Opción Obrera es la sección venezolana de la CRCI (Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional)

Propulsamos el desarrollo de una política proletaria al seno de los trabajadores tras su independencia de clase y una organización de lucha para su liberación de la explotación e instaurar El Gobierno de los Trabajadores, primer paso hacia el socialismo.

Ante la bancarrota capitalista mundial nuestra propuesta es que:


¡¡LOS CAPITALISTAS DEBEN PAGAR LA CRISIS!
¡LOS TRABAJADORES DEBEN TOMAR EL PODER!



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lunes, 16 de noviembre de 2015

Francia, después de la masacre


Francia, después de la masacre

París sin cafés, sin cines, sin museos, sin gente en la calle. Ese era el espectáculo en la gran ciudad luego de los atentados terroristas en cadena, con 130 muertos hasta ahora, y centenares de heridos.

París y Francia han sido sumergidos por la barbarie de la guerra imperialista, por la dislocación política, por los llamados al exterminio.

Los atentados golpearon directamente a la población en un concierto de música, en las terrazas de los cafés, en las calles, en el estadio de fútbol, con el objetivo bien preciso de aterrorizar. A diferencia de lo ocurrido en enero -Charlie Hebdo- los atentados se produjeron en lugares públicos, para que murieran centenares de personas sin identidad previa.

La condena no debe tener ningún atenuante, pero los discursos sobre el país y la ciudad de los derechos del hombre ocultan los crímenes de la burguesía francesa. En octubre de 1961, la policía asesinó centenares de personas en las calles y los cadáveres fueron arrojados al Sena. Eran argelinos que apoyaban la lucha por la independencia. La aviación francesa bombardea pueblos y ciudades de Africa, Irak y Siria pero esos poblados están lejos, el Estado francés sostiene al Estado sionista y avala las masacres del pueblo palestino. En los últimos 50 años, la población parisina parecía inmune y ajena al rol de su burguesía y al hecho que París es un centro imperialista, económico, político y militar.

Sarkozy y Hollande han acentuado este rol con las intervenciones militares en Libia, Malí, Irak y Siria. Bush desencadenó la guerra iraquí y dio paso a la generalización de la intervención militar imperialista; Sarkozy y ahora Hollande decidieron sumarse a la cruzada. Irak, Libia y Siria son países en los cuales la intervención imperialista liquidó las estructuras estatales y promovió el caos actual, en el que se suceden las masacres de la población civil, se desintegra todo elemento nacional y se proclama el derecho al pillaje de las riquezas. Este caos ha desembarcado en París.

El Estado Islámico reivindicó el atentado y no dejó de estigmatizar a París como la ciudad de las "abominaciones y la perversión". Como señalan los observadores y analistas que guardan algo de sentido crítico, esta reivindicación es apenas un elemento de propaganda y las preguntas que hay que formularse se refieren a quienes crearon a EI: ¿Qué está haciendo Arabia Saudita, socio inalterable de Estados Unidos, y a quién financian sus múltiples clanes? ¿Cuáles son las provocaciones que organiza y/o precipita el Estado sionista? ¿Cuál es el papel del actual gobierno turco? ¿Cómo se atizan los enfrentamientos religiosos? La responsabilidad comprende al conjunto del imperialismo, sus aliados y sus peones. Putin se suma al concierto y en estos mismos días avanzan las negociaciones en Viena sobre Siria, entre todas las potencias.

Existe una unión sagrada que protege la masacre permanente del pueblo palestino o del pueblo kurdo, que busca aplastar toda rebelión por sus derechos nacionales. La intervención imperialista es contraria a toda reivindicación nacional progresiva. El imperialismo francés quiere jugar su rol al respecto y queda subordinado a los movimientos e intereses de la potencia dominante, los Estados Unidos.

