Opción Obrera es la sección venezolana de la CRCI (Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional)

Propulsamos el desarrollo de una política proletaria al seno de los trabajadores tras su independencia de clase y una organización de lucha para su liberación de la explotación e instaurar El Gobierno de los Trabajadores, primer paso hacia el socialismo.

Ante la bancarrota capitalista mundial nuestra propuesta es que:


¡¡LOS CAPITALISTAS DEBEN PAGAR LA CRISIS!
¡LOS TRABAJADORES DEBEN TOMAR EL PODER!



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lunes, 24 de octubre de 2016

DE LA TRAGEDIA DE ABRIL DE 2002 A LA FARSA DEL 23/10/2016


DE LA TRAGEDIA DE ABRIL DE 2002 A LA FARSA DEL 23/10/2016

Los "revolucionarios" toman la Asamblea Nacional para impedir el golpe de la derecha, pero al ratito le dejan el recinto a los "golpistas" para que en una declaración política acuerden que estamos en "dictadura".¡Qué grotesca la democracia burguesa venezolana!

PRECIOS DOLARIZADOS Y SALARIOS INSUFICIENTES

Tanto el PSUV como la MUD se reclaman respaldados por millones de venezolanos, pero con tal respaldo, lo que les interesa es quedarse con el coroto para seguir robando impunemente en condiciones del capital en bancarrota. Mientras, los millones de venezolanos lo que están es sobreviviendo a su crisis porque ambos partidos burgueses tienen como política de salvataje al capital, hacérsela pagar a los explotados y no a los capitalistas.

¿Alguien dijo algo ayer de la necesidad urgente de un aumento general de sueldos y salarios que recupere el poder adquisitivo de los venezolanos? ¿Acaso fue incluido en la declaración final aprobada por la AN? Ninguno y ni pendiente, ni los de la MUD ni los "revolucionarios", todos apoyan el PAC de precios súper dolarizados de los alimentos y bienes de primera necesidad como alternativa de recuperar la desfondada tasa de ganancia del capital como consecuencia de su bancarrota.

BANCARROTA DEL CAPITAL Y DEFOL FORZADO EN PDVSA

Quienes se alegran de un "pueblo" alzado tomando la AN, a espaldas de millones indiferentes a los devaneos por el poder del PSUV y la MUD, deberán esperar al verdadero pueblo alzao llevándose en los cachos tanto a la AN como al Palacio de Miraflores, a la par que cualquier híper mercado o negocio de chinos. Sólo hay que esperar que las condiciones económicas del país se pongan más duras con las declaraciones de defol por parte de PDVSA y el propio Estado soberano, que prefirieron pagar deuda a realazos al sistema financiero internacional hasta agotar la hucha antes que preocuparse por las necesidad de producción agrícola e industrial del país que impidiera la hambruna que se avecina.

PDVSA se ha bajado los pantalones ofreciendo canjear parte de su deuda porque le es imposible pagar la que se vence en lo que resta de este año y en el próximo, trasladándolos con más deuda y más intereses al 2020. ¿Quién de los acreedores de PDVSA verá con optimismo ahora esa posibilidad? Con las señales dadas desde el jueves hasta el domingo, tanto por el gobierno como por la derecha, es “olvídense del canje y vengan de una vez a exigir el pago”. Si hasta el viernes pasado no se había logrado canjear el 50% de los 5.050 millones de dólares en bonos a vencerse, con el show grotesco del domingo se terminan esfumando sus posibilidades, y peor aun, cualquier chance de conseguir fondos por parte de Maduro en la arena internacional de los países "amigos", para pagar la deuda por vencerse, se hace aun más cuesta arriba, en peores condiciones y con más ventajas para los acreedores de la deuda externa venezolana, en perjuicio del país.

NI MADURO NI RAMOS ALLUP
CONSTITUYENTE SOBERANA, DEMOCRÁTICA Y REPRESENTATIVA
EL GOBIERNO DE LOS TRABAJADORES

Necesitamos un gobierno ajeno a los intereses del capital. Necesitamos el GOBIERNO DE LOS TRABAJADORES. El gobierno que no le tiemble el pulso en declarar ya la moratoria de todos los pagos de deuda externa e interna, el gobierno que respalde a los explotados con un salario igual a la cesta básica, el gobierno que le haga pagar su crisis a los capitalistas. Necesitamos organización para encausar las movilizaciones por venir para que vean de iguales a Maduro y a Ramos Allup, al PSUV y a la MUD, para desplazarlos definitivamente del poder político y derrumbar las estructuras del Estado que le garantizan a los capitalistas y a los arribistas políticos de los partidos burgueses sus privilegios.

Movilicémonos por una Asamblea Constituyente soberana, democrática y representativa de las grandes mayorías sociales explotadas y oprimidas para que nos conduzca al Gobierno de los Trabajadores. No basta sacar a Maduro del gobierno y a Ramos Allup de la AN para cambiar las cosas a favor de las mayorías, es al Estado al que hay que derrumbar y el Gobierno de los Trabajadores es la puntilla para concretarlo en los hechos y el primer paso concreto hacia el socialismo.

24/10/2016

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Venezuela-Colombia: unidad de los trabajadores


Venezuela-Colombia: unidad de los trabajadores

El conflicto entre Venezuela y Colombia no des-escala: ambos gobiernos llamaron a consulta a sus respectivos embajadores; el presidente venezolano Nicolás Maduro pronosticó un "proceso duro y largo" (El País, 27/8). Más de mil colombianos han sido deportados desde que fuera decretado el estado de excepción en la región de Táchira. El internacionalismo y la doctrina bolivariana se han ido al diablo. Los pueblos de ambos lados de la frontera pagan las consecuencias del derrumbe económico de Venezuela y del paramilitarismo de Colombia; y, por sobre todo, de la política sin salida del chavismo. El contrabando colombiano aprovecha desde hace décadas el precio extremadamente bajo del petróleo venezolano, a lo cual se suma ahora la oferta de mercancías colombianas a precios elevadísimos, ante el desabastecimiento que sufre Venezuela. La larga frontera entre los dos países es una expresión concentrada de la crisis que afecta a ambos, en especial a Venezuela. Los procedimientos de deportación militar de personas por su condición nacional merecen la mayor condena y minan la capacidad de lucha por la emancipación de América Latina.

Es cierto que el detonante ha sido el ataque de un grupo de paramilitares colombianos a tres integrantes del ejército venezolano. Sin embargo, la caracterización de la crisis es incompleta si se omite la complicidad de sectores del propio ejército bolivariano en el contrabando. Esta situación fue reconocida por el vicepresidente de Venezuela en la gira que está haciendo por los Estados fronterizos de su país.

Problemas de frontera

La frontera entre Venezuela y Colombia es un colador. El gobierno venezolano denuncia que el Estado de Cúcuta se hace con 9.000 millones de dólares anuales en concepto de contrabando de alimentos y combustibles, y que en esa ciudad hay más de mil casas de cambio ilegales. La desorganización que esto añade al derrumbe económico de Venezuela llega a tal nivel que la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora ha propuesto la construcción de un "Muro Fronterizo Comunal" (Aporrea, 28/8). Otros van más lejos, y plantean una militarización de "toda la zona fronteriza, no sólo la del Táchira, porque por Apure y Zulia también hay contrabando; y por el lado de Brasil" (ídem, 24/8). Sugieren la exigencia de visas para el ingreso de colombianos al país y la supresión de elecciones en los municipios fronterizos para la designación directa de sus alcaldes desde el Ejecutivo nacional. Por otra parte, el resurgimiento del conflicto fronterizo con Guyana, a la que el gobierno chavista ha exhortado a detener la exploración petrolera en el territorio en disputa de Esequibo, completa un cuadro de dislocamiento territorial. Como se ve, la cuestión fronteriza es el iceberg de un derrumbe del régimen político vigente.

Proceso político

El conflicto es explotado también para enmarcar las elecciones parlamentarias de diciembre próximo en un estado político de emergencia o excepción. Del otro lado de la frontera, el ex presidente Álvaro Uribe procura debilitar al actual mandatario Juan Manuel Santos, para hundir las negociaciones de paz con las Farc o tomar la dirección de esas negociaciones. Este choque está vigente con independencia de que las posiciones del uribismo colombiano hayan quedado en minoría frente a la orientación negociadora predominante del imperialismo, que encarna Santos. La salida a la crisis venezolana forma parte de la mesa de negociaciones entre Cuba y Estados Unidos. Maduro pretenden aprovechar, para la supervivencia de su gobierno, la circunstancia de que Venezuela sea copatrocinadora de las negociaciones con la guerrilla.

Planteamos la unidad de los trabajadores de Colombia y Venezuela y de los de sus ciudades de frontera, con un plan económico conjunto que atienda los intereses de las masas laboriosas de ambos lados. Lejos de construir muros, la tarea de los trabajadores es derribar las fronteras –por medio de gobiernos de trabajadores y la unidad socialista de América Latina.

Gustavo Montenegro

jueves, 27 de agosto de 2015

Venezuela: crisis bolivariana, crisis continental


Venezuela: crisis bolivariana, crisis continental

La crisis, en Venezuela, parece no tener límites. El "tejido social", históricamente débil, se descompone a un fuerte ritmo como consecuencia de una inflación que escala sin controles y el desabastecimiento.

