VENEZUELA
Elecciones bolivarianas dan victoria a la derecha
Los resultados de las elecciones parlamentarias del domingo pasado en Venezuela refutan la tesis política más difundida en América Latina, que dice que se debe apoyar a los gobiernos nac&pop o bolivarianos para impedir que la derecha o el neoliberalismo retomen el poder. En efecto, al cabo de más de una década en el timón del Estado, el chavismo acaba de perder, en términos de votos, los comicios recientes por 52 a 48%. La llamada Mesa de la Unidad, una coalición de derecha, obtuvo 5,3 millones de votos, que sumados a los 300 mil obtenidos por el PTT, que pasó a la oposición en los últimos meses, supera los 5,4 millones de votos obtenidos por el oficialismo. Este último, sin embargo, se quedó con 98 de las bancas en disputa contra 67 de la oposición sumada, en virtud de un diseño de las circunscripciones armado para favorecer a los candidatos del gobierno. La polarización clásica de las doce elecciones realizadas con anterioridad, que otorgaban al chavismo un 60/63% del electorado (y a la oposición el restante 37/40%) sufrió una reversión importante. Con una alta participación electoral, el chavismo transfirió alrededor de un millón de votos a la oposición gorila. Como ha ocurrido siempre en el pasado, las limitaciones y contradicciones de los procesos nacionalistas de contenido burgués acaban ofreciendo una nueva oportunidad a una derecha que había sido desahuciada por las masas. El proceso nacionalista, por radical que parezca, ha sido incapaz de privar a la derecha de su base económica poderosa, habilitándola para recuperar de algún modo una base social. Las descomunales penurias del pueblo como consecuencia de las contradicciones del proceso nacionalista (malversación de recursos, corrupción, anarquía productiva, creación de una burguesía paraestatal, acentuada burocratización del poder) han llevado agua al molino de la agitación derechista.
Néstor Kirchner ofreció, durante su estadía en Nueva York, un balance de las elecciones en Venezuela, donde el elogio a la performance electoral del chavismo deja al descubierto una condena lapidaria al proceso bolivariano. Para el ex presidente argentino, la retención del 80% de su electorado por parte del gobierno constituye una formidable expresión de fortaleza, dadas las pésimas condiciones sociales que enmarcaron las elecciones. El chavismo logró una votación masiva, dice Kirchner, a pesar de la falta de luz, de agua, de infraestructura, de la inflación y de la caída de la actividad económica. Es decir que el influjo del chavismo en las masas es enorme. Se puede añadir a esto algo más: hay una fuerte conciencia popular acerca del carácter contrarrevolucionario de la oposición. Esto no es sorprendente: Salvador Allende consiguió la votación más alta de la historia de la izquierda de Chile cuando la situación económica se había transformado en desesperante -cinco meses antes del golpe. En un caso como en el otro, la experiencia reformista o de colaboración de clases produjo una enorme desorganización económica. El chavismo es también un régimen de colaboración de clases con la burguesía, tanto "endógena" (boliburguesía) como exógena, cuyo régimen social preserva -lo que se expresa en un poder político bonapartista que somete a la clase obrera a su tutela. Kirchner invita a Chávez a "reflexionar", es decir a ‘moderarse' -una conclusión de antología, porque el pingüino lleva adelante también una política de desorganización económica y de saqueo de fondos públicos, sin dar el menor indicio de una disposición a ‘reflexionar'. Kirchner hizo su comentario afectado por los aires de Nueva York y por el entusiasmo de su esposa con la Bolsa de esa ciudad.
Hay un aspecto que ha sido dejado de lado en la totalidad de los análisis de la derrota del chavismo. Ocurre que las elecciones tuvieron lugar luego de la aplastante victoria electoral del uribista Santos en Colombia y de la ejecución del guerrillero ‘Mono' Jojoy. El cambio de camiseta de una parte importante del electorado representa, entonces, una adaptación a la presión de la derecha continental. Hugo Chávez ha contribuido al desarrollo de esta tendencia al presentar a Santos como una oportunidad democrática para Colombia y para la región. En las últimas semanas han crecido las evidencias de una fuerte colaboración del Ecuador de Correa con el gobierno de Colombia. Las vacilaciones de los gobiernos bolivarianos ante ofensivas como las ocurridas en Honduras y en Colombia son responsables del recule político-electoral en Venezuela. Aliados del chavismo como Uruguay, Argentina, Ecuador y países del Caribe acaban de participar en maniobras con el Pentágono en el canal de Panamá. La IV Flota se pasea por los mares de América, desplegando imperturbable su sistema de espionaje y rastreo electrónico -algo decisivo en los golpes que las fuerzas armadas de Colombia están propinando a las Farc. El gobierno bolivariano sigue empeñado en ingresar en el Mercosur (ya lo está en Unasur), o sea en integrar la economía venezolana en la red social, política e institucional de la burguesía mundial en América del Sur.
La mayoría aplastante de los observadores ha opinado que la reacción de Chávez a la derrota electoral será acentuar el desarrollo político de un sistema de comunas y otras instituciones que neutralicen a las instituciones tradicionales, incluida la Asamblea Nacional. Algo parecido sostuvimos en estas páginas la semana pasada. Se supone que Chávez acentuaría su operatoria bonapartista como parte fundamental de la campaña para las elecciones presidenciales de 2012. Pensamos ahora que este pronóstico se encuentra cuestionado. El régimen bolivariano no podrá sustraerse al choque político que tendrá lugar en la Asamblea Nacional a partir de enero, cuando asuma la nueva representación política. Los diputados del chavismo y los cuadros políticos del movimiento bolivariano no resignarán su participación en este choque político para subordinarse a planes de tipo anti-parlamentario. Para estos representantes y cuadros se trata de una cuestión de supervivencia.
El proceso político de aquí en más se desarrollará en el marco de una crisis económica explosiva. La estatal PDVSA ha pasado de una deuda de tres mil millones de dólares en 2006 a treinta mil millones en 2010. La inflación ha vuelto a encarecer sus costos de producción, lo cual plantea la posibilidad de una nueva devaluación del bolívar, luego de la mega desvalorización del año pasado. El mercado negro del dólar ha vuelto a dispararse, cuando el gobierno ya no tiene recursos (reservas o más deudas) para controlarlo. El derrumbe económico será el motor fundamental de una acentuación de la lucha de clases.
A la izquierda revolucionaria de Venezuela se le plantea un enorme desafío, que es al mismo tiempo una oportunidad que no puede despreciar: orientar la reacción de los militantes bolivarianos y de las masas a la recuperación de la derecha. En oposición a la reacción bonapartista que podría ensayar el chavismo, e incluso a las vacilaciones que pondrá de manifiesto (bajo la presión de su derecha interna, de sus aliados continentales y del imperialismo), la izquierda debería poner en claro la responsabilidad del chavismo en el avance derechista; sus limitaciones insalvables para orientar positivamente esta reacción -o sea dar libre rienda a la movilización de las masas- y plantear claramente que esa reacción debe partir de la independencia de la clase obrera del Estado y de la burocracia del régimen; impulsar la formación de una central obrera independiente; superar las limitaciones de las nacionalizaciones chavistas con el reclamo de la expulsión de la burocracia del Estado de las empresas nacionalizadas, el establecimiento del control obrero; y la formación de consejos obreros y de un consejo obrero nacional para establecer un plan único al servicio de los trabajadores. Asimismo, con estos mismos planteos, deberá ponerse a la cabeza de la resistencia social al derrumbe de la economía. Es necesario colaborar para que las masas organicen una alternativa de poder al chavismo para, de paso, barrer definitivamente a la derecha del escenario histórico de Venezuela.
Jorge Altamira
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domingo, 3 de octubre de 2010
sábado, 2 de octubre de 2010
Cuando la “REVOLUCIÓN” es la Partera de los Verdugos de los Explotados
Elecciones parlamentarias en Venezuela
Cuando la “REVOLUCIÓN” es la Partera de los Verdugos de los Explotados
Teodoro Petkoff, como vocero intelectual del escualidismo venezolano, en su pasquín del lunes 27 de septiembre de 2010, coloca estas líneas que dan a entender el sentido por venir del accionar de la derecha, pero lo interesante es que desnudan el absurdo que es que una “revolución” que se pretende social sea la que se lo concede:
“Sin duda la primera tarea de ese país emergente es romper la polarización absurda de los ciudadanos, el imperio del odio, el discurso delirante, falaz y propiciador de la violencia, la corrupción sin límite y la segregación. Eso significa tenderle la mano a tantos venezolanos estafados, una vez más, por promesas demagógicas y hacer nuestras sus seculares esperanzas legítimas y sus derechos a la igualdad y el destino compartido.
La unidad triunfante no puede sino extenderse a todos, abrir las puertas de los campos, trastocar la rapacidad por la fraternidad. Si algo podemos celebrar de esta jornada histórica es que hemos recuperado el sentido de nación, que no significa una ciudadanía etérea y falaz, sino una manera de tramitar sus contradicciones reales en paz, en el ágora dialogante, en el respeto al individuo, su libertad y pluralidad.”
