Opción Obrera es la sección venezolana de la CRCI (Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional)

Propulsamos el desarrollo de una política proletaria al seno de los trabajadores tras su independencia de clase y una organización de lucha para su liberación de la explotación e instaurar El Gobierno de los Trabajadores, primer paso hacia el socialismo.

Ante la bancarrota capitalista mundial nuestra propuesta es que:


¡¡LOS CAPITALISTAS DEBEN PAGAR LA CRISIS!
¡LOS TRABAJADORES DEBEN TOMAR EL PODER!



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martes, 19 de abril de 2016

El impeachment es un golpe de Estado


El impeachment es un golpe de Estado


A esta altura no puede caber ninguna duda que detrás del llamado impeachment brasilero se esconde un golpe de estado para ungir en el poder a una alianza conformada por una fracción que hasta no hace tanto operó como aliada del gobierno de Dilma Rousseff, junto a sectores opositores tradicionales. El vicepresidente de la Nación, Michel Temer, y el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, han operado a la luz pública para reunir los votos necesarios que requiere el inicio del juicio político. Aunque Dilma seguirá en el gobierno hasta que el Senado por mayoría simple confirme la votación de Diputados, la suerte parece estar echada. Una vez que esto ocurra –será en unos 15 días- el vicepresidente Temer ascenderá a la presidencia de la República.

La votación en Diputados presentó un espectáculo simplemente circense. Como relató por twitter un cronista de TN presente en el lugar, de los 513 diputados sólo 100 podrían mostrar un legajo no manchado por la corrupción; a 10 de ellos les cabe directamente la calificación de asesinos. Esto explica que el pedido de juicio político contra la presidenta se base en denuncias sobre las llamadas “"pedaleadas", es decir el maquillaje de la cuentas públicas y la creación de partidas presupuestarias sin autorización del Congreso para esconder el déficit. Se trata de una práctica común, a la cual también recurrió en el pasado el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, quien a pesar de ello se encontró entre los principales promotores del impeachment.

Aunque pueda resultar llamativo, no figuraron entre los cargos contra Dilma las denuncias de corrupción que envuelven a Petrobras y a su red de contratistas y constructoras. La omisión tiene una explicación: los diputados que votaron el impeachment cargan sobre sus espaldas con denuncias comprobadas sobre estos hechos. La lista la encabezan el presidente de la Cámara de Diputados, Cunha, que se encuentra en rebeldía con la Justicia al no presentarse amparándose en los fueros, e incluso alcanzan hasta el vicepresidente Temer. Existen fundadas razones para aseverar que la premura para votar el impeachment responde al interés de asegurar su propia impunidad.

El volumen de la votación favorable al impeachment superó todos los pronósticos. Los 367 votos superaron con creces los 342 (dos tercios) necesarios para aprobar la moción. Los medios de prensa difundieron que los diputados que estaban en duda se volcaron a favor del juicio político debido a la presión ejercida por empresarios poderosos. Es que la clase capitalista brasileña trabajó abiertamente a favor del impeachment. Un dato decisivo fue el pasaje al campo del golpismo de la burguesía industrial de San Pablo, otrora una base social del gobierno del PT, que está siendo arrasada por la competencia de China, especialmente en el campo de las grandes siderúrgicas.

A pesar de que el golpe en marcha pretende enarbolar las banderas de la lucha contra la corrupción, la clase capitalista lo apoya para luego frenar los procesos que alcanzan a innumerable cantidad de grandes empresarios. El principal de todos, Odebrecht, actualmente en prisión, se ha sumado a la llamada “delación premiada” para reducir su pena y blindar a la empresa de las consecuencias patrimoniales que traerá la revelación de las coimas pagadas. La función de un gobierno de Temer será frenar estas investigaciones, que ponen en jaque al régimen político brasileño y a la propia clase capitalista.

La derrota parlamentaria de Dilma es la expresión política de la bancarrota económica en la que se encuentra Brasil. La deuda pública alcanza el billón de dólares, lo que equivale al 80% del PBI. La deuda privada ronda los U$s 300.000 millones. La otrora joya del capitalismo brasilero, Petrobras, concentra una deuda de U$s 150.000 millones, en momentos en que su capital accionario se redujo en un 80% -U$s 10.000 millones en el último trimestre del año pasado. La alternativa de recurrir al rescate de China puso en alarma a la burguesía paulista, que ve el peligro de su propia liquidación. Para esta “burguesía nacional” la salida pasa por la entrega de Petrobras al capital internacional. El gobierno de Dilma dio pasos en ese sentido, al autorizar las concesiones de los yacimientos pre-sal, eliminando la exclusividad que tenía Pretrobras para explotarlos. Pero se trató de una medida tardía y a medias. El objetivo de los golpistas es pasar directamente a un sistema de concesiones a los monopolios privados internacionales, y desarmar la red de contratistas con la que el PT quiso “reconstruir la burguesía nacional” –el mismo planteo de Kirchner para crear el emporio de los Lázaro Báez y cía.

Junto con esta lucha despiadada por la propiedad y los negocios, la clase capitalista reclama un ajuste brutal contra los trabajadores. Está en juego una contra-reforma laboral, decenas de miles de despidos y un ajuste del gasto social estimado en U$s 40.000 millones de dólares. Todas las previsiones hablan de una nueva caída del PBI para este año y el siguiente, como consecuencia de la fuga de capitales, el retroceso del precio del petróleo, el derrumbe del consumo apalancado por el crédito, y una crisis bancaria en ciernes.

Mediante el impeachment, la burguesía y el imperialismo quieren instalar un gobierno de ajuste directo contra los trabajadores, pero nada indica que estén reunidas las condiciones políticas para ello. Un gobierno de Temer y Cunha, acosado por denuncias de corrupción en su contra, deberá probar su capacidad de derrotar a la principal clase obrera de América Latina. Las encuestas de opinión muestran el elevadísimo repudio que todos los partidos políticos tienen en el conjunto de la población.

La derrota sufrida por el PT en la Cámara de Diputados mostró que durante 4 mandatos consecutivos operó mediante un cogobierno con fuerzas de derecha y descompuestas, empezando por el partido más corrupto de Brasil, el PMDB. Que no haya podido reunir el tercio de votos necesarios para impedir el impeachment es una muestra categórica de este cogobierno. Quienes en el pasado le reclamaban al Partido Obrero y a la izquierda argentina que sigan el ejemplo de “construcción de poder” del PT ahora deberán hacer un balance de fondo. La corruptela generalizada con empresas como Odebrecht, y las alianzas con los Temer y Cunha, han conducido a una derrota bochornosa al Partido de los Trabajadores de Brasil.

Macri podrá festejar el resultado de la votación en el Congreso de Brasil. Es sabido que en la reciente visita de Obama, el tema ocupó el primer lugar de la agenda. Pero no debe festejar por anticipado. La bancarrota económica y política de Brasil responde a una quiebra capitalista internacional que envuelve también a la Argentina. Brasil expresa no solamente la declinación bochornosa del PT, sino a una crisis de régimen que envuelve al conjunto de sus partidos y a su organización. Pero ni los trabajadores de brasileños ni los argentinos han dicho su última palabra. Lo más importante aún está por venir.

Congreso de Trabajadores


La izquierda brasileña no ha jugado un rol político independiente en la crisis, oscilando entre una disolución en el PT y el planteo de nuevas elecciones (PSTU, Luciana Genro) levantado por sectores de la oposición. Este planteo, inclusive, podría ser recogido por el PT en caso de una asunción de Temer. No implica ningún avance en la conciencia de los explotados.

Planteamos un Congreso de los Trabajadores, electos en lugares de trabajo y en asambleas, que discuta una salida para el país, y para que la clase obrera emerja como factor político independiente.

Gabriel Solano Partido Obrero Argentina

martes, 22 de marzo de 2016

Brasil: Ante el golpe inminente


LA CRISIS DEL GIGANTE SUDAMERICANO
Brasil: Ante el golpe inminente

Desenmascarar la trama golpista de las denuncias judiciales es la primera tarea que impone la situación brasileña. Sin la denuncia vigorosa del golpismo, no puede siquiera arrancar una política de clase en la situación actual en Brasil. La segunda es señalar que la corrupción y descomposición del gobierno de Rousseff y del PT es la consecuencia de una política al servicio de los grandes capitales, de las alianzas contrarrevolucionarias con los partidos decrépitos de la burguesía nativa, y del carrerismo inevitable que entraña toda política de izquierda que se desarrolle a la sombra del régimen político burgués y del capitalismo.



Una forma de poner en contexto la crisis política en Brasil es destacar que sería el tercer golpe parlamentario que se consuma en América Latina desde 2010. La técnica del golpe de estado no es privativa de los militares. El primero fue el derrocamiento de Zelaya, en Honduras, para desbaratar un acercamiento al bloque bolivariano. El segundo fue el del paraguayo Lugo. El infortunio de Zelaya fue seguido por una prolongada crisis internacional, cuyo epicentro fue, en determinado momento, la embajada de Brasil en Tegucigalpa, que alojó a Zelaya y fue enseguida cercada por las fuerzas armadas hondureñas. Lo de Lugo fue más modesto; una queja diplomática de Argentina, Brasil y Venezuela desde la ciudad de Córdoba. La secuela de la caída de Lugo fue un boom de la economía paraguaya, impulsado por capitales sojeros de Brasil y de Argentina, sin que la minera Río Tinto alcanzara su objetivo de apoderarse del excedente de electricidad de Paraguay para instalar su explotación de aluminio – otro de los objetivos del golpe institucional (sic). La destitución de Dilma Roussef, a partir de un juicio político, no levanta olas, sin embargo, en el ámbito de la diplomacia regional; a lo sumo, una suerte de denuncia de Evo Morales y de Rafael Correa. Si se agrega el caso de un activo protagonista en la política latinoamericana, Irán, el cambio de tendencia política no podría ser más completo: el nacionalista Amadineijad y su guardia republicana dieron paso a una administración ‘reformista’, que se abocó de inmediato a cerrar el acuerdo nuclear que le exigía la Otan, con el apoyo de Rusia y China. Para cerrar, Macri se hizo cargo del gobierno de Argentina. Obama celebra su exitosa ‘muñeca’ internacional con un paseo por Cuba y Argentina, aunque todavía tiene pendiente el cambio de régimen en Venezuela. Todo esto, sin embargo, podría convertirse en un bumerán para este primer presidente de color de Estados Unidos si Donald Trump acabara derrotando a Hillary Clinton en noviembre próximo. No sería un golpe parlamentario, pero sí un golpe electoral.

Es hora, entonces, para que la izquierda revolucionaria convoque a una conferencia latinoamericana para tomar la iniciativa frente a este proceso político con una posición homogénea. De otro modo quedaría a merced de los acontecimientos, cuando en realidad la enormidad de la crisis en curso le ofrece una oportunidad política excepcional. Esta iniciativa en el campo de la lucha de masas debería manifestarse también en el ámbito parlamentario.

