Opción Obrera es la sección venezolana de la CRCI (Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional)

Propulsamos el desarrollo de una política proletaria al seno de los trabajadores tras su independencia de clase y una organización de lucha para su liberación de la explotación e instaurar El Gobierno de los Trabajadores, primer paso hacia el socialismo.

Ante la bancarrota capitalista mundial nuestra propuesta es que:


¡¡LOS CAPITALISTAS DEBEN PAGAR LA CRISIS!
¡LOS TRABAJADORES DEBEN TOMAR EL PODER!



Comunícate con nosotros por los siguientes buzones de correo:

info@opcionobrera.org
opcionobrera@yahoo.com
opcionobrera@hotmail.com





Mostrando entradas con la etiqueta Mariano Ferreyra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mariano Ferreyra. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de febrero de 2013

Definiciones en el juicio oral por el asesinato de Mariano Ferreyra

Prensa Opción Obrera 25 Enero - Febrero 2012

Definiciones en el juicio oral por el asesinato de Mariano Ferreyra

El asesinato del joven militante del PO y las graves heridas a Elsa Rodríguez sacudió al poder político y tocó a fondo al movimiento popular. El oficialismo imaginó que había sido el detonante de la muerte de Néstor Kirchner e incluso provocó una crisis política; es que pocos días antes, Cristina Fernández había pretendido consagrar una unidad política con la burocracia sindical. La etapa final de un juicio con un fuerte y creciente control político que se debate entre el camino hacia el juicio y castigo y la impunidad a los principales acusados.



El asesinato de Mariano Ferreyra devolvió a la superficie el carácter criminal de la burocracia sindical y su transformación en una casta empresarial que prospera mediante la explotación de los trabajadores de su propio gremio. Puso asimismo al descubierto la trama mafiosa del armado kirchnerista en el transporte ferroviario. Un año y medio después, esa trama se volvería a poner en evidencia en la masacre de Once.

Denunciamos, desde el primer momento, todas estas circunstancias, y con ello produjimos una delimitación política que aportó una claridad decisiva al movimiento popular a la hora de la movilización por el juicio y castigo a los culpables. Miles de jóvenes y trabajadores se reconocieron en la condición social y militante de Mariano; los trabajadores tercerizados se sintieron interpelados, no ya entre los ferroviarios, sino en toda la dimensión del territorio nacional. Las tentativas de cooptar a los allegados políticos y personales de la víctima -la táctica empleada por este gobierno y los anteriores, para neutralizar el repudio-, fracasaron en forma miserable.

El método político empleado en la lucha por el juicio y castigo, en el caso de este crimen, se diferenció del utilizado en los casos de los compañeros Q’om o del docente neuquino Carlos Fuentealba. Nosotros fuimos de entrada por los responsables políticos –incluido el gobierno nacional y el Poder Ejecutivo-, al que conminamos a que procediera a una investigación en sus propia filas. Debido a la recusación de esta requisitoria a proceder a investigar el aparato del propio Estado, el gobierno ha quedado como responsable último de la masacre de Once.

Las escuchas telefónicas han dejado probada la colaboración de los titulares del ministerio de Trabajo (Carlos Tomada y su vice Noemi Rial) con José Pedraza, secretario general de la Unión Ferrorviaria. La reacción inicial del gobierno y de sus alcahuetes (en particular José Pablo Feinman y otros de Carta Abierta) fue enrostrar la responsabilidad del crimen al Partido Obrero (PO), que habría estado en el lugar y en el momento inadecuado. “Nos tiraron un muerto”, acusaron las eminencias que viven del presupuesto del Estado. La misma Presidenta utilizó la mayor parte de la entrevista que concedió a los familiares de Mariano, a atacar al Partido Obrero. Claro: en octubre de 2009, al inaugurar una sede sindical de los ferroviarios, Cristina consagrado a Pedraza como la encarnación del, textual, “sindicalismo que construye”.