Sucede que lo que estamos acostumbrados a escuchar, y a hacer de ello un lugar común, es que estamos en una "revolución". Una palabra que debe entrecomillarse porque los resultados de las elecciones del domingo colocan al país partido por la mitad dando la extraña idea que sólo una buena parte está con ella y la otra gran parte no. Los resultados obtenidos por la derecha indicarían, bajo este esquema maniqueo de "revolución" para la mitad de los venezolanos, que han sido precisamente los revolucionarios quienes han fomentado su división cuando en realidad una gran mayoría de todos aquellos venían siendo considerados el perraje de la sociedad desde los tiempos finales de la cuarta república.
Hoy, con su cara bien lavada por los resultados electorales, la derecha pretende canalizar la mitad de los venezolanos que lo acompañaron con el voto con el exabrupto de decir que ha sido la "revolución" quienes los ha divido en dos toletes cuando claramente a conciencia quien los segregó en mucho más de la mitad fue precisamente el otorgamiento a una minoría muy bien escogida de explotadores desde los tiempos de la cuarta república y más allá el "derecho" que les otorga las relaciones de producción que impone el capitalismo.
Pero mientras de estos lados del proceso se hace mención a cada rato a la tan mentada "revolución" (una manifestación concreta que aún no se observa del accionar de las grandes mayorías explotadas y oprimidas frente a las minorías que les hacen frente), nos damos cuenta que esa palabra tan rimbombante lo que ha hecho es garantizarle un espacio a los contrarrevolucionarios. Ya ese espacio en función de votos totales lista por los resultados de ayer superan en 4 puntos los votos lista de quienes defienden la ... "revolución". Pareciera entonces que el fetiche en la "revolución" que se mantiene desde el proceso produce, al contrario, resultados distintos a lo que proclama. Y es que no deja de ser asombroso ver cómo una "revolución" que más bien debiera sepultar a los contrarrevolucionarios negándoles ningún diputado por el contrario les da un aliento que hace ver de nuevo en la AN a "muertos" políticos de la cuarta y a sus partidos políticos ya varias veces derrotados durante buena parte de la quinta república.
Ahora, lo más triste a mi entender, es que tanto los que votaron por la "revolución" como los que no lo hicieron, ambos viven en carne propia lo que critican con denuedo los que la enarbolan como bandera las luchas sociales. Corrupción, alto costo de la vida, despidos, inseguridad, salarios y contratos colectivos congelados, especulación, fallas en los servicios públicos o la imposibilidad de conseguir una vivienda, afectan tanto a unos como a otros de manera cruda, mientras, el fundamento en la cual recaen tales males, el Estado de los capitalistas y sus relaciones de producción, se mantiene incólume y adicionalmente se le alienta su supervivencia en plena crisis mundial del capital que hace estragos al interior de la economía venezolana. La contradicción es tan obvia que el gobierno que se asume el hacedor de la “revolución” tiene que continuar endeudando al país en el extranjero a tasas usurarias que desangran nuestros recursos, y enajenar los mismos en buena parte a ese capital mundial en bancarrota con empresas de trasnacionales imperiales y de países "amigos" porque la "revolución" ha sido incapaz de colocar en el banquillo de los acusados, y expedirles condena, a esa minoría de parásitos que sobrevive con los que les extrae de plusvalía a los explotados de la fuerza de trabajo.
El gobierno bolivariano aprovechó con dispendioso derroche la bonanza de la economía mundial manifestada globalmente desde el 2002 hasta buena parte del 2008. La derecha hasta le cedió a sus “revolucionarios” en el 2005 la totalidad de los diputados para que hicieran la "revolución" en el marco "democrático burgués" del Estado de los capitalistas. Todas las posibilidades para que la izquierda nacionalista creyente en las posibilidades de reforma del Estado de los capitalistas y su burguesía estuvieron servidas para acometerlo. La hegemonía casi total en todos los espacios de poder de la administración del Estado de igual modo estuvo disponible para intentar hacer el mejor de los reformismos socialistas. La realidad hoy es otra aunque no porque la falacia nacionalista tuviese sentido. Ante los anuncios de la bancarrota mundial del capital anunciada con bombos y platillos desde mediados del 2007 en los propios centros financieros imperiales, haciendo indudablemente un lastre a una economía rentista basada en los dólares del petróleo vendido y de la compra desaforada con tales divisas del 80% de lo que se consumía a su interior, el reformismo nacionalista de izquierda hizo mutis y se anunció como blindado a cualquier quiebre o bancarrota del capital en el planeta. Mientras lo declaraba, de igual modo alentaba a los capitalistas a sobrevivir tanto que la banca privada, nacional e internacional, no dejó de recibir alguna de las cuotas por cobrarle a la administración del Estado, y sus capitalistas a manos llenas (20.000 millones de dólares por año en promedio en un esquema de control cambiario rígido) colocaban en otros países los dólares, "legalmente", con la venía de las instituciones gubernamentales.
Pero esa bonanza ya no existe tanto que sin los créditos chinos o los internacionales de venta de deuda soberana (o como los últimos 3.000 millones que colocó PDVSA con garantía de sus activos) el gasto público no se da abasto para sostener la voracidad de un Estado deformado doblemente por el paralelismo de sus instituciones burocráticas tradicionales y las nuevas de las misiones sociales, mientras la porción mayoritaria de la renta petrolera la siguen usufructuando los capitalistas viejos y nuevos (esa mal llamada boliburguesía nacida al calor de los funcionarios de alto nivel del gobierno bolivariano) y su burguesía. Sin bonanza financiera y económica, una ley de hierro, la izquierda nacionalista y reformista, bajo un marco de aceptación burgués, tiende a su desaparición como ya la historia latinoamericana da constancia en sus últimos 60 años. Cada uno de ellos usó el “socialismo” a su manera para terminar postrado frente al capitalismo nacional e imperial, y con lo que fue peor, postrando adicionalmente a sus pies al sujeto histórico fundamental para hacer el verdadero cambio social, la clase trabajadora.
Al intelectual escuálido que hoy hace loas por una unidad social por venir basado en la hegemonía de la burguesía y sus relaciones de producción sustentadas en la explotación del hombre por el hombre, se le olvida que las fuerzas centrífugas que genera la lucha de clases como consecuencia de la bancarrota planetaria del capital, harán que los trabajadores alcen sus voces para reclamar por sus salarios y reivindicaciones puestos en entredicho aún estando presos en la camisa de fuerza que les impone la cooptación por parte del chavismo y sus reiterativo “socialismo del siglo XXI”. Quizás, llegado ese momento, se dé perfecta cuenta el de marras lo que significa para el capitalismo y la burguesía mantenerlo y hasta defenderlo, o como también nos los ha dicho ya la historia reciente latinoamericana, hacer loas por otro caudillo más complaciente para con las clases dominantes y absolutamente reaccionario y represivo con las clases trabajadoras cuando éstas reclamen.
Los resultados del domingo han dado la campanada de alerta que indica la presencia de tendencias históricas ya aprendidas en otros países del continente y de las que aún la clase trabajadora venezolana debe sacar provecho de su experiencia. Está en las manos de los revolucionarios, junto a la clase trabajadora y al pueblo proletario de los que nada tienen, hacer la revolución social que ellos esperan hacer por ellos, para ellos y con ellos en vez de seguir aceptando que la contrarrevolución cubra sus espacios porque quienes creen deben hacerla no lo hacen en realidad. Seguir creyendo en las ilusiones del reformismo del nacionalismo burgués izquierdizante sería ver el profundo retroceso que causaría en el seno de las masas que una "revolución" pueda ser derrotada electoralmente.
Roberto Yépez
Cuando la “REVOLUCIÓN” es la Partera de los Verdugos de los Explotados
Teodoro Petkoff, como vocero intelectual del escualidismo venezolano, en su pasquín del lunes 27 de septiembre de 2010, coloca estas líneas que dan a entender el sentido por venir del accionar de la derecha, pero lo interesante es que desnudan el absurdo que es que una “revolución” que se pretende social sea la que se lo concede:
“Sin duda la primera tarea de ese país emergente es romper la polarización absurda de los ciudadanos, el imperio del odio, el discurso delirante, falaz y propiciador de la violencia, la corrupción sin límite y la segregación. Eso significa tenderle la mano a tantos venezolanos estafados, una vez más, por promesas demagógicas y hacer nuestras sus seculares esperanzas legítimas y sus derechos a la igualdad y el destino compartido.
La unidad triunfante no puede sino extenderse a todos, abrir las puertas de los campos, trastocar la rapacidad por la fraternidad. Si algo podemos celebrar de esta jornada histórica es que hemos recuperado el sentido de nación, que no significa una ciudadanía etérea y falaz, sino una manera de tramitar sus contradicciones reales en paz, en el ágora dialogante, en el respeto al individuo, su libertad y pluralidad.”
