Hablemos en dólares
O el sueño de una noche de verano… literalmente
Ante la última devaluación anunciada por el gobierno, como se acostumbra a lanzarla previamente a los días feriados por el carnaval, los críticos continúan dilucidando entre los deseos de la unificación o varios tipos cambios.
Entre los extremos de los tipos de cambio autorizados la relación de un dólar preferencial a 6,30 Bs y el Sistema Marginal de Divisas (SIMADI) a 170 Bs al inicio, resulta en 2.700%; al mismo tiempo se autoriza la venta de dólares por parte de PDVSA y de la banca pública en ese mercado, que de marginal no tiene nada, mientras los salarios de los trabajadores petroleros tienden al mínimo y son inaccesibles a un dólar tanto para la tasa preferencial como la tasa intermedia, el Sistema Complementario de Administración de Divisas (SICAD) fijado al arranque en 12 Bs. Un trabajador devengando el mínimo mensual de 5.622 Bs necesitaría disponer de 9 meses de salario para convertirlos a 300 dólares, la transacción diaria establecida para adquirir “libres” y “legales” los dólares del otrora ilegal e innombrable dólar paralelo.
La unificación cambiaria, o lo que es lo mismo, una soberana mega devaluación, sería el objetivo al que TODOS quisieran llegar, tanto el gobierno como la oposición de derecha, por supuesto a costa de los trabajadores. Esa es la salida capitalista ordenada para la situación particular de Venezuela con 97% de los ingresos de divisas por parte del Estado y a un precio del petróleo muy bajo, pero resulta inviable para los costos del gobierno de turno, cualesquiera fuesen, por estas dos razones: el país tendría que producir pero como la producción es exigua la unificación tendería al infinito porque tendría que valorarse por menos mediante devaluaciones sucesivas, o como se dice popularmente, tendría que correr la arruga interminablemente; la otra sería sacar a flote el país capitalista, anclar el cambio, sobre la base de acabar su demagogia populista, enfrentar y derrotar la resistencia de los trabajadores y de las comunidades urbanas y campesinas. Sólo se impondría con una acentuación de la miseria, con drásticas rebajas de los ya devastados salarios reales y de las condiciones de trabajo. Ni que decir sobre las intenciones de los inversionistas y los acreedores que representan el capital foráneo, venga de donde sea, desde EEUU hasta la China. Todo el desespero, con conatos de golpe, obedece a sectores que quieren imponer estas medidas por la vía más expedita, la represión feroz se descuenta.
El dólar manda
El control de cambio es la respuesta nacionalista necesaria e indispensable a la descomunal fuga de divisas, aunque la misma lógica del capital permite que a pesar del control, sigan evadiéndose capitales tanto por los empresarios, nacionales o extranjeros, como por jerarcas civiles y militares de la administración pública a través de la habitual corrupción.
Para la muestra dos botones, una, los célebres 20 mil millones de dólares estafados a CADIVI, denunciados hasta por una presidenta del BCV, y la otra, la lista de los dólares preferenciales entregados por CADIVI, durante los 9 años que duró, donde los principales beneficiarios de más de 100 mil millones de dólares fueron los monstruos transnacionales como GM, Ford, Toyota, Chrysler, telecomunicaciones como Telcel, de consumo como Procter&Gamble, los grandes laboratorios farmacéuticos como Roche o Abbot, los de alimentos como Cargill, y el mayor emporio capitalista privado nacional, la POLAR, luego le suceden hasta las cadenas comerciales de línea blanca o de ropa importada.
Por el otro lado la crisis no se detiene, la situación empeora, “no hay salida capitalista” viable sin grandes derrotas al proletariado y a otros sectores combativos como los pueblos originarios y campesinos. Dolarizar la economía es decir imponer la moneda gringa; implica que los productos venezolanos tendrían que ser competitivos para colocarse en el mercado nacional y por supuesto, mucho más difícil, el internacional. La piedra de tranca sería el costo de los salarios en dólares, la debilidad de la economía venezolana se descargaría sobre el costo del capital variable, los salarios, en otras palabras, sólo con salarios de hambre pudiesen competir. Si tomamos como referencia el dólar SIMADI, 174Bs en estos momentos, el salario mínimo equivale a 32 dólares al mes. La austeridad contra la que lucha el pueblo griego sería las que nos impondrían.
El presidente del BCV, Nelson Merentes, fue muy explicito al indicar la importancia de fijar la tasa del SIMADI porque a su juicio ésta permitirá “equilibrar” el mercado de acuerdo a las necesidades de la economía. En estos tiempos de demagogia “socialista”, hay que remachar que la economía que se pretende rescatar, es la capitalista que condujo a esta crisis.
¿Para quién es el control de cambios? ¿Cómo quedan los empresarios?
