Opción Obrera es la sección venezolana de la CRCI (Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional)

Propulsamos el desarrollo de una política proletaria al seno de los trabajadores tras su independencia de clase y una organización de lucha para su liberación de la explotación e instaurar El Gobierno de los Trabajadores, primer paso hacia el socialismo.

Ante la bancarrota capitalista mundial nuestra propuesta es que:


¡¡LOS CAPITALISTAS DEBEN PAGAR LA CRISIS!
¡LOS TRABAJADORES DEBEN TOMAR EL PODER!



Comunícate con nosotros por los siguientes buzones de correo:

info@opcionobrera.org
opcionobrera@yahoo.com
opcionobrera@hotmail.com





Mostrando entradas con la etiqueta Referendo Revocatorio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Referendo Revocatorio. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de septiembre de 2016

LA RESPUESTA ES SIN EXPLOTACIÓN CON UN GOBIERNO DE LOS TRABAJADORES


A la salida capitalista del PSUV / MUD a la crisis económica
LA RESPUESTA ES SIN EXPLOTACIÓN CON UN GOBIERNO DE LOS TRABAJADORES

Es incontrovertible que el gobierno es el responsable del derrumbe económico, ahora bien, el revocatorio, como forma o método para salir de los causantes del desastre, en lo absoluto garantiza que tal derrumbe económico se pueda resolver. Ni los revocables son capaces ni los revocadores tampoco. Ambos están desacreditados para resolverlo.

Los del Gobierno y los de la MUD, todos luchan por un negocio, el poder, el mejor para el uno o el otro. No importa cómo el sentido de alcanzarlo. Ninguno plantea la raíz del problema nacional, ni la solución para la economía, la industria y el agro, todos ellos arruinados. Ninguno plantea algo concreto en cómo resolver pues no ofrecen cifras con planes integrales que incluyan fechas y cantidades sobre como satisfacer las necesidades básicas de alimentación, salud, educación, y la disponibilidad de los servicios primarios como el agua potable, el transporte y la electricidad, todos ellos colapsados.

No es intención de unos u otros un plan armónico e integral de desarrollo industrial y agrícola del país, si entendemos por tal sus recursos, incluyendo a los asalariados, a las comunidades y a los campesinos. Sus objetivos son cómo le sacan provecho al país para su enriquecimiento particular. Y hasta el cansancio, es la forma de destruir a Venezuela para beneficiarse.

Desde el Gobierno, la respuesta ante la escasez y la caída de las importaciones es ofrecer más importaciones, de hecho se ufanan cuando llegan los barcos cargados:

En el marco de la Gran Misión Abastecimiento Soberano, mil 496 toneladas métricas de suministros de primera necesidad, fueron descargados en Bolivariana de Puertos, en Puerto Cabello, para beneficiar al pueblo venezolano. Entre los productos que arribaron, se encontraban 220 toneladas métricas de pasta alimenticia, 154 de caraotas negras, 572 de leche en polvo, así como 44 de carne congelada y 440 de papel higiénico” (Prensa Bolipuertos  22/09/2016).

Sin embargo las cifras de conjunto son aterradoras:

La liquidación de divisas para importaciones públicas y privadas cayó 80,5% en los últimos 2 años, al pasar de 135,9 millardos de dólares al cierre de agosto de 2014 a 26,4 millardos de dólares al cierre de agosto de 2016, según datos recogidos por la firma Ecoanalítica con estadísticas del Banco Central de Venezuela y del Ministerio de Finanzas” (Blanca Vera Azaf  23/09/2016 El Nacional).

Alrededor de la MUD los convocantes al revocatorio se escudan en la democracia y en la constitución pero antes no dudaron en hacer guarimbas como las de los primeros meses del 2014, el lock out petrolero en diciembre 2002 enero 2003, el golpe en abril de 2002, todos con métodos fascistas y criminales.

Se respaldan en la ley, pero ambos, tanto para la MUD y los patronos privados como para el Gobierno y los patronos públicos, las leyes las violan todos los días cuando se trata de artículos que favorecen a los trabajadores, o en forma más concreta, simplemente con el incumplimiento de los servicios más elementales como la asistencia sanitaria en los hospitales, o en la educación, en la alimentación. En todos estos casos la constitución es letra muerta. Para los privados todo esto es simplemente un negocio bastante lucrativo a través de las clínicas, los colegios y los supermercados.

