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lunes, 3 de octubre de 2016
Colombia: la paz en los tiempos de cólera
Colombia: la paz en los tiempos de cólera
Derrota electoral de los acuerdos
El 'No' a los acuerdos de paz obtuvo seis millones de votos y se impuso en Colombia por una ligera diferencia en un plebiscito marcado por una abstención del 60%.
Con estos resultados, el proceso no se rompe, pero sí ingresa en una nueva etapa.
Los resultados sorprenden, antes que nada, por el enorme frente que impulsaba el voto por el 'Sí'. En este revestían desde el presidente Juan Manuel Santos hasta el Partido Comunista, pasando por un arco internacional que iba desde Obama hasta el castrismo, incluyendo a la Unión Europea y el Vaticano.
En los días previos a los comicios, el Papa atacó abiertamente al ex presidente Alvaro Uribe, el principal crítico de los acuerdos, que batalló en soledad por el 'No' y se erige como el vencedor de la jornada.
Ni el espaldarazo de quince jefes de Estado ni el pronunciamiento por el 'Sí' de los artistas más populares del país (Shakira, Juanes, Carlos Vives, Aterciopelados), e inclusive de leyendas vivas del deporte como Carlos Valderrama o René Higuita, alcanzaron para torcer la apatía y el malestar de la población.
El profundo descrédito de Santos, cuya impopularidad por las políticas de ajuste y la situación económica asciende según algunas encuestas al 76%, ha sido una hipoteca ilevantable para el frente político impulsor del 'Sí', por más que la guerrilla termine siendo usada como chivo expiatorio ante los malos resultados.
Cabalgando sobre la impopularidad de su ex socio en la masacre de la guerrilla y de los campesinos colombianos, Uribe ha conseguido recuperar terreno luego de un largo período de aislamiento político.
El plebiscito marca, seguramente, el fin de la esperanza de Santos en un nuevo mandato. Fue por lana y terminó esquilado, como Cameron en otro reciente y disonante plebiscito -el que consumó el “Brexit”.
¿Se dobla pero no se rompe?
El rechazo a los acuerdos de paz registra un antecedente. En Guatemala, un plebiscito arrojó un triunfo del 'No' a los acuerdos con la guerrilla en 1999 (donde también hubo una abstención descomunal, en este caso del 80%), pero éstos siguieron adelante de todas formas.
Aquí también, intereses muy importantes motorizan el proceso como para dejar que sean entorpecidos por la 'voluntad popular': los titulares del FMI, el Banco Mundial y el BID estuvieron presentes en la firma de los acuerdos en Cartagena. La pacificación del campo colombiano ofrece al gran capital una oportunidad de negocios.
Y es sólo un aspecto, porque el proceso colombiano aparece imbrincado también con la apertura cubana.
Por eso, Santos ha anunciado la convocatoria a todas las fuerzas políticas del país, incluyendo al uribismo, para encauzar el proceso.
Durante la campaña, el uribismo atacó lo que serían en su opinión la impunidad y los privilegios que obtendrían los guerrilleros de las Farc: penas benignas a cambio de información, representación política asegurada en el Parlamento, etc.
Es probable que el triunfo del 'No' sea utilizado para forzar aún a mayores concesiones por parte de la guerrilla, que ha postulado su integración indeclinable al orden democrático en su reciente X Conferencia, donde colocó como techo el “mejoramiento de la democracia burguesa”.
Las Farc han expresado su voluntad de mantener las negociaciones.
'Paz tardía'
Desde un punto de vista político, el proceso de paz en Colombia forma parte de un operativo más general para forjar una arena común entre nacionalistas y derechistas del subcontinente, bajo el patrocinio del capital internacional.
Esta tentativa, sin embargo, tropieza con el volcán social y político sobre el que se asientan dichos regímenes, y que incluyen importantes procesos de resistencia de las masas.
Los resultados del plebiscito colombiano confirman que los acuerdos de paz colombianos han llegado demasiado tarde.
Gustavo Montenegro Partido Obrero Argentina
03 10 2016
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Juan Manuel Santos,
Plebiscito
miércoles, 9 de diciembre de 2015
VENEZUELA: UNA CRISIS ENORME DE PODER Y DEL ESTADO
VENEZUELA: UNA
CRISIS ENORME DE PODER Y DEL ESTADO
La
confirmación de que la oposición ha obtenido el 66% de los escaños de la
Asamblea Nacional ha creado, en Venezuela, un impasse político insuperable.
Esta mayoría doblemente calificada otorga al Parlamento la facultad de
neutralizar la acción del Poder Ejecutivo e incluso de proceder, a término, a
su destitución. Se ha creado una suerte de doble poder en el marco de una
crisis económica de características catastróficas. Las manipulaciones
electorales del oficialismo para conseguir un empate parlamentario potenciaron
a la oposición derechista, que ganó en las circunscripciones sobre
representadas por la reforma electoral.
El
chavismo ha respondido a este impasse excepcional duplicando las apuestas,
puesto que se ha apresurado a anunciar que no otorgaría una amnistía a los
presos con condena judicial firme que pertenecen a la oposición, algo que haría
en menos de un mes el nuevo poder legislativo. La oposición, por su lado, ha
ofrecido al gobierno la ejecución de un plan que haga frente al derrumbe
económico –un planteo maniobrero que no tiene viabilidad, uno, porque
implicaría un ajuste violento que el oficialismo no tiene condiciones de
aguantar, y, dos, porque chocaría en forma violenta con el entramado de la
burocracia chavista con los negocios del Estado. Los resultados extraordinarios
de las elecciones limitan seriamente una solución militar al impasse que se ha
creado: no sería viable si no transfiere el gobierno a la oposición triunfante
–por ejemplo convocando a elecciones ejecutivas inmediatas.
El
sector mayoritario de la oposición tiene conciencia de que este impasse podría
desembocar en una explosión social y política que no desea de ninguna manera.