Durante una entrevista en un canal privado, al presidente del Banco Central de Venezuela, Nelson Merentes, mediante una llamada telefónica Jorge Roig, presidente de FEDECAMARAS, le preguntó sobre el reconocimiento de la deuda con los acreedores que tiene el sector privado, a lo que Merentes respondió que el Gobierno Bolivariano la reconoce: “nos estamos reuniendo con el sector privado y nos estamos poniendo de acuerdo con los flujos financieros, de que ellos puedan pagar sus acreencias y nosotros ir limpiando progresivamente esto”. También dijo que el convenio cambiario será explicito, “dónde queda cada sector y cómo serán reconocidas esas acreencias que tiene el sector privado con sus acreedores. No habrá dificultad alguna, ya en el pasado se hizo y Roig lo sabe”.
El ministro para Economía, Finanzas y Banca Pública, Rodolfo Marco Torres, también sobre esto dijo: “A través de estos tres sistemas se busca dirigir las divisas a los sectores realmente productivos del país”.
Para los trabajadores, para la autentica producción nacional, en cuanto a recursos, sólo la nacionalización de la banca sin compensación es la respuesta, bajo control obrero para poder fiscalizar que sean dirigidos a las necesidades reales del país. Ante la devaluación, y la inflación que se pronostica para el 2015 muy por encima del 100%, un aumento general de salarios, un salario mínimo igual al a cesta básica familiar, y la escala móvil de salarios. Respecto al desangre que representan las importaciones, nacionalización del comercio exterior bajo control obrero para garantizar que se traiga del exterior lo necesario para echar a andar la producción nacional y lo que sea indispensable a las necesidades de los trabajadores y del país.
Concretar tales respuestas por los trabajadores pasa por defender con la lucha el derecho a la organización sindical, ante el Registro Nacional de Organizaciones Sindicales (RNOS) que lo niega, con el fin de alcanzar contrataciones colectivas que reivindiquen el valor de salario y de la fuerza de trabajo frente a la arremetida patronal de flexibilización laboral, despidos y suspensiones para no ver mermada su tasa de ganancia ante la crisis del capital.
SÓLO LA LUCHA DE LOS TRABAJADORES PUEDE HACER PAGAR LA CRISIS A QUIENES LA CREARON: LOS CAPITALISTAS.
José Capitán
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lunes, 16 de febrero de 2015
Hablemos en dólares
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domingo, 17 de febrero de 2013
El Bolívar, débil.
Prensa Opción Obrera 25 Enero - Febrero 2013
El Gobierno, inclusive disminuyendo los gastos, no puede cubrirlos con la recaudación de impuestos y la renta petrolera, por eso además del endeudamiento, la vía a otra devaluación también estará acompañada a disminuir el salario real con fines de evitarles menos sufrimientos a los dueños del capital sean comerciantes, industriales o simplemente usureros.
El
Bolívar, débil.
El bolívar, sin producción nacional no
tiene respaldo, peor aún, si las reservas caen y la demanda de divisas es cada
vez mayor debido al aumento sin parar de las importaciones. La producción interna disminuyendo
constantemente conduce a un bolívar más débil y la vía expedita a una
devaluación. Esto trae de la mano al gobierno con los capitales privados, los
primeros para generar más bolívares por dólar petrolero, y los segundos, para
seguir parasitando al Estado con dólares preferenciales, ambos son liquidadores
de la economía del país.
El 22 de enero de 2003 Hugo Chávez
decretó el control de cambio con el
objetivo de evitar la fuga de divisas y contener la inflación. De esa
fecha para acá han ocurrido devaluaciones al bolívar, la inflación no ha bajado
de dos dígitos, el mercado negro de compra de divisas ha permanecido por más
del doble del valor oficial, el IVA como el más regresivo de los impuestos fue
incrementado de 9 a 12%, y la fuga de capitales se mantiene con un promedio
anual de 20.000 millones de dólares.
Mientras el precio del barril del
petróleo, con un altibajo de menos de un año, ha mantenido records históricos
de precios altos también ha aumentado vertiginosamente la importación, el endeudamiento
tanto externo como interno, el déficit fiscal y … continua la fuga de capitales
promovido por el gobierno por la emisión
de bonos en dólares de Pdvsa y el Ministerio de Finanzas, o a través del Sitme,
un sistema donde las empresas compran tales bonos en dólares en el Banco
Central con la excusa de disponer de ellos para poder seguir importando.
El Gobierno, inclusive disminuyendo los gastos, no puede cubrirlos con la recaudación de impuestos y la renta petrolera, por eso además del endeudamiento, la vía a otra devaluación también estará acompañada a disminuir el salario real con fines de evitarles menos sufrimientos a los dueños del capital sean comerciantes, industriales o simplemente usureros.
Hay, por tanto, etapas claras en la
forma como el país interviene en el mercado mundial y en él con sus altas y
bajas. Cuando arranca el gobierno bolivariano en 1999 el precio del petróleo,
nuestra única fuente mayoritaria de divisas y de renta antes como hoy, estaba
por los suelos como consecuencia de los efectos recesivos de la economía
mundial y la innata dependencia a ella de los gobiernos cuartorepublicanos.
