jueves, 15 de septiembre de 2016
Fuera la injerencia del Estado en la Autonomía Sindical
Fuera la injerencia del Estado en la Autonomía Sindical
Acto en contra del RNOS Registro Nacional de Organizaciones Sindicales
Este Martes 13 de Septiembre se realizó un acto en la inspectoría del trabajo de Valencia “Cesar Pipo Arteaga”, decidida en asamblea de trabajadores de Fusbec, el sábado 10 en la sede del sindicato del calzado, con motivo de una serie de retardos (trabas) por parte de la oficina regional del RNOS (Registro Nacional de Organizaciones Sindicales) que vulneran la libertad sindical en el sentido del derecho a la sindicalización y al reconocimiento de nuevas juntas directivas sindicales elegidas en diferente empresas de la región
Los retardos son un método de la complicidad patrono-ministerio del trabajo para sabotear las actividades clasistas de los sindicatos, los que se les plantan a los recursos (in)humanos RRHH para exigir óptimas condiciones de trabajo, y sobre todo luchar por un salario que corresponda a las necesidades del trabajador y su familia.
El repudio se realizó denunciando a Carlos Viloria, representante designado por Osvaldo Vera, el ministro del trabajo, este burócrata tiene vencido su mandato en el sindicato de la salud, e inclusive varias demandas penales por corrupción, este personaje trabaja en llave con la funcionaria Mayerlin Hernández, que a dúo cumplen el nefasto papel de violar los derechos de los trabajadores.
Se trata de nuevos matrículas y de los respectivos autos para quedar establecido entre otros el fuero por la renovación de la directiva sindical, mediante procesos electorales, cuestiones que solo se dan en sindicatos democráticos, donde son requisitos para poder ejercer plenamente la gestión sindical como corresponde combativa ante los atropellos y por necesidades de dotarse los trabajadores de una organización que defienda el salario.
Estuvieron presentes entre otros, los compañeros de los sindicatos de Cealco, Policlínica Guacara, de Océano Plástico de Mariara, de la Misión Barrio Adentro, de Alucasa, de Venoco, de Grace, Refrigeración Europa, el Almacén de Parmalat de Castillito, Escaleras Aladino, metalúrgicos, de las empresas del plástico que representa Fusbec.
Hoy cuando el salario está destruido, los aumentos son solo consolaciones ante el aumento abismal de los precios de los productos de primera necesidad, inevitables ante una economía destruida donde solo se cumple inexorablemente el pago de la deuda externa, de compromisos que no contrajimos ni mucho menos nos beneficiaron.
Todo lo anterior ha sido de beneficio para el capital financiero y la banca privada. Y su recuperación será de la misma forma para ellos, a menos que tomemos la iniciativa, en ese camino fueron los sindicatos de los trabajadores de Montana o los de Grace, con convenios colectivos que relativamente marcan un paso hacia adelante o la lucha de las trabajadoras de FM, que si bien no han conquistado todavía un convenio colectivo, están dando una dura lucha por conseguirlo con mas de 5 meses en huelga activa, con presencia permanente en la planta para impedir que sea reactivada por el patrón Jaramillo.
Es necesario realizar un plenario de los sindicatos y trabajadores en lucha para discutir un programa de acción concreto que responda como la alternativa de los trabajadores carobobeños ante la dura situación económica
Por un aumento general de salarios por lo menos equivalente en porcentaje a la inflación de los últimos dos años, una escala móvil de salarios que los indexe cada 3 meses de acuerdo a como se eleve el costo de la cesta básica
Fuera la injerencia del Estado en la autonomía sindical
Fuera Carlos Viloria de la inspectoría del trabajo
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sábado, 27 de agosto de 2016
La única alternativa para salir de la crisis, es la izquierda
La estructura económica capitalista está en quiebra. El gobierno de Maduro y las propuestas de la MUD coinciden en fomentar la inversión privada con el fin de recuperar la economía, sus diferencias son solo de ritmos
La única alternativa para salir de la crisis, es la izquierda con una nítida política obrera y socialista
Desde 1998 hasta hoy el chavismo logró la cooptación y el control de los movimientos populares y de las organizaciones de izquierda. Algunos sintiéndose desilusionados, se separaron y se aislaron, pretendiendo formar una organización independiente, se quedaron rumiando y despotricando del gobierno sin proponer un nexo que les llegara a las bases del partido de gobierno y de sus aliados para impulsarlos a romper la moldura del nacionalismo populista.
De esa forma, el chavismo cumplió con la función de servir de contención a las iniciativas de protestas y movilizaciones, a esto, se aúna de poder organizarse independientemente de las bendiciones del gobierno
Ahora que existe un derrumbe del nacionalismo, las organizaciones de izquierda que se reclamaban independientes dan un paso atrás y se transan en frentes con sectores que hasta ayer combatieron. El chavismo cuando generaba expectativas en las masas fue retado por este radicalismo y ahora en periodo de crisis, cuando el chavismo se debilita, los apuntalan. Cuando aquellos podían ejercer el recurso de contención, no buscaron quebrarlo, ahora que son débiles ellos se postulan para continuar esa contención
Una propuesta frente-populista La alianza con el auto llamado Chavismo Crítico
En medio de una crisis descomunal y política, un sector de la izquierda promueve una agrupación intitulada “Plataforma del Pueblo en Lucha y del Chavismo Crítico” que de plataforma de lucha solo tiene el nombre, solo es una etiqueta, es como por ejemplo, colocarle a una casa un nombre “Inmaculada” y adentro viven en un bacanal. Además es curioso que la etiqueta sea una conjunción supuestamente del pueblo que lucha, por un lado, con los chavista críticos que son cualquier cosa pero también nada que ver con la lucha del pueblo.
Este tinglado se estrena movilizándose, tras un manifiesto público, para exigir respuestas y tomar acciones ante… un adefesio, llamado Defensoria del Pueblo, creado por el gobierno y representado por Tareb W.Saab designado, por la Asamblea Nacional chavista cuando tenían la mayoría.
Este flamante Defensor del Pueblo, fue ex gobernador del estado Anzoátegui donde bajo su responsabilidad, la policía estadal intervino reprimiendo a los trabajadores en una huelga, con ocupación de fábrica, de la planta Mitsubishi y unas autopartistas, resultando asesinados 2 trabajadores.
Sobre los integrantes de la agrupación, se debe puntualizar que, en un sentido preciso, no hay chavismo critico por el contrario el chavismo es acrítico, no admite respuestas adversas a las líneas de su gobierno, quien es crítico tiene que romper ese corsé de contención para encarar una plataforma de lucha concreta. Para superar la tutela nacionalista, hoy fracasada, hay que delimitarse claramente del chavismo, evitando hundirse con él.
Otra tácticas de ese frente Izquierda son (1) Apoyar el referendo revocatorio, para competir con la derecha, ante el desgaste de Maduro, puntualizando que la caída de Maduro no es la caída del chavismo, olvidándose por más que también se reclamen del chavismo, que los recursos y los medios son todavía del PSUV, no de la copia. (2) Actos contra la explotación del arco minero.
Ambas propuestas y cualquiera otra, sin plantearse quien dirige el Estado, adonde los trabajadores tienen que gobernar, pretenden salvar al país capitalista.
El PSL-CCURA
Una posición tan atroz como ambigua y oportunista, la desdobla el PSL, como partido, por un lado, se alía a un grupo llamado “chavismo crítico” y como movimiento de trabajadores a través de su organización CCURA anda en FADESS (Frente Autónomo en Defensa del Empleo, El Salario y el Sindicato), aliado con la vetusta burocracia sindical adeco-copeyana de la MUD y a través de allí, convergen en la UASG un aparato de sobrevivencia de las antiguas centrales sindicales que responden a los partidos patronales.
Es todo un método, como se demuestra. El PSL en declaraciones del su Secretario General, al semanario La Razón, dice “la salida que creemos le conviene más a los venezolanos, al pueblo y los trabajadores, y es que ellos mismos decidan de manera autónoma hacia dónde debe ir el país y quién debe gobernar”, todo una monumento al espontaneismo, en el ánimo de respetar su alianza con grupos chavistas, antes que proponer que la clase obrera gobierne, como única salida ante los dos bandos en pugna por el poder.
En su misma pag web, pero para otro auditorio, Armando Guerra en su artículo “El aumento del salario mínimo es una nueva burla a los trabajadores” repite el estribillo de la MUD y de Fedecamaras. “La consulta del salario debería ser la resultante de un debate entre las partes involucradas: Trabajadores, gobierno y empresarios, representado en sus gremios”
Luego en coordinación con esa línea, dice “El problema central sigue siendo en manos de quién están los sindicatos. La reflexión debe ser conquistar los sindicatos para el clasismo, para la defensa unitaria de nuestros intereses” se desprende -para este representante de CCURA en el Fadess- que unifica la lucha por el salario, a la conciliación de clases mediante una tripartita con los patronos públicos y privados.
Por último y no menos importante, el PSL acostumbra cerrar con un llamado “planteamos la necesidad de convocar a un Encuentro Nacional de Organizaciones Políticas, Sindicales y Populares que discuta este Plan de Emergencia para salir de la crisis” sin decir fecha, sitio y nombre de los convocados, un saludo a la bandera, y peor aún, su alergia a la tarea de concretar una estrategia obrera independiente, autónoma y revolucionaria.
Marea socialista
Marea Socialista explota fundamentalmente, su privilegio mediático, a través de la pagina web aporrea. En sus orígenes, MS provenía de representantes de sindicatos fabriles carabobeños, que se escindieron. Hoy intentan competir con el PSUV en el mismo terreno populista y sobre la clase media, promueve el referendo revocatorio, porque para ellos es un mandato constitucional, ilusamente aspiran recoger el provecho del descontento de las bases chavistas, pero sufren de su propio, remedio chavista, la desaprobación de su solicitud de organizarse como partido político electoral.
Tienen otras estridencias, todas con el rótulo de plataformas, una referida a una “auditoría pública y ciudadana” sobre las gestiones de la economía del país, otra contra el arco minero, la de pueblo en lucha, y concluyen con la de la defensa de la constitución, los cuales no pasan de ser, de conjunto, un pedido moral y simbólico, porque objetivamente el gobierno no los va a complacer.
Defienden el proceso bolivariano y diferencian el proyecto de Chávez que reconocen con muchos errores, del actual. En ese sentido, con total desparpajo califican al gobierno de Maduro de bonapartista, como pagador serial de deuda, hasta denuncian la fuga de capitales, las importaciones, la impunidad para los responsables de la corrupción, las zonas económicas especiales, la protección de esos desmanes a las FANB, como si el padre de todas esas criaturas no fue el mismísimo Chávez.
Pretenden deslindarse del gobierno y de la MUD, reivindicando o añorando la política de Chávez, la regeneración del chavismo. Enmascarando la línea de aquel que condujo a la situación que estamos padeciendo, algo tan imposible como retroceder a las condiciones cuando se despilfarró a “troche y moche” soportados por los precios altos de las materia primas, para lo cual les falta algo así como inventar la máquina del tiempo.
MS plantea como alternativa un nuevo proyecto nacional, sin referirse a que clase debe emprenderlo. Un plan de lucha para enfrentar la política antiobrera del gobierno, requiere un programa opuesto a ese eje, lo cual no está en los planes de estos chavistas relegados.
El PCV tras su lema “confrontar, deslindar y acumular para avanzar”
El PCV y su frente Cruz Villegas, no “confronta” mas allá de su retórica mediática, canalizada a través de sus representantes en instituciones alcanzadas bajo la sombra del PSUV, por lo tanto no va más allá de rogar a través de exhortos y exigencias al gobierno, no trasciende su “deslinde” ni para convertirse en el sucesor del chavismo, no “acumula” nada sino todo lo contrario, disemina la posibilidad de conducir el descontento hacia una política revolucionaria. Por todo lo anterior, obstaculiza el avance en términos de ofrecer a la clase obrera una herramienta organizativa revolucionaria.
Cualquier lucha, que generalmente no es iniciada por ellos, es conducida a gestionar derechos de palabra mediante sus representantes en instituciones del gobierno, como fue en la extinta comisión de asuntos sociales de la AN cuando la presidía el secretario general del PCV u hoy en una comisión laboral de una asamblea legislativa, donde su alianza con el PSUV, le permitió representación, evitando usar las herramientas genuinas de los trabajadores como la huelga o la permanencia de la movilización y la lucha hasta arrancar lo requerido.