Política y Petróleo

Otra forma de poner en contexto la crisis política en Brasil es simplemente informar que el Senado brasileño deberá votar, próximamente, dos mociones acerca del régimen de explotación petrolera, que no casualmente en un fruto directo de la crisis de Petrobras y del llamado “petrolao” o “lava jato”. Una de las mociones es retirar la obligación de Petrobras de presentarse a todas las licitaciones para la explotación de la plataforma marítima pre-sal. La otra va más allá: sustituir por completo el régimen de participación con Petrobrás por el retorno al sistema de concesiones – el cual permite anotar las reservas comprobadas de petróleo en el patrimonio de las empresas beneficiarias. La razón por la cual un sistema aceitado de coimas que data de los 90 salte ahora y que entre los golpistas se encuentren en masa corruptos notorios y denunciados, es precisamente ese: rematar el capital petrolero acumulado por Petrobrás, una empresa mixta entre el Estado brasileño y las bolsas de Sao Paulo y Nueva York. La votación en el Senado pone fin a la tentativa pseudo industrialista del gobierno brasileño entre Petrobrás y las grandes constructoras y compañías de ingeniería de Brasil. El gobierno de Dilma Roussef se ha adelantado a este vaciamiento petrolero con la venta de activos y un programa de desinversión, para hacer frente a una deuda dolarizada de 250 mil millones – diez veces mayor que su capital bursátil. Este fracaso se pone de manifiesto igualmente en el campo de la minería, donde la primera productora mundial de mineral de hierro, Vale do Rio Doce, obstruyó todos los proyectos para industrializar la materia prima en el país, y ahora se hunde bajo el peso de la caída del precio internacional del mineral y una fenomenal acumulación de deudas.

Detrás de las pretensiones judiciales de castigar la corrupción, está presente el derrumbe industrial de Brasil y la disputa por los despojos de sus industrias más significativas – públicas y privadas. En el marco de la crisis en el mercado petrolero internacional, un retiro de Petrobrás sería funcional a un reacomodamiento de precios a favor de los principales monopolios petroleros y el ‘shale oil/gas’ norteamericano. Es necesaria una caracterización materialista de la crisis, para despojarla de sus vendas y falsificaciones jurídicas. Después de todo, el Supremo Tribunal Federal de Brasil no nació ayer.

Etapa política y gobiernos de recambio

Un tercer contexto fundamental de la crisis en curso, es el golpismo declarado de las corporaciones patronales más influyentes, en primer lugar la Federaçao de Industrias de Sao Paulo, Fiesp – aunque otras, como la Confederaçao Nacional de Industrias, siguen tibiamente en el campo oficial. Es que la crisis de la industria es enorme: ha perdido peso en el PBI y su poderoso sector siderúrgico registra pérdidas crecientes. El capital acerero exige poner fin a la competencia de China, de la cual dependen, sin embargo, los exportadores de materias primas agrícolas y mineras. La industria brasileña reclama un rescate financiero en gran escala – sea del Estado como del capital financiero internacional. Necesita, entonces, pasar de un régimen político de contención y domesticación de los trabajadores, por medio de la cooptación de las direcciones de las organizaciones populares, a un régimen político de franca ofensiva. Para eso necesita un ajuste violento del déficit fiscal, en primer lugar mediante un fuerte recorte del sistema previsional. El golpismo de la gran industria brasileña deja a la luz el anacronismo político del régimen que la sirvió espléndidamente durante cerca de una década. El alineamiento contundente de la burguesía nativa con un golpe, convierte a la salida de Roussef en irreversible, porque la derrota del golpismo, en semejantes condiciones, sólo podría conseguirse mediante un ataque a fondo a la propiedad privada del gran capital que opera en Brasil.

En toda América Latina se manifiesta el tránsito entre gobiernos de contención de las masas a gobiernos cuyo propósito es desarrollar una iniciativa directa contra ellas. Los recursos políticos y económicos para conseguir el éxito de este tránsito, sin embargo no existen; ni ayuda la crisis mundial ni existe una desmoralización popular que lo haga factible. Por eso, como se ve en Brasil y también en Argentina, ese tránsito podría enfrentar situaciones pre-revolucionarias.

La denuncia indiscriminada de coimas es una expresión irrefutable de la caducidad del régimen político vigente, una coalición entre el PT y partidos patronales y derechistas, que no podía operar sin un sistema generalizado de prebendas. Bajo el gobierno de Lula fue a la cárcel su jefe de gabinete, Jose Dirceu, el mandamás del PT, que repartía sueldos adicionales (mensalao) a los legisladores, para conseguir el pasaje de proyectos de ley. El ‘lava jato’ ha dejado al desnudo un sistema extraordinario de coimas repartidas desde el gobierno petista-pemedebista. Este era el carácter “do governo popular”, que desde toda la vida impulsó el stalinismo y la izquierda democratizante. No es la primera vez que tomará su propia medicina: lo liquidan sus aliados (el parlamento del Frente Popular, en Francia, expulsó en 1939 al PC de su ámbito y entregó el gobierno al fascista Pétain). Entre las masas obreras y empobrecidas del país, el desprestigio del PT es irreversible: a la hora de convocar a una manifestación de apoyo al gobierno, el PT y sus cooptados (Cut, Mst, etc) solamente logró reunir la tercera parte de lo que junto el golpismo.

Suma cero

La designación de Lula como Jefe de Gabinete es, antes que nada, un acta de renuncia de la presidenta formal, Dilma Roussef: si Lula fracasa no hará falta siquiera un juicio político. Pero Lula no tiene ninguna posibilidad de salida mediante un apaciguamiento del golpismo, como lo insinuaría el nombramiento del ex Banco de Boston, Henrique Mireilles, para presidir el Banco Central, como ya lo había hecho en 2003, por exigencia del Citibank. La crisis marcha con mucha rapidez. El único sentido de la designación sería llamar a la intervención popular, incluida la huelga general. No hay el menor indicio de una orientación semejante. Para gran parte de la opinión popular, Lula busca en el gobierno un refugio contra la arremetida judicial. En lugar de rechazar en forma unilateral la injerencia del poder Judicial para evitar su asunción, lo ha legitimado mediante sucesivas apelaciones. De este modo ha debutado colocando el poder en manos de la Corte Suprema.
¿Adónde va Brasil? El reemplazo de la Presidenta por su vice, el pemedebista Michel Temer, debería llevar a nuevas elecciones, que podrían tener lugar en octubre, junto con las municipales. Temer no tiene otra capacidad que pilotear los Juegos Olímpicos, y probablemente tampoco eso. La destitución de ambos, por una denuncia de corrupción en la campaña electoral de 2014, desencadenaría la inmediata convocatoria electoral. Existe una distante probabilidad de que la Corte Suprema dilate un dictamen sobre la designación de Lula. Este panorama inquieta a toda la prensa internacional, que caracteriza como “imprevisibles” las derivaciones de la presente crisis.

Una política de izquierda

Desenmascarar la trama golpista de las denuncias judiciales es la primera tarea que impone la situación brasileña. Sin la denuncia vigorosa del golpismo, no puede siquiera arrancar una política de clase en la situación actual en Brasil. La segunda es señalar que la corrupción y descomposición del gobierno de Roussef y del PT es la consecuencia de una política al servicio de los grandes capitales, de las alianzas contrarrevolucionarias con los partidos decrépitos de la burguesía nativa, y del carrerismo inevitable que entraña toda política de izquierda que se desarrolle a la sombra del régimen político burgués y del capitalismo. Sin esta diferenciación es imposible ofrecer una política para las masas trabajadoras. Con estos planteos y un programa de reivindicaciones urgentes, es necesario impulsar un Congreso de Trabajadores y de la Izquierda, con la perspectiva de un gobierno de trabajadores

Jorge Altamira Partido Obrero Argentina

lunes, 14 de marzo de 2016

Brasil: EL FINAL LAMENTABLE Y VERGONZOSO DEL PARTIDO DE LOS TRABAJADORES


EL FINAL LAMENTABLE Y VERGONZOSO DEL PARTIDO DE LOS TRABAJADORES
Por un congreso de bases del movimiento obrero

El PT surgió en el escenario político de Brasil como consecuencia de la descomposición del régimen militar que había sido establecido en 1964 y como consecuencia de un fuerte desarrollo de la clase obrera. Este desenvolvimiento fue acompañado por la emergencia de numerosos sindicatos independientes y la creación de la Central Única de Trabajadores. Constituyó, por todo esto, la mayor tentativa de desarrollar un partido obrero independiente en América Latina en décadas, incluso con la fuerte traba potencial que implicaba el establecimiento de una dirección política constituida por una burocracia sindical en formación aliada a una pequeña burguesía que se estaba reconvirtiendo del stalinismo y del castrismo.

La llegada del PT al gobierno fue del todo singular. Aunque había atravesado un ‘periodo de prueba’ en la gestión de gobernaciones y municipios, el PT se vio obligado a adoptar un procedimiento excepcional para ser aceptado como partido de gobierno. El propio Lula se encargó de advertir a los delegados del Congreso Nacional reunido a principios de 2002 que si deseaban ocupar el Palacio del Planalto en las elecciones de ese año, debían estar dispuestos a “tragarse sapos”. El primero fue, indudablemente, el requerimiento de la compañía, como candidato a vicepresidente, de un empresario textil, evangélico y fundador de un partido de la derecha brasileña. No fue, con todo, el sapo más grande. Cuando el presidente en funciones, Fernando Henrique Cardoso, reclamó el apoyo del FMI para hacer frente a la crisis económica enorme que había comenzado en 1999, el FMI puso como condición que el acuerdo fuera firmado por los partidos que competían en la elección. Lula aceptó con entusiasmo esta extorsión, ofreciendo el primer caso de un partido que sustituía su programa por un programa confeccionado por la principal institución del capital financiero internacional. Para ser rigurosos es necesario destacar, sin embargo, que esta línea de tragarse sapos venía de antes: el hecho más importante es la paz social que había firmado Lula con los terratenientes y el capital sojero de Brasil, en un país donde la cuestión agraria es conocidamente explosiva.

Ya en el gobierno el PT dio varios pasos adicionales. El primero, enseguida de asumir, fue la firma, por parte de Lula y el presidente del Citibank, de un pacto financiero para que la banca norteamericana levantara el bloqueo a los créditos destinados a financiar la exportación de Brasil – u$s12 mil millones de aquellos años (Lo explica William Rhodes en el Financial Times del 24.6.04). De inmediato, designó para presidir el Banco Central a un altísimo funcionario del Bank of Boston, Henrique Mireilles. El gabinete apuntado para la gestión incorporó a ministros designados por el PMDB, así como a numerosísimos funcionarios en distintas reparticiones del Estado. El PMDB no solamente es el mayor partido de la burguesía brasileña sino también una criatura sobreviviente de la dictadura militar. Es también la agrupación más corrompida (“fisiológica”, en la “giria” local) de la política brasileña. Aunque la prensa y la opinión pública hablaran del “gobierno del PT”, no era el caso obviamente: era un gobierno capitalista de coalición con la burguesía y la derecha del país. El programa anti-obrero que aplicó enseguida provocó la escisión de un número importante de legisladores y la formación del Psol, una coalición de agrupaciones que se había ‘tragado todos los sapos’ precedentes.

