Opción Obrera es la sección venezolana de la CRCI (Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional)

Propulsamos el desarrollo de una política proletaria al seno de los trabajadores tras su independencia de clase y una organización de lucha para su liberación de la explotación e instaurar El Gobierno de los Trabajadores, primer paso hacia el socialismo.

Ante la bancarrota capitalista mundial nuestra propuesta es que:


¡¡LOS CAPITALISTAS DEBEN PAGAR LA CRISIS!
¡LOS TRABAJADORES DEBEN TOMAR EL PODER!



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jueves, 26 de mayo de 2016

Venezuela: golpes, autogolpes y el temor a la rebelión popular


Venezuela: golpes, autogolpes y el temor a la rebelión popular

La declaración por parte de Maduro del “estado de excepción” el pasado 13 de mayo implicó un nuevo salto en la característica golpista que adquirió el régimen chavista. Mediante esta medida se amplía la capacidad del Ejecutivo para cercenar libertades democráticas, reprimir manifestaciones y emitir deuda. Este “pasaje del bonapartismo plebiscitario al bonapartismo de facto” (http://opcion-obrera.blogspot.com/2016/05/venezuela-de-regimen-plebiscitario.html) se desarrolla como experiencia declinante –lo contrario a una afirmación de poder. La camarilla “madurista” se aferra a la conducción del Estado en medio de un impasse extraordinario, pues carece de un programa para afrontar el deterioro monumental de la vida social venezolana. El nacionalismo rentista se derrumba confesando que no tenía alternativa prevista para la declinación de los precios de las materias primas –una negación de cualquier tipo de desarrollo genuinamente autónomo.

En este marco de sistemática degradación, la declarada negativa de Maduro y compañía respecto a la realización del referendo revocatorio, para el cual la oposición asegura haber reunido diez veces más que las firmas necesarias, atiza el fuego del golpismo y el autogolpismo.

“Evitar un caracazo”

A la derecha proimperialista, naturalmente, le importa un bledo “la democracia”; quiere sacarse de encima a Maduro a como dé lugar, pero teme más que a la peste un desenlace que se vaya de control. Idéntico recelo tienen los propios Estados Unidos y el Vaticano, que intentan contener estas contradicciones, comprometidos como están en un delicado reordenamiento general de América, desde Cuba y Colombia hasta los buitres que sobrevuelan Buenos Aires. Las “preocupaciones” sobre una salida militar a la crisis que dejan trascender funcionarios norteamericanos buscan reforzar la extorsión a Maduro para que abandone el poder y dé paso a una “transición ordenada”; sentido similar tuvo la carta del Papa, y la visita de Rodríguez Zapatero –un lobbista de la banca española. El propio Macri viró, y se suma al “equipo” de la “transición ordenada”, tras instar a Malcorra a moderar sus dichos respecto a la “Carta Democrática” de la OEA, y postular, él mismo, “la necesidad del diálogo” (La Nación, 21/5). Existe la preocupación que el desmadre derive en una situación revolucionaria. Quien más claro expresa la cuestión es Capriles: “hay que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que no haya una reedición del Caracazo de 1989. Lo que puede darse en Venezuela son muchos estallidos que generen una situación que se nos escape de las manos” (El País, 20/5).

El arbitraje de las Fuerzas Armadas

En Venezuela, las Fuerzas Armadas aparecen como un actor ineludible de la crisis, lo cual ilustra otro límite insalvable de la experiencia nacionalista.

La división en sus filas es señalada por oficialistas y opositores; Heinz Dieterich, un destacado chavista que aboga por una “retirada táctica”, señaló hace varias semanas que “la fracción del general madurista Padrino López reafirma la política de ‘ni un paso atrás’ de Stalingrado, [mientras] el grupo del general chavista Rodríguez Torres aboga por la política de la retirada táctica: una solución política negociada con las fuerzas del 6-D” (se refiere al bloque que derrotó a Maduro en las últimas elecciones). Cualquiera sea la variante que se abra paso, lo que está claro es que no hay “poder popular” si el destino de semejante crisis reposa en las manos de una camarilla corrompida o de fracciones de un ejército estatal organizado de arriba para abajo.

Por una intervención independiente de la clase obrera

No nos privamos de insistir: rechazamos que el hundimiento de las experiencias nacionalistas configuren una derrota de las masas –eso dependerá de la lucha de clases, y de la calidad de la intervención de la izquierda revolucionaria para emerger como alternativa política frente a la crisis. La clase obrera debe emerger como factor independiente en la escena política venezolana. La situación excepcional que el país atraviesa pone al rojo vivo la necesidad de la convocatoria de un congreso de trabajadores para discutir una salida obrera a la crisis y reclamar una asamblea constituyente libre y soberana, que sea convocada por un gobierno de trabajadores.