Analicemos la Unete y la CSBT, veremos que el resultado de la gestión bolivariana y sus acólitos por la izquierda, ha sido la fragmentación del proletariado, una gran atomización sindical y divisiones dentro de la representación del movimiento obrero. Donde todos estos protagonistas por la izquierda se han prestado para la contención de la luchas o como mínimo mantenerlas parceladas
Donde estamos situados
En descargo de Maduro, el legado de Chávez es una pesada herencia de deudas, sustitución de la producción nacional por importaciones, fuga de capitales, traspaso de los dólares por ingreso petrolero a las empresas mediante la aprobación de dólares preferenciales, falta de inversión en los servicios, corrupción, y lo fundamental el pago contundente y fiel de la deuda externa, a expensas de todas nuestras carencias. En lo laboral tercerización, intervencionismo mediante la central sindical creada por el gobierno la CSBT, violaciones a la autonomía sindical mediante el CNE (Consejo Nacional Electoral) y el RNOS (Registro Nacional de Organizaciones Sindicales), al derecho de huelga, a la contratación colectiva y la criminalización de la protesta.
La crisis capitalista mundial, en su desarrollo al especular con el capital ficticio, en una etapa, favoreció el precio de los comodities, lo que favoreció temporalmente a los países proveedores de materia prima, y su expresión en Latinoamérica fue el empoderamiento de gobiernos nacionalistas representados en nombre del indigenismo, los trabajadores o el pueblo, en nuestro caso el chavismo, fue su expresión, no creador de ese contexto. Y se originó como producto de la crisis económica previa a finales de la última década del siglo pasado.
Ahora bien en honor a la verdad, Maduro se encontró con una economía que hacia aguas por todos lados y para complicarla le puso lastre de plomo a la embarcación, su gobierno representa el derrumbe del nacionalismo, originado por una mayor crisis económica mundial comenzada en el 2007, en EEUU con el desplome de los créditos de alto riesgo y la caída del banco de inversión Leman Brother
La Izquierda funcional al nacionalismo al chavismo
Las masas y los trabajadores se encuentran, en el medio, entre los dos bandos que luchan por el poder, uno aferrándose y el otro abriéndose camino, el populismo del gobierno de Maduro y la derecha alrededor de la MUD cuyas propuestas y medidas, de ambos, son a costa de mayores privaciones para la mayoría del país.
La izquierda casi en su totalidad, capitula mediante una política de presionar, reclamar, exigir, aconsejar a un gobierno, en crisis prácticamente terminal, para que haga lo que no hizo durante los diecisiete años de gobierno, sin sacar ningún balance acerca de la estrategia política, sobre todo del partido de gobierno, el PSUV y sus aliados del GPP
Ahora renuevan sus roles, unos van a rogar al Defensor del Pueblo, un cargo designado a un chavista por el gobierno a exigirle que evite el ajuste que hacen los chavistas, otros a impulsar actos contra la implementación del arco minero y otros apoyando el revocatorio, sustentándolo como un recurso constitucional y democrático. Nada de eso tiene salida dentro del poder burgués.
Es necesario un propuesta alternativa independiente de esa lucha por el poder entre ellos, solo con el poder los trabajadores podemos emprender una salida de la crisis en nuestro beneficio.
Es la hora de probar nuestras propuestas históricas
La crisis capitalista mundial empeora, esta no es circunstancial, como también la particularidad regional, en Venezuela empeora, el parque industrial esta desecho y no hay dinero para revertirlo, la crisis es de dimensiones históricas y estructural o sistémica, la izquierda la ve estática, contra el ajuste, y es de lo más dinámica, ni el gobierno hoy ni la derecha en el gobierno, tienen la posibilidad de salir adelante. Ellos priorizan como siempre lo han hecho, el pago de la deuda externa, ahora será vía restructuración, a costa de extraordinarios recortes al salario real, y en general a las condiciones de vida de los venezolanos, no tienen otra.
El cambio tiene que ser de 180º, es necesario promover asambleas populares para debatir las respuestas, para no seguir padeciendo por la escasez debido al pago de una deuda externa que no hicimos. Un Congreso de Bases del movimiento obrero tiene por función el debate de un programa de reivindicaciones, de un plan de lucha y de una salida de los trabajadores lo cual supone enfrentar de conjunto, con toda una ofensiva para salir de la ruina
Que se vayan los del poder ejecutivo y los del legislativo los del gobierno de Maduro y los de la MUD que mande la clase obrera La única alternativa para emprender todas las medidas para salir de la crisis solo se puede con un gobierno de los trabajadores, todo lo demás son mera distracción para desviar las luchas de su verdadero objetivo salir de la crisis y que la paguen quienes la crearon, no los trabajadores
José Capitán
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lunes, 15 de agosto de 2016
Se viene el Mega Ajuste
Se viene el Mega Ajuste
El aumento de salario mínimo es el preámbulo
el valor del billete era el peso del papel
El nuevo ingreso, mediante un aumento del salario mínimo y del bono alimentario, es un señuelo o cebo para aplicar un mega ajuste. Nueve días antes, en gaceta oficial 40959 del 4 de agosto se autoriza la venta libre de alimentos nacionales e importados con un registro de 1500 productos. Como ejemplo ya esta semana salió al mercado el kilogramo de leche en polvo de la marca La Campiña estampado a Bs. 4.989
foto tomada de aporrea.org
Referente a la bola en recorrida, ridícula, de que los salarios son los que producen la inflación, los 42480 bolívares mensuales de cesta ticket, recién aumentados, corresponden a Bs. 1.416 diarios lo que no es siquiera el valor de un almuerzo.
El absurdo salario mínimo legal, de Bs. 22.576,72 mensual para cubrir toda la cesta básica familiar se puede ir solamente en un par de zapatos.
Los precios reales en el mercado desde hace meses no tienen que ver con las nominaciones llamadas precios de los productos que dicta o regula el gobierno, ahora el gobierno se dejo de hablar paja y abandonará la parodia.
Como los aumentos son siempre del mínimo, cada vez más se nivelan los salarios hacia abajo. Respecto al bono alimentario representa el 70% del ingreso lo que es una disolución del salario ya que además de que no cubre a los pensionados, a los trabajadores que tienen comedor, no se toman en cuenta como pago a salario integral para el trabajo con horas nocturnas, en feriado, sobre tiempo, vacaciones, utilidades y liquidación.
De paso no reconocen la contratación colectiva, los sindicatos clasistas, criminalizan los reclamos y la lucha, perdura la tercerización, no reconocen el derecho a huelga, las elecciones sindicales y el derecho a sindicalizarse.
A confesión de partes…
El vicepresidente de Planificación Ricardo Menéndez informó que realizan un monitoreo permanente en la estructura de costos en las empresas. Añadió que los elementos que afectan los precios son maquinaria, insumos, especulación con los precios del transporte, canales de distribución y comercialización. “Esos son lo que suben los precios. No son lo costos del salario” dijo.
El desvergonzado ministro confiesa que tras más de 17 años de gobierno llamado por ellos “En Socialismo”, el mercado salvaje capitalista les impone los precios. Para los patronos aumentar la tasa de ganancia es su objetivo y para tratar de revertir su caída, disminuyen los salarios reales ayudados por el gobierno, que quiere aplanar los salarios, convirtiéndolos en mínimo.
La inflación está determinada por la escasez y su yunta la especulación, y hay escasez porque no hay producción y no hay producción porque el aparato productivo nacional está destruido y porque la sustituyeron por las importaciones y ahora no hay divisas para seguir importando, ni habrán en el marco de dominación representado por el chavismo y la MUD, solo si imponen menores salarios para liberar el control de cambios, devaluación mediante, privatizar aun más la economía, eliminar conquistas laborales y sociales, sobre todo para atraer inversiones capitalistas extranjeras.
El pago impecable de la deuda externa a expensas de la escasez de alimentos y demás productos de primera necesidad demuestra la prioridad del gobierno de Maduro y el silencio cómplice de la MUD. La deuda no puede ser pagada por quienes no la causaron, ni mucho menos reestructurarla para pagar más.
Para mejorar la economía, para producir en beneficio de la mayoría trabajadora del país y de las comunidades es necesario nacionalizar el comercio exterior, nacionalizar la banca, ambas bajo control de los trabajadores, para dirigir las inversiones realmente de acuerdo a los intereses de quienes producen, la clase obrera y los campesinos, los pescadores. Salir de la crisis sin que la paguemos, solo eso se puede realizar si los trabajadores mandemos en el país, solo un gobierno obrero puede ejecutar estos planes.
José Capitán
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miércoles, 3 de agosto de 2016
Marea Socialista defiende a quienes endeudan al país
Marea Socialista defiende a quienes endeudan al país
Marea Socialista propone suspender el pago de la deuda externa*, cuando hay hechos contundentes para no pagarla, precisamos no para suspenderla, Marea incluso da argumentos sobre estos elementos que indican que seguir pagando es cohonestar con los deudores.
En el marco de la suspensión propone un arreglo con la banca usurera y antinacional, con el fin de evitar una suspensión súbita producida por un descontento social de gran magnitud, que implicaría una manera desordenada para… continuar pagando, lo que supondría que el descontento social fue derrotado. Como sea, lo que plantea es un salvamento del gobierno, con el fin de más tarde llegar un acuerdo con el capital financiero acreedor, lo que significa como siempre, que la inmensa mayoría del país paga la crisis que no causó.
En vez de dirigir el descontento en contra de los que los tienen pasando hambre, se trata de apaciguarnos y buscar la forma que continúe el sacrificio, y segamos pagando la deuda
Esto a pesar de que denuncian deuda ilegal, fuga de capitales, que están cobrando los intereses anticipadamente ante un posible default, todo permitido por el gobierno y no solo el de Maduro, cuando Chávez gobernaba se fugo la mayor parte del dinero que hasta ahora se mantiene afuera.
Marea Socialista se esmera para llegar a un acuerdo con el capital financiero, su propuesta de suspensión solo quiere evitar que realmente se interrumpa abruptamente el pago de las deudas que el gobierno adquirió y que pretenden que la pague el pueblo
Para Opción Obrera toda eventualidad de pago tiene que ser respondida por “No al pago de la deuda externa”. No tenemos que pagar algo que no causamos
José Capitán Opción Obrera
* Carlos Carcione vocero de Marea, en Aporrea.org 30/07/2016
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viernes, 29 de julio de 2016
La izquierda del PSUV apoya el referendo revocatorio
La izquierda
del PSUV apoya el referendo revocatorio
Por Jorge
Altamira
El
ajetreo de las potencias mundiales en torno a la guerra del Yemen y de Siria;
al terrorismo que se atribuye Isis; al golpe en Turquía y las manifestaciones
contra el intento de Erdogan de establecer una dictadura; a la quiebra bancaria
en la eurozona y al Brexit; al derrumbe del precio del petróleo y a las
amenazas financieras que se ciernen sobre Japón; a las advertencias de un
aterrizaje forzoso de la economía de China; a la candidatura chovinista y
belicista de Donald Trump; ninguna de estas preocupaciones ha mermado la
inquietud de esas mismas potencias y
varias otras de dimensiones menores por el desarrollo de la crisis en
Venezuela. El desplome del gobierno de Maduro y la posibilidad de que ocurra lo
mismo con el régimen chavista figura en el tope de la agenda de Obama y de
Cuba; del Vaticano y de la Unión Europea; de las piezas sueltas a las que han
quedado reducidos la Unasur y el Mercosur; y por último, y no por eso de menor
importancia, de la agenda de China –el principal cliente y acreedor de
Venezuela.
Deuda externa,
un espantapájaros
La
descripción de la crisis de abastecimiento que sufre la población y los relatos
de saqueos a supermercados, no significan que en la descomposición de Venezuela
no haya un método. El gobierno se encuentra aplicado al pago riguroso de la
deuda externa, la cual cotiza con un descuento del 40% por el riesgo de un
defol. Esto significa un negocio monumental para los fondos buitres, que han
salido a comprar en manada los títulos públicos bolivarianos. El monto de la
deuda externa venezolana, del Estado y PDVSA, sería de US$ 127 mil millones a US$
150 mil millones, con vencimientos de alrededor de US$ 20 mil millones en los
próximos 18 meses, en tanto que las reservas líquidas serían de US$ 12 mil
millones, Venezuela cuenta con un stock de 600 Tm de oro, luego de haber
vendido cerca de 50 Tm, entre febrero y mayo últimos. El ministro de Economía,
Pérez Abad, ha informado que las importaciones del país han caído de US$ 37 mil
millones a US$ 20 mil millones en los dos años últimos, y que el propósito del
oficialismo es bajarlas aún más, a US$ 15 mil millones, esto para reunir las
divisas necesarias para abonar los vencimientos de la deuda internacional. Para
eso ha recurrido al remedio “clásico” de una enorme devaluación del bolívar,
con la intención de acercarlo a la cotización del mercado negro, que se
encontraba un mil por ciento por encima. La prioridad que se ha otorgado al
pago de la deuda sobre las importaciones, ha sido el disparador (no la causa)
de la crisis alimentaria que parecería crecer sin contención.