Por eso ha caracterizado a su victoria como un “voto castigo”, lo cual implica
que no adjudica al voto que ha obtenido un mandato para que se postule como
alternativa política inmediata al chavismo y al Ejecutivo. El líder opositor
Henrique Capriles ha reiterado, en esta línea, el reclamo de que “el gobierno
cambie”, esto para evitar “cambiar el gobierno”. La fracción de opositores que
encabezan el encarcelado Leopoldo López y María Corina Machado plantea pasar a
la vía de los hechos. En los actos de celebración de la victoria electoral,
unos y otros marcharon separados. La fractura del Estado que han dejado al
desnudo los resultados electorales incorpora la división dentro del oficialismo
y dentro de la oposición. La llamada ‘comunidad internacional’ presiona por una
‘salida dialogada’, precisamente porque teme una explosión social, con total
conciencia de que es inviable y que tendrá que encauzar una situación con
implicancias revolucionarias.
La
evolución de los acontecimientos en Venezuela muestra las limitaciones e
incluso la falacia de que América Latina estaría atravesando “un cambio de
ciclo” –del ‘populismo’ al ascenso de ‘una derecha moderna’, o directamente al
‘ascenso de la derecha’, como asegura una izquierda políticamente inestable. El
mundo giraría, así, entre dos polos, cuyo centro de gravedad sería la vigencia
del capitalismo; las tentativas nacionalistas son tomadas como el equivalente a
una revolución social. Venezuela, por el contrario, deja expuesta otra
cuestión: la crisis e incluso la inviabilidad del Estado realmente existente y
de las relaciones sociales capitalistas. El chavismo fue una respuesta a las
situaciones revolucionarias potenciales que planteó el caracazo de 1989, que al
dejar al desnudo sus limitaciones insalvables devuelve al país a sus
condiciones iniciales pero con la proyección superior que supone el agotamiento
de esta experiencia y la crisis capitalista mundial. Una restauración al
‘status quo ante’ amenaza desatar una crisis revolucionaria superior a las del
pasado. De lo que se trata ahora es de ofrecer una línea de acción a los
trabajadores frente a estas nuevas circunstancias históricas. El izquierdismo
inestable (centrismo) propone, en cambio, el seguidismo al chavismo o al
kirchnerismo cuando las limitaciones de estos movimientos circunstanciales e
improvisados han alcanzado la estación terminal.
La
crisis que se ha abierto en Venezuela incorpora a América Latina en la crisis
internacional en curso. La bancarrota del chavismo como el de sus asociados en
el continente está vinculada al derrumbe del precio de las materias primas –ella
misma relacionada con la velocidad que ha adquirido la crisis capitalista en
China, a su vez afectada por la profundización de la bancarrota mundial. No hay
‘restauración’ que ponga remedio a esta situación –simplemente la puede
convertir en explosiva. El alcance del chavismo acompaña la curva del precio
internacional del petróleo. La crisis desatada por las elecciones desatará una
nueva pugna por el petróleo venezolano –una réplica de lo que ocurre en el
Medio Oriente. El destino de Pdvsa y el desarrollo productivo del Orinoco replicará
lo que ocurre con Petrobrás. La asociación de Pdvsa con capitales europeos y
chinos ha sido inútil para desarrollar productivamente las reservas del país;
ahora volverán a la pelea los capitales norteamericanos. El derrumbe del
chavismo convertirá a Venezuela y a América Latina en campo orégano de la
disputa por nuevos repartos de recursos y territorios entre las potencias
capitalistas.
Lo
ocurrido en Venezuela podría afectar las negociaciones de Colombia con las
Farc, y por sobre todo el alcance de lo que se acuerde. La mitad de la
oposición venezolana es uribista. El gobierno Obama acaba de reforzar con el
presidente Santos el Plan Colombia y el desarrollo de las bases militares.
También afecta la llamada ‘normalización’ de las relaciones entre Estados
Unidos y Cuba. Se trata de que la izquierda caracterice en forma adecuada la
fractura de estas supuestas alternativas para alcanzar la ‘estabilidad’
internacional y oriente con un programa y una organización a los obreros y
campesinos. Cuando Capriles habla de ‘voto castigo’ está reconociendo que el
electorado no ha asumido posiciones derechistas sino que ha reaccionado
empíricamente, debido a una falta de preparación política previa, a una
situación política y económica desesperante. Las masas pagan el seguidismo de
sus direcciones al nacionalismo. Esto ha ocurrido también en Argentina, donde
Scioli y Macri obtuvieron para sus listas solamente un tercio de los votos,
respectivamente, y aun estos como votos en contra más que a favor.
En
Venezuela (como también en Brasil, Argentina o Ecuador y Bolivia) hay un
movimiento obrero clasista importante. Se encuentra, sin embargo, en una
encrucijada, porque en nombre de una ‘lucha contra la derecha’ podría renunciar
a una acción política independiente, como en gran parte ha ocurrido hasta
ahora. Las distintas expresiones del nacionalismo de contenido burgués de esta
etapa han entrado en declinación irreversible. La vanguardia de ese movimiento
obrero clasista debe caracterizar adecuadamente el momento actual: fractura del
Estado y la economía capitalista y una tendencia a la explosión social o
situaciones pre-revolucionarias. La consigna del día es convocar a ese
movimiento obrero a formar partidos obreros independientes y a introducir el
tercer factor político consciente en la crisis enorme que se ha abierto.
Jorge
Altamira
jueves, 8 de octubre de 2015
El apretón de manos de Santos y las FARC
El apretón de manos de Santos y las
FARC
En
el contexto de la última gira papal por Cuba y Estados Unidos, se acordó en La
Habana la creación de una Jurisdicción Especial para la Paz que contempla penas
reducidas para los involucrados en el conflicto. El contenido del acuerdo, sin
embargo, ha desatado una fuerte controversia pública entre ambas delegaciones.
Hay muchos puntos de esta justicia transicional que no están claros, por
ejemplo cómo se designarán los jueces y si dicho tribunal podrá juzgar a ex
presidentes (Uribe). Muchos analistas discuten también la pertinencia de
amnistías o reducción de penas para la guerrilla, omitiendo la impunidad de la
burguesía y de los paramilitares y el ejército, o sea del aparato estatal, en
el desplazamiento de millones de personas y en la expropiación de tierras
campesinas y crímenes durante el conflicto.
