Ana Bazac1
1. Profesora
de la División de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia, Comité Rumano
de Historia y Filosofía de la Ciencia y la Tecnología, Academia Rumana.
(10) Compromiso
Se dice que la política es el arte del compromiso,
y los responsables políticos de izquierda aceptan la necesidad de llegar a
acuerdos. Pero, ¿qué tipo de compromisos pueden aceptar? Analíticamente, la
derecha siempre es mucho más poderosa, porque representa la dominación de
clase. Por consiguiente, el compromiso de la izquierda consiste en reconocer su
subordinación en las relaciones de poder asimétricas. Así, la izquierda parte
de su inferioridad estructural en la asimetría de poder. Pero, ¿acaso este
punto de partida inferior la llevaría inexorablemente a adoptar los puntos de
vista de la derecha. Por supuesto que no, porque esto aniquilaría a la
izquierda como tal, su telos/razón de ser.
Los teóricos políticos hablan de compromisos aceptables
e inaceptables, según las ganancias y las pérdidas que resultan de ellos
para ambas partes. Si es así, dado que los respetables partidos democráticos de
derecha promueven la idea de que el capitalismo es «el mejor de los mundos
posibles» —e incluso, de forma más agresiva, que «no hay alternativa»— porque «capitalismo=democracia y
socialismo/comunismo = dictadura», y por lo tanto solo aceptan la «oposición
constructiva» de los falsos partidos de izquierda y equiparan los sistemas
revolucionarios que tienen en su núcleo ideas comunistas, desde la URSS y China
hasta Cuba, con el enemigo maligno de la humanidad, entonces la izquierda
consecuente no puede aceptar compromisos que se enmarquen dentro de esa
concepción.
Desde el punto de vista de los compromisos, la
diferencia entre la falsa izquierda y la izquierda consecuente radica en que la
primera es minimalista: por un lado, asume la inevitabilidad de la
dominación de clase y, por lo tanto, considera las cuestiones de los ideales
sociales y la política que desarrolla la razón de ser última del ser humano
como utopías y sueños idealistas; por otro lado, se esfuerza únicamente
por alcanzar objetivos de bienestar y los ajusta según la relación de fuerzas
concreta existente en un momento dado:
Por
lo tanto, fundamentalmente según el poder de las clases dominantes. De todos
modos, la falsa izquierda es un arma poderosa a favor del capitalismo: su
vergonzosa68 actitud servil desmiente las denominaciones que asume
("socialista", "izquierda", "democrática"), pero,
dado que en la ideología dominante oficial "es la izquierda", es
mejor que la gente elija a candidatos de derecha más honestos.
Por
el contrario, la izquierda consecuente es —y debe ser— maximalista. Pero
¿qué significa esto? Por supuesto, lucha por todas las reformas sociales
posibles en un momento dado. Pero siempre debe acompañar su sincera
benevolencia por una amplia colaboración en favor de las reformas sociales y la
paz con un discurso claro y explícito sobre sus límites temporales y
espaciales, es decir, sobre la necesidad de superarlos. Esto no es
«filosofía»: las reformas sociales se implementan cuando el capitalismo no
tiene otra solución para frenar la radicalización de la conciencia popular; por
ejemplo, el Estado de bienestar de la posguerra, que tuvo que demostrar que no
solo los países socialistas lo ofrecen. Mientras que todas las mejoras en el
nivel de vida en los países occidentales, incluso antes del ejemplo socialista,
se dieron «en un solo país», es decir, no en todo el sistema, sino solo en los
países con el capitalismo más poderoso, que eran y son el núcleo del
capitalismo. Por lo tanto, estas mejoras fueron contemporáneas a la explotación
colonial y neocolonial, el saqueo y los crímenes atroces, y se produjeron a
costa de ellos.
No
solo las reformas sociales, sino también las democráticas, fueron y son
resultado de la lucha de clases. Y esta lucha de clases debe ser permanente:
y solo la visión maximalista de la lucha de la izquierda consecuente determina,
de hecho, esta continuidad, pues es lo que da la profunda motivación
a las posiciones de clase explícitas en los conflictos políticos, no el
deterioro del nivel de vida, sino, obviamente, su origen. En efecto, y una vez
más, la crítica social, la enérgica articulación de las causas y los
significados de los fenómenos políticos y económicos, es lo que determina la
conciencia social.
