Raspa el azul de la OTAN y encontrarás el marrón del fascismo debajo
La Conferencia Anti-OTAN, realizada en línea el 4 de
julio de 2026 por el Centro Socialista Internacional Christian Rakovsky y el
sitio web RedMed, reunió a ponentes de 22 países de los cinco continentes, se
desarrolló en siete sesiones y duró cerca de doce horas, el objetivo principal
fue una respuesta contra el imperialismo, el sionismo, la OTAN y su reunión convocada
para Ankara los días 7 y 8 de julio. Opción Obrera tuvo su contribución como
invitada. Les presentamos la transcripción y traducción por nuestra parte de las
intervenciones del Camarada Savas Matsas, en nombre del EEK de Grecia, tanto en
su apertura como en la clausura, entre muchas y muy buenas exposiciones, algunas
de ellas pronto las presentaremos. Aclaramos que algunas palabras entre paréntesis las asumimos para complementar los términos donde no apreciamos el audio.
Gracias. En nombre de la corriente socialista internacional liderada por Christian Rakovski y en nombre de mi partido, el Partido Obrero Revolucionario de Grecia, quiero saludar a todos los camaradas de diversas organizaciones que participan en esta conferencia —una contra-conferencia—; luchadores provenientes de muchos países y, cabe esperar, de todos los continentes.
Como se ha dicho desde el principio, nuestra conferencia
coincide y se organiza en vísperas de la próxima cumbre de la OTAN en Ankara,
los días 7 y 8 de julio, oponiéndose a ella: una cumbre de los líderes de los
países imperialistas de la OTAN que cuenta con la presencia de un criminal
responsable de crímenes de guerra contra la humanidad, como Donald Trump.
Esta conferencia es un llamamiento a librar una lucha
internacional común y urgente contra el imperialismo —contra el imperialismo
estadounidense y contra la OTAN— y contra las guerras imperialistas del Israel
sionista, que han llevado a la humanidad al borde de una tercera guerra mundial
y de la aniquilación nuclear de la vida en la Tierra.
Por esta razón, nuestro llamamiento a la lucha es por la
defensa de la vida; para conseguir paz, pan y libertad. Todos los trabajadores,
los campesinos pobres y las masas populares de todas las naciones oprimidas del
mundo deben unirse y luchar, librando una guerra implacable contra la guerra
imperialista, por la victoria de los explotados, los oprimidos y los humillados
de este mundo, y por el socialismo mundial. Tal como indica el análisis que
acabamos de escuchar del camarada Michael Roberts, esta crisis capitalista
mundial ha llegado a un punto en el que el mundo entero está en llamas debido a
los pirómanos de la maquinaria de guerra imperialista. Desde hace más de cuatro
años, la OTAN —junto con el régimen neonazi de Bandera en Kiev, que actúa como
su representante— libra una guerra en el corazón de Europa; un conflicto que se
expande y escala en Ucrania para implementar la doctrina Brzezinski: fragmentar
y colonizar la Rusia postsoviética y todo el espacio postsoviético. Asimismo,
desde hace casi tres años, se libra una guerra genocida en Gaza lanzada por el
sionismo; una guerra que ya no se limita a Gaza, sino que se ha extendido por
toda la Palestina ocupada, así como al Líbano, Siria, Yemen y —como vemos hoy—
a Irán. Siguiendo la infame Doctrina Monroe de colonización estadounidense de
las Américas, el imperialismo yanqui lanzó una agresión pirata contra Venezuela
—incluyendo el secuestro del presidente Maduro— para avanzar en sus planes de
convertir al país en un protectorado y, además, estrangular a Cuba, aislando a
la isla de la Revolución Cubana para imponer la restauración capitalista bajo
la dominación imperialista de EE. UU. Probablemente con la ayuda de títeres
locales, buscan establecer esta hegemonía sobre América Latina como parte de
sus planes bélicos para consolidar su dominio mundial. El imperialismo
estadounidense erigió el "Escudo de las Américas" apoyándose en
títeres locales, promoviendo regímenes fascistas, gobiernos de extrema derecha
y todas las fuerzas contrarrevolucionarias de la región, aprovechándose de las
debilidades y fracasos de los movimientos y gobiernos de centroizquierda.
