Opción Obrera es la sección venezolana de la CRCI (Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional)

Propulsamos el desarrollo de una política proletaria al seno de los trabajadores tras su independencia de clase y una organización de lucha para su liberación de la explotación e instaurar El Gobierno de los Trabajadores, primer paso hacia el socialismo.

Ante la bancarrota capitalista mundial nuestra propuesta es que:


¡¡LOS CAPITALISTAS DEBEN PAGAR LA CRISIS!
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miércoles, 22 de febrero de 2023

Prologo a una nueva publicación del manifiesto comunista

 

Prologo a una nueva publicación del manifiesto comunista

 (Esta nota fue redactada en el 2014, luego de diagramar para imprimir una reedicion del manifiesto comunista, adicionando un artículo de Trotsky sacando un balance a 90 años de la salida del manifiesto.Quedó solo el diseño, por la crisis económica que explotó en Venezuela no pudimos imprimirlo)





El Manifiesto Comunista de Carlos Marx y Federico Engels es un documento extremadamente importante. Por ser histórico, trata sobre la sociedad capitalista, la última sociedad de clases. El escrito en sí es conciso, unas 20 páginas, cuatro capítulos, 62.262 caracteres para ser más precisos en nuestra edición digital. Es profundo, desnuda la realidad sobre la que funciona la sociedad capitalista y partiendo de ella, de su existencia y de sus premisas, su ocaso inevitable. Es revolucionario, describe las herramientas para el cambio positivo hacia la sociedad socialista. Tiene vigencia luego de 166 años de su primera edición, y releyéndolo en el tiempo sin importar los años, resaltan pasajes o líneas que interpretan y aclaran la situación, no por dogma, sino, como decía Federico Engels, como una guía para la acción.

En Venezuela no sabemos quién ha publicado el Manifiesto Comunista, o siquiera promovido su lectura en la llamada revolución bolivariana, su reproducción es tanto más importante en cuanto más sacan basura que desvía y confunde el proceso abierto con el alzamiento popular en 1989.

Por lo mismo, es un lugar común hablar como alternativas de “un mundo posible”, de la “utopía”, la “apuesta”, etc., es decir, vaguedades en lo mejor de los casos románticas.

El único mundo posible es la sociedad socialista y será real porque es racional y necesaria, como hoy es real la sociedad capitalista y en su última fase económica expresa las condiciones materiales que conducen hacia la salida que desnuda el Manifiesto. El crédito y la expansión del capital financiero al propagarse socializan cada vez más todas las formas de producción y son los elementos que conducen a lo que queremos, pero sólo por la única vía que hay, la revolucionaria.

La utopía, el sueño, son ideas absolutas, están invertidas, hay que aterrizar y colocar los pies en la tierra y Marx volteó lo que estaba de cabeza y puso la situación al derecho. En sentido taxativo el socialismo no es humanista, es científico, son leyes de la naturaleza, de la sociedad, del hombre como un ser social, todo lo contrario a lo que siembra como ideología el capitalismo, porque realmente sería la más equitativa de todas las sociedades. La única, fundamental y abismal diferencia a erradicar, es el lucro, que es individual y para unos pocos, para convertirse en beneficio para todos los productores, producción social y apropiación igual.

La sociedad socialista es lo más fácil y la salida más corta a esta crisis económica capitalista mundial.

Todo lo demás es lo más difícil porque es imposible. Todo lo demás es más largo y no conduce sino a fracasos y derrotas por parte de quienes nos dominan. Contradictoriamente, nuestra intervención por la salida más fácil y corta también es lo más difícil porque tenemos que ser los que vemos más allá y debamos tener el compromiso más grande en la historia de la humanidad: emancipar la sociedad dividida en clase sociales de una de ellas que disfrutan la riqueza producida por todas las demás clases sociales productivas.

A esta edición le hemos añadido un análisis sobre el Manifiesto Comunista, a 90 años de su primera

publicación (1938), por la persona para ese momento más genuina en su seguimiento, León Trotsky,

el cual, demostró junto a Lenin y el Partido Bolchevique el valor del Manifiesto, realizando la primera revolución proletaria victoriosa en el mundo.

Unas cuantas líneas más es necesario expresar, ahora que Opción Obrera lo publica Es imprescindible

resaltar un aspecto sobre el cual Trotsky, en su análisis sobre el Manifiesto, expone de la siguiente forma: “La parte más anticuada del Manifiesto -no en lo que respecta al método sino a material- es la crítica de la literatura “socialista” de la primera parte del siglo diecinueve (capítulo III) y la definición de la posición de los comunistas en relación a varios partidos de oposición (capítulo IV)”.

El capítulo III Marx lo titula “Literatura socialista y comunista” y lo divide en tres partes:

1. Socialismo Reaccionario, el cual a su vez lo subdivide en

a) Socialismo feudal

b) Socialismo pequeño burgués

c) Socialismo alemán o socialismo “verdadero”;

 

2. Socialismo conservador o burgués;

 

3. Socialismo y Comunismo critico-utópico.

 

El capítulo IV Marx lo titula “Actitud de los comunistas ante los diferentes partidos de la oposición”.

Pero Trotsky también dice: “sin embargo, también en esta sección, el Manifiesto quizás está más cerca nuestro ahora”, y luego termina el comentario así: “A la búsqueda de fórmulas salvadoras, los profetas en la época de decadencia descubren nuevamente doctrinas enterradas hace muchos años por el socialismo científico”.

Para nosotros los venezolanos, después de 166 años y a más de 8.000 kilómetros de donde se originó el Manifiesto, el soporte revolucionario que nos ofertan es “El Socialismo del siglo XXI” fundamentado en el llamado árbol de las tres raíces: los pensamientos de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, los dos primeros anteriores a la época de difusión del Manifiesto Comunista, el tercero contemporáneo a sus creadores, pero todos ellos lejanos, para la época, del papel preponderante como ahora de la clase obrera venezolana. Lo positivo de esos tres proyectos o experiencias: la independencia nacional en respuesta al coloniaje español, la educación y la cuestión agraria,  respectivamente, por supuesto no se desdeñan, pero hay que decirlo, la soberanía y el problema de la tierra, aún vigentes como tareas pendientes no resueltas por la burguesía en su mejor época, parásita de la renta petrolera en los últimos 100 años, no puede ser encarada ni por sus sucedáneos civiles ni, peor aún, por la casta militar, “los profetas en la época de decadencia” que “descubren nuevamente doctrinas enterradas hace muchos años por el socialismo científico”. Basta comprender ambos capítulos en el Manifiesto Comunista para darnos cuenta de lo previsivos que fueron Marx y Engels, 166 años antes,.por lo científico del socialismo expuesto, respecto a las “ofertas” disponibles para la clase obrera venezolana hoy en día, 

Sólo la clase obrera con la alternativa de educarse en el Manifiesto Comunista, en los avances y experiencias de las cuatro organizaciones obreras internacionales, organizándose como partido político

Independiente, con un programa nacional como refracción del análisis internacional, puede y tiene que aspirar al poder político e instaurarse como gobierno de los trabajadores, el primer paso en la vía para iniciar el socialismo. La sociedad socialista se erige sobre la base de destruir todo vestigio del aparato del Estado burgués, de destruir todas las instituciones que lo sostienen, en particular su ejército, su policía, su religión y su burocracia.

Esta publicación como otras que estamos preparando, son necesarias e indispensables en el camino de la revolución proletaria victoriosa.

José Capitán

Opción Obrera 2014

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Asia como mañana y como ayer

 Asia como mañana y como ayer

Apédice al colonialismo en Asia por Marx y Engels

de Savvas Michael




[En una post/publicación anterior de Nueva Perspectiva, para formar una percepción materialista histórica más completa de lo que está sucediendo en Afganistán, publicamos un texto de Engels de 1857 ( https://www.neaprooptiki.gr/frintrich-engkels -a-afganistán / ).

Del mismo libro de Karl Marx - Friedrich Engels, El colonialismo en Asia, publicaciones de Agra, publicamos aquí el apéndice del traductor del libro, Savva Michael. El texto fue escrito en 2003, en las primeras etapas de la invasión imperialista estadounidense a Afganistán, pero aún hoy, 20 años después, a la luz de la derrota estratégica del imperialismo, las ideas que se están desarrollando siguen siendo relevantes. El texto fue publicado en la imprenta New Perspective of the time como introducción al libro de Marx y Engels.]


Los artículos de un periódico o una entrada en una enciclopedia suelen tener el estigma de lo efímero y el destino de la obsolescencia. Pero los escritos de Karl Marx y Friedrich Engels en el New York Daily Tribune sobre el papel de las grandes potencias occidentales en Asia y los conflictos entre ellas y los pueblos del continente gigante, o la entrada sobre Afganistán de Engels para la New American Encyclopedia al mismo tiempo, sorprenden por su espíritu profético y su actualidad. Escritas hace unos ciento cincuenta años, arrojan luz sobre la actualidad, en un momento en que, después del 11 de septiembre de 2001 y la proclamación del imperio mundial como una "guerra sin fin contra el terrorismo", el drama humano se está reproduciendo nuevamente en las tierras altas de Asia Central y en la Mesopotamia ocupada.