En este cuadro estalla el primer gran episodio de corrupción: el llamado “mensalao”, por el cual se utilizaba dinero público para conseguir los votos de la bancada del PMDB, en casos no necesariamente controvertidos, para aprobar los proyectos del gobierno; el lubricante de la coalición con la burguesía era la corruptela. No obstante esto, quienes hoy aseguran que la corrupción es común a la derecha como a la izquierda, en aquellos momentos saludaba el ‘liderazgo’ de Lula y la supuesta elevación de la misérrima población brasileña a la categoría de “clase media C”. El mensalao produjo las primeras bajas en el gobierno, cuando la Justicia condenó al N°2 del PT, Jose Dirceu, un ex guerrillero castrista devenido en un ‘realpolitiker’ del capitalismo. Lo instructivo de todo esto, si se lo puede llamar así, es que la corrupción se instaló en el nuevo gobierno desde el principio, como un mecanismo que habilitaba el funcionamiento de un régimen de coalición con la burguesía nacional. De aquellos polvos vienen estos lodos que ahora aparecen comprometer la continuidad del gobierno de Dilma Roussef. El mecanismo del poder se ha puesto en reversa: los votos del PMDB se han convertido ahora en árbitros de un juicio político contra la Presidenta – que, por otra parte, tampoco es oriunda del PT sino del PDT, un partido nacionalista que había quedado confinado al estado de Rio Grande do Sul.

Petrobrás, Oderbrecht, Eike Batista

Como lo admite con descaro toda la prensa, las coimas de Petrobrás vienen de lejos; afecta al ex presidente Fernando Henrique Cardoso (un ex izquierdista y famoso intelectual convertido en agente del Departamento de Estado de EEUU) y al padre del actual presidente de la constructora y empresa de ingeniería Oderbrecht. El destape de la corrupción ahora es la consecuencia del choque violento de intereses contrapuestos en la burguesía brasileña y en el capital internacional.

Los gobiernos ‘petistas’ habían convertido a Petrobrás y a las constructoras (y también a la minera Vale) en el pivote de un desarrollo industrial de Brasil. La explotación de los yacimientos pre-sal mediante enormes inversiones y el monopolio operativo de Petrobras pretendía desarrollar una periferia industrial relevante, sea de servicios tecnológicos como de refinerías y producciones derivadas del petróleo. Este plan entró rápidamente en conflicto tanto con las petroleras internacionales, que reclamaban licitaciones abiertas de explotación, como con los accionistas internacionales de Petrobrás, que cuestionaban la rentabilidad de las inversiones así como el recorte de los dividendos en beneficio de las inversiones. Es así que a medida que la actividad de Petrobrás crecía, su cotización en la Bolsa de Nueva York caía; hoy, en el pozo de la crisis, es un 80% inferior a su punto más alto. En el marco de este plan, el gobierno de Lula intentó crear una burguesía petrolera nacional, mediante fuertes concesiones y apoyos financieros a un aventurero, Eike Batista, el cual se lanzó a un incesante acaparamiento de empresas mediante deudas. La primera señal del derrumbe que se desarrolla en la actualidad fue la declaración de quiebra de Batista y toda su red de empresas, agobiado por un endeudamiento que no podía renovar ante los síntomas de crisis en el mercado petrolero internacional. La revelación pública de las coimas de Petrobrás interviene cuando la caída estrepitosa de los precios internacionales del petróleo invalida la tentativa industrializadora, ya que priva a la petrolera de capacidad de inversión. Petrobrás ha comenzado a malvender activos en gran escala, por un lado para pagar deudas, pero también para asegurar la continuidad de sus proyectos más relevantes. En Nueva York, los accionistas de Petrobrás reclaman un resarcimiento por el dinero sustraído a las utilidades por las coimas. Hace tres semanas, Dilma dio el paso más duro: eliminó el monopolio de Petrobras como operadora de los yacimientos pre-sal – la principal exigencia del capital financiero internacional y ¡de las bancadas aliadas del PT! La Presidenta asegura que no va a renunciar, bajo ninguna circunstancia, pero ya ha renunciado a los objetivos básicos de su gobierno.

Las constructoras brasileñas se encuentran entre las más importantes del planeta. Lula ha sido su principal lobbysta en el país y en el exterior. Coimeado o no, su rol como líder obrero ha quedado completamente desnaturalizado – es un gerente de las firmas capitalistas. Oedrbrecht, Andrada Gutierrez, Camargo Correa y otras, no solamente se beneficiaron de los contratos de obras de Petrobrás, por los cuales han pagado coimas a diestra y siniestra. Gran parte de la política exterior de Brasil se atuvo a los intereses de ellas. Lula se adelantó a Obama en la obtención de concesiones en Cuba para las constructoras brasileñas – lo cual lo convierte en un ariete de la privatización de empresas en Cuba y de la ruptura del monopolio del comercio exterior de la Isla. Lo mismo en Venezuela, Nicaragua, Bolivia o El Salvador, que tienen en común su condición bolivariana. El cabo electoral de Lula, Joao Santana (que también lo fue de De la Sota y Duhalde), organizó las campaña electorales en esos países en función de los intereses de Brasil. Brasil dirigió la campaña electoral de Ollanta Humala, el cual se había comprometido a otorgar la concesión de las construcciones de rutas y oleoductos hacia el Pacífico a Oderbrecht. La corrupción social y política de la dirección y el aparato del PT es considerablemente mayor que la que deriva de las coimas que le son imputadas. Es lo que simplemente olvidan quienes salen a defender a una organización que es políticamente para los trabajadores. La camarilla petista ha trabajado con dedicación para destruir la condición clasista de la izquierda y el movimiento obrero en América Latina. En las elecciones para elegir la representación obrera en el Consejo de Petrobrás, hace tres semanas, el sindicato de la CUT fue derrotado por una improvisada lista independiente. Los obreros de la petrolera perciben que el gobierno de Roussef está destruyendo a Petrobrás y cediendo a la presión financiera internacional, con el único pretexto de salvar su propio pellejo. El potencial de derrumbe económico que encierra el desmantelamiento de Petrobras y de las propias constructoras, podría llevar a Brasil rápidamente a una situación pre-revolucionaria.

El Golpe

La destitución de Dilma Roussef es reclamada por todos los sectores capitalistas que han chocado con el gobierno en los últimos años. No han conseguido todavía reunir, sin embargo, una mayoría parlamentaria para proceder al juicio político de la Presidenta, porque las consecuencias serían muy graves para otros intereses tanto o más poderosos. Una gran parte de los destituyentes parlamentarios enfrentan procesos de corrupción a igual título que los funcionarios del gobierno o los dirigentes del PT. En la burguesía se teme, por sobre todo, el estallido de una rebelión popular, que sería la consecuencia del vacío de poder que podría producir una transición precaria, y de los planes de ajuste que aplicaría un nuevo gobierno. Los ajustes petistas ya han producido casi dos millones de despidos o suspensiones. Puede sorprender que la burguesía industrial de Sao Paulo sea abiertamente golpista, en contraste con el silencio relativo del capital sojero – el cual está recibiendo los beneficios de una gran devaluación de la moneda, el real. Ocurre que esta burguesía industrial ha sido marginada de las tentativas de industrialización de Lula, porque quedó expuesta a la competencia demoledora de China – una gran aliada de Petrobrás y las constructoras. Las grandes acerías brasileñas encabezan la campaña internacional para penalizar la exportación siderúrgica de China. La burguesía paulista reclama la sanción de una “ley compasiva”, que blinde el capital de las empresas de los perjuicios que ocasionen los ejecutivos de ellas (Ámbito, 10.3). De lo contrario, arguyen, podría venirse abajo el patrimonio de numerosas compañías. El paso siguiente sería la absolución o la disminución de penas por parte de los tribunales de apelaciones o la Corte Suprema.

La charlatanería característica en estos casos, atribuye a la independencia de la Justicia el conocimiento y la sanción de la corrupción. Es Justicia, en realidad, está sustituyendo la aportación de pruebas materiales de los delitos por un sistema de coacción penal que ofrece rebaja de penas y arrestos domiciliarios a quienes confiesen responsabilidades y delaten a supuestos cómplices. Semejante procedimiento sería fácilmente cuestionado en una apelación, incluyendo un cambio en la opinión de los nuevos jueces. La Justicia es un poder del Estado, que en ningún caso irá contra el poder de ese Estado. Mauricio Oderbrecht, el presidente del conglomerado, ha dicho que apelará su condena a 19 años, porque el expediente abundaría en delaciones y estaría carente de pruebas. La llamada “ley del arrepentido” otorga poderes discrecionales a jueces, investigadores y policías contra los derechos ciudadanos.

No se puede dejar fuera de foco la implicancia internacional que tendría un desplazamiento del gobierno de Dilma. Aceleraría el proceso para poner fin al gobierno de Maduro, en especial por el impacto que tendría en las fuerzas armadas de Venezuela un ‘golpe blanco’ en Brasil. En Uruguay, se está desarrollando en torno a acusaciones de corrupción en la petrolera estatal Ancap, un proceso similar al de Brasil. Por último, sería un espaldarazo al gobierno ‘buitre’ de Macri. La desvalorización enorme que ha sufrido la Bolsa de Sao Paulo es un bocado de cardenal para los bancos y fondos de cobertura internacionales; Brasil se vería obligada también a renegociar la deuda pública. El aguijón de la crisis lo constituye, sin sombra de duda, la voracidad del capital internacional para lograr un nuevo reparto de patrimonios y capitales en Brasil. La deuda externa de Brasil, pública (80% del PBI) y privada (70% del PBI) es de u$s3 billones.

Crisis en el movimiento obrero

El domingo 13 está previsto lo que sería una gran manifestación a favor del juicio político para destituir a Dilma. La dirección del PMDB se encuentra atenta a los resultados para determinar si se retira del gobierno e inviabiliza de este modo la gestión de Roussef, y lograr una renuncia que evite el ‘impeachment’. No existe ninguna posibilidad, sin embargo, de que estas manifestaciones atraigan a la masa del pueblo pobre y trabajador, que conoce bien a sus inspiradores. No sería, sin embargo, la primera vez que cae un gobierno por presión de un movimiento civil minoritario. Es significativo que a los organismos convocantes les importe poco que el encargado del juicio político a la Presidenta sea el Congreso más corrompido de la historia brasileña.

Frente a la amenaza de golpe a cargo de un parlamento de corruptos, el PT se encuentra ‘groggy’, debido a su complicidad evidente con el favoritismo a los conglomerados capitalistas y la corrupción, y como consecuencia de su complicidad con la política de despidos masivos que asola Brasil. La única oposición a la salida capitalista catastrófica a la crisis en curso, incluida la oposición a un golpe ‘blanco’, es la que puede partir de la clase obrera.

Por eso entendemos que lo que se encuentra a la orden del día es el llamado a un congreso de trabajadores, electos en lugares de trabajo y en asambleas, para lanzar una movilización contra despidos y suspensiones, contra el desmantelamiento o privatización de empresas del Estado y contra cualquier salida golpista de parte de un Congreso de delincuentes políticos y económicos. La reivindicación de una Asamblea Constituyente no tendría otra implicancia que poner fin al gobierno de Dilma Roussef, lo cual, en el momento actual, potencia la agitación golpista. Solamente cuando la clase obrera haya reunido las condiciones mínimas de movilización para poder pelear por su propia salida a la crisis, esa reivindicación podría ser una herramienta de lucha. No es aceptable ninguna forma de frente único de hecho con la movilización golpista. La iniciativa de un Congreso obrero de delegados, que debería ser dirigida a todos los sindicatos y comisiones de fábrica de la CUT, podría ser adoptada conjuntamente por la central sindical combativa, Conlutas, y por la izquierda constituida por el Psol y el Pstu. Este congreso se convertiría en punto de polarización de los trabajadores en el caso de que prospere un ‘impeachment’ y con él una situación de mayor crisis económica y política. Brasil vive una circunstancia singular donde gobierno y golpistas rivalizan en el tamaño de su debilidad política y la carencia de apoyo político propio.