Las
FARC deben desarmarse dos meses después de sellado el acuerdo definitivo. La
integración de la guerrilla al orden 'democrático' se ha transformado en un
objetivo estratégico, como lo resume el punto 10 del reciente acuerdo: "La
transformación de las FARC en un movimiento político legal es un objetivo
compartido, que contará con todo el apoyo del gobierno en los términos que se
acuerden" (El Tiempo, 26/9). En función de este objetivo, los acuerdos
previos sobre participación política habían comprometido ya una serie de
garantías y circunscripciones territoriales especiales con acceso a la Cámara
de Representantes.
Conflicto en
el "posconflicto"
Mientras
con una mano Santos negocia el acuerdo, con la otra refuerza el aparato militar
con apoyo de los Estados Unidos y la Otan. El objetivo son "las amenazas a
la seguridad que pasarán a primer plano tras el desarme de las Farc,
principalmente los guerrilleros que no se desmovilicen" (Clarín, 26/9). La
experiencia de otros procesos de desmovilización demuestra que el desarme puede
dilatarse por años, como en el caso de El Salvador. Al mismo tiempo, todavía no
se han iniciado las negociaciones con la guerrilla del Ejército de Liberación
Nacional (ELN). En cualquier caso, el aparato represivo del Plan Colombia
permanecerá intacto y uno de sus máximos exponentes seguirá siendo el
presidente de la República.
Motores
El
avance del proceso de paz ha tenido por motores el alineamiento de una
constelación de intereses agrarios, petroleros y mineros, que vislumbraron a
partir del acuerdo un desarrollo de importantes negocios en el campo, de un
lado, y la apertura cubana, del otro. El enviado estadounidense a las
conversaciones de paz, Bernard Aronson, lo postula como un imán para las
inversiones, y la directora del FMI, Christine Lagarde, como "las bases
(...) para mejorar el clima de negocios" (La Nación, 4/10).
Pero
dado que el ciclo de alza de los commodities ha finalizado, podríamos asistir a
una 'paz tardía'. El retroceso en sus filas combatientes empujó también a las FARC
a sentarse a la mesa de negociaciones, pese a sufrir durante buena parte del
proceso la continuidad de los bombardeos y emboscadas del ejército.
Asistimos
al final de una lucha armada no revolucionaria, que reemplazó la acción
histórica independiente del proletariado por el foquismo y adoptó (desde su
programa agrario de 1964) una política de convocatoria a la burguesía nacional
que actualmente se expresa en su reivindicación del chavismo. La revolución
social exige una fuerza política pegada a la clase obrera y una delimitación
implacable del nacionalismo burgués.
Gustavo
Montenegro
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viernes, 25 de septiembre de 2015
Francisco, en arenas movedizas
Francisco, en arenas movedizas
La
visita del Papa a Cuba y Estados Unidos es una tentativa por dar un nuevo
envión al proceso de deshielo, que, sigue transitando por arenas movedizas. La
gira papal cuenta con el beneplácito y el aval favorable de los gobiernos de
ambos países, que por distintas razones,
apuntan a su propio frente interno.
Transcurrido
más de un año desde el anuncio del acercamiento diplomático entre Estados
Unidos y Cuba, el bloqueo norteamericano sigue en pie. La reapertura de las embajadas,
dos meses atrás, así como otros pasos en la aproximación entre ambas naciones
no pueden omitir esta circunstancia.
Francisco,
en su estadía, no condenó el embargo. "El bloqueo –afirmó– es parte de una
negociación, ya que ambos presidentes están hablando de eso" y dijo que su
deseo era "que se alcance un acuerdo que satisfaga a las partes"
(Clarín, 23/9).
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Mientras
el embargo persiste, las medidas de acercamiento diplomático se limitan a las
prerrogativas ejecutivas de Obama.
Washington
acaba de anunciar una serie de disposiciones que están diseñadas "para
apoyar al sector privado cubano emergente", según palabras de la
secretaria de Comercio de Estados Unidos.
Bajo
las nuevas reglas, los estadounidenses podrán establecer y mantener presencia
física en Cuba, como una oficina o un almacén, en sectores como el
periodístico, agrícola y de la construcción, correo y envíos postales,
telecomunicaciones y empresas de viajes, entre otros. Además, los negocios que
se instalen en la isla podrán contratar a ciudadanos cubanos y mantener cuentas
bancarias allí. En el sector de las telecomunicaciones e Internet, los
estadounidenses podrán prestar servicios en asociación con entidades cubanas.
En cuanto a los viajes, el transporte marítimo entre Estados Unidos y Cuba será
autorizado por licencia general, y no caso por caso como antes. Además, se
amplían las categorías que permitirán a familiares cercanos viajar a Cuba y
quedan eliminados los límites a las remesas en favor de los cubanos residentes
en la isla con parientes en el exterior.
Extorsión
Algunos
analistas han señalado que, mediante estos avances, la Casa Blanca pretende
terminar la resistencia de sus opositores en el Congreso y colocarlos ante un
hecho consumado. Pero lo cierto es que las negociaciones proceden en un marco
de extorsión: el levantamiento del bloqueo está condicionado a las concesiones
que el imperialismo arranque a Cuba. Obama no se priva de usar los obstáculos
que enfrenta internamente, para reclamar a las autoridades de la isla una
aceleración en la apertura cubana a las finanzas y el comercio norteamericano.
De acuerdo con las informaciones conocidas, Obama reclama la libre instalación
de bancos norteamericanos en Cuba y, del mismo modo, de inversiones en sectores
estratégicos de la economía.
