) después que sus convocantes las suspendieran. Los “progres” brasileños se encuentran ahora en la excelente compañía del premier turco Tayyip Erdogan, que también denuncia una conspiración internacional contra su gobierno y el de Brasil. El imperialismo se habría complotado para derrocar a sus aliados; es lo que dirán en Estados Unidos cuando comience la movilización contra los atropellos de Obama. 

Las movilizaciones internacionales en solidaridad con Brasil son impresionantes, por el número de ciudades en que se realizan, y por la solidaridad de la población local. En Brasil no se está enfrentando a una dictadura, ni a un gobierno derechista, sino al gobierno símbolo mundial de la izquierda “progresista” y de los programas sociales compensatorios, que el capital mundial presenta con términos elogiosos. La clarificación política que produce esta lucha tiene alcance internacional.

La burguesía brasileña ha comenzado a discutir la urgencia de una reforma política, y hasta la posibilidad de una asamblea constituyente; reconoce de este modo que no estamos frente a una revuelta pasajera. La izquierda revolucionaria sólo se puede forjar dando una respuesta de conjunto a todos los problemas políticos planteados, no solamente acompañando la rebelión popular. En Brasil asistimos a otro embate de las masas, en el contexto histórico del derrumbe del capitalismo, para romper los eslabones de la cadena imperialista mundial e inaugurar una etapa definitiva de la revolución socialista mundial.

Osvaldo Coggiola

miércoles, 19 de junio de 2013

Brasil: reventó el “consenso”


Brasil: reventó el “consenso”

En Río de Janeiro, 100 mil personas ocuparon Cinelandia y las principales avenidas en protesta contra los aumentos de los pasajes de ómnibus, los gastos estratosféricos con el Maracaná y la represión a las manifestaciones. En Sao Paulo, otros cien mil manifestantes fueron la respuesta a la violenta represión del pasado jueves 13 sobre la manifestación contra los aumentos, la que dejó 55 heridos y 150 personas detenidas. La impresionante manifestación paulista ocupó los dos lados de la Avenida Faria Lima, principal arteria comercial. Recibió la solidaridad de los empleados y la población a su paso, y se dirigió a la Casa de Gobierno (Palácio dos Bandeirantes), que tuvo que ser cerrada. Curitiba, Belo Horizonte, Maceió, Belém, Salvador, Porto Alegre también tuvieron manifestaciones. En Brasilia, en protesta por los aumentos y las obras en el estadio Mané Garrincha, estudiantes y jóvenes ocuparon la rampa de acceso al Palácio de Planalto y después rodearon El Congreso Nacional. En Belo Horizonte hubo más de 50 mil manifestantes. La represión fue violenta y dejó dos jóvenes gravemente heridos.

La principal editorialista de La Folha de Sao Paulo resumió (18/6): “Parecía todo tan maravilloso en el oasis Brasil y, de repente, estamos reviviendo las manifestaciones de Plaza Tahir, en El Cairo, así de repente, sin aviso, sin un crescendo. Fuimos todos presas de la sorpresa. Del paraíso, nos deslizamos, como mínimo, para el limbo. ¿Qué está ocurriendo en Brasil?”.

¿Todavía no lo sabes? Los aumentos en los pasajes de ómnibus fueron el detonante. Los pasajes brasileños están entre los más caros del mundo (1,50 dólares en Sao Paulo). Y más que eso. Hoy, son 13.900 mil colectivos, contra 14.100 que había en 2004 en Sao Paulo. De 200 mil viajes diarios, se pasó para 193 mil: más gente viajando por un valor más caro, en menos ómnibus y en menos viajes. La represión contra las primeras manifestaciones añadió el otro ingrediente. Los jóvenes salieron a la calle para reventar el estado policial brasileño, heredado de la dictadura militar, preservado por los “neoliberales” y perfeccionado por el PT. La juventud fue a la calle a defender su derecho de expresión más elemental. Las manifestaciones en algunas capitales tuvieron entre 10 y 20 mil personas la semana pasada. Esta semana pasaron de 100 mil en las dos principales ciudades (Sao Paulo y Río de Janeiro) y oscilaron en torno de los 50 mil en las otras ciudades. O Estado de Sao Paulo publicó un mapa de las manifestaciones (http://protestosbr.marcogomes.com/).

Los manifestantes en Sao Paulo marcharon compactos y en perfecta calma, acabaron con un par de miniprovocaciones de grupejos anarcos infiltrados, sabían que tenían a toda la población explotada de su lado. Cuando nos encaminábamos encolumnados al punto de encuentro inicial (Largo de Pinheiros), la gente saludaba desde las ventanas de los edificios, los choferes de los ómnibus hacían sonar sus bocinas en solidaridad, los pasajeros de los mismos ómnibus aplaudían desde las ventanas.