Sucede que lo que estamos acostumbrados a escuchar, y a hacer de ello un lugar común, es que estamos en una "revolución". Una palabra que debe entrecomillarse porque los resultados de las elecciones del domingo colocan al país partido por la mitad dando la extraña idea que sólo una buena parte está con ella y la otra gran parte no. Los resultados obtenidos por la derecha indicarían, bajo este esquema maniqueo de "revolución" para la mitad de los venezolanos, que han sido precisamente los revolucionarios quienes han fomentado su división cuando en realidad una gran mayoría de todos aquellos venían siendo considerados el perraje de la sociedad desde los tiempos finales de la cuarta república.
Hoy, con su cara bien lavada por los resultados electorales, la derecha pretende canalizar la mitad de los venezolanos que lo acompañaron con el voto con el exabrupto de decir que ha sido la "revolución" quienes los ha divido en dos toletes cuando claramente a conciencia quien los segregó en mucho más de la mitad fue precisamente el otorgamiento a una minoría muy bien escogida de explotadores desde los tiempos de la cuarta república y más allá el "derecho" que les otorga las relaciones de producción que impone el capitalismo.
Pero mientras de estos lados del proceso se hace mención a cada rato a la tan mentada "revolución" (una manifestación concreta que aún no se observa del accionar de las grandes mayorías explotadas y oprimidas frente a las minorías que les hacen frente), nos damos cuenta que esa palabra tan rimbombante lo que ha hecho es garantizarle un espacio a los contrarrevolucionarios. Ya ese espacio en función de votos totales lista por los resultados de ayer superan en 4 puntos los votos lista de quienes defienden la ... "revolución". Pareciera entonces que el fetiche en la "revolución" que se mantiene desde el proceso produce, al contrario, resultados distintos a lo que proclama. Y es que no deja de ser asombroso ver cómo una "revolución" que más bien debiera sepultar a los contrarrevolucionarios negándoles ningún diputado por el contrario les da un aliento que hace ver de nuevo en la AN a "muertos" políticos de la cuarta y a sus partidos políticos ya varias veces derrotados durante buena parte de la quinta república.
Ahora, lo más triste a mi entender, es que tanto los que votaron por la "revolución" como los que no lo hicieron, ambos viven en carne propia lo que critican con denuedo los que la enarbolan como bandera las luchas sociales. Corrupción, alto costo de la vida, despidos, inseguridad, salarios y contratos colectivos congelados, especulación, fallas en los servicios públicos o la imposibilidad de conseguir una vivienda, afectan tanto a unos como a otros de manera cruda, mientras, el fundamento en la cual recaen tales males, el Estado de los capitalistas y sus relaciones de producción, se mantiene incólume y adicionalmente se le alienta su supervivencia en plena crisis mundial del capital que hace estragos al interior de la economía venezolana. La contradicción es tan obvia que el gobierno que se asume el hacedor de la “revolución” tiene que continuar endeudando al país en el extranjero a tasas usurarias que desangran nuestros recursos, y enajenar los mismos en buena parte a ese capital mundial en bancarrota con empresas de trasnacionales imperiales y de países "amigos" porque la "revolución" ha sido incapaz de colocar en el banquillo de los acusados, y expedirles condena, a esa minoría de parásitos que sobrevive con los que les extrae de plusvalía a los explotados de la fuerza de trabajo.
El gobierno bolivariano aprovechó con dispendioso derroche la bonanza de la economía mundial manifestada globalmente desde el 2002 hasta buena parte del 2008. La derecha hasta le cedió a sus “revolucionarios” en el 2005 la totalidad de los diputados para que hicieran la "revolución" en el marco "democrático burgués" del Estado de los capitalistas. Todas las posibilidades para que la izquierda nacionalista creyente en las posibilidades de reforma del Estado de los capitalistas y su burguesía estuvieron servidas para acometerlo. La hegemonía casi total en todos los espacios de poder de la administración del Estado de igual modo estuvo disponible para intentar hacer el mejor de los reformismos socialistas. La realidad hoy es otra aunque no porque la falacia nacionalista tuviese sentido. Ante los anuncios de la bancarrota mundial del capital anunciada con bombos y platillos desde mediados del 2007 en los propios centros financieros imperiales, haciendo indudablemente un lastre a una economía rentista basada en los dólares del petróleo vendido y de la compra desaforada con tales divisas del 80% de lo que se consumía a su interior, el reformismo nacionalista de izquierda hizo mutis y se anunció como blindado a cualquier quiebre o bancarrota del capital en el planeta. Mientras lo declaraba, de igual modo alentaba a los capitalistas a sobrevivir tanto que la banca privada, nacional e internacional, no dejó de recibir alguna de las cuotas por cobrarle a la administración del Estado, y sus capitalistas a manos llenas (20.000 millones de dólares por año en promedio en un esquema de control cambiario rígido) colocaban en otros países los dólares, "legalmente", con la venía de las instituciones gubernamentales.
Pero esa bonanza ya no existe tanto que sin los créditos chinos o los internacionales de venta de deuda soberana (o como los últimos 3.000 millones que colocó PDVSA con garantía de sus activos) el gasto público no se da abasto para sostener la voracidad de un Estado deformado doblemente por el paralelismo de sus instituciones burocráticas tradicionales y las nuevas de las misiones sociales, mientras la porción mayoritaria de la renta petrolera la siguen usufructuando los capitalistas viejos y nuevos (esa mal llamada boliburguesía nacida al calor de los funcionarios de alto nivel del gobierno bolivariano) y su burguesía. Sin bonanza financiera y económica, una ley de hierro, la izquierda nacionalista y reformista, bajo un marco de aceptación burgués, tiende a su desaparición como ya la historia latinoamericana da constancia en sus últimos 60 años. Cada uno de ellos usó el “socialismo” a su manera para terminar postrado frente al capitalismo nacional e imperial, y con lo que fue peor, postrando adicionalmente a sus pies al sujeto histórico fundamental para hacer el verdadero cambio social, la clase trabajadora.
Al intelectual escuálido que hoy hace loas por una unidad social por venir basado en la hegemonía de la burguesía y sus relaciones de producción sustentadas en la explotación del hombre por el hombre, se le olvida que las fuerzas centrífugas que genera la lucha de clases como consecuencia de la bancarrota planetaria del capital, harán que los trabajadores alcen sus voces para reclamar por sus salarios y reivindicaciones puestos en entredicho aún estando presos en la camisa de fuerza que les impone la cooptación por parte del chavismo y sus reiterativo “socialismo del siglo XXI”. Quizás, llegado ese momento, se dé perfecta cuenta el de marras lo que significa para el capitalismo y la burguesía mantenerlo y hasta defenderlo, o como también nos los ha dicho ya la historia reciente latinoamericana, hacer loas por otro caudillo más complaciente para con las clases dominantes y absolutamente reaccionario y represivo con las clases trabajadoras cuando éstas reclamen.
Los resultados del domingo han dado la campanada de alerta que indica la presencia de tendencias históricas ya aprendidas en otros países del continente y de las que aún la clase trabajadora venezolana debe sacar provecho de su experiencia. Está en las manos de los revolucionarios, junto a la clase trabajadora y al pueblo proletario de los que nada tienen, hacer la revolución social que ellos esperan hacer por ellos, para ellos y con ellos en vez de seguir aceptando que la contrarrevolución cubra sus espacios porque quienes creen deben hacerla no lo hacen en realidad. Seguir creyendo en las ilusiones del reformismo del nacionalismo burgués izquierdizante sería ver el profundo retroceso que causaría en el seno de las masas que una "revolución" pueda ser derrotada electoralmente.
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Elecciones Septiembre 2010
sábado, 25 de septiembre de 2010
No votamos por los candidatos de Chávez
Prensa Obrera, vocero de Partido Obrero (PO) de Argentina, coloca su posición política sobre las elecciones parlamentarias venezolanas en su edición del jueves 23/09/2010 y de la mano de Jorge Altamira. Opción Obrera considera apropiado incluirla en su blog luego de haber expresado por boca de dos de sus militantes su posición política y electoral sobre las ya mencionadas elecciones parlamentarias.
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VENEZUELA
No votamos por los candidatos de Chávez
El domingo tendrán lugar las elecciones parlamentarias en Venezuela, a las cuales se presentará por primera vez la oposición financiada por el Departamento de Estado de Obama. Había boicoteado las anteriores con la expectativa de producir un derrocamiento violento del gobierno. Las encuestas dan ganador al chavismo por el 53% contra el 47%, un margen estrecho que no impediría -según varios observadores, que obtenga una mayoría de dos tercios y, con ello, la seguridad de que pasarán todos los proyectos que envíe el Ejecutivo. En Venezuela, de todos modos, rige una ley habilitante que le permite a Chávez tomar medidas sin pasar por el Parlamento. La financiación exterior que recibe la derecha (que sigue siendo tal aunque la integren grupos de izquierda como el maoísmo y ex trotskistas) está más que compensada por la suma abrumadora de dinero que ha salido de las arcas oficiales y por el abrumador control de los medios por parte del chavismo, incluida la posibilidad de valerse de la cadena de medios en cualquier momento. El resultado electoral será juzgado por los votos y no por las bancas que se obtengan, y por el peso que tengan los centros urbanos en esos votos. En las elecciones estatales y municipales de hace un año y medio, la oposición obtuvo la mayoría en las ciudades más grandes, aunque fuera derrotada en el conjunto del país.