Es obvio que el Gobierno hace artimañas para evitar el referendo. Sabe que está perdido hasta sin revocatorio. Sus métodos para sobrevivir no son nada democráticos. Cambian e imponen planes, proyectos, nuevas instituciones u organismos donde lo único cierto es más burocracia, más despotismo y nepotismo, menos participación, más incumplimientos.

Los sectores dentro del chavismo que apoyan el referendo revocatorio, y cada vez son más, hacen llamados en nombre de la democracia, pero muchos de ellos fueron o son cómplices del mismo desastre que pretenden solucionar con el revocatorio. Son vistos como más de lo mismo, están consumidos en el mismo caldero, aunque intenten modernizarse como chavistas.

Para salir de los atolladeros económicos todos ofrecen un paquetazo

En la presente situación no hay dinero para evitar la parálisis económica ni mucho menos para reproducir la plusvalía que revierta la situación. En otras palabras, la caída indetenible y abrupta desde 2009 de la tasa de ganancia del capital le confiere a éste un estatus de crisis sistémica. La salida sólo es a costa de los empleos, los salarios y un paquete de reformas (anti)laborales, para incentivar a los capitales extranjeros y nacionales, así como el avance de la tercerización y la flexibilidad laboral, mientras se limita el derecho de contratación colectiva de los sindicatos y hasta la misma existencia de estas organizaciones de los trabajadores con el Registro Nacional de Organizaciones Sindicales (RNOS). A quienes reclaman se les criminaliza, la Fiscalía y el SEBIN están a la orden para la coacción.

En definitiva, un cambio de gobierno, como lo plantean los revocadores, es un reciclaje, con nuevos actores pero no nuevos mecanismos. El Gobierno está aplicando un paquetazo gradual, y lo que ofrece la MUD es igual: privatización, endeudamiento, devaluación e importación. Ambos se diferenciaran sólo en el ritmo.

Los que han estado en el poder han arruinado a Venezuela. No sólo los del gobierno actual, los partidos y organizaciones políticas de la MUD ya lo hicieron antes del chavismo, las nuevas siglas como Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo, nacieron de aquellos y son productos de su agotamiento.

Un plan político anti-obrero sobre los salarios y los empleos, aumentar la explotación es su salida

Ni la devaluación ni el endeudamiento, ni la combinación de ambas con incentivos al gran capital extranjero y nacional, sirven para remontar esta crisis capitalista. Todos los planes terminan aumentando el déficit fiscal, cuyo saldo, nos la terminan cargando. Para ellos la “reactivación” debe ser pagada por los trabajadores.

Es necesario poner en pie a los trabajadores para construir con ellos una nueva dirección. Iniciar con foros, plenarios, asambleas, todos con el objetivo de realizar un congreso de los de su clase para deslindar un programa de lucha que remate hacia la conquista del poder político por un Gobierno de los Trabajadores, para terminar la explotación e iniciar realmente la soberanía popular. Los convocantes llamados para este fin son el sector clasista de la UNETE, los sindicatos de base, los trabajadores combativos, las organizaciones políticas que comienzan a deslindarse del chavismo siempre y cuando alcancen la autonomía y asuman independencia de clase. No se trata de  seguir chupando de una dádiva del gobierno. No se puede reconstruir el país sobre viejas bases, de esa forma sería regresar a lo mismo.

El país no puede continuar siendo un mero productor de materias primas. El petróleo, en primer lugar, pero también el hierro y el aluminio, no superan la mera extracción. Lo que han “producido” como desarrollo industrial “aguas abajo” hace rato ha caducado. Lo mismo en la generación, trasmisión y distribución de electricidad, sin la cual nada de lo anterior se puede desarrollar. La respuesta desde el Gobierno continúa en la misma senda, entregar recursos naturales con la explotación del Arco Minero del Orinoco, que sería continuar con la degeneración de la explotación extractiva añadiéndole la destrucción del medio ambiente en la Guayana que aporta el agua, y de ésta, la energía eléctrica.

Para reconstruir el país sobre nuevas bases, y responder a la ruina en que estamos insertos, es necesario un nuevo proceso constituyente, pero no como el del 2000 bajo un marco de defensa y restitución del capital donde no estuvieron representantes directos de  los trabajadores, ni de las comunidades, ni del campo. Son estos sectores, las mayorías sociales sin poder político en el Estado, los que deben hegemonizar el cambio social como un verdadero proceso participativo y protagónico en vez de servir de muletilla conveniente tras los últimos 18 años de período histórico.

Cualquier otra forma de gobierno, que no sea un gobierno de los trabajadores, intentará rescatar el país para los que hasta ahora han gobernado, el poder del capital.



