Opción Obrera es la sección venezolana de la CRCI (Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional)

Propulsamos el desarrollo de una política proletaria al seno de los trabajadores tras su independencia de clase y una organización de lucha para su liberación de la explotación e instaurar El Gobierno de los Trabajadores, primer paso hacia el socialismo.

Ante la bancarrota capitalista mundial nuestra propuesta es que:


¡¡LOS CAPITALISTAS DEBEN PAGAR LA CRISIS!
¡LOS TRABAJADORES DEBEN TOMAR EL PODER!



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jueves, 9 de enero de 2025

Defensa legítima de Venezuela

 Ante el acoso imperialista y su séquito de serviles

Defensa legítima de Venezuela

 

Faja petrolifera del Orinoco



 Los trabajadores del mundo somos víctimas de una crisis económica, política y social sin precedentes, donde los organismos supra nacionales desde la ONU y sus instituciones como el Consejo deSeguridad para la Paz, las cohortes celestiales como la CPI y la CIJ sin tapujos avalan guerras, exterminios y genocidios con apoyo de los execrables medios de comunicación masivos

Ante la acusación imperial del fraude electoral

Los regímenes o todo tipo de gobiernos: Realeza, republicanos, democráticos, dictatoriales, por encargo, inventores y campeones de todas las trampas habidas y por haber, ponen el grito al cielo de inaceptable, atroz, impúdico, ante la fecha “10 de enero”, juramentación y ratificación formal del gobierno en Venezuela, mientras todos ellos comparten el genocidio en Palestina y parte del Líbano.

Sólo con el ¡respetable! decreto 13692, emitido en 2015 durante la presidencia de Obama y vigente aún, con el añadido de sanciones económicas y criminales impuestas por la OFAC, es motivo suficiente para que todos los defensores de los oprimidos y explotados del mundo se plieguen a la defensa de Venezuela independientemente del gobierno que se tenga, desde uno dictatorial hasta el de Maduro.

Esto último concreto, es suficiente para tomar partido, además de todos los intentos hasta de asaltos, golpes, saboteos, asesinatos que estos gobiernos realizan y que atentan contra este gobierno, peor aún contra el pueblo venezolano. No podemos permitir que gobierno extranjero se imponga sobre el país, porque viene por sus intereses, hasta desaparecer la nación como lo están haciendo con el pueblo palestino, si no se pliegan a sus dictámenes.

¡Nuestro flamante gobierno!, que no nació el 28 de julio de 2024, independiente de todo lo que sea, no puede ser cambiado por otro que nazca por imposiciones foráneas.

Es deplorable, observar del otro lado de las trincheras, del lado de esos gobiernos en contra de Venezuela, una inmensa cantidad de partidos, movimientos y grupos de izquierda, incluida una caterva de autodenominados trotskistas.

El Nacionalismo burgués, siempre será pseudo nacionalismo, al anteponer los intereses de una minoría explotadora ante la inmensa mayoría de todas las otras clases del país. Por estos roces del país oprimido ante el país opresor, de estas grietas concretas nace la cuña que la clase obrera debe meter en pos de la dirección del país, del gobierno de los trabajadores.

El antiimperialismo se va construyendo de esa forma, no de buscar la quinta pata de la mesa, por ejemplo, el “antimperialismo” de Maduro, Petro, Lula o Sheimbaun, y menos de Milei que ganó sin fraude el gobierno de Argentina.

Este gobierno tiene una política irrestricta y nefasta de apoyos o servicios al capital nacional y extranjero, mientras a la clase trabajadora la mantiene subsumida en la miseria, con un salario oficial, legal, obsceno hasta inmoral por decir lo menos

La receta de salvación no es Maduro, esto es indudable, pero quienes ejecutan el genocidio, masacrando al pueblo palestino, son socios o promotores del cambio de Maduro por un títere servil como lo es Edmundo González y María Corina Machado, o cualquiera que se les ocurra.

