Opción Obrera es la sección venezolana de la CRCI (Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional)

Propulsamos el desarrollo de una política proletaria al seno de los trabajadores tras su independencia de clase y una organización de lucha para su liberación de la explotación e instaurar El Gobierno de los Trabajadores, primer paso hacia el socialismo.

Ante la bancarrota capitalista mundial nuestra propuesta es que:


¡¡LOS CAPITALISTAS DEBEN PAGAR LA CRISIS!
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jueves, 25 de julio de 2013

Un Papa militarizado (la soga y el ahorcado)


Un Papa militarizado (la soga y el ahorcado)

Es bajo una protección bastante poco divina que Francisco inició su visita a la bella Rio de Janeiro. Las crónicas dan cuenta de que la “cidade maravilhosa” recibió al Papa “absolutamente militarizada”. El cuadro es el de un “escenario de guerra”: a los 13.700 efectivos de las Fuerzas Armadas y federales se agregaron otros 14.000 soldados de la policía militar “estadual” (provincial).

Se ve que el mensaje que el obispo de Roma dijo aportar requiere una custodia bastante poco celestial: “Semejante emplazamiento de hombres armados hasta los dientes tiene como objetivo la ‘disuasión’ no tanto de los eventuales terroristas como de los manifestantes que se pueden animar a aparecer en los actos que protagonice el líder católico” (Clarín, 20/7). No se trata de una improvisación: el secretario de Seguridad carioca planteó que las fuerzas de seguridad implementaron una “nueva estrategia” a partir de las multitudinarias protestas recientes en el país vecino. En estas movilizaciones, en particular en Río, la novedad fue que muchachos y chicas de la clase media manifestaron con jóvenes de las favelas, “unidos en la bronca común contra el gobernador por la brutal represión que descargara contra la movilización popular” (ídem). Nada improvisado: un habitante de la mayor favela de Río que visitará Francisco en estos días declaraba a la prensa que el temor por la dictadura de los narcos había sido sustituido, hace tiempo, por la dictadura de la policía que ocupó el territorio (rediseñando los acuerdos entre narcos y uniformados).

Nada de esto es desconocido por Bergoglio. Los hombres del Vaticano que diseñaron el viaje admitieron que el Epsicopado brasilero trazó la “línea”: buscar un “equilibrio” que evite ahondar el abismo abierto entre las masas y el gobierno de Dilma. Este papel de “rescatista” del Papa no es un favor gratuito: los hombres del clero necesitan del poder político para rescatar a una Iglesia que reúne en Brasil a la mayor cantidad nacional de feligreses del mundo, pero que se encuentra en un feroz retroceso. En las tres últimas décadas, el porcentaje de los que se declaran católicos cayó de más de un 90% de la población a menos de un 70. Bergoglio fue a Brasil a “intentar darle nueva vida a la Iglesia”, admitió su biógrafo y amigo connacional Sergio Rubin. Detrás de la fastuosa cobertura mediática se oculta, por lo tanto, el derrumbe que deben pilotear los dos “actores” de este encuentro: el jefe de la Santa Sede y la devaluada sucesora de Lula, temerosa de aparecer en público para no quedar expuesta al repudio. Hay algo en este escenario que recuerda el aforismo sobre la soga que sostiene al ahorcado.

Vaticano

Es que son tiempos de crisis. No había puesto Bergoglio el pie en el vuelo de Alitalia a Brasil cuando un renombrado vaticanista italiano –Sandro Magister– del semanario L’Espresso puso en blanco sobre negro los oscuros antecedentes de monseñor Batista Ricca, un amigo de Bergoglio, nombrado semanas atrás para poner orden en los criminales negocios del IOR, el Banco Vaticano. Resulta que Ricca fue embajador del Vaticano en Uruguay desde 1999, a donde llevó a su pareja, un capitán suizo llamado Haari. “La intimidad entre Ricca y su amante escandalizaba a obispos, sacerdotes y laicos; incluso a las monjas que se ocupaban de la Nunciatura rioplatense”. Para tapar el caso, don Ricca fue transferido a Trinidad Tobago, desde donde más tarde regresó al Vaticano. Mientras tanto, la “curia romana” se encargó de limpiar el prontuario del hombre y ahora se dice que todo fue un “complot” contra Francisco. Ay, mi Dios (si existiera). El colapso vaticano tendrá proporciones gigantescas. Tan grandes como las concentraciones que se anuncian ahora en las playas, por donde anduvo la garota de Ipanema.