(Hace
tres décadas, cuando el régimen estalinista de Ceaucescu logró su propósito de
cancelar la deuda externa de Rumania, sometiendo a penurias inauditas a la
población, acabó derrocado por una tremenda insurrección de masas).
La
salida del defol es propiciada, en forma abierta, por Ricardo Haussman, un
venezolano antichavista que trabaja en la Universidad de Harvard, quien ya
probó fortuna, en enero de 2001, cuando abogó, junto al FMI, por el defol de
Argentina. Esa salida, bajo el gobierno de Maduro, produciría un colapso del
régimen, aún mayor que el que sufrió De la Rua. La mayor parte de la deuda
externa de Venezuela la contrajo el propio chavismo –no puede endilgarle la
responsabilidad a una dictadura militar [N.R.: Después de haber pagado toda la asumida
directamente o de forma refinanciada hasta de forma corrupta por los gobiernos
cuartorepublicanos anteriores]. Para peor, gran parte de esa deuda tiene
su origen en los bonos que el Estado otorgó a los importadores y que terminaron
en la Bolsa de Nueva York. El 40% de esa deuda, por otro lado, está contraída
con China, que es pagada con exportaciones de petróleo. La producción del
combustible, sin embargo, ha caído a los niveles de principios de siglo,
precisamente por falta de financiación de inversiones y la desorganización que
prima en las empresas nacionalizadas. La moneda de cambio de Venezuela, el
petróleo, está prendada a los acreedores internacionales –cuando el precio del
barril, además, se acerca a sus mínimos históricos.
Remate,
rescate
La
expectativa de los teóricos del chavismo (Mommsen, Ali Araque [N.R.:
Altamira se refiere a Bernard Mommer y a Alí Rodríguez Araque]), acerca
de la posibilidad de sustentar un régimen de autonomía nacional a través de la
recaudación de una renta minera internacional extraordinaria, ha terminado en
un espejismo. Solamente una unión federativa y una reorganización social
anti-capitalista dirigida por la clase obrera, puede ofrecer un principio de
salida a los países rezagados. El conjunto de las fuerzas capitalistas y
pro-capitalistas en presencia hacen eje en la deuda externa, para que la
atención popular no se concentre en la necesidad de un gobierno de trabajadores
que asuma la reestructuración de Venezuela sobre nuevas bases históricas. La
pretensión de impulsar la industrialización mediante un corte de importaciones,
como justifica Pérez Abad el desabastecimiento, es un despropósito; eso sólo
podría lograrlo una planificación determinada por la fuerza productiva del trabajo.
En
oposición al programa de compresión de las importaciones para pagar la deuda
externa y atenuar de este modo la presión política internacional, el presidente
del Banco Central, Franklin Méndez [N.R.: En realidad integrante del directorio
del BCV], propone vender los activos que Pdvsa posee en el extranjero y
recomprar parte de la deuda externa con ese dinero [N.R.: Un tercio de los bonos
2016 de PDVSA a vencerse en noviembre ya han sido recomprados con descuento con
el dinero del fondo de jubilación de los trabajadores petroleros que administra
directamente PDVSA]. Sin embargo, si no se hace una recompra a precios
de mercado, Venezuela pagaría 100 lo que vale 60 o aun menos; Méndez plantea
también llevar el precio interno de los combustibles, irrisorio en la
actualidad, al nivel internacional. Desde otros ambientes se plantea renegociar
la deuda con China. De acuerdo a algunas informaciones, China aceptaría el
convite si la renegociación es avalada por la Asamblea Nacional, que controla
la oposición de derecha. La cesación de pagos potencial de Venezuela lleva en
línea recta a la discusión de una transición al post chavismo.
Milicos al
frente
El
enfrentamiento a la Asamblea Nacional mediante un gobierno por decreto, ha
instaurado en Venezuela un régimen de facto. En las elecciones pasadas, el
chavismo perdió sin atenuantes en las zonas urbanas e industriales. En esa
lógica, boicotea el reclamo de que se convoque a un referendo revocatorio. La
designación de Vladimir Padrino, el jefe de las fuerzas armadas, para dirigir
el aparato estatal de distribución de alimentos, subordinando incluso al
gabinete, militariza la disgregación del Estado y la transición hacia un nuevo
régimen político. Algunos claman que se trata del pasaje a una dictadura
castrense, otros de una transición pactada con la oposición de derecha. En
cualquiera de estas variantes, la presidencia de Maduro estaría concluida. Los
sobrinos políticos de Maduro, en posesión de pasaportes diplomáticos, habrían
confesado a la Justicia norteamericana su participación en una red internacional
de tráfico de cocaína. Para llegar a este punto de la crisis no hizo falta
Wikileaks. El cambio de gobierno y de régimen se ha puesto a la orden del día.
Cualquier otra discusión es ociosa. Es necesario concentrar el interés de las
masas en una salida política propia.
La
Unasur, Obama, la burguesía escuálida, el Vaticano se encuentran empeñados
también en dar sustento económico a una transición, la cual consistiría en
liberar el “cepo” [N.R.: Control de cambios] y
culminar la devaluación, que sería complementada con una reestructuración de la
deuda (revalorización). En este plano, Venezuela se convertiría en un paraíso
financiero de corto plazo para quienes comprarían nueva deuda a tasas de
interés varias veces mayores a las que han ofrecido el macrismo o los golpistas
brasileños. Los bloques continentales y los pontífices “que supimos conseguir”,
se reconvierten sin ruido, con el progresismo afroamericano y la
socialdemocracia europea, en instrumentos de una salida contrarrevolucionaria.
La cuestión del
poder
La
izquierda del PSUV (los ex ministros Ana Elisa Osorio y Jorge Giordani [N.R.:
Giordani en días recientes se deslindó de la nombrada y el que se debió
mencionar es Héctor Navarro] y varios militares que acompañaron a
Chávez en el levantamiento de febrero de 1992 (el nombre de golpe se aplica
solamente a la acción de una institución del Estado) han decidido apoyar el
revocatorio que reclama la derecha. Entre los firmantes del planteo hay
personalidades de Marea Socialista, el equivalente del MST de Argentina. Es
evidente que el apoyo al revocatorio es inducido por el reconocimiento de que
la cuestión de poder está “a full”. En condiciones relativamente diferentes,
los anima, sin embargo, la misma ilusión de aquellos disidentes de Syriza que
esperaban que los electores repudien a sus dirigentes incapaces o traidores y
los premien a ellos por representar, en el caso de Venezuela, “el chavismo original”. Seguramente sufrirán
una decepción, pero en todo caso tampoco ese “premio” electoral sería una
salida, porque las masas necesitan, ante la catástrofe que sufren y la que se
avecina, una fuerza política compacta en términos estratégicos.
Es
precisamente esto lo que brilla por su ausencia en los planteos de fuerzas más
avanzadas (por ejemplo PSL, ligada a nuestros compañeros de IS en el FIT),
cuando invocan la necesidad de la “unidad para pelear contra el ajuste”.
Cualquier “pelea contra el ajuste”, si es mínimamente seria o real, plantea la
cuestión del poder. Por gravísima que sea, la crisis en Venezuela no se
desarrolla en términos de “todo o nada”; hay mucho camino para recorrer,
incluso si acontecen sucesos tremendos. La “pelea contra el ajuste” no supera
la caracterización mistificadora de Maduro (y aparentemente del PTS), que
apuntan a una “pelea contra la guerra económica o el sabotaje de la burguesía”.
En ninguno de los dos casos hay un planteo de poder, que es la condición de una
construcción política capaz de intervenir en las distintas etapas que aún
recorrerá este derrumbe social y político. En Venezuela se manifiesta con toda
claridad que la atomización y el faccionalismo en la izquierda revolucionaria
es la consecuencia de una falta completa de estrategia.
[N.R.: Añadido de Opción Obrera: para el
planteo por el poder se necesita un grupo de consignas que movilicen a los
grandes sectores sociales que están pagando los costos de la crisis, pero
nosotros no planteamos una unidad en abstracto si no es acaudillada por el
proletariado y que coloque en perspectiva la lucha por el poder con el gobierno
de los trabajadores. La consigna mágica sería la suspensión inmediata del pago
de la deuda para usar sus recursos en importaciones imprescindibles pero
planificadas en función del control de los trabajadores sobre el monopolio del
comercio exterior (incluyendo a PDVSA) y la estatización y centralización de la
banca. Pero también es imprescindible que los trabajadores sean los que
intervengan, y para movilizarlos, a la par deben estar las consignas transicionales
relacionadas con el salario: uno mínimo igual al valor de la cesta básica
familiar, un aumento general de sueldos y salarios igual a la inflación de un
año, y su indexación mensual también con la inflación.]
jueves, 21 de julio de 2016
Tesis de la conferencia sobre América Latina convocada por el PO de Argentina y el PT de Uruguay
Tesis de la
conferencia sobre América Latina convocada por el PO de Argentina y el PT de
Uruguay
El 15, 16 y 17
de julio sesionó en Montevideo la Conferencia Latinoamericana de la izquierda y
el movimiento obrero, convocada por el Partido de los Trabajadores (PT) de
Uruguay y el Partido Obrero (PO) de Argentina. Más de 300 compañeros
participaron en las tres jornadas. Hubo delegaciones del POR de Chile, Tribuna
Clasista de Brasil, Opción Obrera de Venezuela, compañeros del Paraguay, del
Partido Obrero de Argentina y, por supuesto militantes y simpatizantes uruguayos.
El viernes 15 se realizó el acto de apertura en la Asociación de Periodistas
del Uruguay, donde hicieron uso de la palabra las delegaciones internacionales
presentes. Cerraron el acto Néstor Pitrola (ver video en la página de Prensa
Obrera) y Rafael Fernández. El sábado 16 hubo tres mesas redondas públicas en
la Facultad de Humanidades. El domingo 17 la Conferencia culminó con un
plenario –en la sede del sindicato de trabajadores estatales– con todas las
representaciones latinoamericanas e invitados especiales. Se aprobó un
documento programático que tomó de base las Tesis enviadas por Jorge Altamira
(verlas en https://www.facebook.com/jorge.altamira.ok/posts/590352607812271).
Como
resultado del debate, en el que hubo más
de treinta intervenciones, se incorporaron aportes y agregados. El documento
final fue votado por unanimidad. Se aprobó, asimismo, un plan de acción y
difusión. A continuación reproducimos el texto completo de ese documento.
El
aspecto político más destacado que confronta la izquierda de América Latina es
el derrumbe de los gobiernos nacionalistas o de centroizquierda, desde el
chavismo en Venezuela hasta el petismo, el kirchnerismo y el ‘luguismo’, en
Brasil, Argentina y Paraguay. Dentro de esta tendencia asoman en el radar el
‘frente ciudadano’ en Ecuador, el indigenismo boliviano y el Frente Amplio en
Uruguay. El otro aspecto decisivo es el destino de la Revolución Cubana.
La
situación política en que se encuentra la izquierda en la nueva etapa está
determinada, en gran parte, por su política durante la experiencia
nacionalista. Por eso, para afrontar el nuevo período es necesario un balance
riguroso de la actuación política en la etapa precedente. El conjunto de las
fuerzas políticas en presencia, sean burguesas y por sobre todo la izquierda,
no ingresan en esta etapa como un papel en blanco, que estaría abierto
abstractamente a todas las posibilidades que ofrece el nuevo período. Por el
contrario, están condicionadas por sus programas y por sus políticas
precedentes, e incluso por los compromisos anudados en la etapa que ahora se
agota.
Nacionalismo
burgués
El
derrumbe de las experiencias nacionalistas en cuestión es, antes que nada, un
resultado político concreto de la bancarrota capitalista mundial, que asumió un
carácter de conjunto a partir de la crisis bancario-hipotecaria de mediados de
2007. Es una consecuencia política objetiva de la quiebra capitalista. En grado
diverso, la bancarrota capitalista ha afectado a todos los regímenes en el
mundo entero, desde, por ejemplo, las revoluciones árabes hasta el reciente
referendo de separación de Gran Bretaña de la Unión Europea. En América latina
se manifiesta desde Puerto Rico y Cuba hasta Colombia. Ha devuelto actualidad a
la cuestión de la independencia nacional de Puerto Rico. Es necesario el
análisis materialista de este derrumbe político.