La
importancia de la teoría para la lucha de clases práctica se subraya en cada
aspecto concreto. Y solo dentro del marco maximalista podemos superar la
dominante agenda de la derecha, centrada en problemas y discursos. En
esta agenda, la transparencia, como requisito y característica de la
democracia, se limita a las leyes y los comités encargados de supervisarlas, y,
en efecto, la lucha por estas leyes fue ardua. Pero las decisiones políticas
concretas, como las relativas al armamento y el combustible para las guerras y
el proceso de intermediación para su transferencia, no figuran en la agenda de
la derecha. Ni siquiera la falsa izquierda plantea este tema. Pero la
izquierda consecuente debe hacerlo. Aparentemente, existen dos obstáculos
principales para debatir esto: la compleja intermediación que
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68
Véase un ejemplo sencillo: la Asamblea Nacional portuguesa aprobó una propuesta
del Partido Comunista Portugués para crear un museo antifascista en Oporto. Los
socialdemócratas se abstuvieron (New FIRs, Bulletin de la Fédération
Internationale des Resistants/FIR Association des Antifascistes, No 78,
diciembre de 2025, p. 7).
Como
se indicó anteriormente, las condiciones ideales nunca se cumplen, pero la
izquierda consecuente siempre se anticipa y debe acostumbrar a la
gente al pensamiento anticipatorio. Sí, siempre comprendemos mejor las
cosas después de su implementación, pero si la anticipación es un criterio
principal explícito de nuestros debates políticos, debemos destacar en nuestras
declaraciones lo que podría suceder si aceptamos medidas a medias. Por
ejemplo, la defensa del singular ejemplo de la Cuba revolucionaria —un ejemplo,
al menos, de la libertad democrática del pueblo para elegir, ya que también
debemos debatir utilizando las ideas de la agenda dominante— debería haberse
planteado como un criterio necesario y un resultado de las reformas de tipo
socialista y su desarrollo consecuente emprendido por los gobiernos
latinoamericanos, porque si estos gobiernos no actúan consecuentemente con los
intereses de la mayoría, su legitimidad como tal se tambalea y abre el camino
hacia una etapa de mayorías de derecha en las elecciones y, por lo tanto, la
sumisión de estas mayorías a una nueva, quizás más extrema, dominación
imperialista en su “patio trasero”.
En
realidad, la izquierda consecuente no debe andarse con rodeos, tratando de
congraciarse con la clase media y dando así la impresión de ser de
«centroizquierda»69: es decir, la izquierda consecuente no debe
degradarse como una sierva pequeñoburguesa de la dominación de clase. Porque,
en última instancia, y especialmente en la etapa actual de la crisis del
sistema, la clase media apoya las políticas de derecha que le brindan, real o
ilusoriamente, alguna posibilidad de mantener su posición de clase.
Durante la Ilustración, la clase media era de izquierdas —es decir, liberal— porque70 luchó por los derechos que le permitieron consolidarse, tanto en la realidad como en la imaginación, dentro del modelo capitalista. Sin embargo, más allá de su comportamiento durante las revoluciones burguesas y sus posteriores reinterpretaciones burguesas-democráticas, cuando traicionó en dos ocasiones a las clases bajas sobre cuyas espaldas pretendía obtener el poder, y en su particular interpretación, con el desarrollo de la concentración y centralización del capital —es decir, con el poder demostrado por las grandes capas burguesas, incluso desde las últimas décadas del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, cuando impulsaron y se opusieron a la Primera Guerra Mundial, y cuando desarrollaron la extrema derecha para someter a todos, tanto a la clase trabajadora como a la media—, los distintos tipos de clase media se
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69
Como el eurocomunismo, por ejemplo.