Pablo Rieznik

Brasil: lo que está y lo que se viene


Brasil: lo que está y lo que se viene

El paro general del 11 de julio no fue una continuidad de las masivas movilizaciones populares de junio. Muy parcial en la mayoría de las grandes ciudades, casi inexistente fuera de ellas, no consiguió parar –con excepción de Porto Alegre– el sistema de transportes. Los pocos cortes de rutas y avenidas fueron realizados por un número pequeño de personas. Las manifestaciones callejeras fueron muy bajas en relación a las multitudinarias marchas de junio: 8 mil personas, como máximo, en la Av. Paulista (San Pablo). Buena parte de los manifestantes había recibido dinero para participar y hasta un extra si ayudaba a cargar una bandera o cartel. La jornada, sin embargo, había sido convocada por las siete centrales sindicales del país, algunas (CUT, Fuerza Sindical) con enormes recursos financieros. En los pocos lugares en que hubo actividades combativas (Fortaleza, Porto Alegre, San José dos Campos, Belém, Natal), fue notoria la actividad de la CSP-CONLUTAS, a pesar de que sólo representa el 2 por ciento del movimiento sindical.

El PSTU, sin embargo, concluyó que “el 11 de julio fue la continuidad de las manifestaciones de junio” (Opinión Socialista, 17/7), lo que ni el estudiante menos informado se atrevería a decir. Los movimientos responsables de las jornadas de junio, el MPL en primer lugar, ignoraron el paro. La CUT, a su vez, pagó a sus “manifestantes” para que cargaran banderas (industrialmente confeccionadas) de apoyo al gobierno, las que dominaron los actos públicos (en junio, no se vio ninguna siquiera parecida).

La respuesta de Dilma Rousseff a “la voz de las calles” quedó reducida a la nada. La promesa de consagrar el 100 por ciento de los royalties del petróleo de alto mar (menos del 8 por ciento de la renta petrolera, en manos del capital privado internacional) fue mutilada y postergada por el Parlamento. La “reforma política”, anunciada como asamblea constituyente y después reducida a una modificación reaccionaria de un par de mecanismos electorales, fue simplemente enterrada en el Congreso Nacional. Dilma, que no tuvo tiempo para ir a la reunión de la Dirección Nacional del PT, lo tuvo para recibir públicamente a un representante parlamentario del PSOL, quien le manifestó su apoyo. Frente al obvio vendaval de críticas, el PSOL emitió un comunicado distanciándose de su diputado, pero apoyando la (enterrada) reforma política. Los principales partidos de izquierda se han puesto en la ruta de la divergencia o la colisión con el movimiento popular.

Lula salió de su mutismo (desde las páginas del New York Times), para caracterizar las movilizaciones como producto del progreso de la última década: los coches particulares habrían invadido las calles, entorpeciendo el transporte público. Ni una palabra sobre los lucros y los monopolios del transporte privatizado. Llamó también –era necesario– a una “renovación del PT”. La reunión de la dirección de éste, a mediados de julio, fue un episodio de crisis: manifestó su insatisfacción por la ausencia de Dilma y oficializó nueve listas para las elecciones internas del 10 de noviembre, con seis candidatos a presidente del partido. La izquierda del PT, un aparato ajeno al movimiento popular, apostó todas sus fichas en ese proceso.