No es casualidad que en 2001, cuando la administración Bush se preparaba para lanzar una nueva guerra contra Afganistán, un ex general del ejército soviético que se había visto atrapado en el laberinto de este país de Asia central advirtiera a sus homólogos estadounidenses que no intentaran invadir Afganistán y sobre la ocupación de Kabul, refiriéndose precisamente a este particular artículo de Engels y las lecciones históricas que contiene. Han pasado dos años desde que declaró su "final victorioso" y la guerra en Afganistán continúa como una guerra de guerrillas implacable y constante que deja, por el momento, a las fuerzas estadounidenses y de la OTAN con un precario control solo de la capital y algunas bases militares.  La Línea Durand, trazada arbitrariamente por los colonialistas británicos y que separa Afganistán de Pakistán, encierra un área habitada por la tribu Pashtun y permanece incontrolable tanto hoy como en los días descritos por Engels.

¿Cuál es el secreto de este raro periodismo de mediados del siglo XIX que puede iluminar los inicios del XXI de una manera, que no quieren hacer los incapaces medios de comunicación omnipotentes de hoy? Estos últimos fetichizan y manipulan la impresión de la imagen y el impacto del momento. Por el contrario, la inesperada actualidad de los artículos de Marx y Engels se debe principalmente al hecho de que buscan y captan el Presente como Historia, la coyuntura palpitante en toda su densidad y profundidad histórica, en sus tendencias contradictorias hacia desarrollos futuros. Captan la Historia desde el nacimiento porque la abordan detectando su fundamento material, activa y metódicamente, con la razón y con un sueño, desde el punto de vista de la lucha por la emancipación humana universal.

A partir de 1851, al día siguiente de la Revolución europea de 1848, Marx, a través de Engels, inició su colaboración con el popular periódico estadounidense Daily Tribune, de Nueva York que entonces luchaba por la abolición de la esclavitud negra en los estados del sur. A medida que la "Primavera de los Pueblos" se desvanece y la revolución en el continente europeo decae, Marx y Engels encuentran al otro lado del océano un nuevo paso para abordar las ideas comunistas revolucionarias a una nueva audiencia. Si bien sus predicciones a corto plazo y sus esperanzas de un nuevo ascenso revolucionario inmediatamente después de 1848 son refutadas y el curso de la historia se torna más complicado, no abandonan las conclusiones que ya han sacado: el capitalismo está llegando a su cúspide, la burguesía ha agotado su papel histórico, la revolución social del proletariado, como lo demostraron los trágicos días de junio de 1848 en el París rebelde de las barricadas, debe ser una revolución permanente. Los dos revolucionarios y amigos no paran de estudiar la nueva situación internacional y de buscar en el desarrollo específico de sus contradicciones la dinámica internacional de la revolución y las posibilidades de derrocamiento social. Su perspectiva es global. Su atención se centra no solo en el descubrimiento de oro en California y el rápido crecimiento del capitalismo en Estados Unidos, sino también en el enorme cambio social y los levantamientos populares provocados por su expansión colonial en Asia. No se convierten en "tercer mundo" prematuramente, ignorando la importancia de la lucha obrera en las metrópolis en nombre de la revolución de liberación nacional de los pueblos de las colonias que entonces dio sus primeros pasos. Por el contrario, los escritos de Marx y Engels sobre los desarrollos en Asia, particularmente en India y China, analizan constantemente su conexión e interacción con los acontecimientos políticos y sociales en Europa y sobre todo en la diócesis británica, el centro del primer imperio cosmopolita capitalista. El sufrimiento colonial y el cambio social en el subcontinente indio, la resistencia obstinada y victoriosa de las tribus afganas a la invasión de los ejércitos imperiales británicos, los levantamientos revolucionarios y la guerra popular en China están relacionados con el futuro de la revolución social en Europa y el mundo. La emancipación de los grilletes coloniales de las grandes potencias y la emancipación humana universal están interrelacionadas. El hilo que atraviesa todos los textos es la creencia bien fundada de Marx de que "La humanidad no puede cumplir su destino sin una revolución radical en la situación social de Asia". Esta posición no se basa en una debida diligencia política o un mandato moral categórico, sino en la universalidad contradictoria y desigual, natural de la modernidad burguesa, como la analiza Marx.

Es la concepción materialista no lineal de la historia, la concepción de su desarrollo desigual y combinado, como luego lo llamaría Trotsky, lo que guía el análisis de la coyuntura en los artículos de Marx y Engels. Detectan las tendencias más profundas, más generales, más permanentes que configuran su manifestación coyuntural original y única, buscan lo universal dentro de lo parcial, un universal específico, como diría Hegel, con toda la riqueza de lo parcial, lo peculiar, lo único. Este método materialista histórico-dialéctico otorga a sus textos un valor y una actualidad atemporales.

* * * * *

Vale la pena prestar atención a algunos de sus comentarios actuales.

El caso de Afganistán con la advertencia del general soviético mencionado anteriormente es típico. Este país, que según Marx no es más que "una expresión poética de una suma de Estados y razas ", ha sido siempre el paso de grandes oleadas de inmigrantes e invasores. Como señalan Marx y Engels, desde su propia posición, Afganistán se convierte en un lugar estratégico para el control de toda Asia, hecho que en la época de la expansión internacional del capitalismo lo convierte en un lugar privilegiado de conflicto de las grandes potencias occidentales por la hegemonía del mundo.

Al mismo tiempo, la geografía de las altas montañas, los valles escarpados y el atraso económico y cultural hacen de Afganistán y sus tribus rebeldes una fortaleza inexpugnable y una trampa para cualquier invasor. Esta verdad fue dolorosamente una experiencia para la Rusia zarista y el Imperio Británico en el siglo XIX, el ejército soviético después de los 1979 y las tropas estadounidenses y de la OTAN después de 2001.

En todos estos casos, a diferencia de las hordas y las incursiones de la era precapitalista, la invasión militar y el intento de ocupación no tenían como objetivo el saqueo local, sino los intereses estratégicos más amplios de las grandes potencias en la región y a nivel mundial. Fue un acto de política internacional. Lo mismo hoy. La elección de Afganistán como punto de partida de la "guerra sin fin" contra un enemigo indeterminado tuvo que ver, como en la época de Engels, con el control de Asia Central y todo el continente y además con la imposición de una nueva forma de hegemonía mundial, infame "Nuevo Orden" de los intereses imperiales estadounidenses en el caótico mundo posterior a la Guerra Fría. Lógicamente, en este sentido, y con el pretexto de inexistentes "armas de destrucción masiva" el siguiente paso en la campaña contra el "eje del mal" fue la invasión y ocupación de Irak para avanzar junto con el control petrolero y la remodelación radical. el mapa político de todo el Medio Oriente y el Cáucaso, la parte más vulnerable de la Rusia postsoviética y las fronteras de China.

Una lectura de los artículos de Marx Persia (Irán) y el subcontinente indio, las maquinaciones y conflictos de intereses de los británicos, franceses y rusos, da un anticipo amargo de lo terrible va a ocurrir allí en el siglo XX y principios del XXI, el colapso de los imperios europeos y el periodo de la Guerra Fría a los conflictos entre Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania (pero también Rusia) en la Guerra del Golfo de 2003.

Pero lo que los Poderosos siempre olvidan, en la soberbia de su superioridad material militar-económica, es lo que señalan estos artículos: el papel de las masas populares en la historia. Desde la primera Guerra del Golfo en 1991 y la demostración del poder destructivo de las "armas inteligentes", prevaleció el fetichismo de la guerra de alta tecnología estadounidense y su poder invencible.

Ya a mediados del siglo XIX, en sus artículos para Asia, Marx y Engels habían demostrado que no existía una relación lineal entre el nivel de desarrollo tecnológico y el resultado de una guerra.

Cuando un ejército regular del Occidente desarrollado, con todos sus medios modernos, choca con un ejército regular de un país subdesarrollado que se ha formado de acuerdo con los estándares occidentales modernos pero en el suelo local del atraso histórico, entonces los occidentales arrasan, como sucedió con los británicos y los Shah de Persia en el siglo XIX o los israelíes  y los ejércitos regulares árabes en 1967 o los estadounidenses y el ejército iraquí en 1991 y en las primeras etapas de la guerra en 2003.

Algo completamente diferente, sin embargo, ocurre cuando un pueblo sale violentamente de las condiciones de retraso histórico premoderno bajo los golpes del látigo del capital y bajo el fuego moderno de los invasores del Occidente colonial e imperialista y recurre a lo que es primero analizado. en estos textos y Engels llama la guerra popular revolucionaria - un siglo antes de Mao y Giap, antes de las revoluciones china y vietnamita del siglo XX.