70
El siguiente razonamiento en el texto es un resumen. Podemos considerar la
Ilustración como una era de legitimación del creciente poder de las relaciones
capitalistas, especialmente en Europa Occidental. Estas relaciones requerían e
inducían un nivel cultural y de vida general más elevado que antes. Por esta
razón, los monarcas promovieron reformas modernizadoras, aunque para los
antiguos beneficiarios, los aristócratas rentistas. Sin embargo, los
intelectuales de la Ilustración sugirieron que el régimen político republicano
era más adecuado para las reformas democráticas.
Las
repúblicas burguesas que le siguieron —y que deberían ser imitadas por las
nuevas monarquías constitucionales— apoyaron, por un lado, el desarrollo de las
relaciones capitalistas en la economía. Pero, más allá de su comportamiento en
la era de las revoluciones burguesas y luego en sus repeticiones
burguesas-democráticas cuando traicionó dos veces a los estratos inferiores
sobre cuyas espaldas pensó obtener la LEF, pero en su particular entendimiento,
con el desarrollo de la concentración y centralización del capital, es decir,
con el poder mostrado por las grandes capas burguesas, incluso desde las
últimas décadas del siglo XIX y luego en la primera mitad del siglo XX cuando
alimentaron y se opusieron a la Primera Guerra Mundial, y cuando desarrollaron
la extrema derecha para someter a todos, clase trabajadora y clase media, a su
poder, los diferentes tipos de clase media haciendo visibles las nuevas
contradicciones de clase; por otro lado, hicieron reformas más resueltas de las
instituciones políticas, aunque para detener la posible democratización, es
decir, aunque para la "restauración", pero este aspecto continuó
acostumbrando a la gente (especialmente a los intelectuales) a la idea de
reformas posibles y necesarias, mientras que el marco oficial de la
"restauración" generó una fuerte propensión a la democracia política,
aunque su entendimiento tuviera un sello de clase. Con el desarrollo de
soluciones comunistas radicales, desde los socialistas utópicos hasta Marx, la
influencia y el prestigio de la crítica social adquirieron gran relevancia. Por
ello, hacia finales del siglo XIX, muchos intelectuales adoptaron ideas
socialistas. Sin embargo, esta adopción fue más bien pasiva e integrada en el
mecanismo ideológico dominante, desviándose hacia el particularismo y la
fragmentación. La convergencia liberal-conservadora de tipo fascista
constituyó la primera contrarrevolución liberal-capitalista del siglo
XX. Contó con representantes intelectuales (Monica R. McLemore, The
Complicated Legacy of E. O. Wilson, 29 de diciembre de 2021,
https://www.scientificamerican.com/article/the-complicated-legacy-of-e-o-wilson/).
Desde las últimas décadas hasta ahora, se ha producido la segunda contrarrevolución
liberal, y existen intelectuales que promueven ideas sobre la jerarquía
“natural” de los seres humanos y la rarefacción de la cultura, la oposición
naturaleza-cultura (véase Stacy Farina y Matthew Gibbons, “The Last Refuge of
Scoundrels”, Monthly Review online,
https://mronline.org/2022/02/11/the-last-refuge-of-scoundrels). Pero el papel
más importante de los intelectuales neoliberales no fue tanto la promoción del
nuevo laissez-faire económico al servicio del capital transnacional,
sino el fuerte apoyo y la legitimación de la “emancipación” individualista a
través de las diferencias de género y la creación, en contraposición a la
emancipación de clase. La moralidad antihumana de la emancipación
individualista a través de las diferencias de género y la creación debe ser
especificada: 1) la creación, mediante la influencia psicológica dominante y
los privilegios/restricciones materiales, de nuevos miembros del grupo de
desviaciones sexuales aleatorias (algunos millones en EE. UU., por ejemplo,
comenzando desde la adolescencia) constituye una violación de la libertad de
decisión de estos nuevos miembros, y la libertad de decisión/libertad de
elección es una característica principal de las personas humanas; 2) la
violación anterior y el “derecho” de las parejas del mismo sexo a criar hijos
infringen una vez más el derecho de una persona humana: el derecho de los
niños, independientemente de si uno de sus padres biológicos es una pareja del
mismo sexo. La falsa izquierda se apropió por completo de la postura neoliberal
anterior, considerándola una prueba suprema de la libertad individual. La
ideología neoliberal fue tan agresiva que silenció cualquier crítica. Ni
siquiera la izquierda consecuente se atrevió a discutir este problema, por
temor a ser excluida del grupo y acusada de conservadurismo. Pero no debe ser
tímido: las personas con desviaciones sexuales no deben ser discriminadas de
ninguna manera, pero esto no equivale a la creación artificial de géneros.