El PT (gobierno nacional e intendencia de San Pablo), el PSDB (gobierno del Estado de San Pablo y Minas Gerais) tuvieron que recular: la semana pasada llamaban a los manifestantes “vándalos” y mandaron a la policía militar a reprimir con violencia. Esta semana, ya son “manifestantes que usan un derecho legítimo”. La policía, este lunes, mantuvo en Sao Paulo una prudente distancia y se limitó a controlar las rutas de paso. No hay datos claros sobre la represión en Río de Janeiro (gobierno del PMDB, que comparte el gobierno nacional con el PT), que ha sido violenta. Aún así, hay un recule político general del gobierno nacional y de los estaduales frente a la fuerza de la movilización, organizada por estudiantes y jóvenes (Movimiento por El Pasaje Libre), la cual hoy (lunes) ya contó con la participación organizada de sindicatos obreros, en especial de CONLUTAS. La organización de los jóvenes es espectacular. En la manifestación paulista, uno de cada tres manifestantes llevaba una pancarta improvisada, con su protesta antigubernamental y con reivindicaciones de todo tipo.

Es una revuelta general contra las condiciones de vida (salario, condiciones de trabajo, medios de transporte incluidos, estado policial y represión en escuelas, barrios y universidades). Es una revuelta contra la complicidad y corrupción de todos los partidos burgueses y del PT. Es una revuelta contra los favores sistemáticos al gran capital del gobierno petista. Ha puesto en crisis galopante al PT, partido de gobierno (la juventud del PT estuvo en las movilizaciones, aunque sea sólo un aparato). Ya está teniendo un impacto internacional impresionante, en los países más diversos. Es la “revuelta del vinagre” (usado para combatir los efectos del gas lacrimógeno y de las bombas de efecto moral) y está dando apenas sus primeros pasos. Brasil ha entrado en el camino marcado por Turquía, Grecia y los países árabes. Su impacto en América Latina será decisivo.


Osvaldo Coggiola







martes, 18 de junio de 2013

Brasil en pie de lucha en contra del aumento de las tarifas al transporte público

Brasil en pie de lucha en contra del aumento de las tarifas al transporte público
ACERCA DE VÁNDALOS, ANTROPÓFAGOS, CANÍBALES, TUCANES, PETISTAS Y PERSONAS

Después del cuarto día de protestas, luego que una manifestación de 20 mil personas en Sao Paulo fue atacada de manera salvaje por la policía militar (PM) con un saldo de 55 heridos y 150 detenidos, se informó que "el comando del PT está insatisfecho con la actuación del alcalde Fernando Haddad en relación con las protestas contra el tarifazo en el transporte público. Y, temiendo una nacionalización del problema, decidió intervenir para evitar que se siga manchando la imagen del partido en todo el país". Demasiado tarde, Lula. La Presidenta Dilma Rousseff fue abucheada (tres veces) en la inauguración de la Copa Confederaciones. La "imagen manchada" llegó a Brasilia. Más importante quizás, Joseph Blatter (Presidente de la FIFA y mafioso internacional, según Diego Maradona que algo aprendió sobre eso en Nápoles) pidió respeto y fue abucheado aún más. El problema ya está "nacionalizado" (Goiânia, Natal, Rio de Janeiro y Porto Alegre tenían manifestaciones, además de São Paulo) y también "internacionalizado" (que lo diga Blatter), con piquetes en solidaridad con los manifestantes en varias capitales del mundo (Francia, Alemania, Portugal y Canadá). Los partidarios del estadio Mané Garrincha fueron (circunstancialmente) sólo el último de la lista. La juventud del PT ya ha manifestado su apoyo a las protestas. Y la viuda de Mané (Elza Soares) cantó una samba nueva: "R$ 0,20, yo no pago nada". Brasil se pone en pie de lucha, los periódicos de todo el mundo se hacen eco.

La PM "no preparada" (realmente preparada demasiado para su función primaria) detuvo a un periodista que llevaba vinagre, material para la preparación de explosivos según declaró un comandante de la corporación en una línea de pensamiento abierta diez años atrás cuando los comandantes militares de los superpreparados ejércitos de los EUA en Iraq exhibían tambores de insecticida como "armas de destrucción masiva", plegándose, tal vez de modo involuntario, a la campaña ecológica mundial contra el uso de plaguicidas. Nadie se salvó en São Paulo. Personas desmayadas, gritando, cientos de hombres y mujeres presos y heridos gravemente, incluidos niños y ancianos a nombre de la "SEGURIDAD". Es que ya se informa que el saldo de la Copa Confederaciones, la Copa del mundo 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, además de las victorias brasileñas, claro, será la institucionalización de los "nuevos esquemas de seguridad"...