Entre
tanto, el acercamiento cubano-norteamericano progresa en las relaciones
internacionales y en especial en el convulsivo escenario latinoamericano. El
régimen de los Castro ha tenido y sigue teniendo un papel clave en las conversaciones
de paz entre las FARC y el gobierno colombiano. Asimismo, La Habana viene
interviniendo activamente, con el guiño de la Casa Blanca, para pilotear la
crisis en Venezuela, y evitar que la situación se desmadre y encausar una
transición del chavismo que es terminal.
El
gobierno de Obama aspira a llevar esta colaboración a un plano superior,
reincorporando a Cuba a la OEA. La integración cubana a los foros y organismos
internacionales dominados por el imperialismo apunta a la cuestión estratégica
de un cambio en la naturaleza social del régimen castrista.
Transición
Por
lo pronto, la Iglesia trabaja activamente en esa dirección, ayudando a lubricar
las tensiones sociales de una transición. Este papel que se reserva la Iglesia
cuenta con el aval de la propia dirección cubana. En Cuba, la diferenciación
social que se ha desarrollado con el sistema burocrático es el factor histórico
fundamental del convite al capital extranjero. La apertura es la salida social
ascendente para esta casta privilegiada de funcionarios. Como Estado que ha
expropiado al capital, Cuba reivindica un gran sistema de salud y de educación,
pero su régimen laboral se asemeja al de los sistemas de mayor explotación
social. Se trata de un campo orégano para el capital internacional.
Esto
es lo que explica que las relaciones entre el régimen castrista y la jerarquía
eclesiástica estén en su punto más elevado. El Papa no recibió en su estadía a
los disidentes. Raúl Castro acaba de anunciar la devolución a la Iglesia
Católica de los 80 templos expropiados durante la revolución, lo que va de la
mano con una generosa libertad para el accionar de la curia con la que no
cuentan, en cambio, otras franjas opositoras.
Final abierto
La
burocracia cubana aspiraba a emular el "modelo chino". Esa
expectativa ha quedado definitivamente pulverizada cuando se asiste al derrumbe
del gigante asiático. Las esperanzas de un torrente de capitales a la isla son
fantasiosas porque estamos viendo una persistente fuga de capitales de los
países emergentes y hay una retracción de las inversiones y negocios,
consecuencia de la actual bancarrota capitalista mundial. Las concesiones
económicas y sociales que el capital reclama no irán de la mano de las
supuestas ventajas que se pregonan al llamar a abrirle paso a la apertura. Cuba
enfrenta, por lo tanto, una transición tormentosa.
En
el plano inmediato, la extorsión actual a la que Cuba es sometida en el marco
de las negociaciones, pone a la orden del día la necesidad de un programa, que
permita a los explotados cubanos hacer frente al chantaje capitalista y
defender sus intereses: por el levantamiento incondicional del bloqueo, por
sindicatos independientes libremente elegidos para defender los derechos de los
trabajadores, por la defensa de la salud y la educación gratuitas mediante una
gestión directa de los trabajadores. La defensa, asimismo, de una economía que
aún es planificada, supone el monopolio del comercio exterior y de los bancos.
Pablo
Heller
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viernes, 13 de marzo de 2015
Obama amenaza a Venezuela
Obama
amenaza a Venezuela
Obama acaba de protagonizar otro acto
de injerencia imperialista en una nación latinoamericana. El decreto que
declara a Venezuela como una "amenaza a la seguridad nacional y la
política exterior" es un verdadero atropello a la soberanía nacional. Es
una extensión de una ley que ha votado el Congreso de mayoría republicana. La
amenaza la esgrime, en realidad, Estados Unidos, que es una gran potencia,
contra una nación de desarrollo económico y militar considerablemente inferior.
Las invocaciones democráticas para justificar el decreto son (como siempre)
pura apariencia, pues su objetivo explícito es intervenir en el desarrollo
político de Venezuela a favor de los intereses del imperialismo yanqui. El
demócrata afroamericano no encontró una sola palabra hasta ahora para condenar
el movimiento opositor de derecha, que ha declarado su finalidad de producir el
derrocamiento a corto plazo del gobierno chavista mediante acciones directas.
El decreto sanciona con medidas de
embargo a siete funcionarios de alto rango, aunque las autoridades de Venezuela
han desmentido que tengan activos en el exterior. El senador republicano y
lobbista anticubano Marco Rubio se quejó, sin embargo, de que no haya sido
sancionado el ministro de Defensa. La agresión de Obama no ha sido acompañada
por la Unión Europea. China hizo un llamado al diálogo entre los dos países, y
el presidente de la Unasur advirtió contra la 'radicalización de los ánimos'.
El decreto intervencionista se dicta
luego de un colosal fracaso de la Unasur para reunir en una mesa de negociación
al oficialismo y a la oposición. Para un sector de esta última, las medidas
represivas del gobierno, con un carácter indiscriminado, advertirían de una
intención del gobierno de amañar las elecciones parlamentarias, previstas para
septiembre próximo, de modo que aseguren una mayoría artificial para el
chavismo. Para la derecha, esas elecciones serían su última posibilidad de
voltear al gobierno mediante un juicio político a cargo de una mayoría
legislativa propia. Numerosos especialistas en opinión pública señalan que la
oposición ha perdido respaldo popular en la etapa reciente, incluso cuando la
imagen pública del presidente Maduro se arrastra por los suelos. En definitiva,
el pretexto para el decreto de Obama es la caracterización de que el gobierno
se orienta a un auto golpe, que podría favorecer las condiciones para
enfrentamientos armados. Es lo mismo que, hace dos semanas, había advertido el
uruguayo Mujica. Esto no cambia un ápice la naturaleza imperialista de la amenaza
contra el gobierno de Venezuela.
Aunque, como es obvio, el gobierno de
Cuba y el mismo Fidel Castro han repudiado la intervención norteamericana, no
se observa, de otro lado, que el decreto en cuestión haya alterado el proceso
de normalización diplomática entre los dos países. Tampoco ha ocurrido eso con
las negociaciones de Colombia con las Farc; al revés, el presidente Santos
aseguró que iban por buen camino, en una reciente gira a España. No se debería
excluir, entonces, que uno y otro país hayan sido advertidos de antemano del
dictado del decreto ejecutivo por parte de la cancillería norteamericana.