Jorge Altamira
Partido Obrero Argentina

lunes, 25 de mayo de 2015

La estatal Petrobras y el mayor escándalo de corrupción de su historia

Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas a remojar
La estatal Petrobras y el mayor escándalo de corrupción de su historia

Petrobras y la economía brasileña

Si la empresa más grande y principal inversionista de Brasil suspende pagos sería la mayor quiebra industrial de la historia. Petrobras era hasta hace poco un símbolo del Brasil en ascenso (pujante) hoy representa la vulgaridad, lo ordinario, la corrupción, tras el mayor fraude político de la historia de Brasil por los recursos que se estima fueron desviados entre los años 2004 y 2012, todavía no cuantificados pero con cifras de miles de millones de dólares para pagar sobornos y financiar campañas políticas.

El saqueo ha provocado que las acciones de la estadal petrolera cayeran en 37% al cierre del 2014 y la empresa bajara su valor en 29,000 millones de dólares y detonara una crisis política para la presidenta Dilma Rousseff. Petrobras es la petrolera más endeudada del mundo, el jefe recién designado de la petrolera Aldemir Bendine dijo que la deuda no era tan alta como parece, dada la capacidad de la firma para generar ingresos, pero solo el hecho de su nombramiento provoco una caída del 5% de las acciones, Bendine viene de ser el presidente del Banco do Brasil y por lo tanto viene del entorno de confianza de Dilma, asi como lo era Graça Foster la presidenta de Petrobras dimitida

En pocos números y altas cifras, esta desmadre conocido como el Petrolao produjo que el plan quinquenal de inversiones por valor de 221.000 millones de dólares se viniese abajo, si le sumamos una deuda de 130.000 millones de dólares y la abrupta caída del precio del crudo la empresa aun no termina de pisar fondo. La caída del real brasileño a su nivel más bajo desde 2004 lo empeora debido al pago de la deuda de la petrolera, buena parte en dólares.

El Petrolao extiende su desastre a la economía brasileña. Petrobras anunció la venta de activos entre 13.000 y 15.000 millones de dólares entre 2015 y 2016, la reducción de los planes de inversión en 16.000 millones, los despidos superan a más de 30 000 trabajadores y la caída arrastra también a las más grandes empresas de la construcción que podrían ir al default, debido a dificultades de las empresas brasileñas para colocar deuda en el mercado internacional. Goldman Sachs calcula que los bancos brasileños tienen una exposición al sector petrolero de unos 40.200 millones, la mayoría a Petrobras. La compañía representa el 10% de la inversión del país y la decisión de aplazar pagos a proveedores ya ha provocado la bancarrota de alguna de sus contratistas. La petrolera y sus proveedores suponen entre el 15% y el 20% del PIB de Brasil.

Bridgewater, el mayor fondo de alto riesgo del mundo, comparan una hipotética quiebra de Petrobras con la que vivió Rusia a finales de los años 90 y alertan de que sería la mayor bancarrota industrial de la historia. “Si Petrobras cae, las pérdidas infligidas a los grandes bancos públicos provocará tal conmoción financiera que el Gobierno tendrá que acudir al rescate del sistema financiero, con pérdidas no menores a los 60.000 o 70.000 millones de dólares”, sostienen.

Sobre el socorro por parte del estado, dadas las dimensiones de la empresa, un rescate público dispararía el déficit, pondría en riesgo la calificación crediticia del país y amenazaría la sostenibilidad de una economía que ya se encuentra en números rojos. Para maniobrar en este difícil escenario la compañía subió el precio de los combustibles en Brasil por encima de la media internacional, y así ha conseguido una de sus pocas cifras positivas: 112.000 millones de dólares de facturación, un 10,6% más

El presidente de Petrobras, Aldemir Bendine, por fin presentó los resultados, que contaron con la auditoría de PricewaterhouseCoopers (PwC) después de meses de retrasos e inquietud entre los inversores, esta misma (PwC) se negó a finales del 2014, a dar el visto bueno a las cuentas por la dificultad a la hora de cuantificar el desfalco. Petrobras informó que había registrado pérdidas por 7.174 millones de dólares en relación al 2013, su primer balance en rojo desde 1991. Petrobras comunicó también una desvalorización de activos (impairment) por 14.813 millones de dólares, entre otras cosas por la postergación de proyectos de refinería y la caída del precio internacional del petróleo. Aldemir Bendine, alertó que las cifras podrían ser revisadas a la baja si surgen indicios de más robos en las investigaciones en curso.

Un dia antes de conocerse los resultados, la presidenta Rousseff abogó por Petrobras y las constructoras implicadas en el escándalo temiendo un efecto dominó sobre la economía, lastrada por la desaceleración y la inflación. "Tenemos que cerrar las puertas a la corrupción. No podemos, de manera alguna, cerrar las puertas para el crecimiento, el progreso y el empleo", sostuvo la presidenta ante su equipo de ministros.

Rousseff remarcó que la lucha contra la corrupción "no puede significar la destrucción de empresas privadas" y "esenciales" para la economía brasileña, -hundida con crecimiento casi nulo-, y pidió que el castigo recaiga en los directos responsables del caso y no en las instituciones. No tiene un pelo de tonta, sabe para donde apuntar. Para nosotros el nacionalismo, el populismo, el progresismo dentro, como están, del capitalismo no tienen futuro.

viernes, 3 de abril de 2015

América Latina vuelve a la escena

América Latina vuelve a la escena
Osvaldo Coggiola

La continuidad de la crisis económica mundial (crisis de Europa, recuperación limitada y en gran parte ficticia de Estados Unidos, estancamiento crónico en Japón, desaceleración en China) penetró definitivamente en los “mercados emergentes”, incluida América Latina y sus “buques insignia” (Brasil, México, Argentina). Se señala como su factor esencial el retroceso de sus mercados de exportación, en especial China (lo que demuestra que estas economías continuaron siendo, básicamente, plataformas de exportación de productos primarios o semi-manufacturados). Se olvida la fuga de capitales, que fueron atraídos por tasas de ganancias sin paralelo mundial, haciendo del continente el principal espacio de valorización ficticia del capital financiero internacional; el bajo o nulo nivel de inversiones; el hecho de que los “programas sociales” como paliativos favorecieron principalmente el trabajo “en negro” o informal (el 30% de la fuerza de trabajo empleada en Argentina, por ejemplo) sin crear un fuerte y expansivo mercado interno; el crecimiento espectacular del endeudamiento público y privado, que compromete las inversiones públicas y hasta los programas sociales (consumiendo, por ejemplo, el 47% del presupuesto federal brasileño); la crisis y retroceso de los variados proyectos de integración continental independiente. El Producto Bruto Interno regional creció 0,9% en 2014 (contra el 6% en 2010) y se prevé un desempeño insignificante en 2015, con crecimiento cero para Brasil, según su Banco -Central. Ya se avizora una nueva “década perdida” para América Latina, como la década de 1980.

Contra ese telón de fondo se proyectan importantes crisis políticas que afectan, en mayor o menor grado, tanto a los regímenes “neoliberales” (de derecha) como a los regímenes nacionalistas o “progresistas”, hasta con la perspectiva de golpes civiles o cívico–militares puestos nuevamente en la agenda política. Paraguay (Lugo) y Honduras (Zelaya) fueron sólo las primeras manifestaciones de una tendencia mayor. El telón de fondo general es la crisis capitalista mundial, la crisis histórica del modo de producción del capital. Los países más “desarrollados” de América Latina son los más afectados por la crisis. La “periferia emergente” del capitalismo “global” enfrenta enormes pagos externos, una deuda contraída principalmente por las empresas multinacionales, superando, en algunos casos, las reservas internacionales. Se revela el espejismo de suponer que, en el ciclo económico 2002-2008, las naciones dependientes se habrían transformado en acreedoras en el mercado mundial: con el aumento de la deuda privada externa, se mantuvieron siempre como deudores netos; los superávits comerciales fueron la garantía financiera del endeudamiento privado. El capital financiero internacional se apropió del excedente comercial generado por el aumento de los precios y de los volúmenes exportados. La crisis mundial golpeó en América Latina debido a su fragilidad financiera y comercial y a su débil estructura industrial. Los gobiernos de América Latina afirmaron inicialmente que se salvarían de la crisis debido a la solidez de las reservas de los Bancos Centrales. Sin embargo, la caída de las bolsas regionales, la salida de capitales y la desvalorización de las monedas dejaron sin base estos argumentos. Brasil, orgullosamente proclamado “la sexta economía del mundo”, es apenas el número 22 en el ranking de los exportadores (con un 3,3% del PBI mundial, tiene sólo el 1,3% de las exportaciones). La productividad total de los factores económicos, que creció un 1,6% en la primera década del siglo, se estancó a partir de 2010.

La posibilidad de que Estados Unidos presionase e interviniese abiertamente en el continente disminuyó al ritmo de su declinación económica y de la crisis de su intervención militar en otras regiones (Medio Oriente, Asia Central). Limitados para utilizar los clásicos golpes militares, Estados Unidos, ya con Bush, pasaron a usar en América Latina los llamados soft power (golpes suaves) incluyendo la ocupación militar de Haití por tropas “latinoamericanas”, que realizan en la isla del Caribe el servicio policial que Estados Unidos, atrapado hasta el pescuezo en otros lugares, estaba imposibilitado de hacer. Barack Obama reanudó las relaciones diplomáticas con Cuba y ordenó la desactivación de la prisión militar de Guantánamo (Cuba), centro de torturas del ejército imperialista, pero sin que esté previsto la devolución del territorio de la base a Cuba, ni anular la reactivación de los ejercicios militares de la IV Flota, encargada del patrullaje de la costa atlántica de América Latina, sin hablar de quince bases militares yanquis en América Central y en el Caribe. Estados Unidos busca recuperar el protagonismo de la desprestigiada Organización de Estados Americanos y tiene el ojo puesto en las reservas de petróleo y gas natural del mar brasileño, que colocan a Brasil como detentor de la tercera mayor reserva del mundo. Esto, sumado a las reservas de Venezuela, Bolivia y Ecuador, fortaleció momentáneamente la posición sudamericana en relación a las potencias económicas imperialistas.

La crisis de los gobiernos neoliberales (identificados con la estabilización monetaria basada en el ancla cambiaria, o en la dolarización) es seguida, ahora, por la declinación de las bases económicas de las experiencias reformistas o nacionalistas basadas en concesiones sociales, que fueron posibles en la primera década del siglo XXI por una coyuntura económica internacional favorable. Esto también afectó a los gobiernos neoliberales sobrevivientes, agencias directas del capital financiero internacional. América Latina entró en una nueva etapa de luchas nacionales y de clases. La crisis mundial irrumpió en América Latina después de bancarrotas capitalistas, crisis políticas y levantamientos sociales. El escenario político latinoamericano estuvo dominado, en las últimas décadas, por crisis y movilizaciones de masas, en especial en los países andinos. Y también por los choques entre los gobiernos nacionalistas “radicales”, que surgieron de esas crisis, y Estados Unidos. La emergencia de la izquierda en América Latina es generalmente localizada en un período que se extiende desde 1998 (elección de Chávez para la presidencia de Venezuela) hasta 2008 (elección de Fernando Lugo para la presidencia de Paraguay, poniendo fin a seis décadas del gobierno del Partido Colorado), pasando por las elecciones de Lula, Michelle Bachelet, Evo Morales, Néstor Kirchner, Daniel Ortega, Rafael Correa y el FMLN en El Salvador, debidas al fracaso económico de los gobiernos neoliberales, seguidores de la cartilla del FMI.