Engels describe vívidamente el levantamiento popular generalizado del pueblo chino durante la Segunda Guerra del Opio. Las escenas recuerdan a la Palestina Ocupada o la Guerrilla del Pueblo Iraquí que estalla contra el ejército de ocupación. Los chinos lanzaron entonces ataques contra todos los blancos, recurriendo a todo tipo de medios (atentados suicidas, motines y piratería en barcos, envenenamientos masivos de la población europea en Hong Kong, secuestros y ejecuciones, etc.). Medios de lucha que entonces y ahora son denunciados tras el disgusto de la prensa y la propaganda oficial de Occidente como "barbarie", "terrorismo" y "guerra asimétrica".

"¿Qué puede hacer un ejército contra un pueblo que recurre a tales medios de guerra?" Engels pregunta y luego regaña a los hipócritas y apologistas morales occidentales por su propia barbarie: Los chismosos de la cultura lanzan bombas incendiarias sobre una ciudad indefensa y suman la violación al asesinato pueden llamar a este sistema cobarde, bárbaro, horrible. Pero, ¿qué les importa a los chinos si es eficaz? Dado que los británicos los tratan como bárbaros, no se les pueden negar todos los bienes de su barbarie. […] Quienes hablan de cultura no deben olvidar que, de acuerdo con lo que ellos mismos hacen, los medios de destrucción europeos no pueden ser abordados por sus propios medios de guerra. En pocas palabras, en lugar de moralizar sobre los terribles horrores de los chinos, como el caballero Inglés de prensa hace, debemos reconocer mejor que esta es una guerra pro aris et focis [para altares y hogares] "

Engels no embellece los elementos bárbaros de la violencia a menudo ciega. Sin embargo, no equipara la violencia de los oprimidos con la de los opresores que le dan a luz y la alimentan. Y observa con seriedad: "O en una guerra popular, los medios utilizados por la nación insurgente no pueden medirse por las reglas comúnmente reconocidas de la guerra táctica o por cualquier otra medida abstracta de comparación, sino sólo por el grado de civilización al que ha llegado esta nación insurgente".

La guerra popular, tal como la concibieron Engels y Marx, no solo señala la invasión de las masas coloniales de Asia al escenario de la lucha por la liberación. En un nivel más profundo, es su invasión de la modernidad a través de condiciones de demora premoderna que se disuelven de la expansión e invasión internacional del capital, la violenta explosión de la modernidad misma en su conjunto, la abnegación moderna del tratado premoderno y al mismo tiempo el poder de revuelta de la modernidad de los términos capitalistas que la engendraron, la subyugaron, la distorsionaron, momento de una transición histórica que sólo puede ser una Revolución Permanente.

* * * * *

Marx explora esta dialéctica sobre la modernidad en sus artículos sobre la India, especialmente sobre el dominio británico en la India y sus consecuencias futuras.

Estos textos están en todos los sentidos más allá del alcance de un periodismo estrictamente limitado a los tiempos. No ignoran esto último y lo toman como punto de partida, presentando, entre otras cosas, un modelo inigualable de reportaje parlamentario, donde las disputas políticas y las riñas parlamentarias en la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores se presentan en vivo, con un sarcástico escritura que se rompe en pedazos, un análisis de clase de la lucha de los distintos grupos sociales y sus representaciones políticas, algo que está completamente ausente de nuestra moderna prensa impresa y electrónica.

Los artículos del New York Daily Tribune se preparan con el mayor cuidado para la recopilación y el estudio de material empírico y literatura relacionada. El material de las fuentes de Marx sobre la conquista colonial de la India y su relación con Gran Bretaña y la historia europea está lleno de tres volúmenes de sus manuscritos en Everything Found (edición MEGA), numerados XXI, XXII y XXIII. ¡De este océano de datos surge una página en el New York Daily Tribune ! El método no es diferente del que usó para escribir su obra maestra, Das Kapital. Además, los textos sobre la India son parte integrante de la preparación del Capítulo y están directamente relacionados con la redacción de su primer escrito, los Manuscritos de 1857-58, más conocidos como Grundrisse. Estos últimos se escriben inmediatamente después del artículo del periódico estadounidense. La relevancia no es meramente cronológica, basta con mirar la relación entre los artículos sobre la formación socioeconómica de la India y el análisis del modo de producción asiático, especialmente en el capítulo de Grundrisse sobre formas de producción pre capitalistas.

Si leemos los artículos marxistas sobre la India en el contexto del proceso de redacción del Capital y su método, evitaremos una mala lectura común de ellos. Lo hacen quienes quieren identificar el marxismo con una concepción del desarrollo y progreso histórico gradual, o, a la inversa, quienes lo prefieren como una versión del "anticapitalismo romántico" o, finalmente, quienes, en la posmodernidad de Walter Benjamin malinterpretan, rechazan cualquier noción del progreso histórico. En todos estos textos sobre la India se les considera un peón en el progreso en general y en particular en el progreso traído al subcontinente indio por la penetración del capital y su conquista colonial por Gran Bretaña, una muestra de una "concepción directa" que Marx más tarde abandona, después de leer las obras de Bachofen y Morgan, en favor de un giro "romántico" hacia la sociedad comunista primitiva y el potencial revolucionario de las comunidades precapitalistas, como se supone que aparece en sus textos posteriores en  los Manuscritos etnológicos y en correspondencia con los narodniks rusos.

Sin embargo, no hay discontinuidad de método lógico y concepción histórica entre estos textos de las décadas de 1860 y 1870 y los artículos anteriores de la década de 1850 o con el Manifiesto Comunista de 1848. Para Marx, la contradicción fundamental de la modernidad burguesa es que entre la tendencia hacia la universalidad, la apertura al infinito, la innovación perpetua, la trascendencia constante de las relaciones establecidas, la tendencia hacia los límites ilimitados e incondicionales, lo Moderno por un lado, y por el otro los términos finitos y los límites internos del propio capital con que nace y se desarrolla la modernidad. Marx es el bardo revolucionario de lo moderno, no de los términos históricos que lo engendraron y lo someten a su lógica.

En los artículos sobre la India vuelve a trazar las líneas generales de una primera teoría de la globalización capitalista: "La concentración de capital es fundamental para la existencia del capital como fuerza independiente. El efecto destructivo de esta concentración en los mercados del mundo no es más que revelar, en sus gigantescas dimensiones, las leyes orgánicas internas de la economía política que ahora operan en todas las ciudades civilizadas. El período burgués de la historia debe crear la base material del nuevo mundo: por un lado, la comunicación universal basada en la interdependencia de la humanidad y los medios de esta comunicación, y por otro lado, el desarrollo de las fuerzas productivas del hombre y su producción material de transformación en el dominio científico de los elementos de la Naturaleza. La industria y el comercio urbanos crean estas condiciones materiales de un nuevo mundo de la misma manera que las revoluciones geológicas han dado forma a la tierra".

Marx no permanece ciego sino que pone el dedo sobre la huella de las uñas en el cuerpo herido de la humanidad (ir al grano, Savas utiliza una metáfora bíblica). Muestra el "efecto catastrófico de la acumulación de capital" en todo el mundo y en la India. Expone y azota sin piedad el papel de la infame Compañía de las Indias Orientales, la "madre de todas las empresas" en la subyugación y el robo colonial de la India. Revela sin embellecimiento la bestialidad y el cinismo de los métodos de dominación británica que desde el principio, mucho antes de la trágica división de 1947, solían dividir y gobernar enfrentando a todas las etnias del subcontinente indio y a todas las castas de la sociedad india, de modo que la propia Albión emerja omnipotente sobre las pilas del exterminio de sus esclavos coloniales. "Inglaterra […] actuó sólo en beneficio de sus intereses más sucios y los impuso de la manera más tonta". Marx enfatiza que la profundidad y extensión de la destrucción y la miseria provocadas por el capitalismo y el Imperio Británico en la vasta India no pueden compararse con ninguna destrucción causada por las hordas de invasores bárbaros y los imperios precapitalistas de musulmanes o mongoles.

Marx, en cambio, no hace la menor concesión al romanticismo y la nostalgia de la regresión reaccionaria a un pasado precapitalista caduco. Contrariamente a quienes le atribuyen cierta convivencia, incluso más tarde, con las corrientes del romanticismo anticapitalista, Marx, desde la década de 1840, se opuso al romanticismo político del Estado prusiano, al romanticismo artístico de los nazarenos, al romanticismo de la "crítica crítica "de los hegelianos de izquierda, del "socialismo feudal", del romanticismo económico de Sismondi, así como de la reacción romántica a la destrucción de las idílicas comunidades precapitalistas en India y Asia.

Aunque comparte el sentimiento humano de dolor ante la desintegración de estas comunidades, su inmersión "en un mar de sufrimiento", Marx no deja de recordar que estas comunidades rurales , por inofensivas que parezcan, siempre han sido la base sólida del despotismo oriental, limitaron el espíritu humano dentro del perímetro más estrecho posible, convirtiéndolo en una herramienta imparable de prevención, esclavizándolo a las reglas tradicionales, privándolo de toda su grandeza y energía histórica ".

Esta dura crítica es el equivalente, en el discurso del ensayo, del expresionismo antirromántico en la música de Nikos Skalkotas.

