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jueves, 8 de octubre de 2015

El apretón de manos de Santos y las FARC


El apretón de manos de Santos y las FARC

Con el apretón de manos entre Raúl Castro, el presidente Juan Manuel Santos y 'Timochenko' en La Habana, el proceso de paz entre el gobierno colombiano y las FARC ingresó para muchos en una fase "irreversible". Este optimismo está fundado en la gran cantidad de adhesiones cosechadas por los últimos acuerdos: el Vaticano, el Departamento de Estado, la Unión Europea, el castrismo, y el gobierno venezolano (que copatrocina los diálogos). Sólo el partido de Alvaro Uribe expresó su rechazo.

En el contexto de la última gira papal por Cuba y Estados Unidos, se acordó en La Habana la creación de una Jurisdicción Especial para la Paz que contempla penas reducidas para los involucrados en el conflicto. El contenido del acuerdo, sin embargo, ha desatado una fuerte controversia pública entre ambas delegaciones. Hay muchos puntos de esta justicia transicional que no están claros, por ejemplo cómo se designarán los jueces y si dicho tribunal podrá juzgar a ex presidentes (Uribe). Muchos analistas discuten también la pertinencia de amnistías o reducción de penas para la guerrilla, omitiendo la impunidad de la burguesía y de los paramilitares y el ejército, o sea del aparato estatal, en el desplazamiento de millones de personas y en la expropiación de tierras campesinas y crímenes durante el conflicto.

Las FARC deben desarmarse dos meses después de sellado el acuerdo definitivo. La integración de la guerrilla al orden 'democrático' se ha transformado en un objetivo estratégico, como lo resume el punto 10 del reciente acuerdo: "La transformación de las FARC en un movimiento político legal es un objetivo compartido, que contará con todo el apoyo del gobierno en los términos que se acuerden" (El Tiempo, 26/9). En función de este objetivo, los acuerdos previos sobre participación política habían comprometido ya una serie de garantías y circunscripciones territoriales especiales con acceso a la Cámara de Representantes.

Conflicto en el "posconflicto"

Mientras con una mano Santos negocia el acuerdo, con la otra refuerza el aparato militar con apoyo de los Estados Unidos y la Otan. El objetivo son "las amenazas a la seguridad que pasarán a primer plano tras el desarme de las Farc, principalmente los guerrilleros que no se desmovilicen" (Clarín, 26/9). La experiencia de otros procesos de desmovilización demuestra que el desarme puede dilatarse por años, como en el caso de El Salvador. Al mismo tiempo, todavía no se han iniciado las negociaciones con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN). En cualquier caso, el aparato represivo del Plan Colombia permanecerá intacto y uno de sus máximos exponentes seguirá siendo el presidente de la República.

Motores

El avance del proceso de paz ha tenido por motores el alineamiento de una constelación de intereses agrarios, petroleros y mineros, que vislumbraron a partir del acuerdo un desarrollo de importantes negocios en el campo, de un lado, y la apertura cubana, del otro. El enviado estadounidense a las conversaciones de paz, Bernard Aronson, lo postula como un imán para las inversiones, y la directora del FMI, Christine Lagarde, como "las bases (...) para mejorar el clima de negocios" (La Nación, 4/10).

Pero dado que el ciclo de alza de los commodities ha finalizado, podríamos asistir a una 'paz tardía'. El retroceso en sus filas combatientes empujó también a las FARC a sentarse a la mesa de negociaciones, pese a sufrir durante buena parte del proceso la continuidad de los bombardeos y emboscadas del ejército.

Asistimos al final de una lucha armada no revolucionaria, que reemplazó la acción histórica independiente del proletariado por el foquismo y adoptó (desde su programa agrario de 1964) una política de convocatoria a la burguesía nacional que actualmente se expresa en su reivindicación del chavismo. La revolución social exige una fuerza política pegada a la clase obrera y una delimitación implacable del nacionalismo burgués.

