Opción Obrera es la sección venezolana de la CRCI (Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional)

Propulsamos el desarrollo de una política proletaria al seno de los trabajadores tras su independencia de clase y una organización de lucha para su liberación de la explotación e instaurar El Gobierno de los Trabajadores, primer paso hacia el socialismo.

Ante la bancarrota capitalista mundial nuestra propuesta es que:


¡¡LOS CAPITALISTAS DEBEN PAGAR LA CRISIS!
¡LOS TRABAJADORES DEBEN TOMAR EL PODER!



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lunes, 16 de noviembre de 2015

Francia, después de la masacre


Francia, después de la masacre

París sin cafés, sin cines, sin museos, sin gente en la calle. Ese era el espectáculo en la gran ciudad luego de los atentados terroristas en cadena, con 130 muertos hasta ahora, y centenares de heridos.

París y Francia han sido sumergidos por la barbarie de la guerra imperialista, por la dislocación política, por los llamados al exterminio.

Los atentados golpearon directamente a la población en un concierto de música, en las terrazas de los cafés, en las calles, en el estadio de fútbol, con el objetivo bien preciso de aterrorizar. A diferencia de lo ocurrido en enero -Charlie Hebdo- los atentados se produjeron en lugares públicos, para que murieran centenares de personas sin identidad previa.

La condena no debe tener ningún atenuante, pero los discursos sobre el país y la ciudad de los derechos del hombre ocultan los crímenes de la burguesía francesa. En octubre de 1961, la policía asesinó centenares de personas en las calles y los cadáveres fueron arrojados al Sena. Eran argelinos que apoyaban la lucha por la independencia. La aviación francesa bombardea pueblos y ciudades de Africa, Irak y Siria pero esos poblados están lejos, el Estado francés sostiene al Estado sionista y avala las masacres del pueblo palestino. En los últimos 50 años, la población parisina parecía inmune y ajena al rol de su burguesía y al hecho que París es un centro imperialista, económico, político y militar.

Sarkozy y Hollande han acentuado este rol con las intervenciones militares en Libia, Malí, Irak y Siria. Bush desencadenó la guerra iraquí y dio paso a la generalización de la intervención militar imperialista; Sarkozy y ahora Hollande decidieron sumarse a la cruzada. Irak, Libia y Siria son países en los cuales la intervención imperialista liquidó las estructuras estatales y promovió el caos actual, en el que se suceden las masacres de la población civil, se desintegra todo elemento nacional y se proclama el derecho al pillaje de las riquezas. Este caos ha desembarcado en París.

El Estado Islámico reivindicó el atentado y no dejó de estigmatizar a París como la ciudad de las "abominaciones y la perversión". Como señalan los observadores y analistas que guardan algo de sentido crítico, esta reivindicación es apenas un elemento de propaganda y las preguntas que hay que formularse se refieren a quienes crearon a EI: ¿Qué está haciendo Arabia Saudita, socio inalterable de Estados Unidos, y a quién financian sus múltiples clanes? ¿Cuáles son las provocaciones que organiza y/o precipita el Estado sionista? ¿Cuál es el papel del actual gobierno turco? ¿Cómo se atizan los enfrentamientos religiosos? La responsabilidad comprende al conjunto del imperialismo, sus aliados y sus peones. Putin se suma al concierto y en estos mismos días avanzan las negociaciones en Viena sobre Siria, entre todas las potencias.

Existe una unión sagrada que protege la masacre permanente del pueblo palestino o del pueblo kurdo, que busca aplastar toda rebelión por sus derechos nacionales. La intervención imperialista es contraria a toda reivindicación nacional progresiva. El imperialismo francés quiere jugar su rol al respecto y queda subordinado a los movimientos e intereses de la potencia dominante, los Estados Unidos.

"En guerra"

Los atentados han sido la palanca para que el gobierno francés acentúe su política militarista. "Quiero decirles a los franceses que estamos en guerra", insistió una y otra vez el primer ministro en la televisión. El presidente Hollande proclama la "unión nacional" y reúne en forma extraordinaria al Congreso (diputados y senadores) para cerrar filas. El Frente Nacional apoya la política del Presidente y pide simplemente más firmeza. En una situación de crisis, hay que soldar el bloque reaccionario. Otra cosa es que lo consiga. El gobierno Hollande-Valls está en retirada y se apresta a una derrota electoral enorme en las elecciones regionales de diciembre. Francia puede entrar, ella misma, en un periodo de disgregación política.