Objetivamente, la revolución bolivariana ha llegado a su final: diversos avances sociales, pero también nacionales (recuperación de PDVSA), están siendo arrasados por la marcha de la crisis. Desde diversos sectores del partido oficial, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), se ha denunciado el lucro que obtiene la llamada "boliburguesía", por su acceso privilegiado a divisas oficiales o permisos de importación. Es indudable que se desarrolla una "guerra económica" contra el gobierno, como el acaparamiento o el contrabando de petróleo, pero el terreno ha sido abonado por el fracaso del intervencionismo estatal (burocrático) de contenido burgués, por un lado, y por la permisividad oficial frente a esta misma guerra, por el otro. En los últimos días, esta crisis ha alcanzado un punto extremo con la decisión de prohibir el tráfico comercial y el tránsito de personas en la frontera con Colombia. El contrabando de combustible de uno a otro lado ocurre, sin embargo, desde hace más de una década –incluida la instalación de ductos subterráneos–, es curioso que recrudezca ahora que los precios internacionales están perforando a la economía de Venezuela. Ha habido, se denuncia, un incremento del paramilitarismo colombiano –vinculado con la ofensiva del uribismo y la derecha republicana en apoyo a la derecha de Venezuela, que impulsa una ‘salida' anticipada del gobierno. Un organismo de la ONU acaba de denunciar que el asesinato de activistas sociales ha alcanzado, en Colombia, un nuevo pico (El País, 24/8). Lo delicado del asunto se comprueba por el hecho de que Venezuela co-patrocina las ‘negociaciones de paz' entre las FARC y el gobierno de Santos.

¿Adónde va Venezuela? El periodista Andrés Oppenheimer, del Miami Herald, ha confirmado, en una entrevista con el secretario norteamericano, John Kerry (que transmitió CNN), que la crisis de Venezuela forma parte de las reuniones y negociaciones entre Cuba y Estados Unidos. La próxima etapa de la crisis son las elecciones parlamentarias de diciembre próximo: el chavismo espera obtener una ratificación –la oposición aspira a usar una victoria para impulsar un referendo revocatorio para poner fin al gobierno de Maduro. El inmovilismo descomunal del gobierno (o incluso más, sus golpes ciegos) se explica por el desafío de esas elecciones: al igual que lo que ocurre en Argentina, los pronósticos de devaluación y ajuste apuntan al día después de esos comicios. Para asegurar un triunfo, el oficialismo ha prohibido algunas de las candidaturas de la oposición y está alterando las circunscripciones –o sea que podría perder en votos, pero obtener una mayoría parlamentaria. La mediación cubano-norteamericana estaría centrada en conseguir que las parlamentarias se desarrollen en conformidad con el oficialismo y la oposición. El desarrollo de la crisis ha dado una relevancia cada vez mayor al ejército, que se ha convertido en el árbitro potencial de cualquier salida.

Venezuela no está sola: la crisis de China ha perforado las posibilidades económicas de la mayor parte de los gobiernos bolivarianos o similares. China ha frenado los rescates financieros de países como Argentina, Venezuela y Ecuador, por la simple razón de que se encuentran en situación de insolvencia. El banco de los BRICS tiene marcha lenta, acentuada por la crisis enorme de Brasil. La crisis mundial ha mostrado los límites del nacionalismo burgués que ha surgido en la última década. Al mismo tiempo, sin embargo, anticipa los límites de una salida de derecha o de ajuste, que no es viable en el actual contexto internacional, sin provocar nuevos caracazos o argentinazos.

La izquierda revolucionaria de América Latina tiene la enorme responsabilidad de organizar un debate de conjunto sobre esta crisis y una política de salida, desde un punto de vista socialista. La actualidad de una Conferencia Latinoamericana es mayor que nunca antes.

Jorge Altamira

viernes, 3 de abril de 2015

América Latina vuelve a la escena

América Latina vuelve a la escena
Osvaldo Coggiola

La continuidad de la crisis económica mundial (crisis de Europa, recuperación limitada y en gran parte ficticia de Estados Unidos, estancamiento crónico en Japón, desaceleración en China) penetró definitivamente en los “mercados emergentes”, incluida América Latina y sus “buques insignia” (Brasil, México, Argentina). Se señala como su factor esencial el retroceso de sus mercados de exportación, en especial China (lo que demuestra que estas economías continuaron siendo, básicamente, plataformas de exportación de productos primarios o semi-manufacturados). Se olvida la fuga de capitales, que fueron atraídos por tasas de ganancias sin paralelo mundial, haciendo del continente el principal espacio de valorización ficticia del capital financiero internacional; el bajo o nulo nivel de inversiones; el hecho de que los “programas sociales” como paliativos favorecieron principalmente el trabajo “en negro” o informal (el 30% de la fuerza de trabajo empleada en Argentina, por ejemplo) sin crear un fuerte y expansivo mercado interno; el crecimiento espectacular del endeudamiento público y privado, que compromete las inversiones públicas y hasta los programas sociales (consumiendo, por ejemplo, el 47% del presupuesto federal brasileño); la crisis y retroceso de los variados proyectos de integración continental independiente. El Producto Bruto Interno regional creció 0,9% en 2014 (contra el 6% en 2010) y se prevé un desempeño insignificante en 2015, con crecimiento cero para Brasil, según su Banco -Central. Ya se avizora una nueva “década perdida” para América Latina, como la década de 1980.

Contra ese telón de fondo se proyectan importantes crisis políticas que afectan, en mayor o menor grado, tanto a los regímenes “neoliberales” (de derecha) como a los regímenes nacionalistas o “progresistas”, hasta con la perspectiva de golpes civiles o cívico–militares puestos nuevamente en la agenda política. Paraguay (Lugo) y Honduras (Zelaya) fueron sólo las primeras manifestaciones de una tendencia mayor. El telón de fondo general es la crisis capitalista mundial, la crisis histórica del modo de producción del capital. Los países más “desarrollados” de América Latina son los más afectados por la crisis. La “periferia emergente” del capitalismo “global” enfrenta enormes pagos externos, una deuda contraída principalmente por las empresas multinacionales, superando, en algunos casos, las reservas internacionales. Se revela el espejismo de suponer que, en el ciclo económico 2002-2008, las naciones dependientes se habrían transformado en acreedoras en el mercado mundial: con el aumento de la deuda privada externa, se mantuvieron siempre como deudores netos; los superávits comerciales fueron la garantía financiera del endeudamiento privado. El capital financiero internacional se apropió del excedente comercial generado por el aumento de los precios y de los volúmenes exportados. La crisis mundial golpeó en América Latina debido a su fragilidad financiera y comercial y a su débil estructura industrial. Los gobiernos de América Latina afirmaron inicialmente que se salvarían de la crisis debido a la solidez de las reservas de los Bancos Centrales. Sin embargo, la caída de las bolsas regionales, la salida de capitales y la desvalorización de las monedas dejaron sin base estos argumentos. Brasil, orgullosamente proclamado “la sexta economía del mundo”, es apenas el número 22 en el ranking de los exportadores (con un 3,3% del PBI mundial, tiene sólo el 1,3% de las exportaciones). La productividad total de los factores económicos, que creció un 1,6% en la primera década del siglo, se estancó a partir de 2010.

La posibilidad de que Estados Unidos presionase e interviniese abiertamente en el continente disminuyó al ritmo de su declinación económica y de la crisis de su intervención militar en otras regiones (Medio Oriente, Asia Central). Limitados para utilizar los clásicos golpes militares, Estados Unidos, ya con Bush, pasaron a usar en América Latina los llamados soft power (golpes suaves) incluyendo la ocupación militar de Haití por tropas “latinoamericanas”, que realizan en la isla del Caribe el servicio policial que Estados Unidos, atrapado hasta el pescuezo en otros lugares, estaba imposibilitado de hacer. Barack Obama reanudó las relaciones diplomáticas con Cuba y ordenó la desactivación de la prisión militar de Guantánamo (Cuba), centro de torturas del ejército imperialista, pero sin que esté previsto la devolución del territorio de la base a Cuba, ni anular la reactivación de los ejercicios militares de la IV Flota, encargada del patrullaje de la costa atlántica de América Latina, sin hablar de quince bases militares yanquis en América Central y en el Caribe. Estados Unidos busca recuperar el protagonismo de la desprestigiada Organización de Estados Americanos y tiene el ojo puesto en las reservas de petróleo y gas natural del mar brasileño, que colocan a Brasil como detentor de la tercera mayor reserva del mundo. Esto, sumado a las reservas de Venezuela, Bolivia y Ecuador, fortaleció momentáneamente la posición sudamericana en relación a las potencias económicas imperialistas.

La crisis de los gobiernos neoliberales (identificados con la estabilización monetaria basada en el ancla cambiaria, o en la dolarización) es seguida, ahora, por la declinación de las bases económicas de las experiencias reformistas o nacionalistas basadas en concesiones sociales, que fueron posibles en la primera década del siglo XXI por una coyuntura económica internacional favorable. Esto también afectó a los gobiernos neoliberales sobrevivientes, agencias directas del capital financiero internacional. América Latina entró en una nueva etapa de luchas nacionales y de clases. La crisis mundial irrumpió en América Latina después de bancarrotas capitalistas, crisis políticas y levantamientos sociales. El escenario político latinoamericano estuvo dominado, en las últimas décadas, por crisis y movilizaciones de masas, en especial en los países andinos. Y también por los choques entre los gobiernos nacionalistas “radicales”, que surgieron de esas crisis, y Estados Unidos. La emergencia de la izquierda en América Latina es generalmente localizada en un período que se extiende desde 1998 (elección de Chávez para la presidencia de Venezuela) hasta 2008 (elección de Fernando Lugo para la presidencia de Paraguay, poniendo fin a seis décadas del gobierno del Partido Colorado), pasando por las elecciones de Lula, Michelle Bachelet, Evo Morales, Néstor Kirchner, Daniel Ortega, Rafael Correa y el FMLN en El Salvador, debidas al fracaso económico de los gobiernos neoliberales, seguidores de la cartilla del FMI.