En realidad, la postura neoliberal las equipara y, además, equipara la lucha
contra el racismo y la lucha por la igualdad social de hombres y mujeres con su
presión por la “diversidad, equidad e inclusión” de género. Pero las
discriminaciones racistas y la discriminación contra las mujeres surgieron de
la dominación de clase como medio complementario de explotación, y su solución
no consiste en aceptar esta “diversidad” ni esta “inclusión”, mientras que la
“diversidad” de género se promueve únicamente para disimular el origen de la
dominación de clase en las discriminaciones. La izquierda consecuente debe
mostrar cuáles son los efectos tanto de las discriminaciones como de sus
mecanismos capitalistas de tratamiento para una crítica radical del
capitalismo.
volvieron
mayoritariamente de derechas. El Estado de
bienestar de la posguerra pareció revertir esta tendencia, ya que aseguró a sus
mercados nuevos compradores que se volvieron más prósperos gracias a la
movilidad social. Pero con la etapa de transnacionalización, caracterizada por
la concentración y centralización del capital, sus compradores y su espacio
económico quedaron prácticamente capturados: las relaciones económicas se
vuelven cada vez más difíciles, y su antigua posición de clase se ve afectada
por la necesidad de «supervivencia».71
Y
puesto que el disfraz del mundo actual es el resultado de décadas de dominio de
una falsa izquierda política aliada del capitalismo, resulta evidente que el
“centroizquierda” en sí mismo constituye una solución irrealista. La izquierda
proletaria consecuente es la única oposición y la única fuerza que se opone al
capitalismo.
La
tarea actual de la izquierda consecuente es expresar y trabajar por un
carácter anticapitalista claro y definido de la revuelta antiimperialista. Imaginar
un nuevo “frente popular”, con nuevas variantes antifascistas o
antiimperialistas —que, para atraer a la clase media, expresaría la suposición
del inevitable dominio de las relaciones capitalistas, puesto que “la burguesía
es ahora una aliada necesaria”— equivale a traicionar una vez más a los
gobernados del mundo entero y a perder la oportunidad de emanciparlos. En otras
palabras, obviamente aprendimos del pasado, cuando, para establecer un amplio
frente antifascista que incluyera a los «partidos democráticos de derecha», los
comunistas aceptaron la disociación entre fascismo e imperialismo y
capitalismo, y este hecho, que ellos consideraron temporal, repercutió en la
conciencia popular hasta el día de hoy. Más claramente: sería una tragedia que
en la actualidad la gente pensara que el enemigo es el «autoritarismo excesivo»
—manifestado incluso a través de ataques contra otros imperialismos (como la
amenaza contra Dinamarca)— y no comprendiera que el origen de este
«autoritarismo excesivo» es el capitalismo que, incluso hoy, fortalece la
unidad entre los imperialismos, independientemente de sus diferentes posturas
respecto a los pueblos del mundo.
Los
principios deben ser defendidos. Por lo tanto, podemos criticar con razón a
cualquier líder progresista sí tenía valores —¿por qué tener esos
valores?— y los transfirió a un contexto
ajeno, permitiendo una imagen desastrosa de las ideas que ese líder parecía
representar. No podemos defender incondicionalmente a los líderes, incluso si
fueron tratados por el imperialismo de una manera que no es aceptable ni para
la ley y el orden burgueses, ni de una manera que infringe su dignidad como
ejemplo de la infracción de la dignidad de todos. Sí ellos mismos se
comportan de manera incoherente con su responsabilidad histórica, deben ser
criticados y definidos como no representativos de los principios que se supone
que representan, y como armas contra estos principios.
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71
El concepto social de supervivencia está de moda hoy en día, es decir,
el terreno del choque ideológico. Otorga la «legitimidad» al comportamiento
capitalista salvaje hacia todos. Concretamente, se concibe como el objetivo de
los grupos, es decir, como naciones/estados «decentes» que luchan
«legítimamente» contra otras naciones/estados que se oponen a la dominación.
