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martes, 22 de septiembre de 2026

Raspa el azul de la OTAN y encontrarás el marrón del fascismo debajo

 Raspa el azul de la OTAN y encontrarás el marrón del fascismo debajo



La Conferencia Anti-OTAN, realizada en línea el 4 de julio de 2026 por el Centro Socialista Internacional Christian Rakovsky y el sitio web RedMed, reunió a ponentes de 22 países de los cinco continentes, se desarrolló en siete sesiones y duró cerca de doce horas, el objetivo principal fue una respuesta contra el imperialismo, el sionismo, la OTAN y su reunión convocada para Ankara los días 7 y 8 de julio. Opción Obrera tuvo su contribución como invitada. Les presentamos la transcripción y traducción por nuestra parte de las intervenciones del Camarada Savas Matsas, en nombre del EEK de Grecia, tanto en su apertura como en la clausura, entre muchas y muy buenas exposiciones, algunas de ellas pronto las presentaremos. Aclaramos que algunas palabras entre paréntesis las asumimos para complementar los términos donde no apreciamos el audio.



Gracias. En nombre de la corriente socialista internacional liderada por Christian Rakovski y en nombre de mi partido, el Partido Obrero Revolucionario de Grecia, quiero saludar a todos los camaradas de diversas organizaciones que participan en esta conferencia —una contra-conferencia—; luchadores provenientes de muchos países y, cabe esperar, de todos los continentes.

Como se ha dicho desde el principio, nuestra conferencia coincide y se organiza en vísperas de la próxima cumbre de la OTAN en Ankara, los días 7 y 8 de julio, oponiéndose a ella: una cumbre de los líderes de los países imperialistas de la OTAN que cuenta con la presencia de un criminal responsable de crímenes de guerra contra la humanidad, como Donald Trump.

Esta conferencia es un llamamiento a librar una lucha internacional común y urgente contra el imperialismo —contra el imperialismo estadounidense y contra la OTAN— y contra las guerras imperialistas del Israel sionista, que han llevado a la humanidad al borde de una tercera guerra mundial y de la aniquilación nuclear de la vida en la Tierra.

Por esta razón, nuestro llamamiento a la lucha es por la defensa de la vida; para conseguir paz, pan y libertad. Todos los trabajadores, los campesinos pobres y las masas populares de todas las naciones oprimidas del mundo deben unirse y luchar, librando una guerra implacable contra la guerra imperialista, por la victoria de los explotados, los oprimidos y los humillados de este mundo, y por el socialismo mundial. Tal como indica el análisis que acabamos de escuchar del camarada Michael Roberts, esta crisis capitalista mundial ha llegado a un punto en el que el mundo entero está en llamas debido a los pirómanos de la maquinaria de guerra imperialista. Desde hace más de cuatro años, la OTAN —junto con el régimen neonazi de Bandera en Kiev, que actúa como su representante— libra una guerra en el corazón de Europa; un conflicto que se expande y escala en Ucrania para implementar la doctrina Brzezinski: fragmentar y colonizar la Rusia postsoviética y todo el espacio postsoviético. Asimismo, desde hace casi tres años, se libra una guerra genocida en Gaza lanzada por el sionismo; una guerra que ya no se limita a Gaza, sino que se ha extendido por toda la Palestina ocupada, así como al Líbano, Siria, Yemen y —como vemos hoy— a Irán. Siguiendo la infame Doctrina Monroe de colonización estadounidense de las Américas, el imperialismo yanqui lanzó una agresión pirata contra Venezuela —incluyendo el secuestro del presidente Maduro— para avanzar en sus planes de convertir al país en un protectorado y, además, estrangular a Cuba, aislando a la isla de la Revolución Cubana para imponer la restauración capitalista bajo la dominación imperialista de EE. UU. Probablemente con la ayuda de títeres locales, buscan establecer esta hegemonía sobre América Latina como parte de sus planes bélicos para consolidar su dominio mundial. El imperialismo estadounidense erigió el "Escudo de las Américas" apoyándose en títeres locales, promoviendo regímenes fascistas, gobiernos de extrema derecha y todas las fuerzas contrarrevolucionarias de la región, aprovechándose de las debilidades y fracasos de los movimientos y gobiernos de centroizquierda. Asimismo, se ha subrayado el peligro que representan los preparativos bélicos imperialistas contra el principal objetivo estratégico —considerado por el imperialismo como su peor enemigo: la República Popular China—, cuya enorme fortaleza económica, política y geopolítica constituye una barrera que ellos intentan superar por todos los medios para así revertir su propio declive histórico. Se habla mucho de la llamada "trampa" (de Tucídides), tal como la interpreta erróneamente Allison en Estados Unidos. No, no existe tal conflicto entre una potencia emergente y una potencia hegemónica en decadencia. El capitalismo estadounidense representa el punto culminante del desarrollo del sistema capitalista mundial. Lo que enfrentamos ahora no es simplemente el declive de una gran potencia; no se trata de qué otra fuerza puede reemplazar a Estados Unidos —tal como Estados Unidos reemplazó a Gran Bretaña cuando esta era la potencia imperial dominante—. La única fuerza capaz de reemplazar a Estados Unidos —y de combatir a todos los criminales a los que se enfrenta hoy la humanidad— es el socialismo mundial, unido a los movimientos de liberación de las naciones oprimidas del Sur Global; el Sur Global y el Norte Global deben unir todas sus fuerzas contra ellos, o de lo contrario nos enfrentaremos al viejo dilema planteado por Rosa Luxemburgo.