La novedad de estas elecciones es su escenario social, el que se ha deteriorado en forma marcada como consecuencia de una caída fuerte de la actividad económica y una inflación enorme. Al mismo tiempo, se ha producido un incremento extraordinario de la inseguridad ciudadana: entre un aparato de seguridad que está lejos de haber completado la reorganización que impulsa el gobierno y una fuerte infiltración paramilitar, Venezuela se encuentra en un verdadero estado de emergencia en la materia. La derecha ha tenido dificultades en capitalizar esta crisis debido a que ha sido incapaz de presentar una alternativa. Si lo hiciera, propondría un ajuste anti-popular y, en lo relativo a la seguridad, una orientación como la que siguen México, por un lado, donde la situación es desesperante, o Colombia, donde los paramilitares siguen actuando a sus anchas.
La peculiaridad política de Venezuela consiste en que Chávez ha montado un aparato para-estatal, o sea paralelo al Estado oficial. El régimen reivindica para sí el haber circunvalado a las instituciones heredadas mediante la creación paralela de pseudo instituciones, como ocurre con las Misiones, que atienden la salud, la vivienda, la educación y otros servicios sociales. En lugar destruir el viejo aparato y reemplazarlo por otro basado en la deliberación popular, lo ha dejado al garete, lo cual ha desgastado la infraestructura social que ya existía y le ha valido la oposición militante de los trabajadores de servicios sociales estatales. Ha ido más lejos aún luego de perder municipios y gobernaciones a manos de la oposición en las elecciones pasadas, pues el Estado nacional les quitó la jurisdicción sobre la infraestructura existente e incluso armó órganos municipales rivales del Estado municipal existente. La pregunta es hasta dónde irá si ahora pierde el control de la Asamblea Nacional, como ocurriría incluso si no obtiene los dos tercios. Cuando los chavistas reivindican que sus transformaciones son democráticas y pacíficas, aluden precisamente a que no han destruido el viejo Estado ni construido uno nuevo, sino que han creado poderes rivales dentro del mismo aparato del viejo Estado. Un exabrupto mortal para cualquier régimen político.
Donde el chavismo ha hecho una excepción es con la clase obrera, a la cual ha impedido construir una central sindical independiente con una interferencia permanente contra las expresiones combativas y autónomas de los trabajadores. Ha creado un paralelismo sindical peculiar al fomentar agrupamientos sindicales chavistas que bloqueen la formación de una central sindical autónoma. En ningún terreno ha sido el chavismo más consecuente que en sus intentos de regimentar al proletariado, de estatizarlo. En las empresas nacionalizadas domina una burocracia estatal digitada que sigue la orientación propia de cualquier régimen capitalista. El chavismo es la expresión más pura del nacionalismo de contenido burgués (defensa del orden capitalista) en toda América Latina. Nuestra oposición fundamental al chavismo tiene por eje, precisamente, nuestro irreductible rechazo a cualquier forma de estatización de la clase obrera. Sólo un proletariado independiente y confiado puede desarrollar una revolución socialista.
Chávez ha producido nacionalizaciones generalizadas de empresas, las cuales ha pagado a precio de oro, con la intención de que el Estado desarrolle un mercado interno y rompa la dependencia histórica de la monoexportación petrolera. Hasta ahora, sin embargo, PDVSA y el petróleo siguen siendo responsables por más del 90% de los ingresos fiscales y de las exportaciones. Chávez ha independizado a PDVSA de sus gerentes extranjeros o cipayos -e incluso del control informático que ejercía sobre ella la CIA. Pero, al mismo tiempo, ha abierto la cuenca del Orinoco a la penetración del capital extranjero, que con el tiempo hará valer su superioridad en su sociedad con el Estado. En el marco de la crisis mundial de los hidrocarburos, esta apertura a los capitales extranjeros le ha valido un importante apoyo internacional. En el plano de las relaciones regionales, los regímenes chavistas han hecho sus paces con el uribismo colombiano, como lo prueba el acuerdo de monitoreo de fronterías firmado entre Chávez y el colombiano Santos. Hace 72 horas, una operación del ejército colombiano contra las Farc, en el sur del país, fue coordinada con las fuerzas de seguridad del bolivariano Correa, el presidente de Ecuador. La ‘seguridad democrática' en la Gran Colombia empieza a asomar la cabeza.
El ingreso de la oposición a la Asamblea Nacional no tendrá como resultado una parlamentarización de las relaciones oficialismo-oposición. Chávez ignorará la presencia de sus rivales en la Asamblea, y estos buscarán utilizar la tribuna para una agitación que será, en definitiva, siempre golpista. Las elecciones y el Parlamento seguirán oficiando de meras pantallas de una disputa que se desarrolla en otros niveles. El chavismo se ha armado una carrera de obstáculos sin futuro: mantener la ficción parlamentaria de un régimen de poder personal. Este sistema pseudo-parlamentario no aporta ni un gramo a la deliberación política del pueblo -sólo ayuda a las camarillas que medran en él.
Hay otra contradicción en este régimen de equívocos: los candidatos chavistas han sido designados a dedo por las camarillas del PSUV, el partido oficial, pero precisamente por ello está poblada de ‘traidores' potenciales. En la Asamblea actual, numerosos chavistas (una veintena) cambiaron de bando durante su período -incluso dos partidos: Podemos y Patria para Todos -además de importantes renuncias, como la del vicepresidente del PSUV y decano del movimiento bolivariano, el general Müller. En una palabra, votar por los candidatos de Chávez no es siquiera un voto de apoyo a la causa nacional y popular que pregonan.
La novedad de estas elecciones es su escenario social, el que se ha deteriorado en forma marcada como consecuencia de una caída fuerte de la actividad económica y una inflación enorme. Al mismo tiempo, se ha producido un incremento extraordinario de la inseguridad ciudadana: entre un aparato de seguridad que está lejos de haber completado la reorganización que impulsa el gobierno y una fuerte infiltración paramilitar, Venezuela se encuentra en un verdadero estado de emergencia en la materia. La derecha ha tenido dificultades en capitalizar esta crisis debido a que ha sido incapaz de presentar una alternativa. Si lo hiciera, propondría un ajuste anti-popular y, en lo relativo a la seguridad, una orientación como la que siguen México, por un lado, donde la situación es desesperante, o Colombia, donde los paramilitares siguen actuando a sus anchas.
La peculiaridad política de Venezuela consiste en que Chávez ha montado un aparato para-estatal, o sea paralelo al Estado oficial. El régimen reivindica para sí el haber circunvalado a las instituciones heredadas mediante la creación paralela de pseudo instituciones, como ocurre con las Misiones, que atienden la salud, la vivienda, la educación y otros servicios sociales. En lugar destruir el viejo aparato y reemplazarlo por otro basado en la deliberación popular, lo ha dejado al garete, lo cual ha desgastado la infraestructura social que ya existía y le ha valido la oposición militante de los trabajadores de servicios sociales estatales. Ha ido más lejos aún luego de perder municipios y gobernaciones a manos de la oposición en las elecciones pasadas, pues el Estado nacional les quitó la jurisdicción sobre la infraestructura existente e incluso armó órganos municipales rivales del Estado municipal existente. La pregunta es hasta dónde irá si ahora pierde el control de la Asamblea Nacional, como ocurriría incluso si no obtiene los dos tercios. Cuando los chavistas reivindican que sus transformaciones son democráticas y pacíficas, aluden precisamente a que no han destruido el viejo Estado ni construido uno nuevo, sino que han creado poderes rivales dentro del mismo aparato del viejo Estado. Un exabrupto mortal para cualquier régimen político.
Donde el chavismo ha hecho una excepción es con la clase obrera, a la cual ha impedido construir una central sindical independiente con una interferencia permanente contra las expresiones combativas y autónomas de los trabajadores. Ha creado un paralelismo sindical peculiar al fomentar agrupamientos sindicales chavistas que bloqueen la formación de una central sindical autónoma. En ningún terreno ha sido el chavismo más consecuente que en sus intentos de regimentar al proletariado, de estatizarlo. En las empresas nacionalizadas domina una burocracia estatal digitada que sigue la orientación propia de cualquier régimen capitalista. El chavismo es la expresión más pura del nacionalismo de contenido burgués (defensa del orden capitalista) en toda América Latina. Nuestra oposición fundamental al chavismo tiene por eje, precisamente, nuestro irreductible rechazo a cualquier forma de estatización de la clase obrera. Sólo un proletariado independiente y confiado puede desarrollar una revolución socialista.