Marx no es solo un hijo de la Ilustración, cuyos límites a menudo criticó. Es heredero de Prometeo y de los prometeismos de rebelarse contra "esta vida indigna, estancada y vegetada" de las comunidades rurales precapitalistas, que "sometieron al hombre a las circunstancias externas en lugar de elevar al hombre a una circunstancia dominante" y "transformar un estado auto-desarrollado la situación social en un destino natural eterno, trayendo así un culto adquiriente a la Naturaleza”.

Marx, continuando en otro nivel y en otra forma la tradición profética bíblica, quiere derrocar a todos los ídolos y todas las formas de idolatría: tanto la idolatría precapitalista absolutoria de la naturaleza y el becerro de oro del capital como el fetichismo de la mercancía. Con ellos quiere derrocar la forma de ídolo que hasta ahora ha tomado el progreso humano en su curso histórico, tanto en la era precapitalista como en la moderna del capitalismo, para que deje de parecer "esta abominable estela pagana que bebe néctar sólo de los cráneos de los sacrificados".

Benjamin escribió que toda presunción de civilización es una presunción de barbarie, sin que esto signifique que deja de ser una presunción de civilización. El abominable bistec que Marx ve acaparando el néctar y bebiéndolo a través de los cráneos de sus víctimas no elimina el néctar como néctar. El objetivo es que la humanidad triture el bistec y guarde el néctar. Para hacerlo, dice Marx, se requiere "una gran revolución social" para "dominar los logros de la burguesía", las fuerzas productivas sociales modernas de transformación de la vida. Convertirlos en un bien común de una humanidad liberada.

Sólo entonces el mar de sufrimiento en las que se ahogaron las comunidades de la India, Asia y el mundo entero se abrirá en dos como el Mar Rojo y comenzará el Éxodo de los hasta ahora oprimidos hasta lo ilimitado sin condiciones.

1 de diciembre de 2003

viernes, 7 de junio de 2019

EN DEFENSA DE LAS CIENCIAS HUMANAS


EN DEFENSA DE LAS CIENCIAS HUMANAS
Artículo de Osvaldo Coggiola en "Boletim Classista" # 4 Junio 2019 Brasil, traducido por Opción  Obrera


Los cursos de filosofía y sociología, y las ciencias humanas en general, están en el alza de mira de la presidencia de la República: Jair Bolsonaro declaró que el MEC "estudia descentralizar la inversión en facultades de filosofía y sociología". El presidente hizo dos publicaciones al respecto: los cursos de humanas ofrecidos por las universidades públicas serían un irrespeto con "el dinero del contribuyente". El presidente escribió: "La función del gobierno es respetar el dinero del contribuyente, enseñando a los jóvenes la lectura, la escritura y la cuenta y después un oficio". Bolsonaro es acompañado por Abraham Weintraub, ministro de Educación. El jefe del MEC ya había criticado la enseñanza filosofía en las universidades públicas: "¿Puede estudiar filosofía? Puede. Con dinero propio ". Según él, en Japón, cursos como de filosofía son "para una persona que ya es muy rica o de élite".

 El reaccionarismo caballar del gobierno de Bolsonaro no hace dudas. Su discurso, sin embargo, no es nuevo: hace mucho es perceptible la prioridad creciente dada, en las instituciones de enseñanza superior y, sobre todo, en los órganos financiadores de la investigación, a las ciencias exactas y biológicas en detrimento de lo que es llamado, alternativa y ambiguamente, "Ciencias humanas" o de "humanidades", término éste que no esconde la inclinación para destituirlas de carácter científico. Se trata de un discurso tecnicista o tecnocrático, que valora las ciencias en función de una utilidad que pueda ser inmediatamente evaluada (en términos supuestamente científicos o simplemente económicos), apoyado en una "filosofía" pragmática.

Veamos: desde sus orígenes, la ciencia ha hecho de su carácter de saber crítico una de sus piedras basales: “En el mundo griego del siglo VI aC se produciría la revolución intelectual que posibilitaría la ciencia como la conocemos hoy: un saber crítico, es decir, objetivo, abstracto, consciente de su propia misión y del sentido de responsabilidad que le impone la exigencia de verificación. "12 Si el área cubierta por las ahora llamadas ciencias humanas fue siempre objeto de los grandes pensadores filosóficos y científicos (en Aristóteles, por ejemplo, encontramos la indicación de una "antropología") la constitución de un corpus de disciplinas específicas sistematizadas bajo esa común denominación apenas sobrepasa un siglo, y atendió a la estructuración institucional de las universidades.

La vocación técnica utilitaria de las disciplinas científicas "duras" no precedió a la Revolución Industrial, la apropiación por el capital de la esfera de la producción: "La técnica, hasta el siglo XVIII, permaneció ajena a la filosofía científica. Después de un período de desarrollo paralelo, una fecunda interacción se inició entre los ingresos prácticos y las explicaciones de la naturaleza. A partir del siglo XIX, las principales técnicas se transformaron casi todas en simples aplicaciones de la ciencia. "13 La impulsión a las disciplinas que se llamaron ciencias" humanas "o" sociales "surgió en el mismo período, obedeciendo a causas semejantes: ¿fue lo que dio unidad a las ideas sobre la estructura y el desarrollo de la sociedad nacidas en Europa en el increíble siglo que va de la revolución inglesa a la francesa, siglo que se denomina tradicionalmente como Ilustración? Fundamentalmente, fue un interés común: aplicar al estudio del hombre y de la sociedad esos métodos 'científicos' de investigación que habían demostrado recientemente su valor e importancia en el campo de las ciencias naturales. El supuesto de los filósofos franceses y escoceses era que, al igual que sucede en el reino físico, en la sociedad y en la historia todas las cosas estaban unidas por una compleja trama de causas y efectos, y que desvelarla era la principal tarea de los que se dedicaban al estudio del hombre y la sociedad, los científicos sociales.14

El proyecto enciclopedista estaba animado por el mismo espíritu de sistematización que incorporaba tanto los conocimientos oriundos de las ciencias físico-naturales como aquellos que serían puestos bajo la égida de las ciencias humanas: "El proyecto de reunir todos los conocimientos humanos estructurándolos en torno a la nueva la fe ilustrada en el hombre y la naturaleza apareció en Francia en la primera mitad del siglo XVIII, expresada por hombres y grupos en apariencia diversos y lejanos. Al llegar a esa idea por el común deseo de una gran prueba de fuerza, que animaba a todos. Sabían que estaban viviendo un momento excepcional de la historia: finalmente había llegado el siglo de las luces, era natural que naciera el sueño de erigir un gran monumento en el que quedaran registrados todos los frutos de la actividad humana, que alcanzaba su cima, consciente de sí misma y liberada de los obstáculos que en los siglos pasados ​​habían obstaculizado su libre desarrollo".15

El proyecto de Marx, desarrollado a mediados del siglo XIX, no era ajeno al" espíritu de la época ", sino de manera crítica. Los primeros "científicos sociales" admitían que el modo de producción (y reproducción) de la vida social constituía la única resolución posible del enigma del ethos griego o del "espíritu de las leyes" de Montesquieu, tal como hacía el escocés William Robertson, en 1790: "En toda investigación sobre la acción de los hombres mientras están juntos en sociedad, el primer objeto de atención debe ser su modo de subsistencia. Según las variaciones de éste, sus leyes y políticas serán diversas.

La investigación sobre el origen, estructura y dinámica de la sociedad humana, estuvo unida a la preocupación científica general. Cuando la obra de Marx escogió como centro la "anatomía de la sociedad burguesa" (la economía política) no se emancipó de su base epistemológica científica general. Por el contrario, la revolución teórica específica del marxismo consistió precisamente en haber puesto en el centro de la "crítica de la economía política" la teoría del valor-trabajo, como una superación de la dicotomía entre ciencias naturales y sociales, operación teórica que tuvo como base la unión, en la producción capitalista, de la ciencia con la propia producción, o la "transformación de la ciencia en fuerza productiva inmediata", lo que ocurrió cuando el capital se hizo dueño de la esfera de producción: "El concepto del trabajo aparece así verdaderamente en el momento en que la mecánica práctica y la mecánica racional pudieron unirse, o sea, cuando la formalización física pudo ponerse al servicio de la economía de la máquina. Esta unión se operó entre los siglos XVIII y XIX, entre 1780 y 1830, aproximadamente. Ella es contemporánea de la "revolución industrial" y del nacimiento de la economía política "clásica".