La disyuntiva «socialismo o barbarie» es distinta hoy; la situación es peor: se trata de elegir entre el socialismo o la barbarie fascista y la extinción de la vida en toda la Tierra. En estas circunstancias, está claro que la próxima cumbre es una cumbre para la guerra. Basta ver la agenda que se ha hecho pública: contempla sumas astronómicas destinadas no a la salud, ni a la educación, ni a las necesidades del pueblo, sino a gastos militares fantásticos —jamás vistos en la historia de nuestra época imperialista— y, además, al aumento hasta el 5 % de la contribución de los Estados miembros de la OTAN al esfuerzo bélico de la alianza, que sirve en realidad a los intereses del imperialismo estadounidense. Todo esto ocurre en paralelo a una crisis existencial interna de la propia OTAN y a una escalada del conflicto entre Europa y Estados Unidos —entre las potencias imperialistas europeas y las estadounidenses—, así como a una intensificación de la guerra contra Rusia en Ucrania, algo que ya ha comenzado. Se están desmoronando por completo todas las ilusiones y las ideas absurdas sobre un posible acuerdo con Trump al estilo de la reunión de Anchorage. Lo vemos no solo en los bombardeos a la península de Crimea, sino también en los ataques no solo contra refinerías rusas, sino contra la población civil de Moscú y de Leningrado —ciudad que provisionalmente llaman San Petersburgo, pero que para mí sigue siendo Leningrado—. Atacan la tierra de Octubre; se atreven a hacerlo, y esto no solo pone en peligro a los pueblos del espacio postsoviético y a la propia Rusia, sino que supone un peligro para la humanidad, para todos nosotros. Por eso, nuestro deber primordial —nuestro deber político, social e incluso ético-histórico— es luchar contra ellos, derrotarlos y vencer. No por nosotros, sino por la humanidad en su conjunto; no por una secta política o una combinación de sectas u organizaciones, sino por el futuro, por el presente y por las generaciones venideras, para que puedan sobrevivir a esta gran prueba y salir victoriosas. No se trata de ilusiones ni de un optimismo exagerado propio de algunos ultristas descabellados, como los trotskistas, por ejemplo. Eso quedó demostrado hace unos días con la derrota de la maquinaria bélica más poderosa del mundo —las fuerzas combinadas del imperialismo y del Israel sionista enfrentadas a la tierra de la revolución iraní, a Irán—; fueron derrotados en el Golfo Pérsico-Arábigo. Para algunos, se trata de una derrota táctica; pero para los propios imperialistas estadounidenses, para sus portavoces, sus centros de pensamiento (*think tanks*) y publicaciones como *Foreign Policy* o *Foreign Affairs*, es una derrota estratégica peor que la sufrida por el imperialismo estadounidense en Vietnam en 1975. Vietnam representó un gran momento en la historia de la humanidad y de mi generación; fue una cuestión de honor para cualquiera que fuera realmente un revolucionario en este mundo. ¿Por qué es una derrota? Veremos las consecuencias: la mayoría de las instalaciones estadounidenses en la zona del Golfo —y me atrevería a decir que en toda Asia Occidental— quedaron expuestas durante la guerra posterior al 28 de febrero. Creían que obtendrían una victoria fácil, como la que lograron el 3 de enero de este año mediante la agresión y el secuestro en Venezuela. Pero no, esta vez no fue igual.