Ante los acontecimientos inminentes, quienes estén por sus deseos están en las nebulosas, es necesario pasar esta etapa, no se puede saltar ni mucho menos apoyar lo peor, que son los intentos de invasión a Venezuela, interviniendo y asumiendo compromiso concreto en defensa del país, es la única forma de superar el momento favorablemente, todo lo demás traerá peores consecuencias, vean el espejo de los argentinos con  Milei, donde la izquierda no sale de su marasmo “democrático electoral”  sin fraude, “los grandes conflictos barren todo lo que es a medias y artificial” Trotsky dixit

Lo primero es lo primero, ir contra el mal mayor, de lo contrario y peor aún por omisión, por neutral, por ocultamiento situarse en el lado opuesto. Esto suele suceder, regodeándose en fórmulas abstractas como “independencia de clase”, “nacionalismo burgués”, “antimperialismo” sin contenido concreto solo narrativas sin propuestas, sin consignas de lucha real ante lo que sucede, solo con admoniciones para no caer en compromisos o retos bruscos sino esperando tiempos mejores y continuar el papel desintegrador de la izquierda.

En estas condiciones, llega cualquier cosa para llenar el descontento popular y en especial de la clase obrera, donde en el mejor de los casos, ante el vacío político, se torna desconfiada, en cierta forma neutra, en el caso electoral buena parte de ella, abstencionista, y en el peor de los casos seguidora de respuestas o soluciones extremas que ofrece la derecha política.

La respuesta a estos acontecimientos determina el camino hacia las masas o no, en la construcción de un partido revolucionario y cuartainternacionalista.

Fuera la intervención extrajera en Venezuela

Por un Gobierno de los Trabajadores

Opción Obrera Venezuela, enero 2025

 

 

 

viernes, 6 de mayo de 2016

VENEZUELA: DE RÉGIMEN PLEBISCITARIO A RÉGIMEN DE FACTO


VENEZUELA: DE RÉGIMEN PLEBISCITARIO A RÉGIMEN DE FACTO


Hasta poco después de la muerte de Hugo Chávez, el régimen político de Venezuela se jactaba del apoyo mayoritario que recibía de la población a través de numerosas convocatorias electorales. Conformaba de ese modo un sistema bonapartista clásico, casi una copia del modelo original que se desplegó en Europa hace unos doscientos años. La base social de ese bonapartismo estaba constituida por una inmensa masa pobre que vivía en los intersticios del sistema económico rentista del país, y de una gran parte del proletariado de la industria. Cuando en 2008 perdió un referendo acerca de la reforma de la Constitución por una diferencia realmente mínima, el chavismo hizo cuestión de respetar escrupulosamente el resultado, por la razón fundamental de que contrariarlo habría significado socavar el principio mismo de su régimen político. La contracara del chavismo plebiscitario era la oposición minoritaria, que el oficialismo bautizó por eso como “escuálida”.

De facto

El contraste con la situación presente no podría ser más abismal. El chavismo perdió en forma aplastante las últimas elecciones parlamentarias y desde entonces no ha hecho más que violentar la autonomía de la asamblea nacional a fuerza de decretos y de decisiones del Poder Judicial. El gobierno plebiscitario ha dejado de existir y sobrevive solamente por el apoyo del estado mayor de las fuerzas armadas. La semana pasada, la Corte de Justicia comenzó a intervenir en el reglamento de la Asamblea Nacional, que ha sido privada, en el camino, de la posibilidad de interpelar y objetar ministros e incluso de intervenir en la designación del presidente del Banco Central. Mediante procesos judiciales capciosos, el dúo Maduro-Cabello ha neutralizado a la nueva asamblea, esto con el apoyo militar. Mientras en Brasil, una mayoría parlamentaria abandona el apoyo a su propio gobierno para armar un juicio político a la Presidenta en una clara conspiración con los grandes bancos y la gran industria, en Venezuela también se desarrolla un golpe de estado, pero en este caso del Poder Ejecutivo y su camarilla contra el parlamento dominado por una mayoría que fue elegida por representar la oposición política (de derecha) al régimen instalado y ratificado durante quince años por medio de procedimientos refrendarios.