Si la economía política moderna nació de la crítica de la dimensión naturalista del pensamiento fisiocrático (fundamentando la economía como una "ciencia social") Marx superó a la economía clásica reintroduciendo la dimensión natural en la ciencia económica (teniendo como punto de partida el análisis de la contradicción de la mercancía, simultáneamente “valor de uso” y “valor”) resolviendo teóricamente el mismo problema que la ciencia natural de la época intentaba resolver al transformarse en tecnología:  "el objetivo fundamental es el mismo: encontrar una medida común del valor del trabajo y del gasto de la energía, energía permitiendo, relacionando el uno al otro, obtener una ratio expresando la eficiencia productiva. Se trata en ambos casos de hacer compatibles una teoría del equilibrio con una teoría del movimiento y de la transformación. En la teoría mecánica, la dinámica se fundamenta en la estática, es decir, en la noción de equilibrio, sin embargo, evidentemente, el movimiento no puede ser plenamente expresado de esa manera; el estudio de los procesos termodinámicos (y la transformación de la 'fuerza viva' en 'trabajo' ya es, de cierta manera, un proceso de ese tipo) va a complicar aún más este problema. En materia económica, la interrogación central de la obra de Marx es también la insuficiencia de la teoría del intercambio tal como es presentada por los liberales clásicos. El intercambio, efectivamente, reposa ontológicamente sobre un principio de equivalencia; si la actividad económica no es sino una serie de intercambios, ¿cómo explicar la aparición de una plusvalía? "16

La crítica de la sociedad capitalista tomó como punto de apoyo tanto la ciencia natural como la social. Las incursiones de Marx y Engels en la primera no pueden ser consideradas como un ejercicio especulativo destinado a satisfacer una curiosidad intelectual; eran parte integral de la crítica teórico-práctica de la sociedad existente. Siendo el ejercicio del trabajo en cualquier régimen económico a lo largo de la historia un gasto físico de energía, sólo bajo el régimen capitalista encontramos en la fuerza de trabajo humana la particularidad de ser fuente de valor. La necesidad de universalización se colocó en la base del proceso histórico que engendró el trabajo abstracto como aquel que crea valor. "Cuando el intercambio está restringido a los límites nacionales, el trabajo abstracto no existe en su forma más desarrollada. El carácter abstracto del trabajo alcanza su entereza cuando el comercio internacional vincula y unifica a todos los países y cuando el producto del trabajo nacional pierde sus propiedades concretas específicas por estar destinado al mercado mundial e igualado a los productos del trabajo de las más variadas industrias nacionales. Al mismo tiempo que el trabajo se constituyó en trabajo socialmente igualado, no se encontraba en el mercado mundial ninguna otra mercancía capaz de regular el conjunto de las diversas economías a no ser el propio trabajo.

La generalización del trabajo en sus dimensiones sociales e históricas, hizo que Rubin concebir un marco en la elaboración de la idea de hombre y de trabajo, que es justamente la base del surgimiento de las ciencias humanas: "No estaríamos exagerando si dijéramos que tal vez el concepto de hombre en general, y de trabajo humano en general, surgieron sobre la base de la economía mercantil. Era precisamente esto lo que Marx quería mostrar cuando indicó que el carácter humano general del trabajo se expresa en el trabajo abstracto".17

El trabajo fue el denominador común del proceso que permitió la emergencia de la Revolución Industrial y, simultáneamente, de la economía política clásica. Ambas fueron ampliamente preparadas por un proceso que combinó varios elementos. Desde el punto de vista de la historia de la ciencia, a partir del siglo XVII se inicia un movimiento de renovación del pensamiento: "En los títulos de cientos y cientos de libros científicos publicados a lo largo del siglo XVII, el término novus es recurrente de una fórmula literaria, a través de él, se expresaban significativamente las exigencias, inquietudes e insatisfacciones de una época sensible a la insuficiencia de los modos tradicionales de formación del hombre (...). "18 En el siglo XVII, el pensamiento cartesiano se transformó en la" la obra de Descartes fue la base de las fundaciones epistemológicas creadas por la renovación de los conocimientos acumulados.

La matemática ocupó un papel destacado: "Para los filósofos del siglo XVII la lengua de Dios era la matemática". el pensamiento cartesiano, sin embargo, todavía era incapaz de proponer y elaborar la síntesis entre la ciencia y la tecnología: "El progreso efectivo de la ciencia depende, para Descartes, de la obra de los teóricos. La técnica, como tal, no aporta ninguna contribución al progreso del saber científico ".20 La separación entre ciencia y tecnología se deshizo en el interior del proceso de evolución económica del capitalismo. En la raíz de él está la elaboración del concepto de trabajo, que fue elaborado en referencia explícita al concepto de trabajo humano. Esta elaboración fue producto del trabajo intelectual de físicos-ingenieros entre el final del siglo XVIII y principios del siglo XIX, más precisamente entre 1780 y 1830.

Esto fue posible debido a la elaboración de las grandes síntesis científicas, relativizando la separación y / o división de las ciencias. La unión de las síntesis elaboradas en el curso del siglo XIX encuentra una explicación en la elaboración del concepto de trabajo, tanto en su dimensión fisicomecánica y en la política económica. "En su construcción como en su objetivo, la teoría mecánica del trabajo y la teoría del valor de Marx son en efecto sorprendentemente similares. El objetivo fundamental es el mismo: encontrar una medida común de valor del producto". En el siglo XIX se realizaron síntesis que pudieron combinarse bajo la base del fenómeno social e histórico de la Revolución Industrial. Con base en ella, la economía política clásica inició un movimiento que fue concluido por Marx: el del desplazamiento de la atención del intercambio (circulación), que había caracterizado el pensamiento mercantilista, para la producción, y para la noción de modo de producción como clave de la interpretación de la historia humana y, a partir de cierto punto, también de la historia natural.

Marx y Engels siempre consideraron la historia humana como parte de la historia natural: "Las diversas formaciones socioeconómicas que se suceden históricamente son diversos modos de auto-mediación de la naturaleza. Desdoblada en hombre y material a ser trabajado, la naturaleza está siempre en sí misma, a pesar de ese desdoblamiento. "[22] Marx era consciente de que, por su carácter tendencialmente mundial, el modo de producción capitalista cambiaba cualitativamente las relaciones hombre-naturaleza:" El capital se eleva a un nivel tal que hace todas las sociedades que aparecieran como desarrollos puramente locales de la humanidad, y como una idolatría de la naturaleza ... La naturaleza se convierte en objeto para el hombre, en cosa útil ".23 Si, para Marx, el progreso científico era parte del progreso social general, es imposible considerarlo en sí, sino inmerso en el marco de las relaciones sociales imperantes, constituyendo con ellas un todo orgánico. Objetivamente, esto es admitido por los representantes de la ciencia "básica", que no pueden evitar la penetración de las relaciones sociales y políticas en sus gabinetes de investigación: "Cuando se habla hoy en física, el primer pensamiento va a las armas atómicas". 24

La especificidad del campo de las ciencias humanas era percibida por Marx, que se opuso al transporte de la "organicidad material" hacia el ámbito de la historia humana, criticando por anticipado las concepciones organicistas de Oswald Spengler o de Arnold Toynbee: "Las fallas del materialismo abstracto fundado sobre las ciencias naturales, excluyendo el proceso histórico, son pronto percibidas cuando nos detenemos en las concepciones abstractas e ideológicas de sus portavoces, siempre que se aventuran a sobrepasar los límites de su especialidad."25 El método de Marx preservaba la especificidad en una unidad dialéctica basada en el materialismo filosófico.

La dialéctica materialista no fue sólo hija de la filosofía especulativa de Hegel, de la economía política inglesa y del socialismo utópico francés, sino también de la revolución científica provocada por el desarrollo del capitalismo, no como una yuxtaposición abstracta de todos estos elementos, sino como una nueva síntesis superior que, en el mismo momento en que se desarrollaba la fragmentación de las ciencias, repuso la unidad de la ciencia, en la base de los avances realizados: "La ciencia de la historia se inscribe en el grandioso proceso de extensión de la cientificidad. Más aún, converge con los grandes descubrimientos del siglo en razón de que la constitución de la ciencia de la historia es contemporánea del progreso fundamental de las ciencias de la naturaleza en el siglo XIX, de su integración en la dimensión temporal, de su historización: cosmología racional, teoría de las formas de la energía, teoría celular, teoría de la evolución. Por lo tanto, toda ciencia es realista y materialista, pero implica una forma de materialismo incompatible con la forma mecanicista dominante desde el siglo XVIII, desautorizada por los progresos del XIX, que implican la integración del tiempo. Se trata de la nueva biología (Darwin), de la nueva energía (R. Mayer) o de la ciencia de las sociedades (Marx confirmado por Morgan en cuanto a las sociedades primitivas), el racionalismo científico caminó, en realidad, a lo largo de un mismo frente, pero de un frente con dos vertientes, la anti-idealista y la anti- mecanicista”.26 "La superación" no significa la eliminación de la división del trabajo científico, sino su conservación en una unidad superior

La idea contraria, la del "método científico único", estuvo en la base de la crítica de Karl Popper a la teoría marxista, para la cual pretendió aplicar la misma prueba de verificación propia de las ciencias exactas y naturales. La "filosofía de la ciencia" vivió tropezando desde su nacimiento con la ilusión del establecimiento del "método único", lo que significaría la reducción de toda realidad a la ciencia, cuya imposibilidad se verifica, justamente, en el concepto de método: "A fin de llegar a este concepto unívoco, tanto filósofos como historiadores del método científico tuvieron que seleccionar un aspecto particular del procedimiento científico: observación de los hechos, inducción, experimentación, medición y deducción matemática, postulación hipotética, predicción, y posiblemente verificación y falsificación. El intento de un concepto unívoco abarca necesariamente la exclusión de otros elementos esenciales, y la verdadera tragedia de esta univacidad no reside en la exclusión de una determinada característica particular-puesto que el elemento abandonado acaba reapareciendo, rescatado por algún otro autor- ni en la propia pérdida del concepto de método" 27

