Mostrando entradas con la etiqueta Cambio Climático. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cambio Climático. Mostrar todas las entradas
viernes, 15 de junio de 2012
A 20 AÑOS DE LA CONFERENCIA MUNDIAL AMBIENTAL DE RÍO DE JANEIRO, LA TEMPERATURA DEL PLANETA CONTINÚA EN AUMENTO
A 20 AÑOS DE LA CONFERENCIA MUNDIAL AMBIENTAL DE RÍO DE JANEIRO, LA TEMPERATURA DEL PLANETA CONTINÚA EN AUMENTO
El 21 y 22 de junio se realizará en Brasil la Conferencia Mundial para el Desarrollo Sostenible, llamada Río+20 debido a que se cumplen 20 años de la Cumbre de la Tierra, evento que había centrado muchas vanas esperanzas dentro de los movimientos ambientales.
Durante estas dos décadas los países miembros de Naciones Unidas signaron varios tratados. Entre ellos: Compromiso de reducción de emisiones de gas carbónico, Protección de la biodiversidad, Desarrollo sustentable y Lucha contra la desertificación.
La Convención de Cambio Climático redactó el Protocolo de Kyoto de reducción de gases de efecto invernadero (GEI) en 1997. Planteaba la mayor responsabilidad de reducción a cargo de los países avanzados por la vía de reducir las emisiones industriales, agropecuarias y de transporte y de secuestrar dióxido de carbono por medio de desarrollos forestales (vía fotosíntesis). No obstante, las emisiones de GEI tuvieron un crecimiento continuo durante estos 20 años y alcanzaron su mayor nivel histórico los últimos dos. El Convenio sobre biodiversidad biológica entró en vigor en 1993 con el principio de “la utilización sostenible de sus componentes y la distribución justa y equitativa de los beneficios obtenidos del uso de los recursos genéticos” (www.cdb.int). En 1995, la Comisión de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable creó el Panel Intergubernamental sobre Bosques y el Consejo Económico y Social el Foro Intergubernamental sobre Bosques, en 1997.
A pesar de la intención de estos compromisos de los países de la ONU, la protección de la biodiversidad no sólo se incumplió sino que se diezmó la flora y la fauna por el extractivismo y la expansión de cultivos transgénicos con agrotóxicos en los países del sur. El dominio de la biodiversidad permitió hegemonizar la biotecnología en poder de las corporaciones capitalistas de medicamentos, que también desarrollaron manipulaciones sobre las comunidades originarias y su entorno para apropiarse del conocimiento de activos moleculares y del registro de sus patentes.
La Convención sobre desertificación que surgió del acuerdo firmado en 1994 por la Convención de las Naciones Unidas (UNCCD) tampoco mitigó el aumento de la aridez de los suelos y el desmonte. En estos años los impactos del calentamiento global se manifestaron con periodos frecuentes de sequia extrema y lluvias más intensas.
En particular actualmente en América Latina, se desarrollan proyectos concebidos en el marco de la Iniciativa para la Infraestructura de Integración Regional Sudamericana (IIRSA) y de la prolongación del Plan Puebla Panamá de Centroamérica. Ambas instituciones fueron creadas para facilitar la extracción y transporte de bienes comunes (recursos naturales) por parte de corporaciones transnacionales. En el marco de esto también se inscribe el reciente acuerdo estratégico entre Chávez y Santos para la extracción de combustibles fósiles de la cuenca amazónica occidental para el abastecimiento de China por el Pacífico. Grandes represas desplazando a miles de indígenas de la Amazonía, ductos hidrocarburíferos, alteraciones hidrológicas y dragados de pasos fluviales son, con los corredores bioceánicos, parte estratégica de una depredación capitalista que agota fuentes de agua y consume grandes volúmenes de energía.