Incluso para restaurar todas sus capacidades en la zona del Golfo, necesitarían al menos cinco o seis años; ahora plantean —según se dijo hoy o ayer— trasladar las bases estadounidenses atacadas en la región durante la última guerra hacia Israel. Esto demuestra el callejón sin salida en el que se encuentran, pues Israel —a pesar de su arrogancia y de fascistas como Ben y todo el gobierno actual— ha provocado, con su genocidio ante los ojos de toda la humanidad, algo que antes no creían posible. Volveré sobre esto más adelante. Permítanme destacar un punto sobre la victoria iraní en la reciente guerra. Aprovecho también esta conferencia para saludar las celebraciones de estos días en honor a un mártir de Irán... aunque lamentablemente no pude estar presente.

Pero este no es un acto de culto a la personalidad. No se trata de teocracia ni nada por el estilo. Demuestra que la revolución iraní de 1979 —que derribó uno de los pilares más fuertes de Asia Occidental, junto con Israel— sigue viva.

Pero en el llamado Occidente —particularmente en los Estados Unidos de América— no comprenden qué es Irán. No logran entender la complejidad de la situación. No pueden comprender el nivel de resistencia, la fortaleza y el potencial existentes —a pesar de los enormes problemas y contradicciones— que demuestran que Irán y la revolución iraní siguen vivos; sin ellos, habría sido imposible esta importante derrota, la cual ha creado a su vez las condiciones para una conmoción geoeconómica mundial que los propios capitalistas de Occidente consideran que probablemente generará algo peor que lo vivido con el colapso de 2008 y la tercera gran depresión subsiguiente. No se trata solo del estrecho de Ormuz; la región del Golfo ya no es la misma que durante la invasión del imperialismo estadounidense a Irak a principios de este siglo. En las últimas décadas, se ha convertido en el eje del capital financiero global, del transporte mundial, de los fertilizantes, de la energía... de todo. Sentiremos este impacto en cada país, en distintos niveles y momentos, pero esta es nuestra guerra actual tras el conflicto bélico.

No debemos olvidar que la revolución iraní sigue viva y genera aún más divisiones internas —incluso de cara a la próxima cumbre de la OTAN— entre los europeos y los imperialistas estadounidenses. Trump ya lo manifestó en su último discurso: atacó primero a los colaboradores de la OTAN —los europeos— por su papel en la guerra contra Irán, e incluso afirmó que Estados Unidos se encuentra bajo la amenaza del comunismo.

Comprendemos la crisis política que se ha generado hoy en el seno de las metrópolis del imperialismo y el capitalismo mundiales.