Con su método, Marx y Engels no pretendieron unificar abstractamente las diversas ciencias y sus métodos específicos: ese método consistía en la superación de la vieja concepción filosófica (heredada del pensamiento griego) que consideraba la filosofía como" madre "de todas las ciencias, ya sea porque éstas son derivadas de aquella, sea porque aquella generaliza en el plano de la abstracción los resultados concretos de éstas. Esta concepción reflejaba, en el pensamiento, la escasa división social del trabajo existente en las sociedades precapitalistas (si se compara con aquella existente en la sociedad burguesa). La revolución industrial, el desarrollo del capitalismo, hizo explotar la base material de esta concepción: "En los períodos anteriores había íntima relación entre ciencia y filosofía, ambas no se distinguían muy bien (caso de la Edad Media, cuando se las identificaba), o la relación era obvia (en los grandes sistemas filosóficos del siglo XVII, la ciencia tenía un papel de dependencia). En el siglo XVIII encontramos la separación entre ellas, al menos en la formulación de sus problemas. Este es el siglo de las especificaciones de varias disciplinas científicas, de las especializaciones. Después del siglo XIX y, sobre todo, en nuestro siglo, encontramos una separación radical entre ciencia y filosofía, al menos en una visión superficial, pues si miramos con el debido cuidado y profundidad, veremos que sus relaciones son mucho más fuertes de lo que aparece o es proclamado"28

El último gran sistema filosófico especulativo, el sistema hegeliano, llevó hasta sus últimas consecuencias metodológicas el desarrollo precedente, definiendo el método dialéctico, pero aún persistiendo en la inversión idealista de las relaciones entre ciencia y filosofía:" Fue precisamente por ese motivo Hegel hizo que su filosofía fuera mal vista por los científicos. Él se inmiscuía en todas las ciencias, a partir de su sistema de la lógica dialéctica. Lo que resulta de ello era, la mayoría de las veces, realmente ridículo. En el mejor de los casos, se trataba de una reproducción muy superficial de las concepciones científicas de  su tiempo. Nunca logró ir más allá de lo que la propia ciencia ya había llegado. Por el contrario, los intentos de aplicación de su lógica en la mayor parte de los campos llevaban a absurdos conceptuales. Fue por eso que ese gran pensador dialéctico no pudo ser de ningún provecho para las ciencias naturales. Sus concepciones fueron finalmente consideradas inútiles y dispensables por la mayoría de los científicos de la naturaleza. En verdad, la dialéctica sólo puede ser aprehendida en su concreción. Cuando separamos la dialéctica de su concretismo y la transformamos en una formalística abstracta, ella pasa a ser un esquema inocuo. Petrifica en un sistema que, además, se presenta como el más universal, significativo y profundo que el espíritu humano puede alcanzar. Aislada de la realidad, la dialéctica deja de serlo. Aislada de la realidad, la dialéctica se transforma en disputa gratuita bajo la forma de contradicciones absurdas, fantásticas y sin sentido".

Sin "filosofía unificadora", la tendencia hacia la división de la ciencia reflejó la tendencia hacia la fragmentación de la producción, hacia el crecimiento desordenado de la división social (capitalista) del trabajo. Esto no significó la emancipación de la ciencia de la filosofía, sino su sumisión a las "ideas dominantes de la época", que fue consagrada filosóficamente por el positivismo francés y el utilitarismo anglosajón, ilustrando que: "Todo científico, aun cuando trata de problemas de su propia la especialidad, está siempre orientado por determinadas concepciones filosóficas. Los científicos son siempre esclavos de determinada filosofía; cuanto más atacan la filosofía, tanto más se transforman en esclavos de las filosofías más atrasadas y más limitadas. Es necesario que se tenga claridad de que siempre se piensa 'filosóficamente'."29 La sociología comtiana en Francia, el historicismo alemán, el utilitarismo de Jeremy Bentham, el empirismo lógico de John Stuart Mill, en Inglaterra, y otras vertientes todavía, desaguaron, en el paso del siglo XIX al siglo XX, en la fundamentación del área de las ciencias "sociales" o "humanas", que terminaron absorbiendo las preexistentes "filosofía", "historia" y " "geografía": el monumental proyecto de Max Weber intentó integrar casi todas estas vertientes, en un diálogo de oposición, a las más de las veces implícito, con Marx, entonces ignorado por la universidad y la academia.

Desde su inicio, la tradición de las "ciencias sociales" - con Comte, Durkheim, Weber, después Talcott Parsons y Claude Lévi-Strauss- defendió la existencia de un punto ideal a partir del cual el investigador podría estudiar imparcial y objetivamente los fenómenos sociales, con la condición de liberarse de las nociones y perjuicios debidos a su educación. Según Pierre Fougeyrollas, las "ciencias sociales" nacieron del esfuerzo histórico de la burguesía para extender los métodos de la ciencia matemática de la naturaleza a los fenómenos humanos. No se pueden comprender sus límites sino a partir de la ideología del Siglo de las Luces ... Ante las "ciencias sociales", tributarias, a nivel de su sistematización global, de la tradición especulativa, es decir, de la ideología dominante, el marxismo hace posible el acceso a la ciencia, a condición de que se entienda como unidad viva de la teoría y de la práctica.30

Un punto de vista más comprensivo podría desarrollarse a partir de la consideración de las relaciones entre ciencia y política (el Estado) en cada etapa del desarrollo histórico del capital. En la época del liberalismo del laissez faire fue propuesta, en Inglaterra (en 1872), la creación de un ministerio de la ciencia, propuesta fracasada, probablemente porque aún inmadura (o no adaptada a la "necesidad histórica" ​​del capital). La oposición absoluta entre ciencia y política defendida (y preconizada) por Max Weber, fue el último suspiro de un liberalismo agonizante, superado por el entrelazamiento creciente entre Estado y economía propia del capital monopolista. La crisis económica de la década de 1930 barrió los últimos "preconceptos": en 1933, en los Estados Unidos, Roosevelt creó el Science Advisory Board, para vincular a los investigadores al "New Deal"; la Alemania de Hitler radicalizó el corporativismo, no dejando ni sombra de la independencia de la ciencia (y de la cultura); en Francia, en la víspera de la Segunda Guerra Mundial (en 1939) se creó el Consejo Nacional de la Investigación Científica (CNRS), que centralizó y casi monopolizó la investigación científica hasta el presente.31 Las ciencias humanas, confinadas a las universidades e institutos de investigación , tuvieron que adaptarse al nuevo "modelo", que determinó crecientemente su morfología y su contenido: la búsqueda de una "tecnología social" oriunda de la investigación sociológica, antropológica, politológica, histórica, e incluso filosófica, se transformó en hecho ordinario32

El lugar de las ciencias humanas quedó preservado por la especificidad de su objeto, contrapuesto al "tecnicismo" creciente de las ciencias "duras": "La física es, a mi ver, la única ciencia cuantitativamente exacta (al menos en parte), y eso, es un milagro que no se repetirá más en las otras ciencias (pero) cuando se leen ciertos textos de Strauss, Max Weber o Jacobson, se tiene de inmediato la impresión de una inteligencia extraordinaria. Se ve que se trata de espíritus poderosos, al contrario de lo que sucede en las ciencias experimentales; como dijo Heidegger, 'la ciencia no piensa'. La mayoría de los científicos de hecho no piensa, y la teoría a la que se refiere es, en general, una teoría extraordinariamente rudimentaria, basada en efectos causales de carácter inmediato. En las ciencias humanas podemos ser inteligentes, mientras que en las ciencias exactas es mucho más difícil. En las ciencias humanas se manipulan conceptos extremadamente sutiles y que desempeñan un papel fundamental en nuestra interpretación de las sociedades.33

Por otra parte, "las ciencias sociales, y ciertamente la sociología, raramente se institucionalizaron como las ciencias naturales, e incluso hasta dónde llegaron, los científicos sociales parecían mucho más capaces de resistir la presión que sus colegas. Parece realmente haber una diferencia cualitativa. En uno de los casos, el discordante es ignorado y no recompensado. En el otro, él es aplaudido y respetado”34

"La creciente división social del trabajo, aliada al" tecnicismo ", fueron produciendo una fragmentación y especialización crecientes del trabajo científico, que también afectaron a las ciencias humanas. Esto se manifestó como proceso de fragmentación del conocimiento que lo segmenta profundamente de la realidad y de sí mismo: el discurso que prevalece sobre los hechos, la forma que prevalece sobre el contenido, y la infinidad de sectas académicas que coexisten sin debate ni intercambio alguno entre ellas y con el resto de las ciencias. Este fenómeno no es exclusivo de las ciencias humanas, y es posiblemente más grave (por sus consecuencias) en el caso de las ciencias exactas y biológicas. El editor del British Medical Journal (una de las publicaciones más relevantes de esa área), Richard Smith, declaró que "sólo el 5% de los artículos publicados (en las publicaciones médicas) tienen el estándar mínimo de eficiencia científica y relevancia clínica" (sin embargo, considerados la base de la medición de la productividad universitaria, en los más diversos países).