No insistieron en esta vía de exabruptos cuando, el 22 de febrero de 2011, otros 51 muertos cayeron en la estación de Once, como tampoco lo habían hecho, antes, en ocasión de la decena de accidentados fatales en los pasos a nivel. Los compañeros tercerizados que se habían convocado, aquel 20 de octubre, para reclamar por el pase a planta permanente, no estaban allí por “apresuramiento”: habían trajinado durante dos años los pasillos ministeriales con esa misma reivindicación.

“Un crimen político contra la clase obrera”, esa fue la síntesis de la caracterización política que guió nuestra lucha. Un crimen ejecutado para defender un sistema de concesión parasitaria y corrupta del transporte, así como la explotación del trabajo precario de miles de trabajadores tercerizados. Un crimen para defender el monopolio de una burocracia sindical patronal, integrada al Estado. Un crimen para detener el movimiento por la independencia de la clase obrera, que hoy mismo progresa en todos los sindicatos. Pocas veces antes había quedado definido con tanta claridad la naturaleza social y política de un crimen contra luchadores populares. Lo que se puso en juego, entonces, en esta lucha por el Juicio y Castigo, es una confrontación de naturaleza histórica.

Es esta lucha y la claridad con que fue empeñada, lo que permitió llegar al juicio oral y público, que se encuentra en la recta final, con los responsables políticos de la patota entre los acusados. Antes que la prisión preventiva cayera sobre Pedraza, la ministra actual de Seguridad, Nilda Garré, desplegó la última tentativa para evitarla: montó un operativo mediático para encarcelar a los compañeros ferroviarios que habían luchado con Mariano, a los que acusó de actos de vandalismo en la estación Constitución, con la clara finalidad de desnaturalizar la lucha de los tercerizados.

Garré había llegado a ese ministerio como parte de una maniobra cuidadosa del gobierno para apartar a Aníbal Fernández de la conducción política de la Policía Federal y sacarlo del foco de la responsabilidad por las órdenes que dio a la fuerza aquel 20 de octubre. Luego de la condena que pronuncie el Tribunal Oral, habrá que ir por la investigación y juicio de Aníbal Fernández. En el juicio oral y público “no están todos los que son”: faltan los concesionarios del Roca, que habilitaron la salida laboral de la patota y están entrelazados en la explotación de los tercerizados y el desvío de los subsidios; no está la cúpula de la Policía que monitoreó operativo desde la Jefatura; no está el ministro encargado de las fuerzas de seguridad en aquella ocasión.

¿Cuál es el desafío político en esta fase final? El gobierno no es impasible o neutral en esta circunstancia. Se ve que ha seguido un lento y penoso peregrinaje gatopardista, que consiste en depurar en forma aséptica (sin sangre) y limitada la trama mafiosa para conservar la conducción del aparato de negocios y sindical del ferrocarril. Los Luna (por el subsecretario de Transporte Ferroviario, Antonio Luna) y los Schiavi (Juan Pablo ex secretario de Transporte) enfrentan ahora su propio juicio oral y público por Once; el nuevo ministro de transporte, Randazzo, no es del palo de Omar Maturano (gremio La Fraternidad) ni del pedracismo; se ha removido a la conducción macrista-moyanista-pedracista del Belgrano Cargas; por último, está intentando manejar la UF con un pedracismo sin Pedraza. Por último, pretende que la culminación del juicio oral y público sea el final de la historia, o sea que no se trasvase a los concesionarios, la jefatura policial, los ministros de Seguridad.

Las querellas representadas por los abogados del CELS y los del Partido Obrero alegarán, en los próximos días (viernes 15), por la condena a perpetua de Pedraza y sus cómplices. No se conoce, sin embargo, el planteo de la fiscal, María Luz Jalbert, que representa al Ministerio Público y que, en esa condición, influye en la formación de la opinión del Tribunal oral.