Asimismo, se ha subrayado el peligro que representan los preparativos bélicos
imperialistas contra el principal objetivo estratégico —considerado por el
imperialismo como su peor enemigo: la República Popular China—, cuya enorme
fortaleza económica, política y geopolítica constituye una barrera que ellos
intentan superar por todos los medios para así revertir su propio declive
histórico. Se habla mucho de la llamada "trampa" (de Tucídides), tal
como la interpreta erróneamente Allison en Estados Unidos. No, no existe tal
conflicto entre una potencia emergente y una potencia hegemónica en decadencia.
El capitalismo estadounidense representa el punto culminante del desarrollo del
sistema capitalista mundial. Lo que enfrentamos ahora no es simplemente el
declive de una gran potencia; no se trata de qué otra fuerza puede reemplazar a
Estados Unidos —tal como Estados Unidos reemplazó a Gran Bretaña cuando esta
era la potencia imperial dominante—. La única fuerza capaz de reemplazar a
Estados Unidos —y de combatir a todos los criminales a los que se enfrenta hoy
la humanidad— es el socialismo mundial, unido a los movimientos de liberación
de las naciones oprimidas del Sur Global; el Sur Global y el Norte Global deben
unir todas sus fuerzas contra ellos, o de lo contrario nos enfrentaremos al
viejo dilema planteado por Rosa Luxemburgo.
La disyuntiva «socialismo o barbarie» es distinta hoy; la
situación es peor: se trata de elegir entre el socialismo o la barbarie
fascista y la extinción de la vida en toda la Tierra. En estas circunstancias,
está claro que la próxima cumbre es una cumbre para la guerra. Basta ver la
agenda que se ha hecho pública: contempla sumas astronómicas destinadas no a la
salud, ni a la educación, ni a las necesidades del pueblo, sino a gastos
militares fantásticos —jamás vistos en la historia de nuestra época
imperialista— y, además, al aumento hasta el 5 % de la contribución de los
Estados miembros de la OTAN al esfuerzo bélico de la alianza, que sirve en
realidad a los intereses del imperialismo estadounidense. Todo esto ocurre en
paralelo a una crisis existencial interna de la propia OTAN y a una escalada
del conflicto entre Europa y Estados Unidos —entre las potencias imperialistas
europeas y las estadounidenses—, así como a una intensificación de la guerra
contra Rusia en Ucrania, algo que ya ha comenzado. Se están desmoronando por
completo todas las ilusiones y las ideas absurdas sobre un posible acuerdo con
Trump al estilo de la reunión de Anchorage. Lo vemos no solo en los bombardeos
a la península de Crimea, sino también en los ataques no solo contra refinerías
rusas, sino contra la población civil de Moscú y de Leningrado —ciudad que
provisionalmente llaman San Petersburgo, pero que para mí sigue siendo
Leningrado—. Atacan la tierra de Octubre; se atreven a hacerlo, y esto no solo
pone en peligro a los pueblos del espacio postsoviético y a la propia Rusia,
sino que supone un peligro para la humanidad, para todos nosotros. Por eso,
nuestro deber primordial —nuestro deber político, social e incluso
ético-histórico— es luchar contra ellos, derrotarlos y vencer. No por nosotros,
sino por la humanidad en su conjunto; no por una secta política o una
combinación de sectas u organizaciones, sino por el futuro, por el presente y
por las generaciones venideras, para que puedan sobrevivir a esta gran prueba y
salir victoriosas. No se trata de ilusiones ni de un optimismo exagerado propio
de algunos ultristas descabellados, como los trotskistas, por ejemplo. Eso
quedó demostrado hace unos días con la derrota de la maquinaria bélica más
poderosa del mundo —las fuerzas combinadas del imperialismo y del Israel
sionista enfrentadas a la tierra de la revolución iraní, a Irán—; fueron
derrotados en el Golfo Pérsico-Arábigo. Para algunos, se trata de una derrota
táctica; pero para los propios imperialistas estadounidenses, para sus
portavoces, sus centros de pensamiento (*think tanks*) y publicaciones como
*Foreign Policy* o *Foreign Affairs*, es una derrota estratégica peor que la
sufrida por el imperialismo estadounidense en Vietnam en 1975. Vietnam
representó un gran momento en la historia de la humanidad y de mi generación;
fue una cuestión de honor para cualquiera que fuera realmente un revolucionario
en este mundo. ¿Por qué es una derrota? Veremos las consecuencias: la mayoría
de las instalaciones estadounidenses en la zona del Golfo —y me atrevería a
decir que en toda Asia Occidental— quedaron expuestas durante la guerra
posterior al 28 de febrero. Creían que obtendrían una victoria fácil, como la
que lograron el 3 de enero de este año mediante la agresión y el secuestro en
Venezuela. Pero no, esta vez no fue igual.