¿Y cuáles son ahora los objetivos de Río+20?: “La Conferencia se centrará en dos temas: (a) una economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza; y (b) el marco institucional para el desarrollo sostenible” (www.uncsd2012.org/rio20/objectiveandthemes.html)
Son propuestas aún más insustanciales que las de hace 20 años, ni hablemos de la erradicación de la pobreza. Se manifestó además el fracaso del “mecanismo de desarrollo limpio” (intercambio de bonos verdes). La historia de las dos últimas décadas da cuenta del fracaso de las “convenciones” que han procurado conciliar el cuidado ambiental con la defensa del orden social existente. Los países imperialistas consumen el ochenta por ciento de la riqueza y son, al mismo tiempo, los principales generadoras de GEI y su consecuente cambio climático. Bajo el actual régimen social, resulta utópico pensar que volveremos al promedio histórico de la temperatura de la Tierra ni a recuperar biodiversidad ni suelos para agricultura. Tampoco se podrá retornar los hielos polares, reparar la disminución de la masa glaciar de las cordilleras y retrotraer los océanos a su nivel anterior.
La situación para la burocracia internacional reunida en Río es peor que hace 20 años, puesto que la crisis capitalista agrava la tendencia hacia un mayor saqueo laboral y ambiental.
La destrucción de fuerzas productivas continuará hasta que el sujeto histórico, la clase obrera tome en sus manos tanto los gobiernos de los países consumidores de recursos como los que padecen la extracción predatoria de los mismos. La producción acorde a las necesidades de los pueblos, planificada por los trabajadores de la industria, el campo y los servicios exige de un gobierno de trabajadores.
Alicia Rodriguez
Aliciarodriguez1917@gmail.com
Etiquetas:
Cambio Climático,
RIO+20
sábado, 24 de diciembre de 2011
Reiterado fracaso de la XVII Cumbre de las Naciones Unidas
Reiterado fracaso de la XVII Cumbre de las Naciones Unidas
Cada vez son más delirantes los acuerdos que surgen en las reuniones de Naciones Unidas para el Medioambiente
Ya se han realizado 17 reuniones de los países integrantes de la ONU en 17 diferentes países y se firmaron otros tantos acuerdos pero la temperatura del planeta sigue subiendo. Ahora se plantean firmar un compromiso en 2015 para empezar a cumplir con la reducción de emisiones recién en 2020.
El clima y sus consecuencias
El cambio climático, que puede medirse en aumento de la temperatura media del planeta, se debe fundamentalmente a la emisión de gases de efecto invernadero (GEIs) generados en casi todas las actividades productivas y de transporte. Se suele hablar de dióxido de carbono (CO2) como sinónimo de gas de efecto invernadero, debido a que los demás gases se relacionan mediante una equivalencia. En la primera Cumbre mundial realizada en Kyoto en 1997 se atribuyó el aumento de temperatura a la acumulación en la atmósfera de dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), hidrofluorocarbonos (HFCs), perfluorocarbonos (PFCs) y hexafloruro de azufre (SF6). Algunos de estos tienen un poder de calentamiento mucho mayor que el CO2, pero su producción es más pequeña.
Ahora se suma el trifloruro de nitrógeno (NF3), un gas utilizado en la fabricación de pantallas de plasma y de algunos paneles solares. El NF3 tienen un poder de calentamiento 17.200 veces superior al del CO2. Comenzó a usarse en cantidades muy pequeñas en combustible de cohetes. Según un estudio de 2008, publicado en Geophysical Research Letters, la producción en 2008 era ya de 4.000 toneladas y podría doblarse en 2010, con la eclosión de las pantallas de plasma.
Este aumento general de las concentraciones de gases en la atmósfera impide la salida de la radiación solar emitida por la tierra y, por lo tanto, se incrementa su temperatura. Este fenómeno provoca deshielos y consecuentemente aumento del nivel del mar. Por ejemplo, las islas Maldivas desaparecerán antes de que este siglo termine. Muchos territorios quedan expuestos a los tsunamis al quedar cubiertos por el agua los arrecifes que protegen sus costas. También se ha aumentado la frecuencia de procesos de intensas lluvias con inundaciones prolongadas y, contradictoriamente situaciones de sequía extrema.
Suele ocurrir que la población más pobre se asienta sobre los suelos más vulnerables.
Veinte años no es nada
El Protocolo de Kyoto firmado en 1997 es la consecuencia de la Convención de Naciones Unidas para el Cambio Climático (Río '92) que se planteó un lapso de veinte años para cumplir metas de reducción de emisiones.