Por esta razón, nos encontramos ante un nuevo punto de inflexión de la crisis mundial tras esta guerra. Pero, una vez más, no debemos olvidar que la revolución iraní y el Eje de la Resistencia —en el Líbano, Yemen, Irak y otros lugares— constituyen la profundidad estratégica de la revolución palestina. Palestina es el centro del problema, y ​​el sionismo es el creador de dicho problema como expresión de un sistema en decadencia: el capitalismo imperialista. Tras lo ocurrido en Gaza, nada es igual en nuestro mundo; es evidente que la Nakba —los desastres y el sufrimiento del pueblo palestino— ha sido una jaula durante más de un siglo. Sin embargo, Gaza —desde octubre de 2023 hasta la actualidad— marca un punto de inflexión en la historia mundial. Y no soy el único que lo dice, lo asumo así, est´bien, pero no tengo tiempo para hablar sobre eso, lean la edición del *Palestine Chronicle* del 26 de junio, en el segundo congreso judío anti sionista de Dublín, publicada unos días antes del discurso de Francesca Albanese —relatora de la ONU—ella mencionó dos puntos que debemos tener muy presentes:

Gaza es el espejo del mundo. Todos —cada organización, cada Estado, cada gobierno, cada combatiente, cada traidor, cada criminal— pueden ver su propio rostro en el espejo de Gaza: lo que hicimos y lo que no hicimos, por qué guardamos silencio o no, y si movilizamos o no nuestras fuerzas contra este genocidio perpetrado en nombre de Dios —y esto es lo peor que un judío puede oír: que se mate a los niños de Gaza en nombre de Dios, en el abismo que Dios abrió para la humanidad—. Así pues, hoy todos son juzgados por Gaza, por lo que hacen y por lo que harán.

El segundo punto que señaló Francesca Albanese —quien habló sin problemas vía Zoom desde Palermo, en el Mediterráneo, hasta Dublín, en el Atlántico Norte— es verdaderamente asombroso. Ella afirmó que Gaza provocó —cito sus palabras— un despertar político sin precedentes a nivel mundial; ha desencadenado una revolución global.

Ella profundizó un poco más en este aspecto, pero lo que dijo no es una exageración retórica. Nos encontramos ahora en una transición: el despertar global —con movilizaciones, huelgas y múltiples acciones en todos los continentes, desencadenado por Gaza— está pasando de ser un simple despertar a convertirse en una revolución a escala mundial. Aquellos que comprenden mejor y con mayor claridad que nosotros lo que sucederá tras Gaza —la llamada izquierda internacional—, y que se reunirán los días 7 y 8 de julio, lo saben bien; lo tienen muy claro.

Perciben el peligro que les acecha —el peligro revolucionario que se avecina— y saben que deben prepararse. Este tema figura en la agenda de la próxima cumbre de la OTAN, junto con la rápida escalada de la guerra en Europa y los Balcanes —dirigida, por cierto, contra el espacio postsoviético y Rusia en particular—; definir nuestra postura al respecto es un deber para nosotros.

Este es el primer paso necesario para que luego puedan enfrentarse a China. Así, el imperialismo agudiza las contradicciones de clase y está intrínsecamente vinculado a la lucha de clases en todos los países: no solo en el Occidente capitalista o en el Sur Global —lo que antiguamente llamábamos el Tercer Mundo: Asia, África y América Latina—, sino también en el Norte Global, en los países capitalistas metropolitanos de Europa y América. No fue una broma por parte del clon de la Casa Blanca cuando habló sobre el peligro del comunismo en Estados Unidos. No se trataba solo de las victorias electorales en Nueva York o en Colorado —en Denver, en estos días previos a las elecciones de mitad de mandato de noviembre—; hay algo más profundo en juego. Ellos lo entienden mejor. Nuestra clase enemiga comprende mejor lo que se avecina y se prepara para la guerra: guerra imperialista y guerra de clases. Nos encontramos en una nueva fase de esta lucha de clases. Por ello, debemos unirnos para movilizarnos y coordinarnos a escala internacional. No podemos derrotar al imperialismo en un solo país. Esta es la vieja verdad que subrayó Trotsky —el fundador del Ejército Rojo y también de la Cuarta Internacional—. Para ganar, necesitamos una perspectiva internacional; no será una tarea de un solo día. Será un proceso zigzagueante y no lineal, pero no tenemos otra opción. No podemos derrotarlos únicamente en Rusia, en Crimea, en Gaza o en América Latina —en Venezuela o en Cuba—. Debemos defender a Cuba. Debemos defender a América Latina. Debemos defender la revolución palestina. Hemos defendido la revolución iraní. Hemos defendido a los yemeníes. Hemos defendido a todas las víctimas de esta barbarie que sufrimos.