Empujado
al poder político por bancarrotas económicas extraordinarias desde los años 90,
el nacionalismo de contenido burgués se viene abajo ahora como resultado de la
acentuación y profundización de aquellas bancarrotas. El chavismo y el
nacionalismo militar venezolano han sido un emergente del ajuste criminal del
gobierno de Acción Democrática en 1989, y del Caracazo; el kirchnerismo, una
metamorfosis del menemismo como consecuencia del Argentinazo; el largo proceso
de desarrollo del PT culmina en el gobierno del Frente Popular, en 2003, luego
de la bancarrota brasileña que siguió a la crisis asiática, al derrumbe
financiero de Rusia y al estallido, con alcance sistémico, del fondo LTCM de
Estados Unidos. Los ascensos de Evo Morales y Rafael Correa, en ese mismo
período, 2000/4, fueron el resultado demorado y distorsionado de grandes
insurrecciones de masas, detonadas por las crisis de las privatizaciones
precedentes.
Respuesta
defensiva a la crisis mundial, el nacionalismo burgués encuentra sus límites insalvables
en esta misma crisis mundial y en la declinación histórica del capitalismo.
El
proceso nacionalista burgués de las últimas dos décadas se caracteriza,
asimismo, por un planteo de desarrollo capitalista fuertemente parasitario. En
los entresijos de la crisis mundial, América latina asistió a dos ciclos de
grandes subas en los precios internacionales de las materias primas. Fueron
descriptos como el final de la tendencia al deterioro de los términos negativos
del intercambio comercial. Los superávits comerciales originados por esos
aumentos dieron lugar, a su vez, a un nuevo ciclo de endeudamiento
internacional (público y privado), promovido por el respaldo que ofrecía el
crecimiento de las reservas internacionales. El pago de la deuda externa heredada
se hizo con la emisión de deuda interna
y el vaciamiento de esas reservas. La abundancia de liquidez fue aplicada a la
expansión sin precedentes del crédito al consumo, a tasas de interés
excepcionales o subsidiadas por el Estado.
Se
desarrolló, de este modo, un ‘populismo bancario’, que engordó los beneficios
financieros a costa de una creciente hipoteca de las familias. Fue una versión
latinoamericana de los créditos ‘subprime’, que detonaron la crisis en Estados
Unidos. Los llamados planes sociales, en muchos casos financiados por el Banco
Mundial, embellecidos por el ‘relato’ del fomento del consumo, encubrieron la
falta de creación de empleo y la casi nula industrialización, y ahora se
encuentran amenazados por déficits fiscales descomunales (que obedecen, por
supuesto, a otras razones, en primer lugar el pago de intereses usurarios de la
deuda pública y el financiamiento público subsidiado para los capitalistas). El
mito de la creación de una clase media se derrite ahora a la vista de todos como
la nieve en vísperas del verano.
Lejos
de haber esquivado la bancarrota capitalista mundial, la gestión política
nacionalista (a veces tildada de progresista) operó para convertir a las
naciones de Latinoamérica en un vaciadero del capital financiero internacional
– que encontró en estas gestiones el mercado para su producción excedente, la
rentabilidad para sus inversiones financieras y la recuperación de sus créditos
incobrables. Las contratistas de obras públicas ‘nacionales’ tuvieron una
expansión sin precedentes en Brasil (¡por supuesto!), en Centroamérica,
Venezuela, Cuba, Perú y Argentina, acompañadas de un alto endeudamiento
internacional y un festival de sobreprecios.
El
derrumbe de las experiencias nacionalistas viene acompañada por las quiebras de
empresas estatales y privadas (desde Odebrecht y el complejo en torno a
Petrobras hasta las Telecom o la siderurgia en Brasil, o YPF y el sistema
energético en Argentina, y Pdvsa; déficit fiscales extraordinarios, y por
último el defol de hecho de la deuda externa, que solamente es honrada con
nueva deuda a tasas usurarias y la venta de activos industriales).
Las
experiencias nacionalistas de las dos décadas recientes han estado muy por
detrás de las realizaciones de la precedentes –como el primer peronismo, el
varguismo, el nacionalismo boliviano desde la guerra del Chaco o el velazquismo
ecuatoriano. Rafael Correa sigue empeñado aún en conciliar el planteo
nacionalista con la dolarización y la autonomía económica con el rentismo
petrolero. Para ello ha contraído, al igual que Venezuela, una deuda impagable
con la República China, contra la garantía de la entrega del petróleo. Al
“eterno retorno” del nacionalismo se le aplica aquella frase de Marx acerca de
la repetición de la historia. El sujeto histórico del nacionalismo –la
burguesía nacional–, que además se hace sustituir por movimientos pequeño
burgueses, militares o incluso de ‘trabajadores’ (PT), es más impotente que
nunca para encarar una iniciativa nacional autónoma, en el marco de la
decadencia del capitalismo mundial. Las segundas partes no han sido, entonces,
mejores; el nacionalismo es un planteo históricamente en retroceso, incluso
cuando asume posiciones nacionales progresivas de carácter parcial. El chavismo
se ha destacado como una tentativa de ir más lejos que los precedentes
deslucidos de los adecos, y el reparto corrupto del aparato del estado por el
Pacto del Punto Fijo.
Socialismo del
Siglo XXI
El
esfuerzo del chavismo por fundar su experiencia en términos bolivarianos
(unidad continental), no ha tenido destino –ni siquiera las iniciativas del
Gasoducto del Sur o del Banco del Sur. Estos planteos no fueron tenidos en
cuenta cuando se aprobó el ingreso de Venezuela en el Mercosur o cuando se creó
la Unasur (un vehículo de exportación de las contratistas brasileñas y de
Embraer), ni menos aún en ocasión de la creación del Banco de Desarrollo propuesto
por China. El planteo bolivariano quedó reducido a una invocación nacionalista
romántica, con la finalidad reaccionaria de realzar a las fuerzas armadas. Fue
utilizada como instrumento de propaganda política contra el uribismo
colombiano, el cual era señalado como descendiente directo general Santander –que dividió la entonces
Gran Colombia.
Por
otro lado, se ha pasado por alto el
contenido contrarrevolucionario que encierra la etiqueta del Socialismo del
Siglo XXI –inventada, por otra parte, no por Chávez sino por un diletante
académico, Heinz Dietrich, que ya hace rato dio marcha atrás y ha pasado a
pregonar la conciliación con los escuálidos. Dietrich no fue el único consejero
que consiguió la atención superficial de Chávez; otros le aconsejaron impulsar
la creación de la V Internacional, que no tuvo la menor trascendencia. La
etiqueta del Siglo XXI es una réplica negativa, no ya a la revolución
bolchevique de 1917, sino a la Revolución Cubana –el estadio más alto que
alcanzó la revolución latinoamericana. La Revolución Cubana (siglo XX) arrancó
con un planteo democrático y llegó a la expropiación masiva del capital
extranjero y nacional. Los simpatizantes más politizados del chavismo pasan por
alto el significado estratégico del recule programático y estratégico que
encierra esta preferencia por el siglo XXI.
La
actualidad de la revolución socialista emana del ingreso del capitalismo en la
época de la decadencia o declinación histórica, de la época en que el
desarrollo de las fuerzas productivas asume un carácter cada vez más
parasitario y destructivo, cuando la
colisión de ellas con las relaciones de producción y las estructurales
estatales y nacionales se hace más violenta. La etiqueta de Siglo XXI, que no
se utiliza solamente para banalizar al socialismo sino que es invocada a cuento
de cualquier cosa, no pasa de ser un recurso publicitario o de ‘marketing’
político.
El
punto de partida de este despegue político lo inició, en realidad, el
sandinismo, el cual, a la inversa de la Revolución Cubana, empantanó la
revolución victoriosa de mayor protagonismo de masas en la historia de América
latina (una guerra civil de masas que dejó 50 mil muertos en pocos meses),
mediante una política de conciliación política con la burguesía democrática. Lo
hizo en total acuerdo con la burocracia de la ex URSS y el castrismo, que para
esa época ya había abandonado el foquismo y buscaba esa misma conciliación con
las burguesías latinoamericanas y EE.UU. Años más tarde, el sandinismo retornó
al gobierno como un gendarme del orden capitalista, piloteado por Daniel
Ortega. El socialismo del siglo XXI postula un cambio social en los marcos
capitalistas), sin revolución, o sea sin la destrucción del aparato de Estado
existente, y sin gobierno de trabajadores (dictadura del proletariado). El
ropaje militar y el apoyo popular no convierten al chavismo en socialismo de
ningún tipo, sino en un ‘replay’ de la demagogia socialista que ha
caracterizado a todos los movimientos nacionalistas en el mundo. Esto ha sido
así desde la declinación de la Revolución Francesa y, en especial, desde
Napoleón III y Bismarck –los ‘populistas’ por antonomasia (se caracterizaron
por impulsar la mayor acumulación de capital de todo el siglo XIX).
Nacionalizaciones
Donde
más se observa la decadencia del nacionalismo de contenido burgués es en el
campo de las nacionalizaciones. De un
modo general, la estatización de parte del capital extranjero obedece al
propósito de impulsar el desarrollo de las fuerzas productivas que la burguesía
nacional se muestra incapaz de hacer por la presión del capital financiero
internacional. En este sentido, las nacionalizaciones procuran potenciar el
campo de explotación social de la burguesía nacional y ofrecer una base más
sólida al Estado capitalista. En el momento oportuno esas estatizaciones pueden
revertirse en privatizaciones en beneficio de esa misma burguesía nativa en la
medida que se haya desarrollado en forma suficiente para ello. Las
nacionalizaciones más avanzadas del nacionalismo latinoamericano han sido la
del petróleo mexicano por Lázaro Cárdenas; la de la United Fruit, en Guatemala;
la minería en la Revolución Boliviana de 1952 y la del petróleo en 1970; y las
del petróleo y las haciendas de la Costa por parte de gobierno militar peruano. Es frecuente que la izquierda confunda las
nacionalizaciones burguesas con la expropiación del capital que tiene por
sujeto al proletariado y al gobierno de los trabajadores. La expropiación sin
pago del capital por parte de la Revolución Cubana constituye una transición
histórica entre las nacionalizaciones burguesas más avanzadas y las
nacionalizaciones que realizan los gobiernos de trabajadores que emergen de las
revoluciones proletarias. El contenido histórico de ellas queda condicionado al
curso ulterior de la lucha de clases, nacional e internacional. La izquierda
tiene la responsabilidad de abrir una discusión de este proceso, sobre la base
de una investigación, en lugar de sustituirlo por simples etiquetas.
En
numerosos casos, las nacionalizaciones burguesas operan como un rescate del
capital extranjero con cargo a las finanzas públicas. Este vaciamiento fiscal
conspira contra el ulterior desarrollo de las fuerzas productivas planteado por
la nacionalización. Los casos más conocidos son las ejecutadas por el primer
peronismo respecto al capital británico que necesitaba una retirada. El caso de
los ferrocarriles es paradigmático, porque acentuaron un deterioro que se
aproxima a casi un siglo. Para lograr sus propósitos, el imperialismo británico
bloqueó los créditos de Argentina depositados en Londres. Lo mismo se puede
decir de la nacionalización del petróleo de Venezuela, en los 70, que sirvió
para financiar una enorme especulación inmobiliaria y una mayor corrupción.
En
contexto diferente, el gobierno de Chávez realizó lo mismo con la estatización
de las telecomunicaciones (Verizon) y la siderurgia (Sidor), o sea a cuenta de
los enormes ingresos petroleros. En un caso las indemnizó a un precio elevado
de Bolsa (que se establece, especulativamente, por la rentabilidad esperada, en
lugar del valor de los activos), es decir, con un premio sobre el capital. La
nacionalización benefició a Verizon en otro aspecto, porque enseguida su
cotización cayó en forma acentuada como consecuencia de la crisis financiera
internacional. El otro, Sidor, el Estado tomó a su cargo toda la deuda oculta
(pasivos laborales) del grupo Techint, lo cual resultó en una indemnización
colosal. Las estatizaciones de este tipo
constituyen una transferencia de ingresos de los trabajadores hacia los
capitalistas extranjeros, por medio del gasto fiscal. Representan una
descapitalización, y por lo tanto una hipoteca para el desarrollo de las
fuerzas productivas. El derrumbe de las empresas nacionalizadas, en Venezuela,
ha provocado un retroceso de las expectativas estatizantes en la conciencia de
las masas, algo que aprovecha la derecha para devolver vigencia al programa
privatizador.