El pasaje del bonapartismo plebiscitario al bonapartismo de facto marca la disolución indetenible de la etapa política bolivariana. En los últimos días se ha acentuado la acción de la diplomacia internacional y del Vaticano por estructurar una salida consensuada del régimen chavista. Resurge entonces el tema del golpismo, en este caso el ‘auto-golpe’, desde el campo militar chavista para armar un gobierno de transición con la oposición ‘macrista’ tradicional. Es lo que informa el corresponsal de La Nación (4.5), con nombre y apellido. El plan económico de este golpe común de chavistas y escuálidos, fue formulado varias veces por el dueño de la mayor empresa de Venezuela, Polar, quien aseguró que el capital internacional estaba dispuesto a cooperar en un plan de rescate financiero, incluida una reestructuración de la deuda externa. El cacareo acerca del retorno definitivo y completo de la democracia en América Latina, debería dar cuenta de la serie de golpes de estado que inauguró el derrocamiento del hondureño Zelaya y que ahora se apodera de Brasil y Venezuela, luego de su paso por Guatemala y Paraguay. (Un párrafo aparte merece el golpe de estado inminente de Obama en Puerto Rico, que pasaría En Venezuela, sin embargo, un auto golpe de la camarilla actual está condenado al fracaso - solamente aceleraría el pasaje del gobierno de facto al gobierno de transición. Esta evidencias concluyentes de la crisis de dominación burguesa en América Latina augura la inevitabilidad del surgimiento de situaciones pre-revolucionarias con alcance condicionado a la calidad de la estrategia política de la izquierda socialista.

Experiencia agotadísima

El pasaje de un régimen político a otro expresa, sin duda, el completo colapso de la economía de Venezuela, cuyo carácter rentístico-minero se acentuó a lo largo de la etapa chavista. En oposición a un programa de industrialización comandada por el Estado, el chavismo volcó una parte significativa de la renta petrolera en el desarrollo de programas sociales cuya envergadura es proporcional a la incapacidad de mantener esos programas a lo largo del tiempo sobre la base de la estructura económica vigente. Otra gran parte se desvió hacia el latrocinio oficial, disfrazado en la necesidad de desarrollar una ‘boliburguesía’ - a la Lázaro Báez, Cristóbal López, Electroingenieria o Pampa Energía, asociada al capital chino o ruso. La asociación con el capital extranjero para explotar la cuenca del Orinoco no produjo resultados significativos como consecuencia del rechazo de los monopolios internacionales (incluidos los chinos y los rusos) a cooperar con una explotación comandada por la empresa estatal. Se posicionaron en la cuenca para anotar las reservas de hidrocarburos en las Bolsas donde cotizan sus acciones y para ser beneficiarias de un eventual giro privatizador - casi un calco de lo que ha ocurrido en Brasil.

La economía chavista sucumbió mucho antes de la caída de los precios del petróleo, a medida que las elevadas cotizaciones de la década pasada se trasladaron progresivamente a las refinadoras, las empresas de servicios tecnológicos y los bancos. El derrumbe del precio internacional sólo le dio el tiro de gracia: Pdvsa tiene una deuda impagable de alrededor de u$s50 mil millones, mientras las reservas del Banco Central apenas superan los u$s10 mil millones. Un ‘defol’ podría tener lugar con un vencimiento en octubre próximos. Agotados los recursos financieros excepcionales, Venezuela se ve hoy incapacitada para mantener el flujo de importaciones del que depende el conjunto de su economía. El desabastecimiento ha está demoliendo la vida social. El oficialismo cifra su última esperanza en que un rebote del precio internacional del petróleo le abra una posibilidad de volver al endeudamiento internacional - una quimera. Una crisis adicional, aunque de envergadura, acosa al programa de viviendas, con un creciente reclamo de escrituración, que funcionaría como la apertura de un enorme mercado inmobiliario. Pero con el hundimiento del chavismo, a los adjudicatarios ya no les alcanza la protección oficial, incluso han empezado a enfrentarla abiertamente. El “plan arraigo” se convierte así en su contrario: en el reclamo de una ‘plan’ de privatización que la derecha apoya con gran entusiasmo.