Pero debemos pasar de la defensa al ataque. Hay que librar una guerra contra la guerra del imperialismo para aplastar a la OTAN y desmantelar todas sus bases en cada país. Nuestro principal enemigo está en nuestro propio país. Debemos enfrentarlo en un contexto y con un espíritu internacionalistas. O somos internacionalistas o nos limitamos a lo nacional —preocupándonos solo por nuestro entorno inmediato—, convirtiéndonos así en víctimas no solo de los gobernantes nacionales, sino de los criminales internacionales que destruyen la vida en la Tierra. Por eso, queridos compañeros, debo concluir diciendo esto: tenemos que construir un frente antiimperialista unido, real y victorioso. Y para lograrlo, debemos ante todo movilizar a la clase trabajadora, la clase revolucionaria, que no puede liberarse a sí misma sin liberar también a los demás oprimidos que no pertenecen a la clase trabajadora.

Se trata de una clase universal. Debemos organizarnos —lo que implica que la clase trabajadora, como vanguardia que organiza el partido revolucionario, mantenga su independencia política— sin caer en el sectarismo ni en adaptaciones oportunistas a las presiones de clases hostiles o a los intereses nacionales, y debemos luchar en el seno de las masas populares.

A veces contra la corriente, a veces a favor de la corriente; y, a veces, luchar a favor de la corriente resulta más difícil que luchar en contra de ella. De este modo, demostraremos en la práctica que la única solución a esta pesadilla mundial en la que vivimos hoy es la revolución socialista mundial: una emancipación humana universal que signifique una nueva sociedad comunista sin clases en todo el planeta. Gracias.

 

Cierre de Savas en nombre del Centro Socialista Internacional Christian Rakovsky

Gracias. En primer lugar, quiero agradecer a todos los compañeros que se han unido a nosotros y han participado en esta maratón de conferencias en línea, que ha durado cerca de nueve horas.

Creo que ha sido una conferencia sumamente enriquecedora por el análisis crítico de la situación mundial realizado desde diversos puntos de vista y continentes —más de 23 países, si no me equivoco—, así como por el intercambio de opiniones sobre las acciones que debemos emprender frente a los enemigos de la humanidad.

Hablo del imperialismo en este periodo de enfrentamientos bélicos extremos en todo el mundo.

La riqueza de este debate podría perderse si no reelaboramos lo discutido; no solo se ofrecieron respuestas desde distintas perspectivas a las interrogantes que plantea la realidad actual, sino que el intercambio a lo largo de estas horas generó nuevas preguntas. Considero que este es el aspecto creativo de una conferencia exitosa: no limitarse a dar respuestas prefabricadas, sino también plantear nuevas cuestiones.

Debemos replantearnos las cosas, superando estereotipos y cualquier cerrazón mental, si aspiramos a un pensamiento revolucionario que conduzca a una práctica revolucionaria capaz de cambiar el mundo, y no solo de interpretarlo. Por ello, dado que la conferencia ha sido grabada, creo que sería útil hacerla pública para todos los interesados; tal vez convenga publicarla sesión por sesión —en lugar de todo el material de una sola vez, ya que nadie pasará diez horas seguidas viéndolo ni querrá elegir partes al azar de forma ecléctica—.