"En guerra"

Los atentados han sido la palanca para que el gobierno francés acentúe su política militarista. "Quiero decirles a los franceses que estamos en guerra", insistió una y otra vez el primer ministro en la televisión. El presidente Hollande proclama la "unión nacional" y reúne en forma extraordinaria al Congreso (diputados y senadores) para cerrar filas. El Frente Nacional apoya la política del Presidente y pide simplemente más firmeza. En una situación de crisis, hay que soldar el bloque reaccionario. Otra cosa es que lo consiga. El gobierno Hollande-Valls está en retirada y se apresta a una derrota electoral enorme en las elecciones regionales de diciembre. Francia puede entrar, ella misma, en un periodo de disgregación política.

Las reacciones de las organizaciones del movimiento obrero y de la izquierda "institucional" han sido deplorables. La condena de los atentados sirve de pretexto para sumarse a la "unión nacional". El conjunto de las confederaciones sindicales condenan el terrorismo, proclaman que seguirán luchando por la democracia, la paz y las libertades y omiten toda referencia al gobierno: las intervenciones militares y la guerra social simplemente no existen. Las huelgas previstas esta semana han sido anuladas (la de las finanzas públicas el 18 y la de los controladores aéreos el 17, entre ellas). La manifestación del personal de los hospitales del martes 17, como todas las manifestaciones, ha sido prohibida.

El Partido Comunista y el Partido de la Izquierda se han sumado a la "unión nacional". Lutte Ouvrière y el NPA han condenado los actos de terrorismo y denuncian la política imperialista del gobierno. No aceptan alinearse detrás del gobierno y del Estado en esa "unión nacional".

Roberto Gramar desde París



jueves, 15 de octubre de 2015

Adónde va el Medio Oriente


Adónde va el Medio Oriente

La crisis desatada en Europa por la ola de refugiados de Medio Oriente y el norte de África elevó la crisis en esta región a un nuevo estadio internacional. El régimen migratorio de la Unión Europea fue sacudido de cabo a rabo, cuando aún se hacían sentir los peligros para la zona euro planteados por la bancarrota de Grecia. Alemania se vio sometida de inmediato a una crisis política, por ejemplo con la resistencia a la recepción de refugiados por parte del estado de Baviera. Significativamente, en el gabinete de Merkel empezaron a circular iniciativas para confiscar las propiedades sin alquilar en su territorio para paliar la escasez de espacios habitacionales para acoger a los refugiados. Ni más ni menos. La crisis humanitaria de los refugiados había sacudido a la opinión pública de todos los continentes.

Es precisamente en estas circunstancias, o sea cuando la crisis de la periferia invade a las metrópolis que la desataron, que Rusia decide intervenir militarmente en Siria. La situación creada en Europa era una prueba irrefutable del fracaso de los planes políticos de los estados imperialistas para ‘pacificar’ a Siria como a Irak y convertirlas o consolidarlas como estados títeres. Putin justificó la intervención rusa como el recurso necesario para que la desintegración de esos países no se transforme en una crisis directamente mundial, e incluso que la huida de refugiados la afecte a ella en un plazo relativamente corto. En contraste con la política occidental, Putin planteó de inmediato el envío de tropas sobre el terreno –incluso de la guardia revolucionaria de Irán. Irán, Irak y Rusia anunciaron un acuerdo de intercambio de informaciones; la dictadura militar de Egipto saludó la intervención militar de Rusia.