Crisis y oportunidades

La oposición logró hace pocos días una victoria importante al reunir casi dos millones de firmas para promover un referendo revocatorio del mandato de Maduro. Aunque el oficialismo reconoció el procedimiento, que la prensa internacional atribuye a la presión de varios países y del Papa, se dice que dilataría el proceso hasta enero, cuando la revocatoria podría destituir a Maduro pero sin convocar a nuevas elecciones, o sea transfiriendo el mando al vice, que para esa fecha podría ser Diosdado Cabello, el jefe de la camarilla militar que no se avendría a aceptar la salida de un gobierno de transición. Venezuela se encuentra en la fase final de una ruptura política.

Los cinco meses de macrismo, en Argentina, demuestran que las transiciones de los llamados gobiernos ‘populistas’ a la derecha financiera se caracterizan por una acentuación de las contradicciones económicas, una agudización de la lucha de clases y una tendencia a la crisis política. Sólo para quienes el ‘populismo’ es la única alternativa popular, esta transición es caracterizada como una ‘derrota’, y no como una oportunidad política obrera y socialista. Es desde este estadio más elevado de la crisis de dominación como debe abordarse la nueva etapa. Un referendo revocatorio bajo la presidencia de Maduro es inviable; solamente queda el autogolpe y la disolución de la asamblea nacional o el golpe de transición. La clase obrera de Venezuela necesita una política de la izquierda a partir de este escenario. La crisis deberá atravesar numerosas etapas y nuevos desafíos para la izquierda. La oportunidad de un congreso obrero y de la izquierda para plantear una salida de conjunto y un plan de lucha frente a la catástrofe económica está a la vista. En oposición al gobierno y a los autogolpes y golpes pactados, reclamemos una asamblea constituyente libre y soberana convocada por un gobierno de trabajadores. Es un planteo para reunir las fuerzas de clase y de la izquierda, y por esa vía desarrollar una alternativa obrera y socialista a la crisis.

Jorge Altamira Partido Obrero Argentina



jueves, 7 de enero de 2016

Venezuela: la clase obrera debe dar su propia salida


Venezuela: la clase obrera debe dar su propia salida



El martes 5 se instaló en Caracas la nueva Asamblea Nacional, que reúne una mayoría calificada de la oposición al gobierno de Nicolás Maduro. Esta circunstancia habilita al parlamento a impugnar el régimen de gobierno por decreto que lleva adelante el Poder Ejecutivo, lo cual establece un sistema de doble poder en un sistema presidencialista. Es decir que se ha alcanzado el punto más alto posible de una crisis política en el marco de la renovación electoral del parlamento. A partir de ahora, cualquier choque institucional de relevancia desbordaría el cuadro constitucional precario. Sería el caso del anuncio, efectuado durante la inauguración, de que la Asamblea votaría una ley de amnistía que liberaría a los presos que la oposición califica de políticos, así como el levantamiento de la orden de captura para aquellos que se han marchado al exterior. Por eso, un prematuro teórico del chavismo, Heinz Dietrich, asegura que “El resultado final del proceso de transición será determinado por los militares...” (Perfil, 3/1). Esta conclusión de manual es, sin embargo, incierta, porque para eso las fuerzas armadas deberían homogeneizarse en un proyecto político nuevo -esto, en un cuadro de divisiones que refleja las que existen dentro del oficialismo, por un lado, y entre los llamados ‘escuálidos’ por Hugo Chávez, por el otro (los cuales, desde ese bautismo, ya no lo son tanto). Tampoco dice si una intervención militar del ejército “bolivariano” resultaría en un gobierno de la oficialidad chavista o procuraría proteger una salida pactada entre los llamados moderados de uno y otro lado.