Gustavo Montenegro

jueves, 17 de noviembre de 2011

El nuevo golpe contra las Farc


PO 1203 17/11/2011 Internacionales

EXCLUSIVO DE INTERNET

El nuevo golpe contra las Farc

Después de un operativo militar que duró cerca de dos meses, las fuerzas armadas colombianas cercaron y asesinaron en las montañas del sudoeste colombiano al líder de las Farc, Alfonso Cano. El jefe rebelde sobrevivió a un bombardeo "con ocho bombas de 500 kilos cada una arrojadas alrededor de la pequeña casa donde estaba" (Univisión, 8/11), pero fue abatido horas más tarde por tropas terrestres. Aunque el ministro de defensa, Alejandro Pinzón, negó ayuda extranjera en la operación que también se cobró la vida de otros combatientes, "la tropa colombiana habría recibido apoyo de Israel y Estados Unidos para ubicar y dar muerte al jefe insurgente, a quien perseguía desde hace dos años" (ídem). Cano es el cuarto dirigente de alto rango que pierden las Farc en los últimos años, luego de la muerte natural de Manuel Marulanda y los asesinatos de Raúl Reyes y el "Mono Jojoy".
Aunque Santos no es contrario a la apertura de un proceso de diálogo con la guerrilla, pretende negociar su desmovilización desde una posición de fuerza excepcional.
El aislamiento de las Farc
El asesinato de Cano se produce en momentos de fuerte aislamiento internacional de las Farc. A partir de la asunción de Santos, tanto Ecuador como Venezuela normalizaron sus vínculos con Colombia. Correa declaró: "Si la muerte de Alfonso Cano sirve para decir basta y los miembros de las Farc entienden que por esa vía no alcanzan la justicia social... en hora buena" (Radio Caracol, 9/11). Correa y Santos operan en forma conjunta contra la insurgencia en la frontera colombo-ecuatoriana. En lo que respecta a Venezuela, Chávez ha guardado silencio frente a la muerte de Cano mientras la prensa informa de "un programa de intercambio de generales y oficiales superiores de los dos ejércitos que tendrá como objetivo garantizar la coordinación óptima de la lucha contra el narcotráfico, tanto en tierra firme como aérea y marítimamente" (RT.com, 25/10).
En cuanto al campo comercial, "se han acordado varios acuerdos importantes en materia energética. La parte venezolana incrementará el suministro de petróleo a Colombia, mientras que el lado colombiano ha prorrogado el contrato de la venta de gas a Venezuela por dos años. Se ha pactado, además, la creación de una compañía mixta que se dedicará a construir un oleoducto que vaya del río Orinoco en el este de Venezuela, hasta el puerto colombiano de Tumaco en la costa pacífica" (ídem). Estos compromisos explican que el gobierno de Chávez deportara rápidamente a Colombia a Joaquín Pérez Becerra, presunto líder de las Farc en Europa.
Internamente, las Farc también se encuentran golpeadas. El alto mando militar colombiano se jacta del alto nivel de infiltración que ha logrado sobre la guerrilla.
Un recambio acertado
Además del golpe contra Cano, las recientes elecciones municipales constituyeron otro triunfo del gobierno de Santos, que pulverizó a su ex aliado Alvaro Uribe. "Tras evaluar los resultados, Santos se sintió más libre de la incómoda presencia de Uribe, y empezó a tomar decisiones que muestran que su divorcio con él será definitivo. De hecho, ha designado como ministro de Trabajo a Rafael Pardo Rueda, máximo jefe del partido Liberal, y férreo opositor de Uribe" (El País, 31/10). Uribe fue derrotado en su propio feudo, Antioquía. "Del círculo más cercano a Uribe, barones electorales que él estaba preparando como presidenciables también fueron derrotados en estas elecciones (...) A nivel de colectividades, el músculo político que mantuvo airoso a Uribe durante los ocho años de gobierno, el tradicional partido conservador, prácticamente fue borrado del mapa electoral" (ídem). Santos ha derrotado políticamente a Uribe y se ha colocado, ante los ojos del imperialismo, como el hombre capaz de conducir el desarme de las Farc y de contener a los regímenes bolivarianos.
Lucha obrera y estudiantil
Es indudable que el despliegue militar y paramilitar contra las Farc tiene el propósito adicional de fomentar la represión contra todas las luchas populares. Las 32 universidades públicas de Colombia entraron en huelga el 12 de octubre contra una ley educativa que "disminuye drásticamente la inversión del Estado por cada estudiante, obligando a las universidades públicas a autofinanciarse vendiendo proyectos a empresas privadas" (CNN en Español, 11/11). Más de 200.000 estudiantes se manifestaron en Bogotá y pusieron la ley contra las cuerdas. A la vez, los petroleros fueron a la huelga general por su derecho a la organización sindical y contra la tercerización (estabilidad de los contratos). "Las empresas del sector recurren a la cancelación de contratos laborales y a contratistas de mano de obra para impedir el libre derecho a la asociación, como ha ocurrido recientemente en los campos que la canadiense Pacific Rubiales Energy explota en asociación con Ecopetrol en el este de Colombia. Tal práctica ha llevado a que solo la petrolera estatal tenga cerca de 30.000 trabajadores indirectos y solamente 5.500 directos" (ABC, 9/11). Más de 1.200 tercerizados que represalió la patronal bloqueaban el día posterior de la huelga la entrada a la refinería de Ecopetrol en Barrancabermeja.
Conclusión
La operación contra Cano y el triunfo en las elecciones municipales y regionales han fortalecido al gobierno de Santos frente a la guerrilla y a sus adversarios del propio palo paramilitar (Uribe). Su política de acuerdos con Correa y Chávez se ha revelado útil para el imperialismo, como un factor de estabilización regional y de aislamiento político de las Farc. Sin embargo, Santos deberá probar ahora si cuenta con los recursos políticos suficientes para enfrentar el ascenso de masas que expresan las luchas estudiantiles y obreras, el elemento más novedoso de la etapa.

Gustavo Montenegro