Chávez ha producido nacionalizaciones generalizadas de empresas, las cuales ha pagado a precio de oro, con la intención de que el Estado desarrolle un mercado interno y rompa la dependencia histórica de la monoexportación petrolera. Hasta ahora, sin embargo, PDVSA y el petróleo siguen siendo responsables por más del 90% de los ingresos fiscales y de las exportaciones. Chávez ha independizado a PDVSA de sus gerentes extranjeros o cipayos -e incluso del control informático que ejercía sobre ella la CIA. Pero, al mismo tiempo, ha abierto la cuenca del Orinoco a la penetración del capital extranjero, que con el tiempo hará valer su superioridad en su sociedad con el Estado. En el marco de la crisis mundial de los hidrocarburos, esta apertura a los capitales extranjeros le ha valido un importante apoyo internacional. En el plano de las relaciones regionales, los regímenes chavistas han hecho sus paces con el uribismo colombiano, como lo prueba el acuerdo de monitoreo de fronterías firmado entre Chávez y el colombiano Santos. Hace 72 horas, una operación del ejército colombiano contra las Farc, en el sur del país, fue coordinada con las fuerzas de seguridad del bolivariano Correa, el presidente de Ecuador. La ‘seguridad democrática' en la Gran Colombia empieza a asomar la cabeza.
El ingreso de la oposición a la Asamblea Nacional no tendrá como resultado una parlamentarización de las relaciones oficialismo-oposición. Chávez ignorará la presencia de sus rivales en la Asamblea, y estos buscarán utilizar la tribuna para una agitación que será, en definitiva, siempre golpista. Las elecciones y el Parlamento seguirán oficiando de meras pantallas de una disputa que se desarrolla en otros niveles. El chavismo se ha armado una carrera de obstáculos sin futuro: mantener la ficción parlamentaria de un régimen de poder personal. Este sistema pseudo-parlamentario no aporta ni un gramo a la deliberación política del pueblo -sólo ayuda a las camarillas que medran en él.
Hay otra contradicción en este régimen de equívocos: los candidatos chavistas han sido designados a dedo por las camarillas del PSUV, el partido oficial, pero precisamente por ello está poblada de ‘traidores' potenciales. En la Asamblea actual, numerosos chavistas (una veintena) cambiaron de bando durante su período -incluso dos partidos: Podemos y Patria para Todos -además de importantes renuncias, como la del vicepresidente del PSUV y decano del movimiento bolivariano, el general Müller. En una palabra, votar por los candidatos de Chávez no es siquiera un voto de apoyo a la causa nacional y popular que pregonan.
Jorge Altamira
Como fue publicado en su enlace http://po.org.ar/articulo/po1147091/no-votamos-por-los-candidatos-de-chavez
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Elecciones Septiembre 2010
Todos los partidos que concurren a las elecciones a la Asamblea Nacional lo hacen para salvar al Estado de los capitalistas de su bancarrota
Todos los partidos que concurren a las elecciones a la Asamblea Nacional lo hacen para salvar al Estado de los capitalistas de su bancarrota
Septiembre de 2010, elecciones bajo otro marco político
Como dato curioso al comparar las venideras elecciones de septiembre con todas aquellas transcurridas durante los 11 años de gobierno bolivariano, y hasta las últimas de la cuarta república, la ausencia de propuestas radicales por parte de los que se asumen de izquierda y concurren a ella, resulta notoria. De la noche a la mañana la radicalidad socialista se desvanece mientras proponen que es en el marco parlamentario de la AN del aún vigente Estado capitalista y burgués lo factible de enfrentar los claros signos de crisis económica y política de sus instituciones.
Para la derecha la oportunidad electoral de retomar un espacio, abandonado a conciencia por ellos mismos en las pasadas elecciones parlamentarias, va dirigido a su estrategia final del fuera Chavez. La derecha no tiene otro programa que reconquistar los privilegios en los espacios de decisión del control de la economía que les fuera arrebatada por las diferentes versiones del bolivarianismo en el gobierno a lo largo de estos 11 años pero sólo como una referencia para sostener a su modo a los capitalistas en crisis mientras participan del festín que el propio gobierno bolivariano les permite y hasta avala. No es extraño entonces que sean connotados dirigentes empresariales y de la burguesía quienes salen a la palestra de los medios que controlan a pedir el voto en vez de los tradicionales dirigentes políticos que lo hacían en su nombre pero que se encuentran en un total desprestigio. Esto se observa en claro detalle en los estados centrales del norte del país desde el Zulia hasta Anzoátegui pero con notable preponderancia en el primero, Lara, Carabobo, Miranda y Distrito Capital.
El principio electoral de la derecha es claro. Hay que salir de Chavez sin cambiar en mayor grado las instituciones del Estado que claramente aún les sirven pero bajo una alternativa “pacífica” en función de las curules parlamentarias que logren conseguir. Para el electorado, y en particular su aproximado tradicional de 20% del voto duro con que cuentan, esto es más de lo mismo, el tradicional quítate tú para ponerme yo que se refrenda por la actitud permisiva del propio gobierno bolivariano hacia la derecha.
Si los méritos de la revolución bolivariana en realidad existieran la derecha hace tiempo sería un saco de gatos que maullarían sólo para salirse del mismo, pero es la propia actitud de Chavez, con sus decisiones que intentan regimentar a la burguesía en provecho de su visión de desarrollo del país bajo condiciones claras de atraso en el papel que juega la economía mundial y su participación en ella de Venezuela, quien los cohesiona y se convierten en referencia política de las clases dominantes tradicionales, no porque estén en contra de participar con Chavez en su ideario bolivariano sino porque la burguesía venezolana, y la extranjera que hace buenos negocios en el país, prefiere obtener sus mejores réditos y acumular sus capitales de los despojos aún sustanciosos que les deja los dueños de la economía mundial desde las grandes metrópolis o del reparto a granel que les deja la aún abundante renta petrolera.
En un gobierno revolucionario, la oposición de clase no solo no debería tener un sólo curul en la Asamblea Nacional, la oposición debería estar políticamente eliminada. Todos los votos que saquen, todos los escaños que alcancen son producto de la política del gobierno, de su incapacidad para representar los intereses y las necesidades básicas del pueblo.
El ejercicio político de la derecha oposicionista ha sido contundente. Ha colocada en una sola línea la dirección política entorno a un grupo. Las tendencias “centristas” del MAS, el “socialismo democrático” de PODEMOS y los grupos religiosos, “verdes”, incluyendo a los “ultraizquierdistas” de Bandera Roja, han sido entubados, bajo una dirección. No han permitido, ni siquiera a los viejos partidos AD y COPEI, aparezcan en las concentraciones o entrevistas como sectores aparte. El grupo de los medios (Globovisión, El Nacional, Universal, entre otros) y los seguidores de los lacayos de los Halcones Neoconservadores (los partidos Nuevo Tiempo, Primero Justicia, etc) dirigen a la oposición.
La izquierda por su parte se presenta en dos sectores que de igual modo concluyen en el salvataje y el refuerzo del Estado por medio de su institución republicana por excelencia, el parlamento. De esos dos sectores el PSUV se lleva las 9 décimas partes o más de la torta mientras el PPT, otrora partido aliado al chavismo, recibe la atención del resto. Para el electorado chavista, 30% de los votos duros, la campaña para septiembre deja de representar alguna propuesta radical o socialista salvo las que en sus ilusiones aún intuyan. Esta vez no hay de por medio socialismo que enarbolar pero sí mucha defensa a ultranza a la supervivencia del líder máximo de cara a las presidenciales del 2012. Las elecciones se trastocan entonces en un nuevo plebiscito por Chavez porque eso es lo que claramente les plantea el PSUV, en lo absoluto que con propuestas radicales de cambio o más promesas socialistas precisamente se le defienda. Las elecciones son parlamentarias y los candidatos resultarán electos como diputados pero no por un programa o más promesas socialistas sino por intentar hacer de la AN una guardia pretoriana que custodie y defienda a Chavez en caso que la derecha se le antoje un planteo de salida de él desde el parlamento. De nuevo la madre de las batallas electorales es elevada esta vez a la enésima potencia, no por la concreción real del socialismo sino por la supervivencia del que se coloca por encima de la lucha de clases para impedir que el Estado, capitalista y burgués, se desboque como consecuencia de la sistémica crisis estructural de sus instituciones recreadas a partir de la quinta república para garantizar su existencia, Chavez. Es allí el por qué las promesas electorales del PSUV en nada hablan ahora de socialismo. Chavez encarna al Estado capitalista y burgués ahora en crisis, salvar al Estado es la consecuencia de pedir el voto para garantizar la existencia de Chavez.
La bancarrota mundial capitalista y sus estragos en Venezuela.
La elecciones parlamentarias cualquiera sea su resultado no salvan al país del desastre económico. Después de los comicios continuarán las medidas económicas de corte neoliberal, que el gobierno viene decretando. No se descarta otra devaluación, mas no así aumentos efectivos del salario para los trabajadores.