La derrota última del gobierno, de todos modos, se encuentra inscripta en su reacción política ante esta crisis. Fingiendo ignorar que ha perdido la mayoría electoral como consecuencia de su responsabilidad en un caos económico que no cesa de acentuarse, ha vuelto a incurrir en chicanas institucionales para proteger sus poderes de excepción. En el pasado privó de autonomía a los Estados en manos de la oposición al adjudicar al Estado nacional decisiones de incumbencia estadual. Ahora, impugna la elección de cuatro diputados con la intención de quitarle a la oposición una mayoría calificada de dos tercios. Ha establecido, asimismo, ‘parlamentos comunales’, que algún periodista desairado se apresuró en calificar de ‘soviets’, cuando solamente se tratan de una prolongación de la camarilla gobernante. En lugar de ofrecer una salida social radical al derrumbe económico, y con esto reconquistar el apoyo y la movilización popular, el clan de Miraflores refuerza todos los días un inmovilismo suicida.

Los límites del nacionalismo militar

A diferencia del nacionalismo de los años ’70, conducido por Acción Democrática, que estatizó el petróleo para destinar la renta a promover una gigantesca especulación inmobiliaria y toda clase de corrupciones, el chavismo se distinguió por aplicarla a un enorme programa de mejoras sociales.

Pero no modificó la condición rentística de Venezuela, o sea que no apoyó el programa social en un proceso de industrialización. Pero esa industrialización tampoco hubiera sido viable sin una planificación de conjunto y, por lo tanto, sin el monopolio del comercio exterior y las ramas productivas fundamentales luego del petróleo, y sin la gestión política integral de los trabajadores. El nacionalismo militar entraña límites insalvables, incluso en sus variantes más avanzadas o radicales, pues se asienta en la expropiación política de la clase obrera. Los programas sociales chocaron con los límites de los capitales que controlan la industria del cemento y la siderurgia, o con los monopolios de las telecomunicaciones y se procedió a nacionalizar esas ramas con indemnizaciones colosales financiadas por la renta petrolera.

Lejos de la gestión obrera colectiva (plan) de la economía las empresas o fincas nacionalizadas quedaron en manos de una burocracia ligada al poder, lo cual procedió a una acumulación primitiva de capital de cuño ‘bolivariano’, o sea, a un saqueo privado de los activos estatizados. Ahora, la caída vertical del precio internacional del petróleo no solamente ha dejado desfinanciados los planes de viviendas, salud y educación: mucho peor, dejó al desnudo el vaciamiento al que fue sometida PDVSA -que enfrenta la posibilidad de un ‘defol’, esto por el tamaño de su deuda externa e interna. La caída del precio del petróleo ha paralizado la explotación de la cuenca del Orinoco, que tiene lugar en asociación con los principales monopolios internacionales -excluidos Exxon y Conoco. Maduro ha hipotecado los ingresos petroleros a un préstamo de 40 mil millones de dólares por parte de China. Incluso comparada con otra experiencia en demolición -la brasileña Petrobras- la de PDVSA es mucho más decepcionante. El colmo del parasitismo es el subsidio indiscriminado de la gasolina en el mercado interno, virtualmente gratuita, que ha servido para inundar a Venezuela de autos y para desarrollar un contrabando gigantesco de exportación. El caos económico ha derribado todas las conquistas sociales promovidas por el chavismo.

Entre golpes y autogolpes

El problema que enfrenta el gobierno de Maduro y de su eminencia gris, Diosdado Cabello, no es la derrota electoral sino su carencia de programa y la incapacidad de dotarse de ese programa, que es irrevocable. La aplicación consecuente de esta línea política conduce a un auto-golpe -o sea, a la disolución de la Asamblea Nacional por parte del Ejército. Alternativamente, podría conducir a otro golpe, pactado entre un sector del oficialismo y uno de la oposición. Una señal en esta dirección la acaba de dar el ex presidente de Bolivia, Jorge Quiroga, que integra el bloque de conspiradores internacionales de la derecha, y que convocó a Maduro a romper con Diosdado Cabello. Finalmente, tampoco se podrían descartar golpes cruzados, que serían capitalizados por la oposición. Cualquiera de estas variantes serían reaccionarias para el proceso político venezolano y deben ser combatidas por los trabajadores.