El objetivo invocado para la intervención fue el combate al Estado Islámico, pero enseguida quedó claro que era planteado a partir del sostenimiento al gobierno de Al Assad. El propósito estratégico de Putin es defender su única base en el Mediterráneo, más necesaria que nunca ante la precaria situación internacional de su ocupación de Crimea –que comunica a Rusia con el Mediterráneo a través del Mar Negro. Más allá de esto, para Putin no existe ninguna fuerza con capacidad para enfrentar al EI fuera del ejército de Siria y de las guardias de Irán y de Hizbollah. Si faltaba alguna prueba para esto, Obama anunció el cese del entrenamiento de sectores opositores a Al Assad pocos días después, alegando un fracaso rotundo en los resultados. Putin contó para su operación con el guiño de hecho del propio Obama, que pasó a admitir la continuidad de Al Assad para organizar una transición política en Siria. Putin no hubiera podido enviar tropas a Siria sin el consentimiento de EEUU y del estado sionista. Esto quedó de manifiesto, adicionalmente, cuando Netanhyau viajó a Moscú. Dentro de la UE, Rusia tuvo el respaldo inequívoco de Alemania. Quienes han visto en estos hechos un retorno a la ‘guerra fría’ tienen el reloj atrasado; asistimos a un acuerdo político de grandes potencias, incluso si en un futuro inmediato desatan nuevas crisis internacionales e incluso más violentas. Luego de la disolución del ejército de Saddam Hussein, en Irak, hace mucho que los analistas militares norteamericanos han llegado a la conclusión que en cualquier cambio de régimen que promueva Estados Unidos sería necesario preservar a las fuerzas armadas del viejo régimen. Cuando se habla de una transición negociada en Siria, se tiene en cuenta la necesidad de conservar a las fuerzas armadas de Al Assad. En la reunión que tuvieron en los márgenes de la asamblea reciente de la ONU, Obama y Putin coincidieron en la finalidad de asegurar la “unidad de Siria”.

La intervención rusa representa con toda claridad un golpe para el régimen de Turquía, pues entierra la pretensión de éste de crear una base al interior de Siria bajo su tutela para proceder a la liquidación de Al Assad y convertir a Siria en un satélite. El turco Erdogan buscaba de este modo acabar con el gobierno kurdo en el norte de Siria –frontera con Turquía–, que había sido el único en resistir en forma victoriosa al EI, con la ayuda del PKK –el partido kurdo en Turquía e Irak. También está acusada de complicidad con el EI. ¿Cómo pretenden Obama y sus secuaces acabar con el EI sin quebrar al principal régimen político de la región que avala sus acciones militares y sus masacres? Turquía se ha convertido ahora en un epicentro de la crisis, luego de haber sido su promotora, incluido su apoyo al EI, del cual esperaba que pusiera fin al régimen de Al Assad. La necesidad militar había llevado a Obama a apoyar a los kurdos contra el EI y a chocar también con el gobierno de Turquía, al cual el curso que han tomado los acontecimientos podría llevar a un colapso. Luego del aplastamiento de la primavera árabe, el territorio del viejo imperio otomano podría conocer en poco tiempo una nueva crisis revolucionaria. Los atentados criminales reiterados contra la izquierda y la población kurda en Turquía son una confección hecha y derecha de Erdogan, incluso si usa para ello al EI.

Rusia repite, contra el EI, la táctica de la Alemania contra la URSS en la segunda guerra: ataca a los opositores de Al Assad que ocupan el noroeste de Siria, como Hitler atacó primero a Gran Bretaña y Francia –para cuidar sus espaldas. Ese sector opositor está representada principalmente por una fracción de Al Queda –con vasos comunicantes con EI. El gobierno kurdo de esa región ha declarado su apoyo a Rusia y reclama una autonomía en una Siria unida. Obama y compañía conocen estos planes de antemano y reconocen su consistencia militar. Esta unidad de circunstancia entre EEUU y Rusia y entre Obama y Putin, de ningún modo ponen fin o siquiera limitan las contradicciones explosivas entre uno y otro. Es la misma unidad que los juntó para imponer a Irán el acuerdo de control de su programa nuclear por parte de EEUU. Es la unidad de conveniencia que está tejiendo Arabia Saudita con Rusia, a partir del fracaso de la coalición militar de los estados del Golfo Pérsico y Estados Unidos para doblegar la rebelión en Yemen. Asistimos a un acuerdo limitado y circunstancial entre Obama y Putin, del cual cada uno quiere sacar ventajas en su confrontación de orden general. En el marco de la bancarrota mundial del capitalismo, la estrategia del imperialismo es doblegar las resistencias que bloquean su dominación completa del ex espacio soviético y de China.