La
estatización del 51% del capital de YPF-Repsol, por parte del kirchnerismo, se
hizo a costa una cuantiosa indemnización por una empresa que había agotado las
reservas de gas y petróleo. El ‘relato’ nacionalizador encubrió una
reprivatización del petróleo en Argentina, pues YPF se ha convertido en empresa
mixta que cotiza en las bolsas internacionales El relato ‘nacional y popular’
del kirchnerismo es, además, particularmente ‘curioso’, porque su principal
empeño estuvo dirigido a preservar, con subsidios, a las empresas privatizadas
del menemismo. El resultado ha sido, de un modo general, un enorme vaciamiento
productivo e industrial en el área energética. En plena ola de demagogia
estatizante el Frente de Izquierda, en Argentina, desarrolló una firme denuncia
contra la reprivatización petrolera, que luego quedó confirmada por la
asociación sigilosa de YPF con la norteamericana Chevron.
El
Manifiesto Político presentado por el Partido Obrero al FIT, para la campaña
electoral de 2013, se centró en una crítica marxista de las nacionalizaciones
capitalistas, sus contradicciones y limitaciones.
Otro
tema que debe ser objeto de debate es la nacionalización del petróleo en
Bolivia, que no es tal. Consiste en un cambio importante en la tributación por
parte del capital petrolero internacional, que sacó a las finanzas públicas del
déficit crónico. El indigenismo oficial logró, por esta vía, desviar el reclamo
de nacionalización integral que hizo la insurrección de octubre 2003. Lo mismo
ocurrió con la cuestión agraria, que culminó con un compromiso con la burguesía
sojera cruceña y del oriente boliviano, que se materializó en una nueva carta
constitucional. El compromiso con las petroleras fue posible debido a la suba
enorme del precio internacional de los combustibles.
Numerosos
agrupamientos de izquierda y sociales que apoyan al FIT en Argentina, apoyan al
indigenismo pequeño burgués del Altiplano sin fijar una posición programática
sobre este pseudo nacionalismo de contenido capitalista. La doctrina
estratégica del indigenismo boliviano es el desarrollo del “capitalismo andino”
(había sido bautizado como “socialismo andino”), definido como una alianza
entre el capital extranjero, el Estado boliviano y el precapitalismo agrario.
El planteo comete la ‘gaffe’ teórica de señalar al Estado como una categoría
social y de clase, al lado de otras clases, o sea que no está por encima de las
clases, pues se trata de una superestructura política, y que refleja y protege,
como tal, la estructura social dominante (es el “marxismo del Siglo XXI”).
Bolivia ha sido, durante el periodo reciente, un campo próspero de los negocios
de las contratistas brasileñas incursas en el ‘lava jato’.
Brasil
Las
limitaciones colosales de este nacionalismo explican, de un lado, el escaso
desarrollo de las fuerzas productivas en la década y media pasada, así como el
impacto que ha causado la bancarrota capitalista mundial, en los dos episodios
principales –la caída de precios internacionales y salida de capitales de 2009
y, con más severidad, la actual. El siempre esgrimido crecimiento del PBI no
capta ese desarrollo. El desarrollo de las fuerzas productivas es medido por la
calidad de la inversión reproductiva, la aplicación de tecnologías, el nivel de
capacidad de la fuerza de trabajo, el desarrollo de la educación, la salud y el
progreso habitacional y la infraestructura urbana. Una centralización
productiva de los recursos económicos existentes debería operar como una
palanca industrializadora potente.
El
gobierno PT-PMDB de Brasil intentó convertir a Petrobras, compañía mixta de
mayoría estatal, en esa palanca industrial: mediante la inversión de la mayor
parte de las utilidades; el monopolio operativo de las asociaciones con capital
extranjero; una importante labor de tecnología; y el desarrollo de un entorno
de servicios tecnológicos, contratistas y constructoras nacionales. Sin
proceder a nacionalizaciones desarrolló, hasta cierto punto, un nacionalismo burgués
y gran burgués. Utilizó los aportes obreros a los fondos de pensiones e impulsó
el aporte fiscal al banco público de Desarrollo, con esa misma finalidad.
Intentó, incluso, impulsar la creación de una burguesía petrolera nacional, a
través del apoyo al aventurero Eike Batista.
El derrumbe fenomenal de este intento establece una conclusión
lapidaria, porque ha terminado en la quiebra de todos los sectores involucrados
y, golpe de Estado mediante, desde el propio oficialismo, en la venta
apresurada de activos industriales y en la derogación de las principales
limitaciones impuestas al capital extranjero. La caída vertical de los precios
internacionales del petróleo, las presiones provocadas por un elevado
endeudamiento internacional, la desvalorización del capital cotizante y, no
menos importante, la difusión de la enorme corrupción de todo este entramado
político y económico (por parte de los sectores interesados en derribarlo);
todo esto ha sumido a Brasil en una crisis de mayor alcance que la de los años
30. El ataque al movimiento obrero es devastador.
La
izquierda brasileña, ante esta crisis de conjunto del capitalismo, enfrenta la
obligación de desarrollar un planteo obrero y socialista –o sea, un gobierno de
trabajadores, la nacionalización sin pago de la banca y los monopolios
petroleros, lo mismo con toda empresa que cierre, la escala móvil de salarios y
horas de trabajo, la apertura de los libros de todos los monopolios
capitalistas y el control obrero y la convocatoria a un plan de acción a toda
la izquierda y sectores combativos de América latina. Ocurre sin embargo lo
contrario: plantea la fórmula de la democracia con justicia social o el
socialismo en democracia, o sea sin travesía revolucionaria ni gobierno de
trabajadores Cuando aún no se ha cerrado
la etapa del golpe de Estado que destituyó a Dilma Rousseff (lejos de eso el
gobierno golpista reúne una base parlamentaria precaria) la agenda dominante en
la izquierda brasileña son las elecciones municipales de octubre próximo y la
posibilidad de consagrar intendenta de San Pablo a una candidata patronal,
Luiza Erundina, que ya gestionó esa ciudad en términos puramente capitalistas.
Erundina es una ex petista, oriunda del ala clerical, ministra del gobierno de
Itamar Franco y hasta hace muy poco miembro del partido de derecha PSB y
sostenedora en del candidato del PSDB
que murió en un accidente en la campaña electoral del año pasado. La candidatura ha sido lanzada por el PSOL,
un frente de izquierda y de las comunidades de base que se escindieron del PT
hace más de una década. El grupo ligado al PTS de Argentina pidió su ingreso en
el PSOL –en tanto, en su casa central reivindica la independencia política de
la clase obrera y la hostilidad a las candidaturas patronales. Esta duplicidad
entre el principismo y el oportunismo es característica de todas las corrientes
centristas. El PSOL, en contraste con el FIT de Argentina, que llamó al voto en
blanco contra Scioli y Macri en Argentina, apoyó en el segundo turno electoral
de las elecciones pasadas la candidatura de Dilma Rousseff.
En
oposición al juicio político contra Dilma Rousseff, el PT y gran parte de la
izquierda se han refugiado en el reclamo de un plebiscito que autorice el
adelanto de las elecciones para la Presidencia (que debería tener lugar en
2018), el cual debería ser votado por el mismo parlamento golpista y de
ladrones. El planteo cuenta, hasta cierto punto, con la simpatía de una parte
de la prensa golpista, que visualiza la imposibilidad de un ajuste a fondo de
la economía sin un gobierno electo desvinculado del personal político sometido
a los procesos judiciales contra la corrupción. En Brasil hay una
desintegración manifiesta de la burguesía contratista y el desarrollo de una
reconfiguración capitalista acompañada por quiebras, rescates y concentraciones
de capital. El planteo de elecciones presidenciales o generales de parte de la
izquierda, no hace referencia al derrocamiento del gobierno de Temer por medio
de una acción directa de masas, que ligue la lucha contra los despidos, la
carestía y las privatizaciones a los métodos de la huelga y de la huelga
general. Los observadores políticos prevén que la realización de nuevas
elecciones daría la victoria a una de las diversas coaliciones derechistas en
presencia. La consigna electoral no educa a los trabajadores en una política de
lucha de clases. Se busca una salida inmediata a la crisis política, o sea un
compromiso, en lugar de la preparación sistemática de la clase obrera para
luchar por un gobierno de trabajadores.
En
Brasil, la izquierda, integrada en el PT, impulsó la llegada del PT al
gobierno, en coalición con el PMDB. Esto ocurrió incluso después de que Lula
firmara el acuerdo con el FMI, en la campaña electoral de 2002, y nombrara al
actual ministro de Economía de Temer para la presidencia del Banco Central,
luego de un acuerdo cerrado entre Lula y William Rhodes, entonces presidente
del Citibank (W. Rhodes, Financial Times, 24/6/2004). El PSOL reivindica, de
conjunto, el PT “de los orígenes”, o sea que sigue adhiriendo a la perspectiva
estratégica trazada por la dirección fundadora del PT, incluso después de la
experiencia y los resultados políticos de casi cuatro décadas. A partir de esta
reivindicación del punto de partida ha seguido, de un modo propio, la ruta de su
espejo retrovisor. En oposición a esta línea estratégica, es necesario un
debate que establezca un nuevo punto de partida, o sea un programa y una
política realmente socialistas.
A
este debate debería integrarse el PSTU, que acaba de sufrir una escisión en
torno de la cuestión del reciente golpe
de Estado, por un lado, y del carácter de las movilizaciones
anti-gubernamentales a partir de 2013. Los planteos democratizantes de
izquierda demuestran toda su inconsistencia ante el derrumbe de los procesos
nacionalistas y la crisis de régimen que ha emergido como su consecuencia.
América latina ingresa a una nueva etapa de mayores confrontaciones sociales y
políticas, que superan los límites de sus Estados.
Golpismo
El
juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff y su eventual destitución
constituyen un golpe de estado ‘tout court’, sin aditamentos, porque implican
un viraje político reaccionario en las relaciones de clase existentes.
Reemplaza
a un gobierno que ha revelado su inconsistencia para aplicar la política de
ajuste que reclama el capital y para rescatar al personal político y a los
grandes capitalistas de los procesos judiciales por corrupción. Inaugura un
nuevo planteo de ofensiva contra las masas, sin esperar a nuevas elecciones ni
a obtener un nuevo mandato electoral. El gobierno de Temer no es un intento de
interinato constitucional, sino una nueva coalición política para una nueva
política, que encare el rescate de la quiebra capitalista y una ofensiva más decidida contra los
trabajadores. No hay un cambio en el carácter de clase del gobierno sino una
tentativa de modificar la relación preexistente entre las distintas clases.
Para
la izquierda revolucionaria la lucha contra el golpe es una cuestión de
principios, porque significa defender las posiciones conquistadas por la clase
obrera frente a la ofensiva capitalista –de ningún modo apoyar al gobierno
capitalista destituido. No defendemos ‘el mal menor’ sino la posición
conquistada por el proletariado dentro de la sociedad y el Estado capitalista;
por eso no esconde su hostilidad hacia el gobierno establecido. La izquierda
democratizante, por el contario, atribuye un carácter progresivo a la gestión
ajustadora de Rousseff, incluso cuando muchos, entre esa izquierda, habían
criticado y hasta enfrentado la política ajustadora de esa gestión. De otro
lado, quienes discrepan con la caracterización de un golpe de estado subrayan
la identidad de clases entre ambos bandos capitalistas, ignorando que
representa un salto en calidad del ataque del Estado capitalista contra las
masas.
A
quienes las formas constitucionales le quitan entidad al golpismo, es oportuno
recordar que el gobierno constitucional que se inició en 1973 en Argentina, se
desarrolló por medio de una sucesión de golpes ‘constitucionales’, que primero
eliminaron al mandatario electo, Cámpora, luego a gobernadores del mismo signo
político, incluso por medios policiales; más tarde a la creación de la triple A
y a la militarización del país –un proceso que culminó con la dictadura militar.
En aquel momento, el Partido Obrero advirtió acerca de la seguidilla de golpes
que se enmascaraban en las formas parlamentarias y en la popularidad de Perón.
A
pesar de la falacia de los términos del ‘impeachment’ (des-manejo contable de
cuentas fiscales), Dilma Rousseff, el PT y la burocracia de los sindicatos
rehusaron desconocer el voto del Congreso y plantear un conflicto de poderes.