Toda la porquería acumulada del Estado (régimen) brasileño está ahora apareciendo. Los poco más de 5.500 municipios del país usan nada menos que 510 mil “cargos de confianza” (ñoquis), muchos con salarios mensuales superiores a los 10 mil dólares. Mientras tanto, profesores y médicos municipales padecen salarios de hambre, para no hablar de la infraestructura. La corrupción y la crisis económica se cruzan en el BNDES, el banco estatal cuya cartera de créditos al sector privado aumentó de 25,7 mil millones de reales (12 mil millones de dólares) en 2001 a 168,4 mil millones de reales (84 mil millones de dólares) en 2010, con una tasa decreciente de la inversión privada, actualmente igual a cero. La mayoría de las empresas beneficiadas registra pérdidas o se encuentra en quiebra. La más importante es la EBX de Elke Batista, el “capitalista de Lula”, beneficiaria de 10,5 mil millones de reales de dinero público. La crisis capitalista está iluminando el agujero negro de la corrupción brasileña.

El papa Francisco viene al “más grande país católico del mundo”, en el que la proporción de católicos cayó del 92% en 1970 al 65% en 2010, en beneficio de las mafiosas sectas evangélicas que han gobernado el país en la última década junto al PT. Viene también a contener el movimiento juvenil, desviándolo. También para llamar al gobierno petista a “escuchar la voz de la calle” –abriendo más espacio para la Iglesia católica y reduciendo el de los evangélicos. Los “teólogos de la liberación” (los hermanos Boff, Frei Betto) se sumaron calurosamente a esa operación político-religiosa. El Vaticano le metió la cuenta de los inmensos gastos papales en Brasil al Estado y los evangélicos presionaron al gobierno para que los redujera, en una contienda pública. La izquierda, aquí, mira para otro lado.

Frente al inmovilismo político, el PMDB busca transformarse en el eje del régimen, reafirmando su alianza con el PT y el apoyo a Dilma, al mismo tiempo que bombardea en el parlamento todas sus iniciativas políticas. En las actuales condiciones, es casi un juego de ruleta rusa. Las centrales sindicales han marcado un nuevo paro general para el 30 de agosto. Aislado y sin conexión con cualquier plan de lucha de conjunto, la jornada será un nuevo saludo a la bandera. La juventud en lucha anda por otros caminos. Después de Belo Horizonte, los jóvenes de Porto Alegre –organizados en un “Bloque de Lucha” –, ocuparon la alcaldía, de la que sólo se retiraron mediante un compromiso escrito de pasaje gratuito en ómnibus y trenes para estudiantes y desempleados, sin desgravación impositiva de las empresas concesionarias. El caldo está fermentando. La victoria por puntos en el primer round puede transformarse en nocaut del gobierno en los próximos asaltos.


Osvaldo Coggiola

lunes, 15 de julio de 2013

Brasil: entre Turquía y Egipto


Brasil: entre Turquía y Egipto

Junio quedará en la historia por la realización de manifestaciones de masas simultáneas en más de 600 ciudades, por primera vez en todo el territorio de Brasil. Ahora, retorna a la agenda pública la crisis económica y política. El tarifazo de los transportes fue anulado en todas las ciudades, incluso en las que no hubo manifestaciones. El pavor de gobernadores e intendentes fue memorable. El gobierno nacional, inicialmente paralizado, ha respondido con una propuesta de “cinco pactos” (que ya nadie recuerda) y con la promesa de consagrar el 100% de las regalías del petróleo de aguas profundas a la salud y la educación –o sea apenas un 8% de la renta petrolera. A su vez, el Senado le recortó un 56,3%. El Congreso anunció desgravaciones impositivas para las empresas de transporte, para compensar la anulación de los aumentos de tarifa.

En su pánico inicial, el gobierno propuso un plebiscito popular para convocar una “asamblea constituyente para una reforma política”, lo que luego se transformó solamente en un plebiscito sobre elecciones y partidos, y más tarde en un referendo sobre cinco tópicos acerca del sistema electoral. La improvisación no impidió que la izquierda “progresista” del PT o de algún otro partido “de izquierda”, para no hablar de una intelectualidad izquierdosa, apoyara con entusiasmo el engendro concebido para desmovilizar al pueblo. La explosión popular provocó una derechización aún mayor de la izquierda brasileña.