José Capitán

viernes, 3 de junio de 2016

Entre el golpe de la OEA y el autogolpe de Maduro


Entre el golpe de la OEA y el autogolpe de Maduro
Más que nunca, que intervengan los trabajadores


La crisis de poder venezolana atraviesa una nueva escalada. La OEA, ese “ministerio de colonias” según lo definiera justamente el Che Guevara, resolvió “invocar la Carta Democrática”. Se trata de una presión internacional para el apartamiento del gobierno electo -o sea golpismo revestido de “democracia”.

En respuesta a la “invocación” de la OEA, Nicolás Maduro anunció “que demandará a la directiva de la Asamblea Nacional (AN) por usurpar funciones exclusivas del presidente” (www.telesurtv.net). A nadie escapa que este juicio, bajo el control de un Tribunal Supremo que responde directamente al Ejecutivo, apunta al cierre o la disolución del Parlamento, cuya mayoría está en manos de la derecha.

Esto viene precedido por el desconocimiento de Maduro sobre las firmas reunidas por la oposición para convocar al referéndum revocatorio. En el pasado, Chávez había admitido otras iniciativas de referéndum y salió a desafiar a la derecha en ese terreno. Maduro ahora no lo hace porque sería derrotado categóricamente. El jefe de Gobierno dice que la Asamblea Nacional es oligárquica y burguesa, y por eso desconoce las firmas. Es el reconocimiento, por parte del mismo riñón del régimen, que la constitución chavista no era ni es la base para ninguna construcción socialista. Por otra parte, es la confesión de que el chavismo no puede gobernar sobre la base de su propia constitución. La violación que hace de ella es para reforzar un “bonapartismo en descomposición” que se aferra al poder para cumplir una misión que nada tiene de “popular”. En efecto, el gobierno de Maduro pilotea un brutal ajuste contra las masas, que sufren padecimientos insoportables; en Venezuela se observan retrocesos civilizatorios a escala de la salud pública, la provisión de alimentos, y, en definitiva, una aguda descomposición social. El “Estado de excepción” dictado hace 15 días buscó, antes que esta ofensiva contra el Parlamento, reforzar el poder represivo y de arbitraje de la camarilla madurista. Su disgregación, sin embargo, no ha cesado un curso imparable: la vieja guardia de militares chavistas se pronunció públicamente por la caída inmediata del gobierno. El Mayor General retirado Cliver Alcala dijo que “necesitamos destituir al presidente Maduro este año para conectar de nuevo con la gente” (The Wall Street Journal, 31/5), mientras que otro grupo de “héroes del 4 de febrero” (por el levantamiento contra Carlos Andrés Pérez en 1992) firmó un duro texto contra el mandatario, bajo el liderazgo del ex gobernador Porras.

La invocación de la “Carta Democrática” de la OEA llega tras sucesivos fracasos de “mediación” internacional. El último se dio el pasado fin de semana, cuando funcionarios del gobierno y dirigentes de la derecha proimperialista tuvieron encuentros en Dominicana con Rodríguez Zapatero, ex presidente del Estado Español, país que se encuentra a la vanguardia de los lobbys destituyentes en América Latina. Las declaraciones posteriores sugerían un nuevo empantanamiento. La “transición ordenada” se constituyó en obsesión para Obama, el Papa y sus “amigos” venezolanos, asustados por una intervención popular “descontrolada” cuyas consecuencias barrerían también con ellos. La hipocresía de la OEA busca esconder las maniobras que agrupan al imperialismo y sus principales aliados en América -como el gobierno argentino-. Quieren sacarse de encima a Maduro, pilotear mediante la derecha de la MUD el ajuste, y ejecutar un rescate de gran alcance respecto de la economía venezolana -reestructuración de deuda y del negocio petrolero.

Por una salida obrera

La dinámica de los desplazamientos políticos en América Latina está dictada por la envergadura de la bancarrota capitalista mundial y su impacto en América Latina que viene provocando la fractura, el derrumbe de sus economías y de sus regímenes políticos.

Los “nacionales y populares” que persisten en el poder descargan el peso de la crisis sobre los trabajadores, desde Tierra del Fuego hasta Caracas. Al mismo tiempo, las “alternativas” derechistas para reemplazarlos pretenden pilotear ese ajuste en sus términos. La independencia política de los trabajadores es irremplazable. En Venezuela es necesario impulsar la convocatoria de un Congreso que discuta una salida obrera independiente frente a la crisis y pugnar por una asamblea constituyente dirigida por un gobierno de trabajadores, que reorganice el país sobre nuevas bases.