La
razón es que podría haber abierto una brecha para la intervención de las masas,
por un lado, y para la intervención de las fuerzas armadas, por el otro, que
habría sido en apoyo del Congreso. El árbitro del golpe de estado han sido las
fuerzas armadas, aunque no se trate de un golpe militar. El golpe de Estado en
Brasil no es más que el segundo acto golpista luego del derrocamiento del
paraguayo Lugo, que también consistió en un ‘impeachment’ de sus propios
aliados de gobierno –el partido Liberal. La burguesía brasileña apoyó con
fuerza ese golpe, en una suerte de ensayo general del que daría luego en
Brasil. El movimiento obrero y campesino ha retrocedido fuertemente en Paraguay
como consecuencia de la victoria del golpe, mientras que, por otro lado, ha
facilitado un aluvión de compras de empresas y tierras por parte de la
burguesía brasileña, con la complicidad del gobierno de Dilma Roussef. La
destitución de Lugo y de Rousseff por parte de sus propios aliados, constituye
una prueba contundente de la falacia que apuesta a la colaboración de clases
entre los partidos obreros o pequeño burgueses populares con la gran burguesía
nacional e incluso el capital financiero internacional.
Uruguay y
Chile
El
Frente Amplio de Uruguay recorrió un proceso similar al del gobierno del Frente
Brasil Popular. Vázquez llegó al gobierno en 2005 luego de un largo periodo de
colaboración política con el imperialismo desde la gestión en Montevideo y el
respaldo a los ataques patronales al movimiento obrero (huelga de la
construcción). El FA se constituyó como un frente “policlasista”, al principio
con el argumento que era el vehículo de las transformaciones democráticas,
agrarias y antiimperialistas. El balance es un aumento del sometimiento al
capital financiero, la primarización
mayor de la economía, la concentración de la tierra, la desindustrialización y
el avance de la especulación bancario-inmobiliaria.
El
Frente Amplio lleva adelante un ajuste contra el movimiento obrero, rebajando
sueldos y jubilaciones, aumentando las tarifas y los impuestos al salario, y
recortando el gasto estatal en salud y educación. El intento de prohibición de
huelgas (medida que ya había aplicado Mujica contra los municipales) provocó
una rebelión de las bases de los sindicatos en la enseñanza, al mismo tiempo
que reforzó la integración de la burocracia sindical al Estado (el caso de
Castillo es uno de los más ejemplares). Se está procesando una profundización
de la tendencia a la ruptura de un sector del activismo con el gobierno. En
este cuadro, la derecha del FA se encuentra yendo hacia un gobierno de ‘unidad
nacional’, de otro lado las masas en la búsqueda de un nuevo polo político de
carácter anti-capitalista. La tesis del ala izquierda del FA y en especial del
partido comunista, de que los gobiernos frenteamplistas no son gobiernos del
capital sino 'gobiernos en disputa' es una justificación para continuar su
labor de furgón de cola del imperialismo y neutralizar las protestas populares
hacia una puja interna dentro del Frente Amplio y del propio gobierno.
En
Uruguay, de todos modos, se desenvuelve una crisis similar a la que puso fin al
gobierno patronal encabezado por el PT, en Brasil, incluida la pretensión de
Vázquez de desarrollar, como lo intentó Rousseff, un ajuste económico y social
sin tener que proceder, primero, a un cambio de alianzas y régimen político. En
oposición a las corrientes frenteamplistas o que ya han roto con el FA
(Asamblea Popular) de recomponer “el FA de los orígenes” o remedar un chavismo
a la uruguaya, el PT de Uruguay convoca a los obreros avanzados a construir un
partido revolucionario.
Chile
asiste, luego de la vuelta de Bachelet al gobierno, a una profunda crisis
política a sólo dos años de que una agotada Concertación intentara revivir una
“Unidad Popular”, integrando al Partido Comunista al gobierno. La crisis de la
Nueva Mayoría hunde sus raíces en la incapacidad de contener a los diferentes
movimiento de luchadores que recorren el país, el marco de un capitalismo
chileno que ha confiscado de un forma abismal el salario de los trabajadores y
saqueó recursos naturales. Trabajadores subcontratados de la minería,
forestales, portuarios, del comercio y el retail, junto a un la tenaz lucha del
movimiento estudiantil por una educación gratuita, en los últimos diez años han
sido la manifestación del estrangulamiento de las condiciones de vida de las
masas populares a manos de una burguesía
nativa aliada con el capital
imperialista internacional. Las consecuencia de cuatro décadas de políticas
“neoliberales” de apertura comercial, privatizaciones (incluida la profunda
confiscación de los ahorros jubilatorios por las AFP) y un trabajo
flexibilizado extendido han sido la base de un brutal ataque a los
trabajadores, que desarrollan hoy respuestas de lucha en todo el país.
Esta
versión ultra reaccionaria de la colaboración de clase que es Nueva Mayoría
sufrió desde el inicio un revés político, llegando a al gobierno con un 60% de
abstención. Esta tendencia se sigue desarrollando como consecuencia de una
profunda crisis política que coloca en el centro a todos los partidos
tradicionales que han defendido por décadas la herencia de la dictadura. Esta versión
degradada de la política frente populista está condenada al fracaso, ya que sus
pretensiones de plantear un plan de “reformas” sin alterar las bases sociales
ni las instituciones creadas bajo la
dictadura , no puede representar, bajo ningún termino, la canalización de las
aspiraciones sociales de los trabajadores y los sectores populares..
Estamos frente a una política de rescate de la herencia dejada por Pinochet Esta situación se agravará producto de los
golpes de la bancarrota capitalista, donde la caída de los precios del cobre
están mermando la recaudación fiscal, empujando una política de ajuste y
limitando un régimen de arbitraje por medio de la asistencia social. Los
despidos han comenzado a masificarse en el país, lo que han dado lugar a diferentes huelgas en
el sector comercio y la lucha de los operarios del salmón en Puerto Montt, lo
que está marcando un resurgimiento del movimiento obrero en base a piquetes,
asamblea de base y huelgas ilegales.
En
este cuadro de situación, se coloca la tarea central la batalla por la
delimitación política del Frente Popular, basada en la iniciativa por recuperar
a las organizaciones obreras y estudiantiles en base a una alternativa de
independencia política. En Chile se comienza a abrir un nueva etapa política,
donde el agotamiento de la experiencia concertacionista abre un campo de acción
para construcción de una alternativa obrera y socialista.
Chavismo
Otro
elemento que sobresale para el posicionamiento de la izquierda en esta nueva
etapa, es la experiencia del nacionalismo bolivariano como movimiento popular o
de masas. El chavismo ha realizado la mayor transferencia de ingresos de la
renta petrolera hacia emprendimientos sociales (vivienda, educación, salud),
posiblemente de toda la historia latinoamericana. Esta agenda fue el punto
sobresaliente de su programa. Ahora
descubre, tardíamente, los límites de hierro de una economía rentista, cuya
bonanza había calculado para un siglo; el pueblo de Venezuela asiste, no ya la
discontinuidad de esos planes sociales sino a la incertidumbre de la
preservación de lo realizado y a la posibilidad de su reversión. Esto se
manifiesta en la disputa abierta acerca de la titularización de la propiedad de
las viviendas construidas, debido a la inseguridad jurídica creada por la
crisis y a la incapacidad del Estado para asegurar toda la infraestructura de
mantenimiento y refacción, que quedaría en manos de las familias
adjudicatarias.
Este
gigantesco emprendimiento social fue llevado adelante por una organización paralela
al Estado, las llamadas “misiones”. El chavismo, con un planteo en principio
movilizador, ‘puenteó’ al Estado, en lugar de destruir el aparato burocrático
de ese Estado y convertirlo en una maquinaria gestionada por órganos de poder
de las masas. Apuntó, de este modo, a la descalificación y precarización de los
trabajadores y servicios públicos de ese Estado, lo cual explica la oposición
que generó en la salud y la educación. Lo mismo ocurrió con las cooperativas
que reemplazaron a las empresas que se sumaron al sabotaje petrolero de 2002/3.
Es también lo que hizo el kirchnerismo, en versión sainete con las cooperativas
de empleo o las de viviendas regenteadas por la camarilla de Shocklender y
Milagro Salas, entre otros. Apuntó, de conjunto, a una cooptación y
regimentación de movimientos populares. La empresa capitalista, en Venezuela,
no fue sustituida por emprendimientos de gestión obrera bajo un plan económico
único y el desarrollo de una legislación laboral más avanzada. Las grandes
empresas estatizadas vegetan bajo la incuria y corrupción de una burocracia
oficial. El resultado de la gestión bolivariana no ha sido la consolidación del
proletariado sino una atomización de gran alcance. Este es un rasgo fundamental
de la desintegración económica que tiene lugar en la actualidad.
El
proceso bolivariano penetró profundamente en la izquierda de Venezuela, que se
convirtió en un alero del chavismo, pretextando que éste desenvolvía un proceso
revolucionario, por ejemplo el Ccura y Marea Socialista. El llamado maoísmo se
convirtió en “escuálido” al igual que algunos ex lambertistas. En ocasión de
los eventos electorales, la izquierda ha participado, en diversas localidades,
de frentes dispares y sin principios determinados por cálculos ventajistas ocasionales.
Es
con este bagaje que ingresa a una nueva etapa extraordinaria, que anuncia
cambios radicales de régimen, en un cuadro de crisis que involucra a todas las
clases sociales y a todos los estamentos de Estado, incluidas las fuerzas
armadas. Envuelve directamente al imperialismo yanqui, así como a Cuba y a la
vecina Colombia, al conjunto de América latina y a gran parte de la Unión
Europea. Los países ‘aliados’ de Unasur, hayan cambiado de signo político, se
han pasado al campo diplomático que presiona por un cambio de régimen en
Venezuela, como lo ilustra la posición de Uruguay. El macrismo argentino ha
trocado su violencia inicial por una posición favorable a una transición
pactada, como reclama el gobierno de Obama.
En
Venezuela se procesa una regresión política importante. El régimen
plebiscitario de Chávez, que reivindicaba para sí la masividad del voto
popular, se ha convertido en un régimen de facto, que gobierna por decreto,
violentando la soberanía de la Asamblea Nacional ganada por la derecha en forma
abrumadora en las últimas elecciones. Este gobierno por decreto se sostiene por
el apoyo de la cúpula militar, en el marco de un rechazo mayoritario de la
población, según indican los sondeos que no son cuestionados. Las Fuerzas
Armadas se han hecho cargo de la distribución de los alimentos. Del lado
económico se encuentra en marcha un plan de ajuste y de devaluación externa del
bolívar, que busca asegurar el pago de la abultada deuda externa del Tesoro y
de Pdvsa. Circulan propuestas, en el gobierno, de vender activos estatales para
pagar la deuda externa y mejorar la capacidad de importación del país. Lo que
queda del capital extranjero se retira de Venezuela.
La
“guerra económica” que denuncia el chavismo se desenvuelve en el marco de esta
desorganización económica y de privilegiar el pago de la deuda externa. El
cierre de las cuentas de bancos privados y del Banco Central, por parte del
Citibank, es, por un lado, una expresión del estado de cesación de pagos de
Venezuela y, por el otro, traduce la presión de un sector del capital
financiero para acelerar el desenlace de la crisis política. El capital
internacional se siente incentivado por la victoria del macrismo en Argentina,
el golpe de estado en Brasil y el giro anti-chavista del gobierno
frenteamplista de Uruguay. Los trabajadores son llamados a ocupar fábricas que
se encuentran vaciadas o no cuentan con financiación. La militarización
creciente del Estado, incluso si es una militarización ‘bolivariana’, no es
progresiva sino reaccionaria. Históricamente, estos gobiernos de facto han
presidido las transiciones entre regímenes políticos e incluso sociales,
mediando entre las fuerzas en disputa. Recordamos el golpe ‘comunista’ de
Jaruzelsky, en Polonia, que contó con el apoyo del Vaticano y sirvió a la
transición hacia un nuevo régimen político. Precisamente por esto, sectores
cada vez más vociferantes de la derecha venezolana reclaman un golpe militar
contra Maduro, a las fuerzas armadas chavistas.
Una
parte representativa de la oposición escuálida ha completado un programa propio
a la crisis. Mendoza, el dueño de la principal empresa nacional, Polar, ha
planteado un programa de acentuado carácter ‘macrista’: eliminación del control
de los cambios y de los precios regulados, sostenido por una ‘ayuda’ o socorro
financiero internacional, cuyas fuentes no determinó. El impacto de este
‘rodrigazo’ sería, en Venezuela, considerablemente más catastrófico que el del
macrismo –el cual, dicho sea de paso, cuenta con el apoyo de todo el arco
político, en especial del peronismo y del PJ. La transición política marcha a
toda velocidad, aunque en la superficie prime el inmovilismo.
Entendemos
que la izquierda venezolana debería arribar a un acuerdo práctico en torno a
una reivindicación política de conjunto. Es la condición para que pueda
intervenir como protagonista político independiente en esta crisis; podría
reagrupar a los sectores que han roto con el Psuv con planteos progresistas.