Alejandro Lipco

sábado, 23 de abril de 2016

¿Uruguay viaja en el estribo de Brasil?


¿Uruguay viaja en el estribo de Brasil?


En la magnífica película “M” de Fritz Lang, un asesino de niñas aterroriza a la ciudad. La policía no da pie con bola, pero la búsqueda del asesino serial afecta al crimen organizado. Los mafiosos deciden entonces emprender su propia cacería, para poder seguir robando. La escena culminante es la asamblea de ladrones y mafiosos, donde se realiza un juicio para condenar a muerte al demente que no puede evitar asesinar.

La votación del impeachment en el Congreso de Brasil despertó en mí el recuerdo de esa escena. El videpresidente Temer y el presidente de la cámara de diputados Cunha (ambos del PMDB, integrante hasta hace pocos días de la coalición de gobierno) están denunciados por corrupción. También lo están el presidente del Senado, Renan Calheiros, y Ricardo Lewandowski, presidente del Supremo Tribunal Federal. Cunha, el principal impulsor del juicio político, tiene un proceso pendiente en la justicia. ¿El impeachment es en defensa de la honestidad? Eso es un cuento para niños.

Si se investigara a fondo en torno a Petrobras, no quedaría casi ningún político libre, irían todos presos –tanto el lulismo, que está implicado en negociados con las grandes empresas constructoras, como los ahora ‘opositores’, que hasta ayer nomas integraban el gabinete.

Lo que está detrás del golpe parlamentario, que sigue el modelo aplicado en Honduras y Paraguay, es el cambio de frente de la burguesía industrial paulista, que sostuvo al lulismo durante 12 años y ahora lo derriba para imponer un cambio de política económica y de política exterior. La caída de la producción, el derrumbe de Petrobras (cuyas acciones se desplomaron en un 90%), el enorme déficit fiscal, y la sensación de que Rousseff no sería capaz de imponer un gran ajuste contra los trabajadores, son la causa del golpismo. También un planteo de orientarse a acuerdos con la Unión Europea y hacia el TTP (alianza para el Pacífico).

El lulismo es tirado como un limón exprimido. Estamos ante el fracaso del “frente popular”, es decir, de un gobierno de colaboración de clases que fue útil para los capitalistas para mantener al movimiento obrero controlado en circunstancias de descomposición de los partidos ‘tradicionales’, pero que agotó sus posibilidades. Para gobernar, dijo Lula, “hay que tragar sapos”. Entre ellos, aliarse a partidos y personajes burgueses y derechistas. Ahora estos aliados son los que derrocan a Dilma.

Todos los gobiernos ‘progres’ de América Latina están en retirada. Ya se fueron los K, Maduro perdió en forma aplastante en elecciones parlamentarias, Evo fue derrotado en el referéndum, Bachelet está al borde del abismo…

Quienes pronosticábamos este escenario, éramos considerados poco realistas o ilusos. Eran festejados y aplaudidos los improvisados que proclamaban que “Uruguay tiene que subirse al estribo del Brasil porque será una superpotencia de las que corta el bacalao grueso en el mundo”. No pretendo cargarle las tintas a Mujica, que en todo caso llevó al extremo la tendencia de la burguesía ‘nacional’ a cranear ‘negocios’ al mejor estilo de “El baño del Papa”. La burguesía latinoamericana fue incapaz de industrializar al continente, en condiciones de ingreso excepcional de divisas y precios récord de las materias primas, lo cual confirma una vez más su impotencia ya bicentenaria. La izquierda uruguaya, que persiste en buscar “burgueses como la gente” que sean capaces de desarrollar las fuerzas productivas, seguramente tropezará más veces con la misma piedra.

Uruguay viaja, efectivamente, en el estribo de Brasil. El país norteño es el segundo destino de las exportaciones (el primero es China, otro país que entró de lleno en la crisis). Caen los precios de las materias primas; caen la producción industrial y la construcción; el déficit fiscal ronda el 4% del PBI; se disparó la inflación (más de 5% en apenas tres meses); el gobierno dilapidó ¡en un año! el 52% de las reservas sin contrapartida del BCU (4.000 millones de dólares, cuatro veces el agujero de Ancap) para mantener una política económica fracasada.

Los trabajadores debemos repudiar el golpe y movilizarnos contra los golpistas, sin depositar ninguna expectativa en los gobiernos ‘progres’ –que aplican ellos mismos un ajustazo contra los salarios y conquistas. Debemos derrotar el golpe y luchar en la perspectiva de un gobierno de trabajadores, y de la unidad socialista de América Latina.


Rafael Fernández Partido de los Trabajadores Uruguay