Incluso para restaurar todas sus capacidades en la zona del
Golfo, necesitarían al menos cinco o seis años; ahora plantean —según se dijo
hoy o ayer— trasladar las bases estadounidenses atacadas en la región durante
la última guerra hacia Israel. Esto demuestra el callejón sin salida en el que
se encuentran, pues Israel —a pesar de su arrogancia y de fascistas como Ben y
todo el gobierno actual— ha provocado, con su genocidio ante los ojos de toda
la humanidad, algo que antes no creían posible. Volveré sobre esto más
adelante. Permítanme destacar un punto sobre la victoria iraní en la reciente
guerra. Aprovecho también esta conferencia para saludar las celebraciones de
estos días en honor a un mártir de Irán... aunque lamentablemente no pude estar
presente.
Pero este no es un acto de culto a la personalidad. No se
trata de teocracia ni nada por el estilo. Demuestra que la revolución iraní de
1979 —que derribó uno de los pilares más fuertes de Asia Occidental, junto con
Israel— sigue viva.
Pero en el llamado Occidente —particularmente en los Estados
Unidos de América— no comprenden qué es Irán. No logran entender la complejidad
de la situación. No pueden comprender el nivel de resistencia, la fortaleza y
el potencial existentes —a pesar de los enormes problemas y contradicciones—
que demuestran que Irán y la revolución iraní siguen vivos; sin ellos, habría
sido imposible esta importante derrota, la cual ha creado a su vez las
condiciones para una conmoción geoeconómica mundial que los propios
capitalistas de Occidente consideran que probablemente generará algo peor que
lo vivido con el colapso de 2008 y la tercera gran depresión subsiguiente. No
se trata solo del estrecho de Ormuz; la región del Golfo ya no es la misma que
durante la invasión del imperialismo estadounidense a Irak a principios de este
siglo. En las últimas décadas, se ha convertido en el eje del capital
financiero global, del transporte mundial, de los fertilizantes, de la
energía... de todo. Sentiremos este impacto en cada país, en distintos niveles
y momentos, pero esta es nuestra guerra actual tras el conflicto bélico.
No debemos olvidar que la revolución iraní sigue viva y
genera aún más divisiones internas —incluso de cara a la próxima cumbre de la
OTAN— entre los europeos y los imperialistas estadounidenses. Trump ya lo
manifestó en su último discurso: atacó primero a los colaboradores de la OTAN
—los europeos— por su papel en la guerra contra Irán, e incluso afirmó que
Estados Unidos se encuentra bajo la amenaza del comunismo.
Comprendemos la crisis política que se ha generado hoy en el
seno de las metrópolis del imperialismo y el capitalismo mundiales.