Las reacciones de las organizaciones del movimiento obrero y de la izquierda "institucional" han sido deplorables. La condena de los atentados sirve de pretexto para sumarse a la "unión nacional". El conjunto de las confederaciones sindicales condenan el terrorismo, proclaman que seguirán luchando por la democracia, la paz y las libertades y omiten toda referencia al gobierno: las intervenciones militares y la guerra social simplemente no existen. Las huelgas previstas esta semana han sido anuladas (la de las finanzas públicas el 18 y la de los controladores aéreos el 17, entre ellas). La manifestación del personal de los hospitales del martes 17, como todas las manifestaciones, ha sido prohibida.

El Partido Comunista y el Partido de la Izquierda se han sumado a la "unión nacional". Lutte Ouvrière y el NPA han condenado los actos de terrorismo y denuncian la política imperialista del gobierno. No aceptan alinearse detrás del gobierno y del Estado en esa "unión nacional".

Roberto Gramar desde París



jueves, 1 de diciembre de 2011

LA CAÍDA DE GADAFI Y SU PERCEPCIÓN EN VENEZUELA


LA CAÍDA DE GADAFI Y SU PERCEPCIÓN EN VENEZUELA

La forma en que las masas terminan con los dictadores suele ser similar a la que ellos utilizaron

Estas fotos que observas un poco más abajo no son ni gratuitas ni inocentes. Son un fiel testimonio de un individuo que gobernó un país durante décadas y terminó sus días asesinado por sus opositores. Fotos que revelan la delgada línea que separa -y separaba-  a quienes se decían sus amigos, porque a la hora de las definiciones, todas estos figurones terminaron soltándole la mano cuando vieron que la cosa era en serio, que no era un levantamiento aislado, cuando se asustaron al ver a un pueblo que se plantaba firme para decirle basta al régimen de Gadafy.

Cuando un líder cae en desgracia, el imperialismo ha aprendido muy bien que el camino que le queda para no quedar pegado en el apoyo es ayudándolo a caerse. Por eso la OTAN, por eso un Obama "democrático" que hasta ayer se deleitaba de tenerlo como compañero de ruta.



Tras la ejecución de Gadafi, se hizo público el nivel de compromiso político y económico que este dictador mantenía con sus ex amigos a lo ancho y largo del planeta. Hoy, una intelectualidad venezolana se muestra entre sorprendida y escandalizada cuando descubre al portador de un discurso antiimperialista que, bajo cuerda, hacía y deshacía lo contrario de lo que expresaba. Hoy, esa intelectualidad explica la asociación de Gadafi con los gobiernos criminales que integran la OTAN como “errores” aunque también hay quienes, dentro de este mismo riñón intelectual, devalúan su importancia al señalar que estas cosas "eran cuestiones menores".

Al igual que Gadafi, los reyes de Francia y los zares de Rusia fueron también ejecutados, los primeros en la guillotina los segundos ante un pelotón de fusilamiento. Ceausescu, el presidente de Rumania y su esposa, fueron también fusilados y las imágenes trasmitidas por la televisión a todo el país.

Gadafi fue quizás el dictador más extravagante por sus maneras de mostrarse en público, pero su cara oculta no difería de las formas del stalinismo, cometiendo miles de asesinatos, torturas, prohibiendo las organizaciones gremiales como los sindicatos y también las culturales, para terminar en el lugar común de muchos otros dictadores, para convertirse desde el 2004 hasta principios de este año,  en colaborador de la CIA norteamericana y el MI6 inglés, cuando no con el Mosad israelí traicionando a palestinos y a cuanto luchador de organizaciones que pensaban a Gadafi como aliado de causas populares.

“Estadounidenses y británicos cooperaron estrechamente en los últimos años con los servicios secretos del coronel Gadafi, a tal punto que la CIA entregó prisioneros al régimen libio para que fuesen interrogados. El diario británico The Independent y los estadounidenses Wall Street Journal y New York Times tuvieron acceso a archivos descubiertos por la organización de defensa de los Derechos Humanos Human Rights Watch (HRW) en un edificio de los servicios secretos libios en Trípoli”. Londres AFP. 4-09-2011.

Nada de esto tiene que ver con la Jamahiriya y la Revolución Verde, la primera etapa de Gadafy, que fue un intento nacionalista dentro del marco capitalista.

Como muestra de la posición de simpatizantes del chavismo, podemos citar el siguiente párrafo de una nota publicada en www.aporrea.org:

“En su última fase política, Gadafi, motivado por las mejoras económicas de su país, intentó un acercamiento con las principales potencias occidentales, enemigas desde siempre de su política nacionalista y antiimperialista. Trasladó inmensas fortunas nacionales como personales a la banca de estos países, financió campañas electorales de candidatos que luego fueron presidentes de países como Francia, y concedió importantes contratos para la explotación de los hidrocarburos libios por parte de empresas italianas y británicas. Muchos presidentes de los países del “primer mundo” se retrataban con él y lo llamaban “buen amigo”. Todo esto se hacia mientras le exigían desmontara su aparataje militar y mientras movilizaban gran poderío bélico alrededor de una Libia cada vez más vulnerable” (Juan Contreras 04/11/2011)

Escritos como este abundan, la benevolencia hacia Gadafi fue, por tanto, también hacia sus socios de la OTAN, hasta los días previos a la rebelión iniciada en marzo de  este año.