Alejandro Lipco Partido Obrero Argentina

jueves, 26 de mayo de 2016

Venezuela: golpes, autogolpes y el temor a la rebelión popular


Venezuela: golpes, autogolpes y el temor a la rebelión popular

La declaración por parte de Maduro del “estado de excepción” el pasado 13 de mayo implicó un nuevo salto en la característica golpista que adquirió el régimen chavista. Mediante esta medida se amplía la capacidad del Ejecutivo para cercenar libertades democráticas, reprimir manifestaciones y emitir deuda. Este “pasaje del bonapartismo plebiscitario al bonapartismo de facto” (http://opcion-obrera.blogspot.com/2016/05/venezuela-de-regimen-plebiscitario.html) se desarrolla como experiencia declinante –lo contrario a una afirmación de poder. La camarilla “madurista” se aferra a la conducción del Estado en medio de un impasse extraordinario, pues carece de un programa para afrontar el deterioro monumental de la vida social venezolana. El nacionalismo rentista se derrumba confesando que no tenía alternativa prevista para la declinación de los precios de las materias primas –una negación de cualquier tipo de desarrollo genuinamente autónomo.

En este marco de sistemática degradación, la declarada negativa de Maduro y compañía respecto a la realización del referendo revocatorio, para el cual la oposición asegura haber reunido diez veces más que las firmas necesarias, atiza el fuego del golpismo y el autogolpismo.

“Evitar un caracazo”

A la derecha proimperialista, naturalmente, le importa un bledo “la democracia”; quiere sacarse de encima a Maduro a como dé lugar, pero teme más que a la peste un desenlace que se vaya de control. Idéntico recelo tienen los propios Estados Unidos y el Vaticano, que intentan contener estas contradicciones, comprometidos como están en un delicado reordenamiento general de América, desde Cuba y Colombia hasta los buitres que sobrevuelan Buenos Aires. Las “preocupaciones” sobre una salida militar a la crisis que dejan trascender funcionarios norteamericanos buscan reforzar la extorsión a Maduro para que abandone el poder y dé paso a una “transición ordenada”; sentido similar tuvo la carta del Papa, y la visita de Rodríguez Zapatero –un lobbista de la banca española. El propio Macri viró, y se suma al “equipo” de la “transición ordenada”, tras instar a Malcorra a moderar sus dichos respecto a la “Carta Democrática” de la OEA, y postular, él mismo, “la necesidad del diálogo” (La Nación, 21/5). Existe la preocupación que el desmadre derive en una situación revolucionaria. Quien más claro expresa la cuestión es Capriles: “hay que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que no haya una reedición del Caracazo de 1989. Lo que puede darse en Venezuela son muchos estallidos que generen una situación que se nos escape de las manos” (El País, 20/5).

El arbitraje de las Fuerzas Armadas

En Venezuela, las Fuerzas Armadas aparecen como un actor ineludible de la crisis, lo cual ilustra otro límite insalvable de la experiencia nacionalista.

La división en sus filas es señalada por oficialistas y opositores; Heinz Dieterich, un destacado chavista que aboga por una “retirada táctica”, señaló hace varias semanas que “la fracción del general madurista Padrino López reafirma la política de ‘ni un paso atrás’ de Stalingrado, [mientras] el grupo del general chavista Rodríguez Torres aboga por la política de la retirada táctica: una solución política negociada con las fuerzas del 6-D” (se refiere al bloque que derrotó a Maduro en las últimas elecciones). Cualquiera sea la variante que se abra paso, lo que está claro es que no hay “poder popular” si el destino de semejante crisis reposa en las manos de una camarilla corrompida o de fracciones de un ejército estatal organizado de arriba para abajo.

Por una intervención independiente de la clase obrera

No nos privamos de insistir: rechazamos que el hundimiento de las experiencias nacionalistas configuren una derrota de las masas –eso dependerá de la lucha de clases, y de la calidad de la intervención de la izquierda revolucionaria para emerger como alternativa política frente a la crisis. La clase obrera debe emerger como factor independiente en la escena política venezolana. La situación excepcional que el país atraviesa pone al rojo vivo la necesidad de la convocatoria de un congreso de trabajadores para discutir una salida obrera a la crisis y reclamar una asamblea constituyente libre y soberana, que sea convocada por un gobierno de trabajadores.

Alejandro Lipco