Las mismas razones que empantanaron a EEUU en Afganistán e Irak deberán empantanar a Putin en Siria, como ya empantanaron a la ex URSS en Afganistán. Rusia, por otra parte, no tiene los recursos económicos ni políticos para capitalizar una victoria en Siria, que siempre será transitoria. Afectada por una fuerte recesión y una quiebra bancaria, los gastos de la acción militar en Siria comprometerán más su situación económica. La conclusión es que así como contó con la venia del viejo imperialismo para intervenir en la guerra en Siria, acabará arreglando una salida con EEUU y la UE, si es que logra consumar el trabajo sucio de pelear con tropas propias contra las milicias contrarias a Al Assad.

Como se ha dicho más arriba, el epicentro de la crisis se ha desplazado a Turquía, cuyo régimen ha fracasado en todos sus objetivos de convertirse en potencia regional. Asimismo, la ferocidad de la crisis humanitaria y social vuelve a colocar en el primer plano la cuestión del sionismo y la opresión de Palestina, cuando el protagonismo gana a la población que habita dentro de las fronteras de Israel. Es necesario despertar a los trabajadores de todo el mundo a la necesidad de una acción internacional contra el imperialismo y por la autodeterminación de las naciones y la revolución socialista.

Jorge Altamira
10/10/2015



miércoles, 14 de octubre de 2015

¡Ninguna solidaridad con el AKP sino luchar en su contra!


Masacre en Ankara, Turquía
¡Ninguna solidaridad con el AKP sino luchar en su contra!
¡Sólo la clase obrera puede llevar a juicio a los culpables!

Hemos perdido más de un centenar de vidas en la concentración del 10 de octubre en Ankara. En el Partido Revolucionario de los Trabajadores (DIP) estamos de luto por todos los compañeros que perdimos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, con los que nos habíamos unido en una lucha por la libertad, y ofrece sus condolencias a sus familias, así como a sus sindicatos y organizaciones políticas. Esperamos sinceramente que nuestros compañeros heridos se recuperen pronto.

La masacre del 10 de octubre en Ankara es el mayor ataque, en la historia de Turquía, a los trabajadores y los oprimidos en el ejercicio de su derecho a protestar. ¡Es más sangrienta que la del Domingo Sangriento de 1969! ¡Es más sangrienta que la del 1° de mayo de 1977! Es más sangrienta que la masacre de 1993 que tuvo lugar en el hotel Madimak en Sivas. Es el más atroz que todos los ataques a las celebraciones del Primero de Mayo tras el golpe de estado del 12 de septiembre. La masacre del 10 de octubre es, sin ninguna duda, el ataque más grande y más brutal a una manifestación organizada por los sindicatos.

Sólo se puede comparar con una masacre bárbara que no tuvo relación con la lucha de clases. En marzo de 1992, el Estado asesinó a más de 100 personas, jóvenes y viejos, mujeres y niños durante las celebraciones de Newroz en Sirnak. Ese fue el primer acto atroz en una cadena de masacres que el Estado ha dirigido a nuestros hermanos y hermanas kurdos durante la década de 1990. La horrenda planificación de tales masacres terminaría siendo expuesta más tarde en 1996 durante el escándalo Susurluk. La masacre de Şırnak pudo haber sido la primera de las "1000 operaciones infames". En resumen, ¡Turquía está ahora en ese momento horrible! La masacre en Suruç fue seguida de los ataques a Kobani. ¡La masacre del 10 de octubre ha transformado a Ankara en otra Suruç, y Turquía lo está siendo rápidamente en otra Siria!

Dadas las circunstancias, acciones como expresión de queja o pedir a todos los grupos políticos a unirse en solidaridad por la protesta y el limitarse uno mismo a decir "todos los responsables deben renunciar", como lo ha estado haciendo Kemal Kılıçdaroğlu, el presidente del Partido Republicano del Pueblo (HDP), solamente abrirá el camino a más agresión por parte del AKP y Tayyip Erdoğan –una agresión que, efectivamente, ha alcanzado su punto máximo con la reciente masacre.

Tayyip Erdoğan también está pidiendo solidaridad. Ahmet Davutoglu también está pidiendo solidaridad. Y Kılıçdaroğlu promete solidaridad. La clase obrera y la población trabajadora no tienen un solo tema que pueden resolver en común en solidaridad con el AKP, Tayyip Erdoğan o Davutoglu. ¡La única respuesta a los ataques contra la clase trabajadora es la lucha de clases! No se puede establecer solidaridad con un gobierno que representa a las clases dominantes, y peor aun, un gobierno que está llevando lentamente a Turquía al borde de la guerra y a la barbarie mientras erosiona todas las libertades duramente coquistadas.