 Para Lucien Goldmann, la recuperación de la unidad de las ciencias humanas sólo sería posible con la proclamación de la hegemonía de una de ellas (la "sociología histórica" ​​o "historia sociológica", en su opinión) y excluye cualquier aproximación con las ciencias físico-naturales: “El proceso del conocimiento científico implica, cuando se trata de estudiar la vida humana, la identidad parcial entre sujeto y objeto del conocimiento. Por esa razón, el problema de la objetividad se presenta de modo diferente en las ciencias humanas que en la física o en la química."35 Para Jean Piaget, por el contrario, tanto la evolución las ciencias humanas como la de los físico-naturales (en especial la biología ), tiende a crear un puente entre esos dominios aparentemente opuestos: "Desde la época en que se quiso oponer al sujeto a la naturaleza y hacer de él un campo de estudios reservado a las ciencias del espíritu más vecinas de la metafísica que de las llamadas ciencias exactas y naturales, - un gran número de modificaciones en la evolución de las ciencias en general; las tendencias actuales, aunque insistan en la especificidad de los problemas a todos los niveles de la realidad, están lejos de ser favorables a una simple dicotomía. Un primer hecho es la evolución de la biología, cuyas interpretaciones actuales son de gran importancia para las interpretaciones de la formación del sujeto. Una segunda zona fundamental de conexión entre las ciencias de la naturaleza y las del hombre está constituida por el intercambio de los métodos. Las ciencias del hombre son llevadas a utilizar cada vez más métodos estadísticos y probabilísticos, así como modelos abstractos que se desarrollaron en el campo de las ciencias de la naturaleza (con) convergencias entre las nociones de entropía en física y en teoría de la información.36

Un debate sobre la cientificidad de las humanidades ha reconocido dos vertientes. Una, vulgar, fue corriente en los Estados Unidos. Las humanidades serían incapaces de conclusiones exactas, es decir, de formular pronósticos, por lo tanto de "generar tecnología" (políticas estatales para la "sociedad", o sea, para los conflictos sociales). A esta preocupación respondió la "nueva historia económica" postulando un enfoque hipotético-cuantitativo que se puede incorporar para el estudio de la sociedad métodos similares a los de las disciplinas científicas en general.37 Otra vertiente fue la de la "futurología": en 1975, Daniel Bell presidió una comisión creada por la Academia Americana de Artes y las ciencias, compuesta por científicos de diversas áreas, incluso humanas (como W. Leontief, R. Wood, Z. Brzezinski, DP Moynihan, Herman Kahn) que, a través de un esfuerzo interdisciplinario, se proponía determinar los escenarios del año 2000: "Futurología" se expandió como una plaga mundial, aunque sus resultados nunca justificar su popularidad. 38

Otra vertiente crítica del carácter científico de las humanidades fue la crítica al "discurso científico" en general, y al reduccionismo de la "locura de la razón racional", en los términos de la "teoría crítica", que criticó un racionalismo abstracto que desatendía su contenido barbarie en los campos de concentración, antes y después del nazismo. Según el Foucault, el Discurso sobre el Método de Descartes fue, de algún modo, un discurso de guerra: la razón cartesiana dio cuenta, desde su nacimiento, del Otro, es decir, de lo que el mundo clásico percibió (y calificó) como el " "Mal" .39 Si la inspiración de la corriente llamada posmoderna se encontró en Martin Heidegger, sus raíces, ya notadas por Georges Friedmann a mediados de la década de 1930, se remontaban más lejos: "(A finales del siglo XIX) el bergsonismo se encontraba en la corriente de desconfianza respecto de la razón humana, y de la ciencia producto de ella. Son síntomas de una especie de desequilibrio en las ideologías burguesas, que coinciden con el comienzo del imperialismo y la maduración de las contradicciones en la economía y la política mundiales ... Antes de la Primera Guerra Mundial, en el corazón de una época aparentemente todavía racionalista, que confiaba en la ciencia, estimulada por las últimas ondas cartesianas, se dibujaba ya un movimiento claramente irracionalista, cuyos polos, en Francia, eran la crítica al mecanicismo científico y el bergsonismo; en los Estados Unidos y en Inglaterra, el pragmatismo y el pluralismo; en Alemania, los impulsos románticos y místicos alrededor de las filosofías de la vida. Todos, en definitiva, tenían el mismo sentido ".40 

También la" teoría crítica "(heredera de la Escuela de Francfort) había tomado, a partir de una inspiración marxista, distancia del racionalismo abstracto del proyecto iluminista. La crítica al "tecnicismo cientificista" tuvo un punto de apoyo en la dialéctica marxista: "La emergencia del hombre del orden universal de la naturaleza, y su desnaturalización como mera manifestación construida intelectualmente, no proporciona ningún criterio de explicación. La revolución cartesianokantiana, de la ontología para la filosofía trascendental, ofreció el esquema fundamental para la tematización técnico-científica del mundo, que permeaba la primera "revolución industrial, en conexión estrecha con la definición de las relaciones capitalistas de producción" .41

Michel Foucault añadió una crítica al discurso específico de las ciencias humanas, vinculado al de las doble e inevitable contestación: la que instituye el perpetuo debate entre las ciencias del hombre y las ciencias propiamente dichas, teniendo las primeras la pretensión invencible de fundar las segundas que, sin cesar, están obligadas a buscar su propio fundamento, la justificación de su método y la purificación de su historia, contra el 'psicologismo', contra el 'sociologismo' contra el 'historicismo'; y la que instituye el perpetuo debate entre la filosofía, que objeta a las ciencias humanas la ingenuidad con la que intentan fundarse a sí mismas, y esas ciencias humanas, que reivindican como su objeto propio lo que habría constituido otrora el dominio de la filosofía."42

La situación presente de las humanidades hereda el proceso de conjunto. Las ciencias humanas son recientes "porque su objeto es bastante reciente: el hombre como objeto científico fue una idea surgida sólo en el siglo XIX. "Hasta entonces, todo lo que se refería al humano era estudiado por la filosofía."43 "Tomar al hombre del cielo de la abstracción religiosa o metafísica, al precio de transformarlo en una abstracción científica, era un paso tan necesario como liberar la fuerza productiva del trabajo humano de los grilletes del trabajo obligatorio por la vía de la explotación del trabajo asalariado. En la fase actual, la "crisis cognitiva" de las ciencias humanas repuso la cuestión de su unidad, no a través del enfoque interdisciplinario, sino de la reconstitución de su base teórica: Quentin Skinner logró reunir a autores de todas las corrientes en un volumen consagrado a la "vuelta de la gran Teoría de las ciencias Humanas”.44

 "A contramano, el estructuralismo llegó para "quemar el campo de las difuntas ciencias humanas" (François Wahl), o para, según Jean-Marie Benoist, "enclausurar definitivamente una época en que los conceptos y disciplinas científicas se dejaron contaminar por esa noción  blanda y vaga, ese bala de gatos filosóficos: el hombre", con un siglo de retraso: "La filosofía no tiene nada que ganar imitando la ciencia" 45 Foucault y el estructuralismo46 expresaron un malestar que no podía ser llenado por la generalización del modelo y los métodos de la lingüística al campo de las "difuntas ciencias humanas" 47

La crítica al individualismo humanista y a la racionalidad científica abstracta, como proyectos de dominación que desaguarían en la barbarie, no podía olvidar el realismo que recorría las representaciones abstractas de la racionalidad occidental, rescatado de su envoltorio idealista: "El formalismo romano, la tendencia a crear sólidas estructuras convencionales para conformar el sistema de la convivencia, dejó una huella profunda en el espíritu occidental. La propia Iglesia no habría subsistido sin esa tendencia del espíritu
romano ajeno a las vagas e imprecisas explosiones de los sentimientos, y las formas del Estado occidental acusaron de modo perdurable esa misma influencia. Detrás del formalismo se oculta un realismo muy vigoroso que descubría con certera intuición las relaciones concretas del hombre con la naturaleza y los hombres entre sí. Este realismo, también implícito en la casuística jurídica y en la idea de las relaciones entre el hombre y las divinidades, operaba eficazmente sobre la vida práctica dando a la experiencia un alto valor, muy por encima de la pura especulación. Esta actitud frente a la naturaleza y la sociedad, sería legada por la romanidad al mundo occidental, informando un activismo radical y, a partir de cierta época, un individualismo acentuado".48

La implosión de las ciencias humanas no las eliminó, pero planteó la necesidad del rescate de su unidad.49 Ciertamente, "en el caso del físico, o del matemático, el pasado de la ciencia puede, en el límite, ser relegado al inconsciente. En el caso del sociólogo o del historiador, toda innovación de cierta importancia supone una relectura explícita del pasado del pensamiento."50 Para Thomas S. Kuhn, la historia de la ciencia es la historia de las revoluciones científicas, una historia de las revoluciones científicas, las transiciones de un paradigma a otro, que es explicado por el hecho recurrente de que los hombres racionales, que son racionales en virtud de ser hombres, y no por ser científicos, encuentran hechos que sus paradigmas no pueden explicar, un concepto también válido para las ciencias humanas. 51