Por esta razón, nos encontramos ante un nuevo punto de
inflexión de la crisis mundial tras esta guerra. Pero, una vez más, no debemos
olvidar que la revolución iraní y el Eje de la Resistencia —en el Líbano,
Yemen, Irak y otros lugares— constituyen la profundidad estratégica de la
revolución palestina. Palestina es el centro del problema, y el sionismo es
el creador de dicho problema como expresión de un sistema en decadencia: el
capitalismo imperialista. Tras lo ocurrido en Gaza, nada es igual en nuestro
mundo; es evidente que la Nakba —los desastres y el sufrimiento del pueblo
palestino— ha sido una jaula durante más de un siglo. Sin embargo, Gaza —desde
octubre de 2023 hasta la actualidad— marca un punto de inflexión en la historia
mundial. Y no soy el único que lo dice, lo asumo así, est´bien, pero no tengo
tiempo para hablar sobre eso, lean la edición del *Palestine Chronicle* del 26
de junio, en el segundo congreso judío anti sionista de Dublín, publicada unos
días antes del discurso de Francesca Albanese —relatora de la ONU—ella mencionó
dos puntos que debemos tener muy presentes:
Gaza es el espejo del mundo. Todos —cada organización, cada
Estado, cada gobierno, cada combatiente, cada traidor, cada criminal— pueden
ver su propio rostro en el espejo de Gaza: lo que hicimos y lo que no hicimos,
por qué guardamos silencio o no, y si movilizamos o no nuestras fuerzas contra
este genocidio perpetrado en nombre de Dios —y esto es lo peor que un judío
puede oír: que se mate a los niños de Gaza en nombre de Dios, en el abismo que
Dios abrió para la humanidad—. Así pues, hoy todos son juzgados por Gaza, por
lo que hacen y por lo que harán.
El segundo punto que señaló Francesca Albanese —quien habló
sin problemas vía Zoom desde Palermo, en el Mediterráneo, hasta Dublín, en el
Atlántico Norte— es verdaderamente asombroso. Ella afirmó que Gaza provocó
—cito sus palabras— un despertar político sin precedentes a nivel mundial; ha
desencadenado una revolución global.
Ella profundizó un poco más en este aspecto, pero lo que
dijo no es una exageración retórica. Nos encontramos ahora en una transición:
el despertar global —con movilizaciones, huelgas y múltiples acciones en todos
los continentes, desencadenado por Gaza— está pasando de ser un simple
despertar a convertirse en una revolución a escala mundial. Aquellos que
comprenden mejor y con mayor claridad que nosotros lo que sucederá tras Gaza
—la llamada izquierda internacional—, y que se reunirán los días 7 y 8 de
julio, lo saben bien; lo tienen muy claro.
Perciben el peligro que les acecha —el peligro
revolucionario que se avecina— y saben que deben prepararse. Este tema figura
en la agenda de la próxima cumbre de la OTAN, junto con la rápida escalada de
la guerra en Europa y los Balcanes —dirigida, por cierto, contra el espacio
postsoviético y Rusia en particular—; definir nuestra postura al respecto es un
deber para nosotros.
Este es el primer paso necesario para que luego puedan
enfrentarse a China. Así, el imperialismo agudiza las contradicciones de clase
y está intrínsecamente vinculado a la lucha de clases en todos los países: no
solo en el Occidente capitalista o en el Sur Global —lo que antiguamente
llamábamos el Tercer Mundo: Asia, África y América Latina—, sino también en el
Norte Global, en los países capitalistas metropolitanos de Europa y América. No
fue una broma por parte del clon de la Casa Blanca cuando habló sobre el
peligro del comunismo en Estados Unidos. No se trataba solo de las victorias
electorales en Nueva York o en Colorado —en Denver, en estos días previos a las
elecciones de mitad de mandato de noviembre—; hay algo más profundo en juego.
Ellos lo entienden mejor. Nuestra clase enemiga comprende mejor lo que se
avecina y se prepara para la guerra: guerra imperialista y guerra de clases.
Nos encontramos en una nueva fase de esta lucha de clases. Por ello, debemos
unirnos para movilizarnos y coordinarnos a escala internacional. No podemos
derrotar al imperialismo en un solo país. Esta es la vieja verdad que subrayó
Trotsky —el fundador del Ejército Rojo y también de la Cuarta Internacional—.