A la luz de toda esta caracterización, la expectativa de reformar al chavismo con la consigna del retorno a los orígenes, es un callejón sin salida. Los que siguen invocando a la “masa chavista” para seguir medrando con la reforma del chavismo, ni siquiera toman nota de que una parte importante de la masa del chavismo acaba de pronunciarse con un voto a la oposición y con la abstención. Los ‘reformistas’, como el caso de Marea Socialista (MST), que plantean auditar las cuentas del gobierno como gran consigna, empujan a esa masa en un sentido contrario y a la derrota. Si el oficialismo tuviera un programa daría una batalla política para reconquistar la mayoría popular, en lugar de encerrarse en el impasse mortal de las chicanas institucionales.

En Venezuela son numerosísimos los sectores sindicales combativos. Seria decisivo que se agruparan para una intervención de carácter político con total independencia del chavismo. Un agrupamiento político clasista debería evaluar la oportunidad de una consigna de Asamblea Constituyente libre y soberana que desarrolle un programa de control obrero generalizado, en oposición al gobierno y a la oposición que es impulsada por toda la reacción internacional.

Jorge Altamira
Partido Obrero Argentina, Prensa Obrera #1396















miércoles, 9 de diciembre de 2015

VENEZUELA: UNA CRISIS ENORME DE PODER Y DEL ESTADO


VENEZUELA: UNA CRISIS ENORME DE PODER Y DEL ESTADO

La confirmación de que la oposición ha obtenido el 66% de los escaños de la Asamblea Nacional ha creado, en Venezuela, un impasse político insuperable. Esta mayoría doblemente calificada otorga al Parlamento la facultad de neutralizar la acción del Poder Ejecutivo e incluso de proceder, a término, a su destitución. Se ha creado una suerte de doble poder en el marco de una crisis económica de características catastróficas. Las manipulaciones electorales del oficialismo para conseguir un empate parlamentario potenciaron a la oposición derechista, que ganó en las circunscripciones sobre representadas por la reforma electoral.

El chavismo ha respondido a este impasse excepcional duplicando las apuestas, puesto que se ha apresurado a anunciar que no otorgaría una amnistía a los presos con condena judicial firme que pertenecen a la oposición, algo que haría en menos de un mes el nuevo poder legislativo. La oposición, por su lado, ha ofrecido al gobierno la ejecución de un plan que haga frente al derrumbe económico –un planteo maniobrero que no tiene viabilidad, uno, porque implicaría un ajuste violento que el oficialismo no tiene condiciones de aguantar, y, dos, porque chocaría en forma violenta con el entramado de la burocracia chavista con los negocios del Estado. Los resultados extraordinarios de las elecciones limitan seriamente una solución militar al impasse que se ha creado: no sería viable si no transfiere el gobierno a la oposición triunfante –por ejemplo convocando a elecciones ejecutivas inmediatas.

El sector mayoritario de la oposición tiene conciencia de que este impasse podría desembocar en una explosión social y política que no desea de ninguna manera. Por eso ha caracterizado a su victoria como un “voto castigo”, lo cual implica que no adjudica al voto que ha obtenido un mandato para que se postule como alternativa política inmediata al chavismo y al Ejecutivo. El líder opositor Henrique Capriles ha reiterado, en esta línea, el reclamo de que “el gobierno cambie”, esto para evitar “cambiar el gobierno”. La fracción de opositores que encabezan el encarcelado Leopoldo López y María Corina Machado plantea pasar a la vía de los hechos. En los actos de celebración de la victoria electoral, unos y otros marcharon separados. La fractura del Estado que han dejado al desnudo los resultados electorales incorpora la división dentro del oficialismo y dentro de la oposición. La llamada ‘comunidad internacional’ presiona por una ‘salida dialogada’, precisamente porque teme una explosión social, con total conciencia de que es inviable y que tendrá que encauzar una situación con implicancias revolucionarias.