El nacionalismo termina postrándose al imperialismo

A excepción del estado cubano, el nacionalismo siempre se postra ante el imperialismo. El movimiento 26 de Julio tuvo una orientación nacionalista desde el principio, no luchaba por un gobierno de los trabajadores ni se planteaba el cambio hacia una sociedad  socialista. Tuvo que mantener su independencia respecto a cualquier acuerdo con el gobierno norteamericano y la única salida fue romper totalmente con él, realizando expropiaciones sin indemnizaciones y la nacionalización de la banca, es decir instaurando un gobierno de los trabajadores. Más tarde unificándose con el PSP fundó el Partido Comunista de Cuba con orientación stalinista. Hoy es todavía  necesario un direccionamiento que represente auténticamente a los trabajadores cubanos, comenzando con permitir la organización de los opositores que reivindiquen la revolución.

En Venezuela como en otros países, aún los pueblos no han podido superar la necesidad de depositar la esperanza de cambio en una sola persona,  que termina convirtiéndose en el líder que debe encarnar los sentimientos del pueblo, ser su vocero y solucionar los problemas del país. Conforme a la enseñanza tradicional los líderes son los que cambian  o hacen la historia  y las masas son simples sujetos pasivos que los siguen. Detrás de esto siempre hay un aparato que sostiene al líder, un ejército y una burocracia que se beneficia con su existencia. Los medios de difusión hacen el resto y todo funciona hasta que el proyecto comienza a desintegrarse y los aliados de entonces comienzan a despegarse y a alinearse en bandos opuestos. Como si fuera un simple fusible que entra en corto circuito, el líder cae para ser desplazado por otra figura de recambio, tal vez menos carismática pero imprescindible para continuar realizando las mismas políticas.

Para contrastar, Lenin se destacaba por su oposición a los liderazgos omnímodos y unipersonales. Por eso su lucha fue por la organización de las masas en un Partido de clase, con un pensamiento colectivo que debatiera las más disímiles posiciones y decidiera por mayoría cuál era el mejor camino a tomar. A esto se le llama liderazgo, al liderazgo democrático, a la instalación del debate colectivo.

Gadafi precisamente no solo evitaba esto sino que terminó siendo colaborador y operador de acciones criminales junto a los gobiernos europeos  y norteamericanos, en contra de las organizaciones que luchaban contra las intervenciones que sojuzgaban a los pueblos, y también colaborando contra la inmigración africana hacia Europa.

Es importante recordar que todo comenzó con los preparativos para el 17 de febrero: el “Día de la ira en Libia”, pero los acontecimientos se precipitaron con la detención el día 15 en Bengasi de Fethi Tarbel, abogado defensor de presos y principal acusador por la masacre de la prisión Abu Salim.

Cuando el movimiento se hizo fuerte, los socios europeos  y  americanos decidieron traicionar a Gadafy, al verlo impotente para continuar su dominio. El 17 de marzo el Consejo de Seguridad emitió el decreto 1973 sobre la zona de exclusión aérea y comenzó su intervención mediante bombardeos selectivos donde también la población insurrecta fue la más perjudicada. Los gobiernos de la OTAN, evaluaron la revolución al norte de África (Magreb y Mashreq) Gadafy estaba perdido, y declararon la conformación de un gobierno de exgadafistas para armar la contrarrevolución. Hoy, el paso para el gobierno de transición,  la CNT y sus jefes de los países de la OTAN es para desarmar al pueblo.

Cabe aclarar que La CNT impuso en Libia le Ley Islámica o Sharia, criticada por la izquierda venezolana, que dicho sea de paso también se aplica en Irán, pero tampoco es conveniente denunciar esto por los acuerdos de cooperación vigentes.

A. Rodriguez

martes, 29 de marzo de 2011

El Fracaso del Nacionalismo

Prensa Opción Obrera 19 - Marzo 2011

El Fracaso del Nacionalismo

En realidad todo ciclo nacionalista, como todo ciclo, tiene un auge, una permanencia y una caída. El nacionalismo es el enfrentamiento de un país subordinado como suministrador de materias primas al o los países dominadores para mejorar su ingreso o renta. Tiene siempre un límite al no trascender el marco burgués del Estado, ante lo cual el gobernante, por ese límite, es derrocado o se vuelca (180 grados) contra su propio país, vale decir, contra sus propios trabajadores, para continuar su sobrevivencia bajo los dictados o la complacencia del enemigo que dijo combatir, el capital extranjero.