La agresión diplomática de Estados
Unidos ocurre, asimismo, cuando la derecha republicana ha salido a defender a
Netanyahu, que acaba de anular el compromiso del estado sionista de admitir la
formación de un estado palestino. En la misma agenda figuran el rechazo a
cualquier acuerdo nuclear con Irán y la normalización de relaciones con Cuba.
Obama se ve obligado a cabalgar sobre una crisis al interior del estado
norteamericano. Los republicanos prevén que América Latina les podría ofrecer
un gran regalo: una sucesión macrista al kirchnerismo y hasta un juicio
político a Dilma Rousseff, lo cual desbarataría las veleidades autonomistas de
la burguesía del Mercosur. Es muy clara la transición política mundial que ha
incubado la victoria de la izquierda en Grecia y la acentuada crisis de la
unidad europea, por un lado, y los reveses sufridos por la UE y Estados Unidos
en su tentativa de apropiarse de Ucrania, por el otro. La bancarrota
capitalista mundial no cesa de acentuarse, con la yapa de la debacle de los
países emergentes, como consecuencia de la fuga de capitales y la caída de los
precios de las materias primas, cuyo punto más alto es la salida de 1 billón de
dólares de China, en medio de una crisis financiera fenomenal en la banca
paralela.
La respuesta de Maduro a la movida de
Obama y al fracaso de la mediación de la Unasur, ha sido reclamar una Ley
Habilitante para la seguridad nacional, lo que equivale a instaurar el gobierno
por decreto -pues ya existe ese régimen en materia económica. Nada de esto
pondrá fin a la catástrofe económica de Venezuela, que es alimentada desde las
propias entrañas de este régimen. El sistema de cambios de Venezuela es un
festival económico para los especuladores con conexiones con el aparato del
estado. El chavismo rechaza la nacionalización del comercio exterior. Las
nacionalizaciones realizadas se encuentran en bancarrota, a manos de sus
propios directivos oficialistas. En los blogs chavistas se denuncia, con mayor
frecuencia, tentativas de desnacionalizar las empresas estatales. La crisis
política limita la capacidad del gobierno de proceder a una unificación del
mercado de cambios, mediante una superdevaluación, y a una marcha atrás en la
industria estatal. A diferencia de lo que acaba de ocurrir con Argentina, China
se negó a extender un crédito de apoyo a las reservas internacionales de
Venezuela. Esto explica que haya empezado a vender sus reservas en oro. Un
gobierno por decreto es una amenaza para los trabajadores.
Jorge Altamira
sábado, 28 de febrero de 2015
VENEZUELA: GOLPISMO CRÓNICO
VENEZUELA: GOLPISMO CRÓNICO
Una de las características de la
historia de la Venezuela chavista es el estado de golpismo permanente. Luego de un comienzo
‘neoliberal’, con un ministerio de Economía afín a la línea del FMI, la
orientación nacionalista y la fisonomía bonapartista del nuevo gobierno
determinaron, en la oposición de derecha, una política que pusiera fin al nuevo
régimen en forma anticipada. El golpe cívico-militar de abril de 2002 y el
lockout petrolero y empresarial de fines de ese año no fueron excepciones a la
norma. La oposición de derecha boicoteó las elecciones y la pelea parlamentaria
hasta muy avanzado el gobierno chavista. Incluso cuando corrigió, con la
participación electoral, lo que llamó un “error político”, fue duramente
criticada por un ala de ella, que la acusó de “legitimar” al gobierno; la
tendencia golpista no dejó de estar nunca presente en la oposición, ni cuando
aceptó la disputa electoral. La injerencia internacional fue muy manifiesta en
el golpe de 2002, cuando intentó armar una “mediación” integrada por seis
países. En el sabotaje económico a partir de finales de ese año, los bancos
internacionales, sin embargo, en ningún momento dejaron de refinanciar los
pagos de la deuda externa. Hasta el día de hoy, el gobierno de Venezuela ha
tenido una relación excelente con la banca internacional y con las
corporaciones petroleras a las que se encuentra asociada Pdvsa en la cuenca del
Orinoco; en el caso del conflicto con Exxon aceptó pagar las indemnizaciones
establecidas por las sentencia de la justicia norteamericana.
El chavismo, de todos modos, no
se detuvo en los ‘buenos modales’ cuando la oposición se plegó, tardíamente, a
la pelea electoral: luego de las parlamentarias de 2011 intervino todas las
administraciones económicas bajo soberanía provincial o municipal, lo que dejó
a las autoridades electas por la oposición con un poder ceremonial. El golpismo
opositor fue reemplazado, en el escenario político, por el golpismo oficial. La
tendencia golpista y contragolpista del proceso político alcanzó a las fuerzas
armadas, con el pasaje a la oposición del general Baduel, nada menos que el
hombre que desbarató el golpe de 2002 y repuso a Chávez en el gobierno. Como
consecuencia de estos acontecimientos, Chávez convirtió a la fuerza armada venezolana
en un custodio político del régimen y en una barrera extra constitucional a
cualquier oposición política. Finalmente, cuando la oposición cuestionó la
legitimidad de las elecciones que Hugo Chávez (Nota de Opción Obrera: por error se menciona a Chavez cuando en
realidad se trata de Nicolás Maduro) había ganado a Henrique Capriles por
un margen mínimo, el oficialismo respondió con la prohibición del uso de la
palabra a los diputados que no rechazaran en forma pública ese cuestionamiento,
y recientemente con su expulsión de la Asamblea Nacional. Ni en el golpe de
2002, ni en el lockout masivo de 2002/3, el gobierno chavista recurrió a la
movilización popular; mucho menos a la ocupación de las empresas saboteadoras o
al armamento del pueblo. En el golpe de abril de 2002, la resistencia popular
surgió de abajo y fue despedida por Chávez con la recomendación ‘clásica’ de
replegarse de “casa al trabajo”. En el sabotaje petrolero, hubo una
movilización de petroleros clasistas en varias refinerías, que aseguraron de
este modo su funcionamiento.