El neoliberalismo, con sus privatizaciones masivas, la presión por la apertura de los mercados, especialmente los del ex “bloque socialista”, y la estrategia del “Consenso de Washington”, fue la expresión de la búsqueda de una salida para la masa del capital financiero internacional acumulado con la crisis de los años 1970. No era una “ofensiva”, sino una política de crisis, lo que explica las privatizaciones aventureras, como las de los servicios de agua de Perú y Bolivia, que desencadenaron rebeliones populares masivas. Fue el impasse del capital a escala internacional lo que dio la base para un viraje político de gran amplitud, con la emergencia de procesos de autonomía nacional, incluyendo (en especial en los países andinos) el papel inédito de las masas campesinas e indígenas. En la emergencia de esos procesos confluyó el derrumbe de los partidos políticos tradicionales, que fueron la garantía de estabilidad capitalista durante décadas en América Latina, con la crisis mundial de las relaciones económicas capitalistas.

Después de un período de enfrentamientos locales e internacionales, los regímenes más “radicales”, el venezolano-bolivariano y el indigenismo andino, llegaron a compromisos internacionales y con la burguesía local, disciplinando la rebelión popular. Las cancillerías de las metrópolis imperialistas, y algunas latinoamericanas (Brasil y Argentina) desarrollaron una presión activa para que los “nacionalistas radicales” contuviesen los procesos populares. Esto fue también posible porque, a partir de finales de 2002, la reanudación del comercio exterior y de la producción local, junto con el crecimiento de los recursos fiscales, gracias a un ciclo comercial favorable a las materias primas latinoamericanas, sirvió al conjunto de los gobiernos de la región (incluyendo a los neoliberales) para atemperar los antagonismos sociales. Desde 2003-2004 se produjo, de conjunto, un reflujo en la movilización de masas. Los gobiernos nacionalistas consiguieron administrar y canalizar la presión popular para neutralizar la oposición de la derecha. La fase de relativo reflujo de las luchas populares latinoamericanas, a partir de 2004, condicionó la sucesión presidencial en México y el reinicio de grandes luchas estudiantiles y mineras en Chile y Perú.

Los sucesos económicos latinoamericanos del siglo XXI, denominados por la OCDE como una “gran fiesta macroeconómica”, fueron relativos. Hubo altas tasas de crecimiento, inflación reducida y presupuestos equilibrados o hasta con superávits. Al mismo tiempo, casi 50 millones de personas salían de la pobreza, por lo menos estadísticamente: según el Cepal, la pobreza disminuyó del 43,9% al 28,1% en América Latina, entre 2002 y 2012.La población con ingresos de entre 10 y 50 dólares (llamados de “clase media”) creció del 20% al 30% en el mismo período; los “vulnerables” (entre 4 y 10 dólares diarios) pasaron del 30% al 40% Los índices de mejora de los más pobres se situaron, sin embargo, por debajo del aumento del PBI regional. La pobreza extrema (12%), por otro lado, viene creciendo en los últimos años. La concentración de renta (polarización social) se mantiene estable, y hasta aumentó en países como México y Colombia. América Latina continuó siendo la región con mayor desigualdad social del planeta. Un dato notable es la caída del crecimiento demográfico, situado en 1,8 hijos por mujer en países como Brasil o Chile (este índice es de 1,9 en Estados Unidos), por debajo de la tasa de reposición de la población. En América Central el índice de fertilidad femenina cayó de 6,0 (en 1960) a 2,2 de la actualidad, una caída que Estados Unidos y Europa tardaron más de un siglo en alcanzar.

El retroceso de la pobreza fue especialmente importante en Brasil, donde los programas “focalizados” permitieron una disminución significativa de la pobreza absoluta, coexistente, mientras tanto, con una trayectoria poco modificada de la concentración de la renta y, al mismo tiempo, con una disminución de la renta media, de la remuneración media del trabajo asalariado y un gran incremento de las fuentes de renta no vinculadas al trabajo, en las camadas más pobres. Hubo una expresiva formación de reservas internacionales, como resultado de los saldos comerciales obtenidos por la suba de los precios de las commodities, y también por la muy elevada tasa básica de interés (base de la remuneración de los títulos públicos). Esto hizo que hubiese interés, por parte de los inversores externos, en negocios con los papeles de la deuda pública. Entre 2003 y 2007, América Latina recibió un volumen récord de inversiones extranjeras, superior a los 300.000 millones de dólares. Sus multinacionales se lanzaron a otros mercados comprando importantes activos, incluyendo en los países desarrollados. El proceso alimentó la especulación financiera: se volvió un excelente negocio captar recursos en el exterior a tasas más bajas, y aplicar estos recursos a tasas más elevadas en la deuda pública latinoamericana. El gobierno de Lula exceptuó del impuesto a la renta a los fondos institucionales extranjeros que aplicasen recursos en títulos públicos. Con esto, aumentó la entrada de divisas haciendo que las reservas creciesen, pero con un costo financiero elevadísimo: la remuneración real de los acreedores es de 12% al año, una carga de intereses creciente e impagable

Los datos de la economía latinoamericana comenzaron a cambiar drásticamente con la crisis mundial. Su inicio, sin embargo, multiplicó las declaraciones optimistas de los gobiernos. América Latina encaraba la crisis mundial con más del 75% del PBI regional con clasificaciones de riesgo de crédito dentro del “grado de inversión”. En 2008, la región presentaba solvencia, con un 70% de su deuda cubierta por reservas internacionales muy encima de los índices verificados en el Este europeo. Un factor alardeado fue la reducción de las deudas denominadas en dólares. Pero esto ocultó la naturaleza del proceso económico, embutido en la valorización monetaria propiciada por la “estabilización”. La deuda externa fue “anulada” porque las reservas internacionales superaban su monto, lo que creo la fantasía de la superación de la dependencia financiera externa. Pero el endeudamiento de un país con libre movimiento cambiario de empresas extranjeras y nacionales no puede ser medido sólo por la deuda externa en títulos y contratos del gobierno. Con la apertura financiera asistimos también a una acelerada desnacionalización de las empresas, cuyas ganancias y dividendos fueron crecientemente transferidos al exterior. Con el abaratamiento de las importaciones y con las exportaciones menos competitivas, los resultados de las cuentas externas comenzaron a presentar una inflexión importante ya en 2007.

Brasil volvió a presentar déficit en las transacciones corriente en 2008, por un valor de 4.000 millones de dólares La deuda real, posible de ser saldada con moneda convertible, debe ser evaluada en conjunto con la situación de la deuda interna en títulos públicos y con la deuda externa privada. Un título público brasileño, que vence en 2045, ofrece 7,5% de interés por encima de la inflación; el mismo título de Japón paga solamente 1% o menos. Tomar prestado en Tokio para invertir en São Paulo se convirtió en un gran negocio para los bancos que operan en Brasil. Las caídas espectaculares que afectaron a la Bolsa de São Paulo fueron la manifestación de la vulnerabilidad financiera del país. La demolición de los “mercados emergentes” comenzó. La crisis mundial tiene mecanismos directos de transmisión vinculados a la contracción de la demanda mundial.

Incluso durante el boom comercial, la dependencia de la región con relación a Estados Unidos y Europa continuó siendo grande. Más del 65% de las exportaciones latinoamericanas se dirigen a estas dos regiones, con lo restante yendo a Asia y a socios regionales sudamericanos. Con la desaceleración china, se calcula que, en 2-3 años, Estados Unidos volverá a ocupar el lugar de mayor importador de productos brasileños, desplazando a China de esa condición. Algunos países latinoamericanos están más expuestos al comercio unilateral: el comercio de México es totalmente dependiente de Estados Unidos (el cual consume más del 85% de sus exportaciones). En el caso brasileño, la economía más “independiente” del continente, y la dotada del mayor parque industrial, su superávit comercial con el Mercosur (entre 2003 y 2013) fue de 46.000millones; con Estados Unidos y la Unión Europea, casi el doble, 90.000 millones de dólares (17.800 millones con Estados Unidos, 71.600 millones con la Unión Europea). Las economías latinoamericanas continuaron muy dependientes de la venta de materias primas, que representan más del 60% de sus exportaciones. Y la situación del mercado mundial consiente cada vez menos de una salida basada en nuevo ciclo de endeudamiento. Los flujos de capitales, aplicaciones e inversiones directas están en caída

Las experiencias nacionalistas fracasaron en la tentativa de estructurar un Estado nacional independiente, y de iniciar un proceso de industrialización capitalista autónomo, destruyendo la supremacía del capital financiero. No crearon una burguesía nacional, ni estructuraron una etapa de transición bajo la hegemonía del Estado. En lugar de eso, creó una "boliburguesía" (los "boligarcas" de Venezuela), o el "capitalismo de amigos" de los Kirchner, a través de la burocracia del gobierno (que desangró financieramente al Estado). En las nacionalizaciones, los capitalistas (externos e internos) recibieron compensaciones fuertes, aún mayores que el valor en bolsa de los capitales "expropiados". En ningún caso revolucionaron la gestión económica mediante el control o la gestión colectiva de la propiedad nacionalizada. Las nacionalizaciones no tocaron los bancos, la base de la gestión capitalista de la economía. El uso de recursos fiscales extraordinarios para compensar a los capitales nacionalizados acabó bloqueando la posibilidad de un desarrollo económico independiente. El capital extranjero, obligado a salir de la esfera industrial, regresó en forma de capital financiero, usando las indemnizaciones obtenidas para comprar deuda pública. En Venezuela el petróleo se encuentra formalmente nacionalizado, pero PDVSA registra una crisis de costos y de endeudamiento, lo que lo hace dependiente de acuerdos de participación con los monopolios internacionales para explorar la cuenca del Orinoco. Venezuela sufrió, bajo Chávez, un retroceso industrial importante (disimulado por la renta petrolera diferencial del país) y actualmente importa el 70% de sus necesidades alimenticias.