La economía pesa y determina la vida del país, si los tentáculos por los cuales funcionan las relaciones de producción, la industria, el comercio, el transporte, la banca, el agro, sin soberanía se pliegan u obedecen a los dictados y necesidades del mayor capital que siempre lo representan los monopolios, sólo les queda trasformar esas relaciones liberándolas de ese corsé e instaurando otra forma en las relaciones de producción que no pueden ser otras que las dirigidas por los trabajadores. Para esto se deben conformar como gobierno para comenzar los pasos hacia la nueva sociedad socialista, lo que se logra mediante la revolución proletaria, de lo contrario, su caricatura permite que tarde o temprano triunfe la contrarrevolución.

Comenzar enfrentando las tareas nacionales no resueltas o diferidas por la burguesía cuando era clase dominante y podía intentar solucionarlas, ya en la época de declinación del capitalismo global se trastocan o se entrelazan con las de corte o tipo socialistas por las cuales hace bastante tiempo espera el proletariado del país. Esto es la revolución permanente.

En Egipto con Nasser, Sadat y Mubarak desde el 54, en Túnez con Ben Ali hace a 24 años gobernando y acostumbrado a las revueltas del pan, y  Khadafi hace 42 años, representan el ocaso del nacionalismo pan africano.

El capitalismo Libio

Prensa Opción Obrera 19 - Marzo 2011

El capitalismo Libio

Desde que Bush sacó a Khadafy del ostracismo en 2004, al tiempo que invadía Irak, varios bancos de EE.UU. sirvieron de intermediarios para los petrodólares que el régimen libio invirtió en el extranjero a través de la sociedad LIA, se estimaba una caja con unos 65.000 millones de euros.

Su principal socio comercial es Italia, el segundo es Alemania. España, en el 2007, firmó acuerdos para vender armas a Trípoli por valor de 1.500 millones de euros y confiaba en cerrar contratos comerciales por un monto de 12.300 millones, según revela un cable secreto del portal WikiLeaks despachado por el embajador de Estados Unidos en Madrid.

El jefe del Consejo Libio de Viviendas e Infraestructuras, Mohamed Abujela al Mabruk, dijo que aproximadamente la mitad de la inversión prevista de 62.000 millones de dinares libios (47.000 millones de dólares) en proyectos de construcción para 2008 ha sido ya adjudicada, básicamente a compañías extranjeras”. Añadió que “esperaba que la inversión aumentara en unos 10.000 millones de dinares en los próximos años".

Y agregaba, "Aunque China y Turquía han recibido la mayor parte de los contratos adjudicados hasta ahora”, Mabruk subrayó “que hay todavía mucho espacio para que las compañías de Estados Unidos compitan potencialmente en proyectos todavía más grandes que los adjudicados hasta la fecha".

En los dos últimos años, el primer ministro Silvio Berlusconi ha visitado ocho veces Libia, y el coronel ha plantado sus jaimas (tiendas nómadas) en Italia en cuatro ocasiones. Il Cavaliere pudo cumplir así su promesa electoral (reducir la inmigración clandestina) y abrió de par en par las puertas de Italia a los fondos libios, ayudando a legitimarlos en los mercados internacionales.

Gracias al Tratado de Amistad, Asociación y Cooperación, firmado el 30 de agosto de 2008, Italia pasó a ser uno de los puertos financieros favoritos de Khadafy; el coronel es hoy el quinto inversor individual por volumen de negocios de la Bolsa de Milán.

Trípoli es el primer accionista de Unicredit, el mayor banco de Italia, con una cuota del 7,5%, valorada en unos 2.500 millones. En septiembre de 2010, el fondo Libian Investment Authority (LIA) compró un 2% de las acciones del banco, que se sumó al 4,9% que habían adquirido dos años antes LIA, el Banco Central de Libia y el Libyan Foreign Bank.

A través de esa escalada en uno de los gigantes de la banca europea (más de 10.200 sucursales en 22 países), Libia -es decir, el régimen de Khadafy- se hizo con el sillón principal de un consejo de administración donde el segundo accionista es Mediobanca, del que es consejera la hija mayor de Berlusconi, Marina. La compraventa produjo en septiembre pasado un sismo en el sector financiero, incluida la dimisión del consejero delegado de Unicredit, Alessandro Profumo. La xenófoba Liga del Norte se quejó en público, pero de hecho aumentó su poder en el banco. Y para que no quedara nadie descontento, el LIA creó un fondo conjunto de 500 millones de dólares con Mediobanca, banco en teoría rival, para rescatar a compañías en apuros.