El MP pidió 45 días de tregua para llegar a un acuerdo (¿R$ 3,10?). Los administradores estatales del partido número 45 han anunciado, tregua o no, que no habrá ningún alto el fuego por parte de la corporación militar/estadal dotada de armas calibre 45. Fernando Haddad, ejemplo perfecto del tecnócrata petista (por el Partido de los Trabajadores) que creció a la sombra de cargos administrativos, obtenidos por sobre las espaldas de miles de militantes populares en la década de los 80 (y dos de resistencia contra la dictadura en los años 60 y 70), declaró, desde el París inspirador, que aceptaría sentarse a discutir y negociar, pero sin renunciar a los R$ 3,20. ¿PHD (y profesor) en ciencias políticas de la USP, dónde aprendió el significado de las palabras "discusión" y "negociación"? La larga licencia por cargos comisionados parecen tenerlo olvidado de las nociones básicas de cuando se responde a los exámenes.

Sentado junto a él estaba el gobernador del estado, que metió la nariz en asuntos municipales y dio carta blanca para que la PM estadal actuara, como si su partido no hubiese perdido las elecciones municipales, y que ha demostrado tomar bien en serio su afiliación al Opus Dei al llamar a los manifestantes de "vándalos", en honor retroactivo a los paganos nobles y belicosos de las estepas europeas. Ya un gobernador de Río de Janeiro, Sérgio Cabral (PMDB), describió las manifestaciones de "políticas", e invocó su condición de ex militante del partido comunista para justificar la represión. Él sabe de las cosas; mirar. En Río, todos los usuarios del metro están siendo sometidos a revisión en los registros policiales de ex-comunistas.

Desde las páginas de Folha de S. Paulo (y otros periódicos brasileños que compran su columna), periódico que, como de costumbre, le tomó su tiempo para cambiar la calificación de "vándalos" por "manifestantes", Elio Gáspari incursiona también en el campo histórico/ antropológico calificando los enfrentamientos en las calles de Sao Paulo de "lucha entre caníbales y antropófagos", ignorando que los primeros son sólo una variante de los segundos. La lucha entre una tribu caribeña que usaba ese nombre y los colonizadores europeos responsables de la total aniquilación de ese pueblo, a causa declarada de 100 x 1 por los misioneros españoles (100 caníbales muertos por cada español ídem), que, una vez realizada la masacre cristiana y civilizadamente, nadie comió.

Al inicio de la manifestación del jueves 13, frente al Teatro Municipal, todo estaba tranquilo, excepto por las requisas de la policía arrestando a cualquiera que llevara algo que considerara sospechoso, incluyendo vinagre. Muchos manifestantes repartían flores entre los activistas y a la propia policía. Pero había un montón de "P2", policías encubiertos, entre los manifestantes. La marcha se mantenía organizada, sin violencia; mientras los manifestantes se movilizaron durante unos 30 minutos, el lema era: "sin violencia", es decir, sin provocaciones. Cuando la manifestación llegó a la Plaza Roosevelt, los antimotines irrumpieron por el frente y también por extremo opuesto a la marcha, emboscando a los manifestantes. La  policía militar (PM) comenzó a reprimir de manera violenta y generalizada. La tropa de choque inició el tiroteo haciéndolo contra la multitud: balas de goma, gas pimienta y gas lacrimógeno. La represión generalizada duró cinco horas, aterrorizando a los pobladores que pasaban por el sitio.

Ni los periodistas identificados se salvaron: siete reporteros de Folha de S. Paulo resultaron heridos, incluyendo un periodista que fue herido en un ojo con una bala de goma. Los estudiantes que salían de una Universidad fueron requisados uno por uno. Algunos intentaron improvisar como defensa barricadas de bolsas de basura; si se atrevían, fuego. La "violencia" de los manifestantes no pasó de eso. El mismo día 13, Río de Janeiro también paró y tenía manifestaciones en contra del aumento de tarifa que le estaban aplicando.