El gobernador de Rio Grande do Sul, Tarso Genro (PT) abrió un sitio de Internet para recibir sugerencias de la población. El PSTU, único partido relevante de la izquierda clasista, cambió, en su espacio gratuito de televisión, el rojo predominante de su color habitual por el “verdeamarelo”, incluyendo un símbolo que algunos compararon con el de la Confederação Brasileira de Futebol. El PSOL reaccionó en direcciones disparatadas, según la tendencia que integra su desintegrado panel. En estas condiciones, la propuesta de un “frente (electoral) de izquierda” (para 2014), reiterada en TV por el PSTU, carece de contenido. Se observa una acentuación del divorcio entre la izquierda y la situación del país, ni hablar de las masas.

La “reforma política” propuesta por el gobierno es una farsa reaccionaria. Sus aspectos principales son el financiamiento público exclusivo de las campañas electorales y el voto en lista sábana. Con esto pretende continuar con las operaciones para salvar de la cárcel a la cúpula lulista del PT y de aliados del PMDB por un sonado caso de corrupción (mensalao), armado para asegurar una mayoría parlamentaria permanente al gobierno de coalición.

La reforma no toca la extinción del Senado o la reducción del mandato de senador (ocho años), no promueve la elección popular de jueces y fiscales, ni deroga la vergonzosa Ley de Amnistía, que declaró impunes para siempre a asesinos, torturadores y ladrones comprobados del régimen militar. Por no hablar de la militarización de las policías, que matan impunemente (poseen fuero judicial y tribunales propios). Que la izquierda apoye esta porquería revela el nivel de su bajeza.

La oposición parlamentaria negocia a cuentagotas en función de desgastar al gobierno de coalición PT-PMDB o hasta de provocar la renuncia anticipada de Roussef, cuya “popularidad” cayó al 27%, en cuyo caso asumiría el vice o el presidente de la Cámara (ambos del PMDB). El “golpe” sería el de los aliados que el PT abrazó y aduló en los últimos diez años. La crisis económica acelera los plazos. El crecimiento del PBI, previsto inicialmente en más de 3,5%, ya ha sido reducido a menos del 2% (abajo del crecimiento demográfico, lo que provocará una nueva caída del PBI per cápita). El aumento de las tasas de interés, cediendo a la presión del capital financiero, no logra impedir la fuga de capitales, y ha aumentado la deuda pública al punto de provocar el recorte suplementario de 15 mil millones de reales del presupuesto (afectando, claro, salud y educación…) para cumplir con la meta fondomonetarista de superávit primario. Compárese con el previsto superávit comercial de 6,5 mil millones de reales (10% del superávit de los “años de oro” de Lula) después de haber transformado todo el sistema productivo y de obras públicas para hacer del país una plataforma exportadora.

La economía brasileña, como ya lo dijimos, es una bomba de tiempo. Ahí está el destino del “grupo (holding) X” del “empresario nacional” de Lula/Dilma, Eike Batista (ex 8º fortuna del mundo, actualmente fuera de la lista de las primeras 200), cuyas empresas perdieron 90% de su valor bursátil en los dos últimos meses. Vinicius Torres Freire, principal comentarista económico de la Folha de S. Paulo, afirmó que hay una “huelga de inversiones” del sector privado desde 2012. Las masas están votando con los pies en la calle, la burguesía con el bolsillo.

El paro tardío del 11 de julio convocado por las centrales sindicales por “mayores inversiones en sanidad y educación; aumento de salarios para los trabajadores; reducción de la jornada de trabajo; apoyo a la reforma agraria y transporte público de calidad” (reivindicaciones que Dilma Rousseff ni se tomó el trabajo de escuchar en la entrevista que mantuvo con los sindicatos) está presidida por la defensa de la reducción de las tasas de interés, una reivindicación de la burguesía endeudada. El paro aislado intenta desviar la rebelión popular y ponerse a la cabeza de las negociaciones de su agenda –como recurso último para salvar al gobierno del derrumbe capitalista. CONLUTAS, la pequeña central sindical clasista, se sumó al paro sin criticar su finalidad desmovilizadora.