La fiscal Jalbert atravesó una crisis seria, hace un par de meses, cuando la Procuradora K, Alejandra Gil Carbó, le puso dos comisarios políticos como “ayudantes”. Del juicio oral y público se desprende una conclusión de conjunto acerca de la responsabilidad de Pedraza como instigador político de las acciones que llevaron al crimen, que para sus defensores no alcanzan el carácter de una prueba firme. Si prevalece este criterio judicial, jamás sería posible probar una responsabilidad política y la impunidad quedaría consagrada con carácter universal. En este caso, Pedraza –el mismo que intentó sobornar a los jueces de Casación, para obtener una excarcelación– hasta podría ser declarado ¡Inocente!

Otro capítulo merece la posición de la troika que integra el Tribunal, la cual se encuentra cruzada, por lo menos, por dos condicionamientos: uno, tiene que ver con la presión de la cruzada del gobierno en el Poder Judicial, para reemplazar con jueces propios a los que reputa afines a la “corpo”; el otro es, digamos, ideológico, con referencia al garantismo. Con relación a esto último, los defensores de la patota alegan la falta de pruebas “materiales”, o sea la ausencia de una orden escrita y firmada de matar. Recordemos que el garantismo es una posición de defensa de la población que carece de la capacidad material de defender sus derechos, ante la acción del Estado y las fuerzas de seguridad, que se mueven con recursos y desarrollan una conspiración impune. No debería servir como escudo para defender a ese mismo aparato (burocracia, policía, funcionarios, ministros, pulpos económicos concesionarios), que precisamente conspira contra quienes carecen de derechos, trabajadores tercerizados, privados del derecho elemental del convenio colectivo.

Este conjunto de señalamientos apunta al objetivo de dar las armas intelectuales, y por lo tanto organizativas, para impedir un nuevo caso de impunidad. La perpetua para Pedraza y sus cómplices no solamente daría impulso a las cuestiones excluidas de esta causa desde su fase de instrucción; también impulsaría la lucha por el esclarecimiento, juicio y castigo por la desaparición de Jorge Julio López y Luciano Arruga; por los asesinatos de campesinos Qom y del Mocase; por llevar a tribunales a Sobisch, por Carlos Fuentealba y por tantos y tantos compañeros sometidos y reprimidos. Las mujeres agredidas, las trabajadoras y trabajadores esclavizados en el campo y la ciudad.