(La fórmula «pueblos decentes» proviene de Rawls). Asimismo, se concibe como el
objetivo «legítimo» de los individuos «decentes» que luchan contra fenómenos
naturales y extranjeros: sería demasiado cruel mostrar una lucha contra otros
individuos.
(10) Compromise
Politics is the art of compromise, it is
said, with the left-wing decision-makers accepting the necessity of
compromises. But what kind of compromises can they accept? Analytically, the
right is always much more powerful, because it is/represents class domination.
Accordingly, the compromise made by the left consists in acknowledging its
subordination in the asymmetric power relations. Thus, the left starts from its
structural inferiority in the asymmetry of power. But would this inferior
starting point lead inexorably to taking over the points of view of the
right? Of course not, because this would
annihilate the left as such, its telos/reason-to-be.
Political theorists speak about acceptable
and unacceptable compromises, according to the gains and the losses
resulting from compromises for both parties. If so, since the respectable
democratic parties of the right promote the conception that capitalism is “the
best of all possible worlds” – more aggressively, that “there is no alternative” – because “capitalism=democracy
and socialism/communism= dictatorship”,
and thus accepting only the “constructive opposition” of fake left-wing
parties and equating the revolutionary systems having in their core the
communist ideas from the USSR and China to Cuba with the evil enemy of mankind,
then the consistent left cannot accept compromises that fall within that
conception.
From the standpoint of compromises, the
difference between the fake left and the
consistent left is that the first is minimalist: on the one hand, it assumes
the inevitability of class domination
and thus it considers the questions of social ideals and the politics that develops the ultimate
reason-to-be of humans as utopia and
idealistic dreams; on the other hand, it strives only for welfare
goals and calibrates these goals
according to the concrete existing relationship of forces in a given moment:
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66 When the US ‘puts Maduro on trial,’ the
world also puts the US under scrutiny: Global Times editorial, Jan 06, 2026,
https://www.globaltimes.cn/page/202601/1352485.shtml.
67 Victor Dedaj,
Helms Burton, Assange, Maduro, etc. L’extraterritorialité dans tous
ses états, 6 Janvier 2026, https://www.reveilcommuniste.fr/2026/01/helms-burton-assange-maduro-etc.l-extraterritorialite-dans-tous-ses-etats.
On the contrary, the consistent left is –
and must be – maximalist. But what does this mean? Of course, it
struggles for every social reform possible in a certain moment. But it always
must accompany its sincere benevolence for a large collaboration for social
reforms and peace with a clear, explicit discourse of their temporal and
spatial limits, so, of the necessity to surpass these limits.
This is not “philosophy”: the social reforms are implemented when capitalism
has no other solution to stop the radicalization of the popular conscience, for
example, the post-war welfare state that had to show that not only the
socialist countries offer it; while all the improvements of living standards in
Western countries even before the socialist example were “in one country”, that
is, not in the whole system but only in the countries with the most powerful
capitalism and which were and are the core of capitalism; therefore, these
improvements were contemporary with and took place at the expense of colonial
and neo-colonial exploitation, pillage and horrible crimes.
Not only the social reforms but also the
democratic ones were and are the result of class struggle. And this class
struggle must be permanent: and only the maximalist view of the
consistent left’s struggle determines in fact this continuity, because
it is that which gives the deep motivation of the express class
positions in political conflicts, not the deterioration of the living standards
but obviously on this basis. Indeed, and once more the social critique, the loud
articulation of the causes and meanings of political and economic phenomena are
that which determine the social conscience.
This importance of theory for the practical
class struggle is emphasized in every concrete aspect. And only in the maximalist
framework can we surpass the dominant right-wing agenda of problems and
discourses. In this agenda, transparency as a requirement and feature of
democracy is confined to the laws and committees to supervise them, and indeed
the struggle for these laws was harsh. But concrete political decisions as,
today, regarding the armament and fuel for wars and the brokerage process to
transfer the armament and fuel are not on the right-wing agenda. Neither the fake left raises this issue.