Para ganar, necesitamos una perspectiva internacional; no será una tarea de un
solo día. Será un proceso zigzagueante y no lineal, pero no tenemos otra
opción. No podemos derrotarlos únicamente en Rusia, en Crimea, en Gaza o en
América Latina —en Venezuela o en Cuba—. Debemos defender a Cuba. Debemos
defender a América Latina. Debemos defender la revolución palestina. Hemos
defendido la revolución iraní. Hemos defendido a los yemeníes. Hemos defendido a
todas las víctimas de esta barbarie que sufrimos.
Pero debemos pasar de la defensa al ataque. Hay que librar
una guerra contra la guerra del imperialismo para aplastar a la OTAN y
desmantelar todas sus bases en cada país. Nuestro principal enemigo está en
nuestro propio país. Debemos enfrentarlo en un contexto y con un espíritu
internacionalistas. O somos internacionalistas o nos limitamos a lo nacional
—preocupándonos solo por nuestro entorno inmediato—, convirtiéndonos así en
víctimas no solo de los gobernantes nacionales, sino de los criminales
internacionales que destruyen la vida en la Tierra. Por eso, queridos
compañeros, debo concluir diciendo esto: tenemos que construir un frente
antiimperialista unido, real y victorioso. Y para lograrlo, debemos ante todo
movilizar a la clase trabajadora, la clase revolucionaria, que no puede
liberarse a sí misma sin liberar también a los demás oprimidos que no
pertenecen a la clase trabajadora.
Se trata de una clase universal. Debemos organizarnos —lo
que implica que la clase trabajadora, como vanguardia que organiza el partido
revolucionario, mantenga su independencia política— sin caer en el sectarismo
ni en adaptaciones oportunistas a las presiones de clases hostiles o a los
intereses nacionales, y debemos luchar en el seno de las masas populares.
A veces contra la corriente, a veces a favor de la
corriente; y, a veces, luchar a favor de la corriente resulta más difícil que
luchar en contra de ella. De este modo, demostraremos en la práctica que la
única solución a esta pesadilla mundial en la que vivimos hoy es la revolución
socialista mundial: una emancipación humana universal que signifique una nueva
sociedad comunista sin clases en todo el planeta. Gracias.
Cierre de Savas en nombre del Centro Socialista
Internacional Christian Rakovsky
Gracias. En primer lugar, quiero agradecer a todos los
compañeros que se han unido a nosotros y han participado en esta maratón de
conferencias en línea, que ha durado cerca de nueve horas.
Creo que ha sido una conferencia sumamente enriquecedora por
el análisis crítico de la situación mundial realizado desde diversos puntos de
vista y continentes —más de 23 países, si no me equivoco—, así como por el
intercambio de opiniones sobre las acciones que debemos emprender frente a los
enemigos de la humanidad.
Hablo del imperialismo en este periodo de enfrentamientos
bélicos extremos en todo el mundo.
La riqueza de este debate podría perderse si no reelaboramos
lo discutido; no solo se ofrecieron respuestas desde distintas perspectivas a
las interrogantes que plantea la realidad actual, sino que el intercambio a lo
largo de estas horas generó nuevas preguntas. Considero que este es el aspecto
creativo de una conferencia exitosa: no limitarse a dar respuestas
prefabricadas, sino también plantear nuevas cuestiones.
Debemos replantearnos las cosas, superando estereotipos y
cualquier cerrazón mental, si aspiramos a un pensamiento revolucionario que
conduzca a una práctica revolucionaria capaz de cambiar el mundo, y no solo de
interpretarlo. Por ello, dado que la conferencia ha sido grabada, creo que
sería útil hacerla pública para todos los interesados; tal vez convenga
publicarla sesión por sesión —en lugar de todo el material de una sola vez, ya
que nadie pasará diez horas seguidas viéndolo ni querrá elegir partes al azar
de forma ecléctica—.