La operación catapultó a Khadafy al corazón de las instituciones financieras italianas y europeas: de los 316 votos que administran el Banco de Italia, Unicredit posee 50, tantos como el San Paolo. El Banco de Italia posee el 12,5% de los derechos del Banco Central Europeo.

Países de la UE importan casi el 90% del crudo libio. Un día tras el levantamiento del pueblo libio, sucedió  que la Bolsa de Milán estuvo cerrada toda la mañana a causa de una nunca aclarada "falla técnica". El mercado de Piazza Affari paró por completo durante seis horas. Casi nadie entendía nada. El regulador pedía explicaciones, los brokers protestaban. Poco después se supo la verdad. No había tal falla, sino solo miedo al derrumbe de Khadafy. El cierre se produjo por temor a que se hundieran los títulos de las empresas italianas con intereses en Libia y de las sociedades en las que ha invertido el líder libio.

El día anterior, lunes, empezaron a llegar noticias sangrientas desde Trípoli. En solo unas horas, los títulos de la crema industrial, energética y bancaria italiana (Finmeccanica, Impregilo, Mediobanca, Generali, Fiat, ENI) perdieron en el mercado milanés porcentajes cercanos al 5%.

Libia acababa de comprar el 2% de las acciones del grupo estatal Finmeccanica, octavo vendedor de armas y equipos aeroespaciales del mundo.

LIA puso en la mesa 224 millones de libras. Erdogan, primer ministro turco, por haber adobado los millonarios contratos bilaterales, recibiría en Trípoli, hace un par de meses, el Premio Khadafy a los derechos humanos.

Alemania tiene todo tipo de negocios con Libia, que tocan al transporte, la construcción de infraestructuras turísticas y, por supuesto, el petróleo. Libia suministra algo más del 10% del crudo importado por Alemania: es su cuarto proveedor, después de la Rusia de Putin, Noruega y Gran Bretaña.

La gran arma de seducción empleada por Khadafy, para conquistar al mismo mundo que una vez lo condenó al ostracismo, se llama LIA. Varios bancos norteamericanos manejan, cada uno, entre 300 y 500 millones de dólares de los fondos de LIA.

La importancia de la revolución en Libia

Prensa Opción Obrera 19 - Marzo 2011
 
La importancia de la revolución en Libia


Antes que nada hay que estar claros que lo que ocurre en los países del norte de África son revoluciones y no simples revueltas. Revoluciones que comenzaron en Túnez para continuar en Egipto y luego en Libia. Hoy el reguero de ellas se extiende a Bahrein, Marruecos, Argelia, Yemen, Siria, Arabia Saudita y alcanzará más temprano que tarde Líbano, Palestina y la propia Israel. Que no sean revoluciones dirigidas por el proletariado de esos países no les niega su carácter transformador del poder político imperante, todos ellos abiertamente a favor del imperialismo en sus distintas facetas a contramano de sus “nacionalismos” pan-arábicos, así como afectados por la bancarrota del capital mundial que eleva los precios de los alimentos que en su gran mayoría deben importar de las metrópolis mientras el desempleo, en particular en sus poblaciones más jóvenes, alcanza niveles alarmantes.



El hecho que el imperialismo tanto yanqui como europeo intervenga, indica que no permitirán que los pueblos y naciones asuman de manera autónoma sus propios gobiernos derrocando auto proclamados emperadores en espera de dejar el poder a sus hijos herederos.

La izquierda nacionalista se encuentra en un callejón sin salida. Alentaron las revoluciones de Túnez y Egipto pero cuando vieron la que le hacían los libios a Ghaddafi cambiaron el discurso para decir que eran simples revueltas alentadas por el imperio. Incapaces de comprender el abrazo mortal del coronel con aquel en la última década debían apoyarse en el nacionalismo desgastado del libro verde de hace 40 años para ir en su defensa. Antes que permitir una revolución se concrete en Libia, en nombre de la supervivencia de los no-alineados terminan defendiendo la permanencia del imperialismo con los ya concretados acuerdos que les deja sus recursos naturales y materias primas a cambio de una renta que sustente el poder político de los tiranos y dictadores del Maghreb africano.

Para salir del callejón anuncian que el imperio va por el petróleo borrando de su memoria que ya estaba en sus manos. El imperialismo no va a Libia a apoderarse de lo que ya es de ellos, va a defender lo que Ghaddafi, metiéndose su nacionalismo en el bolsillo, ya les había cedido. Y debe hacerlo para evitar que la revolución libia se los arrebate con todo y que Ghaddafi masacre la población mediante mercenarios, tanques y aviación. Es por eso que interviene militarmente ante el estorbo que le significa ahora el agotamiento del coronel.