But the consistent left must do it. Apparently, there are two main
obstacles to discussing this: the complex brokerage that would
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68 See a simple
example: the Portuguese National Assembly adopted a proposition of the
Portuguese Communist Party to create an anti-fascist museum in Porto. The
Social-Democrats abstained (New FIRs,
Bulletin de la Fédération Internationale des Resistants/FIR Association des
Antifascistes, No 78, Décembre 2025, p. 7).
As stated above, ideal conditions are never
met, but the consistent left is always anticipative, and must
accustom people to anticipative thinking. Yes, we always better
understand things after
their deployment, but
if anticipation is an explicit main criterion of our political
debates, we must highlight in our statements
what could happen if we accept half-measures. For example, the defense
of the unique example of revolutionary Cuba – an example at least of the
democratic freedom of the people to choose, since we must discuss also using
the ideas of the dominant agenda – should have been stated as a necessary
criterion and result of the socialist type reforms and their consistent
development that were taken by Latin American governments, because if these
governments do not act consistently with the interests of the many, their
legitimacy as such is jolting and opens the path towards a stage of right-wing
majorities in elections and thus the submission of these majorities to a new,
perhaps wilder, imperialist domination in its “backyard”.
Actually, the consistent left must not be
shy, trying to please to the middle class and thus giving the impression that
it would be “centre-left”69: that is to say, the consistent left
must not decay as a petty-bourgeois servant of the class domination. Because ultimately,
and especially in the present stage of the system crisis, the middle class
supports the right-wing policies which give it, really or as an illusion, some
possibility to keep its class standing.
During the Enlightenment, the middle class
was “left-wing” – that is, liberal –
because70 it fought for and obtained the rights paving
its real and imaginary capitalist
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69 Like
Eurocommunism, for instance.
70 The following
reasoning in the text is an abridgement. We can think of the Enlightenment as
an era of legitimating the increasing power of capitalist relations in Western
Europe especially. These relations required and induced a higher general
cultural level and living standard than before. For this reason, the monarchs
promoted modernizing reforms, even though for old beneficiaries, the rentier
aristocrats. The Enlightenment intellectuals suggested, however, that the
republican political regime is better suited for the democratic reforms. The
bourgeois republics that followed – and which ought to be copied by the new
constitutional monarchies – supported, on the one hand, the development of
capitalist relations in the economy making
visible the new class contradictions; on the other hand, they made more
resolute reforms of political institutions, even though in order to stop the
possible democratization, so, even though for “restoration”, but this aspect
continued to accustom people (especially the intellectuals) to the idea of possible and necessary reforms, while the
“restoration” official framework generated a strong propensity for political
democracy, even though its understanding had a class seal. And with the
development of radical communist solutions, from the utopian socialists to
Marx, the influence and prestige of social critique became significant. This is
why, towards the end of the 19th century, socialist ideas were
assumed by many intellectuals. But this assumption was rather passive and
integrated into the dominant ideological mechanism, being deviated towards particularism
and fragmentation. The fascist type liberal-conservative convergence was a first
liberal/capitalist counter-revolution in the 20th century. It had
intellectual representatives (Monica R. McLemore, The Complicated Legacy of
E. O. Wilson, 29 Dec 2021,
https://www.scientificamerican.com/article/the-complicated-legacy-of-e-o-wilson/).
From the last decades until now, the second liberal counter-revolution
followed, and there are intellectuals who promote ideas about the “natural”
hierarchy of humans and the rarefaction of culture, the nature-culture
opposition (See Stacy Farina and Matthew Gibbons, “The Last Refuge of
Scoundrels”, Monthly Review online, https://mronline.