Obama
Chávez había construido un
régimen plebiscitario secundado por las fuerzas armadas. Con Maduro la base
plebiscitaria se va pulverizando como consecuencia del desbarajuste económico,
el arbitraje político pasa a las fuerzas armadas y el gobierno aparece con dos
o más cabezas. La crisis de conjunto del régimen chavista precipita la nueva
onda golpista, que se inicia a principios de 2014 y que divide a la oposición.
El término golpista (o putchista) es completamente adecuado, pues convoca a
acciones de calle con el propósito declarado de derrocar al gobierno. Pasa a
una lucha extra legal, que denomina “la salida”, en oposición a la lucha legal
que sigue planteando el sector mayoritario de la coalición opositora. No tiene
un carácter revolucionario sino restauracionista – o sea que es reaccionaria
por su liderazgo y programa. Pero es un golpismo minoritario, cuya única
posibilidad de triunfo, como ocurrió en 1955 en Argentina, reside en una
defección política y militar al interior del chavismo. Tiene razón Maduro
cuando sitúa como usinas de ese golpismo minoritario a Miami y Colombia, pues
sus fogoneros son la derecha republicana y el uribismo colombiano. Pero es
precisamente por esta razón que este golpismo está condenado al fracaso, ya que
el imperialismo y la mayor parte de los estados latinoamericanos tienen todo apostado
al éxito del desarme de las Farc de Colombia, un operativo que cuenta con el
apoyo insustituible de Venezuela y de Cuba. Lo último que quisiera el gobierno
de Obama es una victoria de este putchismo; entre Maduro y Leopoldo López, para
decirlo en términos contundentes, Obama ‘se queda’ con Maduro. La preocupación
de Estados Unidos es que la descomunal bancarrota económica de Venezuela
produzca un cambio político hostil a las negociaciones del gobierno de Colombia
con las Farc.
El gobierno de Venezuela acaba de
imputar al intendente de Caracas, que pertenece al ala putchista, por intento
de golpe con militares en retiro y en actividad. El relato describe acciones
temerarias y criminales de características desesperadas, que los implicados sin
embargo niegan y el gobierno aún no ha probado materialmente. Enseguida, sin
embargo, la oposición de derecha se unificó en una posición de participación en
las elecciones parlamentarias de este año.
La insistencia, incluso por parte de los putchistas de la oposición, en
calificar como constitucional el reclamo que circunscribe a una renuncia de
Maduro, deja entrever que especula con una definición al interior del chavismo
que desplace a Maduro, que es objeto de críticas reiteradas desde las filas del
PSUV, por parte de la derecha pero en especial de la izquierda, ante la
catástrofe económica que no cesa de agravarse. Si la oposición obtuviera
mayoría parlamentaria, sería inevitable una renuncia de Maduro o la disolución
de la nueva Asamblea Nacional, que debería contar con respaldo militar. La
alternativa a esta opción sería la formación de un gobierno transitorio de
unidad nacional, cuyo antecedente se manifestó el año pasado cuando se
estableció una “mesa de paz”, bajo la mediación internacional y del Vaticano.
‘Boliburguesía’
La represión desatada por el
gobierno contra las ‘guarimbas’ (provocaciones callejeras) de la oposición no
apunta a desbaratar un golpe que aún no cuenta con el apoyo del imperialismo ni
de la corriente principal de la oposición derechista. En medio del
desabastecimiento y una cuasi hiperinflación que destruye las condiciones de
vida de las masas, es una advertencia contra cualquier intento de enfrentar al
gobierno por el lado de los reclamos populares. El gobierno denuncia una
“guerra económica” de las patronales, sin advertir que la base objetiva para
esa guerra es la desorganización económica impuesta por el gobierno y que gran
parte de ella tiene como protagonista a su propia “boliburguesía”. Es lo que ha
denunciado Jorge Giordani, ministro de Economía con Chávez. El chavismo ha
pagado a precios de oro las nacionalizaciones, que hoy vegetan como
consecuencia del saqueo que les ha impuesto la burocracia estatal. La
nacionalización del monopolio de las comunicaciones, Verizon, se hizo a precios
de Bolsa, varias veces arriba de su valor real; la de Sidor dejó en manos del
Estado todos los pasivos ocultos del grupo Techint. Han producido un desangre
del Estado y hoy son responsables del desabastecimiento y de la suba de las
importaciones. Se han financiado importaciones con la emisión de deuda pública,
que rápidamente fue convertida en deuda externa El sistema cambiario ha sido
una fuente de acumulación financiera descomunal, alentada por el Estado. Las
autorizaciones a importar, a 6.50 bolívares, son desviadas al mercado negro,
que cotiza hoy a 175 bolívares. Para desbaratar este sabotaje económico, el ala
izquierda del Psuv reclama la nacionalización del comercio exterior, o sea la
abolición del comercio privado de importación y el control obrero de la
industria nacionalizada - pero esto es incompatible con un gobierno entrelazado
con la acumulación capitalista. La izquierda del Psuv fustiga el “capitalismo
de estado”, pero no percibe que su superación está condicionada a la existencia
de una clase obrera independiente que dispute el poder a los “capitalistas de
estado”.
Independencia
En esta coyuntura de crisis
extrema, sería simplemente suicida el seguidismo al chavismo, que recurre a las
amenazas de golpe de la derecha para que la clase obrera siga soldada al carro
bolivariano. Ha bastado la caída del precio del petróleo para que “el
socialismo del siglo XXI” perdiera su base rentista de sustentación. Esto mismo
ha comenzado a golpear a los gobiernos bolivarianos de Bolivia y Ecuador, y al gobierno
‘trabajador’ de Brasil. Para que los trabajadores puedan derrotar un golpe de
estado de derecha, lo que hoy está en la agenda es la conquista de su
independencia política. Cuando la
represión estatal que se despliega contra la derecha, quede agotada por el
descalabro económico, el mismo régimen que denuncia un golpe acabará
estableciendo un compromiso con la oposición derechista.