En este contexto, en mayo de 2013, México, Chile, Colombia y Perú, países con acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, pusieron en pie la "Alianza del Pacífico" (Costa Rica y Panamá son miembros observadores), eliminando el 90% de sus aranceles de importación mutuos (previendo la eliminación del 10% restante para 2020), y metiendo una cuña en los proyectos integracionistas continentales animados por Brasil (los cuatro "pacíficos", tienen una población de 210 millones, contra 200 millones en Brasil; un PBI de dos billones de dólares, contra 2,4 billones del brasileño). La iniciativa se inscribe en el marco de las negociaciones promovidas por Estados Unidos a favor del TPP (Asociación Trans-Pacífico) con países asiáticos (no China), y de Oceanía y América que poseen costas en el Pacífico, haciendo caso omiso de los acuerdos comerciales regionales de estos países. Los nueve países del proyecto TPP (que incluye a Chile y Perú) tienen un PIB de 18 billones de dólares (el 85%, de Estados Unidos) que superarían los 28 billones en caso de que se incorporen México, Canadá y Japón

La "movida" de inspiración yanqui aprovechó que los proyectos de "unión latinoamericana" agitados por el nacionalismo sudamericano no fueron muy lejos, e incluso retrocedieron. La Venezuela chavista abandonó la CAN (Comunidad Andina de Naciones) en 2006 -la CAN quedó restringida a Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador- y su posterior incorporación al Mercosur concomitante con el golpe de Estado que derrocó al gobierno de Lugo y produjo la exclusión temporal de Paraguay del bloque, y benefició principalmente a los contratistas brasileños, que ya obtuvieron un "Acuerdo de Complementación Económica" (octubre de 2014) exclusivamente favorable a Brasil, por encima de las instituciones y acuerdos del Mercosur. El ingreso de Venezuela sería interesante si permitiese acuerdos bilaterales, de intercambio de energía, con base aprecios más bajos a los internacionales, inversiones industriales a gran escala, con créditos baratos y de largo plazo. Esta es una perspectiva más allá del alcance de las burguesías nacionales, por sus rivalidades y por la presión del capital financiero internacional

Los gobiernos bolivarianos se vanaglorian de una supuesta integración sin precedentes en la historia continental, pero su palabrerío carece de sustancia, como lo demuestra un retroceso del Mercosur, envuelto en disputas comerciales (desde 2011, Argentina aplica aranceles de importación no automáticos a 600 productos). El propósito del bloque creado en 1991 era negociar una mayor integración en el mercado mundial de sus países, lo que terminó en un fracaso (sólo se firmó un acuerdo de libre comercio... con Israel). Brasil y Argentina incorporaron a Venezuela al Mercosur, una medida sin contenido: la postulada integración energética del bloque resultó ser una ilusión. Las crisis mundiales son una oportunidad para los países de desarrollo atrasado, pero para eso se necesita una política independiente de la burguesía nacional, obligada a actuar bajo la presión de la crisis debido a su dependencia del capital internacional. Más que nunca las economías latinoamericanas dependen de un puñado de materias primas agrícolas y minerales. La integración latinoamericana, que propicia especialmente Brasil, refleja los intereses de las grandes contratistas de obras de infraestructura, vinculadas a las inversiones de capitales mineros internacionales y en estrecha relación con los capitales de maquinaria pesada de Estados Unidos.

El nacionalismo no consiguió superar sus limitaciones localistas y la competencia éntre las burguesías del continente. La propuesta de "integración de los ejércitos" es reaccionaria: las castas militares no dejan de ser un cuerpo ajeno a cualquier control social, e incluso a cualquier control real por parte de las instituciones dizques representativas. En los países favorecidos por las exportaciones de combustible (gas y petróleo), el nacionalismo usó a las nacionalizaciones, no para transformar a los trabajadores en clase dominante, sino para impedir su organización independiente, y someter sus organizaciones a la tutela del Estado. La COB boliviana se sometió al gobierno de Evo Morales, cuya estabilidad se basa en las ventas de gas a Brasil y Argentina, y en el aumento de 32% de las tasas y regalías que las empresas extranjeras productoras deben pagar al Estado desde 2006. En Venezuela, el gobierno se empeñó en estatizar el movimiento sindical. En general, las nacionalizaciones parciales y los aumentos de recaudación sirvieron como pretexto, en los sindicatos y la izquierda, para abandonar la independencia de clase y sumarse al Estado nacionalista. Sometidas al Estado nacionalista-caudillista, las nacionalizaciones y las "islas de autogestión" (que deben competir comercialmente con las empresas capitalistas) concluyeron reforzando el capitalismo y la explotación. La Venezuela post-Chávez, afectada por la caída de los precios del petróleo, se hundió en una inflación del 65%, acompañada de recesión, que proyecta la sombra de un default financiero. El movimiento golpista de oposición tropieza con su división interna, que refleja la división misma del imperialismo yanqui (extremistas republicanos contra Obama y los demócratas) sobre la política a seguir, considerado la identidad chavista de las Fuerzas Armadas.

La nacionalización integral de los recursos naturales y energéticos es la precondición para una integración latinoamericana que no sea un instrumento de competición entre los monopolios (como la fallida Alca y el Mercosur). Sin esa condición, los proyectos unificadores (como el gasoducto del sur) no saldrán del papel. Las nacionalizaciones fueron condicionadas favorablemente por el aumento de los precios del combustible y de los minerales, o sea, por la posibilidad de distribuir la renta diferencial entre el capital externo y el Estado. Había (hasta sobraba) dinero para satisfacer a todo el mundo. Pero no sirvió para modernizar la explotación de los recursos naturales, consumiendo improductivamente el capital invertido. Con base en los recursos extraordinarios, Venezuela y Bolivia impulsaron importantes campañas de salud y educación, pero no avanzaron en sentar las bases económicas de la autonomía nacional, para sustentar en el largo plazo los planes y programas sociales. Concluyeron dilapidando la renta extraordinaria (diferencial) de la producción minera, en la creencia de que los precios internacionales no caerían nunca. Sin embargo, el precio internacional del petróleo, que llegó a alcanzar los 150 dólares el barril, se despeñó a poco más de 50.

La caída de los precios de los hidrocarburos, como consecuencia de la crisis mundial, hizo entrar en crisis a las nacionalizaciones parciales, y abrió la vía para una nueva etapa de concesiones a los monopolios multinacionales. El ciclo de grandes recaudaciones fiscales está concluido. Las limitadas reformas fiscales, con aumento de los impuestos sobre el petróleo y el gas extraídos por las multinacionales, ofrecieron una ventaja pasajera en el marco de precios internacionales elevados. La crisis mundial amenaza en especial al gobierno nacionalista de Ecuador, cuyo petróleo financia, no sólo a la economía nacional, sino también la dolarización, mantenida hasta ahora. Ante la crisis del nacionalismo, la burocracia sindical latinoamericana carece de independencia política, subordinándose a las políticas de salvación del capital practicadas por los gobiernos. No defiende un programa independiente, proponiendo, por ejemplo, la nacionalización o el control obrero de las empresas quebradas. Las centrales sindicales sudamericanas apenas pidieron a los jefes de Estado de la región que exigiesen garantías, a las empresas que reciben apoyo estatal, para mantener los empleos.

En los países andinos, donde el movimiento “bolivariano” tuvo la mayor repercusión internacional, la peculiaridad del nacionalismo es el indigenismo, el protagonismo de las masas rurales desplazadas a las ciudades, donde ocuparon el lugar ocupado en el pasado por el proletariado industrial. Las ideologías indigenistas comprenden un vasto arco, desde el retorno al Inkario, hasta la preservación de las comunidades rurales originarías a partir de su base productiva (la pequeña propiedad). Pero fue la pequeña burguesía urbana la que impuso a la masa indígena su programa, el llamado “capitalismo andino”, que postula el entrelazamiento del medio agrario pre-capitalista con el capitalismo “global”, a través de la mediación del Estado. Así, se frustraron las promesas de una revolución agraria.

Divididos, y hasta enfrentados, los proyectos capitalistas “latinoamericanos” entraron en crisis. La moneda común Brasil-Argentina no pasa de un recurso contable para compensar saldos de pagos externos. La autonomía del Alba es desmentida por los compromisos simultáneos de sus países con otros acuerdos internacionales. El proceso capitalista opera en favor de la desintegración de América Latina. Brasil reforzó su alianza financiera con Estados Unidos y redujo el consumo y el precio del gas boliviano. La Unasur es un proyecto de la burguesía brasileña para “integrar” una industria militar regional bajo su control, y para impulsar gastos en infraestructura para sus empresas constructoras privadas. La Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños)es un ámbito de parloteo que ni siquiera consigue pronunciarse contra los golpes (Paraguay, Honduras), contra el bloqueo a Cuba o por el retiro de las tropas extranjeras de Haití, ni hablar del retiro de las bases militares (Washington aumentará el contingente militar en el Perú de 125 a 3.200 soldados a partir del 1° de septiembre) o el fin de las maniobras navales norteamericanas. Las banderas “integracionistas” fueron convirtiéndose en ficción política. El nacionalismo burgués fracasa nuevamente, como en el pasado, ahora en el marco de una crisis mundial inédita.