Probablemente todas las sesiones estarán disponibles en internet para su consulta, además, retomo una propuesta que creo que ya hicieron (Juan) u otra persona: contamos con numerosos documentos enviados a los organizadores, así como con los textos de las intervenciones de los compañeros hoy aquí; debemos explorar las posibilidades de publicarlos todos lo antes posible, proporcionando todo el contexto necesario. Así podremos profundizar en este trabajo y no dejarlo simplemente en el punto en que termina esta larga jornada. Hay muchas cosas que debemos seguir reflexionando. Debemos reflexionar críticamente sobre las cuestiones importantes planteadas aquí, cuestiones que ninguno de nosotros tenía en mente antes de asistir a esta conferencia. No se trata de una competición sectaria para ver quién tiene la mejor perspectiva o la visión más acertada sobre una situación mundial extremadamente compleja. Vivimos en un punto de inflexión de la historia.

Tras el primer cuarto del siglo XXI, nos encontramos en una situación mundial totalmente transformada que nos plantea nuevos desafíos.

No solo hemos rendido homenaje al gran camarada y luchador comunista —con casi un siglo de lucha por el comunismo a sus espaldas—, el camarada Iosif Gregorovich Abramson, sino que también hemos comenzado a explorar las bases materiales de esta nueva realidad.

Hemos escuchado el análisis del camarada Michael Roberts y, posteriormente, la contribución desde otra perspectiva del camarada VJ Prashad.

Considero fundamental reflexionar sobre la nueva situación surgida en este punto de inflexión histórico, marcado por la derrota de las maquinarias bélicas imperialistas de Estados Unidos y el sionismo en la Guerra del Golfo Pérsico y por la victoria de la Revolución Iraní.

Asimismo, cabe preguntarse por qué, tras esa derrota de los imperialistas y de la OTAN, asistimos a una nueva escalada —una nueva etapa de la guerra— en el corazón de Europa, dirigida contra Rusia. Creo que debemos prestar mucha atención a las aportaciones realizadas hoy por los camaradas rusos, así como a los matices y las distintas opiniones expresadas; por ejemplo, cuando se habló de las contradicciones —incluso en tono de broma—, se referían a contradicciones reales. Y las contradicciones no son algo que simplemente se acepta diciendo «bueno, así es la vida»; lo importante es, ante todo, reconocerlas y luchar por resolverlas. No podemos limitarnos a aceptar la situación o buscar la respuesta «menos mala»; la forma en que abordamos las contradicciones —ya sean internacionales o nacionales— es crucial a la hora de establecer alianzas estratégicas o tácticas, o de formar frentes comunes.

 

Este es el sentido que expresan muchos compañeros —incluyéndome a mí, pero también a los compañeros de una tendencia muy importante en América Latina— respecto a este Comité de Enlace para la Reconstrucción; se trata de la tendencia que surgió en Bolivia, a partir de la revolución boliviana de principios de los años 50. Y Bolivia, hoy en día, sigue siendo un país revolucionario que desafía a Trump y a sus lacayos.

Nos encontramos, pues, ante una situación sumamente contradictoria —una contradicción presente en cada uno de estos 23 países, incluido el mío, Grecia—, la cual está intrínsecamente ligada a las contradicciones internacionales que, a su vez, determinan las particularidades de cada nación. No debemos adaptarnos al entorno nacional dominado por la clase dominante, ni siquiera cuando esta adopta una fachada de izquierdas.

La única manera de combatir las presiones de clase en nuestro propio país —y en todos estos países— es adoptar una visión global de las particularidades para así captar lo particular y lo singular. Nuestro punto de partida es lo universal, especialmente en nuestro planteamiento.

Así que el debate de hoy sobre Rusia, por ejemplo, reveló muchas cosas y tengo que prestar atención cuando tengamos todo el material nuevamente en nuestras manos para estudiarlo, incluso en forma impresa.

El mensaje que nos envía la dirección de sus (organizaciones), es decir, el Partido Comunista Obrero Ruso, Partido Comunista de la Unión Soviética. Este es un título completo del secretario y de la comisión internacional del comité central de este partido.