Es urgente la convocatoria a
construir un partido obrero independiente en Venezuela.
Jorge Altamira
Referente del Partido Obrero
Sección argentina de la CRCI
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lunes, 13 de enero de 2014
COLOMBIA “LIBERÓ” A JULIÁN CONRADO
Prensa Opción Obrera 27 Enero - Febrero 2014
COLOMBIA
“LIBERÓ” A JULIÁN CONRADO
El gobierno venezolano ordenó la
¡Inmediata libertad! para Julián Conrado, a través de una instrucción de la
Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia, y a petición de la
fiscalía del Ministerio Público, luego que el gobierno colombiano retirara la
solicitud de extradición del militante de las FARC. Cuestión que, como vemos,
depende del recule colombiano porque de lo contrario Julián Conrado se pudre
detenido en el país.
El comunicado oficial del TSJ fechado
el 9 de enero de 2014, que reproduce la web de Agencia de Noticias Nueva
Colombia, ANNCOL, tradicional vocero de las FARC-EP, (anncol.eu, 10/01/2014),
establece que “La Sala de Casación Penal
del Tribunal Supremo de Justicia, en ponencia conjunta, declaró desistida la
extradición pasiva en contra del ciudadano de nacionalidad colombiana,
Guillermo Enrique Torres Cueter –alias Julián Conrado–, en virtud de que la
República de Colombia dispuso retirar y cancelar, con carácter inmediato, las
solicitudes de extradición requeridas al Estado venezolano “.
Una declaración de prensa por parte
del gobierno de Maduro (aporrea.org, 09/01/2014), dando cuenta del traslado de
Julián Conrado a Cuba como parte integrante de la Mesa de Diálogo de Paz entre
el Gobierno de la República de Colombia y las FARC, constituida en la ciudad de
La Habana, República de Cuba, dice proceder “en el marco de sus competencias constitucionales y legales” tras 2
años y medio de su detención, desconociendo la solicitud de asilo político presentada
por Julián Conrado al entonces ministro de relaciones exteriores, Nicolás
Maduro, el 20 de julio de 2011. La solicitud fue redactada en la tapa de un
libro y entregada a FUNDALATIN quienes luego la someterían formalmente ante la
cancillería venezolana y ante el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Refugiados (ACNUR), Mohamed Alwash, en la sede de la oficina de ACNUR en
Caracas (aporrea.org, 24/06/2013).
Ni la cancillería venezolana ni ACNUR
se pronunciaron durante ese tiempo siendo cómplices violatorios del derecho de
asilo y de elementales normas de derechos humanos. Julián Conrado fue detenido
en una operación conjunta del DAS colombiano y autoridades competentes
venezolanas, mientras se alojaba convaleciente de su precario estado de salud
junto con su compañera en una casa en Barinitas, Edo. Barinas.
La situación y ubicación de Conrado se
supo después de 62 días de realizado el secuestro, por una fuga de información,
una nota escrita por Conrado que un soldado custodio dio a conocer.
Esta detención fue realizada sin
ningún fundamento jurídico y violentando tratados del Derecho Internacional
Humanitario DIH, acordado entre los países capitalistas en los Convenios de
Ginebra en Agosto 1949 y suscrito posteriormente por Venezuela durante la
dictadura de Pérez Jiménez, lo que demuestra que son sólo papeles firmados a
conveniencia, letra muerta y que actualmente siguen esa tradición.
Con su llegada a Cuba un comunicado de
las FARC establece que “Mientras
atendemos su precario estado de salud, el mencionado compañero estará al margen
de actividades relacionadas con las conversaciones de paz” (aporrea.org,
10/01/2014).
POR
EL DERECHO AL ASILO DE LOS LUCHADORES EN CONTRA DE LOS GOBIERNOS CAPITALISTAS
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jueves, 27 de septiembre de 2012
Santos y las Farc negocian la paz bajo patrocinio de la ‘comunidad internacional’
Santos y las
Farc negocian la paz bajo patrocinio de la ‘comunidad internacional’
El
gobierno colombiano y las Farc se sentarán en octubre a negociar el fin del
conflicto armado, con el patrocinio de Noruega y Cuba, con Chile y Venezuela en
calidad observadores.
El
anuncio de las negociaciones fue saludado por casi todo el arco político
colombiano, incluyendo al Polo Democrático. Fundamental es el apoyo de Obama, o
sea que la negociación forma parte de la política mundial del imperialismo.
¿Podría fracasar una acción que reúne en la misma mesa a todos los matices de
la llamada ‘comunidad internacional’? Los obstáculos son enormes, pero una vez
tomada una decisión estratégica, deberán ser removidos por los cagatintas de la
diplomacia internacional. El mayor desafío que enfrenta esta tentativa es la
crisis internacional, que tiene la capacidad para alterar el escenario político
mundial, de un lado, y acentuar las luchas de masas por el otro. Este escenario
potencial ha sido, sin embargo, el incentivo principal para ir a estas
negociaciones, porque su finalidad última es asociar a los regímenes y fuerzas
políticas que tienen roces con el imperialismo, para defender un orden que se
convertiría en patrimonio común.
Las
Farc hacen una concesión fundamental, porque el proceso no incluye una tregua
en las acciones militares; o sea, habilita la continuación del hostigamiento
militar que mantiene la iniciativa en el terreno, aunque se supone que regirá
de hecho porque, de lo contrario, podría torpedear toda la negociación. Santos
se aseguró el apoyo de toda la cúpula militar que ha estado combatiendo a la
guerrilla. Asimismo, precedió las negociaciones con una ley agraria que prevé
el regreso de miles y miles de campesinos expulsados por capitales agrarios
asociados al ex presidente Uribe. Se busca reciclar la economía de la droga
hacia la producción agraria que pueda transformarse en biocombustibles. También
saludan la negociación los pulpos del petróleo, que verían eliminado el asedio
de los atentados a tubos de transporte y refinerías.