Probablemente todas las sesiones estarán disponibles en
internet para su consulta, además, retomo una propuesta que creo que ya
hicieron (Juan) u otra persona: contamos con numerosos documentos enviados a
los organizadores, así como con los textos de las intervenciones de los
compañeros hoy aquí; debemos explorar las posibilidades de publicarlos todos lo
antes posible, proporcionando todo el contexto necesario. Así podremos
profundizar en este trabajo y no dejarlo simplemente en el punto en que termina
esta larga jornada. Hay muchas cosas que debemos seguir reflexionando. Debemos
reflexionar críticamente sobre las cuestiones importantes planteadas aquí,
cuestiones que ninguno de nosotros tenía en mente antes de asistir a esta
conferencia. No se trata de una competición sectaria para ver quién tiene la
mejor perspectiva o la visión más acertada sobre una situación mundial
extremadamente compleja. Vivimos en un punto de inflexión de la historia.
Tras el primer cuarto del siglo XXI, nos encontramos en una
situación mundial totalmente transformada que nos plantea nuevos desafíos.
No solo hemos rendido homenaje al gran camarada y luchador
comunista —con casi un siglo de lucha por el comunismo a sus espaldas—, el
camarada Iosif Gregorovich Abramson, sino que también hemos comenzado a
explorar las bases materiales de esta nueva realidad.
Hemos escuchado el análisis del camarada Michael Roberts y,
posteriormente, la contribución desde otra perspectiva del camarada VJ Prashad.
Considero fundamental reflexionar sobre la nueva situación
surgida en este punto de inflexión histórico, marcado por la derrota de las
maquinarias bélicas imperialistas de Estados Unidos y el sionismo en la Guerra
del Golfo Pérsico y por la victoria de la Revolución Iraní.
Asimismo, cabe preguntarse por qué, tras esa derrota de los
imperialistas y de la OTAN, asistimos a una nueva escalada —una nueva etapa de
la guerra— en el corazón de Europa, dirigida contra Rusia. Creo que debemos
prestar mucha atención a las aportaciones realizadas hoy por los camaradas
rusos, así como a los matices y las distintas opiniones expresadas; por
ejemplo, cuando se habló de las contradicciones —incluso en tono de broma—, se
referían a contradicciones reales. Y las contradicciones no son algo que
simplemente se acepta diciendo «bueno, así es la vida»; lo importante es, ante
todo, reconocerlas y luchar por resolverlas. No podemos limitarnos a aceptar la
situación o buscar la respuesta «menos mala»; la forma en que abordamos las
contradicciones —ya sean internacionales o nacionales— es crucial a la hora de
establecer alianzas estratégicas o tácticas, o de formar frentes comunes.
Este es el sentido que expresan muchos compañeros
—incluyéndome a mí, pero también a los compañeros de una tendencia muy
importante en América Latina— respecto a este Comité de Enlace para la
Reconstrucción; se trata de la tendencia que surgió en Bolivia, a partir de la
revolución boliviana de principios de los años 50. Y Bolivia, hoy en día, sigue
siendo un país revolucionario que desafía a Trump y a sus lacayos.
Nos encontramos, pues, ante una situación sumamente
contradictoria —una contradicción presente en cada uno de estos 23 países,
incluido el mío, Grecia—, la cual está intrínsecamente ligada a las
contradicciones internacionales que, a su vez, determinan las particularidades
de cada nación. No debemos adaptarnos al entorno nacional dominado por la clase
dominante, ni siquiera cuando esta adopta una fachada de izquierdas.
La única manera de combatir las presiones de clase en
nuestro propio país —y en todos estos países— es adoptar una visión global de
las particularidades para así captar lo particular y lo singular. Nuestro punto
de partida es lo universal, especialmente en nuestro planteamiento.
Así que el debate de hoy sobre Rusia, por ejemplo, reveló
muchas cosas y tengo que prestar atención cuando tengamos todo el material
nuevamente en nuestras manos para estudiarlo, incluso en forma impresa.
El mensaje que nos envía la dirección de sus (organizaciones),
es decir, el Partido Comunista Obrero Ruso, Partido Comunista de la Unión
Soviética. Este es un título completo del secretario y de la comisión
internacional del comité central de este partido.