Con el impacto de la crisis mundial (y con la elección de Obama) se reclamó insistentemente el “fin de la guerra fría en América Latina”. El apaciguamiento entre Estados Unidos y Cuba, la normalización de las relaciones entre Cuba y la Unión Europea, sirvieron para estabilizar políticamente a América Latina, oponiendo la integración política de Cuba a la revolución latinoamericana, ofreciendo el fin del aislamiento de Cuba. El destino de Cuba está, más que nunca, inserto en el contexto latinoamericano, y también en su propia crisis política interna, contextos que el gobierno de Raúl Castro intenta “navegar” proponiendo una especie de “vía china”, con un papel central de las Fuerzas Armadas (que controlan más del 60% de la economía cubana). El contexto para una transición al capitalismo, como la ocurrida en Rusia y China, cambió internacionalmente: el mercado mundial se volvió demasiado estrecho como para admitir a un nuevo competidor (aunque pequeño, como Cuba). El contexto ideológico internacional no es más el del “fin del comunismo”, como en 1989-1991. Reivindicar el fin del bloqueo norteamericano y el reconocimiento incondicional de la autodeterminación nacional cubana (comenzando por la devolución de Guantánamo y la salida de las tropas yanquis de la isla) pondría a Cuba en contacto directo con la lucha social latinoamericana, no sólo con el capital mundial.

Las Farc colombianas se transformaron en un factor de crisis política internacional y de movilización bélica regional. Chávez, antes de su muerte, apoyó el “intercambio humanitario” de rehenes y el reconocimiento del carácter de fuerza beligerante a las Farc para después invitarlas a desarmarse y liberar incondicionalmente a sus rehenes, reconciliándose con la derecha, una presión para el desarme unilateral de la guerrilla. La experiencia de lucha armada de las Farc (las cuales llegaron a controlar casi un tercio del territorio colombiano) está políticamente agotada, pero esto está siendo usado para dar una victoria política a los paramilitares colombianos, que entraron al gobierno para borrar su pasado criminal y reciclarse en el “Estado de derecho”. Las negociaciones de paz que se llevan a cabo en Cuba, bajo el patrocinio del gobierno castrista, se integran en este marco político reaccionario. En América Central, las guerrillas (FSLN y FMLN) abandonaron las armas para sumarse a la “política institucional” (burguesa) y administrar el Estado capitalista.

En el gigante de América del sur, el cuarto mandato presidencial del PT comenzó bajo el signo: a) de la crisis económica y política; b) de la tentativa de orquestar un ataque estructural contra las conquistas laborales y las condiciones de vida de los asalariados brasileños, con vistas al “equilibrio fiscal” y la rebaja del “costo Brasil” (recuperación de la tasa de ganancia), para generar una nueva corriente de inversiones externas e internas. Las exportaciones de manufacturas (base principal de la producción industrial) se situaron, en 2014, en 6.000 millones por debajo de 2008, un retroceso absoluto del 17%. La balanza comercial tuvo un déficit de 3.930 millones de dólares, el primero en 14 años. El déficit comercial en bienes industriales (importaciones/exportaciones de bienes manufacturados) subió 150% en cinco años (sólo Arabia Saudita estuvo peor en la economía mundial. La reprimarización de la economía brasileña está cobrando su precio, económico y también ambiental: la extracción sin freno de minerales, la producción de soja o soya y pollo está dañando sin retorno a los ecosistemas, en especial a los acuíferos. Los indicadores industriales de producción, facturación, uso de la capacidad instalada, etc., se dirigen hacia abajo. La industria automovilística brasileña va a operar este año, y también en 2016, con un 50% de su capacidad instalada. En el balance económico de los primeros cuatro años de Dilma Roussef, el crecimiento acumulado del PBI cayó de 19,6% a 7,4% (una reducción del 60% con relación a Lula I y II), la tasa de inflación acumulada aumento de 22% a 27% (un aumento del 20%); el déficit acumulado en cuenta corriente pasó de 98.200 millones a 268.000 millones, un aumento de 170%.

Dilma Rousseff buscó absorber la presión de los “mercados”, cuya principal preocupación es que el país tenga capacidad de honrar el pago de la deuda externa y aumentar los “incentivos” para que el capital especulativo no escape. Entre los “incentivos” no figuran solamente el congelamiento de salarios y la reducción de los gastos sociales. Un lugar importante es ocupado por la liberalización del comercio exterior y el cambio de la política petrolera. Los esfuerzos del gobierno para firmar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, para debilitar el Mercosur y “liberar” la política brasileña de Argentina fueron hasta ahora bloqueados por los gobiernos de Argentina y Uruguay. En la cuestión del petróleo, el gobierno de Dilma cedió a la presión para que Petrobras atendiese los intereses de sus accionistas privados (aumento del precio de la nafta y una política de mayores ganancias y distribución de dividendos). La deuda pública de Brasil supera el 60% del PBI; peor es la situación de la deuda privada, que está cerca del 100% del PBI. Pese a los superávits primarios, que totalizaron, entre 2002 y 2013, en valores corrientes, R$ 1,082 billones, la deuda externa ascendió a casi tres billones de reales (1,2 billones de dólares). En este cuadro, la entrada del capital especulativo, para aprovechar la diferencia de las tasas de interés brasileñas con respecto a las de los mercados internacionales, fue fuerte en los últimos años, pero ahora enfrenta una reversión de la tendencia. La fuga de capitales ya resultó en una significativa devaluación del real, alrededor del 30%

El escándalo de corrupción de la mayor empresa del país, Petrobras, adquirió dimensiones imprevistas, afectando inclusive a las cuentas públicas: la empresa (cuyo valor de mercado cayó de 410.000 millones de reales en 2011 a 160.000 millones actualmente) es responsable por el 10% de la recaudación de impuestos del país. Según Merril Lynch, el escándalo va a costar un 0,86% del PBI. El esquema de propinas multimillonarias para la concesión de contratos públicos, envuelve a las nueve mayores empresas constructoras del país (Camargo Correa, Engevix, Galvão, Mendes Júnior, IESA, OAS, Odebrecht, Queiroz Galvão y UTC). El banco Morgan Stanley calculó que las pérdidas de la petrolera, debido al esquema, serían de 21.000 millones de reales (aproximadamente 8.000 millones de dólares). En torno a Petrobras gira la industria de la construcción naval, la construcción pesada y otros segmentos de la economía brasileña. Las nueve empresas participantes del esquema corrupto (el “cartel”) facturaron, en 2013, 33.000 millones de reales con contratos públicos, financiaron candidatos a diputados con 721 millones, y candidatos a senadores con 274 millones: el 70% de los congresistas electos en 2014 recibieron donaciones de las grandes empresas. Más de la mitad de los miembros de la comisión parlamentaria de investigación (CPI) del petrolão recibieron donaciones millonarias de las empresas sentadas en el banquillo de acusados. El “club” tenía 16 socios fijos, y seis empresas “ocasionales”. En una demostración de “soberanía” el Procurador General de Brasil, Rodrigo Janot (amenazado de muerte), fue a buscar ayuda para las investigaciones al FBI norteamericano. Las voces que reclaman la completa privatización de Petrobras ya se hacen oír. Pero todavía no las que reclaman su completa estatización bajo control obrero.

La caída de los precios internacionales del petróleo sería, para algunos analistas, la gran oportunidad para una reactivación de la economía mundial, pero en realidad lo que se anuncia es un período catastrófico para los países que sobreviven gracias a las ganancias de la extracción mineral. El barril de petróleo había subido hasta 150 dólares, con una caída muy fuerte en 2009, que llevó a una cotización media de 100 dólares, antes de la caída actual hasta 50-55 dólares. La caída en los precios internacionales repercute poco en los precios internos, siendo inocua para reactivar el consumo final. La mayor parte de los gobiernos del mundo precisa de los impuestos a los combustibles para hacer frente al pago de la deuda pública y el rescate de los bancos. Mientras el precio actual continua elevado, su impacto negativo sobre la tasa de ganancia de las compañías petroleras es muy fuerte, debido al aumento de costos que acompañó la elevación de los precios, por la distribución de la renta entre todos los sectores que intervienen en la producción, por la incorporación de yacimientos que exigen procesos más caros, o por el incremento de las inversiones. La caída mundial del precio del petróleo replica la de todas las materias primas, de los minerales y de los alimentos. Esto modifica el curso de la crisis económica mundial, porque pega de lleno en la periferia, en el mismo momento en que la crisis se hace más aguda en Europa y Japón.

La caída del precio internacional del petróleo fue atribuida a la caída de la demanda de China y Europa, al fuerte aumento de la producción de combustibles no convencionales en Estados Unidos y a una recuperación de la producción en Libia e Irak. La crisis de sobreproducción en China es decisiva, porque el país es un factor fundamental en la expansión del mercado mundial. La ganancia del sector petrolero había abierto espacio para la producción costosa de gas y petróleo no convencionales en Estados Unidos. En el mercado norteamericano el precio del gas cayó hasta el límite de la rentabilidad de su explotación. La disminución del precio de la nafta -y el del gas para la industria y la calefacción- es anulada por el cierre de yacimientos cuya productividad es declinante. El boom de combustibles en Estados Unidos fue impulsado por las bajas tasas de interés, que permitieron financiar inversiones que con tasas mayores hubieran sido prohibitivas. Los eslabones débiles de la crisis petrolera internacional son Brasil, Rusia y Venezuela. Los costos de Petrobras y de PDVSA superan los precios internacionales actuales del petróleo; en estos niveles, ambas empresas serían inviables. El problema es que, además de eso, poseen deudas gigantescas y son fuentes de financiamiento de Estados con deudas aun mayores. Las acciones de Petrobras cotizan a menos de la mitad de su media histórica.