Jorge Altamira – Partido Obrero - Argentina


Publicado por Agenda Oculta

jueves, 20 de octubre de 2011

Juicio y castigo a TODOS los culpables


PO 1199 20/10/2011 Mariano Ferreyra. Un crimen contra la clase obrera

Juicio y castigo a TODOS los culpables

Texto del documento que se leerá en Plaza de Mayo este 20 de octubre

Hoy, 20 de octubre, se cumple un año del asesinato de Mariano Ferreyra y de las gravísimas heridas recibidas por Elsa Rodríguez y otros militantes. En un país donde la mayoría de los crímenes contra el pueblo queda impune, la inmensa movilización popular logró encarcelar a José Pedraza y a la patota que, bajo sus órdenes, perpetró el asesinato. Esa gesta popular colocó, a veinticuatro horas del crimen, a más de 60.000 personas en las calles de la Capital, junto a las marchas, paros y cortes que se llevaron adelante en todo el país, con un reclamo unánime: juicio y castigo a TODOS los culpables. Otras acciones posteriores, como el festival multitudinario que trajo a Calle 13 a la Argentina, lo refrendaron después. Ese es el mismo reclamo que traemos hoy, 20 de octubre, a esta plaza. Lo que hemos logrado por Mariano sólo puede ser un aliciente para llegar hasta el final en la cadena de responsabilidades por este crimen político y para impulsar una batalla a fondo contra la criminalización de la protesta social y las patotas. Por todo esto, nos hemos convocado a esta Plaza en este día 20.
El crimen de la tercerización laboral
La lucha por Mariano sacó a la luz el infame negociado de las tercerizaciones en el ferrocarril, por el cual miles de trabajadores perciben un salario inferior al que les corresponde por la misma tarea que realizan los compañeros bajo convenio. En el caso del ferrocarril, quienes lucraban con esta precarización eran los jefes de la burocracia sindical de la Unión Ferroviaria, propietarios de varias de las cooperativas truchas que empleaban trabajadores en condiciones indignas. Los ferroviarios tercerizados y quienes los acompañaban se pusieron de pie contra ese negociado. La burocracia sindical lo defendió a sangre y fuego: el crimen de Mariano pretendió ser un castigo ejemplar contra los tercerizados que luchaban por pasar al convenio y quienes los apoyaban. Contra lo que pretendieron afirmar -y siguieron afirmando- voceros oficiales como el ministro Tomada, en el crimen de Mariano no hubo "enfrentamiento" alguno: los tercerizados y los militantes que los apoyaban fueron emboscados por la patota de Pedraza cuando ya se retiraban de la zona de las estaciones ferroviarias.
Incluso después del crimen de Mariano, el gobierno y las privatizadas rechazaron una y otra vez la incorporación de los tercerizados a la planta. Las sucesivas medidas de lucha de los ferroviarios fueron objeto de ataques políticos e incluso represivos contra el movimiento de lucha de los tercerizados y las fuerzas que los apoyaban. Mientras tanto, Pedraza y los suyos intentaban zafar de su responsabilidad criminal. Pero la acción obrera y la tenaz movilización popular desbarató uno y otro intento: miles de tercerizados tuvieron que ser incorporados a la planta y Pedraza fue a la cárcel. Si hoy, en esta plaza, reivindicamos estas conquistas, es para decir: queremos el juicio y castigo a TODOS los culpables. Queremos el desprocesamiento de los luchadores y el fin de las patotas.
No a la impunidad
Estamos a pocos meses del inicio del juicio oral a Pedraza y su patota. Las tentativas de impunidad no sólo se despliegan en su favor, sino también de los cómplices y participes necesarios en este crimen contra la clase obrera. Ello se expresa en las tres causas que se encuentran abiertas: la causa contra la patota, contra la policía y por el intento de coimas a la Cámara de Casación.
En la causa principal, la patota de la Unión Ferroviaria y sus jefes, José Pedraza y el "Gallego" Fernández, tienen su procesamiento confirmado por homicidio calificado contra Mariano y en tentativa contra los compañeros Elsa Rodríguez, Nelson Aguirre y Ariel Pintos.
En esa causa, la valoración del plan criminal que aquí denunciamos sólo puede dar lugar a una condena: prisión perpetua para los organizadores y ejecutores del plan criminal. Pero denunciamos también la tentativa de exonerar a las otras partes necesarias del crimen: los privatizadores de la Ugofe y el aparato represivo del Estado.
A pesar de haber otorgado licencias laborales en favor de muchos de los que luego integraron el grupo de choque contra los tercerizados, los directivos de Ugofe no han sido imputados. A lo sumo, fueron convocados como testigos, es decir: como simples espectadores. Al mismo tiempo, la investigación sobre la conducta de la policía fue separada de la causa principal. En ese expediente paralelo, jueces y fiscales apenas admiten para los comisarios, subcomisarios y oficiales un "abandono de persona"; esto es, una mera negligencia y no lo que ocurrió: su participación necesaria en un escenario criminal, donde la "liberación de la zona" fue premetidada facilitó la acción de la patota y su posterior huida.
En la causa contra los comisarios, subcomisarios y oficiales de la Federal, varios de sus abogados defensores fueron colocados por el propio Ministerio de Seguridad, a través de su Dirección de Asuntos Jurídicos. Nos referimos al ministerio encabezado por Nilda Garré, quien debutó en sus funciones deteniendo e impulsando el procesamiento a los luchadores ferroviarios y a los militantes y organizaciones que los apoyaban.
Por último, en la causa por las coimas que intentaron los defensores de la Unión Ferroviaria sobre los jueces de la Cámara de Casación, se revela todo el poderío económico que siguen desplegando los asesinos, a partir del lugar que continúan ocupando en el ferrocarril privatizado. No es un dato menor que las coimas millonarias -según lo revelan las escuchas judiciales- provinieran de la caja del Belgrano Cargas, que Pedraza aún cogerencia. Pero lo mismo ocurre con la Sociedad de Operaciones Ferroviarias y la Administración de Inversiones del Ferrocarril, entes oficiales que manejan poderosos recursos y que están encabezados por personeros directos de Pedraza. Lo mismo ocurre con la Subsecretaría de Transporte, al frente de la cual continúa Antonio Luna, hombre de La Fraternidad, cuya comisión directiva encubre al número cuatro del gremio, Julio Sosa, acusado de pertenecer a los servicios de inteligencia de la Fuerza Aérea entre 1974 y 1980.