El neoliberalismo, con sus privatizaciones masivas, la presión por la apertura de los mercados, especialmente los del ex “bloque socialista”, y la estrategia del “Consenso de Washington”, fue la expresión de la búsqueda de una salida para la masa del capital financiero internacional acumulado con la crisis de los años 1970. No era una “ofensiva”, sino una política de crisis, lo que explica las privatizaciones aventureras, como las de los servicios de agua de Perú y Bolivia, que desencadenaron rebeliones populares masivas. Fue el impasse del capital a escala internacional lo que dio la base para un viraje político de gran amplitud, con la emergencia de procesos de autonomía nacional, incluyendo (en especial en los países andinos) el papel inédito de las masas campesinas e indígenas. En la emergencia de esos procesos confluyó el derrumbe de los partidos políticos tradicionales, que fueron la garantía de estabilidad capitalista durante décadas en América Latina, con la crisis mundial de las relaciones económicas capitalistas.

Después de un período de enfrentamientos locales e internacionales, los regímenes más “radicales”, el venezolano-bolivariano y el indigenismo andino, llegaron a compromisos internacionales y con la burguesía local, disciplinando la rebelión popular. Las cancillerías de las metrópolis imperialistas, y algunas latinoamericanas (Brasil y Argentina) desarrollaron una presión activa para que los “nacionalistas radicales” contuviesen los procesos populares. Esto fue también posible porque, a partir de finales de 2002, la reanudación del comercio exterior y de la producción local, junto con el crecimiento de los recursos fiscales, gracias a un ciclo comercial favorable a las materias primas latinoamericanas, sirvió al conjunto de los gobiernos de la región (incluyendo a los neoliberales) para atemperar los antagonismos sociales. Desde 2003-2004 se produjo, de conjunto, un reflujo en la movilización de masas. Los gobiernos nacionalistas consiguieron administrar y canalizar la presión popular para neutralizar la oposición de la derecha. La fase de relativo reflujo de las luchas populares latinoamericanas, a partir de 2004, condicionó la sucesión presidencial en México y el reinicio de grandes luchas estudiantiles y mineras en Chile y Perú.

Los sucesos económicos latinoamericanos del siglo XXI, denominados por la OCDE como una “gran fiesta macroeconómica”, fueron relativos. Hubo altas tasas de crecimiento, inflación reducida y presupuestos equilibrados o hasta con superávits. Al mismo tiempo, casi 50 millones de personas salían de la pobreza, por lo menos estadísticamente: según el Cepal, la pobreza disminuyó del 43,9% al 28,1% en América Latina, entre 2002 y 2012.La población con ingresos de entre 10 y 50 dólares (llamados de “clase media”) creció del 20% al 30% en el mismo período; los “vulnerables” (entre 4 y 10 dólares diarios) pasaron del 30% al 40% Los índices de mejora de los más pobres se situaron, sin embargo, por debajo del aumento del PBI regional. La pobreza extrema (12%), por otro lado, viene creciendo en los últimos años. La concentración de renta (polarización social) se mantiene estable, y hasta aumentó en países como México y Colombia. América Latina continuó siendo la región con mayor desigualdad social del planeta. Un dato notable es la caída del crecimiento demográfico, situado en 1,8 hijos por mujer en países como Brasil o Chile (este índice es de 1,9 en Estados Unidos), por debajo de la tasa de reposición de la población. En América Central el índice de fertilidad femenina cayó de 6,0 (en 1960) a 2,2 de la actualidad, una caída que Estados Unidos y Europa tardaron más de un siglo en alcanzar.

El retroceso de la pobreza fue especialmente importante en Brasil, donde los programas “focalizados” permitieron una disminución significativa de la pobreza absoluta, coexistente, mientras tanto, con una trayectoria poco modificada de la concentración de la renta y, al mismo tiempo, con una disminución de la renta media, de la remuneración media del trabajo asalariado y un gran incremento de las fuentes de renta no vinculadas al trabajo, en las camadas más pobres. Hubo una expresiva formación de reservas internacionales, como resultado de los saldos comerciales obtenidos por la suba de los precios de las commodities, y también por la muy elevada tasa básica de interés (base de la remuneración de los títulos públicos). Esto hizo que hubiese interés, por parte de los inversores externos, en negocios con los papeles de la deuda pública. Entre 2003 y 2007, América Latina recibió un volumen récord de inversiones extranjeras, superior a los 300.000 millones de dólares. Sus multinacionales se lanzaron a otros mercados comprando importantes activos, incluyendo en los países desarrollados. El proceso alimentó la especulación financiera: se volvió un excelente negocio captar recursos en el exterior a tasas más bajas, y aplicar estos recursos a tasas más elevadas en la deuda pública latinoamericana. El gobierno de Lula exceptuó del impuesto a la renta a los fondos institucionales extranjeros que aplicasen recursos en títulos públicos. Con esto, aumentó la entrada de divisas haciendo que las reservas creciesen, pero con un costo financiero elevadísimo: la remuneración real de los acreedores es de 12% al año, una carga de intereses creciente e impagable

Los datos de la economía latinoamericana comenzaron a cambiar drásticamente con la crisis mundial. Su inicio, sin embargo, multiplicó las declaraciones optimistas de los gobiernos. América Latina encaraba la crisis mundial con más del 75% del PBI regional con clasificaciones de riesgo de crédito dentro del “grado de inversión”. En 2008, la región presentaba solvencia, con un 70% de su deuda cubierta por reservas internacionales muy encima de los índices verificados en el Este europeo. Un factor alardeado fue la reducción de las deudas denominadas en dólares. Pero esto ocultó la naturaleza del proceso económico, embutido en la valorización monetaria propiciada por la “estabilización”. La deuda externa fue “anulada” porque las reservas internacionales superaban su monto, lo que creo la fantasía de la superación de la dependencia financiera externa. Pero el endeudamiento de un país con libre movimiento cambiario de empresas extranjeras y nacionales no puede ser medido sólo por la deuda externa en títulos y contratos del gobierno. Con la apertura financiera asistimos también a una acelerada desnacionalización de las empresas, cuyas ganancias y dividendos fueron crecientemente transferidos al exterior. Con el abaratamiento de las importaciones y con las exportaciones menos competitivas, los resultados de las cuentas externas comenzaron a presentar una inflexión importante ya en 2007.

Brasil volvió a presentar déficit en las transacciones corriente en 2008, por un valor de 4.000 millones de dólares La deuda real, posible de ser saldada con moneda convertible, debe ser evaluada en conjunto con la situación de la deuda interna en títulos públicos y con la deuda externa privada. Un título público brasileño, que vence en 2045, ofrece 7,5% de interés por encima de la inflación; el mismo título de Japón paga solamente 1% o menos. Tomar prestado en Tokio para invertir en São Paulo se convirtió en un gran negocio para los bancos que operan en Brasil. Las caídas espectaculares que afectaron a la Bolsa de São Paulo fueron la manifestación de la vulnerabilidad financiera del país. La demolición de los “mercados emergentes” comenzó. La crisis mundial tiene mecanismos directos de transmisión vinculados a la contracción de la demanda mundial.

Incluso durante el boom comercial, la dependencia de la región con relación a Estados Unidos y Europa continuó siendo grande. Más del 65% de las exportaciones latinoamericanas se dirigen a estas dos regiones, con lo restante yendo a Asia y a socios regionales sudamericanos. Con la desaceleración china, se calcula que, en 2-3 años, Estados Unidos volverá a ocupar el lugar de mayor importador de productos brasileños, desplazando a China de esa condición. Algunos países latinoamericanos están más expuestos al comercio unilateral: el comercio de México es totalmente dependiente de Estados Unidos (el cual consume más del 85% de sus exportaciones). En el caso brasileño, la economía más “independiente” del continente, y la dotada del mayor parque industrial, su superávit comercial con el Mercosur (entre 2003 y 2013) fue de 46.000millones; con Estados Unidos y la Unión Europea, casi el doble, 90.000 millones de dólares (17.800 millones con Estados Unidos, 71.600 millones con la Unión Europea). Las economías latinoamericanas continuaron muy dependientes de la venta de materias primas, que representan más del 60% de sus exportaciones. Y la situación del mercado mundial consiente cada vez menos de una salida basada en nuevo ciclo de endeudamiento. Los flujos de capitales, aplicaciones e inversiones directas están en caída

Las experiencias nacionalistas fracasaron en la tentativa de estructurar un Estado nacional independiente, y de iniciar un proceso de industrialización capitalista autónomo, destruyendo la supremacía del capital financiero. No crearon una burguesía nacional, ni estructuraron una etapa de transición bajo la hegemonía del Estado. En lugar de eso, creó una "boliburguesía" (los "boligarcas" de Venezuela), o el "capitalismo de amigos" de los Kirchner, a través de la burocracia del gobierno (que desangró financieramente al Estado). En las nacionalizaciones, los capitalistas (externos e internos) recibieron compensaciones fuertes, aún mayores que el valor en bolsa de los capitales "expropiados". En ningún caso revolucionaron la gestión económica mediante el control o la gestión colectiva de la propiedad nacionalizada. Las nacionalizaciones no tocaron los bancos, la base de la gestión capitalista de la economía. El uso de recursos fiscales extraordinarios para compensar a los capitales nacionalizados acabó bloqueando la posibilidad de un desarrollo económico independiente. El capital extranjero, obligado a salir de la esfera industrial, regresó en forma de capital financiero, usando las indemnizaciones obtenidas para comprar deuda pública. En Venezuela el petróleo se encuentra formalmente nacionalizado, pero PDVSA registra una crisis de costos y de endeudamiento, lo que lo hace dependiente de acuerdos de participación con los monopolios internacionales para explorar la cuenca del Orinoco. Venezuela sufrió, bajo Chávez, un retroceso industrial importante (disimulado por la renta petrolera diferencial del país) y actualmente importa el 70% de sus necesidades alimenticias.