La evolución de los acontecimientos en Venezuela muestra las limitaciones e incluso la falacia de que América Latina estaría atravesando “un cambio de ciclo” –del ‘populismo’ al ascenso de ‘una derecha moderna’, o directamente al ‘ascenso de la derecha’, como asegura una izquierda políticamente inestable. El mundo giraría, así, entre dos polos, cuyo centro de gravedad sería la vigencia del capitalismo; las tentativas nacionalistas son tomadas como el equivalente a una revolución social. Venezuela, por el contrario, deja expuesta otra cuestión: la crisis e incluso la inviabilidad del Estado realmente existente y de las relaciones sociales capitalistas. El chavismo fue una respuesta a las situaciones revolucionarias potenciales que planteó el caracazo de 1989, que al dejar al desnudo sus limitaciones insalvables devuelve al país a sus condiciones iniciales pero con la proyección superior que supone el agotamiento de esta experiencia y la crisis capitalista mundial. Una restauración al ‘status quo ante’ amenaza desatar una crisis revolucionaria superior a las del pasado. De lo que se trata ahora es de ofrecer una línea de acción a los trabajadores frente a estas nuevas circunstancias históricas. El izquierdismo inestable (centrismo) propone, en cambio, el seguidismo al chavismo o al kirchnerismo cuando las limitaciones de estos movimientos circunstanciales e improvisados han alcanzado la estación terminal.

La crisis que se ha abierto en Venezuela incorpora a América Latina en la crisis internacional en curso. La bancarrota del chavismo como el de sus asociados en el continente está vinculada al derrumbe del precio de las materias primas –ella misma relacionada con la velocidad que ha adquirido la crisis capitalista en China, a su vez afectada por la profundización de la bancarrota mundial. No hay ‘restauración’ que ponga remedio a esta situación –simplemente la puede convertir en explosiva. El alcance del chavismo acompaña la curva del precio internacional del petróleo. La crisis desatada por las elecciones desatará una nueva pugna por el petróleo venezolano –una réplica de lo que ocurre en el Medio Oriente. El destino de Pdvsa y el desarrollo productivo del Orinoco replicará lo que ocurre con Petrobrás. La asociación de Pdvsa con capitales europeos y chinos ha sido inútil para desarrollar productivamente las reservas del país; ahora volverán a la pelea los capitales norteamericanos. El derrumbe del chavismo convertirá a Venezuela y a América Latina en campo orégano de la disputa por nuevos repartos de recursos y territorios entre las potencias capitalistas.

Lo ocurrido en Venezuela podría afectar las negociaciones de Colombia con las Farc, y por sobre todo el alcance de lo que se acuerde. La mitad de la oposición venezolana es uribista. El gobierno Obama acaba de reforzar con el presidente Santos el Plan Colombia y el desarrollo de las bases militares. También afecta la llamada ‘normalización’ de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Se trata de que la izquierda caracterice en forma adecuada la fractura de estas supuestas alternativas para alcanzar la ‘estabilidad’ internacional y oriente con un programa y una organización a los obreros y campesinos. Cuando Capriles habla de ‘voto castigo’ está reconociendo que el electorado no ha asumido posiciones derechistas sino que ha reaccionado empíricamente, debido a una falta de preparación política previa, a una situación política y económica desesperante. Las masas pagan el seguidismo de sus direcciones al nacionalismo. Esto ha ocurrido también en Argentina, donde Scioli y Macri obtuvieron para sus listas solamente un tercio de los votos, respectivamente, y aun estos como votos en contra más que a favor.

En Venezuela (como también en Brasil, Argentina o Ecuador y Bolivia) hay un movimiento obrero clasista importante. Se encuentra, sin embargo, en una encrucijada, porque en nombre de una ‘lucha contra la derecha’ podría renunciar a una acción política independiente, como en gran parte ha ocurrido hasta ahora. Las distintas expresiones del nacionalismo de contenido burgués de esta etapa han entrado en declinación irreversible. La vanguardia de ese movimiento obrero clasista debe caracterizar adecuadamente el momento actual: fractura del Estado y la economía capitalista y una tendencia a la explosión social o situaciones pre-revolucionarias. La consigna del día es convocar a ese movimiento obrero a formar partidos obreros independientes y a introducir el tercer factor político consciente en la crisis enorme que se ha abierto.

Jorge Altamira