Hasta 2002 la política monetaria del gobierno bolivariano no se diferenció en
mucho de ellos: fuga de capitales y devaluaciones fueron la tónica esencial. La
respuesta con el control de cambios en 2003 es por el efecto de la intervención
imperialista en desalojarlo del poder al atacar con fiereza la industria
petrolera con el paro de finales de 2002 y principios de 2003. La recuperación posterior
de la economía mundial, por tanto de los precios del petróleo, culmina sin
embargo en 2007 con la quiebra de la banca norteamericana que arrastra a todo
el sistema financiero mundial a una vorágine de bancarrotas. Con todo el gobierno
bolivariano, y sus capitalistas, dispusieron de ingresos extraordinarios con el
precio del barril petrolero a 140 dólares hasta el tercer trimestre del 2008
para llevarlo a menos de 40 a finales de ese año, demostrando una ley de hierro
del capital como lo es la incapacidad del nacionalismo en el marco capitalista
y burgués de resolver las tareas democrático-burguesas pendientes como lo son
una industrialización y productividad propias aún disponiendo de condiciones
boyantes en la economía nacional.
De aquellos polvos estos lodos. Lo que
ha permitido que la burguesía a lo interno de nuestras fronteras sobreviva son
sus modos de producción que no escatiman en ser trasladados de un esquema
productivo nacional al del mero comercio importador cuando la incapacidad
nacionalista, muy expresiva al denunciar al imperialismo, no puede obligar a su
clase burguesa a producir como debería. La bancarrota mundial del capital ha
desatado las costuras del atraso capitalista en nuestro país. Mientras ingentes
recursos financieros estuvieron disponibles para un desarrollo productivo
nacional de envergadura hasta buena parte de 2008, los mismos fueron
dilapidados en el disfrute de la renta petrolera por parte de la burguesía, la
tradicional como la boliburguesa nacida al calor del “proceso” bolivariano.
El círculo vicioso entonces deviene en
torbellino en expansión. Las divisas provenientes del petróleo se disponen para
que la burguesía “nacional”, se convierta en compradora-importadora, es decir
mas parásita, mientras una porción,
relativamente cada vez menor, se transforme en un fondo social para alimentar las
misiones y evite las protestas y estallidos sociales por las penurias de las
masas, pero al resultar insuficientes tales divisas el gobierno bolivariano se
endeuda vía bonos soberanos o fondos chinos producto de tasas de interés de
usura como consecuencia del alto riesgo país impuesto por las finanzas
mundiales, tales endeudamientos deben ser cancelados a corto plazo y con las
mismas divisas provenientes del petróleo; el precio negro de la moneda
venezolana se incrementa respecto al dólar ante el flujo reducido de las
divisas para importar haciendo que los bienes de consumo, esencialmente
importados, incrementan su valor para el consumidor final; y como efecto de apagafuegos
el gobierno libera más divisas a la burguesía a cambio de un nuevo
endeudamiento internacional mientras la banca privada y pública acrecienta aún más
sus utilidades como agentes intermediarios de Cadivi o el Sitme.
El plan de endeudamiento aprobado a
finales de 2010 contemplaba cancelar en el lapso 2011-2015 la bicoca de 20.000
millones de dólares en amortización y servicio de la deuda, en 2012 fueron
cancelados 9.000 millones perturbando sensiblemente la economía nacional y
obligando al BCV a vender oro monetario por 3.000 millones de dólares para intentar
reponer las reservas internacionales líquidas, en 2013 está previsto cancelar
18.000 millones de dólares por el mismo concepto donde 15.000 millones de ellos
son sólo servicio de la deuda.
El sentido del control de cambio se
trastoca para colocarle pulmones a una burguesía incapaz de un desarrollo
nacional propio. Que los asalariados terminen pagando los costos de la crisis
del capital con una más pronta que tarde devaluación no es más que la
incapacidad del nacionalismo en el marco burgués de resolver los problemas
nacionales inclusive si para sobrevivir debe hacer uso de la máscara del
“Socialismo del Siglo XXI”.
Resulta asombroso cómo a las puertas
de una nueva devaluación se termine explicándola en términos del “sacrificio en
tránsito al socialismo” que debamos hacer los explotados para que los
capitalistas no paguen los costos de la crisis que han creado. Como socialistas
reivindicamos el control de cambio, pero no este sojuzgado manejo de las
divisas provenientes del petróleo a favor de la burguesía. Control de cambios y
monopolio del Estado del comercio interno y externo, bajo control directo de
los explotados y el pueblo, deben ir unidos de la mano para disponer de las
divisas hacia lo estrictamente necesario para las mayorías mientras se alienta
con bienes de capital el proceso productivo nacional bajo un proceso de
planificación de la economía por los que directamente producen la riqueza, los
explotados, bajo condiciones de salarios que satisfagan la cesta básica
familiar.
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