Ellos son los responsables de la masacre del 10 de octubre. Esta masacre se ha producido en una Turquía donde el gobierno no ha movido un dedo para perseguir a los autores de las explosiones preelectorales en sedes del HDP y sus mítines en Mersin, Adana y Diyarbakir, y las bombas hechas estallar en Suruç después de ellas, el 20 de julio. Así, incluso antes de tratar de averiguar quiénes son los autores materiales en esta fecha, podemos señalar con el dedo al gobierno del AKP. Su objetivo no es sólo convertir a Turquía en un país donde belicistas civiles, sectarios y takfiris (los que declaran a todos los demás como no creyentes) tengan manos libres. El futuro del AKP y Tayyip Erdoğan depende completamente ahora de esas organizaciones. Ellos están en una especie de conflicto controlado con ISIS, escondiendo una profunda connivencia. Pero hay muchas otras organizaciones en la foto: IBDA-C, el Hezbollah kurdo desfilando como un inocente partido legal (Hüda-Par), el llamado Cuerpo Otomano, las Brigadas Turcomanas... Lo que sea. No pregunte quiénes llevaron a cabo los atentados en esta masacre. Pregunte quién los causó para convertirlo en un aspecto indispensable de la política turca. Una vez más todos los dedos apuntarán a Tayyip Erdoğan y al gobierno del AKP.

Los sindicatos y las asociaciones gremiales que organizaron la manifestación del 10 de octubre han convocado una huelga general de dos días. En este momento nuestra tarea más importante es llevar esta decisión a la agenda de todos los sindicatos y asociaciones gremiales, y hay que trabajar duro para llevarlo a cabo.

El movimiento obrero también debe unir sus fuerzas con los gremios profesionales y las organizaciones de masas para formar un Comité Independiente de Investigación para descubrir, revelar, y llevar a juicio y condena a los autores de la masacre del 10 de octubre y a todos los que lo apoyaron. Los colegios de abogados y personalidades de respeto en la vida nacional también deben incluirse en este esfuerzo. Debemos trabajar duro para que este Comité esté autorizado para acceder a todo tipo de documentos, testigos y datos. Es de vital importancia que la investigación de la masacre del 10 de octubre no se deja en las manos de un jefe de la policía devenido en ministro del interior que carece de autoridad y responsabilidad política y que no ha podido hacer frente a los problemas de seguridad durante su mandato.

¡El ministro del Interior debe ser despedido! Un ministro que no puede evitar la muerte de más de 100 personas en una manifestación pública no debe mantenerse en tal puesto. Debe ser despedido inmediatamente y así abrir el camino a una investigación decente. Es un jefe de la policía sin ninguna responsabilidad política; no esperaríamos que dimita. ¡Él debe ser despedido!

¡Que todos los afiliados de los sindicatos exijan de sus directivos a apoyar y organizar la huelga general!

¡Obreros, empleados públicos, trabajadores de oficina, participemos en la huelga general!

¡Adelante por un Comité Independiente de Investigación establecido por los sindicatos y las organizaciones de masas!

¡Que el ministro del interior sea despedido!

Comité Central del Partido Revolucionario de los Trabajadores (DIP), Turquía
13 de octubre 2015



domingo, 11 de octubre de 2015

¡El culpable es el AKP! - Ante la masacre por el estallido de una bomba en Ankara, Turquía, el sábado 10 de octubre de 2015


Ante la masacre por el estallido de una bomba en Ankara, Turquía, el sábado 10 de octubre de 2015
¡El culpable es el AKP!

El siguiente texto es la traducción al castellano de un comunicado difundido por el DIP (Partido Revolucionario de los Trabajadores de Turquía) a pocas horas después del ataque con bomba que mató a por lo menos un centenar de personas e hirió a otras cuatrocientas.