Las tendencias al derrumbe financiero, que se manifiestan en la salida de capitales del más importante de todos los “mercados emergentes” (después de China), pasan ahora a ser el principal combustible de una segunda vuelta de movilizaciones populares –probablemente al margen de las organizaciones sindicales tradicionales.


Osvaldo Coggiola

jueves, 4 de julio de 2013

BRASIL: CRISIS, COMBATES Y PERSPECTIVAS


BRASIL: CRISIS, COMBATES Y PERSPECTIVAS

Cuando Brasil venció la Copa de las Confederaciones, en el mismo momento, fuera del Maracaná, una multitud, equivalente a la que se encontraba en el estadio, protagonizaba una batalla campal contra la policía, que usó bombas, gas y balas de caucho. El saldo fue decenas de heridos y detenidos. Que el fútbol, religión nacional, no haya desviado una movilización antigubernamental es un hecho inédito en la historia. Tan insólito como el hecho de que la presidente ni siquiera pisó el estadio, temiendo una silbatina peor que en la inauguración de la Copa. Neymar se pronunció (pese al cerco de seguridad que lo rodea permanentemente) en favor de las manifestaciones. El mismo domingo, la Cámara Municipal de Belo Horizonte fue ocupada por jóvenes que reivindican la apertura de los contratos con las empresas privadas de transporte urbano, para poner en evidencia los superlucros patronales y la corrupción descarada de los “representantes populares”.  Desde la semana pasada, los movimientos de las favelas paulistas (MTST, los “sin techo”, y “Periferia Activa”) organizan manifestaciones y bloqueos de avenidas contra las pésimas condiciones de alojamiento, salud y transporte en los barrios pobres.

Al mismo tiempo, se desarrolla una formidable ofensiva represiva no solo en las calles sino en las mismas favelas, un gigantesco operativo de militarización para evitar que los sectores más explotados se incorporen masivamente a la lucha. En la Favela de la Maré la operación dejó media docena de jóvenes muertos, definidos como “ladrones”; enseguida se puso en evidencia que ninguno de ellos había tenido siquiera una acusación formal en su contra en toda su vida. El monstruoso aparato represivo brasileño ha sido incrementado y se ha sofisticado como nunca en función de los “grandes eventos” (campeonatos mundiales de fútbol y Olimpiadas) por el “gobierno de los trabajadores”. Durante las primeras manifestaciones, Dilma Rousseff ofreció pública y explícitamente el apoyo de la “Fuerza Nacional”, un engendro represivo “contrainsurgente” montado por el gobierno del PT, a gobernadores e intendentes “en apuros”.  

La rebelión popular ha originado una crisis institucional. La PEC (propuesta de enmienda constitucional) nº 37, enviada por el gobierno al Congreso, fue rechazada por... 430 votos contra 9. La PEC proponía transferir las facultades de investigación del Ministerio Público a la Policía Judicial. Es una maniobra para que el Poder Judicial (que se le escapó al PT de las manos) frenase la investigación de los casos de corrupción gubernamental. Los nueve votos a favor fueron de nueve derechistas hipercorruptos, hasta el presente adversarios del gobierno; toda la bancada del PT votó contra el gobierno, que se ha quedado sin “base aliada” parlamentaria. Frente a la catástrofe política, Dilma sacó de la galera una propuesta de constituyente para tratar una reforma política (financiamiento público exclusivo de las campañas electorales), a la que el Poder Judicial y la mayoría de los parlamentarios se declararon hostiles. El gobierno reculó y pasó a defender un plebiscito sobre una propuesta de reforma. En las actuales condiciones, la propuesta puede dar un eje político nacional de repudio a la movilización heterogénea de las calles.

El índice de aprobación de Dilma Rousseff cayó del 70% al 30%. En una reunión de Dilma con las centrales sindicales, el representante de la CONLUTAS denunció la propuesta de “plebiscito popular” como una maniobra distraccionista desesperada. Los planteos de las centrales sindicales al gobierno fueron simplemente ignorados, y ha sido convocado un paro general para el 11 de julio, esto es, para casi un mes y medio después de las primeras manifestaciones contra el tarifazo de los transportes. CONLUTAS convocó a algunas movilizaciones parciales (sin éxito) antes de esa fecha.