Según la propuesta inicial de 1997, los países firmantes del Protocolo de Kyoto debían lograr que en el plazo que va de 2008 a 2012, las emisiones de GEIs descendieran un 5,2% por debajo de las registradas en 1990. Desde entonces las emisiones han crecido un 49%. Sin palabras.
En el Protocolo se dividieron los estados en dos anexos: lo países desarrollados (anexo 1) aportantes al sistema, dado que han sido los que más gases generaron desde la revolución industrial, y los subdesarrollados (anexo 2), receptores de los aportes. Este Protocolo tardó muchos años en entrar en vigencia, dado que países muy grandes no lo firmaron. Recién en 2005 lo suscribió Rusia y entró en vigor, y aunque USA nunca lo firmó se ve involucrada en el compromiso de reducción de emisión de gases. Se necesitaba de la ratificación de suficientes países desarrollados responsables de al menos el 55% de las emisiones mundiales para empezar a cumplirse el Protocolo.
Pero ya este tratado había sido un fracaso mayúsculo, y no sólo porque Estados Unidos se negó a suscribirlo. Para alcanzar la meta propuesta de reducción de emisión de gases, el tratado estableció los llamados "bonos verdes", que comenzaron a circular algún tiempo atrás. En la práctica, estos mecanismos habilitan a los países del hemisferio norte a contaminar en la medida en que inviertan bonos verdes en zonas captadoras de carbono, en los países del hemisferio sur.
Cada bono verde (o certificado de reducción de emisiones) se emite por tonelada de gases efecto invernadero que se evita liberar a la atmósfera. En lugar de reducir las emisiones, que pueden cambiar de un lugar a otro, crecía entonces un gran negociado financiero, con bancos que colocan títulos y cobran comisiones. Doce años después, las emisiones de dióxido de carbono de la industria y el transporte, más la deforestación, responsables del calentamiento de la atmósfera, no sólo no se han reducido sino que se han incrementado dramáticamente desde 2002, y nos acercamos al triple de la media anual de los noventa (El País, 15/11).
A medida que se veía la imposibilidad de cumplir los compromisos fue cambiado la jerga, ahora se habla de "adaptación" al cambio climático. Confesando la imposibilidad de influir sobre el aumento de temperatura global con el modo de producción del sistema capitalista.
Resultado de la reciente Cumbre de Durban
Después de dos semanas de intensísimas negociaciones, y en la sesión plenaria del 11 de este mes, para tratar de salvar la conferencia, los representantes de los 192 países participantes han acordado prorrogar los compromisos establecidos en el Protocolo de Kioto.
La colocación del mecanismo de funcionamiento del Fondo verde, destinado a "ayudar" financieramente a los países en "vías de desarrollo" que tienen que hacer frente al cambio climático, también ha sido ratificada en Durban. Sin embargo, la cuestión central de la alimentación de este fondo se queda a este día ampliamente sin respuesta, mientras que el compromiso tomado en Copenhague, hace dos años, es acabar en 100 mil millones de dólares al año a partir de 2020. Una verdadera limosna, además, si se tienen en cuenta los billones destinados al salvataje de los bancos.
En síntesis, la cumbre ha decidido posponer para el próximo año la decisión de definir el periodo de tiempo en el que estará en vigor de nuevo el Protocolo. Asimismo, los países han acordado que seguirán trabajando para aprobar en el 2015 un documento que sea válido para todos los países (no sólo los del anexo 1) a partir del 2020.
Cabe recordar que el status de China, India y Brasil países subdesarrollados (anexo 2) ha ido cambiando en el transcurso de los 20 años.
La anfitriona de la cumbre, la ministra de Asuntos Exteriores de Sudáfrica, Maite Nkoana-Mashabane, se ha felicitado por el resultado final. "Hemos venido aquí con un plan A y hemos concluido este encuentro con un plan A para salvar el planeta por el futuro de nuestros hijos y nietos", ha señalado. En fin ... de esto vive la casta de burócratas de los organismos internacionales y también nacionales, y algunos capitalistas "adaptados al cambio climático".