Turquía está siendo transformada rápidamente en otra Siria. Los terroristas protegidos por el Estado turco explotan bombas en medio de decenas, quizá incluso cientos de miles de personas en la ciudad capital de Ankara. Más de un centenar de muertos, cerca de cuatrocientos heridos... Y esta masacre se está llevando a cabo en una Turquía donde el gobierno no ha movido un dedo para perseguir a los autores de las explosiones preelectorales en Mersin, Adana y Diyarbakir, y a la ocurrida en Suruç el 20 de julio. Así, incluso antes de tratar de averiguar quiénes son los perpetradores en esta fecha, podemos señalar con el dedo al gobierno del AKP sin dudarlo.

El objetivo no es sólo para convertir a Turquía en un país donde belicistas civiles, sectarios y takfiris (los que declaran a todos los demás como no creyentes) tengan manos libres. El futuro del AKP y Tayyip Erdoğan depende completamente ahora de esas organizaciones. Ellos están en una especie de conflicto controlado con ISIS, escondiendo una profunda connivencia. Pero hay muchas otras organizaciones en la foto: IBDA-C, el Hezbollah kurdo desfilando como un partido legal inocente (Hüda-Par), el llamado Cuerpo Otomano, las Brigadas Turcomanas... Lo que sea. No pregunte quiénes llevaron a cabo los atentados en esta masacre. Pregunte quién los causó para convertirse en un aspecto indispensable de la política turca. Una vez más todos los dedos apuntarán a Tayyip Erdoğan y al gobierno del AKP.

Una reunión de ONGs se había organizado en Ankara la semana antepasada. Supuestamente estuvieron expresando "No al terrorismo, sí a la fraternidad". A continuación se celebró una reunión similar organizada por el AKP y el Estado en Estambul. Más tarde, en Rize (ciudad natal de Erdogan en la costa del Mar Negro) el infame líder mafioso, Sedat Peker, habló de pie en otro mitin delante de posters de Erdogan a tamaño completo. Maldijo el terrorismo y declaró que pronto correría la sangre como un río a lo largo y ancho de todo el país. ¿Y qué pasa con el terrorismo de Estado? ¿Por qué están todos en silencio por los atentados en Ankara, Mersin, Adana y Diyarbakir? ¿Por qué están todos haciendo caso omiso de la policía gaseando hasta los muertos en Ankara e intimidando con disparos al aire a las personas que corrieron en auxilio de los heridos?

El mensaje de esta masacre es muy claro: ¡está prohibido manifestarse en Turquía! O más precisamente, está prohibido manifestarse contra Tayyip Erdoğan y el AKP. El mensaje es: "¡Vamos a acabar con todos los que asistan a estas manifestaciones!".

¡Así no serán las cosas para siempre! ¡Sus días están contados! ¡La hora se acerca, cuando se den a conocer todos sus crímenes! ¡Usted no sólo ser derrocado, sino que también será llevado a juicio!

Comité Central del DIP
Partido Revolucionario de los Trabajadores
10 de octubre 2015


PD: Hoy hemos realizado una segunda declaración, llamando a todo el pueblo trabajador a apoyar activamente la huelga general convocada por los sindicatos que organizaron la manifestación en Ankara; para exigir un Comité Independiente de Investigación, integrado por los sindicatos y los gremios profesionales de la ingeniería, medicina, de abogados, etc.; y por último, para exigir la destitución del ministro del interior.

miércoles, 14 de enero de 2015

Je suis Charlie?

Je suis Charlie?

Enero 10, 2015 en Análisis político Por Alejandro Guerrero (@guerrerodelpo)
http://revistaelotro.wordpress.com/2015/01/10/je-suis-charlie/

José Antonio Gutiérrez Díaz es un historiador anarquista, colombiano. Desde su residencia en Dublín ha escrito un artículo sobre la masacre parisina. Lo tituló “Je ne suis pas Charlie” (“Yo no soy Charlie”, el mismo titular que usó para una declaración el fascista francés Jean-Marie Le Pen).