La tentativa de la izquierda de participar con columnas propias (“rojas”) en las manifestaciones en la Av. Paulista fue literalmente repelida a palos. Los manifestantes no apreciaron el intento de diferenciación de la izquierda y tampoco el propósito de hacer propio al movimiento.  La izquierda ha replicado reclamando el derecho a participar con banderas propias en las manifestaciones. Pero todo esto es distraccionismo, porque la izquierda no se ha hecho conocer a través de un planteo propio, es decir sin aportar al movimiento. No ha dicho ni pío sobre la constituyente, cuando la burguesía la rechaza con el planteo de que las constituyentes se convocan cuando se rompe un régimen político y se plantea la creación de otro. Algunos de la “izquierda progre” (intelectuales sin partido, aliados del PT de todo tipo) han llegado a denunciar todas las manifestaciones como montajes de la CIA contra el gobierno del PT, en un artículo ampliamente traducido y difundido por sitios y redes chavistas y “progres” del continente (“La protesta brasileña de la última semana”, por Tania Jamardo Faillace, Alai-Amlatina). Este fin de semana, Lula salió de su mutismo para decir que hay que estar en la calle para “empujar el gobierno hacia la izquierda”...

La movilización callejera es cada vez más generalizada; el paro general nacional del 11 de julio, convocado por todas las centrales sindicales es un intento claro de recuperar la calle para las agencias populares del gobierno, que se encargarían luego de desmovilizar la rebelión.  Un boicot al plebiscito podría re-encender el movimiento y provocar la caída del gobierno y las elecciones anticipadas. Puede darle una plataforma nacional y un nuevo escalón político al movimiento de las calles. Egipto también ayuda.    

 Osvaldo  Coggiola


lunes, 24 de junio de 2013

BRASIL: LA REBELIÓN QUEMA ETAPAS


BRASIL: LA REBELIÓN QUEMA ETAPAS

Las movilizaciones en Brasil comenzaron el 6 de junio, con dos mil manifestantes en el centro de Sao Paulo contra el tarifazo del transporte en esa ciudad. La represión, ordenada por el gobierno estadual (de derecha) y apoyada por el gobierno municipal (del PT), fue violentísima. Dos semanas después, los manifestantes, en casi todas las capitales y ciudades importantes del país, habían superado los dos millones, (un millón en Rio de Janeiro el jueves 20). El tarifazo fue retirado y hoy es casi una anécdota. Varias otras capitales y ciudades que habían anunciado aumentos del transporte también los retiraron, sin que mediara el planteo explícito de una reivindicación en ese sentido. El anuncio del gobierno paulista retirando el tarifazo, que buscaba vaciar las calles, fue festejado en las calles como una gran victoria. El propio MPL (Movimiento Pasaje Libre), convocante inicial, retiró los llamados a la movilización. Fue, sin embargo, como si nada: el viernes 21, más de dos millones estaban en las calles brasileñas. Varias capitales fueron literalmente paralizadas. El pueblo y los trabajadores brasileños han iniciado una movilización histórica.

La lucha contra el tarifazo se transformó en una movilización contra todo el régimen político. La juventud fue a las calles con reivindicaciones sobre transporte, salud, educación, contra la represión, contra el gobierno y contra la corrupción del oficialismo y de la oposición.  La presidente (Dilma Rousseff) fue silbada de modo estridente en la inauguración de la Copa de las Confederaciones, y después cerró el pico por dos semanas. El régimen político quedó en estado catatónico. La policía (militar, federal, estadual, civil, etc., todo el impresionante aparato represivo montado bajo la dictadura), recibió la orden de observar y sólo intervenir en caso de depredaciones. Recién el viernes 21 Dilma consiguió abrir la boca, anunciando que los royalties del petróleo pre-sal (petróleo submarino que el gobierno del PT privatizó) serán consagrados a la educación (no dijo cómo, desde luego). Convocó a una reunión de gobernadores y algunos intendentes, la mayoría representantes de la derecha más podrida, represiva y corrupta, para organizar una respuesta del régimen en su conjunto. Un tiro que puede salir por la culata.