Adicionalmente el imperialismo busca desviar el proceso revolucionario ante el peligro de contagiar algún país europeo producto de la crisis económica por la bancarrota del capital, con la agudización de la quiebra de Grecia, Irlanda y la continuidad en Portugal.

Defender por omisión, o no reconocer los crímenes de Ghaddafi, sus socios y herederos ante el avance revolucionario de las masas libias, ubica en el campo contrarrevolucionario a quienes lo asumen.

Apoyar al gobierno libio de Mohanmar Ghaddafi; silenciar sus crímenes contra el pueblo libio, en particular la matanza de 1.200 presos de la cárcel de Abul Salim el 29 de Junio de 1996 por reclamar ser juzgados y por mejoras en la cárcel; las prisiones, torturas y asesinatos de inmigrantes africanos que buscan llegar a Europa; los negocios que tienen con los capitales italianos, británicos y de otros países, es ubicarse en la trinchera capitalista y hacerle el juego al imperialismo europeo. Esta actitud no tiene nada que ver con denunciar la intervención imperialista para frenar la revolución al asociarse con los sectores reformistas de recambio.

Convocar a la movilización en todos los países, por el fin de la intervención imperial en Libia es lo que nos corresponde por ahora desde Venezuela, lo cual en lo absoluto indica cualquier solidaridad con el dictador. Por el contrario, la solidaridad debe ir hacia los miles de libios que buscan con su propia autodeterminación como pueblos la salida de Ghaddafi, de la misma forma como tunecinos y egipcios tratan de dar el vuelco a sus revoluciones intervenidas por el imperialismo.

SOLIDARIDAD CON LAS REVOLUCIONES ÁRABES EN EL NORTE DE ÁFRICA Y EL MEDIO ORIENTE.

FUERA LAS FUERZAS MILITARES IMPERIALISTAS DE LIBIA.

FUERA GHADDAFI Y SUS HEREDEROS DEL GOBIERNO LIBIO.

QUE SE CONVOQUE A UNA INMENSA MOVILIZACIÓN PARA EXIGIR LA SUSPENSIÓN DEL ASEDIO Y LA INTERVENCIÓN IMPERIALISTA EN LIBIA ASÍ COMO PARA INVOCAR EL DERECHO DEL PUEBLO LIBIO A SU LIBRE AUTODETERMINACIÓN.

martes, 1 de marzo de 2011

Libia, dos notas del Partido Obrero

Libia, dos notas del Partido Obrero

Libia: Guerra civil, desintegración estatal, amenaza de la OTAN

A diferencia de lo ocurrido en Túnez y Egipto, o en Yemen y Bahrein, la crisis revolucionaria en Libia ha asumido de entrada el carácter de un enfrentamiento armado entre coaliciones políticas más o menos definidas, que además registran antecedentes en las últimas décadas. No solamente Khadafi sino también los especialistas que comentan este proceso atribuyen una presencia relevante en la oposición a la secta de Al Qaeda u otras ramificaciones que han tenido un rol protagónico en la expulsión de las tropas rusas de Afganistán en la década de los 80 del siglo reciente. La naturaleza proimperialista del oficialismo es incuestionable, que desde los 2000 ha entregado la riqueza petrolera a los pulpos internacionales y que ha invertido, él mismo, los ahorros nacionales en corporaciones extranjeras que cotizan en las principales Bolsas. El régimen, que ha progresado del nacionalismo militar de los 70 a un régimen entreguista, también está gobernado por una autocracia familiar. No es casual, por esto, que se hubiera pronunciado de entrada contra las revoluciones en curso en el mundo árabe, ni siquiera que haya desatado una represión feroz, incluido el ametrallamiento de las manifestaciones populares desde el aíre. De otro lado, sin embargo, el gobierno de Obama le ha dado un apoyo abierto a la coalición que lidera la rebelión, a medida que se hizo manifiesto el fracaso de la represión brutal del oficialismo. Es evidente que si prospera el copamiento de la coalición de fuerzas rebeldes por parte del imperialismo, éste podría ganar un punto de apoyo para sostener el continuismo de los regímenes políticos en los países árabes donde la rebelión popular ha derrocado a los gobiernos instalados o donde está a punto de lograrlo. La denuncia del régimen contrarrevolucionario de Khadafi debe ir acompañado, por estas razones, de una caracterización adecuada de la oposición, de una delimitación política correspondiente y de la denuncia de los lazos que ha tejido o pueda tejer con el imperialismo. La rebelión que comenzó de una forma “pacífica” en Túnez y Egipto asume, en Libia, características de guerra civil, y el régimen existente, por otro lado, sufre deserciones de funcionarios militares y civiles relevantes.