Sobre las características de Charlie Hebdo, dice Gutiérrez:

“No se trata de inocentes caricaturas hechas por librepensadores (…) se trata de mensajes, producidos desde los medios de comunicación de masas (…) cargados de estereotipos y odios, que refuerzan un discurso que entiende a los árabes como bárbaros a los cuales hay que contener, desarraigar, controlar, reprimir, oprimir y exterminar”.[1]
Dejemos por un momento a un lado que, desde ese punto de vista, solo podrían publicarse “inocentes caricaturas hechas por librepensadores” porque, caso contrario, resultaría muy explicable que una horda armada entrara en la sala de dibujo y ametrallara a todo el mundo. En todo caso se trataría, como ha dicho alguien, de la “cosecha bárbara” de “la provocación”. La decana de la facultad de Periodismo de La Plata, Florencia Saintout, dijo que “ningún homicidio se justifica, pero tienen su contexto”. Una perogrullada, una obviedad poco inocente en este caso. El contexto (ella no lo dice) debe ser, quizás, el que desarrolla Gutiérrez.
Gutiérrez Díaz dice en su artículo que le parece “una atrocidad” el atentado por una razón, entre otras, peculiar: una redacción periodística, según él, no puede ser “un objetivo militar”. Es una postura de anarquista light, de anarquismo devaluado, separado por completo del viejo anarquismo obrero de hace un siglo que, de algún modo, se vinculaba incluso con la dictadura del proletariado.
En verdad, los medios de comunicación han sido objetivos militares en todas las guerras modernas. Por ejemplo, en julio de 2006, cuando Israel invadió el Líbano, sus objetivos iniciales fueron blancos civiles: el aeropuerto de Beirut… y el canal de televisión de Hezbollah, destruido en el primer bombardeo. El fracaso de esa invasión empezó cinco minutos después, cuando la emisora atacada reanudó sus trasmisiones desde una banda de emergencia. Los bombardeos de la aviación cubana de Fulgencio Batista, que batieron la Sierra Maestra en 1958 con una intensidad que solo se vería después en Vietnam, tenían el propósito explícito de matar a la conducción guerrillera y acallar Radio Rebelde. La emisora insurgente no cesó nunca sus trasmisiones, lo cual indicaba que Batista estaba perdido. Más tarde, la vitalidad de las guerrillas salvadoreñas del Frente Farabundo Martí se comprobaba porque los militares fracasaban una y otra vez en sus intentos de suprimir las emisiones de Radio Venceremos.

Ahora bien ¿tiene algo que ver con esos antecedentes el ataque a Charlie Hebdo? ¿Se trató de una respuesta defensiva, bárbara pero explicable desde ese punto de vista, de los oprimidos contra los opresores, como sugieren Gutiérrez Díaz y Saintout, entre otros?
Debe admitirse que las tapas de Charlie Hebdo han alcanzado un grado de provocación inaudito, con caricaturas del Papa haciéndose arrumacos con un guardia suizo mientras exclama “¡al fin libre!”. O esa otra que muestra a la Santísima Trinidad en un trío sexual, en el cual, como en aquellos trencitos del marqués, el que va atrás se la pone al de adelante. U otra caricatura magnífica de Francisco, vestido de prostituta mientras ofrece servicios sexuales en la calle. Y los dibujos del profeta Mahoma, claro está, usados de excusa por los masacradores.
Corresponde defender intransigentemente esas provocaciones, sobre todo porque, en este caso, la creación artística está al servicio de la desmitificación satírica de los extremismos religiosos, de ese opio con el cual los reaccionarios intentan dividir a los pueblos explotados, a los trabajadores. Un párrafo aparte merecen los gobernantes que hablan de libertad de expresión. Esa libertad es una abstracción ficticia del liberalismo. Conquistarla es tarea de los trabajadores, en las redacciones y fuera de ellas.
No obstante, aún no llegamos a la sustancia del problema, que radica en lo siguiente: esta no fue una acción defensiva, bárbara o lo que fuese, de oprimidos contra opresores. Esta fue la acción de un grupo fascista, de una organización terrorista que opera con sus crímenes, ante todo y sobre todo, contra la propia población árabe y musulmana en Oriente Medio.