¿R$ 0,20? ¿Una nueva "revuelta de los sin un centavo"? Es decir, ya fue (bien) dicho que la revuelta es ahora por mucho más: por la dignidad, por la juventud, por el derecho democrático a manifestarse en la calle, ¿existe otro lugar? Pero también es por 0,20. O por más. R$ 0,20 multiplicado por millones de personas todos los días, en una ciudad de 19,2 millones de habitantes. En los últimos 15 años se triplicó el costo de la tarifa de autobús. Quien recibe un salario mínimo en São Paulo y utiliza el autobús o el metro para ir y venir del trabajo tiene un gasto que equivale a casi el 27% de sus ingresos y pasa más de tres horas al día en medios de transporte hacinados, esto es un mes por año.

0,20 fue la gota que rebasó el vaso. Por un 0,20% de más de materia sobre la antimateria fue que el big bang dio inicio. R$ 3,20 equivalen a US$ 1,50. Pasajes más caros que en el "Primer Mundo". En Roma, por ejemplo, cualquier ciudadano (o turista) tiene derecho a un pase mensual de 30 euros (R$ 80), al utilizar cualquier medio de transporte público (autobús, tren, metro). Noventa viajes al mes (tres por día) cuestan menos de R$ 0,90 cada uno. Estudiantes (de cualquier nivel) tienen derecho a un pase anual, en que esa cantidad se reduce a menos de la mitad en el precio. Pero, por supuesto, son los estudiantes europeos; no son estudiantes, trabajadores y jóvenes de los suburbios brasileños que tienen, como sólo parecen saberlo los gobernantes regionales, un mucho mayor poder adquisitivo.

La gran prensa aprovechó el momento para desentrañar un misterio: la identidad del Movimiento Pase Libre (MPL), en el que participan algunos partidos (de izquierda) conocidos, y de otras siglas menos o simplemente desconocidas. Plinio de Arruda Sampaio, único político mediático quien tuvo el honor de estar presente en la manifestación del día 13, señaló que "quienes hacen vandalismo son de un grupo anarquista", una dudosa asociación de dos adjetivos. Un reportero de Metrô, periódico que, como otros, es subversivamente distribuido de manera gratuita (si hay periódicos gratuitos, ¿por qué no puede haber también autobuses gratuitos?), llegó a mencionar la presencia de LER, la "Liga Revolucionaria Estratificada (sic)". Esta gente requiere urgentemente una actualización de sus fuentes.

El Movimiento Pase Libre, el principal articulador de las protestas, tuvo su origen en un levantamiento popular espontáneo en la ciudad de Salvador, en 2003, la "Rebelión de Buzu". Extendido a nivel nacional –protagonizó la "revuelta de los torniquetes" en Florianópolis–, han tenido fuertes debates políticos internos. La fuerza de movilización de la juventud asustó a una parte de los gobiernos de las alcaldías al punto que varias ciudades bajaron las tarifas (Campinas), u obedecieron a una resolución judicial en ese sentido (Goiânia). El movimiento ya tiene diez años de historia. En el Foro Social Mundial en Porto Alegre en 2005, "institucionalizó" su organización alrededor del ir y venir en una ciudad como un derecho básico que debe ser garantizado por los gobiernos, así como la educación y la salud, reivindicando el cambio del modelo de transporte en forma de concesiones a empresarios privados, por un modelo público. Lo que requeriría, como otras transformaciones igualmente necesarias (la remodelación de la ciudad y del espacio), atacar al actual sistema social (capitalista).

A continuación, exigieron discutir la asombrosa deuda de los municipios y los estados (R$ 177,5 billones, sólo en el estado de São Paulo, o más del 150% de sus ingresos fiscales) y sus beneficiarios (los tiburones financieros), el control público del lucro asombroso de las empresas adjudicatarias del transporte urbano, sin dejar de mencionar el presupuesto de las fuerzas represivas, en primer lugar la PM. Pero no es nada de eso que se comenta de las siglas que todo el mundo conoce. Los jóvenes que luchan por el pase libre han dado inicio a una reaparición política en el país. 35 grupos de varios estados están convocando a la sociedad a participar en las marchas de esta semana. Además de las capitales ya movilizadas, están previstas manifestaciones en Belém (PA), Viçosa (Minas Gerais), Juiz de Fora (MG), Bauru (SP) y Foz de Iguazú (PR) el mismo día. En el extranjero, habrán protestas de solidaridad en Bruselas (Bélgica), Chicago (EUA), Berlín (Alemania), Dublín (Irlanda), Cambridge (EUA), Nueva York (EUA), Montreal (Canadá), Boston (EUA), San Diego (EUA), Los Ángeles (EUA). No antes de tiempo. Está terminando el invierno brasileño: ya se sienten en el aire los aromas de la primavera.

Osvaldo Coggiola