Pues el inventario de las ciencias humanas concluyó reponiendo la necesidad de su recomposición: "En que pese a la crisis que atraviesan - resultados inciertos, malestar ideológico global, fragmentación de los conocimientos que contribuye a desilusiones en este campo del saber - desatan una pluralidad de aproximaciones y nos conduce hacia múltiples redes de significación, para la verdad objetiva de lo subjetivo y del hombre. Diversos puntos revelan, además de las diferencias específicas, un gran parentesco en la evolución de las ideas que subyacen profundamente la actividad de las ciencias humanas."52 La necesidad de la superación de las barreras entre ciencias humanas y ciencias físico-naturales53 no es sólo científica, mas histórico-social y coloca la superación de la distinción entre dos tipos de vida humana -el homo faber y el homo sapiens- orientados, el primero, hacia la creación práctica mediante la técnica productiva y el segundo para la reflexión contemplativa y la ciencia pura; es decir, vinculados, uno al uso de la mano, el otro de la inteligencia. Sólo en la superación social de la división entre trabajo manual e intelectual podría encontrar base histórica real el proyecto que Marx vio dibujarse en el desarrollo histórico: "Llegará el día en que la ciencia natural abarque la ciencia del hombre, al mismo tiempo que la ciencia del hombre abarcará la ciencia natural: no habrá más que una sola ciencia ". La defensa de las ciencias humanas es, en verdad, la defensa de la ciencia crítica en general como parte de las fuerzas productivas sociales.

Osvaldo Coggiola

12 José Babini. El Saber en la Historia. Buenos Aires, CEAL, 1971, p. 20.
13 Vladimir Kourganoff.. La Investigación Científica La biología se inscribe en este proceso: "El punto de partida de la biología se sitúa en la época del racionalismo europeo, a mediados del siglo XVIII, momento en que se puede certificar históricamente el inicio del predominio del método experimental en la época ciencia. (Los precursores) plantearon una cuestión de enorme importancia para la naciente ciencia biológica: la relación existente entre materia y vida "(Jean Rostand, Introducción a la Historia de la Biología, Barcelona, ​​Planeta, 1985).
14 Ronald L. Meek. Los Orígenes de la Ciencia Social. El desarrollo de la teoría de los cuatro estadios. Madrid, Siglo XXI, 1971.
15 Franco Venturi. Los Orígenes de la Enciclopedia. "La historia de la cultura se revela dividida en dos grandes períodos, uno caracterizado por una sumisión general de la ciencia físico-natural a la filosofía, este sometida a su vez a la teología, el otro por la progresiva adquisición de autonomía de las ciencias en el marco de una tendencia hacia la laicización de todo tipo de saber "(Umberto Cerroni, Introducción a la Ciencia de la Sociedad, Barcelona, ​​Crítica, 1978).
16 François Vatin. Le Travail. Economía y constitución 1780-1830. París, PUF, 1993, así como la cita anterior.
17 Isaak Illich Rubin. La Teoría Marxista del Valor. San Pablo, Brasiliense, 1980, así como la cita anterior. 18 Paolo Rossi. Los Filósofos y las Máquinas 1400-1700, San Pablo, Compañía de las Letras, 1989, p. 67. 19 François Vatin. Op. Cit.
20 Paolo Rossi. Op. Cit.
21 François Vatin. Op. Cit.
22 Alfred Schmidt. El Concepto de Naturaleza en Marx. México, Siglo XXI, 1976.
23 Karl Marx. Fundamentos de la Crítica de la Economía Política 1857-1858 (Grundrisse). Buenos Aires, Siglo XXI, 1973.
24 Werner Heisenberg. Physique et Philosophie, Paris, Albin Michel, 1971.
25 Karl Marx. O Capital. Vol. 1, Livro I. Rio de Janeiro, Civilização Brasileira, 1966.
26 André Tosel. La elaboración de la filosofía marxista por Engels y Lenin. En: Yves Belaval. Las Filosofías Nacionales. Siglos XIX y XX. México, Siglo XXI, 1986.
27 James A. Weisheipl. La Teoría Física en la Edad Media. Buenos Aires, Columba, 1967.
28 Michel Paty. Ciencia, filosofía y sociedad. En: Osvaldo Coggiola. La Revolución Francesa y su Impacto en América Latina. San Pablo, Edusp-CNPq, 1990.
29 Robert Havemann. Dialéctica sin dogma. Río de Janeiro, Zahar, 1967, así como la cita anterior.
30 Pierre Fougeyrollas. Ciencias Sociales y Marxismo. París, Payot, 1979.
31 Jean-Jacques Solomon. Ciencia y Política. México, Siglo XXI, 1974.
32 Murray Leaf. Una historia de la antropología. Paul Mercier. Historia de la Antropología. Barcelona, ​​Península, 1989.
33 René Thom. Ideas contemporáneas. São Paulo, Ática, 1989
34 Geoffrey Hawthorn. Iluminismo y Desesperación. Una historia de la sociología. En el caso de las mujeres.
35 Lucien Goldman Las Ciencias Humanas y la Filosofía. Buenos Aires, Nueva Visión, 1967.
36 Jean Piaget. La Situación de las Ciencias del Hombre en el Sistema de las Ciencias. Amadora, Bertrand, 1971.
37 Ralph L. Andreano. La Nuova Storia Economica. Turim, Einaudi, 1975. La medida aritmética como base histórica del racionalismo científico, está analizada en: Alfred. W. Crosby. La medición de la realidad. La cuantificación y la sociedad occidental 1250-1600.
38 Daniel Bell. Las Ciencias Sociales desde la Segunda Guerra Mundial. Madri, Alianza, 1982.
39 Michel Foucault. Histoire de la Folie à l’Âge Classique. Paris, Gallimard, 1977.
40 Georges Friedmann. La Crisis del Progreso. Esbozo de historia de las ideas (1895-1935). Barcelona, Laia, 1977.
41 Hans Heinz Holz. Marx, la Storia, la Dialettica. Nápoles, La Città del Sole, 1996.
42 Michel Foucault. Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas São Paulo, Martins Fontes, 1981.
43 Marilena Chauí. Invitación a la Filosofía. São Paulo, Ática, 1994.
44 Quentin Skinner.El regreso de la gran teórica en las humanidades humanas. Nueva York, Cambridge University Press, 1994.
45 Jean-Louis Dumas. Histoire de la Pensée. París, Tallandier, 1990. En Teoría Tradicional y Teoría Crítica, Max Horkheimer defendió que "no es en las ciencias de la naturaleza, fundamentadas en las matemáticas como un Logos eterno, que el hombre puede aprender a conocerse". El Logos matemático, por su vez, reconoció su especificidad: "El lenguaje matemático tiene una especificidad propia; sus reglas se determinan por el valor demostrativo de sus proposiciones. Las reglas prescriben la construcción de los enunciados e indican su significado en el discurso. Ellas son prescriptivas del uso lingüístico e indican no sólo 'Como' la cosa es, sino como debería 'ser' ser "(Abrogio Giacomo Manno. La Filosofía de las Matemáticas. Lisboa, Ediciones 70, SDP).
46 Jean Viet. Los Métodos Estructuralistas en las Ciencias Sociales. Buenos Aires, Amorrortu, 1970.
47 Para una crítica, ver: David Mc Nally. Lengua, historia y lucha de clase. En: Ellen M. Wood y John B. Foster. En Defensa de la Historia. Marxismo y posmodernismo. Rio de Janeiro, Zahar, 1999.
48 José Luis Romero. La Cultura Occidental. Buenos Aires, Legasa, 1986.
49 Para las ciencias exactas y naturales se planteó un problema similar. Ver: Gerald Holton. La Imaginación Científica. México, Fondo de Cultura Económica, 1985; Peter Medawar. Los límites de la ciencia. Oxford, Oxford University Press, 1989.
50 Fernand Dumont. La Dialéctica del Objeto Económico. Barcelona, ​​Península, 1972.
51 Barry Barnes. T. S. Kuhn and Social Sciences. Londres, Macmillan Press, 1982.
52 Jacqueline Russ. La Marche des Idées Contemporaines. Un panorama de la modernidad. París, Armand Colin, 1994.
53 Una superación reaccionaria de esas barreras fue postulada por la sociobiología de Edward O. Wilson: "En la visión microscópica, las humanidades y ciencias sociales se reducen a ramas especializados de la biología. La historia, la biografía y la ficción son protocolos de investigación de la etología humana; la antropología y la sociología unida constituyen la biología social de una sola especie de primates "(E. O. Wilson. Sociobiología: the new Synthesis.Cambridge, Harvard University Press, 1975). Reduciendo las humanidades a ramas derivadas de la biología, Wilson adelantó programa de la biotecnología capitalista: la resolución de los problemas humanos a través de la manipulación genética (Osvaldo Coggiola. Biotecnología, capitalismo y fascismo. Universidad y Ciencia en Crisis Global.