La permanencia de los hombres de Pedraza en el ferrocarril es sólo un aspecto de la protección del poder político sobre la burocracia sindical. Esa protección se expresa, todos los días, en la impunidad con que actúan sus patotas y en la propia persecución estatal y judicial sobre los luchadores, avalada desde el gobierno. A su turno, la sociedad entre esa burocracia, los privatizadores y el Estado continúa el vaciamiento de un sistema ferroviario en ruinas, que todo el tiempo se cobra víctimas fatales.
Después de Mariano Ferreyra
Después del crimen de Mariano, se produjeron gravísimos hechos contra los luchadores populares, a la escala de todo el país. Sólo un mes después, tres dirigentes de la comunidad Qom fueron asesinados en La Primavera (Formosa) por las fuerzas policiales al mando del gobernador kirchnerista Gildo Insfrán. Al poco tiempo, en la Capital, otros tres compañeros en reclamo de vivienda eran asesinados en el Parque Indoamericano, en medio de la represión que comandaron la Federal de Aníbal Fernandez y la Metropolitana de Mauricio Macri. También se produjo la sospechosa muerte del dirigente campesino chaqueño Mártires López, aún no esclarecida. En julio, la lucha por la tierra se cobró la vida de varios compañeros en Libertador (Jujuy), donde la policía de otro gobernador oficialista actuó en defensa del monopolio explotador de los Blaquier. La acción represiva no ha cesado tampoco sobre los luchadores obreros que desafían a las patronales y a las burocracias, como los compañeros petroleros de Santa Cruz o el compañero Olivera, del Sitraic. Mientras Olivera está preso, se ha revelado que otro burócrata sindical, Gerardo Martínez, fue integrante del Batallón 601 de Inteligencia bajo la dictadura.
Hoy existen miles de compañeros procesados, perseguidos o con amenazas de desafuero en todo el país, entre los que se cuentan delegados obreros de base, estudiantiles, dirigentes políticos y de derechos humanos. Desde esta tribuna reclamamos la libertad de Oñate y Olivera, y el desprocesamiento de todos los luchadores obreros y populares.
Pero tampoco ha cesado la acción de las patotas y la criminalización de los luchadores. Lo han vivido los delegados de la Línea 60, con los reiterados ataques contra ellos y sus familias por parte del mismo triángulo represivo que llevó adelante el crimen de Mariano: la burocracia sindical, la patronal y el Estado, en este caso con su pasividad cómplice. Venimos a esta marcha después de haber derrotado, también con la movilización, otra enorme provocación contra los ferroviarios que luchan. En este caso contra Rubén "Pollo" Sobrero, virtualmente secuestrado e incomunicado durante 72 horas, en un operativo fraudulento de la Justicia y los aparatos de inteligencia, que tuvo como instigador y vocero al jefe de Gabinete del gobierno nacional, Aníbal Fernández. No es casual que la provocación contra Sobrero se produzca en las vísperas del aniversario de Mariano. Después del encarcelamiento de Pedraza, el régimen político y social que lo sigue protegiendo necesita colocar en el banquillo de los acusado a los luchadores ferroviarios. Es una nueva tentativa de encubrir el crimen de Mariano, con los mismos argumentos que usaron desde el primer día: presentar a los hechos de Barracas como un "enfrentamiento" e igualar a las víctimas con los victimarios. Rechazamos esta nueva tentativa de impunidad y señalamos: ¡basta de persecución a los luchadores ferroviarios! Que vayan al banquillo los que deben estar allí: las patotas, los privatizadores, los represores, así como sus encubridores y jefes políticos.
Culminanos este acto señalando que el de Mariano Ferreyra fue un crimen político. Porque involucró al Estado, a las burocracias sindicales que lo sirven, a sus aparatos de represión y a los capitalistas que usufructúan el ferrocarril privatizado. Pero también porque terminó con la vida de un militante revolucionario.
Mariano Ferreyra, militante del Partido Obrero, organizador de la Federación Universitaria de Buenos Aires en el CBC de Avellaneda, palpitaba todas y cada una de las luchas obreras de su zona. Pero también fue un apasionado del teatro, del cine, de la música, de la amistad y la juventud militante, que es la que lucha por una sociedad sin explotadores ni explotados. Mariano forma parte de una generación obrera y juvenil que hoy -en las fábricas, colegios y facultades- se pone de pie para dotar a los sindicatos, federaciones estudiantiles y organizaciones barriales de una nueva dirección para sus luchas. Por todos ellos, por Mariano, por Elsa, por todos los luchadores criminalizados o perseguidos, desde esta plaza decimos:
1. Juicio, condena y prisión perpetua a Pedraza y a toda la patota que asesinó a Mariano Ferreyra e hirió a Elsa y a los otros compañeros.
2. Juicio y castigo a los policías, responsables políticos y empresariales cómplices del crimen. Que los policías sean juzgados por lo que les cabe: partícipes necesarios de un homicidio.
3. Juicio y castigo a los responsables de los crímenes contra todos los militantes populares asesinados desde entonces, los compañeros Qom, los del Parque Indoamericano, los de Jujuy.
4. Basta de persecución a Sobrero, a los ferroviarios procesados, a los compañeros de la Línea 60 y a todos los luchadores obreros populares. Basta de patotas sindicales. Libertad a Oñate, a Olivera, a Germano y a todos los presos políticos y luchadores sociales.
5. Fuera los agentes de Pedraza y los privatizadores del ferrocarril. Por su renacionalización bajo gestión de los trabajadores.