Debería abrir esa discusión con toda urgencia. En oposición al gobierno
militarizado de facto, por un lado, y a un revocatorio de contenido derechista,
que además luce incompatible con el ritmo acelerado de la crisis, nuestra
propuesta tentativa es la convocatoria de una Asamblea Constituyente libre y
soberana. El planteo debería servir para reunir asambleas populares que puedan
postularse, eventualmente, como convocantes de esa Constituyente. Un planteo de
este tipo serviría, en cualquier caso, para que la izquierda aparezca como una
candidatura autónoma al poder, que le permita intervenir en las diversas fases
por las que atravesará esta crisis, que promete ser explosiva y prolongada.
Crisis mundial
La
crisis que se ha abierto en América latina no es un simple emergente de
limitaciones políticas subjetivas; es decir de clase, programa y estrategia de
la diversidad de gobiernos de tipo nacionalista. Es, antes que nada, una crisis
de conjunto de sus estructuras sociales y políticas, enmarcada en una
bancarrota capitalista de carácter mundial. El derrumbe de los fenómenos
nacionalistas opera como un accidente histórico que pone al descubierto la
declinación capitalista y la gravedad de la crisis en curso. Precisamente esto
condiciona y contamina los procesos políticos de recambio que encabeza la
derecha. La tentativa ‘restauradora’ de la derecha, abre una etapa de mayor
potencial revolucionario. No inaugura una etapa de repliegue de la lucha de
clases, sino de acentuación de esa lucha. Parte de la ruptura del equilibrio
político precedente e inicia un período de desequilibrios políticos mayores.
Un ejemplo elocuente es México, donde asistimos
a un principio de rebelión contra el gobierno y la persecución que ejerce
contra los trabajadores y la juventud. En Oaxaca, capital de Estado, la
Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) encabezó una
multitudinaria manifestación en repudio a la masacre de seis profesores y para
exigir "castigo a los culpables" y la aparición con vida de 22
personas desaparecidas. La manifestación llegó al Zócalo y al Instituto Estatal
de Educación Pública. La CNTE, del sindicato de maestros, rechaza la reforma
educativa porque estipula que las plazas de maestros serán asignadas por el
gobierno y no por el sindicato como ocurría, impone evaluaciones a docentes y
denuncian la privatización de la enseñanza. Sigue sin esclarecer la masacre de
43 estudiantes de la Escuela Normal Rural
de Ayotzinapa en 2014. El enfrentamiento creciente entre los explotados, la
juventud, y el gobierno de Peña Nieto está poniendo una bomba de tiempo en las
propias puertas del imperialismo yanqui, en un país clave para el Tratado
Trans-Pacífico (TTP). La lucha de clases
en México articula a América latina con la revolución en el centro del
imperialismo mundial.
Esta
etapa, en América latina, tiene lugar en una marco internacional concreto. La
ruptura de la Unión Europea, con la salida de Gran Bretaña, constituye un salto
en calidad en la bancarrota capitalista. La UE fue el emprendimiento
contrarrevolucionario político más destacado de la burguesía mundial luego de
la segunda guerra. Es un bloque económico, político y militar –en esto último
como sucursal de la OTAN. Fue un instrumento de disciplinamiento del
proletariado y el arma política más relevante para apuntalar la restauración
capitalista en la ex Unión Soviética, encarada por la burocracia de cuño
staliniano. Un cuarto de siglo después de la disolución de la URSS, se
despliega la desintegración de su sepulturero. Las contradicciones violentas
del capitalismo se han impuesto por sobre los reveses y derrotas del
proletariado.
El
llamado Brexit ha expuesto la vulnerabilidad del mercado internacional de
capitales más importante del mundo. Obliga al estado a operar un segundo
rescate del capital en el centro nervioso del capital financiero, cuando no se
han cerrado aún las grietas financieras dejadas por el rescate de 2008 –incluso
las han superado. Se conjuga con la bancarrota declarada de la banca
italiana; la corrida bancaria parcial en
España; y por sobre todo la insolvencia
de los dos principales bancos de Alemania. En toda la eurozona se desenvuelve
un proceso de desintegración, crisis políticas y luchas obreras –como ocurre en
Grecia y Francia, por un lado, y Europa central, por el otro. La deuda nacional
de estos países, a fuerza de rescates bancarios, orilla el 300% del PBI. Un
termómetro contundente del impasse económico es la deuda pública colocada a
tasas de interés negativa, que pasó entre enero y junio últimos de u$s 1.3
billones a u$s 13.5 billones. Implica una amenaza al sistema bancario y a las
compañías de seguros, y constituye un registro inapelable de la tendencia a la
deflación monetaria y a la depresión económica. El retiro de Gran Bretaña y la
crisis de la zona euro pueden llevar, alternativamente, a una desintegración de
esos espacios, o a su transformación en un espacio colonial de Alemania
secundada por Francia. En Estados
Unidos, la victoria de Trump en la interna republicana, pone en evidencia una
tendencia chovinista, que responde un crecimiento de la rivalidad económica e
incluso militar entre las potencias capitalistas, que se manifiesta en el mar
de China, en Ucrania y en las agresiones imperialistas en Medio Oriente y el
norte de África.
Este
cuadro mundial condiciona los recursos a disposición de las burguesías
latinoamericanas para salir de las experiencias nacionalistas en sus propios
términos. La enorme sobreproducción de mercancías y capitales explica que el
frente nacionalista internacional de los llamados Brics pasara a mejor vida,
pues todos sus integrantes enfrentan amenazas de bancarrota. La alianza
brasileña con China ha dado paso a un reclamo de ruptura comercial de parte de
la industria siderúrgica instalada en Brasil.
La
crisis mundial tiene un desarrollo desigual, al igual que lo que ocurre con el
capitalismo y la historia en general. China, por ejemplo, contrarrestó con un
gasto público enorme el impacto de la crisis mundial en su economía, lo que
llevó a un ‘boom’ de los precios internacionales de las materias primas. Las
derivaciones de ese gasto fueron responsables del 30% del PBI de los países
productores de esas mercaderías (Martin Wolf, The Shifts and the Shocks). China
enfrenta ahora una hipoteca de deuda fenomenal y, por primera vez, ha
autorizado procedimientos de quiebra. En los meses recientes, la acentuación de
la caída de las tasas de interés en los mercados internacionales de deuda
pública, ha producido un retorno parcial de los capitales de corto plazo a
América latina, por sus tasas de interés elevadas. La bancarrota económica,
asimismo, produce sus propios negocios: la venta de activos por parte de
Petrobras le ha reabierto, aunque en forma precaria, el mercado de deuda extranjera.
Esta volatilidad producto de la crisis no debe confundirse con el
financiamiento de una expansión económica que por ahora no tiene
fundamentos. Argentina ha expandido su
deuda pública en u$s 25 mil millones, en los últimos meses, para pagar a los fondos
buitres y financiar la salida de utilidades y dividendos. Un nuevo ciclo de
endeudamiento internacional tiene bases más restringidas que en el pasado y
consecuencias más explosivas.
Si
la experiencia macrista sirve de guía de ruta para las tentativas similares que
se pergeñan en América Latina, el balance provisorio es claro: un aumento
fenomenal de la inflación, un crecimiento del elevado déficit fiscal heredado,
una suba descomunal de las tasas de interés
y una acentuada recesión económica. Los pergaminos
democrático-electorales y el apoyo masivo de la oposición patronal a sus
medidas más decisivas, no le han evitado enfrentar una resistencia, que ya es
masiva, al ‘rodrigazo’ tarifario. El macrismo ha sido puesto a la defensiva, en
su corto período de gobierno por una rebelión popular contra el tarifazo, que
además ha provocado un principio de fractura en el aparato estatal (amparo
judicial a favor de los usuarios). Se perfila, además, un nuevo ciclo de
reclamos salariales, a pesar del apoyo de la burocracia sindical a la nueva
gestión. El gobierno macrista aún tiene que reunir los recursos económicos y
políticos para su política de ajustes, y luego imponerlos por medio de una
severa lucha de clases. Es un régimen dividido entre camarillas capitalistas,
sin base parlamentaria propia, condicionado en el gobierno por la exigencia de
ganar las elecciones parlamentarias del año próximo.
La izquierda
en la nueva etapa
En
Argentina y también en América latina, esta crisis plantea el desafío de que la
izquierda se convierta en una alternativa política, esta vez ya no bajo formas
democratizantes, como en la década y media pasada, sino obreras y socialistas.
Lo haría en confrontación con partidos patronales históricos en desintegración,
burocracias sindicales desprestigiadas y la venida a menos de las fuerzas
reformistas o democratizantes. Para eso es necesario un debate político y una
comprensión adecuada de la coyuntura presente.
En
Argentina, el Frente de Izquierda se ha convertido en un canal político de esa
alternativa, en especial en 2013, cuando alcanzó su mejor performance electoral
e incluso derrotó al peronismo –gobernante y opositor– en la capital de Salta.
Se ha seguido desarrollando en el movimiento obrero, en especial entre
delegados y comisiones internas. En abril pasado, una lista de izquierda y
clasista, encabezada en todo sentido por el Partido Obrero, ganó el sindicato
del Neumático (Pirelli, Firestone, Fate, etc), con el mismo carácter se han
conquistado posiciones en el sindicalismo docente, entre los estatales, en
seccionales de la CTA (Central de centroizquierda), en la industria de la
construcción, de la alimentación, la gran industria del aluminio, entre otras.
El programa del Frente de Izquierda plantea el desarrollo de la independencia
política de los trabajadores y el gobierno de la clase obrera.
En
contraste con esta perspectiva se ha desarrollado en el Frente de Izquierda una
tendencia hacia el kirchnerismo, por parte del PTS. Es una repetición histórica
degradada de la disolución de la misma corriente en el peronismo, en especial
luego del golpe del 55; el apoyo al regreso de Perón, en 1972; la incorporación
de parte del peronismo al Frente del Pueblo, en 1985. En cada encrucijada
histórica esa corriente posó su mirada en un frente con el peronismo y en la
adaptación política a la verborragia nacionalista. Tiene incluso en marcha una
revisión histórica favorable al foquismo montonero; combina sin rubor el
electoralismo y con una pose militarista (en la campaña electoral de 2011
reivindicaba en especial los escritos militares de Von Clausewitz; en la de
2013, el desarrollo de la democracia mediante la igualación del salario de los
legisladores con los docentes). Esta adaptación se manifiesta igualmente en
Bolivia, donde se abstuvieron sobre la reelección de Evo Morales en lugar de
rechazarla, o en el pedido de ingreso en el PSOL, que impulsa a Luiza Erundina
como candidata en las próximas municipales de San Pablo.
En
diversas tentativas de coordinación sindical, tanto el PTS como IS rechazaron,
como inoportuna, la reivindicación de la independencia política de la clase
obrera, con el argumento de la necesidad de atender a ideología de los
activistas peronistas. El seguidismo es postulado como táctica política. En la
lista Negra del Neumático, sin embargo, hay activistas de primer nivel que
siguen vinculados románticamente al peronismo y defienden esa independencia
política de los trabajadores. La ruptura del PTS con el FIT, en ocasión del 1°
de Mayo, se explica en esa línea. El pretexto pueril, a saber, que IS no
caracterizaba como golpe la movida contra Rousseff, obedeció a la orientación
de dar una señal de acercamiento al kirchnerismo, lo cual tuvo expresión en un
frente parlamentario del PTS con la burguesìa opositora en defensa
indiferenciada del gobierno de Dilma –para peor, con la perspectiva puesta en
los resultados que podría brindar para las elecciones de renovación
parlamentaria de 2017. El pretexto de la lucha contra el golpe en Brasil operó
como una cortina de humo contra el desarrollo de la alternativa política del
FIT al gobierno de Macri y sus apoyos políticos. El mismo sentido tuvo la
votación parlamentaria del PTS a favor del plebiscito propuesto por el
kirchnerismo para un pago a los fondos buitres en los términos de la
reestructuración que rigió para el conjunto de la deuda canjeada, en
contraposición a la posición revolucionaria del dictamen del PO planteando el
no pago de la deuda, en lo que constituyó una formidable denuncia del régimen
en su conjunto y en particular del kirchnerismo que aseguró el pago serial de
la deuda externa con los fondos de los jubilados. La prensa digital del PTS
apunta claramente en esa dirección, pues se ha convertido en una tribuna para
el kirchnerismo, que es disimulada con entrevistas periodísticas a voceros de
la derecha. Las divergencias polìticas, como ha ocurrido con la posición de IS,
deben discutirse con tiempo y método y la participación activa del conjunto de
los militantes. Las perspectivas políticas del FIT requieren una delimitación
clara del centrismo político de las fuerzas que lo integran. El Partido Obrero
se ha destacado por una delimitación rigurosa y una crítica sin concesiones a
la experiencia autoproclamada “nacional y popular” –que constituye el contenido
principal del avance de la izquierda. Esto en contraste con la oposición al
kirchnerismo de la llamada “izquierda plural” (MST, Libres del Sur), que no
reparó en esa tarea con aliarse a la oligarquía agraria en el conflicto de
2008, y formar listas electorales con representantes políticos de la industria
automotriz de Córdoba y también con secuaces del macrismo.