Si alguien sigue todo el rumbo de este partido desde el
colapso de la Unión Soviética hasta ahora durante todas estas décadas, hay
nuevos elementos y tenemos que estudiar nuevamente cómo consideran, por
ejemplo, las alianzas o el frente en la compleja situación de hoy y que no
tenemos que ver sólo la superficie, como una contradicción, como un choque
entre imperialismo y antiimperialismo, ignorando la guerra de clases e
ignorando la necesidad de derrotar al imperialismo de la OTAN para luchar
contra lo que decían, la dictadura del proletariado, que significa el poder
obrero y la lucha por el socialismo y por la perspectiva comunista a nivel
mundial.
Este es un gran paso adelante que no sólo estos camaradas desde
sus (organizaciones) han contribuido hoy sino que también es importante
observar las contradicciones en la Rusia postsoviética actual, en el contexto
de la guerra que el imperialismo de EE. UU. y la OTAN está librando y escalando
en todo el antiguo espacio soviético; desde los Balcanes —donde comenzó la
guerra de desintegración de Yugoslavia en 1992—, se vio la estrategia desde el
primer momento. Recordemos que el primer documento de la OTAN al respecto data
de febrero de 1992, y en marzo de ese mismo año comenzó el ataque que condujo a
la fragmentación y destrucción de Yugoslavia. Como se dijo una vez en la
televisión de Moscú: «Empiezan por Belgrado, siguen hacia Moscú y luego van a
Pekín». No somos profetas, somos marxistas; vivimos y luchamos. En los Balcanes
vimos el momento fundacional de lo que entonces llamamos el Centro Social
Balcánico «Christian Rakovski».
Ahora, muchas décadas después, vemos en esta conferencia
cómo ha evolucionado la cuestión. Creo que era algo previsible. Ha habido
contribuciones muy importantes; debemos superar esa visión sectaria y estúpida
de pensar que quien está más cerca de mis ideas tiene razón y quien está lejos
es el enemigo. No; en esta situación histórica tan dramática, nadie tiene
derecho a quedar atrapado en ideas preconcebidas. Debemos comprender lo nuevo
sin caer en la amnesia respecto a las conquistas teóricas del pasado y a la
lucha por el marxismo revolucionario en todo el mundo. Fue muy importante, por
ejemplo, la discusión sobre el significado de la guerra en Oriente Medio.
¿O deberíamos decir Asia Occidental? «Oriente Medio» es, de
nuevo, el lenguaje del imperialismo.
Exacto. Era el lenguaje del Imperio Británico. Es Asia
Occidental. No se trata solo de una aclaración lingüística; es algo por lo que
debemos luchar.
Ya lo señaló un pensador muy importante, Victor Klemperer,
al analizar el lenguaje del Tercer Reich durante la era nazi. Y, por cierto,
cabe recordar la profecía sobre hacia dónde conduce el sionismo, formulada por
un judío alemán bajo el régimen de Hitler.
Así pues, debemos reexaminar nuestro lenguaje —todos
nuestros medios de expresión— y cómo hacemos que estas ideas sean accesibles y
comprensibles para las masas, aquellas más alejadas de la teoría.
Trotsky afirmó —y tenía toda la razón— que la revolución
llega en el momento en que se produce la inspiración violenta de la historia:
cuando las masas, hasta entonces inconscientes, alcanzan un nivel de
conciencia. Él sostenía que el marxismo representa la forma más elevada de
conciencia teórica de la época; se trata de unir esa cúspide teórica con unas
masas que, debido a la opresión y la explotación, viven alejadas de toda la
riqueza del conocimiento humano y de la civilización.
En este sentido, debemos ejercer la autocrítica —no al
estilo burocrático— y evitar caer en la trampa de los dogmas; esta es una
lección importante que extraemos de la experiencia de hoy.
Y no es casualidad: en la reunión internacional de
organizadores de esta conferencia, celebrada en febrero de este año, dijimos
que no permaneceríamos pasivos ante el desafío de la cumbre de la OTAN en
Ankara, prevista para los días 7 y 8 de este año 2026. Es una cumbre para la
guerra: para más guerra imperialista y más lucha de clases, tanto en el Norte
Global como en el Sur Global.