En Brasil, el déficit público alcanzó el 5% del PBI en 2014, el mayor nivel desde 2003. El déficit comercial y en cuenta corriente son los peores de los doce años de gobierno del PT. El déficit de las cuentas externas alcanzó el 3,7 del PBI, 83.560 millones de dólares, un nivel que no era alcanzado desde 2001-2002 (cuando la crisis de Argentina). Gruesos sectores del gran capital brasileño comenzaron por esto a proponer un cambio del eje económico externo. Luiz Alfred Furlan, representante del agro-negocio (y ex ministro de Lula) propuso abiertamente la salida de Brasil del Mercosur y la firma de acuerdos bilaterales con Estados Unidos y la Unión Europea. El 10%, más rico, de los habitantes continúa teniendo el 60% de los ingresos; el 0,5% de la población tiene el 20% de la renta nacional. La desigualdad social se mantuvo estable durante la era Lula-Dilma, presentando una ligera tendencia a aumentar. Sin hablar de que basta mirar alrededor para constatar las pésimas condiciones de vida de la inmensa mayoría de la población brasileña, que en las últimas décadas no avanzó, por el contrario, en materia de saneamiento básico, salud y educación, vivió un deterioro que fue el detonante de las jornadas de lucha masivas de junio de 2013.

El anuncio del equipo económico del nuevo gobierno recibió las bienvenidas del gran capital. Joaquim Levy fue, entre 2010 y 2014, el presidente de Bradesco Asset Management, el cual administra más de 130.000 millones de dólares. En la Universidad de Chicago fue discípulo del equipo de Milton Friedman, jefe de los “Chicago Boys” y padre declarado del neoliberalismo mundial. Como responsable político del Fondo Monetario Internacional (entre 1992 y 1999), Levy fue abogado y ejecutor de programas de austeridad en los más diversos países. Durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, Levy actuó como estratega económico, envuelto en la privatización de empresas públicas y en la liberalización del sistema financiero, que facilitó la fuga de 15.000 millones de dólares anuales. Levy es un miembro eminente de la oligarquía financiera de Brasil. En otra cartera estratégica, Kátia Abreu, en el Ministerio de Agricultura, sostiene que el latifundio no existe en Brasil. Fue dirigente de la Confederación Nacional de Agricultura y, desde Tocantins, es agente del lobby de la soja, otro sector en caída libre internacional.

En el área laboral, el seguro de desempleo, la pensión por muerte y otros beneficios sociales básicos, serán mucho más difíciles de conseguir. Los privilegios fiscales a las empresas, practicados desde 2008, no revirtieron la política de despidos, al contrario, la acentuaron. Un cruzamiento de datos demostró que 5.500 millones de reales (el 23,1% de un monto impositivo sobre la industria de 23.800 millones) dejaron de ser pagados por sectores empresariales que despidieron más de lo que contrataron desde 2012. Y Levy propone no sólo mantener las rebajas, sino también profundizar las facilidades para despedir. La capacidad instalada de la industria está en su peor nivel de utilización media desde 2009, siendo que las siderúrgicas, con un 68,6% de uso de su capacidad productiva, son los que más empujan el índice para abajo. Se abrió en Brasil una nueva fase de lucha de clases. En el alba del nuevo año, los trabajadores de Volkswagen del ABC paulista entraron en huelga por tiempo indeterminado por la reincorporación de 800 despedidos. La empresa incumplió el acuerdo firmado en 2012, que preveía la estabilidad de los empleados hasta 2016. Otros 244 trabajadores fueron despedidos en Mercedes Benz. El 12 de enero, los metalúrgicos del ABC realizaron una gran manifestación: más de 20.000 personas ocuparon los carriles de la ruta Anchieta, con trabajadores de Volkswagen, Mercedes, Karmann Ghia. Los metalúrgicos de Volks mantuvieron el movimiento hasta que la patronal reculó con los despidos (el sindicato admitió, sin embargo, un plan de retiro voluntario). En São José dos Campos, una huelga de seis días de los obreros de General Motors también barrió los despidos.

En México, la masacre de 43 estudiantes de entre 18 y 21 años, confesado por traficantes de drogas detenidos (revelación que los padres de las víctimas se niegan a creer hasta que haya pruebas) en la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, en el estado de Guerrero, cuando policías locales atacaron alumnos de la combativa Escuela de Magisterio de Ayotzinapa, por orden del ahora intendente detenido, para evitar protestas durante un acto oficialista, suscitó un amplio movimiento de repudio nacional, que la represión no consiguió hacer retroceder. Después de casi un mes y medio, la Fiscalía General mexicana quiso cerrar el asunto basada en la confesión de tres chivos expiatorios ofrecidos por el narcotráfico, pese a la clara implicación de la policía y hasta del ejército en la masacre. La movilización no se detiene y puede llevar a la crisis al gobierno del PRI (Peña Nieto) y su complaciente oposición, llevando a la desestabilización política a este inmenso país que tiene frontera con todo el sur de Estados Unidos, donde la mayoría de la población es de origen mexicano o latinoamericano. El salario mínimo de México, país integrado a la economía de Estados Unidos a través del Nafta, es el más bajo del continente. En junio habrá elecciones parlamentarias: la crisis política mexicana recién comienza, con una proyección internacional explosiva. Inclusive sobre su vecino del sur, la Guatemala gobernada por el general genocida Otto Pérez Molina, quien gobierna sobre la base de estados de sitio regionales (o de asesinatos de líderes campesinos e indígenas) para mantener el 60% de las tierras cultivables del país en manos de empresas extractivas multinacionales.

En el otro extremo de América Latina, en Argentina, la muerte (probablemente asesinado) del fiscal de la causa Amia (el atentado de 1994 contra la asociación mutualista judía, que dejó más de 400 víctimas, 85 mortales), sistemáticamente encubierta por los gobiernos de los últimos veinte años, está exponiendo la descomposición asesina de los servicios secretos heredados de la dictadura militar, intocables por la “democracia”, y su complicidad con los servicios de inteligencia extranjeros (principalmente la CIA y el Mossad), configurando una crisis en la propia columna vertebral del Estado. En el medio de la crisis política e institucional, se proyecta políticamente el Frente de Izquierda encabezado por el Partido Obrero, una alternativa de carácter clasista y revolucionaria, proyección confirmada por las elecciones de Mendoza (las elecciones generales serán en octubre de este año). Argentina refleja una situación en que las condiciones objetivas (económicas, sociales y políticas) del continente, en el marco de la crisis mundial, abren la posibilidad para la construcción de una alternativa de izquierda revolucionaria.

sábado, 28 de febrero de 2015

VENEZUELA: GOLPISMO CRÓNICO


VENEZUELA: GOLPISMO CRÓNICO

Una de las características de la historia de la Venezuela chavista es el estado de golpismo  permanente. Luego de un comienzo ‘neoliberal’, con un ministerio de Economía afín a la línea del FMI, la orientación nacionalista y la fisonomía bonapartista del nuevo gobierno determinaron, en la oposición de derecha, una política que pusiera fin al nuevo régimen en forma anticipada. El golpe cívico-militar de abril de 2002 y el lockout petrolero y empresarial de fines de ese año no fueron excepciones a la norma. La oposición de derecha boicoteó las elecciones y la pelea parlamentaria hasta muy avanzado el gobierno chavista. Incluso cuando corrigió, con la participación electoral, lo que llamó un “error político”, fue duramente criticada por un ala de ella, que la acusó de “legitimar” al gobierno; la tendencia golpista no dejó de estar nunca presente en la oposición, ni cuando aceptó la disputa electoral. La injerencia internacional fue muy manifiesta en el golpe de 2002, cuando intentó armar una “mediación” integrada por seis países. En el sabotaje económico a partir de finales de ese año, los bancos internacionales, sin embargo, en ningún momento dejaron de refinanciar los pagos de la deuda externa. Hasta el día de hoy, el gobierno de Venezuela ha tenido una relación excelente con la banca internacional y con las corporaciones petroleras a las que se encuentra asociada Pdvsa en la cuenca del Orinoco; en el caso del conflicto con Exxon aceptó pagar las indemnizaciones establecidas por las sentencia de la justicia norteamericana.

El chavismo, de todos modos, no se detuvo en los ‘buenos modales’ cuando la oposición se plegó, tardíamente, a la pelea electoral: luego de las parlamentarias de 2011 intervino todas las administraciones económicas bajo soberanía provincial o municipal, lo que dejó a las autoridades electas por la oposición con un poder ceremonial. El golpismo opositor fue reemplazado, en el escenario político, por el golpismo oficial. La tendencia golpista y contragolpista del proceso político alcanzó a las fuerzas armadas, con el pasaje a la oposición del general Baduel, nada menos que el hombre que desbarató el golpe de 2002 y repuso a Chávez en el gobierno. Como consecuencia de estos acontecimientos, Chávez convirtió a la fuerza armada venezolana en un custodio político del régimen y en una barrera extra constitucional a cualquier oposición política. Finalmente, cuando la oposición cuestionó la legitimidad de las elecciones que Hugo Chávez (Nota de Opción Obrera: por error se menciona a Chavez cuando en realidad se trata de Nicolás Maduro) había ganado a Henrique Capriles por un margen mínimo, el oficialismo respondió con la prohibición del uso de la palabra a los diputados que no rechazaran en forma pública ese cuestionamiento, y recientemente con su expulsión de la Asamblea Nacional. Ni en el golpe de 2002, ni en el lockout masivo de 2002/3, el gobierno chavista recurrió a la movilización popular; mucho menos a la ocupación de las empresas saboteadoras o al armamento del pueblo. En el golpe de abril de 2002, la resistencia popular surgió de abajo y fue despedida por Chávez con la recomendación ‘clásica’ de replegarse de “casa al trabajo”. En el sabotaje petrolero, hubo una movilización de petroleros clasistas en varias refinerías, que aseguraron de este modo su funcionamiento.