Firman más de un centenar de organizaciones obreras, estudiantiles, de derechos humanos y partidos políticos

martes, 22 de febrero de 2011

Pusieron preso a Pedraza y a Fernadez por el asesinato de Mariano Ferreyra en Argentina

Pusieron preso a Pedraza y a Fernadez por el asesinato de Mariano Ferreyra en Argentina

Hace unas horas la juez de la causa, Susana Wilma López, ordenó el arresto del burócrata sindical de la Unión Ferroviaria, José Pedraza, imputándolo por el asesinato de Mariano Ferryera, militante del Partido Obrero de Argentina el pasado 20 de octubre del 2010. Junto a Pedraza fue detenido Juan Carlos Fernández, número dos de ese sindicato.

El Partido Obrero había exigido, desde el mismo momento del asesinato de Mariano Ferreyra, la detención de los autores intelectuales mencionados por ser Jefes de la patota que participó materialmente en el hecho afiliados de la Unión Ferroviaria y expresamente licenciados para que cometieran la tropelía. Con la detención de Pedraza y Fernandez se abren las puertas para involucrar a los restantes autores materiales e intelectuales como la policía que les abrió el campo -el fiscal de la causa ha solicitado que sean imputados también 5 de ellos policías por haber "liberado la zona" para que la patota de Pedraza actuara-, y los representantes de la UGOFE que permiten que la burocracia sindical de UF establezcan contratas de mantenimiento en las vías ferroviarias colocando en situación de tercerización a sus trabajadores con salarios que son la mitad de los que devengan los trabajadores de planta permanente.

Claudia Ferrero, abogada por PO en la causa de Mariano Ferreyra, saludó la medida de la jueza López, pero alertó de igual modo que aún faltan por poner en cana a los otros autores materiales e intelectuales.