Los parlamentarios chavistas, con la extraordinaria oportunidad de tener durante años la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional, no fueron capaces de eliminar los artículos de la ley procesal penal, ni sancionar a los fiscales y jueces que se dedican a criminalizar la protesta social, tampoco realizaron la reforma a la Ley Orgánica del Trabajo (LOT) que aprobaría la disminución de la jornada de trabajo y el pago de la retroactividad de las prestaciones sociales al finalizar la relación de trabajo, además de un sin numero de “viejas” leyes de la cuarta república, como el código de comercio. Peor aún muchas de las leyes y contraleyes (cambios a última hora), de carácter legislativo fueron realizadas por Chávez a través de decretos Leyes.
Mientras se jugaba al sostenimiento del Estado y a sus capitalistas con el producto de la bonanza de los precios petroleros hasta buena parte del 2008 y una pequeña parte de la renta era destinada a los sectores sociales de escasos recursos por decisión unilateral de Chavez pero sin ninguna correspondencia en una planeación estratégica de la nación como un todo, las cosas resultaron bien para muchos, tanto que un nuevo sector de la burguesía logró cosechar y acumular capital a la sombra, ya no del Estado, sino de sus contubernios con el propio gobierno que lo administra. El estallido formal de la crisis mundial capitalista en septiembre de 2008 tiró los precios de la herramienta básica de intercambio comercial con el mundo globalizado de 100 dólares el barril de petróleo a menos de 40 a finales de ese año mientras para Chavez la creencia en firme de que Venezuela se encontraba ajena a ello se expresaba en que su economía se hallaba blindada. Otras materias primas como acero, hierro y aluminio, producidas por empresas del Estado y que contribuían en poco menos del 10% de las exportaciones nacionales, hoy apenas llegan al 3%. El presupuesto nacional sólo es posible con la producción petrolera, cada vez más inestable por efectos de los precios internacionales, y por la recuperación de la distribución de la renta mediante impuestos como el IVA y el ISRL, casi a partes iguales.
2009 representó para la administración bolivariana del Estado capitalista un entramado de negociados que alentaron nuevos sectores burgueses asociados a importantes figuras del gobierno en la banca, la agroindustria y la ganadería. Sin embargo sus metas productivas no representaron un incremento importante en la productividad nacional que más bien representó una caída brutal del PIB a tasas negativas mostrando claros signos de recesión que aún se mantienen en los dos primeros semestres del 2010. El innumerable salvataje a los empresarios de empresas quebradas medianas y pequeñas asociadas bajo la figura de la nacionalización con pago pero con escasas demostraciones de reactivación productiva real en las de mayor importancia (briqueteras, cemento, lácteos) condujeron a una mayor flexibilizacion laboral a través de cooperativas u otras formas de precarización de la fuerza de trabajo que desconocían los derechos mínimos de los trabajadores sea bien por sus propias contrataciones colectivas o por los derechos plasmados en la LOT. Muchos de tales trabajadores no tuvieron tal suerte, engrosaron el enorme ejército de reserva de los desempleados con la venia de las instituciones del trabajo del propio gobierno.
Otros sectores de la burguesía tradicional como la banca fueron escogidos para servir de puente en las necesidades financieras que permitiera cubrir las necesidades del abultado gasto público (BsF. 33.000 millones) que representa la propia existencia del aparato del Estado para continuar funcionando. Mientras esto así ocurría resultaba cada vez más mermado los aportes a las misiones sociales, tanto que para 2010 dejaron de ser dispositivos paralelos al esquema burocrático tradicional y terminaron fundiéndose en los de siempre de salud, educación y alimentación. Pero ni la banca privada ni los ingresos petroleros resultaba suficiente para darle sostén al Estado capitalista en crisis. Préstamos internacionales cada vez más leoninos por las altas tasas de interés especulativas en el mercado internacional por la alta tasa de riesgo país con la cual se tasa a Venezuela permitían a los favorecidos por el control cambiario a disponer de los dólares con los cuales se alentaba la economía de puertos que permite seguir importando el 80% de lo que se consume así como drenar afuera más de 20.000 millones de dólares por año en una clara fuga de divisas para la burguesía que lo puede hacer.
La devaluación en enero de 2010 conjuntamente con la entrega a trasnacionales y países “amigos” de la faja del Orinoco o el endeudamiento adicional por 20.000 millones de dólares con China (país que por cierto sólo puede colocar sus excedentes de reservas de divisas en países como el nuestro a cambio de inversión productiva mientras es obligada por los imperios a comprar la deuda que producen sus Estados como consecuencia de la propia bancarrota mundial del capital), colocan a nuestro país, a las puertas de las elecciones de septiembre, en uno entregado al provecho del capital, ya no sólo del de la burguesía criolla o la extrajera que medra con ella como acreedora formal del Estado, sino del de los dueños de las multinacionales y países que intervienen en las empresas mixtas jugosas del crudo pesado de la faja del Orinoco. Pero lo que es peor, a nombre de la parafernalia socialista que en mucho se aprovecha de mencionar a cada momento el gobierno bolivariano. La bancarrota mundial del capital se encuentra haciendo aguas al proceso bolivariano por distintos boquetes pero ni el propio gobierno bolivariano lo denuncia por cómplice en su salvamento ni la izquierda electoral tampoco.
La otra izquierda y su oferta de servir de tercera pata que sostenga al Estado capitalista en bancarrota
Mencionábamos antes que un sector minúsculo de la izquierda, el PPT, se presentaba como tercera opción a los planteos electorales de la derecha o del PSUV. Realmente no valdría la pena hacer comentario alguno sobre tal partido sin en sus candidatos listas y uninominales no fueran en un “gran acuerdo electoral”, como ellos mismos han catalogado, varios compañeros de la USI y C-CURA (corriente nacional sindical abierta aupada por la USI pero que aún levanta las banderas de la autonomía frente a la injerencia gubernamental que pretende atar al movimiento obrero al bonapartismo encarnado por Chavez, la independencia de clase frente a la burguesía y sus intensiones de mantener la explotación por intermedio de sus patronos públicos y privados, y su enfrentamiento a las tendencias burocráticas que impiden el accionar de las bases de los trabajadores). El PPT, como organización que rompe con el chavismo más por que el PSUV y Chavez se negaron a respetarle sus cuotas de poder que mantenían desde los inicios de la quinta república que por diferencias ideológicas con la izquierda nacionalista bolivariana, demuestra un descarado oportunismo electoral (su oportunismo ideológico o político hace ya tiempo que venía siendo demostrado) ante la imposibilidad de conseguir algo con la oposición de derecha (donde medran a su interior otros mal llamados partidos de izquierda como el MAS, Podemos, Causa R o Bandera Roja sujetos políticamente a los dictados de la burguesía política representando en los medios de radio, prensa y televisión) recurren a la oferta a independientes que en otros tiempos estaban con el chavismo rompiendo luego con él sin irse de manera directa con la oposición de derecha.
Personajes claramente de derecha como el gobernador de Lara, Henry Falcón, con claro poder político y arrastre en ese estado, o burócratas consumados como Samuel Ruth, antiguo presidente del extinto e ineficiente INDECU que ahora en esos cambios puramente de nombre el gobierno bolivariano decidió nombrar como INDEPABIS, conforman la “pléyade” de figuras políticas junto a inefable Albornoz a las cuales los compañeros de la USI y C-CURA no parecen hacerle ascuas al mencionar la organización política de Orlando Chirino que van con ellos bajo un “gran acuerdo electoral”.
No somos puristas de los procesos electorales desde un punto de vista marxista. Sabemos la necesidad de aprovechar las herramientas burguesas del parlamento para la tarea sistemática de denuncia que movilice a los explotados y oprimidos y para organizarlos con el objetivo de su derribo así como al propio Estado capitalista y burgués. El gobierno que proponemos los marxistas en Venezuela no es uno que refuerce la quinta república sino uno que conduzca a la masas por un gobierno obrero de ellas y por ellas y para ellas. Los procesos electorales en el marco capitalista y burgués deben ser por tanto denunciados por su marco. Si el PPT, legalizado bajo las condiciones que impone el Estado de los capitalistas, ofrece un cupo en sus listas en posición que la encabece y nuestra propia organización está incapacitada de ir con sus propios recursos y fuerzas, y además y fundamentalmente nos garantiza plena independencia política respecto de su propio programa sin condicionantes en la forma de expresar el nuestro, pues la respuesta es obvia, claro que aceptamos.