Si alguien sigue todo el rumbo de este partido desde el colapso de la Unión Soviética hasta ahora durante todas estas décadas, hay nuevos elementos y tenemos que estudiar nuevamente cómo consideran, por ejemplo, las alianzas o el frente en la compleja situación de hoy y que no tenemos que ver sólo la superficie, como una contradicción, como un choque entre imperialismo y antiimperialismo, ignorando la guerra de clases e ignorando la necesidad de derrotar al imperialismo de la OTAN para luchar contra lo que decían, la dictadura del proletariado, que significa el poder obrero y la lucha por el socialismo y por la perspectiva comunista a nivel mundial.

Este es un gran paso adelante que no sólo estos camaradas desde sus (organizaciones) han contribuido hoy sino que también es importante observar las contradicciones en la Rusia postsoviética actual, en el contexto de la guerra que el imperialismo de EE. UU. y la OTAN está librando y escalando en todo el antiguo espacio soviético; desde los Balcanes —donde comenzó la guerra de desintegración de Yugoslavia en 1992—, se vio la estrategia desde el primer momento. Recordemos que el primer documento de la OTAN al respecto data de febrero de 1992, y en marzo de ese mismo año comenzó el ataque que condujo a la fragmentación y destrucción de Yugoslavia. Como se dijo una vez en la televisión de Moscú: «Empiezan por Belgrado, siguen hacia Moscú y luego van a Pekín». No somos profetas, somos marxistas; vivimos y luchamos. En los Balcanes vimos el momento fundacional de lo que entonces llamamos el Centro Social Balcánico «Christian Rakovski».

Ahora, muchas décadas después, vemos en esta conferencia cómo ha evolucionado la cuestión. Creo que era algo previsible. Ha habido contribuciones muy importantes; debemos superar esa visión sectaria y estúpida de pensar que quien está más cerca de mis ideas tiene razón y quien está lejos es el enemigo. No; en esta situación histórica tan dramática, nadie tiene derecho a quedar atrapado en ideas preconcebidas. Debemos comprender lo nuevo sin caer en la amnesia respecto a las conquistas teóricas del pasado y a la lucha por el marxismo revolucionario en todo el mundo. Fue muy importante, por ejemplo, la discusión sobre el significado de la guerra en Oriente Medio.

¿O deberíamos decir Asia Occidental? «Oriente Medio» es, de nuevo, el lenguaje del imperialismo.

Exacto. Era el lenguaje del Imperio Británico. Es Asia Occidental. No se trata solo de una aclaración lingüística; es algo por lo que debemos luchar.

Ya lo señaló un pensador muy importante, Victor Klemperer, al analizar el lenguaje del Tercer Reich durante la era nazi. Y, por cierto, cabe recordar la profecía sobre hacia dónde conduce el sionismo, formulada por un judío alemán bajo el régimen de Hitler.

Así pues, debemos reexaminar nuestro lenguaje —todos nuestros medios de expresión— y cómo hacemos que estas ideas sean accesibles y comprensibles para las masas, aquellas más alejadas de la teoría.

Trotsky afirmó —y tenía toda la razón— que la revolución llega en el momento en que se produce la inspiración violenta de la historia: cuando las masas, hasta entonces inconscientes, alcanzan un nivel de conciencia. Él sostenía que el marxismo representa la forma más elevada de conciencia teórica de la época; se trata de unir esa cúspide teórica con unas masas que, debido a la opresión y la explotación, viven alejadas de toda la riqueza del conocimiento humano y de la civilización.

En este sentido, debemos ejercer la autocrítica —no al estilo burocrático— y evitar caer en la trampa de los dogmas; esta es una lección importante que extraemos de la experiencia de hoy.

Y no es casualidad: en la reunión internacional de organizadores de esta conferencia, celebrada en febrero de este año, dijimos que no permaneceríamos pasivos ante el desafío de la cumbre de la OTAN en Ankara, prevista para los días 7 y 8 de este año 2026. Es una cumbre para la guerra: para más guerra imperialista y más lucha de clases, tanto en el Norte Global como en el Sur Global.