La lucha constante por parte del PO, en todos los ámbitos incluido el legal sin descartar las movilizaciones de calle, en solicitar el juicio y castigo a todos los culpables está comenzando a dar sus frutos pero no aún no culmina. La solidaridad internacional debe acentuarse para que todos los culpables paguen por el asesinato de Mariano Ferreyra, en particular porque las componendas gubernamentales con la burocracia sindical y la contratación de trabajadores tercerizados demuestran toda una ramificación con la policía que libera la zona a las patotas con el fin de acallar las protestas obreras y los funcionarios públicos de UGOFE que permiten que las contratas actúen con total impunidad para violar los derechos laborales de sus trabajadores.

Políticamente, la detención de Pedraza y Fernadez de la UF, coloca al gobierno de Cristina K en un impasse con Moyano capo mayor de la dirección burocrática que controla la central sindical CGT, que sostenía la defensa y la inocencia de los detenidos. Moyano es pieza fundamental en el cuadro de soporte del gobierno de Cristina K. Adicionalmente coloca nuevamente sobre el tapete los reclamos de los trabajadores tercerizados del ferrocarril en torno al pase a planta permanente, en principio acordados para inicios de diciembre del año pasado y posteriormente negados por su ministro del trabajo Tomada.

La justicia burguesa argentina se ha visto obligada, por la presión ejercida en las calles tanto por PO y los trabajadores tercerizados del ferrocarril, a detener a Pedraza y a Fernandez y al fiscal a solicitar la imputación de los comisarios policiales que liberaron la zona. Las dos luchas simultaneas, el reenganche de los despedidos con el pase a planta permanente y la demanda del juicio y castigo a los asesinos de Mariano Ferreyra, colocan en el seno de la clase obrera los métodos que son necesarios aplicar para obtener una victoria.

jueves, 17 de febrero de 2011

Mariano Ferreyra: Un crimen político contra la clase obrera

Prensa Opción Obrera 18 - Febrero 2011

Internacionales
Mariano Ferreyra: Un crimen político contra la clase obrera


El asesinato de Mariano Ferreyra, joven militante revolucionario internacionalista, ha generado un punto de inflexión en la situación política argentina. Desde la época de la dictadura no ocurría un ataque tan terrible al Partido Obrero. Los responsables materiales están presos. Se están realizando medidas de acción directas y judiciales para que suceda lo mismo con los responsables políticos e intelectuales.

El compañero Mariano dedicó casi diez años de su vida a la construcción de la herramienta organizativa que la clase obrera necesita para defenderse y tomar el poder para gobernar para sí.

Si bien la responsabilidad del crimen corresponde a la burocracia sindical, que es además de empresaria, corrupta, el gobierno está también comprometido porque la sigue protegiendo y conservándola en cargos ejecutivos.

La muerte del dirigente socialista y su repercusión social ha obligado a la prensa burguesa a mantener en los medios masivos de comunicación la noticia, denunciando la vinculación  entre la burocracia sindical, convertida en empresaria de contratación de trabajadores, con el gobierno y las concesionarias de los ferrocarriles.

Los hechos

El día 23 de octubre Mariano estaba con un grupo de obreros tercerizados, dirigentes barriales y partidos políticos cumpliendo con el mandato de una asamblea. Habían transcurrido meses de la presentación de la situación de maltrato, discriminación y despido de estos trabajadores y no había respuesta por parte del Ministerio de Trabajo. Por eso la asamblea, habiendo agotado otras formas de protesta decidió cortar las vías del ferrocarril Roca. En el lugar se decide no realizar la medida por la presencia de una banda armada del sindicato Unión Ferroviaria. Los manifestantes caminaron 600 metros seguidos por la patota en presencia de la policía, algunos periodistas y camarógrafos. En ese momento los asesinos a sueldo comenzaron a disparar hiriendo a cuatro manifestantes: Mariano Ferreyra, Elsa Rodríguez  (aun hospitalizada en grave estado) y dos compañeros más. La Policía Federal ni siquiera persiguió a los agresores.