“La ira”
La rebelión libia comenzó con la convocatoria de un “día de la ira” contra el régimen. Estuvo precedida por la movilización de los familiares de los presos políticos del régimen, que fue brutalmente reprimida. La represión de Khadafi se cobró más de 300 muertos en las primeras 72 horas de movilizaciones y atizó la rebelión, que soportó los bombardeos y una represión indiscriminada con armas de guerra.

En Benghasi, según El Pais, el 23 de febrero los manifestantes habían tomado armas y tanques del ejército. Paralelamente, brigadas enteras de soldados comenzaron a pasarse a la rebelión que comenzó a progresar en el este del país. Los imanes islámicos llamaron al ejército a “no tirar contra sus hermanos” (El País, 20/2). La dirigencia del principal clan libio –Werfella, que había sostenido al régimen- abandonó a su suerte a Khadafi, mientras una serie de ministros del Gobierno se pasaban a la oposición.

El triunfo de la insurrección en toda la zona este del país derivó en la formación de consejos populares en las ciudades. Estos comités populares, integrados por sectores intelectuales y parte de la dirigencia tradicional de los clanes –e incluso por ex funcionarios del régimen pasados a la oposición- han desarrollado milicias populares que contienen la acción de las tropas del gobierno. El carácter del nuevo gobierno provisional es el centro de la lucha política al interior de la oposición.

La insurrección ha provocado la paralización de un tercio de la producción petrolera del país. Las acciones de las petroleras que actúan en Libia han caído en todos los casos. En el caso de ENI, 5,4% en una semana. En el caso de Repsol, 4,19%. La rebelión también ha colocado en crisis al conjunto de la inversión extranjera, fundamentalmente europea, en la construcción civil, infraestructura y turismo. Se ha producido una disparada de los precios del petróleo.

Frente a este cuadro general, el imperialismo le ha largado la mano a Khadafi. La represión del régimen se ha transformado en una traba para cualquier salida de recambio, incluso se vislumbra la posibilidad de una división formal del país, como por ejemplo acaba de decidirlo un referendo en Sudán, al sur de Libia. Hillary Clinton anunció que podría enviar “apoyo armado” a la oposición en Libia – e incluso establecer una cuarentena del espacio aéreo, lo que equivale a una amenaza de derribar los aviones de Khadafi. Los opositores han iniciado negociaciones con los gobiernos imperialistas. El Consejo de Seguridad de la ONU ha votado la entrega de ayuda alimentaria a cualquier costo, lo cual podría transformarse en una intervención militar. Obama ha puesto a la V Flota en las cercanías de Libia. En los 80, Ronald Reagan no vaciló en someter a Libia a un bombardeo implacable.

Chávez, Fidel, Ortega…los K - el panarabismo
Los gobiernos del Alba han respondido a la crisis con un apoyo completo a Khadafi, más allá de la advertencia contra “una intervención de la OTAN”. Sin embargo, la única posibilidad de una movilización popular contra esa intervención está condicionada al repudio político a Khadafi, cuyo régimen es repudiado por las masas revolucionarias de los países árabes. Estas masas son las únicas que podrían impedir la intervención imperialista, pero el imperialismo especula, precisamente, con que la represión criminal de Khadafi pueda disimular esa intervención con argumentos humanitarios o con planteos democratizantes. No hace falta decir que el apoyo a Khadafi fortalece la campaña del gobierno de Obama, que presenta a los gobiernos del Alba como la versión latinoamericana del egipcio Mubarak, el libio Khadafi o el tunecino Ben Alí. Los K de Argentina no dieron ningún apoyo a la revolución árabe y, en el caso de Libia, su cancillería se ha limitado a “lamentar” la violencia. Ocurre que los países del Alba, por razones opuestas a las del imperialismo, han apoyado sistemáticamente a Khadafi, en el marco de la coalición internacional de los llamados “países no alineados”. Este bloque, que nació como expresión del nacionalismo burgués popular en 1955, se fue convirtiendo en una colección de gobiernos reaccionarios y proimperialistas. La posición de los K de América Latina sobre los acontecimientos en el Medio Oriente y el norte de África es completamente reaccionaria.

La guerra civil potencial en Libia es una nueva refutación de la tesis que ve en estos procesos revolucionarios un renacimiento del panarabismo, es decir la unidad política de los estados árabes. No hay sombra de duda de que la revolución en los países árabes ha provocado un renacimiento del orgullo nacional y del arabismo, pero su contenido político es en esencia la ruptura de la “unidad nacional” árabe entre los explotados, de un lado, y los regímenes feudal-capitalistas, burgueses y pequeño burgueses reaccionarios, del otro. En la historia de la lucha de clases de las naciones o pseudonaciones árabes, la crisis actual representa, más que su momento ‘nacional’, su momento ‘social’. La independencia nacional y la unidad política del mundo árabe solamente son posibles, no por medio del panarabismo, sino de la revolución socialista.
Juanelo



DOBLE PODER EN LIBIA

La crisis revolucionaria no solamente ha asumido su forma más extrema en Libia con el desencadenamiento de un principio de guerra civil. Es también el lugar donde la descomposición del Estado ha sido más aguda, casi completa, y donde el vacío de poder, en las zonas que escapan al control del gobierno central ha sido cubierto en parte por la formación de comités populares.