Estado Islámico, que declaró “combatientes heroicos” a los atacantes de la redacción de Charlie Hebdo, no es una organización musulmana sino un grupo fascista, terrorista, que ha provocado miles de muertos y un millón de desplazados entre la población árabe y musulmana de los territorios que controla en el este de Siria y en el norte y el oeste de Irak. La televisión occidental les ha dado fama por el decapitamiento filmado de tres o cuatro periodistas de Estados Unidos o Europa, pero el gran terror lo ejerce EI contra los árabes.

El líder de EI es el califa Abu Bakr al-Baghdadi, un jeque multimillonario que ahora exporta gas y petróleo del territorio que tiene ocupado. Es, al igual que sus rivales imperialistas, un rapiñero lanzado al asalto de los recursos naturales de Oriente Medio. Por eso está en guerra abierta contra las tribus musulmanas sunnitas, porque ellas son mayoría en esos territorios. De ahí que la sharia, o “ley islámica”, tiene para EI una utilidad práctica bien material y mundana: no es una herramienta religiosa sino una ley del terror contra la población de los territorios ocupados. Para eso le sirven las crucifixiones y decapitaciones en masa… de musulmanes, no de periodistas y dibujantes franceses. Ocho millones de personas viven bajo la ocupación terrorista del califa. Ahora, incluso el jefe de Al Qaeda, Ayman al-Zawahiri, le ha advertido que semejante terror contra la población árabe le hará perder “el corazón y la cabeza de los musulmanes”. Ese es el “contexto”, señora Saintout…

El poder de fuego de esos fascistas es enorme. Tienen artillería pesada, ametralladoras, lanzaderas de cohetes, baterías antiaéreas, tanques y vehículos blindados. Medios norteamericanos denuncian abiertamente que EI recibe financiamiento de jeques árabes de Qatar y Arabia Saudita, aliados de los Estados Unidos. Los yanquis (también los franceses) los dejan hacer, los contienen con cuentagotas. En cambio, el avance de EI en Irak ha sido detenido, a veces en combates cuerpo a cuerpo y casa por casa, por las milicias del Partido Revolucionario de los Trabajadores del Kurdistán, el PKK, que han tenido en este caso un comportamiento heroico contra una fuerza muy superior en armamento.
El ataque en París ha tenido el objetivo de provocar más terror, sobre todo a los trabajadores franceses, sean cristianos, ateos o musulmanes (era musulmán el policía que remataron en el piso cuando escapaban). Para la derecha francesa esto es una fiesta: Marine Le Pen ya pidió un plebiscito para reinstaurar la pena de muerte; el presidente “socialista” Francois Hollande se ha juntado con su antecesor, Nicolás Sarkozi (el que llamó “escoria” a los habitantes de los suburbios pobres de París), para proclamar la “unidad nacional”, pero una unidad entre ellos solo puede operar contra los trabajadores; al mismo tiempo, fascistas de un signo y de otro (o del mismo) atacan mezquitas o supermercados de comida kosher.

Esa sensación, agitada por los medios, de que Francia está “bajo fuego”, apunta a paralizar a los trabajadores que enfrentan la crisis capitalista. Y, sobre todo, intenta preparar a la opinión pública para que acepte nuevos bombardeos contra la misma población árabe a la que Estado Islámico aterroriza. La “unidad nacional” de una potencia imperialista significa represión contra sus propios trabajadores, contra sus minorías, y nuevas masacres contra los oprimidos de la periferia. Es una lisa y llana traición, por ejemplo, el bochorno de Evo Morales cuando le hace llegar su solidaridad “al gobierno de Francia”. Esa es una solidaridad con el imperialismo y contra los explotados franceses, contra el pueblo palestino, contra la revolución árabe en curso. Es, también, una pleitesía canallesca para con los opresores de Bolivia.
Por todo eso, frente al ataque fascista, sí, je suis Charlie.

[1] En http://www.semanariovoz.com/2015/01/07/je-ne-suis-pas-charlie-yo-no-soy-charlie/