Con
la formalización de las negociaciones culmina el acercamiento iniciado hace
tiempo entre Santos y Chávez, o sea que integra al chavismo al orden
internacional establecido en América Latina. Por eso Obama declaró,
contradiciendo a Romney, que Venezuela “no representa una amenaza a la
seguridad de Estados Unidos”. Así, “el proceso de paz” en Colombia encuadra
políticamente a Venezuela. El gobierno de Caracas continúa entregando jefes del
narcotráfico con pedido de captura a Colombia, incluso a los que están acusados
de asociación con las Farc. Por una vez, Chávez y su rival, Capriles, se
encuentran en la misma onda.
Dificultades
Las
Farc obtienen, de hecho, el reclamo de ser consideradas una “fuerza
beligerante”, sistemáticamente negado por el militarismo y la oligarquía de
Colombia, pero llegan a esta instancia muy golpeadas tanto militar como
políticamente. Sufrieron miles de bajas durante la presidencia de Uribe, a lo
que se suma el aislamiento político en que quedaron sumidas con el
relanzamiento de las relaciones diplomáticas entre Colombia y
Venezuela-Ecuador, cuando asumió Santos. En esto reside una de las diferencias
principales con el frustrado proceso del Caguán, hace dos décadas, que incluía
la concesión a la guerrilla de una zona desmilitarizada del tamaño de Suiza.
Ahora, el diálogo no incluye ninguna cláusula de amnistía, y las fuerzas
armadas ni siquiera garantizan la detención de su accionar durante el proceso
de paz (siete integrantes de las Farc fueron asesinados cuando ya habían sido
anunciadas las conversaciones). Ha trascendido que emisarios del gobierno de
Santos llevaban entre doce y catorce meses de tratativas preliminares con
referentes de las Farc, en el mismo lapso en que eran abatidos algunos de sus
máximos dirigentes. El gobierno de Santos, de todos modos, llega también en
condiciones de crisis. El diario Vanguardia (31/8) advierte que la situación
económica desplazó a la seguridad como principal asunto de preocupación de los
colombianos. Enfrenta la presión de las luchas de petroleros, portuarios,
estudiantes e indígenas. Ha debido cambiar a casi medio gabinete.
Entre
las pruebas que este proceso deberá sortear, se encuentra la cuestión de la
tierra. Uribe y sus aliados paramilitares se han manifestado en contra del
proceso de paz pero, por ahora al menos, han quedado en minoría. La Federación
de Ganaderos se opone a que se discuta el problema agrario. Para el gobierno,
ese debate es más la oportunidad de un negocio que implica la puesta en valor
de centenares de miles de hectáreas bajo control guerrillero, que una concesión
a las Farc. Sintomáticamente, la mesa de negociación con los indígenas del
norte de Cauca se encuentra empantanada. Otro punto a tener en cuenta es la
propia descomposición de las Farc, que pone en duda la capacidad de su
secretariado nacional para encuadrar a toda la fuerza.
Mientras
que Obama promueve la negociación y el ex presidente Carter ha solicitado que
se quite a Cuba de la lista de países terroristas por auspiciar el proceso, un
ala del Partido Republicano, expresada en el Congreso por la dirigente de la
comisión de Relaciones Exteriores, Ros-Lehtinen, considera “alarmante el hecho
de que el régimen castrista reciba un papel de liderazgo en las discusiones”
(Terra, 4/9). Se trata, como puede verse, de un rechazo limitado, para las
tribunas. Romney y Obama expresan dos abordajes diferentes de la crisis
mundial, como ocurre en otros países, pero el Presidente lleva la batuta: el
capital se inclina por la emisión de dólares para rescatar a la banca, antes
que por salir a una cruzada antiobrera potencialmente fascistizante.
Negocios
En
esta orientación de encauzamiento, la revista Semana (1/9) indica una razón
“(de) puro pragmatismo económico: no sólo la violencia le cuesta a Colombia
entre uno y dos puntos del PIB, sino que el fin del conflicto con las Farc y el
Eln podría ahorrar otro tanto en gasto militar (entre 3.500 y 7.000 millones de
dólares al año)”. Un acuerdo mejoraría las posibilidades de proyectos como el
oleoducto binacional colombiano-venezolano hasta el puerto de Temuco u otros
negocios, como el TLC con Corea del Sur y el que está en proceso de negociación
con Israel. Una paz con las Farc se inscribe en todo este entramado
capitalista, en momentos en que Colombia ha desplazado a la Argentina del
segundo lugar dentro de las economías sudamericanas.
Otras
experiencias de desmovilización guerrillera resultaron exitosas para la
burguesía colombiana. Por caso, uno de los líderes del M19, Gustavo Petro, se
recicló como alcalde de Bogotá. El País (6/9) dedica un largo artículo a
analizar los vínculos de las Farc con el naciente grupo Marcha Patriótica. Para
Santos, el proceso de negociaciones implica un intento de posicionamiento como
líder regional y un paso hacia su reelección. La integración de las Farc a la
vida política forma parte de un fenómeno más vasto de contención al interior de
Colombia. Santos le ha concedido rasgo ministerial a la consejería presidencial
para el diálogo social y la movilización ciudadana, “en el que nombró al ex
dirigente sindical y ex alcalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón”, del Partido Verde
(AFP, 31/8). El diálogo actual, que se desarrollará entre Oslo y La Habana,
aspira a una integración similar en relación con las Farc, y pone de manifiesto
los límites políticos de la guerrilla colombiana en cuanto sujeto de una
transformación social.
Las
aspiraciones de las Farc en estas negociaciones, como son los derechos
políticos y una reparación parcial a los agravios sufridos por los campesinos y
otras aspiraciones sociales, no tienen nada de revolucionarias. Asistimos, de
este modo, al final de una lucha armada no revolucionaria, que hacía tiempo se
encontraba en su ocaso. El poder no se encuentra en la boca del fusil, ni la
violencia es sinónimo de revolución social. Ella solamente puede ser el
resultado de una acción histórica independiente del proletariado.
Gustavo
Montenegro
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