Las principales centrales sindicales (CUT-PT, Fuerza Sindical, CGT), la federación estudiantil oficialista (UNE), acompañadas del coro habitual de ONGs y entidades “progres” de todos los colores, emitieron una declaración recién dos semanas después de manifestaciones y combates callejeros. Después de la habitual cháchara progre, plantearon “la realización con urgencia de una reunión nacional, que envuelva a los gobiernos estatales, a los intendentes de las principales capitales, y a los representantes de todos los movimientos sociales (...) esa reunión es la única forma de encontrar salidas para enfrentar la grave crisis urbana”. El MST (Movimiento de los Sin Tierra) también firmó este pedido de coalición de toda la reacción política brasileña para contener la rebelión popular.

En medio de las movilizaciones aparecieron, como era de esperar, grupos de criminales saqueadores (infiltrados por provocadores policiales, los P2), grupetes fascistas y grupos identificados como “sin partido”. Algunos, aliados a skinheads neonazis, hostilizaron a partidos de izquierda (PSTU, PSOL, PCB). El fin de semana (22-23) se realizó una reunión para discutir cómo combatir a esos grupos. Jóvenes de las periferias más pobres, negros o mulatos en su mayoría, ya se están organizando para romper las cabezas de los grupejos skinheads racistas. Los “sin partido”, que cantan el himno y llevan banderas brasileñas, son otra cosa; son un síntoma del derrumbe de la organización social y política de Brasil, después de diez años de gobierno de frente popular –la alianza del PT y la central sindical que controla (CUT) con el PMDB y la derecha evangélica.

La rebelión brasileña no es todavía una movilización de clase; es el primer episodio de lo que viene. Desnuda la postración asquerosa de la burocracia de las organizaciones obreras (la CUT en primer lugar). La CONLUTAS, pequeña central sindical clasista (dirigida por el PSTU), ha llamado a movilizaciones a partir del próximo jueves (27). Algunos de sus sindicatos (Andes –docentes universitarios), por ejemplo, llamaron desde el inicio a movilizarse junto a los jóvenes del MPL. El planteo de un plenario nacional de trabajadores y jóvenes luchadores para organizar la lucha comienza a abrirse paso. Los docentes de las universidades federales realizaron el año pasado una gigantesca huelga general de varias semanas.

La izquierda del régimen se apuró a denunciar una maquinación golpista: los manifestantes serían “tontos útiles”. El propio MPL cedió a esas presiones. Varias movilizaciones fueron realizadas (en Brasilia, por ejemplo) después que sus convocantes las suspendieran. Los “progres” brasileños se encuentran ahora en la excelente compañía del premier turco Tayyip Erdogan, que también denuncia una conspiración internacional contra su gobierno y el de Brasil. El imperialismo se habría complotado para derrocar a sus aliados; es lo que dirán en Estados Unidos cuando comience la movilización contra los atropellos de Obama. 

Las movilizaciones internacionales en solidaridad con Brasil son impresionantes, por el número de ciudades en que se realizan, y por la solidaridad de la población local. En Brasil no se está enfrentando a una dictadura, ni a un gobierno derechista, sino al gobierno símbolo mundial de la izquierda “progresista” y de los programas sociales compensatorios, que el capital mundial presenta con términos elogiosos. La clarificación política que produce esta lucha tiene alcance internacional.

La burguesía brasileña ha comenzado a discutir la urgencia de una reforma política, y hasta la posibilidad de una asamblea constituyente; reconoce de este modo que no estamos frente a una revuelta pasajera. La izquierda revolucionaria sólo se puede forjar dando una respuesta de conjunto a todos los problemas políticos planteados, no solamente acompañando la rebelión popular. En Brasil asistimos a otro embate de las masas, en el contexto histórico del derrumbe del capitalismo, para romper los eslabones de la cadena imperialista mundial e inaugurar una etapa definitiva de la revolución socialista mundial.

Osvaldo Coggiola