En este contexto, en mayo de 2013, México, Chile, Colombia y Perú, países con acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, pusieron en pie la "Alianza del Pacífico" (Costa Rica y Panamá son miembros observadores), eliminando el 90% de sus aranceles de importación mutuos (previendo la eliminación del 10% restante para 2020), y metiendo una cuña en los proyectos integracionistas continentales animados por Brasil (los cuatro "pacíficos", tienen una población de 210 millones, contra 200 millones en Brasil; un PBI de dos billones de dólares, contra 2,4 billones del brasileño). La iniciativa se inscribe en el marco de las negociaciones promovidas por Estados Unidos a favor del TPP (Asociación Trans-Pacífico) con países asiáticos (no China), y de Oceanía y América que poseen costas en el Pacífico, haciendo caso omiso de los acuerdos comerciales regionales de estos países. Los nueve países del proyecto TPP (que incluye a Chile y Perú) tienen un PIB de 18 billones de dólares (el 85%, de Estados Unidos) que superarían los 28 billones en caso de que se incorporen México, Canadá y Japón

La "movida" de inspiración yanqui aprovechó que los proyectos de "unión latinoamericana" agitados por el nacionalismo sudamericano no fueron muy lejos, e incluso retrocedieron. La Venezuela chavista abandonó la CAN (Comunidad Andina de Naciones) en 2006 -la CAN quedó restringida a Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador- y su posterior incorporación al Mercosur concomitante con el golpe de Estado que derrocó al gobierno de Lugo y produjo la exclusión temporal de Paraguay del bloque, y benefició principalmente a los contratistas brasileños, que ya obtuvieron un "Acuerdo de Complementación Económica" (octubre de 2014) exclusivamente favorable a Brasil, por encima de las instituciones y acuerdos del Mercosur. El ingreso de Venezuela sería interesante si permitiese acuerdos bilaterales, de intercambio de energía, con base aprecios más bajos a los internacionales, inversiones industriales a gran escala, con créditos baratos y de largo plazo. Esta es una perspectiva más allá del alcance de las burguesías nacionales, por sus rivalidades y por la presión del capital financiero internacional

Los gobiernos bolivarianos se vanaglorian de una supuesta integración sin precedentes en la historia continental, pero su palabrerío carece de sustancia, como lo demuestra un retroceso del Mercosur, envuelto en disputas comerciales (desde 2011, Argentina aplica aranceles de importación no automáticos a 600 productos). El propósito del bloque creado en 1991 era negociar una mayor integración en el mercado mundial de sus países, lo que terminó en un fracaso (sólo se firmó un acuerdo de libre comercio... con Israel). Brasil y Argentina incorporaron a Venezuela al Mercosur, una medida sin contenido: la postulada integración energética del bloque resultó ser una ilusión. Las crisis mundiales son una oportunidad para los países de desarrollo atrasado, pero para eso se necesita una política independiente de la burguesía nacional, obligada a actuar bajo la presión de la crisis debido a su dependencia del capital internacional. Más que nunca las economías latinoamericanas dependen de un puñado de materias primas agrícolas y minerales. La integración latinoamericana, que propicia especialmente Brasil, refleja los intereses de las grandes contratistas de obras de infraestructura, vinculadas a las inversiones de capitales mineros internacionales y en estrecha relación con los capitales de maquinaria pesada de Estados Unidos.

El nacionalismo no consiguió superar sus limitaciones localistas y la competencia éntre las burguesías del continente. La propuesta de "integración de los ejércitos" es reaccionaria: las castas militares no dejan de ser un cuerpo ajeno a cualquier control social, e incluso a cualquier control real por parte de las instituciones dizques representativas. En los países favorecidos por las exportaciones de combustible (gas y petróleo), el nacionalismo usó a las nacionalizaciones, no para transformar a los trabajadores en clase dominante, sino para impedir su organización independiente, y someter sus organizaciones a la tutela del Estado. La COB boliviana se sometió al gobierno de Evo Morales, cuya estabilidad se basa en las ventas de gas a Brasil y Argentina, y en el aumento de 32% de las tasas y regalías que las empresas extranjeras productoras deben pagar al Estado desde 2006. En Venezuela, el gobierno se empeñó en estatizar el movimiento sindical. En general, las nacionalizaciones parciales y los aumentos de recaudación sirvieron como pretexto, en los sindicatos y la izquierda, para abandonar la independencia de clase y sumarse al Estado nacionalista. Sometidas al Estado nacionalista-caudillista, las nacionalizaciones y las "islas de autogestión" (que deben competir comercialmente con las empresas capitalistas) concluyeron reforzando el capitalismo y la explotación. La Venezuela post-Chávez, afectada por la caída de los precios del petróleo, se hundió en una inflación del 65%, acompañada de recesión, que proyecta la sombra de un default financiero. El movimiento golpista de oposición tropieza con su división interna, que refleja la división misma del imperialismo yanqui (extremistas republicanos contra Obama y los demócratas) sobre la política a seguir, considerado la identidad chavista de las Fuerzas Armadas.

La nacionalización integral de los recursos naturales y energéticos es la precondición para una integración latinoamericana que no sea un instrumento de competición entre los monopolios (como la fallida Alca y el Mercosur). Sin esa condición, los proyectos unificadores (como el gasoducto del sur) no saldrán del papel. Las nacionalizaciones fueron condicionadas favorablemente por el aumento de los precios del combustible y de los minerales, o sea, por la posibilidad de distribuir la renta diferencial entre el capital externo y el Estado. Había (hasta sobraba) dinero para satisfacer a todo el mundo. Pero no sirvió para modernizar la explotación de los recursos naturales, consumiendo improductivamente el capital invertido. Con base en los recursos extraordinarios, Venezuela y Bolivia impulsaron importantes campañas de salud y educación, pero no avanzaron en sentar las bases económicas de la autonomía nacional, para sustentar en el largo plazo los planes y programas sociales. Concluyeron dilapidando la renta extraordinaria (diferencial) de la producción minera, en la creencia de que los precios internacionales no caerían nunca. Sin embargo, el precio internacional del petróleo, que llegó a alcanzar los 150 dólares el barril, se despeñó a poco más de 50.

La caída de los precios de los hidrocarburos, como consecuencia de la crisis mundial, hizo entrar en crisis a las nacionalizaciones parciales, y abrió la vía para una nueva etapa de concesiones a los monopolios multinacionales. El ciclo de grandes recaudaciones fiscales está concluido. Las limitadas reformas fiscales, con aumento de los impuestos sobre el petróleo y el gas extraídos por las multinacionales, ofrecieron una ventaja pasajera en el marco de precios internacionales elevados. La crisis mundial amenaza en especial al gobierno nacionalista de Ecuador, cuyo petróleo financia, no sólo a la economía nacional, sino también la dolarización, mantenida hasta ahora. Ante la crisis del nacionalismo, la burocracia sindical latinoamericana carece de independencia política, subordinándose a las políticas de salvación del capital practicadas por los gobiernos. No defiende un programa independiente, proponiendo, por ejemplo, la nacionalización o el control obrero de las empresas quebradas. Las centrales sindicales sudamericanas apenas pidieron a los jefes de Estado de la región que exigiesen garantías, a las empresas que reciben apoyo estatal, para mantener los empleos.

En los países andinos, donde el movimiento “bolivariano” tuvo la mayor repercusión internacional, la peculiaridad del nacionalismo es el indigenismo, el protagonismo de las masas rurales desplazadas a las ciudades, donde ocuparon el lugar ocupado en el pasado por el proletariado industrial. Las ideologías indigenistas comprenden un vasto arco, desde el retorno al Inkario, hasta la preservación de las comunidades rurales originarías a partir de su base productiva (la pequeña propiedad). Pero fue la pequeña burguesía urbana la que impuso a la masa indígena su programa, el llamado “capitalismo andino”, que postula el entrelazamiento del medio agrario pre-capitalista con el capitalismo “global”, a través de la mediación del Estado. Así, se frustraron las promesas de una revolución agraria.

Divididos, y hasta enfrentados, los proyectos capitalistas “latinoamericanos” entraron en crisis. La moneda común Brasil-Argentina no pasa de un recurso contable para compensar saldos de pagos externos. La autonomía del Alba es desmentida por los compromisos simultáneos de sus países con otros acuerdos internacionales. El proceso capitalista opera en favor de la desintegración de América Latina. Brasil reforzó su alianza financiera con Estados Unidos y redujo el consumo y el precio del gas boliviano. La Unasur es un proyecto de la burguesía brasileña para “integrar” una industria militar regional bajo su control, y para impulsar gastos en infraestructura para sus empresas constructoras privadas. La Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños)es un ámbito de parloteo que ni siquiera consigue pronunciarse contra los golpes (Paraguay, Honduras), contra el bloqueo a Cuba o por el retiro de las tropas extranjeras de Haití, ni hablar del retiro de las bases militares (Washington aumentará el contingente militar en el Perú de 125 a 3.200 soldados a partir del 1° de septiembre) o el fin de las maniobras navales norteamericanas. Las banderas “integracionistas” fueron convirtiéndose en ficción política. El nacionalismo burgués fracasa nuevamente, como en el pasado, ahora en el marco de una crisis mundial inédita.

Con el impacto de la crisis mundial (y con la elección de Obama) se reclamó insistentemente el “fin de la guerra fría en América Latina”. El apaciguamiento entre Estados Unidos y Cuba, la normalización de las relaciones entre Cuba y la Unión Europea, sirvieron para estabilizar políticamente a América Latina, oponiendo la integración política de Cuba a la revolución latinoamericana, ofreciendo el fin del aislamiento de Cuba. El destino de Cuba está, más que nunca, inserto en el contexto latinoamericano, y también en su propia crisis política interna, contextos que el gobierno de Raúl Castro intenta “navegar” proponiendo una especie de “vía china”, con un papel central de las Fuerzas Armadas (que controlan más del 60% de la economía cubana). El contexto para una transición al capitalismo, como la ocurrida en Rusia y China, cambió internacionalmente: el mercado mundial se volvió demasiado estrecho como para admitir a un nuevo competidor (aunque pequeño, como Cuba). El contexto ideológico internacional no es más el del “fin del comunismo”, como en 1989-1991. Reivindicar el fin del bloqueo norteamericano y el reconocimiento incondicional de la autodeterminación nacional cubana (comenzando por la devolución de Guantánamo y la salida de las tropas yanquis de la isla) pondría a Cuba en contacto directo con la lucha social latinoamericana, no sólo con el capital mundial.

Las Farc colombianas se transformaron en un factor de crisis política internacional y de movilización bélica regional. Chávez, antes de su muerte, apoyó el “intercambio humanitario” de rehenes y el reconocimiento del carácter de fuerza beligerante a las Farc para después invitarlas a desarmarse y liberar incondicionalmente a sus rehenes, reconciliándose con la derecha, una presión para el desarme unilateral de la guerrilla. La experiencia de lucha armada de las Farc (las cuales llegaron a controlar casi un tercio del territorio colombiano) está políticamente agotada, pero esto está siendo usado para dar una victoria política a los paramilitares colombianos, que entraron al gobierno para borrar su pasado criminal y reciclarse en el “Estado de derecho”. Las negociaciones de paz que se llevan a cabo en Cuba, bajo el patrocinio del gobierno castrista, se integran en este marco político reaccionario. En América Central, las guerrillas (FSLN y FMLN) abandonaron las armas para sumarse a la “política institucional” (burguesa) y administrar el Estado capitalista.

En el gigante de América del sur, el cuarto mandato presidencial del PT comenzó bajo el signo: a) de la crisis económica y política; b) de la tentativa de orquestar un ataque estructural contra las conquistas laborales y las condiciones de vida de los asalariados brasileños, con vistas al “equilibrio fiscal” y la rebaja del “costo Brasil” (recuperación de la tasa de ganancia), para generar una nueva corriente de inversiones externas e internas. Las exportaciones de manufacturas (base principal de la producción industrial) se situaron, en 2014, en 6.000 millones por debajo de 2008, un retroceso absoluto del 17%. La balanza comercial tuvo un déficit de 3.930 millones de dólares, el primero en 14 años. El déficit comercial en bienes industriales (importaciones/exportaciones de bienes manufacturados) subió 150% en cinco años (sólo Arabia Saudita estuvo peor en la economía mundial. La reprimarización de la economía brasileña está cobrando su precio, económico y también ambiental: la extracción sin freno de minerales, la producción de soja o soya y pollo está dañando sin retorno a los ecosistemas, en especial a los acuíferos. Los indicadores industriales de producción, facturación, uso de la capacidad instalada, etc., se dirigen hacia abajo. La industria automovilística brasileña va a operar este año, y también en 2016, con un 50% de su capacidad instalada. En el balance económico de los primeros cuatro años de Dilma Roussef, el crecimiento acumulado del PBI cayó de 19,6% a 7,4% (una reducción del 60% con relación a Lula I y II), la tasa de inflación acumulada aumento de 22% a 27% (un aumento del 20%); el déficit acumulado en cuenta corriente pasó de 98.200 millones a 268.000 millones, un aumento de 170%.