En segundo lugar, es la cumbre de los ya derrotados. Llegan a ella tras una enorme derrota —como la de la Guerra del Golfo—, provocada por la revolución iraní, el Eje de la Resistencia, la fuerza de la resistencia palestina y esa resiliencia —o *sumud*, como la llaman los palestinos— que, en realidad, trasciende la mera resiliencia: es rechazo, es la negativa a aceptar la esclavitud y la decisión de luchar hasta el final.

Por último, sabemos cómo aprovechar la crisis existencial de la propia OTAN para avanzar y combatir al imperialismo; sabemos que la única forma en que el antiimperialismo puede triunfar es haciendo que la revolución sea permanente. Eso significa unir la revolución anticolonial del Sur Global con la revolución social en Europa y América —en el Norte Global imperialista—. Durante el siglo pasado, la estrategia de supervivencia del capitalismo en su etapa de decadencia imperialista consistió en separar la revolución que comenzó en Rusia —y luego se extendió a Alemania, el resto de Europa, etc.— de la revolución en las colonias; es decir, la revolución china y los procesos en Asia, América Latina y África (incluido el norte de África), que coincidieron tras la Revolución de Octubre. Después de la Segunda Guerra Mundial ocurrió lo mismo: hubo levantamientos en las colonias, luchas por la independencia y movimientos de liberación nacional. Al mismo tiempo, en una Europa devastada por la guerra, la resistencia antifascista liderada por las fuerzas comunistas puso sobre la mesa la revolución europea; pero esa revolución fue traicionada. En mi país, la clase trabajadora y el pueblo seguimos pagando un precio enorme por ello. Para contrarrestar la revolución en las colonias, tuvieron que frenar la lucha de clases y la revolución en Europa. Hasta el día de hoy, en Grecia sufrimos a este gobierno sanguinario que encabeza la guerra contra los palestinos, los iraníes y toda Asia Occidental. Estamos pagando el precio de la traición a nuestra revolución de 1944.

No podemos aceptar en esta nueva fase de exacerbación de la lucha de clases, el intento de rearmar a Europa para combatir contra el espacio postsoviético, que ocurre mientras vivimos una pobreza enorme —no solo en Grecia, sino en todo el continente—, y pretenden extraer nuestra sangre mediante gastos militares y las decisiones que discutirán en Ankara dentro de unos días.

Nos encontramos en una transición hacia una lucha de clases más aguda para decidir quién ostentará el poder en la sociedad: si los gobernantes o los oprimidos, con la clase trabajadora a la cabeza. Debemos vencer, ya sea en Europa o en América; tenemos que luchar por la victoria de los palestinos y de todos los pueblos oprimidos del Sur Global, de lo contrario, no habrá ninguna perspectiva de victoria revolucionaria en el Norte —ni en Europa ni en América—. No puede haber una revolución en el Sur Global separada de la lucha revolucionaria en los países metropolitanos. Nuestro deber y nuestra tarea a partir de ahora consisten en cómo unir las revoluciones surgidas tras el punto de inflexión de la Guerra del Golfo —en Asia Occidental, África, el Sahel y América Latina—; son sumamente importantes las contribuciones realizadas por los camaradas latinoamericanos en esta conferencia. Quiero agradecer especialmente al camarada Osvaldo Coggiola por su aporte y por haber logrado reunir fuerzas tan importantes para el éxito de este encuentro, lo que nos permite avanzar en la lucha por abrir camino y organizar una verdadera dirección revolucionaria a escala mundial. No podemos construir un partido revolucionario en un solo país. Tenemos que luchar por estos partidos, construir estos partidos. Tenemos que luchar por la Internacional. Y esta es mi conclusión final tras la ardua labor de hoy.

traducción al español por Opción  Obrera

septiembre 2026

 

 

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