En segundo lugar, es la cumbre de los ya derrotados. Llegan
a ella tras una enorme derrota —como la de la Guerra del Golfo—, provocada por
la revolución iraní, el Eje de la Resistencia, la fuerza de la resistencia palestina
y esa resiliencia —o *sumud*, como la llaman los palestinos— que, en realidad,
trasciende la mera resiliencia: es rechazo, es la negativa a aceptar la
esclavitud y la decisión de luchar hasta el final.
Por último, sabemos cómo aprovechar la crisis existencial de
la propia OTAN para avanzar y combatir al imperialismo; sabemos que la única
forma en que el antiimperialismo puede triunfar es haciendo que la revolución
sea permanente. Eso significa unir la revolución anticolonial del Sur Global
con la revolución social en Europa y América —en el Norte Global imperialista—.
Durante el siglo pasado, la estrategia de supervivencia del capitalismo en su
etapa de decadencia imperialista consistió en separar la revolución que comenzó
en Rusia —y luego se extendió a Alemania, el resto de Europa, etc.— de la
revolución en las colonias; es decir, la revolución china y los procesos en
Asia, América Latina y África (incluido el norte de África), que coincidieron
tras la Revolución de Octubre. Después de la Segunda Guerra Mundial ocurrió lo
mismo: hubo levantamientos en las colonias, luchas por la independencia y
movimientos de liberación nacional. Al mismo tiempo, en una Europa devastada
por la guerra, la resistencia antifascista liderada por las fuerzas comunistas
puso sobre la mesa la revolución europea; pero esa revolución fue traicionada.
En mi país, la clase trabajadora y el pueblo seguimos pagando un precio enorme
por ello. Para contrarrestar la revolución en las colonias, tuvieron que frenar
la lucha de clases y la revolución en Europa. Hasta el día de hoy, en Grecia
sufrimos a este gobierno sanguinario que encabeza la guerra contra los
palestinos, los iraníes y toda Asia Occidental. Estamos pagando el precio de la
traición a nuestra revolución de 1944.
No podemos aceptar en esta nueva fase de exacerbación de la
lucha de clases, el intento de rearmar a Europa para combatir contra el espacio
postsoviético, que ocurre mientras vivimos una pobreza enorme —no solo en
Grecia, sino en todo el continente—, y pretenden extraer nuestra sangre
mediante gastos militares y las decisiones que discutirán en Ankara dentro de
unos días.
Nos encontramos en una transición hacia una lucha de clases
más aguda para decidir quién ostentará el poder en la sociedad: si los
gobernantes o los oprimidos, con la clase trabajadora a la cabeza. Debemos
vencer, ya sea en Europa o en América; tenemos que luchar por la victoria de
los palestinos y de todos los pueblos oprimidos del Sur Global, de lo
contrario, no habrá ninguna perspectiva de victoria revolucionaria en el Norte
—ni en Europa ni en América—. No puede haber una revolución en el Sur Global
separada de la lucha revolucionaria en los países metropolitanos. Nuestro deber
y nuestra tarea a partir de ahora consisten en cómo unir las revoluciones
surgidas tras el punto de inflexión de la Guerra del Golfo —en Asia Occidental,
África, el Sahel y América Latina—; son sumamente importantes las
contribuciones realizadas por los camaradas latinoamericanos en esta
conferencia. Quiero agradecer especialmente al camarada Osvaldo Coggiola por su
aporte y por haber logrado reunir fuerzas tan importantes para el éxito de este
encuentro, lo que nos permite avanzar en la lucha por abrir camino y organizar
una verdadera dirección revolucionaria a escala mundial. No podemos construir
un partido revolucionario en un solo país. Tenemos que luchar por estos
partidos, construir estos partidos. Tenemos que luchar por la Internacional. Y
esta es mi conclusión final tras la ardua labor de hoy.
traducción al español por Opción Obrera
septiembre 2026



No hay comentarios:
Publicar un comentario