Dilma Rousseff buscó absorber la presión de los “mercados”, cuya principal preocupación es que el país tenga capacidad de honrar el pago de la deuda externa y aumentar los “incentivos” para que el capital especulativo no escape. Entre los “incentivos” no figuran solamente el congelamiento de salarios y la reducción de los gastos sociales. Un lugar importante es ocupado por la liberalización del comercio exterior y el cambio de la política petrolera. Los esfuerzos del gobierno para firmar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, para debilitar el Mercosur y “liberar” la política brasileña de Argentina fueron hasta ahora bloqueados por los gobiernos de Argentina y Uruguay. En la cuestión del petróleo, el gobierno de Dilma cedió a la presión para que Petrobras atendiese los intereses de sus accionistas privados (aumento del precio de la nafta y una política de mayores ganancias y distribución de dividendos). La deuda pública de Brasil supera el 60% del PBI; peor es la situación de la deuda privada, que está cerca del 100% del PBI. Pese a los superávits primarios, que totalizaron, entre 2002 y 2013, en valores corrientes, R$ 1,082 billones, la deuda externa ascendió a casi tres billones de reales (1,2 billones de dólares). En este cuadro, la entrada del capital especulativo, para aprovechar la diferencia de las tasas de interés brasileñas con respecto a las de los mercados internacionales, fue fuerte en los últimos años, pero ahora enfrenta una reversión de la tendencia. La fuga de capitales ya resultó en una significativa devaluación del real, alrededor del 30%

El escándalo de corrupción de la mayor empresa del país, Petrobras, adquirió dimensiones imprevistas, afectando inclusive a las cuentas públicas: la empresa (cuyo valor de mercado cayó de 410.000 millones de reales en 2011 a 160.000 millones actualmente) es responsable por el 10% de la recaudación de impuestos del país. Según Merril Lynch, el escándalo va a costar un 0,86% del PBI. El esquema de propinas multimillonarias para la concesión de contratos públicos, envuelve a las nueve mayores empresas constructoras del país (Camargo Correa, Engevix, Galvão, Mendes Júnior, IESA, OAS, Odebrecht, Queiroz Galvão y UTC). El banco Morgan Stanley calculó que las pérdidas de la petrolera, debido al esquema, serían de 21.000 millones de reales (aproximadamente 8.000 millones de dólares). En torno a Petrobras gira la industria de la construcción naval, la construcción pesada y otros segmentos de la economía brasileña. Las nueve empresas participantes del esquema corrupto (el “cartel”) facturaron, en 2013, 33.000 millones de reales con contratos públicos, financiaron candidatos a diputados con 721 millones, y candidatos a senadores con 274 millones: el 70% de los congresistas electos en 2014 recibieron donaciones de las grandes empresas. Más de la mitad de los miembros de la comisión parlamentaria de investigación (CPI) del petrolão recibieron donaciones millonarias de las empresas sentadas en el banquillo de acusados. El “club” tenía 16 socios fijos, y seis empresas “ocasionales”. En una demostración de “soberanía” el Procurador General de Brasil, Rodrigo Janot (amenazado de muerte), fue a buscar ayuda para las investigaciones al FBI norteamericano. Las voces que reclaman la completa privatización de Petrobras ya se hacen oír. Pero todavía no las que reclaman su completa estatización bajo control obrero.

La caída de los precios internacionales del petróleo sería, para algunos analistas, la gran oportunidad para una reactivación de la economía mundial, pero en realidad lo que se anuncia es un período catastrófico para los países que sobreviven gracias a las ganancias de la extracción mineral. El barril de petróleo había subido hasta 150 dólares, con una caída muy fuerte en 2009, que llevó a una cotización media de 100 dólares, antes de la caída actual hasta 50-55 dólares. La caída en los precios internacionales repercute poco en los precios internos, siendo inocua para reactivar el consumo final. La mayor parte de los gobiernos del mundo precisa de los impuestos a los combustibles para hacer frente al pago de la deuda pública y el rescate de los bancos. Mientras el precio actual continua elevado, su impacto negativo sobre la tasa de ganancia de las compañías petroleras es muy fuerte, debido al aumento de costos que acompañó la elevación de los precios, por la distribución de la renta entre todos los sectores que intervienen en la producción, por la incorporación de yacimientos que exigen procesos más caros, o por el incremento de las inversiones. La caída mundial del precio del petróleo replica la de todas las materias primas, de los minerales y de los alimentos. Esto modifica el curso de la crisis económica mundial, porque pega de lleno en la periferia, en el mismo momento en que la crisis se hace más aguda en Europa y Japón.

La caída del precio internacional del petróleo fue atribuida a la caída de la demanda de China y Europa, al fuerte aumento de la producción de combustibles no convencionales en Estados Unidos y a una recuperación de la producción en Libia e Irak. La crisis de sobreproducción en China es decisiva, porque el país es un factor fundamental en la expansión del mercado mundial. La ganancia del sector petrolero había abierto espacio para la producción costosa de gas y petróleo no convencionales en Estados Unidos. En el mercado norteamericano el precio del gas cayó hasta el límite de la rentabilidad de su explotación. La disminución del precio de la nafta -y el del gas para la industria y la calefacción- es anulada por el cierre de yacimientos cuya productividad es declinante. El boom de combustibles en Estados Unidos fue impulsado por las bajas tasas de interés, que permitieron financiar inversiones que con tasas mayores hubieran sido prohibitivas. Los eslabones débiles de la crisis petrolera internacional son Brasil, Rusia y Venezuela. Los costos de Petrobras y de PDVSA superan los precios internacionales actuales del petróleo; en estos niveles, ambas empresas serían inviables. El problema es que, además de eso, poseen deudas gigantescas y son fuentes de financiamiento de Estados con deudas aun mayores. Las acciones de Petrobras cotizan a menos de la mitad de su media histórica.

En Brasil, el déficit público alcanzó el 5% del PBI en 2014, el mayor nivel desde 2003. El déficit comercial y en cuenta corriente son los peores de los doce años de gobierno del PT. El déficit de las cuentas externas alcanzó el 3,7 del PBI, 83.560 millones de dólares, un nivel que no era alcanzado desde 2001-2002 (cuando la crisis de Argentina). Gruesos sectores del gran capital brasileño comenzaron por esto a proponer un cambio del eje económico externo. Luiz Alfred Furlan, representante del agro-negocio (y ex ministro de Lula) propuso abiertamente la salida de Brasil del Mercosur y la firma de acuerdos bilaterales con Estados Unidos y la Unión Europea. El 10%, más rico, de los habitantes continúa teniendo el 60% de los ingresos; el 0,5% de la población tiene el 20% de la renta nacional. La desigualdad social se mantuvo estable durante la era Lula-Dilma, presentando una ligera tendencia a aumentar. Sin hablar de que basta mirar alrededor para constatar las pésimas condiciones de vida de la inmensa mayoría de la población brasileña, que en las últimas décadas no avanzó, por el contrario, en materia de saneamiento básico, salud y educación, vivió un deterioro que fue el detonante de las jornadas de lucha masivas de junio de 2013.

El anuncio del equipo económico del nuevo gobierno recibió las bienvenidas del gran capital. Joaquim Levy fue, entre 2010 y 2014, el presidente de Bradesco Asset Management, el cual administra más de 130.000 millones de dólares. En la Universidad de Chicago fue discípulo del equipo de Milton Friedman, jefe de los “Chicago Boys” y padre declarado del neoliberalismo mundial. Como responsable político del Fondo Monetario Internacional (entre 1992 y 1999), Levy fue abogado y ejecutor de programas de austeridad en los más diversos países. Durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, Levy actuó como estratega económico, envuelto en la privatización de empresas públicas y en la liberalización del sistema financiero, que facilitó la fuga de 15.000 millones de dólares anuales. Levy es un miembro eminente de la oligarquía financiera de Brasil. En otra cartera estratégica, Kátia Abreu, en el Ministerio de Agricultura, sostiene que el latifundio no existe en Brasil. Fue dirigente de la Confederación Nacional de Agricultura y, desde Tocantins, es agente del lobby de la soja, otro sector en caída libre internacional.

En el área laboral, el seguro de desempleo, la pensión por muerte y otros beneficios sociales básicos, serán mucho más difíciles de conseguir. Los privilegios fiscales a las empresas, practicados desde 2008, no revirtieron la política de despidos, al contrario, la acentuaron. Un cruzamiento de datos demostró que 5.500 millones de reales (el 23,1% de un monto impositivo sobre la industria de 23.800 millones) dejaron de ser pagados por sectores empresariales que despidieron más de lo que contrataron desde 2012. Y Levy propone no sólo mantener las rebajas, sino también profundizar las facilidades para despedir. La capacidad instalada de la industria está en su peor nivel de utilización media desde 2009, siendo que las siderúrgicas, con un 68,6% de uso de su capacidad productiva, son los que más empujan el índice para abajo. Se abrió en Brasil una nueva fase de lucha de clases. En el alba del nuevo año, los trabajadores de Volkswagen del ABC paulista entraron en huelga por tiempo indeterminado por la reincorporación de 800 despedidos. La empresa incumplió el acuerdo firmado en 2012, que preveía la estabilidad de los empleados hasta 2016. Otros 244 trabajadores fueron despedidos en Mercedes Benz. El 12 de enero, los metalúrgicos del ABC realizaron una gran manifestación: más de 20.000 personas ocuparon los carriles de la ruta Anchieta, con trabajadores de Volkswagen, Mercedes, Karmann Ghia. Los metalúrgicos de Volks mantuvieron el movimiento hasta que la patronal reculó con los despidos (el sindicato admitió, sin embargo, un plan de retiro voluntario). En São José dos Campos, una huelga de seis días de los obreros de General Motors también barrió los despidos.

En México, la masacre de 43 estudiantes de entre 18 y 21 años, confesado por traficantes de drogas detenidos (revelación que los padres de las víctimas se niegan a creer hasta que haya pruebas) en la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, en el estado de Guerrero, cuando policías locales atacaron alumnos de la combativa Escuela de Magisterio de Ayotzinapa, por orden del ahora intendente detenido, para evitar protestas durante un acto oficialista, suscitó un amplio movimiento de repudio nacional, que la represión no consiguió hacer retroceder. Después de casi un mes y medio, la Fiscalía General mexicana quiso cerrar el asunto basada en la confesión de tres chivos expiatorios ofrecidos por el narcotráfico, pese a la clara implicación de la policía y hasta del ejército en la masacre. La movilización no se detiene y puede llevar a la crisis al gobierno del PRI (Peña Nieto) y su complaciente oposición, llevando a la desestabilización política a este inmenso país que tiene frontera con todo el sur de Estados Unidos, donde la mayoría de la población es de origen mexicano o latinoamericano. El salario mínimo de México, país integrado a la economía de Estados Unidos a través del Nafta, es el más bajo del continente. En junio habrá elecciones parlamentarias: la crisis política mexicana recién comienza, con una proyección internacional explosiva. Inclusive sobre su vecino del sur, la Guatemala gobernada por el general genocida Otto Pérez Molina, quien gobierna sobre la base de estados de sitio regionales (o de asesinatos de líderes campesinos e indígenas) para mantener el 60% de las tierras cultivables del país en manos de empresas extractivas multinacionales.