La
nueva etapa encuentra al FIT en una encrucijada. La adaptación al kirchnerismo
de parte del PTS lo ha llevado a una la ruptura política, como ha ocurrido con
el boicot al acto del 1° de Mayo (existe desde hace tiempo una ruptura de los
acuerdos de cogestión de las representaciones parlamentarias y, por lo tanto,
una usurpación política de las bancas conquistadas). En oposición a esta
adaptación y a las tendencias democratizantes, el PO caracteriza que la etapa
política presente ofrece una posibilidad considerablemente mayor para que la
izquierda revolucionaria se postule como una alternativa política al derrumbe
capitalista y al agotamiento e incluso disgregación de los partidos patronales
de Argentina. La lucha por independencia de clase del proletariado es el
peldaño político para establecer un gobierno socialista de la clase obrera.
El
balance general revela la definitiva y completa bancarrota del llamado Foro de
San Pablo, cuyos gobiernos se hunden como consecuencia de sus limitaciones
políticas e incluso su colaboración con el imperialismo.
La
izquierda latinoamericana aborda la nueva etapa de bancarrotas capitalistas y
de regímenes políticos en América Latina, delimitada en tres bloques. Por un
lado una derecha que reivindica el frentismo ‘plural’ y democratizante y que se
esfuerza en borrar toda distinción entre la clase obrera y los explotados, de
un lado, y la burguesía, del otro, y que se manifiesta en el apoyo y en la
promoción de candidatos patronales. Por otro lado, una izquierda centrista, que
oscila entre el frentismo democratizante y en especial en la adaptación al
nacionalismo o democratismo burgués (como ocurre en Bolivia, Brasil y
Argentina). Finalmente un polo revolucionario, el cual defiende el principio de
los acuerdos prácticos con todas las corrientes en presencia cuando se trata de
impulsar una lucha de masas, pero trabaja por la independencia del proletariado
como labor preparatoria para un gobierno de la clase obrera. La estrategia de
esta última corriente está resumida en la consigna de los Estados Unidos
Socialistas de América Latina, incluido Puerto Rico.
Parlamentarismo,
sindicatos
Las
últimas décadas se han caracterizado por el lugar histórico inédito de los
procesos electorales, resultado de un cruce de procesos históricos
latinoamericanos e internacionales. Sea como fuere, dio lugar a un protagonismo
electoral, también inédito, de la izquierda y en particular de la trotskista.
En algunos países llevó a organizaciones trotskistas a los Congresos o
Asambleas nacionales. Esta circunstancia puso a prueba la capacidad de estas
organizaciones para desarrollar una actividad revolucionaria en el campo
electoral y en el parlamento. Como es obvio, la capacidad para satisfacer este
propósito depende, en primer lugar, de los programas y de las estrategias de
las fuerzas de izquierda en presencia, que son, en su mayoría, democratizantes,
o sea electoralistas y reformistas. Según se ha denunciado en la prensa de
izquierda de Brasil, el PSOL ha aceptado aportes de grandes empresas para sus
campañas electorales y el mismo partido ha justificado esta aceptación. Las
oportunidades de reconocimiento político que ofrecen los procesos electorales
para corrientes confinadas a una actividad sindical o marginalizadas en la
lucha política, cuando no directamente sectarias, han operado como un poderoso
factor de presión para la adaptación electorera a los prejuicios de la llamada
‘opinión pública’. Es el caso ya mencionado del planteo de igualar el salario
de los legisladores a los docentes para acabar con “la casta política” y hacer
“avanzar la democracia”. No es más que la charlatanería del Podemos de España.
Al igualar con esta ‘casta política’ la persistencia de los dirigentes
socialistas más antiguos, el palabrerío democrático fue convertido en
contrarrevolucionario.
Para
que los procesos democráticos puedan ser aprovechados por la izquierda
revolucionaria es necesario hacer de ellos una caracterización adecuada. Lo
mismo ocurre con el parlamentarismo: son, por un lado, la oportunidad de llevar
la propaganda socialista a las grandes masas, pero al mismo tiempo un mecanismo
de legitimación del estado y una presión para sustituir la lucha de clases por
el arbitraje del sufragio y la representación popular. En el campo de la
burguesía, las fracciones democratizantes o simplemente demagógicas, utilizan
la labor legislativa para bloquear la acción directa de los trabajadores, casi
siempre instigada por la burocracia de los sindicatos o con su colaboración. En
Argentina, los parlamentarios del PTS dieron su apoyo abierto a una legislación
‘anti-despidos’ “consensuada” por fracciones opositoras de la burguesía que
apuntaba a sustituir la lucha de los trabajadores por el arbitraje de la
justicia laboral y a justificar la inacción de los sindicatos ante las
suspensiones y despidos. El Partido Obrero
denunció desde el primer momento la “parlamentarización” del reclamo de
la burocracia sindical, usando la tribuna parlamentaria durante 50 días de
crisis y debate sobre el punto, para brindar en su dictamen un programa basado
en el reparto de horas de trabajo sin afectar el salario –escala móvil de horas
de trabajo–, en función de las huelgas y ocupaciones de fábricas para enfrentar
los despidos y del planteo de huelga general contra el conjunto del ajuste.
Curiosamente, el PTS había combatido, en los inicios del FIT, las propuestas de
legislación, por parte de la izquierda, como puro electoralismo. Ignoraba la
labor legislativa del PO, en el ámbito de la Ciudad, que logró la aprobación
parlamentaria a la reducción de las horas de trabajo en el subterráneo y que
desató una enorme lucha de los trabajadores y potenció el trabajo en la empresa
para expulsar a la burocracia sindical y más recientemente un gran movimiento
por las seis horas de enfermería. Así como en el parlamento nacional reanimamos
un movimiento nacional por la reparación a 36 mil trabajadores de YPF y más
adelante para el gremio telefónico abriendo rutas de desarrollo del clasismo.
Los
golpes de estado en diversos países, aunque no directamente militares; las
masacres en México y la alianza entre el estado y el narcotráfico; las masacres
de campesinos en Paraguay; los paramilitares en Colombia; el asesinato de
activistas de izquierda por bandas patronales en Venezuela; los continuados
asesinatos de trabajadores y líderes sin tierra e indígenas en Brasil; las muertes
de luchadores en Argentina, por parte de patotas de la burocracia y la policía,
y el gatillo fácil; todo esto atestigua la fragilidad y la provisoriedad de la
tan mentada etapa democrática en América Latina. La política que tiene por base
la perspectiva de una durabilidad y profundización de los procesos
democratizantes, carece de sustento.
El
ascenso de la izquierda y de las corrientes trotskistas en América Latina se
manifiesta fuertemente en los sindicatos. Un progreso ulterior, sin embargo,
podría verse bloqueado por un agudo faccionalismo. Este faccionalismo
exacerbado es, por un lado, el reflejo de un prolongado periodo de desarrollo
marginal y sectario y, por el otro, de una inmadurez que se caracteriza por la
sustitución de la delimitación política por la pelea de aparato. Esto ha
impedido un desarrollo sindical que podría haber sido más enérgico, en especial
en Brasil, en Argentina y en Venezuela. En la lucha contra este bloqueo
propugnamos el frente único de todas las tendencias combativas en los
sindicatos.
La Revolución
Cubana
En
las últimas décadas, la Revolución Cubana ha quedado replegada como foco de
referencia para las masas de América latina, incluso por la aparición de nuevas
experiencias políticas que desataron enormes ilusiones políticas en los
explotados. La razón principal, sin embargo, ha sido el impasse completo que ha
alcanzado el régimen político de la isla y su política de colaboración con las
burguesías nacionales y el propio imperialismo. Existe una tendencia a
descalificar su resultado histórico, sin embargo sigue representando una
referencia para los trabajadores de América Latina, en especial por su
capacidad de resistencia al mayor imperialismo de todos los tiempos –a noventa
millas de sus costas. Mantuvo, además, su peculiaridad histórica frente a la
restauración capitalista en la ex URSS y su entorno geopolítico y a la vigorosa
penetración del capitalismo en China y Vietnam. La aceptación, por parte de
EEUU, de relaciones diplomáticas con
Cuba, constituye un recule político del imperialismo, luego de más de medio
siglo de bloqueo, con independencia de que tenga la misma finalidad de reanudar
la colonización capitalista de la isla. El bloqueo sigue en pie, aunque
disminuido, como un arma de extorsión para imponerle al país las pretensiones
del imperialismo.
Con
manifiestos zigzagueos, Cuba ha encarado, una salida a su estancamiento
económico por la vía de una colaboración del capital internacional, y por una
política de ajuste y de mayor diferenciación social. No tiene la posibilidad,
sin embargo, de reproducir las características del camino de China hacia el
capitalismo, porque no tiene la posibilidad de ofrecer un mercado interno al
capital internacional, sino convertirse en una plataforma de exportación y un
paraíso turístico e inmobiliario. En última instancia, convertiría a Cuba en
una suerte de República Dominicana, Puerto Rico o Haití. Puerto Rico, la isla
menor de las Antillas, enfrenta ahora un defol económico generalizado que ha
reducido a la nada su condición de estado asociado de EEUU, pues ha pasado a
ser gobernado por un comité de supervisión financiera y fiscal, con el cometido
de que pague su enorme deuda externa. El camino chino ha conducido a la propia
China a una crisis de potencial monumental y al mismo tiempo a un desarrollo
cada vez más impetuoso de la lucha de clases de la clase obrera. La bancarrota
capitalista mundial opera, por un lado, como un factor de presión para la
apertura completa de Cuba al capital internacional y, por otro lado, como un
límite insalvable a sus posibilidades, porque acentuará el impasse del régimen
político y la lucha de los trabajadores.
Cuba
sigue siendo una sociedad en transición, con la peculiaridad de que está
gobernada por una fuerte burocracia estatal y una tendencia interna cada vez
más amplia, que favorece la privatización de la propiedad pública. Esta
condición le da al planteo de asociación con el capital extranjero una fuerte
connotación restauracionista. Un régimen proletario buscaría atraer inversiones
extranjeras, en condiciones de aislamiento y crisis, en función de un
fortalecimiento de la dictadura del proletariado. Los grandes debates en el
bolchevismo, en los años 20, muestran el rechazo al esquematismo autárquico. Si
el proceso de China sirve de ejemplo, la perspectiva de una renovación revolucionaria
en Cuba pasa por la lucha por la organización independiente de los sindicatos,
el desarrollo de la autonomía política de la clase obrera y la perspectiva de
un gobierno de trabajadores.
Los
gobiernos de Cuba y de Estados Unidos constituyen los promotores principales
del llamado proceso de paz en Colombia, que cuenta con el apoyo de la UE y de
la ONU. El largo proceso guerrillero en Colombia ha entrado hace mucho tiempo
en una clara descomposición y ha sufrido derrotas militares contundentes. Las negociaciones
de paz apuntan a integrarlo al régimen político y al Estado capitalista, el
propósito declarado de las propias Farc. El resultado, sin embargo, sigue
incierto debido al crecimiento vertiginoso del paramilitarismo y al
agravamiento de la cuestión agraria. Un acuerdo de paz no va a resolver ninguna
de las contradicciones explosivas de Colombia. Las nuevas condiciones políticas
deberían ser aprovechadas para convocar a la construcción de un partido
revolucionario.
Tareas
El
propósito de estas tesis y de la Conferencia sobre América Latina es que sirvan
al debate político y a la elaboración de un programa. No puede existir un
partido sin programa, sin embargo eso es lo que ocurre en América Latina. Los
asistentes a la Conferencia adoptan un plan de trabajo de difusión de las tesis
y su discusión en la izquierda, el movimiento obrero y la juventud.
Partido
de los Trabajadores (Uruguay), Partido Obrero (Argentina), Partido Obrero
Revolucionario (Chile), Tribuna Classista (Brasil), Opción Obrera (Venezuela),
Emigdio Idoyaga (Paraguay), Osvaldo Coggiola (Brasil).
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