Más crisis, más emisiones
La crisis financiera global no ha reducido las emisiones totales de CO2 en el planeta, como muchos esperaban. Tras una ligera caída de las mismas en 2009 (del 1,4%), se ha retomado la tendencia al crecimiento en 2010 (incremento del 5,9%), hasta el punto de que el año pasado se llegó a los 10.000 millones de toneladas, todo un récord. Son los datos de un análisis científico presentado en la revista Nature Climate Change. Las emisiones globales de dióxido de carbono generadas por la utilización de combustibles fósiles han aumentado un 49% en las últimas dos décadas (El País, 12/12).
El crecimiento hay que apuntárselo tanto a los países desarrollados como a los países en desarrollo, o algunos de ellos. "El impacto de la crisis financiera de 2008-2009 en las emisiones globales ha sido breve debido a los fuertes incrementos en las economías emergentes, al retorno al crecimiento de las emisiones en los países desarrollados y al incremento de la intensidad de los combustibles fósiles en la economía mundial", dicen los científicos en el informe.
El incremento global del año pasado "fue debido a las altas tasas de aumento de unas cuantas economías en desarrollo como China (10,4%) e India (9,4%), aunque la contribución de algunos países desarrollados fue también sustancial en términos absolutos: por ejemplo, Estados Unidos, 4,1%, Federación Rusa, 5,8% y los 27 países de la Unión Europea, 2,2%".
Otra particularidad del modo de producción actual es la incidencia del transporte en las emisiones de gases. Los países subdesarrollados aumentan su producción de comodities. El traslado de estas producciones primarias a los centros mundiales de consumo genera emisiones en el transporte. Tanto es así que en una de las convenciones se propuso un aumento del impuesto al transporte marítimo, aunque también incide mucho el aéreo y el terrestre.
Para el capitalismo no se trata de un problema ambiental, sino de ganancias. Para los pulpos petroleros, la crisis energética es una oportunidad: si no hay consenso sobre un cambio en la matriz energética mundial, el barril del petróleo podría aumentar.
Las expectativas en la energía nuclear se desvanecieron con la mayor catástrofe nuclear mundial ocurrida en Fukushima, Japón, que dejó un tendal de 70.000 refugiados permanentes y una zona de exclusión de 30 km alrededor de la Central (National Geografic en Español, diciembre 2011).
Conclusiones
La realidad del calentamiento global, y la imposibilidad de que se llegue a un acuerdo entre los países capitalistas, ha llevado a que se plantee que estamos ante el borde de una crisis civilizatoria, provocada por una suerte de "exceso" productivo e industrializador. La solución sería entonces detener el desarrollo de las fuerzas productivas? O el de las fuerzas destructivas del capital?
Y esto, cuando ya existen las condiciones científicas y técnicas para evitar la destrucción del medio ambiente mediante el desarrollo de técnicas de conservación de la energía y de mejora de la eficiencia energética, junto con tecnologías de energías limpias (eólica, solar, biomasa, vehículos a hidrógeno, etc). Los científicos hasta han calculado su costo económico: se requeriría el mismo nivel de inversiones que hoy se destina a la investigación en energía nuclear o por el uso de combustibles fósiles, unos 10 billones de dólares durante las próximas décadas (El Cronista, 16/11/09). Las conclusiones de los científicos, por más intergubernamentales que sean, no llevan a ningún resultado práctico. El fracaso de las sucesivas "cumbres" intergubernamentales no es casual: en el cuadro de la decadencia capitalista, cuando los capitales buscan desesperadamente evitar la caída de su tasa de beneficio, las rivalidades entre los monopolios capitalistas y entre sus Estados impiden cualquier acción conjunta. La resolución de los problemas ambientales requiere de una acción concertada y planificada del conjunto de la humanidad, pero el mercado es el reino de la anarquía en la búsqueda de ganancias y opuesto a una asignación racional de recursos (Pablo Rabey, Prensa Obrera diciembre 2009).
La crisis climática pone en cuestión la organización misma de la sociedad; junto con la crisis alimentaria mundial, es un aspecto más de la decadencia del capitalismo. El avance de la ciencia posibilita el desarrollo de las fuerzas productivas en forma sustentable; pero, para ello, los trabajadores del mundo deben tomar la palabra. (igual fuente, igual vigencia).
Alicia Rodríguez
Etiquetas:
Cambio Climático,
Sociedad
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