En el otro extremo de América Latina, en Argentina, la muerte (probablemente asesinado) del fiscal de la causa Amia (el atentado de 1994 contra la asociación mutualista judía, que dejó más de 400 víctimas, 85 mortales), sistemáticamente encubierta por los gobiernos de los últimos veinte años, está exponiendo la descomposición asesina de los servicios secretos heredados de la dictadura militar, intocables por la “democracia”, y su complicidad con los servicios de inteligencia extranjeros (principalmente la CIA y el Mossad), configurando una crisis en la propia columna vertebral del Estado. En el medio de la crisis política e institucional, se proyecta políticamente el Frente de Izquierda encabezado por el Partido Obrero, una alternativa de carácter clasista y revolucionaria, proyección confirmada por las elecciones de Mendoza (las elecciones generales serán en octubre de este año). Argentina refleja una situación en que las condiciones objetivas (económicas, sociales y políticas) del continente, en el marco de la crisis mundial, abren la posibilidad para la construcción de una alternativa de izquierda revolucionaria.

jueves, 25 de julio de 2013

Un Papa militarizado (la soga y el ahorcado)


Un Papa militarizado (la soga y el ahorcado)

Es bajo una protección bastante poco divina que Francisco inició su visita a la bella Rio de Janeiro. Las crónicas dan cuenta de que la “cidade maravilhosa” recibió al Papa “absolutamente militarizada”. El cuadro es el de un “escenario de guerra”: a los 13.700 efectivos de las Fuerzas Armadas y federales se agregaron otros 14.000 soldados de la policía militar “estadual” (provincial).

Se ve que el mensaje que el obispo de Roma dijo aportar requiere una custodia bastante poco celestial: “Semejante emplazamiento de hombres armados hasta los dientes tiene como objetivo la ‘disuasión’ no tanto de los eventuales terroristas como de los manifestantes que se pueden animar a aparecer en los actos que protagonice el líder católico” (Clarín, 20/7). No se trata de una improvisación: el secretario de Seguridad carioca planteó que las fuerzas de seguridad implementaron una “nueva estrategia” a partir de las multitudinarias protestas recientes en el país vecino. En estas movilizaciones, en particular en Río, la novedad fue que muchachos y chicas de la clase media manifestaron con jóvenes de las favelas, “unidos en la bronca común contra el gobernador por la brutal represión que descargara contra la movilización popular” (ídem). Nada improvisado: un habitante de la mayor favela de Río que visitará Francisco en estos días declaraba a la prensa que el temor por la dictadura de los narcos había sido sustituido, hace tiempo, por la dictadura de la policía que ocupó el territorio (rediseñando los acuerdos entre narcos y uniformados).

Nada de esto es desconocido por Bergoglio. Los hombres del Vaticano que diseñaron el viaje admitieron que el Epsicopado brasilero trazó la “línea”: buscar un “equilibrio” que evite ahondar el abismo abierto entre las masas y el gobierno de Dilma. Este papel de “rescatista” del Papa no es un favor gratuito: los hombres del clero necesitan del poder político para rescatar a una Iglesia que reúne en Brasil a la mayor cantidad nacional de feligreses del mundo, pero que se encuentra en un feroz retroceso. En las tres últimas décadas, el porcentaje de los que se declaran católicos cayó de más de un 90% de la población a menos de un 70. Bergoglio fue a Brasil a “intentar darle nueva vida a la Iglesia”, admitió su biógrafo y amigo connacional Sergio Rubin. Detrás de la fastuosa cobertura mediática se oculta, por lo tanto, el derrumbe que deben pilotear los dos “actores” de este encuentro: el jefe de la Santa Sede y la devaluada sucesora de Lula, temerosa de aparecer en público para no quedar expuesta al repudio. Hay algo en este escenario que recuerda el aforismo sobre la soga que sostiene al ahorcado.

Vaticano

Es que son tiempos de crisis. No había puesto Bergoglio el pie en el vuelo de Alitalia a Brasil cuando un renombrado vaticanista italiano –Sandro Magister– del semanario L’Espresso puso en blanco sobre negro los oscuros antecedentes de monseñor Batista Ricca, un amigo de Bergoglio, nombrado semanas atrás para poner orden en los criminales negocios del IOR, el Banco Vaticano. Resulta que Ricca fue embajador del Vaticano en Uruguay desde 1999, a donde llevó a su pareja, un capitán suizo llamado Haari. “La intimidad entre Ricca y su amante escandalizaba a obispos, sacerdotes y laicos; incluso a las monjas que se ocupaban de la Nunciatura rioplatense”. Para tapar el caso, don Ricca fue transferido a Trinidad Tobago, desde donde más tarde regresó al Vaticano. Mientras tanto, la “curia romana” se encargó de limpiar el prontuario del hombre y ahora se dice que todo fue un “complot” contra Francisco. Ay, mi Dios (si existiera). El colapso vaticano tendrá proporciones gigantescas. Tan grandes como las concentraciones que se anuncian ahora en las playas, por donde anduvo la garota de Ipanema.


Pablo Rieznik

Brasil: lo que está y lo que se viene


Brasil: lo que está y lo que se viene

El paro general del 11 de julio no fue una continuidad de las masivas movilizaciones populares de junio. Muy parcial en la mayoría de las grandes ciudades, casi inexistente fuera de ellas, no consiguió parar –con excepción de Porto Alegre– el sistema de transportes. Los pocos cortes de rutas y avenidas fueron realizados por un número pequeño de personas. Las manifestaciones callejeras fueron muy bajas en relación a las multitudinarias marchas de junio: 8 mil personas, como máximo, en la Av. Paulista (San Pablo). Buena parte de los manifestantes había recibido dinero para participar y hasta un extra si ayudaba a cargar una bandera o cartel. La jornada, sin embargo, había sido convocada por las siete centrales sindicales del país, algunas (CUT, Fuerza Sindical) con enormes recursos financieros. En los pocos lugares en que hubo actividades combativas (Fortaleza, Porto Alegre, San José dos Campos, Belém, Natal), fue notoria la actividad de la CSP-CONLUTAS, a pesar de que sólo representa el 2 por ciento del movimiento sindical.

El PSTU, sin embargo, concluyó que “el 11 de julio fue la continuidad de las manifestaciones de junio” (Opinión Socialista, 17/7), lo que ni el estudiante menos informado se atrevería a decir. Los movimientos responsables de las jornadas de junio, el MPL en primer lugar, ignoraron el paro. La CUT, a su vez, pagó a sus “manifestantes” para que cargaran banderas (industrialmente confeccionadas) de apoyo al gobierno, las que dominaron los actos públicos (en junio, no se vio ninguna siquiera parecida).

La respuesta de Dilma Rousseff a “la voz de las calles” quedó reducida a la nada. La promesa de consagrar el 100 por ciento de los royalties del petróleo de alto mar (menos del 8 por ciento de la renta petrolera, en manos del capital privado internacional) fue mutilada y postergada por el Parlamento. La “reforma política”, anunciada como asamblea constituyente y después reducida a una modificación reaccionaria de un par de mecanismos electorales, fue simplemente enterrada en el Congreso Nacional. Dilma, que no tuvo tiempo para ir a la reunión de la Dirección Nacional del PT, lo tuvo para recibir públicamente a un representante parlamentario del PSOL, quien le manifestó su apoyo. Frente al obvio vendaval de críticas, el PSOL emitió un comunicado distanciándose de su diputado, pero apoyando la (enterrada) reforma política. Los principales partidos de izquierda se han puesto en la ruta de la divergencia o la colisión con el movimiento popular.

Lula salió de su mutismo (desde las páginas del New York Times), para caracterizar las movilizaciones como producto del progreso de la última década: los coches particulares habrían invadido las calles, entorpeciendo el transporte público. Ni una palabra sobre los lucros y los monopolios del transporte privatizado. Llamó también –era necesario– a una “renovación del PT”. La reunión de la dirección de éste, a mediados de julio, fue un episodio de crisis: manifestó su insatisfacción por la ausencia de Dilma y oficializó nueve listas para las elecciones internas del 10 de noviembre, con seis candidatos a presidente del partido. La izquierda del PT, un aparato ajeno al movimiento popular, apostó todas sus fichas en ese proceso.

Toda la porquería acumulada del Estado (régimen) brasileño está ahora apareciendo. Los poco más de 5.500 municipios del país usan nada menos que 510 mil “cargos de confianza” (ñoquis), muchos con salarios mensuales superiores a los 10 mil dólares. Mientras tanto, profesores y médicos municipales padecen salarios de hambre, para no hablar de la infraestructura. La corrupción y la crisis económica se cruzan en el BNDES, el banco estatal cuya cartera de créditos al sector privado aumentó de 25,7 mil millones de reales (12 mil millones de dólares) en 2001 a 168,4 mil millones de reales (84 mil millones de dólares) en 2010, con una tasa decreciente de la inversión privada, actualmente igual a cero. La mayoría de las empresas beneficiadas registra pérdidas o se encuentra en quiebra. La más importante es la EBX de Elke Batista, el “capitalista de Lula”, beneficiaria de 10,5 mil millones de reales de dinero público. La crisis capitalista está iluminando el agujero negro de la corrupción brasileña.

El papa Francisco viene al “más grande país católico del mundo”, en el que la proporción de católicos cayó del 92% en 1970 al 65% en 2010, en beneficio de las mafiosas sectas evangélicas que han gobernado el país en la última década junto al PT. Viene también a contener el movimiento juvenil, desviándolo. También para llamar al gobierno petista a “escuchar la voz de la calle” –abriendo más espacio para la Iglesia católica y reduciendo el de los evangélicos. Los “teólogos de la liberación” (los hermanos Boff, Frei Betto) se sumaron calurosamente a esa operación político-religiosa. El Vaticano le metió la cuenta de los inmensos gastos papales en Brasil al Estado y los evangélicos presionaron al gobierno para que los redujera, en una contienda pública. La izquierda, aquí, mira para otro lado.

Frente al inmovilismo político, el PMDB busca transformarse en el eje del régimen, reafirmando su alianza con el PT y el apoyo a Dilma, al mismo tiempo que bombardea en el parlamento todas sus iniciativas políticas. En las actuales condiciones, es casi un juego de ruleta rusa. Las centrales sindicales han marcado un nuevo paro general para el 30 de agosto. Aislado y sin conexión con cualquier plan de lucha de conjunto, la jornada será un nuevo saludo a la bandera. La juventud en lucha anda por otros caminos. Después de Belo Horizonte, los jóvenes de Porto Alegre –organizados en un “Bloque de Lucha” –, ocuparon la alcaldía, de la que sólo se retiraron mediante un compromiso escrito de pasaje gratuito en ómnibus y trenes para estudiantes y desempleados, sin desgravación impositiva de las empresas concesionarias. El caldo está fermentando. La victoria por puntos en el primer round puede transformarse en nocaut del gobierno en los próximos asaltos.


Osvaldo Coggiola