Obama
Chávez había construido un régimen plebiscitario secundado por las fuerzas armadas. Con Maduro la base plebiscitaria se va pulverizando como consecuencia del desbarajuste económico, el arbitraje político pasa a las fuerzas armadas y el gobierno aparece con dos o más cabezas. La crisis de conjunto del régimen chavista precipita la nueva onda golpista, que se inicia a principios de 2014 y que divide a la oposición. El término golpista (o putchista) es completamente adecuado, pues convoca a acciones de calle con el propósito declarado de derrocar al gobierno. Pasa a una lucha extra legal, que denomina “la salida”, en oposición a la lucha legal que sigue planteando el sector mayoritario de la coalición opositora. No tiene un carácter revolucionario sino restauracionista – o sea que es reaccionaria por su liderazgo y programa. Pero es un golpismo minoritario, cuya única posibilidad de triunfo, como ocurrió en 1955 en Argentina, reside en una defección política y militar al interior del chavismo. Tiene razón Maduro cuando sitúa como usinas de ese golpismo minoritario a Miami y Colombia, pues sus fogoneros son la derecha republicana y el uribismo colombiano. Pero es precisamente por esta razón que este golpismo está condenado al fracaso, ya que el imperialismo y la mayor parte de los estados latinoamericanos tienen todo apostado al éxito del desarme de las Farc de Colombia, un operativo que cuenta con el apoyo insustituible de Venezuela y de Cuba. Lo último que quisiera el gobierno de Obama es una victoria de este putchismo; entre Maduro y Leopoldo López, para decirlo en términos contundentes, Obama ‘se queda’ con Maduro. La preocupación de Estados Unidos es que la descomunal bancarrota económica de Venezuela produzca un cambio político hostil a las negociaciones del gobierno de Colombia con las Farc.

El gobierno de Venezuela acaba de imputar al intendente de Caracas, que pertenece al ala putchista, por intento de golpe con militares en retiro y en actividad. El relato describe acciones temerarias y criminales de características desesperadas, que los implicados sin embargo niegan y el gobierno aún no ha probado materialmente. Enseguida, sin embargo, la oposición de derecha se unificó en una posición de participación en las elecciones parlamentarias de este año.  La insistencia, incluso por parte de los putchistas de la oposición, en calificar como constitucional el reclamo que circunscribe a una renuncia de Maduro, deja entrever que especula con una definición al interior del chavismo que desplace a Maduro, que es objeto de críticas reiteradas desde las filas del PSUV, por parte de la derecha pero en especial de la izquierda, ante la catástrofe económica que no cesa de agravarse. Si la oposición obtuviera mayoría parlamentaria, sería inevitable una renuncia de Maduro o la disolución de la nueva Asamblea Nacional, que debería contar con respaldo militar. La alternativa a esta opción sería la formación de un gobierno transitorio de unidad nacional, cuyo antecedente se manifestó el año pasado cuando se estableció una “mesa de paz”, bajo la mediación internacional y del Vaticano.

‘Boliburguesía’
La represión desatada por el gobierno contra las ‘guarimbas’ (provocaciones callejeras) de la oposición no apunta a desbaratar un golpe que aún no cuenta con el apoyo del imperialismo ni de la corriente principal de la oposición derechista. En medio del desabastecimiento y una cuasi hiperinflación que destruye las condiciones de vida de las masas, es una advertencia contra cualquier intento de enfrentar al gobierno por el lado de los reclamos populares. El gobierno denuncia una “guerra económica” de las patronales, sin advertir que la base objetiva para esa guerra es la desorganización económica impuesta por el gobierno y que gran parte de ella tiene como protagonista a su propia “boliburguesía”. Es lo que ha denunciado Jorge Giordani, ministro de Economía con Chávez. El chavismo ha pagado a precios de oro las nacionalizaciones, que hoy vegetan como consecuencia del saqueo que les ha impuesto la burocracia estatal. La nacionalización del monopolio de las comunicaciones, Verizon, se hizo a precios de Bolsa, varias veces arriba de su valor real; la de Sidor dejó en manos del Estado todos los pasivos ocultos del grupo Techint. Han producido un desangre del Estado y hoy son responsables del desabastecimiento y de la suba de las importaciones. Se han financiado importaciones con la emisión de deuda pública, que rápidamente fue convertida en deuda externa El sistema cambiario ha sido una fuente de acumulación financiera descomunal, alentada por el Estado. Las autorizaciones a importar, a 6.50 bolívares, son desviadas al mercado negro, que cotiza hoy a 175 bolívares. Para desbaratar este sabotaje económico, el ala izquierda del Psuv reclama la nacionalización del comercio exterior, o sea la abolición del comercio privado de importación y el control obrero de la industria nacionalizada - pero esto es incompatible con un gobierno entrelazado con la acumulación capitalista. La izquierda del Psuv fustiga el “capitalismo de estado”, pero no percibe que su superación está condicionada a la existencia de una clase obrera independiente que dispute el poder a los “capitalistas de estado”.

Independencia
En esta coyuntura de crisis extrema, sería simplemente suicida el seguidismo al chavismo, que recurre a las amenazas de golpe de la derecha para que la clase obrera siga soldada al carro bolivariano. Ha bastado la caída del precio del petróleo para que “el socialismo del siglo XXI” perdiera su base rentista de sustentación. Esto mismo ha comenzado a golpear a los gobiernos bolivarianos de Bolivia y Ecuador, y al gobierno ‘trabajador’ de Brasil. Para que los trabajadores puedan derrotar un golpe de estado de derecha, lo que hoy está en la agenda es la conquista de su independencia política. Cuando la represión estatal que se despliega contra la derecha, quede agotada por el descalabro económico, el mismo régimen que denuncia un golpe acabará estableciendo un compromiso con la oposición derechista.

Es urgente la convocatoria a construir un partido obrero independiente en Venezuela.

Jorge Altamira
Referente del Partido Obrero
Sección argentina de la CRCI

jueves, 12 de junio de 2014

El estado español, entre el ‘tejerazo’ y la república


El estado español, entre el ‘tejerazo’ y la república

Es obvio que Juan Carlos no abdicó por cazar elefantes o por tener una amante alemana. En realidad, asistimos al naufragio del pacto entre el franquismo y los partidos socialista y comunista que alumbró a la llamada ‘transición’ española. Ni siquiera es cierto que la monarquía fuera restaurada como garantía última de ese pacto ‘democrático’. Un libro reciente de Pilar Urbano, una escritora de derechas, establece en forma fehaciente que Juan Carlos conspiró para derribar al primero de los primeros ministros de la ‘transición’, Adolfo Suárez, y alentó de ese modo el golpe conocido como ‘tejerazo’, cuando un teniente coronel mantuvo como rehén, a pura pistola, a todo el Parlamento. El rey volvió sobre sus pasos cuando la acción escapó a los altos mandos y debido a la presión en contrario de las potencias de la Otan. Aprovechó, sin embargo, el empuje del golpe para armar un segundo pacto, el de la Moncloa, que convirtió a la izquierda y a los sindicatos en una rueda del Estado posfranquista.

La descomposición de la familia real, con una hija y un yerno al borde de las rejas, no agota la caracterización de la situación de conjunto del Estado español. Juan Carlos abdica poco antes de que lo haga el jefe del PSOE, Alfredo Rubalcaba, como consecuencia del derrumbe electoral del partido en las parlamentarias europeas; su jefa regional acaba de decir que el PSOE solamente subsiste en Andalucía. En la cuerda floja se encuentra también Rajoy dentro del PP e incluso la dirección de Izquierda Unida. Con el monarca de los safaris se derrumba el sistema político de la ‘transición’. Al lado de este desmoronamiento, se desarrolla un movimiento autonomista poderoso en Cataluña y el País Vasco. Es claro que la separación nacional de estos Estados es incompatible con la monarquía. El próximo rey, Felipe, ya se adelantó a prometer “la unidad de España”. La abstención inevitable del representante catalán en el Parlamento frente a la abdicación provocó, sin embargo, una crisis en el partido de la burguesía catalana, de parte de quienes reivindican apenas una autonomía mayor para Cataluña dentro del Estado español. O sea que el agotamiento del sistema político se extiende al interior de las nacionalidades y autonomías. Obviamente, el test más severo lo representa la descomposición literal de la economía del Estado centralizado, que tiene una desocupación del 24 por ciento bien entrado el octavo año de la crisis mundial y con un inventario enorme de desalojos en poder de los bancos. No deben sorprender, entonces, las incesantes movilizaciones populares por las razones más diversas, incluida la dimisión de todo el régimen político establecido.

En este cuadro, ¿cuáles son las alternativas? Felipe pretenderá fingir que su función es reinar pero no gobernar, pero no hay que olvidar que es el jefe de las fuerzas armadas y por lo tanto de todo el aparato de represión. Recurrirá a la burguesía europea para aplacar los afanes independentistas de Cataluña, pero esta reivindicacón ha penetrado fuerte en la pequeña burguesía y en una parte de los trabajadores, detrás del espejismo de que la separación sería la salida a la crisis capitalista. Por otro lado, la oposición de izquierda que ha emergido en las últimas elecciones es políticamente inconsistente, en especial porque no manifiesta interés en oficiar como instrumento político de la lucha de clases de los trabajadores. Esta limitación ofrece un margen de movimiento a la política tradicional. Pero incluso con estas reservas, la profundidad y la prolongación de la crisis deberán acentuar la lucha popular, en sus diversas formas, y con ello agudizar la crisis política. La renuncia de Juan Carlos ya ha producido un movimiento por la república, bajo la forma de la exigencia a un referendo sobre la organización del Estado. Las encuestas indican una tendencia republicana mayoritaria en la población. La reivindicación de la república traduce la aspiración a una salida popular a la crisis capitalista.