org/2022/02/11/the-last-refuge-of-scoundrels). But the biggest role of neo-liberal
intellectuals was not so much the promotion of the new economic laissez-faire
servicing the trans-national capital, as the strong support and legitimating of
the individualist “emancipation” through gender differences and creation, as
opposed to class emancipation. The anti-human morality of the individualist
emancipation through gender differences and creation ought to be specified: 1)
the creation through dominant
psychological influence and material privileges/constraints of new members of
the group of random sexual deviations (some millions in the USA, for example,
starting from adolescents) is an infringement of the freedom of decision of
these new members, and the freedom of decision/freedom to choose is a main
feature of human persons; 2) the above infringement and the “right” of the
same-sex partners to raise children once more infringe the right of a human
person: the right of the children, no
matter if one of their biological parents is one of the same-sex partners. The
fake left wholly took over the above neo-liberal position, considering it a
supreme proof of individual freedom. The neo-liberal ideology was so aggressive
that it silenced any critique. Not even the consistent left dared to discuss
this problem, being afraid that it will be removed from it the group and it
will be accused of conservatism. But it must not be shy: the persons with
sexual deviations must not be discriminated against in any way, but this is not
tantamount to the artificial creation of genders. Actually, the neo-liberal
stance equates them and, moreover, it equates the struggle against racism, and
that for social equality of men and women with its pressure for gender
“diversity, equity, inclusion”. But the racist discriminations and
discrimination of women resulted from class domination as supplementary means
of exploitation, and their solution is not to accept this “diversity” and this
“inclusion”, while the gender “diversity” is promoted just for its role to blur
the class domination origin of discriminations. The consistent left has to show
which are the effects of both the discriminations and their capitalist means of
treatment for the radical critique of capitalism.
And since the guise of the present world is
the result of decades of dominance of fake left politics as an ally of
capitalism, it’s clear that the “centre-left” itself is a non-realist solution.
The consistent proletarian left is the only opposition and the only opposing
force to capitalism.
The consistent left’s task at present is to
express and work for a clear, definite anti-capitalist character of the
anti-imperialist revolt. To imagine a new “popular front”, in new
antifascist or anti-imperialist variants – which, in order to attract the
middle class, would express the assumption of the inevitable dominance of
capitalist relations since “the bourgeois are now necessary allies” – is to
once more betray the ruled of the whole world and to lose the occasion to
emancipate them. In other words, we obviously learned from the past, when in
order to establish a large antifascist front including “right-wing democratic
parties”, the communists accepted the dissociation of fascism and imperialism
from capitalism, and this event, thought by them to be temporary, reverberated
in the popular conscience until now. Clearer: it would be a tragedy if in the
present people would think that the enemy is the “excessive authoritarianism” –
manifested even through attacks against fellow imperialisms (as the threat
against Denmark) – and would not be able to understand that the origin of this
“excessive authoritarianism” is capitalism that, even today, strengthens the
unity between imperialisms irrespective of their different gauges against the
peoples of the world.
The principles must be defended. Thus, we
can rightly so criticize any progressive leader if he had values – why
to have these values? – and transferred them into a foreign box, allowing a
disastrous image of the ideas that leader seemed to represent. We cannot defend
unconditionally the leaders, even if they were treated by imperialism in a way
that is acceptable neither to the bourgeois law and order, nor in a way that
infringes their dignity as an illustration of the infringement of the dignity
of all. If they themselves behave in a non-consistent way according to
their historical responsibility, they must be criticized and defined as
non-representative of the principles they are considered to represent, and as
weapons against these principles
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71 The social concept of survival is today in fashion, that is, the terrain of ideological clash. It gives the “legitimacy” of savage capitalist behavior towards all. Concretely, it is conceived as the goal of groups – i.e. as “decent” nations/states “legitimately” fighting against other nations/states which oppose domination. (The formula “decent peoples” is from Rawls). Also, it is conceived as the “legitimate” goal of “decent” individuals fighting against natural phenomena and aliens: it would be too cruel to show a struggle against other individuals.
Once more, the maximalist requirements and
perspective are nowadays the only responsible political attitude for a humanist
participative social order worldwide.
And the minimalist fake opposition did not and does not fool the
capitalists. They always knew and do perfectly know that their opposing rulers
are enemies and that, ultimately, the goal of the ruled is to overthrow
their subjugated status: that this goal is behind any subdued behavior and
accommodation with capitalism, which are only temporary; or, philosophically,
an appearance.
If the left does not behave in a
consistent, maximalist way, the time for real emancipation from domination is
wasted, and this waste affects irremediably those experiencing it, as well as
it seals the future, because it generates its own continuity: as domination, as
inhumanity.
Traducción al español de Opción Obrera
junio 2026


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