Una periodista que filmó los  hechos entregó el material en el juzgado que en primera instancia procesó y encarceló a siete autores materiales. Este fallo fue confirmado por la Cámara de Apelaciones. La presencia permanente de activistas de Partido Obrero y militantes políticos y sociales en las calles, conjuntamente con la estrategia judicial está garantizando que los criminales continúen en la cárcel y se haga extensiva la medida a los autores intelectuales, quienes defienden un negocio millonario.

Un hecho similar a éste, ocurrido en junio de 2002, provocó la caída del presidente Duhalde cuando su Ministro de Interior y actual jefe de gabinete, Aníbal Fernández, dio la orden de reprimir una manifestación y luego pretendió encubrir el crimen diciendo que se enfrentaron bandos de la izquierda. En este nuevo acontecimiento pretendió repetir la estrategia fallida hace diez años.

Las investigaciones judiciales probaron que la Ugofe (concesionaria de tres ramales del ferrocarril) otorgó 120 “licencias gremiales” para facilitar la concurrencia de los matones, que las empresas tercerizadas son socias y hasta propiedad de la patota criminal y que la Secretaría de Transporte Ferroviario, cuyo titular es Antonio Luna de la Fraternidad, respaldó el accionar. Según la jueza, la policía liberó la zona y “se facilitaron los medios para alcanzar la impunidad sobre el hecho cometido”. La policía no informó al juez de turno (¡un muerto y tres heridos de gravedad!) y no resguardó el lugar del hecho. Por otra parte, sindicalistas, gerentes y policías se mantenían comunicados por una red de aparatos celulares Nextel a nombre de la empresa concesionaria.

Otras experiencias

El contraste entre el desarrollo de la causa judicial por el crimen contra nuestro compañero con el que siguió al asesinato de tres campesinos en Formosa no puede ser mayor: en este último el estancamiento es completo, debido a la injerencia del oficialismo en las organizaciones de las víctimas (cooptación). La nitidez con la que el Partido Obrero ha planteado el crimen contra Mariano ante la opinión pública y ante los trabajadores, no permite tergiversaciones. Miles de trabajadores tercerizados han adoptado a Mariano Ferreyra como su emblema.

En Venezuela, la asociación de derechos humanos Provea lleva un listado de 65 activistas obreros asesinados. En la mayoría de los casos no se hizo justicia. Si estos crímenes permanecen impunes la posibilidad de la protesta se ve mermada por el miedo. De allí la importancia de construir una organización de trabajadores independiente de la burguesía y el gobierno, porque el presidente Chávez ha negado esta situación y el PSUV de Anzoátegui intentó exculpar a los 15 policías sentenciados por el asesinato de dos trabajadores de Mitsubishi y Macusa.

Conclusiones

Las revelaciones de la investigación, el incumplimiento de los compromisos del Ministerio de Trabajo con los tercerizados, el pacto con los burócratas-empresarios en la gestión del ferrocarril, ponen de manifiesto la voluntad del gobierno argentino de encubrir el crimen y preservar su alianza con la burocracia sindical.

La naturaleza política del juicio queda en evidencia también en las presiones ejercidas para obtener las excarcelaciones de los asesinos, entre las cuales se incluyen varios lock outs patronales.

El asesinato del militante puso sobre el tapete los orígenes de los trabajos precarios, la subcontratación de trabajadores. La diferencia entre lo que se le paga al trabajador tercerizado y el de convenio (la mitad o menos) queda en los bolsillos de los burócratas y en parte pasa a engrosar la caja de la política.

Los militantes de P.O. y de la Agrupación Causa Ferroviaria, seguirán luchando por la incorporación a planta de todos los tercerizados y el juicio y castigo a los asesinos materiales e intelectuales de Mariano Ferreyra, ejemplo de internacionalismo proletario.

A.Rodriguez.
Partido Obrero, Argentina