Sin embargo, como marxistas debemos tener claro el accionar táctico electoral de la estrategia política programática. El análisis previo del marco de crisis económica y política presentado indica entonces el sentido de la táctica electoral. La crisis de la administración bolivariana del Estado de los capitalistas ha conducido a un nuevo reagrupamiento, aún deforme y sin cohesión política, que demuestra un sentido en ascenso de los explotados y oprimidos por exigir realidades a sus ilusiones en un proceso que por el contrario les viene aplicando las recetas neoliberales de la terapia de shock de las salidas capitalistas a la crisis que ellos han generado. Cada vez con mayor presencia los trabajadores y el pueblo están saliendo a reclamar lo que asumen son sus derechos. Que los patronos no los despidan de sus centros de trabajo, y menos si estos son avalados por el propio ministerio bolivariano; que las inspectorías del trabajo les paren bolas en sus reclamos ante la explotación de los patronos; que sus contratos colectivos, la inscripción de sus sindicatos, y las solicitudes de reenganche sean impuestas a los patronos de la misma forma que estos imponen sus tropelías con ellos; que se acabe el acaparamiento y a la especulación de los productos y servicios de primera necesidad que generan los dueños capitalistas que los expenden y que se acabe con la decisión gubernamental de aumentar los precios; que el salario alcance no sólo para comer sino que también quede para hacer otras vainas como adquirir bienes necesarios; que la necesidad de conseguir una vivienda sea posible sin necesidad de meterse a vivir en un rancho; que se pueda caminar tranquilo por las calles o en un transporte público sin que los atraquen para robarle lo ya poco que poseen o los maten por quitarle un reloj o los zapatos; que se acabe la corrupción que a diario ven.
Todas esas inquietudes y deseos los venezolanos cada vez con mayor presión las quieren manifestar porque sienten que son ellos, aún de manera inconsciente, quienes están pagando el costo de la crisis estructural capitalista a pesar de 11 años de mal llamada “revolución”. Pero sabemos que sin capacidad organizativa de ellos y para ellos la capacidad de respuesta se diluye en apatía y lo que puede ser un ascenso revolucionario de las masas se convierta como en el 89 en una derrota por la ausencia de una vanguardia que las canalice. Es en este marco en que las elecciones de septiembre se están realizando. Es la oportunidad para salir a decirles a los electores que más que el voto a una AN del Estado capitalista y burgués lo que le estamos ofreciendo en una alternativa que los organice para exigir con la movilización lo que desean que se concrete. Es usar el parlamento como tribuna de denuncia a sus reclamos y exigencias de la mano en vez de que se diluya su capacidad movilizadora en leyes que lo que hagan es colocarle parches al Estado de los capitalistas en crisis. Que las leyes y los derechos se conquistan con los trabajadores y el pueblo en las calles, no en un cenáculo de 165 diputados para ponerse de acuerdo entre ellos y los derechos de los capitalistas no se vean comprometidos sino más bien garantizados porque ellos legislaron y el presidente Chavez le puso el ejecútese. Es la oportunidad de hacer pagar a los capitalistas y a la burguesía por la crisis que ellos han creado.
Es precisamente con la oferta de organización, y los procesos electorales brindan una clara oportunidad, que las ilusiones de las masas en un líder que las haga por ellas se transformen en lo concreto de conseguirlas ellas por sí mismas para así romper con el cobro que de ellas hacen los capitalistas y la burguesía como consecuencia de la bancarrota mundial del capital. La USI, y desafortunadamente los compañeros de C-CURA que los acompañan en las listas de candidatos que a bien les ha ofrecido el PPT para las elecciones parlamentarias de septiembre, en vez de hacer uso de tales prerrogativas lo que ofrecen son un conjunto de leyes (9), resoluciones y comisiones, progresistas sin duda pero sin alterar en esencia la estructura del Estado capitalista, que lo que hacen es acentuar las ilusiones de los trabajadores y el pueblo en la democracia burguesa del Estado capitalista que se encuentra en crisis, y que por el contrario en vez de denunciar, se le soporta como la tercera pata de un Estado que hay que salvar añadiendo oxígeno a la bancarrota mundial del capital. Pero USI va aún más allá en su “gran acuerdo electoral PPT-USI”. Una de sus consignas es 100% del petróleo en manos de los venezolanos para contraponer la entrega que ha hecho el gobierno bolivariano de las reservas de la faja del Orinoco. No somos exquisitos para exigirla de igual modo los demás revolucionarios, pero para la USI se convierte en oportunismo del más puro cuando el partido con el cual establece el acuerdo electoral antes de abandonar el barco chavista alzó todas las manos de sus diputados en la aún vigente AN para refrendarlas con el conjunto de los diputados del PSUV. Aún se espera por parte de la USI un razonamiento mínimo que explique su “independencia” política del PPT denunciándolo al menos por haberse plegado al partido de gobierno en la entrega de los recursos naturales de los venezolanos. Y no es extraña esta ausencia declarativa. Mientras llaman a votar por los candidatos obreros respaldados por la tarjeta del PPT también tendrán que llamar a votar por los candidatos burgueses que el derechista Henry Falcón en Lara de igual modo colocó con la venia total de José Albornoz, presidente del PPT.
Abstención, voto nulo o apoyo crítico en las elecciones de septiembre
La derecha solo plantea un antichavismo visceral para restituir sus privilegios expropiados por el chavismo, y por el lado del PSUV, solo votos, números y escaños para continuar su política, que debido a la crisis fiscal hasta las mismas misiones sociales se han venido abajo. Se está desarrollando toda una maquinaria de estado para buscar los votos como sea. No se permitirá que los funcionarios no vayan a votar, las misiones, que las elecciones pasadas en algunas entidades se abstuvieron en más del 20%, entrarán por el tubo de la gran maquinaria. La consigna es salvar al gobierno, salvar a la derecha endógena, salvar a Chávez, salvar al Estado capitalista de la bancarrota.
Los candidatos del PSUV no representan a quienes enarbolan las verdaderas consignas de las luchas, con denuncias por los abusos, contra la explotación, por aumento de salarios y por empleo. La revolución, si la hubiese, no se consagra el 26 de septiembre. El auténtico poder popular, es el gobierno de los trabajadores.
Chavez, el PSUV y su política lo que tiene en su haber es un mayor endeudamiento con emisión de títulos del gobierno y bonos de PDVSA, ventas a futuro de las riquezas del país, entrega del país con los acuerdos bilaterales mediante los famosos fondos sean iraníes, japoneses o chinos, colapso del sistema eléctrico y racionamientos del agua por afectación de cuencas, menos siembra, más importación de alimentos, corrupción de las empresas que importan y sus socios que acopian los alimentos, PIB negativo, mayor inflación, salarios bajos, trabajo flexible, cooperativas tramposas, mayor desocupación, empleo informal, cada vez mayor inseguridad con complicidad policial.
El voto ni defiende ni garantiza las luchas en estas elecciones, peor aún, las postergan como si los trabajadores y el pueblo vivieran del aire que respiran. Asumamos una posición militante. Ni un voto a la derecha escuálida, ni un voto a la derecha “roja rojita”. Ante todo, defender el verdadero proceso desde las bases para prepararnos en contra de la crisis económica mundial y regional que hará cargar sobre los trabajadores y el pueblo sus costos.
Para la USI, y lamentablemente los compañeros de C-CURA que lo secundan, las elecciones son un trampolín para negociar acuerdos en la AN como tercera pata que estabilice con parches un Estado en crisis ofreciendo más ilusiones a las masas en que otros pueden hacer por ellas lo que está llamado a hacer las masas mismas. Reconocemos que la USI no es una organización monolítica que tenga sometidos en su política a los candidatos que se autonombran militantes de la misma o que tan sólo se anuncien como miembros de C-CURA. Sabemos que algunos de tales compañeros no comparten el oportunismo con que la dirigencia de la USI negoció el acuerdo electoral con el PPT, además que en efecto varios de ellos son reconocidos representantes en su defensa de la autonomía sindical y la independencia de clase de los trabajadores. Es lo único que salva del desastre la propuesta de sostenimiento al Estado capitalista en crisis.
CCURA, la cual enfrenta dentro de los trabajadores petroleros una ardua lucha contra la patronal representada por el Ministro de Energía y Petróleo, y a su vez presidente de PDVSA, Rafael Ramírez con sus aliados de la burocracia sindical, lleva varios candidatos en las planchas del PPT bajo las apreciaciones anteriores. Llamamos a votar con un apoyo crítico en dos circuitos electorales por candidatos que encabezan la lista del PPT, los dirigentes de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (FUTPV), Robert González del circuito Nro 1 del estado Carabobo (trabajador de la Refinería El Palito) y José Bodas del circuito Nro 3 del estado Anzoátegui (trabajador de la refinería de Puerto La Cruz). Nuestro apoyo a ellos es crítico porque estimamos que sus condiciones de independencia política y el apoyarse en las bases de los trabajadores para movilizarse por sus reclamos y derechos confrontan una clara divergencia del papel burocrático y mediador que una fracción parlamentaria del PPT, y la USI por su acuerdo electoral con el anterior, de seguro se mostrará como garante del Estado en crisis. Esperamos que en efecto los mencionados compañeros no sean absorbidos por el aparato de la tercera pata y conviertan la AN, en caso de resultar electos, en la tribuna de difusión de las voces de los explotados y oprimidos por sus derechos y reivindicaciones mientras les orientan en su organización para así lograrlos por ellos mismos.