Las alternativas, tomadas en su conjunto, son claras. Si los movimientos nacionales independentistas se fortalecen y la lucha de clases se acentúa, la crisis política resultante pondrá al nuevo rey ante la necesidad de emprender un ‘tejerazo’ con él a la cabeza. La monarquía es el arma de la reacción, no una representación ‘simbólica’. Las masas, por el contrario, avanzarán cada vez más con la reivindicación de la república, de la cual los intelectuales de moda se mofaban hasta hace pocos años. Los revolucionarios somos campeones, desde el comienzo, de la república y el derecho a la separación nacional. En materia de democracia, le ganamos al demócrata más pintado. Pero hacemos un agregado: ni una ni la otra tienen la capacidad de resolver la crisis del capital y de que la paguen los capitalistas. Por eso planteamos una república socialista y la unidad de los explotados de todo el Estado español y de Portugal bajo la forma de una Federación socialista de pueblos ibéricos.

Jorge Altamira


lunes, 5 de mayo de 2014

RAMIREZ TORRES Y EL PLAN DE SEDICIÓN - El show debe continuar


El show debe continuar
RAMIREZ TORRES Y EL PLAN DE SEDICIÓN

Un plan de sedición de la ultraderecha en lo absoluto se puede dejar pasar.

¿Y qué hace el gobierno? Puro discurso, aunque tiene su objetivo.

¿Qué hacemos nosotros los trabajadores?

La crisis económica en el país es de mucha envergadura, los despidos masivos y las suspensiones sin pago de salario es lo que viven hoy en carne propia los trabajadores luego de los acuerdos del gobierno con FEDECAMARAS.

Los aumentos en los precios a la cesta alimentaria siguen en ascenso y las tarifas del agua y el transporte ya se han comido los menos de 1.000 bolívares de aumento al salario mínimo para esperar en julio la de la factura eléctrica y un poco más allá el aumento al precio de la gasolina que para Maduro en forma desvergonzada no es un aumento sino una “adaptación”. O sea, una “adaptación” que nos despojará más del bolsillo de lo que ya han venido quitando los capitalistas con la crisis por ellos creada y que pretenden, junto al gobierno, que seamos nosotros los que paguemos estoicamente sus costos.

En Carabobo los trabajadores han dado unos pequeños pasos, para responder ante la crisis. Dos días de actividades,  el 30 de abril, una jornada simultánea, apoyada por más de 30 sindicatos, denunciando en las cuatro inspectorías del trabajo del estado (dos en Valencia, una en Guacara y la otra en Puerto Cabello) las gestiones anti-obreras de los funcionarios del trabajo, sobre todo a favor de los despidos y las suspensiones de actividades sin goce de salarios. Luego, el 1ro de mayo, marcharon por su salida, con sus consignas para que la crisis la paguen los capitalistas. Demuestra esto que hay que organizarse y unirse con base a propuestas de lucha propias a nivel nacional.



Ramírez Torres plantea más circo ante la falta de pan, que es lo que se observa de todo esto, para tapar el ajuste económico a los trabajadores y al pueblo llano con los acuerdos del gobierno y FEDECAMARAS, circo que no le da salida a la crisis política ni dándole concesiones favorables a la MUD, así los denuncie en forma pública mientras todo sigue igual o empeora. Maduro, por su parte, no dejó de hacer su parte en este melodrama barato que incluyó lágrimas en vivo al dirigirse a los trabajadores el 1° de mayo: “Estoy seguro que el pueblo decretaría una huelga general y se iría a la insurrección cívico militar”, señaló. Puro efectismo desde el alto gobierno pero el ajuste a los trabajadores va a troche y moche para salvarse ellos y también los capitalistas de la crisis.

La salida la tenemos que forjar los trabajadores con alternativas de lucha, con independencia política como clase obrera por nuestro propio gobierno, el gobierno de los trabajadores, el único capaz de impedir  la sedición de la derecha fascista y de la burguesía y a la vez que obligue a pagar a los capitalistas por la crisis que han creado.

Si la clase obrera no responde ante la crisis, la derecha se apoderará del descontento popular.



viernes, 2 de mayo de 2014

Movilización permanente contra la especulación y la escasez, por el salario y por el empleo


PRENSA OPCIÓN OBRERA 28 EXTRAORDINARIO MAYO 2014

Movilización permanente contra la especulación y la escasez, por el salario y por el empleo

Mientras el costo de la vida cada día aumenta, el gobierno acuerda medidas con la máxima cámara empresarial, complaciéndolos para salir de la crisis económica, lo que indica que será a costa de más desgracia para los trabajadores.





La llamada por el gobierno, “inflación inducida”, ¿no es inflación? El gobierno trata de excusar su incapacidad atribuyendo que la inflación es generada al margen de ellos. En ese caso, el gobierno no pudo evitarla terminando siendo cómplices de los que la crearon, y lo peor, ahora es abiertamente promovida por el gobierno, en un llamado Pacto de Caballeros que permite elevar los precios exigidos por los empresarios. La cosa se extiende, ahora les ofrece ejecutarles, por lo menos, un 30% de su deuda en dólares aprobados por el extinto CADIVI usando de financiamiento para sus inversiones privadas al FONDEN (excedentes del ingreso por ventas de petróleo), la deuda del Estado con el Fondo Chino y fondos provenientes de acuerdos con Alba-Mercosur. Con una maroma financiera el gobierno pretende que salven los capitalistas en su crisis entregándoles lo que con más endeudamiento externo se consiga para así terminar pagándolo por partida doble los trabajadores y el pueblo con más devaluación, más inflación y menos salarios.

Los indicadores de la inflación anuncian que en febrero fue del 2,4% y en marzo del 4,1%, con un nuevo esquema de “maquillaje” con el fin de evitar un ajuste de salarios pactado en los convenios colectivos y en sus ajustes por decreto. La inflación anualizada a marzo de los alimentos ya es de 79,2%; los alimentos junto a los restaurantes son el 54,6% del peso ponderado del conjunto de rubros medidos por el INPC.

El 2013 cerró sus resultados económicas respecto al 2012 desastrosamente, el PBI bajó del 5,6% al 1,3%.

El sector petrolero bajó del 1,1% al 0,9%, y eso con las mayores reservas del mundo. Pudo haber sido peor si no hubiera resultado siendo beneficiado con la devaluación.

El no petrolero bajó de 5,5% a 1,8%. El comercio de 9,1% a 3,4%.

Con tasas negativas, es decir decrecimiento neto, la construcción de un +16,6% en el 2012, para un -2,3% en 2013.

La manufactura decreció en el año -0,3%.

La minería en -21,1%.

El transporte y almacenamiento en -3,3%.

¿Cuáles sectores crecieron en el 2013? Telecomunicaciones en un 6,5%, pero el de mayor impulso, el sector no productivo y más parásito: las instituciones financieras y seguros con 21,6%. Tanto que si el crecimiento de ese sector hubiese sido menor al obtenido el PIB venezolano para 2013 hubiese sido negativo. La alta tasa de aporte al PIB por parte de la banca y los seguros expresa otra contradicción bárbara de un pretendido gobierno “socialista”, chuparon todo lo que pudieron del endeudamiento interno desde el gobierno para cubrir los gastos extraordinarios fuera de presupuesto además que volvieron a duplicar sus utilidades respecto al 2012 con toda la liquidez que echó el gobierno al mercado interno mermando las reservas internacionales en 9.000 millones de dólares en apenas un año. En el primer trimestre del 2014 sigue la transfusión para el capital, la banca tuvo ganancias de 15.273 millones de bolívares, un 67% respecto al mismo trimestre del año pasado.

La crisis económica conduce a un mayor déficit  fiscal por falta de producción, pago de intereses y amortización de deuda externa, y aumento de las importaciones. Aunque el precio del petróleo el pasado año superó los 90 dólares, el sector público continuó acelerando el endeudamiento, que en 12 meses creció 9%. Las cifras oficiales revelan que en 2012 la deuda del Gobierno Central y de PDVSA cerró en 144,8 millardos de dólares y en 2013 ese saldo subió a 158,5 millardos de dólares.

Se engaña a los trabajadores y al pueblo que poco o nada tiene cuando se omite o se minimiza la grave situación económica oficial. No se pueden llamar a sí mismos “socialistas” los responsables de esta debacle económica porque no hay un ápice de sacrificio socialista –sí de sacrificio social para provecho de los empresarios–, todo aquí funciona estructuralmente, los demás es verso, mediante relaciones de producción capitalistas. La actitud contrarrevolucionaria es mantener paralizados a los sindicatos o desgastarlos mediante ofrecimientos de cartas, pliegos y peticiones a las asambleas legislativas regionales o la asamblea nacional, o la vicepresidencia, o los ministerios para que no respondan satisfactoriamente nunca.

Se necesita luchar por la independencia política de los trabajadores. Hay que crear una nueva dirección para el movimiento obrero, clasista y combativo. Impulsemos un plan de lucha de UNETE y  los sindicatos por un salario mínimo igual a la cesta básica familiar, aumento general de sueldos y salarios y cese a los despidos. Hay que construir una alternativa obrera y verdaderamente socialista para que el movimiento obrero rompa con todos los partidos que defienden al capital y al Estado, para dar expresión política a miles de trabajadores y jóvenes que están hartos del sometimiento a directivas sindicales o políticas con gestiones estériles que desaniman y frustran a los trabajadores.

El objetivo es para preparar así la lucha contra el paquetazo, y crear un Frente de Izquierda y de los Trabajadores, por un gobierno de los trabajadores.