De acuerdo al Financial Times (27.2), “en todo el este del país, académicos, funcionarios, soldados y hombres de negocios han unido fuerzas para administrar ciudades y pueblos una vez que el régimen de Mohamad Khadafi hubiera sido expulsado. En Benghazi, la capital de la región, uno de los varios comités que se han establecido asegura la provisión de electricidad. Se conecta con el comité encargado del petróleo para obtener el abastecimiento de combustibles para las plantas eléctricas. Los funcionarios que trabajan en la sucursal local del ministerio de Finanzas, que han adherido a la revolución ‘desde el primer día’, firman los cheques que aseguran el pago de los salarios”; la sucursal local del banco central tendría liquidez para sufragar gastos por tres meses. Grupos armados protegen el funcionamiento de las oficinas del banco central. Se encuentran movilizados incluso los ‘boy scouts’ para la distribución de alimentos. En los bancos que han retomado su trabajo, se permite el retiro diario de hasta 160 dólares. Para los analistas políticos, la formación de comités obedece a la ausencia de instituciones políticas en Libia, con excepción de la camarilla del líder máximo, creando un vacío de poder que es cubierto por los comités. De acuerdo al corresponsal del FT, “El movimiento anti-régimen espera usar el mismo modelo de comités a nivel nacional para impedir el vacío que producirá la expulsión del régimen de Khadafi”.

La corresponsal de Le Monde (1.3) aborda también el tema de los comités, aunque desde otro ángulo. El comité encargado del gobierno de Benghazi realizó su primera conferencia de prensa el 27 de febrero. Señala, sin embargo, que “Entre las ciudades ‘liberadas’ del este, la coordinación entre los comités es casi inexistente”. Ella también explica que “Libia no tiene Constitución, ni partidos políticos, ni asociaciones ni sindicatos, ni el menor tejido político organizado en el cual apoyarse”. Además, “la revolución libia, lanzada por el empuje de la juventud, no tiene por el momento ningún dirigente”. Las caracterizaciones de los corresponsales del FT y de Le Monde contrastan con las de los analistas norteamericanos, que aseguran que el levantamiento en el este es la consecuencia de la desafección de los clanes tribales del este, que no es de ahora, con la camarilla familiar que gobierna desde Tripoli, la capital, en el oeste.

Los comités, dice Le Monde, han desechado la propuesta de marchar sobre Tripoli debido a la carencia de armamento adecuado para hacer frente a los tanques del gobierno. Asimismo, se encuentran discutiendo la formación de un gobierno regional, el cual serviría para unir a los comités pero que podría provocar la escisión territorial de Libia; un ex ministro de Khadafi, que abandonó el gobierno en los primeros días de la insurgencia, ha comenzado las gestiones para formar gobierno, probablemente en función de un reconocimiento internacional. Según el diario francés, los comités, en cambio, defienden con firmeza la unidad nacional y se oponen a formar gobierno. Al cabo de 40 años, la unidad burocrática de Libia, desarrollada por el nacionalismo tercermundista, se disuelve bajo la presión de una división nacional que se ha acentuado.

Si la información de estos diarios es exacta, el imperialismo intentará pacificar a Libia a través de un arbitraje entre comités que combinan a diferentes clases sociales y la autocracia khadafista. Pero el imperialismo es incapaz de tener una política unificada frente a un país políticamente estratégico por sus recursos petroleros y su ubicación geográfica. El profesor Nouriel Roubini, que cobró fama cuando anticipó en detalle el derrumbe hipotecario en Estados Unidos, ha observado que el mayor problema “sistémico” del momento es el vacío de dirección política a nivel mundial. Quizás se quedó un poco corto, porque no tuvo en cuenta las crisis políticas que han emergido en los estados de Norteamérica, ni el efecto corrosivo de la crisis fiscal de Estados Unidos sobre la crisis mundial y la crisis política interna. El despropósito de los gobiernos del ALBA al apoyar a Khadafi pone de manifiesto la caracterización deformada que tienen de los acontecimientos internacionales, lo cual es típico del nacionalismo, que los examina desde sus estrechas fronteras nacionales y sus condicionamientos internos.
Jorge Altamira