Con todo, gran parte de las masas aún están ilusionadas en las posibilidades de cambio a pesar que sólo se le ofrezca desde el PSUV salvar a Chavez creyendo que pueda hacer un socialismo para ellas. Otra gran parte, la mayoritaria, se encuentra en una apatía ante un proceso que no satisface sus aspiraciones y por el contrario observan la cruda realidad que las acogota. Estos, que no se declaran fervorosos chavistas ya, preferirán quedarse en sus casas y darle la espalda a unas elecciones desmotivantes y sin futuro. Saben que, con Chavez o sin él, si no se rebuscan el salario y se esfuerzan por su propia cuenta el socialismo queda sólo en una esperanza vana. No es la opción correcta en estas elecciones. A ellos hay que recomendarles que expresen su rabia y sus desilusiones con el voto nulo para demostrarle a Chavez y a la derecha que es con ellos que se pueden cambiar las estructuras que reproducen la explotación y la opresión social.
El proceso es del pueblo luchando por sus necesidades, sin hacerse ilusiones con la rebatiña de puestos a la AN. El camino al socialismo comienza con la creación de una organización de los trabajadores la cual es esencial para dotarnos de una perspectiva de lucha independiente y hacer pagar a los capitalistas el costo de la crisis que ellos han creado.
Roberto Yépez
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Elecciones Septiembre 2010
La oposición y el PSUV luchan por puestos en la Asamblea Nacional
La oposición y el PSUV luchan por puestos en la Asamblea Nacional para continuar reflotando al capitalismo
Los parlamentarios chavistas, con la extraordinaria oportunidad de tener durante años la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional, no fueron capaces de eliminar los artículos de la ley procesal penal, ni sancionar a los fiscales y jueces que se dedican a criminalizar la protesta social, tampoco realizaron la reforma a la Ley Orgánica del Trabajo (LOT) que aprobaría la disminución de la jornada de trabajo y el pago de la retroactividad de las prestaciones sociales al finalizar la relación de trabajo, además de un sin numero de “viejas” leyes de la cuarta república, como el código de comercio. Peor aún muchas de las leyes y contraleyes (cambios a última hora), de carácter legislativo fueron realizadas por Chávez a través de decretos Leyes.
La elecciones parlamentarias cualquiera sea su resultado no salvan al país del desastre económico. Después de los comicios continuarán las medidas económicas de corte neoliberal, que el gobierno viene decretando. No se descarta otra devaluación, mas no así aumentos efectivos del salario para los trabajadores.
Esta vez, no se plantea siquiera reformas por parte del partido de gobierno. La derecha solo plantea un antichavismo visceral y por el lado del PSUV, solo votos, números y escaños para continuar su política, que debido a la crisis fiscal hasta las mismas misiones sociales se han venido abajo. Se esta desarrollando toda una maquinaria de estado para buscar los votos como sea. No se permitirá que los funcionarios no vayan a votar, las misiones que las elecciones pasadas, en algunas entidades se abstuvieron en más del 20% entrarán por el tubo de la gran maquinaria. La consigna es salvar al gobierno, salvar a la derecha endógena, salvar a Chávez.
Llamamos a ir a votar nulo para expresar nuestro repudio a la llamada derecha endógena del PSUV, quien gobierna. Su política tiene como resultados un mayor endeudamiento con emisión de títulos del gobierno y bonos de PDVSA, ventas a futuro de las riquezas del país, entrega del país con los acuerdos bilaterales mediante los famosos fondos sean iraníes, japoneses o chinos, colapso del sistema eléctrico y racionamientos del agua por afectación de cuencas, menos siembra, más importación de alimentos, corrupción de las empresas que importan y sus socios que acopian los alimentos, PIB negativo, mayor inflación, salarios bajos, trabajo flexible, cooperativas tramposas, mayor desocupación, empleo informal, cada vez mayor inseguridad con complicidad policial.
Los candidatos no representan a quienes enarbolan las verdaderas consignas de las luchas, con denuncias por los abusos, contra la explotación, por aumento de salarios y por el pleno empleo.
La revolución, si la hubiese, no se consagra el 26 de septiembre. El auténtico poder popular, es el gobierno de los trabajadores. Las llamadas leyes que deberían favorecer a los trabajadores siguen engavetadas, así mismo se legisla sin tocarle un solo pelo al podrido sistema judicial con sus jueces, fiscales, alguaciles, su policía, su ejército que protegen y salvaguardan al orden de la propiedad privada y su justicia burguesa.
En un gobierno revolucionario, la oposición de clase no solo no debería tener un sólo curul en la Asamblea Nacional, la oposición debería estar políticamente eliminada. Todos los votos que saquen, todos los escaños que alcancen son producto de la política del gobierno, de su incapacidad para representar los intereses y las necesidades básicas del pueblo. La Campaña electoral no se distingue solo es un campo de batalla por el control de un presupuesto estatal.
El ejercicio político de la derecha oposicionista ha sido contundente. Ha colocada en una sola línea la dirección política entorno a un grupo. Las tendencias “centristas” del MAS, el “socialismo democrático” de PODEMOS y los grupos religiosos, “verdes”, incluyendo a los “ultraizquierdistas” de Bandera Roja, han sido entubados, bajo una dirección. No han permitido, ni siquiera a los viejos partidos AD y COPEI, aparezcan en las concentraciones o entrevistas como sectores aparte. El grupo de los medios (Globovisión, El Nacional, Universal, entre otros) y los lacayos de los Halcones Neoconservadores (los partidos Nuevo Tiempo, Primero Justicia, etc) dirigen a la oposición.
No hay una política auténticamente revolucionaria, no hay un programa alternativo para salir de país que funciona con cooperativas disfrazadas, sin convenios colectivos sean vencidos, o homologados e incumplidos. Con las leyes existentes tenemos salarios que no alcanzan la cesta alimentaria, tenemos unas leyes que no nos favorecen y cuando lo hacen no se cumplen, con artículos aberrantes que atacan los más simples derechos de un trabajador.
Por el contrario para garantizar el orden burgués, recientemente el gobierno dio un 40% de aumento de salario para el ejercito y un 70 % para el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas PICPC y a los del Servicio Bolivariano de Inteligencia SEBIN.
El voto ni defiende ni garantiza nuestra lucha en estas elecciones. Asumamos una posición militante. Ni un voto a la derecha escuálida, ni un voto a la derecha “roja rojita”. Ante todo, defender el verdadero proceso desde la bases para prepararnos en contra de la crisis económica mundial y regional.
Un caso particular es la participación electoral del partido exchavista Patria para Todos (PPT), el cual votó las leyes que el chavismo propuso como un mayor endeudamiento tanto externo como interno y la entrega de la faja petrolífera del Orinoco por pedazos a los monopolios extranjeros y con compromisos de entregas a futuro como pago correspondiente del gobierno.
En las últimas elecciones parlamentarias, el PPT fue aliado del chavismo, por lo cual el PPT le correspondieron puestos en la AN. Ahora al romper con el gobierno, por su extremo oportunismo, al incluir en sus filas a un gobernador defenestrado del chavismo, pone a disposición de sus listas electorales a candidatos tanto de la izquierda descontentos con el PSUV y con el gobierno, como de la derecha oportunista e incluso a empresarios.
En particular una de las ofertas del PPT es con la organización Unidad Socialista de Izquierda USI y su corriente en el movimiento obrero CCURA, la cual enfrenta dentro de los trabajadores petroleros una ardua lucha contra la patronal representada por el Ministro de Energía y Petróleo y a su vez presidente de PDVSA Rafael Ramírez y sus aliados de la burocracia sindical. En este caso, llamamos a votar en dos circuitos electorales, por candidatos encabezando la lista del PPT, los dirigentes de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (FUTPV), Robert González del circuito Nro 1 del estado Carabobo (trabajador de la Refinería El Palito) y a José Bodas del circuito Nro 3 del estado Anzoátegui (trabajador de la refinería de Puerto La Cruz).
El proceso del pueblo luchando por sus necesidades, no debe hacerse ilusiones con la rebatiña de puestos a la AN.
En conclusión: La derecha no tiene programa alternativo, su objetivo es ser socios directos del capital extranjero, lo cual no es diferente en el gobierno, buscando una mayor tajada con nuevos socios capitalistas, y también con los viejos socios. En los 11 años chavistas el parlamento siguen funcionando como títere del poder ejecutivo. EL PSUV no tiene programa ni políticas regional o local solo funciona electoralmente. El camino al socialismo comienza con la creación de una organización de los trabajadores, es esencial para dotarnos de una perspectiva de lucha independiente.
Por eso no podemos votar a nuestros enemigos, debemos superarlos, luchar contra la entrega de nuestras materias primas, que hasta ahora es lo que saben hacer tanto en un pasado los escuálidos como ahora el gobierno de Chávez.
Los trabajadores somos la alternativa, organizándonos de manera independiente y fijándonos como meta nuestro propio gobierno Sin ataduras de ningún tipo con el capital privado ni la banca. Solo haciéndonos dueños de la economía el país, la riqueza podrá comenzar a beneficiar a la inmensa mayoría del país, la que trabaja.
Oswaldo Ramirez
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Elecciones Septiembre 2010
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